sábado, 20 de abril de 2024

Los partidos políticos a 122 años

      Alberto Buela (*)


 

En la tranquilidad de en este tiempo que me toca vivir encontré en la biblioteca un viejo libro del autor bielorruso Moisés Ostrogorsky (1854-1921) sobre La democracia y los partidos políticos de 1902.[1]

Lo primero que llama la atención es la actualidad de sus planteos y la similitud de su discurso y el de nuestro presente,122 años después.

De lo poco que se sabe de su vida sabemos que estudió derecho en San Petesburgo; trabajó en el ministerio de justicia del Zar; viajó luego a perfeccionarse en París, Inglaterra y Estados Unidos, donde salió publicado el libro por primer vez; fue elegido para integrar la primera Duma luego de la Revolución de 1905 y abandona la vida pública cuando ésta es disuelta. Sobre las convulsiones políticas de la Rusia posterior nada se sabe sobre él. Murió en San Petesburgo, que ya se llamaba Leningrado.

Por su originalidad lo podemos comparar con los grandes estudiosos de los partidos políticos del siglo XX como Robert Michels, Gonzalo Fernández de la Mora, Max Weber, Giuseppe  Maranini, Maurice Duverger, Giovanni Sartori; Gianfranco Miglio o Dalmacio Negro Pavón. Pero no cuenta con la fama y las costosas ediciones de algunos de éstos.

Su idea principal es la llamada paradoja democrática según la cual la democracia está ausente en uno de los principales sujetos de ella: los partidos políticos. Tesis que se ha sido reproducida en nuestros días por muchos autores sin mencionarlo.

Ya al comienzo del estudio afirma: Un sistema electoral muy desarrollado no es sino un homenaje puramente formal a la democracia” (p. 26). Esta representación formal de los partidos políticos termina produciendo una camarilla, casta u oligarquía política, profundamente antidemocrática.

Su fruto es la contraproducción de aquello que afirman producir. En una palabra, los encargados de llevar a buen término a la democracia son profundamente antidemocráticos: “A los tipos de vileza que ha producido el género humano, de Caín a Tartufo, el siglo de la democracia ha añadido uno nuevo: el político” (p. 47).

En los partidos políticos no prevalece la razón democrática sino el uso de los sentimientos para ganar adeptos. El partido político es la escuela perfecta que está bajo el mandato del servilismo y la mediocridad.

Lo interesante de notar es que Moises Ostrogorsky no está en contra de los partidos políticos sino en contra de su desvirtuación, desnaturalización, de su falsificación en la democracia moderna. 

Propone que los partidos políticos dejen de ser estructuras rígidas y burocráticas que perduran eternamente. Plantea la no necesaria permanencia de los partidos políticos en el tiempo, pues ellos no son un fin en sí mismo sino un medio, como otros más, en la construcción de una sociedad democrática.

Hay que notar que M.O. no reacciona ante la existencia de los partidos políticos como suele hacerlo el pensamiento conservador invalidándolos por su oligarquía sino que busca su recuperación mediante su limitación temporal. Tienen que abrirse a la posibilidad de que existan partidos temporales en torno a las demandas particulares, lo que crearía una diversidad ideológica que hoy no tenemos.

Como vemos son propuestas actuales realizadas hace 122 años.

 

(+) buela.alberto@gmail.com

Arkegueta, aprendiz constante

 



[1] Hay traducción al castellano en ed. Trotta, 2008.

miércoles, 3 de abril de 2024

UNA NUEVA ÉPOCA DE CONSTRUCCIÓN

 Aleksandr Duguin para GEOPOLITICA.RU 


 02.04.2024

 

Hoy estamos presenciando la convergencia de varios planos de la realidad que hasta hace poco estaban separados los unos de los otros:

En primer lugar, la religión, la teología y, sobre todo, la escatología – que habían sido marginalizadas desde hacía mucho tiempo – han comenzado a penetrar la vida cotidiana.

Además, en el ámbito geopolítico han empezado a convivir modos de orden mundial fundamentalmente incompatibles entre sí.

Las ideologías políticas se han invertido y han comenzado a crear híbridos extraños, como, por ejemplo, el nazi-liberalismo.

Se están produciendo procesos filosóficos donde la extrema decadencia actual contrasta con la llegada de intuiciones absolutas.

El congelamiento y deshielo a velocidades siderales de múltiples culturas que se funden en una inmutabilidad absoluta.

Todos estos estratos se entrecruzan de forma exótica y excéntrica formando nudos semánticos cuyas dimensiones son innumerables. Todo este proceso ha colapsado en una guerra y una bacanal tecnológica nunca antes vista, especialmente si tenemos en cuenta que la guerra en sí misma es una forma de metafísica que requiere de una reflexión tan profunda como la tecnología (que es, por cierto, otra forma de metafísica). Todo lo anterior es extremadamente intenso y para nada superficial o lineal, tambaleándonos en medio de las complejas líneas del caos. Los métodos normales se quedan cortos a la hora de desentrañar semejante maraña semántica, sin hablar de que todas las convenciones actuales han sido sometidas a una fuerte sospecha. Todos los intentos de construir un nuevo modelo tropiezan con fragmentos de pensamientos o falacias del pasado, como sucede cuando cuestionamos la ingenua (o completamente falsa) teoría del progreso, la cual sostenía que el futuro sería más brillante que todo lo que había existido antes. Si al principio se produjo una desviación, entonces al final solo encontraremos a un monstruo. Sin embargo, ¿cómo pudimos equivocarnos tanto? Todo comenzó en la Época de los Descubrimientos, cuando Europa Occidental cometió el grave error de trasgredir sus propios cimientos y traspasó las fronteras prohibidas de las Columnas de Hércules. Fue un error fatal que revivió al viejo continente de la Atlántida. La única explicación lo suficientemente generalizable que nos permitiría comprender la totalidad de lo que ha pasado es que hace quinientos años Europa Occidental comenzó un descenso sistemático hacia la locura. Enloqueció por completo, después de pequeños episodios de psicosis que finalmente se convirtieron en una realidad cotidiana. Esta locura tiene cinco puntos principales:

La imagen científica del mundo basada en patologías como el ateísmo, el materialismo, el nominalismo y la ideología protestante que desde el momento en que comenzaron a predominar en el mundo occidental se cayó bajo el control del Anticristo y el nacimiento de la Modernidad se convirtió en su destino.

El nacimiento del falso Imperio Británico como una forma de atlantismo hipertrofiado. Los anglosajones decidieron convertirse en el Leviatán bíblico, papel que primero cumplieron los ingleses hasta que en el siglo XX pasaron su misión a los Estados Unidos. Por supuesto, Inglaterra sigue siendo la Civilización del Mar por excelencia.

El patológico orden capitalista se encargo de demoler los cimientos de la Edad Media y de la ideología trifuncional indoeuropea, desprestigiando y ridiculizando el catolicismo y la idea de Imperio. Posteriormente, este orden capitalista moderno comenzó a dividirse en diferentes corrientes, primero el liberalismo (la principal forma de degeneración mental hasta la fecha), el socialismo (una versión trastocada del liberalismo que comparte varias de sus actitudes básicas) y, finalmente, el nacionalismo. Cualquier movimiento ideológico al interior del capitalismo está condenado a la absorción y el colapso. El capitalismo es una ideología totalitaria y, como lo ha demostrado Deleuze, conduce a la esquizofrenia.

En los Nuevos Tiempos la filosofía se dividió (sin previo aviso) en una forma de pensamiento marginalizada que continuaba las tradiciones clásicas y otra corriente perversa o destructiva que era solidaria con el materialismo extremista de la ciencia. Este proceso creo una confusión sistemática y un cambio semántico interpretativo que causó que el pensamiento luchará contra sí mismo rompiendo muchas veces su propio marco. Lamentablemente, ya nadie sabía por dónde se podía avanzar o por dónde comenzaba la agonía, pues todo parecía desembocar en su contrario.

Finalmente, se produjo el paso de la cultura a la civilización (según Spengler), es decir, un enfriamiento excesivo dentro del cual penetraba de vez en cuando un genio como una especie de rayo brillante. Sin embargo, la cultura, en su conjunto, se deslizaba hacia el infierno.

Actualmente Rusia se encuentra en guerra con todo esto, sin haber querido, entendido, preparado o calculado el alcance de sus acciones. Una mano invisible ha llevado a nuestro país hacia este destino y, ahora, contra todo pronóstico, tendremos que – institucionalmente – darle respuesta a todos estos desafíos de la civilización del Anticristo. Eso incluye el desafío tecnológico, pues todos los dispositivos electrónicos que Occidente ha repartido a la humanidad han resultado ser uno de sus trucos: a través de ellos alguien desconocido recopila información sobre todos nosotros con tal de gobernarnos. El hombre hoy oculta sus pecados, ese sin duda es el propósito del Gran hermano: nos registra y nos deja entrar cuando sea necesario. La tecno-dependencia es la herramienta más perfecta creada por el diablo y la civilización. Cuando nos alegramos por la digitalización estamos ayudando al diablo a gobernar, pero ¿qué son los océanos del pecado sino un campo de locura? La serpiente está a punto de morderse la cola y solo los desesperados intentos de la Operación Militar especial se interponen en su camino. ¿Cómo interpretaremos todo esto?

 

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

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