jueves, 17 de agosto de 2023

El sin sentido de los libertarios

   Alberto Buela (*) 


 

Quien no puede estar de acuerdo con Milei, el libertario, que sostiene verdades de a puño: la corrupción y promoción del mediocre de la dirigencia política; el cierre del Banco Central, ya propuesto en su época por el fiscal de la Década Infame, José Luis Torres (1901-1965); la ineficacia de los funcionarios del Estado, desde ministros a subdirectores nacionales; el reparto indiscriminado de planes sociales para no trabajar; etc.etc.

 

Pero la crítica en política como en la vida si no viene acompañada de una propuesta es estéril. De nada vale el criticar, si carecemos de una teoría política.

 

Y los libertarios no tienen una teoría política sino sentimientos en contra del statu quo vigente. Y así como los viejos anarquistas que se oponían al socialismo (hoy progresismo) porque constataron que el proletariado quería progresar y no quedase en su clase para una lucha futura entre ellos y los burgueses como sostenía el marxismo. Así su limitación está en que no tienen ni tuvieron un proyecto de Nación ni teoría del Estado. El Estado según ellos tiene que desaparecer. Por eso, al mismo tiempo, comparten con el marxismo el internacionalismo.

 

Los libertarios son individualistas e internacionalistas al mismo tiempo. Están en contra de todo tipo de nacionalismo. Hay allí una contradicción insalvable.

 

Esto nos lleva a plantearnos: ¿cómo hacer política?

 

Perón, en su simpleza, afirmó: con bosta se hacen paredes, indicando así que en política se debe trabajar sobre la base de lo que existe, porque la realidad es la única verdad.

 

Los libertarios como los marxistas y como los progresistas están parados siempre en el éxtasis temporal del futuro, mientras que los conservadores lo hacen sobre el pasado. Pero la realidad pinta gris sobre gris, y con ella hay que bailar. Hic Rodhus hic saltus afirma Hegel en su genial intuición en sus Lineamientos sobre la filosofía del derecho (1831).

Esta exigencia de realidad hace que la tengamos que comprender como “lo que es, más lo que puede ser

 

Hace muchos años un lúcido sindicalista como lo fue don Enrique Ferradás Campos del sindicato de televisión, nos observó: la diferencia entre un dirigente sindical y un político, es que el primero trabaja sobre lo que existe y el segundo sobre lo que él cree que existe. De ahí que el discurso político, en general, enuncia un compromiso que no lo compromete. En tanto que el dirigente sindical tiene un compromiso personal y cotidiano con sus trabajadores. O, al menos eso, es lo que tendría que tener.

 

La realidad es lo que es; es el ente, un conflicto de potencia y acto afirmaba el viejo Aristóteles, y eso es lo que hay que tener en cuenta y desde donde partir siempre. Por eso el ente es el mayor de los conceptos y lo primero que capta la inteligencia. De ahí que a un buen filósofo no le está permitido el macaneo.

 

El libertario ante la realidad no dice “construyamos a partir de ella” sino “disolvámosla para salvar al individuo”. Y propone como sujeto de la política al individuo aislado y auto satisfaciente. Una especie de “Juan Palomo, yo me lo gano y yo me lo como”. Con ese individualismo exacerbado no se contruye política (ciencia ordenada al bien común) sino anarquismo donde cada uno se salva como puede.

 

Política como ciencia arquitectónica de la sociedad se hace a partir de disenso que es el que funda la propuesta o proyecto para reemplazar el orden constituido. Y el disenso es en su sentido más profundo quiere expresar “otra versión y visión” a la dada, a la presentada por lo políticamente correcto. Esto es lo que no hacen los libertarios,”los contreras”, para hablar en criollo.

Es cierto que esa postura suma votos, pero votos que no encuentran una capitalización política sino que se limitan a manifesar un desacuerdo.

 

El peronismo tiene, ciertamente, mucho de criticable pero, al menos en Argentina, es la única teoría política que apoyándose en la realidad tiende siempre al futuro. Eso explica, más allá de sus logros históricos, porque el marxismo no pudo reemplazarlo y porqué desde el liberalismo simpre surgen figuras que quieren “cabalgar ese tigre”. Milei es su último jinete.


 

 

 

LA CRISIS DEL SISTEMA POLÍTICO

 Aritz Recalde, 16 de agosto de 2023 


Hace cuarenta años, Alfonsín alcanzó la presidencia con el 51% de los votos, en el marco de una activa participación del 85% del electorado. Actualmente, el oficialismo nacional obtuvo en las primarias el escaso 27% y fue a votar meramente el 69% del padrón electoral. En términos comparativos, la participación de estas primarias es desalentadora.

Del clima emocional de aquella época, caracterizado por las expectativas en la democracia de 1983 para educar, vestir y alimentar, se pasó al sentimiento de frustración y de desencanto actual. Por si quedan dudas, en el bunker de la fuerza que obtuvo el mayor número de votos (La libertad Avanza) se cantó la consigna del año 2001: “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.

Dada la crisis de representación y la imagen negativa de los candidatos que ejercieron el gobierno los últimos 12 años, los tres principales mandatarios y figuras políticas no pudieron presentarse a las elecciones. Cristina, Mauricio y Alberto se bajaron de la competencia. La primera priorizó quedarse con los legisladores de la Cámpora en las listas y perdió hasta el distrito que vio construir su proyecto político, Santa Cruz. Macri derrotó a su adversario interno, Larreta, y conservó la CABA. El presente y el futuro de Alberto Fernández no parece promisorio.

Si bien JxC redujo su volumen electoral nacional, mantuvo con una importante cantidad de votos las provincias que administraban la UCR (Corrientes, Jujuy y Mendoza) y el PRO (CABA). Además, sumó varias provincias más, cuestión que augura el protagonismo de esa fuerza en los próximos años.

Por el contrario, el PERONISMO ATRAVIESA LA PEOR CRISIS DE SU HISTORIA reciente. Perdió San Luis, San Juan, Chubut y Santa Cruz y tiene posibilidades de perder Santa Fe, Entre Ríos, Chaco y Buenos Aires. La elección bonaerense del 36% actual, se asimila a la de Aníbal Fernández del año 2015 cuando sumó un escaso 35%. La diferencia sustancial es que, en ese entonces, Felipe Solá sacó 19% desde la oposición y el peronismo estaba arriba del 50% del electorado del 2015. María Eugenia Vidal, en el año 2019, perdió habiendo alcanzado el 38% de los votos. Con estos números, pareciera que la única garantía real del triunfo oficialista es la división de la oposición y no el caudal electoral y político propio.

Esta caída del peronismo no es nueva, ya que viene protagonizando malas elecciones nacionales en 2013, 2015, 2017, 2021 y 2023. Solamente levantó en 2019, en el marco de un frente que no le dio musculatura de gobierno. Al contrario, pareciera incluso que ese armado fue un obstáculo para la gestión.

Actualmente, el bipartidismo de los últimos cuarenta años está debilitado, con la novedad de que el PERONISMO ESTÁ EN DECLIVE, la UCR EN RESURRECCIÓN y nació una NUEVA FUERZA LIBERAL.

MILEI encarna una experiencia electoral novedosa, si bien propone un proyecto económico que quiere regresar al siglo XIX. La LIBERTAD AVANZA no parece ser ni el FREPASO (conjunción de radicales, peronistas e izquierda que llevaron a De La Rúa de la UCR de candidato), ni tampoco el PRO (con un empresario en la conducción y con una articulación con peronistas y centralmente con la UCR y sus derivaciones como la CC o el GEN). MILEI, a diferencia de los anteriores, camina por los márgenes de los partidos tradicionales y difunde una impugnación radical al sistema político.

MACRI ACUSÓ DE LOS MALES ARGENTINOS A LOS 70 AÑOS DE PERONISMO. MILEI, DIRECTAMENTE, SE PROPONE REGRESAR A UN PROYECTO PRE YRIGOYEN.

El DILEMA ACTUAL PARA EL PERONISMO es histórico. O se refunda o desaparece para licuarse en otras fuerzas partidarias como la “minoría intensa progresista” o en JxC que ya contiene a muchos dirigentes de origen justicialista.

La frágil y cíclica SITUACIÓN ECONÓMICA de la última década obliga a revisar las bases programáticas del espacio justicialista y es necesario un nuevo programa de desarrollo. Las recetas del 2003 en el actual contexto parecen estar agotadas.

El DRAMA SOCIAL de la pobreza estructural, hoy convertida en marginalidad, violencia y ámbito para el desenvolvimiento del crimen organizado del narcotráfico, requiere de nuevas y enérgicas acciones.

La CRISIS DEL ESTADO como prestador de infraestructura de servicios, de educación, de salud y de seguridad es evidente y el mensaje de las urnas fue claro y explícito en ese sentido.

El justicialismo necesita un NUEVO MITO MOVILIZADOR equivalente a la RENOVACIÓN de Cafiero, la MODERNIZACIÓN de Menem o el DESARROLLO CON INCLUSIÓN de Kirchner. La idea de Fernández aplicada en 2019 de fundar una nación a partir del género y de la diversidad sexual se demostró un rotundo fracaso, en un país con un pueblo mayoritariamente católico y con provincias tradicionalistas y culturalmente federales.

El peronismo debe entrar en estado de asamblea, de debate y de movilización. Tiene la inmensa responsabilidad de impedir la debacle de la actual gestión, cuya dinámica económica se asemeja al año 1988. La crisis de la UCR de Alfonsín sacó a esa fuerza del poder hasta el año 1999 y sumergió al pueblo en un terrible sufrimiento.

El justicialismo debe organizar la campaña electoral de acá a octubre para ampliar el número de legisladores y además, y centralmente, para poder competir en segunda vuelta.

El peronismo, pase lo que pase en la próxima elección, está obligado a refundarse, a revitalizarse y a prepararse para un futuro de turbulencias. Es momento de FORTALECER LAS ORGANIZACIONES YA QUE VENDRÁN TIEMPOS DIFÍCILES.

 

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