miércoles, 27 de abril de 2022

Francia impulsa la reforma de Europa y el fin de la OTAN

 POR EDUARDO J. VIOR para agencia TELAM


 Durante el festejo de la reelección presidencial en el Campo de Marte el domingo 24 a la noche no se veían rostros felices. Todos estaban ya pendientes de la campaña para la “tercera vuelta”: el 12 y el 19 de junio próximos tienen lugar las elecciones para la nueva Asamblea Nacional y el Senado. Los sondeos ya anuncian la derrota del mandatario, quien entonces debería “cohabitar” con Marine Le Pen o con Jean-Luc Mélenchon, quienes abogan por la salida de la OTAN y la reconstitución de la Unión Europea limitando las facultades de la Comisión y la burocracia europea. Un enfrentamiento duradero entre los palacios del Elíseo y de Matignon sobre las políticas europeas y de defensa paralizaría al bloque supranacional y limitaría la capacidad operativa de la alianza atlántica.

 El presidente de Francia fue reelecto este domingo en segunda vuelta con el 58,54% de los votos contra 41,46% de Marine Le Pen. Hace cinco años Macron también había derrotado a Le Pen en balotaje, pero entonces el actual mandatario había reunido 66,1% de los sufragios, ocho puntos más que ahora, y la perdedora había conseguido el 31%, diez por ciento menos que esta vez. Al mismo tiempo la abstención, de 28,1%, es la más alta desde 1969. Por edades, un 41% de los electores entre 18 y 24 años se abstuvo, así como el 38% de los 25-34 años, según un sondeo de Ipsos.

Si a estos guarismos se suman los tres millones de votos en blanco, puede verse que la mayoría de los votantes sufragó contra Le Pen, no por Macron.

De hecho, en su mensaje postelectoral el jefe del Estado admitió el descontento que posibilitó la alta abstención y la mejora de la performance de Le Pen y agradeció a quienes lo votaron sólo para impedir el acceso de la extrema derecha al gobierno. “La rabia y los desacuerdos que llevaron a muchos de nuestros compatriotas a votar hoy por la extrema derecha deben encontrar respuesta; será mi responsabilidad y la de los que me rodean”, afirmó Macron. Asimismo agradeció al 41% de votantes de Mélenchon que lo votaron únicamente para “bloquear” el eventual acceso de la ultraderecha al gobierno e incluso a los que se abstuvieron de votar, cuyo “silencio” prometió “responder”. “A partir de ahora ya no soy el candidato de un sector sino el presidente de todos”, subrayó el mandatario, quien anunció un “método renovado” para gobernar en su segundo período, que, aseguró, no será simplemente una “continuidad” del actual.

Le Pen reconoció inmediatamente la derrota, aunque sostuvo que “el resultado representa en sí mismo una brillante victoria” para su sector, ya que “millones de compatriotas apostaron por el cambio”, y se comprometió a actuar como un “contrapoder fuerte”. “Continuaré mi compromiso por Francia y los franceses” y “libraré la gran batalla electoral” en los comicios parlamentarios de junio próximo, porque “el partido no terminó”, agregó la candidata de Reagrupamiento Nacional (RN, en francés).

La Unión Europea (UE) reaccionó sin demora a la continuidad de una política neoliberal y europeísta implícita en el triunfo de Macron: “Podemos contar con Francia cinco años más”, afirmó en Twitter el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel.

Durante su campaña el mandatario reelecto abogó por “más Europa”, ya sea en materia económica, social o de defensa, y por recuperar un impulso reformista y liberal, con su propuesta estrella de retrasar la edad de jubilación de 62 a 65 años, que en 2020 ya provocó protestas masivas. Por el contrario, la candidata derechista tenía un amplio programa social, si bien propuso inscribir la “prioridad nacional” en la Constitución, para excluir a los extranjeros de las ayudas sociales, así como abandonar el mando integrado de la OTAN y reducir las competencias de la UE.

Los comicios mostraron que se consolida tanto la polarización social como la desintegración del modelo político tradicional del país. Macron obtuvo sus mejores resultados entre votantes jubilados y de clase media y alta, mientras que Le Pen gozó de las preferencias de los trabajadores menos calificados, desempleados y precarizados. Los votantes del presidente viven principalmente en las grandes ciudades y en el oeste del país. Los opositores, en tanto, habitan sobre todo el antiguo bastión industrial del norte, en el este, a orillas del Mediterráneo y en los territorios de América Latina y el Caribe (Guayana, Martinica y Guadalupe).

Todo el mundo en Francia se prepara para las elecciones legislativas del 12 y 19 de junio, que son presentadas por la oposición como una "tercera vuelta” susceptible de imponer una “cohabitación”. Así se llama en la jerga política francesa a la coexistencia de un presidente de un partido con un gobierno con su primer ministro surgidos de la oposición. El bloque identitario conducido por  Marine Le Pen y el bloque popular liderado por Jean-Luc Mélenchon sueñan con su respectiva victoria y que uno u otro se convierta en primer/a ministro/a. Por lo pronto, las primeras encuestas posteriores a la presidencial sugieren la posibilidad de que en las elecciones legislativas Emmanuel Macron pierda la mayoría parlamentaria.

En un sondeo de Ifop, publicado el mismo domingo el 68% de los votantes se manifestó a favor de que "la oposición tenga la mayoría de los diputados en la Asamblea Nacional e imponga a Emmanuel Macron una cohabitación". La misma encuesta también preguntó a los encuestados, si querían que los partidos salgan de las elecciones "reforzados" o "debilitados". El 39% respondió que le gustaría ver a La Francia Insumisa (LFI, el movimiento liderado por Mélenchon) "reforzada" frente al 29% que preferiría que estuviera "debilitada", una cifra comparable a la del Reagrupamiento Nacional, con un 38% contra el 36%.

”La tercera vuelta empieza esta noche”, dijo Mélenchon el domingo por la noche y recalcó que “Francia rehusó confiarle a Le Pen su porvenir y es una muy buena noticia para el pueblo”. Con todo, continuó, “sería un error creer que esta reelección equivale a continuar con la misma política”. Por lo tanto, el líder de LFI pidió a la izquierda que “no se resignen. Entren en acción francamente, masivamente. La democracia puede darnos de nuevo los medios de cambiar de rumbo”. Esos medios estarían en la elección legislativa. ”Llamo a que me elijan como Primer Ministro”, convocó Mélenchon a sus militantes.

En el mismo sentido se pronunció Marine Le Pen: “Esta noche lanzamos la gran batalla electoral de las legislativas”. Aguerrida pese a la derrota, invitó a formar un “contrapoder fuerte ante Macron”, porque, agregó, “Macron no hará nada para reparar los sufrimientos de los franceses”.

La elección presidencial de 2022 ha devuelto a los franceses la política. Después de 30 años de neoliberalismo, con su despolitización de la vida pública y la mercantilización de todas las relaciones, por primera vez la triple crisis de la pandemia de Covid-19, la crisis económico-social y la guerra en Ucrania ha obligado a los franceses a discutir sobre modelos de sociedad confrontados. Añádase a esto el hábito, de larga data en el hexágono, de tratar los problemas de Francia como si fueran los de la humanidad toda. En este caso hasta puede tener efectos positivos, si induce en el resto del continente una discusión sobre el futuro de Europa.

De cara a las legislativas las tres fuerzas están rascando la olla, para ver de dónde sacar los votos necesarios para constituirse en mayoría relativa. Es preciso tratarlas en plural, porque en la elección venidera cada distrito es un mundo, los candidatos son muy conocidos localmente y las lealtades se reparten mucho más por su prestigio y su trayectoria que por su pertenencia a uno u otro bloque. Esta característica favorece también a las fuerzas con mayor implantación territorial. Más importante aún es la trayectoria de las y los candidatos en la segunda vuelta, cuando deben cerrar alianzas con otras y otros líderes regionales con quienes se conocen desde hace décadas. En esta ocasión los líderes nacionales deben limitarse a hacer apelaciones generales y a articular con los aparatos electorales ya presentes en la diversa geografía de Francia. Por ello es que los tres principales están ya buscando alianzas con los restos de los partidos hundidos en la elección presidencial.

Macron, como es lógico, buscará aliarse con las distintas fuerzas de centro que en la primera vuelta quedaron por debajo del cinco por ciento. Se trata de partidos tradicionales de la Vª República, como Los Republicanos o el Partido Socialista, que mantienen aparatos extendidos por las distintas regiones. Le Pen, por su parte, está forzada a abrevar en la derecha nacionalista, aunque sin dudas buscará robar votos en el campo de la izquierda popular. Mélenchon, finalmente, juega una carta importante a la unidad de la izquierda, que en la primera vuelta se presentó dividida con cuatro candidatos.

Si bien fijar las líneas de la política exterior es una facultad exclusiva del presidente, en caso de que se reeditara la “cohabitación” (la última experiencia tuvo lugar entre 1997 y 2002) el gobierno presionaría al presidente, para que impulse la reforma de la Unión Europea y la salida de Francia del Comando Conjunto de la OTAN. Se trata de dos reivindicaciones muy sentidas por el pueblo francés que tanto RN como LFI incorporaron –con muy distintos fundamentos- a sus plataformas.

Por eso es que el ciclo electoral francés preocupa tanto a los jerarcas de Bruselas y a los líderes de los principales países de Europa. Si en Francia llega al gobierno una fuerza contraria al centralismo burocrático de la UE y al aventurerismo belicista de la OTAN, su influencia se hará sentir en gran parte de Europa. Una onda de soberanía popular y de independencia comienza a recorrer la península occidental de Eurasia.

miércoles, 13 de abril de 2022

De la crisis de valores a la crisis del sistema político

 Aritz Recalde, abril 2022


El país se encuentra atravesando una crisis económica de mediano y de largo plazo, iniciada con la caída del tercer peronismo y con la instalación del programa de la dictadura de 1976. Desde esa fecha hasta la actualidad, la Argentina pasó por un proceso de avances y de retrocesos de iniciativas políticas cuyo balance general es la desindustrialización, la extranjerización y la concentración económica. En las últimas cuatro décadas se produjeron ciclos de estancamiento (1983-1991 y 2013-2020), seguidos de etapas de crecimiento (1991-1998 y 2003-2012) y momentos de traumáticos quiebres económicos y políticos (1989, 2001 y 2019).

En el plano social, ese modelo de país derivó en un índice de pobreza estructural que ronda el 30 por ciento. En épocas de inestabilidad económica esa cifra aumenta y castiga entre el 45 y 50 por ciento de los argentinos.

A ese difícil contexto se le agrega la prolongación de una crisis política e institucional que se hizo evidente en el año 2001. Luego de décadas de régimen democrático, hoy se vuelve evidente la incapacidad del sistema de partidos para construir un proyecto colectivo que integre a todos los argentinos. Con la democracia, lamentablemente, no se come, tampoco se viste y menos aún hay garantía de educación y de ascenso social.

Las crisis debilitan la credibilidad del sistema político e inducen a la población a una situación emocional sumamente inestable. Los Partidos tradicionales adolecen de doctrina y de agenda programática y fluctúan en función de la agenda mundial y del mercadeo y la competencia electoral. Es habitual que el país cambie radicalmente la política de desarrollo y la Argentina construye y destruye el Gobierno y el Estado, cuestión que constituye una característica normal de su comportamiento histórico.

En paralelo a la inestabilidad económica, social y política, la Argentina atraviesa un sinuoso proceso de destrucción de los cimientos culturales y morales que conocemos. Se instaló un mecanismo argumentativo autodenigratorio, caracterizado por universalizar los problemas particulares y presentarlos como un atributo esencial, originario y determinante del ser de las instituciones y de los actores colectivos.

Los protagonistas de la demolición de los valores son los ideológicos progresistas y liberales. En el periodismo y en la dirigencia se producen y circulan corrosivos discursos que demuelen a martillazos las columnas que sostienen nuestra tradición nacional. A diferencia de otras épocas, la destrucción de los cimientos identitarios no viene acompañada de una propuesta superadora de nueva sociedad.

Parte del peronismo abandonó su posición doctrinaria, aquella que lo caracterizó por ser revolucionario en lo social, industrialista en lo productivo y tradicionalista y socialcristiano en lo cultural. El progresismo ocupó el centro con su ideología liberal de izquierda, que propone el cambio radical de la cultura y la moderación en las transformaciones económicas y sociales.

La crítica radical progresista difunde como dogma incuestionable que los Jueces y la justicia —en su totalidad y sin matices— son corruptos y oligárquicos. Los policías son identificados como un conjunto de “criminales con placa”. Los curas y pastores son acusados de ser anti derechos y patriarcales. Los hombres son representados como inmanentemente violentos. Para el progresismo, los militares son genocidas y la continuación perversa de la dictadura. En esta ideología, los empresarios agrarios e industriales se caracterizan por ser oligarcas, evasores y explotadores.

El liberalismo está dedicado a formar opinión pública persuadiendo acerca de que los sindicatos son burócratas y factores distorsivos del capitalismo. Los operadores de prensa del liberalismo construyen la imagen de que todos los políticos son corruptos y arribistas. En esa misma línea, atacan a los maestros y educadores por ser supuestamente vagos e incapaces y por hacer política en las aulas.

El resultado directo de estas ideologías es el aumento del descreimiento sobre la justicia, la política, el Estado y sobre la totalidad de las instituciones y valores que regularon la comunidad en las últimas décadas. Nada queda en pie y todo debe ser disuelto en un relativismo extremo y angustiante. Las familias son atacadas por oficiar de cárceles y la maternidad y la paternidad son señaladas como una carga. Los padres son acusados de ser pequeños dictadores y el principio de autoridad desaparece del seno familiar. Dicha ideología, llevada a la gestión del Gobierno, hoy justifica la inexistencia de políticas de protección familiar de la infancia y de las embarazadas. La mutación  valorativa llevó al peronismo a abandonar el valor constitutivo de su proyecto revolucionario, aquel que indicaba que los “únicos privilegiados son los niños”, y el Estado hoy no está garantizando un piso mínimo de cuidado y dignidad para la gran mayoría de los 800 mil nacimientos por año, dejándolos a la deriva en una de las peores crisis sociales y sanitarias de la historia.

Para un sector del progresismo, las religiones serían la droga del pueblo, las iglesias campos de concentración ideológica y los fieles unos “irracionales seguidores de Bolsonaro”. Como resultado de esa ideología, en los últimos años se produjeron agresiones contra los lugares de culto en un país que históricamente se caracterizó por el diálogo interreligioso. De continuarse esta tendencia, es de esperar que el sector agredido reaccione y el país vuelva, potencialmente, a reiterar el enfrentamiento ideológico de los años setenta. El liberalismo de izquierda, si bien puede interpelar a círculos intelectuales de las grandes ciudades, no representa a la mayoría popular de las provincias federales de tradición católica, que no comprende a la dirigencia iluminista que viene perdiendo legitimidad y representatividad a una velocidad inusitada.

La incapacidad de los partidos de encontrar soluciones sociales y económicas para las mayorías, está haciendo de la democracia un sistema de representación de minorías. La inexistencia de partidos doctrinarios y la falta de comportamientos ejemplares entre la dirigencia, están esmerilando la credibilidad dirigencial. En este marco, la  crítica liberal contra la política adquiere asidero y persuade a una parte importante de la sociedad que cada día se encuentra más radicalizada en su nihilismo. En dos años, el oficialismo nacional perdió casi cinco millones de votos, de la misma manera que lo hizo la ALIANZA entre 1999 y 2001. En el año 2021 más de un millón de electores votaron en blanco o directamente impugnaron su voto. El descreimiento creciente sobre la actividad partidaria pone en riesgo la estabilidad del conjunto del sistema y se auto engañan todos aquellos que creen que solamente está en juego perder una elección en 2023.

La actual acción cultural es corrosiva y está profundizando la ruptura de los principios solidarios que históricamente unieron a la comunidad. En su lugar se exacerba el individualismo y la anárquica e imparable violencia interpersonal ocupa crecientemente el escenario público de las grandes urbes.

Los argentinos cada día creen menos en el Estado de derecho y el método de “justicia por mano propia” aumenta, derivando en enfrentamientos entre particulares. Aumenta la violencia en los barrios y en las escuelas. El tránsito se torna caótico y el gesto más simple en un cruce de esquinas desata conflictos y agresiones. La educación pública está en una severa crisis de sentido y la clase media y alta la abandonaron como perspectiva para sus hijos, profundizando la grieta cultural y las distancias entre ricos y pobres.

Hoy crece el escepticismo, la angustia y el descreimiento popular sobre la posibilidad de que el país mejore. Una parte de los argentinos está llenando ese vacío existencial y moral a partir de reforzar sus convicciones religiosas. La expansión del evangelismo y la elección de la educación religiosa católica por los padres es una muestra de aquello. Otro sector de la sociedad intenta no naufragar en el tsunami ideológico y político actual, buscando reconstruir su pequeña comunidad familiar, del club, el sindicato, la agrupación o el barrio.

El consumo de drogas y de ansiolíticos entre la juventud se ofrece como alternativa al sentimiento creciente acerca de que el “país no tiene arreglo”. En paralelo y de manera similar al año 2000, una parte importante de la clase media se está yendo del país a buscar mejor destino en otras latitudes. En un sector cada vez más grande de la población se profundiza la inestabilidad emocional y eso supone, potencialmente, el sentimiento de frustración que puede derivar en una explosión social.

Está desapareciendo el concepto de Nación como unidad de destino y principio de solidaridad social y, en su lugar, la Argentina se vuelve una masa de consumidores desiguales y mayoritariamente pobres.

En este crucial momento histórico, y a diferencia de lo que creen tanto liberales como progresistas, la Argentina no tiene que demoler sus valores y tradiciones, sino que necesita reconstruir su cultura y la credibilidad en las instituciones fundantes. Es momento de reforzar la solidaridad social comunitaria que le dieron identidad y cohesión a la Nación. Sobre estos principios se debe forjar un nuevo pacto social y moral a partir del cual formular un gran acuerdo político de refundación nacional.

viernes, 8 de abril de 2022

Pensamiento colonial y desmalvinización.

 La Causa Malvinas: pilar donde asentar la recuperación nacional


Por Juan Godoy*

 Para NODAL

“Con una admirable capacidad de comprensión, toda la sociedad anglófila, la prensa, los partidos políticos de la “multipartidaria” (…), los intelectuales europeizantes, en suma, toda esa parte de la sociedad argentina que se había formado en los últimos cien años a la sombra de Europa, respiraron con satisfacción apenas velada (…). Todo el mundo quería hablar de la “postguerra”. La canalla de los vendepatria quería tapar cuanto antes la batalla de las Malvinas”. (Jorge A. Ramos)

 

            El pensamiento colonial penetra diversas capas de nuestra comunidad conformando mentalidades que piensan a contrapelo de las necesidades nacionales. Para ello se vale de diferentes instrumentos y mecanismos, lo más sutiles resultan ser los más certeros, que apuntan al debilitamiento de la conciencia nacional. No resulta casual entonces que ante la gesta de Malvinas haya desplegado todo su arsenal, en tanto la misma resulta la gran causa que galvaniza voluntades y fortalece dicha conciencia. Ésta constituye uno de los últimos bastiones (quizás el único), que quedan en pie en este sentido, ante la debacle iniciada en 1976.

            Este entramado se ha sintetizado bajo la noción: desmalvinización, que muy breve y rápidamente podemos definir como la adopción de un punto de vista colonial en relación a Malvinas, o bien asumir la visión del enemigo (o que conviene a los intereses del mismo, más nunca a los nuestros), como propia, quitar Malvinas de la conciencia colectiva. Asimismo apunta dejar en el pasado esa “aventura” (¿cómo se le ocurre a un país subordinado como la Argentina enfrentarse a las potencias imperiales?), y así re-establecer (¿incluso a pedir perdón?), esa relación tradicional de “amistad” (dependiente). Rodear la noción de un conjunto de “verdades” que más bien se ubican en la categoría jauretcheana de zonceras resulta central para potenciarla.

La desmalvinización resulta un eslabón en la cadena que nos somete a ser un país subordinado a las potencias. El encadenamiento encuentra el entrelazamiento: país semicolonial-ocupación colonial-dependencia-desmalvinización-desindustrialización-antimilitarismo-saqueo-desinterés demográfico y territorial-desocupación-pobreza-etc. De esta forma, desarticular la desmalvinización va de la mano con un proyecto nacional de emancipación. Hay que nacionalizar la cultura, y la economía. Es necesario nacionalizar la patria.

Si de la lectura del pasado, de nuestros valores, ideales y el análisis del presente emerge nuestro posicionamiento y accionar político, resulta central desarticular los pilares donde se asienta este discurso desmalvinizador (entre otras cosas), para tener una política profunda y acertada en torno a la recuperación de las islas irredentas. A 189 años de la ocupación colonial y a 40 años del último conflicto, arbitrar soluciones nacionales para la recuperación del territorio se revela urgente. Más aún cuando ese discurso ha penetrado no solo en los tradicionales sectores de la sociedad anglófila, sino también en otros que se reivindican parte de una tradición nacional (más allá que en muchos casos respondan estructuralmente más bien a otra). Así por ejemplo Malvinas constituye uno de los “hechos malditos” del progresismo, tan atento a la “última moda” y “abierto” en ciertas cuestiones, como con un profundo desconocimiento del entramado nacional y dogmático en “sus verdades”, antepone su esquema ideológico al anclaje del pensamiento en la realidad nacional, construyendo así un pensamiento (en la tradición iluminista), abstracto.

            Avancemos en desentrañar algunos de esos núcleos que no solo buscan separan Malvinas del sentimiento nacional, sino que también terminan alejando la recuperación de parte de nuestro territorio.

En primer lugar la reducción de la Causa Malvinas al último conflicto armado de 1982 durante la última dictadura cívico-militar, es decir quitarle la larga historia de lucha de nuestro pueblo contra el imperio británico y específicamente “olvidar” que la historia Malvinas viene de mucho más atrás en el tiempo, esa estrategia apunta a fortalecer la noción de un hecho destemplado, casi sin explicación (más allá del “manotazo de ahogado”, del cual nos encargamos a continuación), de esa dictadura. La descontextualización no es “buena consejera” para la comprensión.

Las raíces de la Causa entonces atraviesan nuestra historia, y son parte de la formación de la conciencia nacional. Basta tan solo hacer un poco de memoria y dar cuenta que esa invasión británica del 82, es la quinta (aunque algunos historiadores revelan todavía más intervenciones), que se dio a lo largo de nuestra historia en forma directa. Recordamos tanto el intento colonialista de las invasiones de 1806 y 1807, la ocupación de Malvinas en 1833, la intervención (conjuntamente con Francia), durante la Segunda Gobernación de Juan Manuel de Rosas en 1845, y la última que ya hicimos referencia. A estas intervenciones hay que sumar el avance indirecto sobre nuestro país (recordar el célebre Memorial de Castlereaght), transformándolo en una semi-colonia británica (salvo en el caso Malvinas, desde ya, que adquiere una forma directa), una estructura dependiente (tanto económica como cultural), una independencia formal y una dependencia real, tan perniciosa como en un orden colonial, pero de características que Scalabrini Ortíz bien sintetizó como “invisibles”. Otros hechos, aunque en sentido contrario, también son silenciados como la patriada de Rivero cuando la ocupación, el vuelo de Fitzgerald  del año 1964, o bien “Operativo Cóndor” dos años más tarde.

Otro puntal donde se asienta la desmalvinización es pensar la gesta por la soberanía como una “locura” de un militar “pasado de whisky”. Asimismo vinculado a esto último aparece la “guerra sin sentido” (a lo que se suma también la “disparidad” de fuerzas entre los países). Esta idea apunta a que las batallas por la soberanía nacional en contraposición a las potencias colonialistas se enmarcan en lo irracional. Se quita el largo entramado histórico vinculado a Malvinas y solo queda como un arrebato de un “loco”. Vale remarcar también que toda guerra anti-colonialista está marcada por la disparidad de fuerzas, valdría preguntarse, por ejemplo, por la mentalidad diametralmente opuesta de nuestros libertadores.

También aparece la noción del engaño al pueblo. Del apuntalamiento de una postura demagógica, populista si se quiere en un término actual. Estas teorías siempre piensan al pueblo en “minoría de edad”, necesitado de “tutelaje”, lo observan como ignorante que es engañado por cualquier político/militar/comunicador, siempre como sujeto pasivo de la historia, etc. Al contrario, consideramos que el pueblo argentino (y latinoamericano), entendió la guerra tal cual fue: una combate anti-colonialista, de ahí el apoyo a la misma (más nunca a la dictadura genocida). Los pueblos consideran que hay causas y guerras justas, por las cuales vale la pena luchar e injustas, las que no lo valen. Basta recordar en este sentido el enfrentamiento a la guerra de la Triple Alianza por parte de las provincias interiores de nuestro país al considerarla un enfrentamiento fratricida, diferente a la lucha por la emancipación, por tomar un ejemplo.

Otra cuestión nodal en esta discursividad es la idea tan difundida de “los chicos de la guerra”. Esto resulta una subestimación a quienes combatieron por la soberanía en el Atlántico Sur contra la OTAN. También pone en condición de “minoría” a los combatientes, se los corre de su entidad de sujetos, para transformarlos en objeto de otro/s. Trastoca el acto patriótico de entrega enmarcada clásicamente bajo la figura del héroe en la contra-figura de la víctima (llama la atención que en la lucha por “otras causas” no se destaca esa condición chico/víctima). Esos combatientes son transformados en víctimas de múltiples padecimientos: frío, hambre, etc., al mismo tiempo que se los construye como parte de las víctimas de los genocidas. Evidentemente ninguna guerra transcurre en el confort, y también hay un gran ausente (como en todo este dispositivo): los ingleses. Quizás resulta evidente, sin embargo lo ponemos de relevancia: quienes combatieron en Malvinas no fueron asesinados por los militares argentinos, sino por los ingleses.

Esta última idea viene atada a que quienes combatieron lo hicieron en función de la perpetuación de la última dictadura en el poder, ya que ésta la pensó como un “manotazo de ahogado”. Más allá que el triunfo en Malvinas, como marca Spilimbergo, hubiese agudizado las contradicciones, hay algo que resulta más evidente: los combatientes no fueron a Malvinas a luchar por la Dictadura, sino que lo hicieron por nuestra soberanía.

Es necesario también enmarcar la cuestión desde la distinción entre el nacionalismo de un país opresor, imperialista de características expansivas, no hace falta recordar la historia colonialista de Inglaterra; en contraposición a uno de un país oprimido, dependiente (en nuestro caso una semi-colonia con una porción de su territorio colonizada directamente), de naturaleza defensiva. Se trata de una reivindicación nacional de naturaleza anti-colonialista, enfrentada al imperialismo anglosajón. Este es el enfrentamiento principal, pese a quien le pese, que se da en la Batalla del Atlántico Sur, así lo reconocieron mayormente los países del Tercer Mundo, y en especial Nuestra América, el caso de la Cuba de Fidel Castro o la Nicaragua sandinista, por ejemplo, resultan emblemáticos en este sentido.

Podríamos continuar enumerando varias cuestiones más vinculadas a nuestra problemática, pero pensamos que con lo expuesto basta para sintetizar lo pernicioso y los objetivos de la desmalvinización. Ésta evidentemente obtura (y tergiversa) la compresión de la Causa Malvinas, va unidad a la anglofilia, y a la auto-denigración de lo nacional. Quedan bajo un manto de sombra y ocultas diversas cuestiones como el rol del colonialismo, el papel de Inglaterra (y la OTAN), los crímenes de guerra cometidos, la enorme presión de los intereses económicos británicos para el estallido de la guerra, la negación por parte de Inglaterra de una salida negociada, que Malvinas no involucra solo las Islas sino los espacios marítimos, las enormes riquezas y la proyección antártica, también nos impide tener una política certera en el presente en torno a la recuperación ponderando la suramericanización de la Causa y por qué no pensar estrategias en torno a los recursos (actuando como uno de los puntales donde asentar la unidad de la Patria Grande), como asimismo encareciendo los costos de la ocupación y dificultando la misma, y más aún volviendo a poner en primer lugar un proyecto nacional de industrialización y recuperación del rol de las Fuerzas Armadas en un país dependiente, etc. No obstante, a pesar de desmalvinización, la Causa Malvinas continuó vigente en el pueblo argentino a lo largo de estos 40 años, y seguirá permaneciendo hasta la definitiva recuperación.

Si entendemos como marca el VGM Fernando Cangiano que el objetivo de la desmalvinización es “deslegitimar la guerra contra el imperialismo inglés por la vía de sembrar indignidad y deshonra en todo lo que tenga que ver con Malvinas (…) impedir que esa reivindicación (…) se convierta en una consigna que galvanice voluntades opuestas a la entrega nacional”, podemos reflexionar sobre su contra-cara en el contexto actual, en tanto pensar Malvinas como  uno de los pilares desde donde asentar el comienzo de la recuperación nacional, que como entendieron los VGM al finalizar la contienda vendrá de la mano de América Latina.        

 

 

*Sociólogo (UBA). Dr. en Comunicación Social (UNLP). Mg. en Metodología de la Investigación (UNLa). Profesor de Sociología (UBA). Docente de grado y posgrado. Autor de “La FORJA del nacionalismo popular”, “Volver a las fuentes. Apuntes para una historia y sociología en perspectiva nacional”, “La brasa ardiente contra la cuádruple infamia. Los levantamientos de los pueblos de las provincias interiores contra la Guerra del Paraguay”, “Nación, Fuerzas Armadas y dependencia”, y de más de doscientos artículos acerca de Pensamiento Nacional-Latinoamericano e Historia Argentina.

domingo, 3 de abril de 2022

CARESTÍA, ¿La TERCERA OLA de los PROBLEMAS GLOBALES?

 por Carlos PISSOLITO para Espacio Estratégico


A modo de introducción: Hace un poco más de dos años que el mundo viene siendo sacudido por eventos de gran magnitud. El primero fue la ocurrencia de la pandemia producida por el coronavirus; la segunda se encuentra en pleno desarrollo y, por el momento, es una guerra regional entre Rusia y Ucrania, pero que bien podría extenderse. Y la tercera, es una que comienza a insinuarse y a falta de un nombre mejor la hemos bautizado como la de la carestía.

Desarrollo: A través de la Historia conocemos numerosas situaciones en las que los conflictos armados produjeron una escasez de insumos básicos (fundamentalmente agua y alimentos) en determinadas zonas, lo que -a su vez- impulsó a grandes migraciones/invasiones humanas en dirección a lugares más favorecidos.

Actualmente, aunque no se conoce el alcance de la crisis de abastecimiento producida por la guerra entre Rusia y Ucrania; pero ya no hay dudas de que la misma está produciendo una ralentización de las cadenas de abastecimiento a la par que un alza en los precios de varias commodities.

Se suma a esta condición natural, la circunstancias impuestas, hace dos años atrás, por la pandemia del COVID 19, la que ha producido una merma tanto en la producción como en la distribución de alimentos a nivel global. Lo que ha llevado, incluso, a expertos a alertar respecto de una posible hambruna a nivel mundial como lo ha anunciado David Beasley, director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU. (1)

Sea como sea, hay dos fenómenos que marchan paralelos: un incremento del número y de las necesidades de la población mundial y una decreciente capacidad para satisfacer dichas necesidades, agravada, hoy, por los efectos económicos de la pandemia combinados con los de la guerra en desarrollo. Lo dicho no implica adoptar la famosa tesis malthusiana ni suscribir a los límites del crecimiento propugnado por el Club de Roma. Es simplemente, reconocer la existencia de un problema, agravado en los últimos años por las consecuencias negativas del cambio climático.

Históricamente, sabemos que los picos de precios de los alimentos tendieron a subir cada vez que se produjeron conflictos. Pero, esta vez hay un hecho nuevo que son la extensa batería de sanciones económicas y financieras impuestas a Rusia por los EEUU y sus aliados.

Si bien  la incidencia de Rusia en el PBI global es sólo del 2%, su extenso territorio la coloca en el podio de la producciones de varias cuestiones fundamentales; tales como hidrocarburos, fertilizantes, granos, fertilizantes, metales y no metales estratégicos, tierras raras, etc. Por lo que su contribución a la generación del otro 98% de ese PBI, no sólo es importante, en algunas cadenas, es esencial y difícil de sustituir, al menos a corto plazo.

La situación global de los alimentos: En el caso particular de la producción de alimentos, especialmente, de los granos hay que saber que la situación se ha ido agravando con los años porque, hoy, esa demanda, no solo es mayor, ya que la población ha aumentado. Es mayor, porque el destino de esos granos ya no es solo la alimentación humana directa, sino que sirven de forraje para el engorde del ganado destinado a esa tarea. Por lo que el tema es más complejo.

Paralelamente, las porciones de granos, especialmente del maíz, que son destinados a la producción de biocombustibles no han dejado de aumentar. Una tendencia que no sólo creemos que se mantendrá, sino que se incrementará para contrarrestar la falta de hidrocarburos, pero la que -a su vez- puede verse afectada por la falta de fertilizantes para producir esos mismos granos.

Ante estos hechos las respuestas de los respectivos Estados nacionales han variado en función de su mayor o menor facilidad para lograr lo que se denomina su “soberanía alimentaria”. Vale decir, su capacidad para darle de comer a su población con sus propios recursos. En un extremo, se ubican aquellos favorecidos por la naturaleza, como los EEUU, Rusia, Brasil y la Argentina que no solo disponen de todo lo necesario para alimentar a sus poblaciones; también, cuentan con excedentes que pueden vender y colocar en otros mercados que los necesiten. En el otro extremo, se encuentran países como China, la India y Vietnam que no disponen  de suficientes recursos naturales para obtener la ansiada soberanía alimentaria.

En épocas de escasez, como la actual, ambos grupos de Estados reaccionan en forma similar y opuesta. Por un lado, los grandes productores de granos, tienden a privilegiar sus respectivos mercados internos, por lo que suelen aportar menos volúmenes de su producción a los internacionales. Mientras que los países en los que reina la escasez están desarrollando diversas estrategias destinadas a mitigar esta falencia vital.

Por ejemplo, entre los segundos, los de la escasez, pero que no carecen de otros recursos y ante el temor de no poder comprar el grano necesario, como China, Arabia Saudita y Corea del Sur, dieron un paso inusual. El de comprar o arrendar tierras en otros países en los cuales se cultivan los granos para ellos mismos. La mayoría de estas adquisiciones de tierras se han realizado en África, donde algunos gobiernos les arriendan tierras por menos de U$ 0,5 por hectárea, por año.

Paradójicamente, los países receptores de tales inversiones, como es el caso de Etiopía o el de Las Filipinas, también carecen de una buena soberanía alimentaria. Pero, sus gobiernos están “hambrientos” de inversiones y de obras de infraestructura. Por lo que terminan entregando sus tierras cultivables a estas grandes empresas.

Llegado a este punto, nos preguntamos: ¿Cómo compensarán estos Estados sus  deficiencias alimentarias? Concretamente, nadie sabe qué puede pasar si esas necesidades alcanzaran niveles dramáticos, como todo hace prever que ocurrirá.  Hasta en países,  tradicionalmente, autosuficiente como el Brasil, donde su presidente, Jair Bolsonarao, acaba de profetizar que peligra su soberanía alimentaria por la falta de fertilizantes ocasionada por la guerra en desarrollo.

Especialmente, cuando vemos que la denominada “soberanía alimentaria” forma parte de sus doctrinas militares como lo expresa en un reciente reportaje el Grl chino Qiao Liang chino, autor del famoso manual “Guerra Irresticta”, cuando dice:

“En el mundo moderno, la soberanía económica, la soberanía financiera, la soberanía cibernética, la soberanía de la defensa, la soberanía de los recursos, la soberanía alimentaria, la soberanía de las inversiones, la soberanía biológica, la soberanía cultural, la soberanía del discurso y otros aspectos de los intereses nacionales y la supervivencia forman parte de la soberanía nacional. No debe suponerse que la soberanía territorial es por sí sola un interés nacional fundamental, ya que esto guarda atingencia con el hecho de que otras soberanías son igualmente importantes y a menudo de mayor urgencia, que la soberanía territorial, entrando en la disyuntiva de vida o muerte”. (subrayado nuestro) (2)

En pocas palabras, los suministros mundiales de alimentos se están convirtiendo, rápidamente, en una nueva forma de presión geopolítica. Ya que cualquier civilización puede evolucionar y manejar  la pérdida de varios de sus recursos, pero no puede sobrevivir sin un abastecimiento seguro de comida.

La particular situación geopolítica de la Argentina: La economista Iris Speroni, respecto a la posición relativa de la Argentina en el mercado de granos, nos dice lo siguiente:

“La Argentina es un país pequeño en el comercio internacional como un todo. Constituye una parte ínfima del total medido en millones de dólares.” (...)  “Sin embargo la Argentina no es pequeña en todos los productos. Uno es grande si puede influir en el precio”. (...) “Nuestro país no sólo es grande en maíz. Lo es en innumerables productos: soja, miel, maní, poroto, garbanzos, pesca. Ha dejado de ser un país grande en carne (ahora en vías de recuperación) y en trigo (ídem)”.  (3)

Iris Speroni se pregunta y se responde, luego, que la Argentina es “grande” en el comercio de granos. Le agrego que esa grandeza viene, hoy, unida a una importancia geopolítica. Sobre la que debemos interrogarnos. Veamos.

Por un lado, China se ha lanzado a una campaña por la supremacía mundial. Para ello, necesita, entre otras cosas, de recursos materiales, especialmente materias primas y comida. A los efectos de poder transportarlas hacia sus centros de poder ha puesto en marcha la denominada “Nueva Ruta y Cinturón de la Seda”. Una red de carreteras terrestres y rutas marítimas. También, ha puesto en funcionamiento “rutas” virtuales a través del ciberespacio y se ha lanzado a la conquista del espacio exterior. (4)

Por otro lado, los EEUU han decidido enfrentar esta pretensión, ya que ven amenazada su supremacía mundial. Para ello, ya durante la presidencia de B. Obama, los EEUU cambiaron su centro de gravedad geopolítico del Océano Atlántico hacia el Pacífico. Con el consecuente cambio de sus dispositivos de defensa estratégica y una reformulación de su sistema de alianzas.

Las características más agresivas de Donald Trump han disparado un conflicto que ya se encontraba planteado. El que ya se desarrolla en forma abierta en lo comercial y en lo tecnológico. Pero, que muy bien, puede escalar a otros niveles más duros.

Actualmente, los EEUU bajo la presidencia de Joe Biden han elegido a Rusia como su enemigo de elección. Como consecuencia ha desatado toda una panoplia de sanciones financieras y económicas contra Rusia. Pero, muchas de éstas lejos de cumplir su objetivo de castigarla a ella, como un boomerang, están golpeando las economías occidentales, especialmente, las más dependientes de los commodities rusos, como la propia Europa Occidental.

Para colmo de males, las medidas financieras amenazan con un incremento de la ya alta inflación y el cierre de grandes cuentas, aún en santuarios financieros como Suiza, no hacen otra cosa que impulsar el refugio de los capitales en valores tradicionales como el oro, la plata o no tradicionales como las criptomonedas.

En medio de esta puja se encuentra la República Argentina. En principio, por ser uno de los principales proveedores de granos y, potencialmente, de carne de China y siguiendo, porque los EEUU han reinstalado su vieja Doctrina Monroe para dificultar, precisamente, este comercio. (5)

La puja se manifiesta, por el momento, en forma discursiva. Vale decir en el campo de la comunicación estratégica. Pero, tanto la Argentina como Brasil y otros países de la Región se han negado a una condena efectiva de las acciones militares rusas. Es más, se sabe que ambos gobiernos, luego de viajar sus presidentes a entrevistarse con el propio Valdimir Putin, apuestan a un nuevo orden global caracterizado por la multipolaridad y no por la unipolaridad que exigen los EEUU.

Por su parte, China, fiel a sus tradiciones estratégicas, se ha mantenido a una prudente distancia de las sanciones y ha reafirmado su alianza estratégica con Rusia. Y para sorpresa de muchos, se le ha sumado en esta postura su antiguo enemigo, la India y un viejo socio de los EEUU, Arabia Saudita.

Concretamente, la ubicación contracíclica del subcontinente Sudamericano, en general, y de la Argentina en particular auguran grandes ventajas competitivas, ya que cada vez que hubo conflictos grandes en el Hemisferio Norte a nosotros nos fue bien con nuestra neutralidad como fue el caso de la 1ra y de la 2da GM.

A modo de conclusión: Particularmente, en esta que amenaza con prolongarse y en escalar, siendo que el tiempo no es mucho y como se sabe es tirano, la Argentina debería impulsar algunos proyectos de alto impacto geopolítico que le ayudarían a mejorar su ubicación geopolítica. A saber:

1ro La construcción de un gasoducto que une los yacimientos de gas no convencional en Vaca Muerta ubicada al Norte del Neuquén,  hacia un puerto de aguas profundas sobre el Océano Atlántico a los efectos de exportar los excedentes de GNC. (6)

2do Retomar el proyecto minero Potasio Río Colorado ubicado en el sur de la provincia de Mendoza, en el departamento sureño y vecino del Neuquén, de Malargüe. El yacimiento, básicamente, contiene halita (cloruro de sodio) y silvita (cloruro de potasio), elementos fundamentales para la elaboración de fertilizantes. (7)

 

Ambos proyectos tienen en común su proximidad geográfica, tanto en sus lugares de origen como de su destino exportador. Lo que implica la afectación exclusiva de una planta de producción de gas no convencional desde Vaca Muerta, con una extensión de 120 km y de una línea eléctrica de alta tensión; además, la construcción de un tramo de red ferroviaria para enlazar al yacimiento con una planta de acopio y la construcción de una terminal portuaria propia, estas dos últimas obras en cercanías del puerto de Bahía Blanca.

Nos queda a nosotros, los argentinos patriotas desarrollar un entendimiento, primero, y una estrategia acorde, después, con esta grave situación geopolítica. Ya que no hacerlo constituiría una grave omisión.

 

Notas:

(1) Ver: https://espacioestrategico.blogspot.com/2020/04/el-cobit-19-podria-detonar-una-pandemia.html

(2) "General Qiao Liang: “No debemos bailar al son que nos imponga Norteamérica” https://espacioestrategico.blogspot.com/2020/05/general-qiao-liang-no-debemos-bailar-al.html

(3) SPERONI, Iris. “El Maíz, la Pachamama y el  presidente Pagano”.  http://restaurarg.blogspot.com/2019/07/el-maiz-la-pachamama-y-el-presidente.html

(4) KUO, Lily y KOMMENDA. Niko “¿Qué implica la iniciativa china de la ruta y el cinturón de la seda?” https://espacioestrategico.blogspot.com/2019/07/que-implica-la-iniciativa-china-de-la.html

(5) PISSOLITO, Carlos y BARRIOS, MIguel. “EEUU: de Truman a Monroe”. https://espacioestrategico.blogspot.com/2018/08/eeuu-de-truman-monroe.html

(6) https://www.lanacion.com.ar/economia/convocan-a-una-licitacion-para-comprar-los-canos-del-gasoducto-que-comunicara-vaca-muerta-con-bahia-nid23022022/

(7)  https://www.losandes.com.ar/politica/potasio-tiene-nuevo-nombre-y-una-cupula-gerencial-con-ex-funcionarios/

sábado, 2 de abril de 2022

Malvinas: la diplomacia recesiva

 Juan Archibaldo Lanus para el Diario Clarín


 Al cumplirse, este 2 de abril, 40 años de la recuperación de las Malvinas, presento mi sentido homenaje a los que dieron su vida en la patriótica gesta, y a los que hoy nos honran con su ejemplo.

Cuarenta años después, nuestros intereses nacionales enfrentan nuevos desafíos que amenazan la seguridad internacional de la Argentina y del Atlántico Sur.

Desde entonces las relaciones anglo-argentinas no han transitado el camino del honor, como lo harían dos contrincantes en la guerra apelando a la cooperación franca para resolver sus diferencias, como ocurrió muchas veces en la historia universal.

Caminamos por sendas habitadas por la simulación y la sospecha de aparentes acuerdos que no fueron tales, de intenciones disfrazadas, para llegar a una realidad que la retórica de los discursos protocolares no puede disimular: los intereses de la Argentina han retrocedido mientras la ciudadela de las míticas islas descubiertas por Bouganville, asaltadas por marinos ingleses en 1833, se ha transformado en una fortaleza que sirve a los intereses de un imperio global.

Mientras que en 1982 el Reino Unido (RU) ocupaba 11.410 Km 2 y tres millas marinas alrededor de las islas, actualmente son aprox. 438.000 Km 2 de la Zona Económica Exclusiva (ZEE); 1.070.000 Km 2 de la reserva impuesta por los británicos alrededor de las Georgias y Sándwich; 109.993 Km 2 de la zona de conservación acordada en 1990; y el GAP de 1.900km 2 , es decir, 52% de la ZEE, según lo indicado por el experto Cesar Lerena.

Respondiendo al error de una política argentina, el delegado de Malvinas crea una zona de conservación (FICZ) prohibiendo el ingreso de buques argentinos y otorga licencias que aumentan enormemente la riqueza per cápita de las islas. Ello abre la puerta a la invasión de más de 300 buques chinos, españoles, coreanos, taiwaneses subsidiados que pescan, con licencia inglesa en Malvinas, 250.000 toneladas o sin ella en alta mar unas 750.000 toneladas más por año de recursos del mar argentino o migratorios de éste.

Estos buques cuentan con el apoyo logístico del puerto de Montevideo y de vuelos a Chile, Brasil y Uruguay. Los marcos institucionales vinculados a la pesca han sido desactivados y ninguna fuerza armada los apresa ni defiende nuestro mar. En 2015, el RU halla petróleo en Malvinas y se aprueban concesiones petroleras offshore entre las islas y la costa argentina a pesar que el gobierno argentino en 2011 ya había establecido sanciones y restricciones (26.659).

Varios Acuerdos con el RU suscitaban controversias: los de Madrid (1989/90) que regulan la pesca y autorizan restricciones militares, el Tratado de promoción de Inversiones (ley 24.184) que le otorga en 1992 importantes concesiones económicas, y otras sobre conservación de especies consolidando su autoridad .

A pesar de los muchos apoyos internacionales al derecho soberano de la Argentina, nuestros intereses no están hoy mejor asegurados ni reflejados en la realidad (Leyes 17.319, 23.774, 24.922 y otras sobre recursos naturales y derechos de los trabajadores de la pesca). Es inexplicable cuando en 2016 el Pacto Foradori-Duncan promete adoptar “medidas para remover obstáculos que limitan el crecimiento económico y desarrollo sustentable de Malvinas“.

La dignidad nacional se humilla por el desprecio británico a las imperativas recomendaciones de las Naciones Unidas (2065/65 3171/73, 31/49, etc.), de la Constitución Nacional y, por el avance sin complejos del ocupante de las islas sobre los legítimos derechos argentinos. Los cambios del orden mundial han revalorizado el carácter estratégico de los Archipiélagos y territorios marítimos adyacentes.

El conflicto ha dejado de ser una violación a la integridad territorial o caso colonial, para transformarse en una amenaza a la seguridad de la Argentina, por el hecho de la instalación de la base misilística más importante del Cono Sur y dos puertos en Georgias y la Gran Malvina por parte del gobierno británico, a pesar de la Zona de Paz y Cooperación que firmamos todos los países ribereños de África Occidental y América Oriental.

La base misilística se construyó con el intento de ser el epicentro de actividades pesqueras, petroleras y las que se desarrrollen en la Antártida. Forma un eslabón necesario en la estrategia global del RU, pues desde el 2004 Londres traslada allí la comandancia militar del Atlántico Sur, violando de este modo con la OTAN a la referida Zona de Paz.

La “fortaleza Malvinas”, montada sigilosamente ante una actitud displicente de nuestros dirigentes que, salvo excepciones, han dejado avanzar la arrogante presencia británica. A la base aérea de Monte Agradable se suma un puerto de aguas profundas, Mare Harbour , para el amarre de buques y submarinos de propulsión nuclear y un destacamento de más de 1200 efectivos militares custodia el equipamiento, radares de medio y largo alcance y un sistema de defensa antiaérea y misiles que posee la British Air Force.

Una nueva amenaza global se cierne sobre el pueblo argentino cuando el 19 de febrero de 2021, luego del Brexit, el primer ministro británico anunció la decisión de aumentar el 40% el arsenal atómico y construir cuatro submarinos nucleares transporta misiles, aumentando su participación en la OTAN.

En el documento, el RU señaló a Rusia como el mayor desafío, pero hay otro párrafo que nos debe inquietar:  ”seguiremos defendiendo la soberanía del RU sobre las Malvinas ... garantizando la protección de los intereses de 3500 personas que viven allí, de acuerdo con el principio de autodeterminación“(Global Britain. The Integrated Review of Security,Defence, Development and Foreign Policy.British Government ).

La historia de este arcaico y obstinado conflicto terminará con una negociación diplomática que reintegre las islas a la Argentina. Si el RU y la Argentina fracasan, será dirimido por una confrontación en el marco de la seguridad global del Atlántico Sur.

 

Juan Archibaldo Lanús es diplomático y escritor. Ex embajador en Francia y ex vicecanciller. Su último libro es Libertad o sumisión. La condición humana en el siglo XXI (Ediciones Del Dragón, 2021)

 

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