domingo, 10 de octubre de 2010

Aniquilar o Restaurar

El proyecto político del terrorismo de Estado.
Gonzalo Pedano



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INTRODUCCIÓN
[…]Una sociedad humana puede estar interesada […] en pérdidas
considerables, en catástrofes que provoquen, según necesidades
concretas, abatimientos profundos, ataques de angustia y, en
último extremo, un cierto estado orgiástico.

Georges Bataille, La parte maldita.


El presente trabajo es el resultado de un conjunto de investigaciones realizadas a propósito de la problemática del terrorismo de Estado y de las violaciones a los derechos humanos que le son características. El plan general del mismo se aboca a la tarea de caracterizar y analizar al terrorismo de Estado, no tanto desde sus aspectos y consecuencias económicas, sino fundamentalmente desde el conjunto de prácticas propiamente políticas que le fueron constitutivas.
Es extraño, sin duda, el propósito que pretenden alcanzar estas páginas. Llevar la filosofía a lugares que no ha recorrido con asiduidad e insistencia, dista de ser un quehacer familiar a nuestro pensamiento. La sala de torturas de un Centro Clandestino de Detención, las fosas comunes, los enterramientos masivos, la apropiación de menores, los engranajes sórdidos de una máquina de aniquilar, el sueño de una restauración total y definitiva. Sin embargo, objetivo éste perseguido no en vano. Es así que uno de los teóricos más preclaros del autodenominado «Proceso de Reorganización Nacional» pretendió delimitar cuál era la función que debía cumplir la filosofía en el marco de la cruzada emprendida por las fuerzas del orden: «vivimos en un mundo cuyo símbolo más expresivo es el fragmento. Ya hemos visto en el capítulo anterior, hasta qué punto la realidad ha sido fragmentada en realidades, el conocimiento en una serie de especializaciones, la continuidad de la vida histórica en una enconada ruptura de generaciones, el oficio unitario de ser hombre en una atomización de ocupaciones con sus éticas particulares y sus funciones excluyentes. Partes, átomos, fragmentos. La filosofía no puede sino ser nuevamente un principio de unificación, brindar visiones de conjunto. A la idolatría del fragmento debe oponer una vocación por el todo; a las significaciones parciales, la búsqueda de una significación última y fundante».1 Los ideólogos del Proceso quisieron reestablecer a la filosofía en su trono y coronarlacon la noble tarea de encontrar el centro último y fundante de una sociedad que se veía
amenazada, según sostenían, por un peligro constante. Obviamente, al coronarla de ese modo se estaban coronando, a su vez, a sí mismos, reservando para sí la capital tarea de encontrar nuevamente el centro último y fundante. Heraldos y propulsores filosóficos del régimen.
Con esto, pretendo insistir en un aspecto en particular a desarrollar en el presente trabajo. En la puesta en marcha del proyecto propiamente político de la última dictadura, las Fuerzas Armadas no estuvieron solas. Un vasto sector académico e intelectual teorizó de una manera profusa sobre tal proyecto. Es que una violencia de tal intensidad como la ejercida por las fuerzas de seguridad, no podría haberse puesto en práctica, al fin y al cabo, sin un conjunto de concepciones que le dieran legitimidad y aceptación en un considerable sector de la sociedad argentina. Allí, un conjunto de intelectuales hicieron valer toda su formación y capacidad conceptual. ¿Quiénes fueron? ¿Qué decían? ¿Qué enseñaban en sus cátedras? ¿Qué sostenían? ¿De qué tradición política se proclamaban herederos? Preguntas éstas que espero poder responder. Es que el terrorismo de Estado tuvo su propia ontología, una verdadera metafísica de verdugos, una auténtica filosofía de asesinos. Algunos de sus elementos más destacados pretenden ser analizados aquí. Las consecuencias políticas y sociales de las prácticas características del actor mencionado son por todos conocidas: las máximas violaciones a los derechos humanos en la historia reciente de nuestro país. En el análisis y caracterización de las mismas, algo se estremece. Es que el rostro del viejo Dios cristiano y occidental deja ver sus contornos tras el llanto, el grito y la muerte. La genealogía de estas prácticas insiste en mostrar una y otra vez el carácter temporal de las mismas, su contingencia, sus condiciones de aparición y puesta en funcionamiento.
Insiste en desarrollar una crítica a los valores de una civilización occidental y cristiana mostrandolas funciones políticas de sus tecnologías de poder y sus efectos más sórdidos. En el cumplimiento de esta tarea se da experimento a una filosofía que ya no reserva para sí la tarea de encontrar el centro último y fundante ni tampoco la de establecer el principio de unificación. Toda esta vieja metafísica de verdugos, con sus sacerdotes e intelectuales, con sus teóricos y predicadores, fueron elementos constitutivos del horizonte de sentido característico del terrorismo de Estado. Horizonte de sentido al que no pertenecemos, ni queremos tampoco pertenecer.

Gonzalo Pedano
Córdoba, 11-07-08

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