martes, 5 de julio de 2016

La vida eterna era una total certeza

                              

                                                                                                Alberto Buela (*)

Hasta el siglo XIII la vida eterna era una total certeza, pero a partir de allí esa certeza comienza a resquebrajarse.[1]
Así a partir del siglo XIV, sin discutir para nada lo religioso, comienza a imponerse la investigación sobre la dignidad del hombre, la filosofía empieza a independizarse de la teología y la razón experimental comienza un camino que llega hasta hoy día. El Renacimiento en Italia es la expresión más acabada.
A este estado espiritual convergen causas de todo tipo y de distinto peso, que son múltiples y variadas: a) la crisis climática con la disminución de la temperatura, por ejemplo, en Inglaterra se dejó de cultivar uva para el vino. b) la peste negra (1346-1356) que redujo la población de Europa en un tercio. c) la gran hambruna de 1313 a 1317. d) el crecimiento del peso político de las ciudades. e) el paso de las monarquías feudales a las monarquías autoritarias. f) el paso del feudalismo al capitalismo. g) la guerra de los cien años como primera guerra comercial.  h) el cuestionamiento filosófico a la teología tradicional en Ocham con su nominalismo y en Scoto con el solo conocimiento de las realidades individuales (haeccietas).
La convergencia de estas causas, y otras que seguro se nos escapan, dio como resultado la perdida de la total certeza de la vida eterna.
Hoy, en la primera parte del siglo XXI el hombre dejó de pensar en la eternidad como una realidad que lleva a su plenitud la vida humana. Y si la piensa lo hace bajo sucedáneos bastardos como lo son el cúmulo de religiones a la carta que se multiplican día a día o la búsqueda de una espiritualidad oriental en donde la persona: única, singular, e irrepetible, moral y libre se disuelve en un miasma cósmico de todos en una sola alma cósmica. O cosas por el estilo.
La pérdida de la inmortalidad personal es uno de los rasgos de nuestra época signada, paradójicamente, por la exaltación de individuo y sus gustos en una sociedad de consumo en donde Dios fue reemplazado por el mercado.
Una sociedad individualista guiada el goce egocéntrico busca su anclaje espiritual en fuentes oscuras que la llevan a un destino de homogeneización en un alma cósmica universal.
La pregunta es entonces ¿se puede rescatar lo eterno en el hombre?
En primer lugar se necesitan gobiernos que alienten el rescate y realización de valores espirituales y religiosos. Luego la constitución de comunidades que intenten vivir de acuerdo a estos valores, para, finalmente, proyectarlos a los ámbitos más ampliados de las naciones y los pueblos.
En el dominio de los Estados se deben llevar a la práctica, como políticas de Estado, los principios de subsidiariedad y bien común; en el de las comunidades el de solidaridad y proximidad y en el ámbito familiar el de projimidad.
Pero sobre todo y fundamentalmente hay que tener en claro la idea que nos hacemos de Dios. Él es nuestro principal hacedor y bienhechor, y en función de Él está dirigido nuestro obrar, y ante Él vamos a tener que responder personalmente y no en conjunto.
Estas verdades de plomo, que se caen de suyo y que fueron evidentes hasta el siglo XIII, han desaparecido de la conciencia del hombre occidental y no llegaron a ser implantadas en el hombre oriental.  
Hoy solo existe la esperanza mundana que se agota en un bienestar material en un océano de falsa espiritualidad. A ello se suma una cantidad enorme de falsos derechos humanos que hacen que la vida sobre la tierra se transforme en una parodia. Así en estos días tuvo que salir el Consejo de Europa con sus 47 jueces de otros tantos países a decir: “no existe el derecho al matrimonio homosexual…y no se debe imponer a los gobiernos la obligación de abrir el matrimonio a las personas del mismo sexo”  Y, sin embargo, los gobiernos de los grandes países hacen lo contrario. En el mismo sentido el Papa Francisco afirma que: el aborto es el mal absoluto, pero aquellos gobernantes que se sacan fotos a diario con él, aprueban el aborto, bajo el sofisma de defensa de la libertad de vientres.
Estamos viviendo en un mundo desquiciado en donde los que aparecen como mandantes (los gobernantes) son en realidad mandados por los diferentes lobbies que elaboran sus decisiones y discursos.

Arkegueta, eterno comenzante o aprendiz constante



[1] Como novedad podemos contar que la tesis doctoral de Ortega y Gasset en 1904 que es un breve ensayo de 58 páginas y que no fue publicado en la edición de sus obras completas por voluntad del autor se titula: Los terrores del año mil: crítica de una leyenda. En donde va a sostener que los temores acerca del fin del mundo producto del milenarismo fueron una fábula creada por los cronistas franceses e italianos del siglo XVI, pero que la certeza de la vida eterna era la realidad del año mil.

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