sábado, 25 de marzo de 2023

24 de marzo de 1976: vinieron por las chimeneas que construyó Perón

Julio Piumato para INFOBAE 


Poco tiempo antes del golpe militar del 24 de marzo la entonces Presidenta de la Nación Isabel Martínez, había alertado  acerca de que "quieren acabar con la justicia social y voltear las chimeneas que levantó Perón, para que la Argentina vuelva a ser campos y vacas solamente como antes de Perón”. Lamentablemente, en pleno siglo XXI podemos decir que sus palabras fueron proféticas y tristemente anticipatorias del destino de la Argentina. Nuestro pueblo se empobreció y el país se vio  sumergido en un ciclo de crisis económicas, sociales y políticas permanentes. Derrocado el tercer Justicialismo el país inició una larga decadencia y retrocedió décadas en las variables sociales, económicas y culturales.

El Golpe de 1976 fue una respuesta al 17 de octubre de 1945 y consagró la contrarrevolución iniciada a partir del año 1955. Tras ésta última asonada castrense, civiles y militares habían implementado un régimen ilegal de proscripciones y de violaciones permanentes de los derechos humanos, sociales y políticos de los trabajadores peronistas. Clausuraron partidos políticos, centrales gremiales, fusilaron, reprimieron con el Plan CONINTES y sometieron al país a un estado de desgobierno y de violencia permanente y trágica. La dictadura de 1966 extendió la represión a varios de los aliados golpistas de 1955. El enfrentamiento entre argentinos marco varias generaciones e impidió la construcción de un Proyecto Nacional.

El golpe de 1976 es la fase más evolucionada del proceso antidemocrático, antinacional y antipopular implementado por un sector del poder con el fin de impedir que triunfe el proyecto de la Revolución Justicialista. A las oposiciones internas se les sumó una trama de poder internacional que organizó el Plan Cóndor y que financió a las dictaduras en buena parte del continente. El establishment consideró que había llegado la hora de terminar definitivamente y en palabras de John William Cooke, con el “hecho maldito del país burgués” y con el conjunto de organizaciones populares.

La dictadura de 1976 tuvo, en un gran resumen, tres grandes objetivos. El primero, fue el de cerrar el ciclo político inaugurado el  17 de octubre y que se caracterizó por darle un inmenso protagonismo a los trabajadores en la vida nacional y centralmente a las organizaciones sindícales y a la CGT. Con este fin, los militares asesinaron y encarcelaron a dirigentes e instalaron un sistema institucional para debilitar al movimiento obrero organizado. El Informe Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas detalló que 30,2 % de los detenidos-desaparecidos denunciados en eran obreros, el 17,9 %, empleados, el 10,7 % profesionales, el 5,7% docentes y el 21 % estudiantes. Entre estos últimos, uno de cada tres trabajaba. O sea, que alrededor del  60% de las víctimas de la dictadura eran trabajadores. Este dato no es una casualidad, sino que confirma una tendencia política y una acción criminal iniciada en 1945 con el asesinato de Darwin Passaponti y continuada salvajemente en el bombardeo y con la violencia de 1955.

Los golpistas de 1976 clausuraron la CGT e intervinieron la mayoría de los sindicatos del país. Los representantes de los trabajadores fueron desplazados de los ámbitos de toma de decisiones institucionales. Se declaró ilegal la huelga y las medidas de fuerza fueron penalizadas criminalmente. Se sancionó una normativa de prescindibilidad de los trabajadores del sector público que pasaron a ser considerados “subversivos”. Los delegados del poder económico concentrado extranjero volvieron a gobernar con total impunidad como lo hacían antes de 1943. 

Se congelaron nuestros salarios, en paralelo a que se liberaron los precios de los alimentos y de los alquileres. La participación en el ingreso de los trabajadores se redujo drásticamente. En 1954 se alcanzó el máximo histórico del 50% de apropiación de la riqueza nacional por parte de los obreros. En 1974 era del 43% y con la dictadura descendió al 20-25% según el año.  

En el año 1976 se clausuró el Congreso de la Nación, se intervino la Corte Suprema y se suspendió la actividad de los partidos. Se suprimieron muchas normas protectoras del trabajo. Con la ley 22.105 de 1979 se derogó la 20.615/73 de  Asociaciones Profesionales. La regulación de la dictadura buscó condicionar el funcionamiento de nuestros sindicatos y se nos quitó el manejo de las obras sociales aplicando el planteo de Albano Harguindeguy acerca de que la “unidad sindical atenta contra los principios liminares del Proceso”.

El segundo gran objetivo del Golpe de Estado fue el de retrotraer las medidas nacionalistas e industriales impulsadas a partir de la revolución de junio de 1943 y con fuerza desde 1946. El país destruyó empresas nacionales y concentró y extranjerizó su capital. La Argentina se transformó en un destino para la especulación financiera y se destruyó riqueza productiva. En 1955 la deuda era de 500 millones de dólares, en 1976 subió a 8.000 millones, en 1983 a 45.000 millones y en 1989 alcanzó la cifra de 63.000 millones. Hoy supera los 380.000 mil millones de dólares.  

El tercer objetivo del golpe fue el de cambiar de raíz la cultura nacional, terminando con las ideas soberanistas, con la solidaridad social y con la unidad de destino de todos los argentinos. Se instalaron los valores del individualismo, del consumismo, del “no te metas” y del nihilismo político. Paulatinamente y cuestión continuada y profundizada en los año noventa, se fue fragmentando la comunidad y se rompieron muchos de los valores humanos fundamentales de la solidaridad, del compromiso y de la participación. Los argentinos perdimos la fe en nuestro destino nacional y poco a poco nos fuimos acostumbrando a la actual decadencia.

 El 27 de abril de 1979 los trabajadores hicimos la primera huelga. El contexto era terrible, ya que solamente entre 1976 y 1980 habían detenido, torturado y en muchos casos desaparecido a 18 mil delegados de fábrica. Yo integré esa lista negra.

Gracias a la acción del Movimiento Obrero, de los grupos de derechos humanos y de una importante cantidad de dirigentes sociales, políticos y culturales conseguimos derrotar a la dictadura y recuperamos la democracia formal en 1983. Lamentablemente, en cuarenta años no consagramos la democracia social, ni la independencia económica, ni la soberanía política. Los militares se fueron, pero nos quedó su proyecto económico y su Ley de Entidades Financieras 21.526/77. La desigualdad social que vinieron a instalar se institucionalizó y de los 800 mil pobres de 1976, hoy pasamos a casi 18 millones según las proyecciones del Observatorio Social de la UCA.

Hoy es un día de Memoria, de Verdad y de Justicia.

Además, debemos tener conciencia que en 1976 se sacó del poder a un gobierno justicialista como en 1955. Es por eso, que los trabajadores no podemos bajar nuestras banderas, sería una traición a nuestro mártires y a nuestros héroes. Tenemos que seguir luchando por la defensa de la soberanía política y popular; por la consagración de la independencia económica y del desarrollo integral; por la justicia y por la dignidad social de la familia argentina; y por la afirmación de nuestra conciencia nacional histórica y suramericana.

 

 

viernes, 10 de marzo de 2023

1973-2013: 50 años de la recuperación democrática

 JULIO PIUMATO para INFOBAE


 

El 11 de marzo de 1973 todos los argentinos tuvimos elecciones libres y recuperamos la democracia luego de 18 años. En 1955 el golpe militar había inaugurado una oscura etapa de fraudes electorales, de persecuciones a activistas y de proscripciones al Justicialismo. Con el transcurso del tiempo y con más fuerza desde el año 1966, la represión se extendería a prácticamente todos los partidos.

Durante 18 años Juan Domingo Perón y un amplio abanico de dirigentes, habían edificado las condiciones políticas e institucionales de posibilidad para la recuperación de la democracia de  1973. Con esta finalidad y en una gran síntesis, el líder del Justicialismo había diagramado su estrategia en base a tres grandes tipos de acciones.

La primera tarea iniciada desde 1955 fue la de coordinar la resistencia a la brutal violencia institucional, a los abusos patronales y a la aplicación de políticas de gobierno antiproductivas y antinacionales. Esta etapa fue épica para el pueblo justicialista y también fue trágica y muchos argentinos fueron brutalmente reprimidos e incluso asesinados,  incluyéndose en esa triste lista negra a muchos dirigentes gremiales.  

La segunda acción que implementó Perón fue la de mantener unido a su espacio político. El desafío era difícil ya que el líder estaba en el exilio a miles kilómetros, su Movimiento estaba prohibido y no disponía de recursos. Su complicada labor se realizó a partir de la persuasión política, convenciendo y movilizando a los trabajadores y a sus organizaciones detrás de una causa. Perón tuvo la destreza de reconocer la evolución política de su Movimiento y en cada contexto puso en valor a los distintos actores, aplicando diversas metodologías.  

La tercera gran acción estratégica de Juan Domingo Perón tendiente a la recuperación democrática, se centró en la construcción de acuerdos básicos y de alianzas políticas con todas aquellas fuerzas partidarias y sociales que estuvieran dispuestas a construir la paz social y a gobernar la Nación en base a la soberanía popular emanada de las urnas. Con este fin, el líder aplicó los principios de la conducción política que había enseñado en el año 1951 en la Escuela Superior Peronista. Perón puso en desenvolvimiento dos nociones centrales de la conducción: “con sectarismo no hay conducción” y conducir es “persuadir”. Durante su exilio en la residencia de Puerta de Hierro recibió a cientos de dirigentes de diversas procedencias ideológicas y políticas. Entabló correspondencia y forjó relaciones directas e indirectas con un número inmenso de militantes y de figuras de la cultura del país, de la región y del mundo.  Sembró sus ideas y persuadió de la justicia y de la verdad de su causa entre peronistas y antiperonistas de diversos orígenes y trayectorias. Perón le dedicó cientos y cientos de horas a las reuniones, al debate y a la búsqueda del consenso necesario para lograr la unidad nacional y la reconstrucción de la Argentina. Paulatinamente, dicha prédica y acción militante fue convirtiéndose en realizaciones.

El 11 de noviembre de 1970 se forjó el frente político la Hora del Pueblo, que integró al Justicialismo, a la UCR, a la Democracia Progresista, al Socialismo Autentico, al Bloquismo de San Juan y al Conservadurismo Popular. El 1 de abril de 1971 se presentaron los lineamientos de un “programa económico social” del flamante frente político. La Hora del Pueblo fue un ámbito político importante ya que le marcó límites a la dictadura y abrió el camino para una militancia justicialista con mayores márgenes de acción.

El 7 de diciembre de 1971 llegó al país Isabel Martínez, anticipando el regreso del General Perón del 17 de noviembre del año 1972 en el vuelo de Alitalia junto a 154 pasajeros.  Durante su breve estadía en el país, el día 19 el líder justicialista se reuniría con Ricardo Balbín de la Unión Cívica Radical.

En el mes de septiembre del año 1972 la CGT y la CGE firmaron una solicitada conjunta. A partir de este acuerdo histórico, se fue consolidando la metodología de la concertación social que Perón luego convertiría en política de Estado con la firma del Acta del Compromiso Nacional (Pacto Social), que fue rubricada el 30 de mayo de 1973.

En octubre del año 1972 se hizo público el “Acuerdo para la Reconstrucción Nacional”, realizado por el PJ y por otras agrupaciones y que incluyó unas “Bases mínimas. Perón organizó en Puerta de Hierro una conferencia de prensa y difundió el texto dándole notoriedad internacional. El documento convocaba a la pasificación nacional y a la normalización institucional a partir de un acuerdo de todos los partidos y de la constitución de un Consejo Económico Social que se encargaría de elaborar el proyecto de gobierno.

Consagrando los avances tendientes a la unidad nacional, 7 de diciembre de 1972 se formularon las históricas y fundamentales “Coincidencias Programáticas del Plenario de Organizaciones sociales y partidos políticos. Firmaron el documento los principales actores sociales (CGT y CGE) y políticos de la Argentina, incluyéndose el Justicialismo, la UCR, el MID y otra veintena de espacios partidarios nacionales. El documento incluyó 6 “Objetivos Fundamentales” y 22 “Instrumentos de política económica y social” centrados en el tratamiento de temas estratégicos como la demografía, la seguridad social y las políticas tributarias y comerciales. En las Coincidencias los principales dirigentes políticos se pusieron de acuerdo en cuestiones centrarles como el desarrollo regional, el tratamiento al capital extranjero, las políticas de salud y la tecnología. Por primera y por última vez en la historia la Argentina se alcanzó semejante consenso en temas estratégicos. Las Coincidencias allanaron el camino a las elecciones democráticas de 1973, contribuyeron a formular el Plan Trienal y le otorgaron gobernabilidad y apoyo legislativo al gobierno Justicialista. 

En marzo de 1972 Perón se reunión con Arturo frondizi, líder del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) e histórico adversario. El desarrollismo integró el flamante Frente Cívico de Liberación Nacional (FRECILINA), que sería acompañado también por la CGT y CGT. Pocos meses después, en diciembre de 1972 Perón forjó el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) ampliando considerablemente la base política. La unidad nacional promovida por Perón estaba cerca de consagrarse.

La fórmula electoral del FREJULI incluyó a un vicepresidente de otro partido y las listas de legisladores integraron un amplio abanico de dirigentes. Si bien el triunfo del binomio presidencial Héctor Cámpora - Vicente Solano Lima fue contundente, faltaban unos pocos puntos para no ir a una segunda vuelta. Respetando los acuerdos políticos previos, Ricardo Balbín reconoció el triunfo y dio un mensaje de madurez política a los argentinos dejando atrás odios, grietas y enfrentamientos.

 

A cinco décadas de la recuperación democrática, estoy totalmente convencido de la necesidad actual de recuperar el ideario y el ejemplo de Juan Domingo Perón que regresó al país defendiendo tres grandes principios:

Primero: la Unidad Nacional de partidos, de clases y de doctrinas es el principio básico e imprescindible para la formulación y la ejecución de un proyecto colectivo de país.

Segundo: es a partir de la concertación social y del protagonismo sindical y de las organizaciones sociales, culturales y productivas como debe formularse el proyecto federal y nacional de desarrollo;

Tercero: la política tiene como objetivo la grandeza nacional y la felicidad del pueblo y para eso debemos trabajar en la construcción de una democracia social que garantice la libertad material y la elevación espiritual del hombre argentino.

 

Que así sea.-

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