domingo, 17 de marzo de 2024

Debates del presente para construir un mejor futuro

 POR ALDO DUZDEVICH, para Agencia Paco Urondo 


15 Marzo 2024

 

Hace varios meses deje de escribir. Porque en este tiempo, la cuasi-obligación de quien opina de este lado, es dedicarse a analizar críticamente las políticas del mileismo. Y, en esa misión, hay muchos que lo hacen muy bien. Yo siento que lo hice antes y durante la batalla electoral advirtiendo sobre quien era Milei y cuál iba a ser su política.

Pero además, me ocupe de debatir internamente con quienes primero jugaban a “destrozar al Alberto”, y luego a esmerilar a Massa para que no gane, o gane por poco. Nunca pensé en dar la vida por Alberto, ni por Massa, pero si veía claramente, que jugar a destruir nuestro gobierno y luego esmerilar nuestro candidato, nos llevaba al inexorable desastre de un gobierno de la Pato o lo que nunca pensamos, un Milei presidente.

 

EL AJUSTE RÁPIDO Y BRUTAL

El 20 de noviembre del 2023, antes que asuma Milei publique una nota en AGENCIA PACO URONDO donde decía entre otras cosas: “Las principales víctimas de las derrotas del campo popular no somos los militantes como muchos creen. Las víctimas son el pueblo de a pie, en especial los sectores más humildes, muchos de quienes votaron a Milei”.

Por ese ombliguismo tan típico de nuestros sectores progres porteños, escuchamos voces muy preocupadas por el ESI, el predio de la ESMA, el matrimonio igualitario, los derechos de las diversidades. Todos temas que seguramente serán bombardeados por el gobierno libertario, pero la realidad es que las primeras víctimas que se va a cobrar Milei son los siete millones de jubilados, y parte los obreros de la construcción”.

No hace falta ser economista de Harvard para interpretar que lo que propone Milei de bajar el gasto público en forma de 'shock sin gradualismo', solo se puede lograr, en primer lugar bajando jubilaciones y pensiones que representan casi el 50% del gasto público nacional.”

“Además de reducir los sueldos estatales, paralizar la obra pública, eliminar subsidios de luz, gas y transporte, y reducir las transferencias a las provincias.”

“Las jubilaciones y los sueldos públicos ni siquiera es necesario recortarlos. Es suficiente con postergar su pago, y congelarlos en simultaneo con devaluación e inflación de por medio”

“Piensa también, producir un aumento de tarifas que supere a los indices de inflación y restringir las transferencias a las provincias para obligarlas a compartir las medidas de ajuste.”

“Ese discurso de Milei que 'esta vez el ajuste lo va a pagar la política' es saraza para la tribuna. Es posible bajar a cero, los sueldos de diputados, senadores y todos los empleados del Congreso Nacional, eso representa apenas el 0,4 % del presupuesto nacional .”

“Y aquí volvemos a la frase 'lo mejor suele ser enemigo de lo bueno'. Todas las críticas con razón que se le puedan hacer a nuestro gobierno, y al plan que pensaba implementar Sergio Massa no tienen punto de comparación con lo que vamos a enfrentar dentro de pocos días.”

Y lamentablemente es lo que paso y estamos viviendo.

 

LA BATALLA CULTURAL QUE PERDIMOS

Desde hace unos diez años, me metí en esta tarea de estudiar y escribir sobre la historia del peronismo. Lo hice siempre en tono de disputa política-cultural, por recuperar para el presente la figura de Juan Perón, sus enseñanzas y su pensamiento y obra.

Una batalla, que sabía perdida de antemano, ante el aparato cultural cobijado por nuestros gobiernos, que presentó la versión montonera y de la izquierda, como la historia oficial de los años setenta. Un relato en el cual Perón, termina siendo en el mejor de los casos, un viejo “lelo” manipulado por su entorno, o peor como un líder “fascista y contra revolucionario.”

Esa pelea estaba pérdida de arranque contra los intelectuales oficiales como Verbistky, Bonasso, y otros tantos, que los repetían desde todos los medios oficialistas.

Muchos no entendieron por qué era importante esta discusión histórica. Siempre sostuve que los setenta mal contados, el peronismo mal contado, impactaban directamente en las políticas del presente.

Fue así que el progresismo, con sus usinas intelectuales y sus difusores en las universidades y medios de prensa, le fue ganando la batalla cultural y política al viejo peronismo, al peronismo originario cambiándole su esencia.

Pero, ese progresismo, al cual muchos tuvimos que adherir con desgano, para no “sacar los pies del plato”, se fue agotando en su imposibilidad de dar respuestas a la sociedad. Y un día apareció la nueva derecha, que no es nueva en su esencia, sino en sus formas de presentar el debate, y le ganó la batalla cultural al progresismo. Y algunos viejos peronistas, entramos en desconcierto, si salir a defender las consignas y políticas progresistas, que nunca sentimos como propias, u opinar, con el riesgo que aparecer convalidando alguna decisión del anarco-libertario. Entonces nos llamamos a un prudente silencio.

 

YA ES TIEMPO DE INICIAR LOS DEBATES

Bueno, hoy creo que está siendo tiempo de romper ese silencio, e intentar a dar los debates internos, que los que estamos de este lado de la grieta venimos postergando.

Porque siempre hay una buena y atendible razón para evitar los debates. Cuando gobernamos porque “no hay que darle pasto a la oposición”; cuando estamos en campaña “porque es momento de sumar a todos”; y cuando somos oposición “porque es tiempo de lucha para resistir y voltear al que esta”.

Pero, en el mientras tanto aquellos que conducen nuestro espacio, y sus voceros mediáticos siguen manteniendo sus relatos, discursos, propuestas y acciones con las cuales muchos no coincidimos, pero callamos respetuosamente, porque tenemos ese gen peronista de acompañar y empujar hacia delante.

La derrota del 19 de noviembre del 2023 no significó solamente un castigo electoral por cuatro años de gobierno desafortunados . Quienes festejaron esa noche, no fueron solo los chetos de Barrio Norte, como vimos en 2015 con Macri. Esa noche festejaron las chicas que trabajan de servicio doméstico, en las casas de mis amigos y compañeros. Festejaron los del Rapi, los que hacen changas, los obreros de la construcción, los jóvenes trabajadores de fábricas cuyos patrones les explicaron días antes que había que votar a Massa. Algo nuevo y profundo había pasado en el seno de nuestro pueblo.

Las respuestas apuradas fueron: la gente no soportó la inflación y caída del poder adquisitivo del salario, y en parte es cierto. Pero llevamos tres meses de Milei y la situación económica empeoró y sin embargo sus niveles de aceptación siguen siendo los del balotaje. Y, su pose de loco que dispara dardos sin parar contra la casta, los gobernadores, los políticos, le sigue dando rating.

No es mi intención dedicarme al análisis de las medidas de gobierno y las acciones de resistencia y/o oposición que llevan adelante los nuestros, junto algunos aliados hasta ayer impensados.

Si creo necesario, comenzar un debate de ideas interno para analizar que nos paso, y que propuestas y banderas vamos a enarbolar para volver a enamorar a un amplio sector de la sociedad que nos dio la espalda.

 

 

¿SE CAE MILEI? ¿PARA DÓNDE?

Yo francamente no veo que Milei se deprima y renuncie en dos o tres meses como afirma el amigo Moreno. Ni tampoco, que la CGT declare la huelga general revolucionaria por tiempo indeterminado, con pide el cineasta Aristarain. Pero supongamos que alguna hipótesis de crisis y salida es posible. ¿Para qué lado se cae?. La más probable y lógica es que asuma Villarruel con Macri detrás. Otros, ven la salida para el lado de un Pichetto apoyado por gobernadores del PRO y algunos PJ.

En cualquier caso, nadie piensa que sea el kirchnerismo-peronismo quien se haga cargo del gobierno ante la caída de Milei.

 

SIN CONDUCCIÓN Y SIN PROPUESTA

Por ahora, no se visualiza un liderazgo con posibilidad de conducir al conjunto. La referencia inevitable es Axel Kicillof, pero a mi juicio, arrastra tres condicionantes importantes. Primero las dificultades financieras de su provincia, que promueve Milei cortándole los recursos. Segundo, la competencia interna de Máximo y La Campora que cuestionan su liderazgo. Tercero que ser “el candidato de Cristina” pareciera que no alcanza.

Pero, el déficit más grave de nuestro espacio político, llamase peronismo, kirchnerismo, UP, o lo que sea, es la falta de una propuesta política nueva, que pueda dar respuesta a aquellos sectores de la sociedad, en especial los jóvenes de los sectores más humildes, que nos rechazaron y adhirieron al discurso libertario.

Yo siento aversión por esos discursos que le bajan la condición mental y/o moral a la sociedad cuando no nos vota. Tampoco creo a pie juntillas la frase “el pueblo nunca se equivoca”. Pero si creo que quienes nos equivocamos, y bastante seguido, somos la dirigencia y militancia política que nos alejamos de la realidad de la gente, y un domingo de elección a la noche, descubrimos que la realidad de la gente nos abandonó a nosotros.

ABRIR EL DEBATE SOBRE NUEVAS PROPUESTAS

Repito palabras del intelectual peronista Aritz Recalde: “Hicimos campaña defendiendo el Estado cuando lo gestionamos mal. La gente le cobró al oficialismo los problemas de la educación, de la salud y de la seguridad pública que arrastran décadas.”

“A los problemas económicos, sociales y políticos le sumamos la decisión de querer imponerle al país una identidad cultural progresista de clase media, bien típica de la Ciudad de Buenos Aires. El pueblo federal no entendió, ni adhirió a ese mensaje. Por el contrario, lo consideró negativo, irritativo y distante a su realidad cotidiana y a su forma de vida familiar.”

“Perdimos la batalla semántica y de sentido. El progresismo sostuvo que la agenda de seguridad es de la derecha. Que el valor del sacrificio del trabajador es de la derecha. Que el esfuerzo de la clase media y su orgullo meritocratico son de la derecha. Que la gestión eficiente del Estado, que la honestidad y la transparencia son de la derecha. Se sostuvo que las religiones y los cultos son identidades de la derecha y que debíamos modernizar al país en una dicotomía de civilización y barbarie.”

Estos breves párrafos sintetizan gran parte de los temas a discutir. Tenemos que discutir la calidad de la educación pública, y no exclusivamente como hasta hoy, el salario docente. Discutir si a la inseguridad, le vamos a seguir dando respuesta desde lo discursivo o vamos a intentar una justicia y policía que funcionen desde un sólido poder del estado. Si vamos a seguir alimentado un estado gordo y bobo, que cobije amigos y militantes, o vamos a redefinir un estado eficiente que de respuestas a la sociedad en su conjunto. Si vamos a seguir mirando para otro lado cuando los actos de corrupción los cometen los nuestros. Si vamos a entender o no, que para generar producción y empleo, es necesario convocar al capital privado, y no seguir viendo al capital como el enemigo a combatir.

En fin… todos temas revulsivos que ponerlos en debate me va a costar el disgusto, decepción, y enojo de más de un amigo y compañero. Pero la verdad muchachos, a nuestra generación se le agota el tiempo biológico, y deberíamos hacer un esfuerzo por debatir estos temas y desbrozar-le un poco el camino a los que vienen detrás.

 

HASTA CRISTINA PLANTEA DEBATIR ESTOS TEMAS

Yo no soy devoto de “la Jefa”, pero como todos, reconozco que su nivel intelectual está muy por encima de toda la dirigencia nuestra. Hace unos días dio a conocer un largo documento, donde al final expone algunas cosas que, aun dichas tibiamente, chocan directo con el discurso progresista que predomina en el espacio ultra K.

Dice Cristina al final de su documento de 30 páginas: “Estamos de acuerdo en que la Argentina debe revisar la eficiencia del Estado, y que no basta con la consigna del “Estado presente” para resolver los problemas del país, que son demasiados. Se debe analizar y controlar la correcta asignación de recursos para poder corregirla, en caso de ser necesario.”

“Resulta ineludible discutir seriamente un plan de actualización laboral que brinde respuestas a las nuevas formas de relaciones laborales(...) las formas de contratación laboral ya incluidas en nuestro sistema legal también deben ser revisadas, mediante la actualización de los convenios colectivos de trabajo (…) Estas actualizaciones deben respetar los derechos conquistados por los trabajadores, pero también deben realizarse bajo el concepto de que una vez consagrados, los derechos acarrean obligaciones que deben cumplirse. De lo contrario, el ejercicio de un derecho sin el cumplimiento de sus obligaciones correlativas, no es más ni menos que un privilegio.”

“Debemos pensar cuál es la razón, por la que, parte de los sectores medios, y medios bajos hacen un esfuerzo para enviar a sus hijos a escuelas de gestión privada para que tengan clases todos los días.”

 

“También queremos discutir la integración de la empresas del estado tanto por vía de la participación del capital privado como de las provincias, en el caso de que sus recursos estén afectados a la explotación económica de aquellas, como así su cotización en bolsa para agregar valor y eficiencia bajo la forma de una asociación pública y privada virtuosa.”

“Estamos dispuestos a discutir un régimen de incentivo a las grandes inversiones pero que agreguen valor y transfieran tecnología.”

“En materia de seguridad debemos abandonar el consignismo. Con la desigualdad social por un lado o el gatillo fácil por el otro, no puede elaborarse ningún plan de seguridad.”

Cristina cada tanto suele hacer este tipo de planteos, que en su tropa no caen del todo simpáticos y se ocupan de minimizarlos y olvidarlos rápidamente para seguir con el tachin tachin del discurso progre.

Bueno, hasta aquí el enunciado de mis intenciones al retomar mis notas en AGENCIA PACO URONDO, que con mucha generosidad peronista permiten esta diversidad de ideas.

La experiencia libertaria, el vanguardismo iluminado, los apresurados y algunas enseñanzas de Perón

 *Por Juan Godoy para AGN prensa 


 Resulta evidente que asistimos a un política de ajuste feroz por parte de una administración de gobierno que pretende no solamente “atrasar” el reloj de la historia, volviendo a una Argentina pre peronista del orden del país en que “las vacas tenían más atención por parte del estado que los trabajadores”, la Argentina desigual que cristalizó el Informe Bialet Massé, el país en que en algunas partes de la región cuyana se hacía un guiso de uvas y carne canina como certificó Pedro Escudero, incluso hacia una nación pre-moderna sin Estado, al fin y al cabo pre-capitalista, sino también un avance hacia lo desconocido: no se trata solo del clásico liberalismo que piensa al individuo sobre lo colectivo, más bien es un “experimento” que imagina una geografía (que no necesariamente implica nuestra nación tal cual la conocemos), de individuos absolutamente aislados que se vinculan entre sí en búsqueda de la maximización del beneficio, sin lugar a ningún tipo de organización colectiva.

El gobierno en general y el presidente en particular expresa la antítesis de lo que construimos como nación a lo largo de estos siglos. Nuestras tradiciones, identidad y conciencia nacional no sólo no se encuentran en la programática libertaria, sino que son bastardeadas y vapuleadas día a día. De esta forma también se mina la autoestima de nuestro pueblo.

Queda claro que destruyendo el “ser nacional” no quedan barreras defensivas a este experimento, a la defensa de lo nacional. Transitamos una cornisa que “los nacionales” vienen advirtiendo hace tiempo pero que se ha acelerado a partir de la irrupción libertaria, la posible balcanización de nuestro país y la disgregación nacional.

En tiempos de relativismo cultural, insistimos y enfatizamos en que todo no puede dar lo mismo. Perón advertía los riesgos en torno a la nacionalidad cuando no median factores de unión y de cohesión, resultando imperdonable el intento de destruir el “alma nacional”.

¿Cómo enfrentar este “experimento” que si bien tiene muchas cuestiones que ya conocemos, también tiene algunas particularidades novedosas? Resulta primordial, como decía Sun Tzu conocerse a uno mismo y también al adversario. Vale decir, muy someramente ya que en estos meses varios artículos apuntaron cuestiones muy interesantes al respecto, y destacar no solo el origen democrático del gobierno, sino también apuntar que en esa expresión hay varias respuestas al interrogante acerca de cómo llegamos hasta aquí.

La advertencia entre “compañeros” del campo nacional a lo largo de estos años resultaba recurrente, lo podríamos definir en una frase que se escuchó reiteradamente en los últimos años: “esto termina mal…” .

En este punto, queremos significar que en el diagnóstico libertario que constituyó parte de su campaña que lo catapultó (más allá de otras “ayudas” de los “magos de la política” que pensaban y piensan siempre que “la tienen atada” subestimando al pueblo), al gobierno hay muchas verdades y mayormente “medias verdades”, las más difíciles de desandar.

Será por eso que decía Jauretche que los pueblos primero “aprenden” lo que no quieren y luego queda construir el camino hacia el proyecto de nación que pueda arbitrar soluciones a las problemáticas nacionales. Apuntamos muy rápidamente que, desde ya, hubo un impacto de la economía pero no es la única arista de análisis que hay que buscar, sobre todo por la elección de una expresión tan virulenta.

El gobierno es expresión nuevamente del “que se vayan todos”, un voto lógico desde esa óptica, claro está. Milei probablemente sea hijo de la pandemia y de la política aplicada sobre la misma en esos largos meses (y de ciertos acontecimientos que sucedieron: léase por ejemplo la justificación que algún funcionario accediera antes a la vacuna porque él es más importante que los “ciudadanos de a pie”) , como también (y acá hay un punto nodal) de la política cultural de los últimos años, de la discursividad progresista y sus diversas agendas ligadas mayormente a las minorías con poca raigambre en las necesidades de nuestro pueblo (y muchas muy ligadas a las de los intereses extranjeros), la sobre-ideologización.

Otra cuestión central en el análisis es lo que alguien (lo he leído en varias notas, no sé de quién es la idea original) denominó certeramente como un Estado que hace mímica (más allá de algunas cuestiones importantes y maravillosas, podemos observar esto claramente en la salud o en la educación -fundamentalmente en “los conurbanos”-, la política de seguridad y su justificación “clasista”), como asimismo pregonar un conjunto de ideas pero no practicarlas, es decir no ser coherente entre lo que se dice y lo, que se hace, no seguir lo que Francisco puntualiza como central en la construcción política de los dirigentes: pregonar con el ejemplo (no se sigue a los líderes por lo que dicen, sino por lo que hacen).

Ponemos de relevancia también la falta de un proyecto nacional, atado a la imposibilidad del desarrollo. Un discurso que deja de lado el trabajo (no sabemos bien en base a qué estudio o solamente es repetir una zoncera), rompiendo la máxima de Perón en torno a que “cada uno debe producir, al menos, lo que consume”. Esa carencia o desorientación se observa en el discurso anti-sindicalista, y/o anti-militarista abstracto, cuando no en contra de la fe que profesa en mayoría casi absoluta nuestro pueblo.

Queremos apuntar también la problemática de la construcción de un discurso absolutamente soberbio que divide la sociedad en buenos o malos. En que nosotros somos todo lo bueno, y los demás los malos. Una suerte de superioridad moral. Vale destacar también una dirigencia divorciada de las problemáticas del pueblo, sumada a la balcanización del gobierno, y a que a la “grieta” externa se le sumó una “grieta” interna, lo cual también dificultó mucho más el desempeño del gobierno.

 

 

Una política realizada por uno “nuestro” es buena, mientras que la misma política realizada por uno “de ellos” es mala. Sectores dentro del gobierno que preferían que no funcione o tiroteaban si “la cosa” iba bien. “Dirigentes” auto-proclamados que no dirigen a nadie. Por último, anotamos una cuestión preocupante: la tendencia a la “desaparición” de la militancia política entendida como una actividad realizada para otros, con “la formación” como elemento central, y los espacios territoriales de anclaje. Dejado de lado eso nos quedan un conjunto de tecnócratas preocupados por ellos mismos y sus bolsillos, una “política” vacía, un “cuerpo si alma”.

No casualmente Francisco en su exhortación apostólica de octubre de 2023 Laudate Deum dedica especial atención al paradigma tecnocrático. Volvemos más concretamente al interrogante en torno a cómo enfrentar estas políticas y fundamentalmente algunas problemáticas que observamos al respecto.

Hay una anécdota de Perón conocida ya que la contó en sus clases en la Escuela Superior Peronista, luego compiladas en Conducción Política. El General refiere allí a que cuando era Secretario de Trabajo y Previsión Social algunos sectores fubistas y de la Unión Democrática tenían una fuerte presencia en la calle, a lo que varios trabajadores le reclamaban a Perón e insistían en la idea de “ganar la calle”. Perón respondía con prudencia con el principio de “economía de fuerzas” que “hay que ganar la calle en un momento y en un lugar decisivo. Pretender tener siempre la calle es gastar la fuerza y no ser nunca fuerte”.

Esto anécdota vale en tanto hay sectores que piensan y “presionan” (desde diciembre mismo), para “salir a la calle”, “ganarla”, “paro general por tiempo indeterminado”, “caceroleros” de nula o dudosa trayectoria política erigidos en “revolucionarios” que critican a la CGT, etc. etc. Esos sectores se auto-proclaman como los “más revolucionarios”, y tildan a todos los demás (cuando no “la burocracia sindical”) de conservadores.

Se piensa a priori que esa es la única forma de “ganar” políticamente, cuando es probable que se termine debilitando el “campo nacional” y fortaleciendo el gobierno que se pretende debilitar. Nos preguntamos por qué pretenden tener más mérito que dirigentes sindicales elegidos por sus bases, representativos, y cuando no refrendados varias veces.

Esto último nos recuerda a Bassil Liddel Hart que en su libro más conocido nos dice que “en la estrategia, el camino más largo es con frecuencia la manera más rápida de llegar a casa”. Diseñar una estrategia en la cual se apoya la táctica entonces resulta esencial. En este sentido también el “gran estratega” debe descubrir los puntos de apoyo de quién se enfrenta, apuntando a debilitarlos, descubrir el tendón de Aquiles, se trata de una lucha política. Vale remarcar que fortalecer “nuestra posición” es también debilitar la del adversario.

Vale también recordar aquí otra “enseñanza” de Perón para los movimientos revolucionarios, pero que resulta adecuada también para reflexionar sobre este punto que mencionamos. Afirmaba Perón que había tres enfoques: “el de los apresurados, que creen que todo anda despacio porque no se rompen cosas ni se mata gente. El otro sector está formado por los retardatarios, esos que no quieren que se haga nada, y hacen todo lo posible para que esa revolución no se realice. Entre esos dos extremos perniciosos existe uno que es el del equilibrio, y que conforma la acción de una política que es el arte de hacer lo posible, no ir más allá ni quedarse más acá. Pero hacer lo posible en beneficio de las masas, que son las que más merecen y por las cual tenemos que trabajar los argentinos”.

Hay una cuestión que aparece reiteradamente en sectores vinculados en mayor o menor medida al “campo nacional” que es una postura soberbia que, como sabemos, no es buena consejera en política. Una postura que, a partir de su auto-proclamación como gran analista político, pretende “explicarle” al pueblo cómo debe “pensar”.

Es una postura que en muchas ocasiones denigra al “otro”. En lugar de prestar más oído y construir una agenda política ligada a las problemáticas de nuestro pueblo, adopta una postura iluminista que lo que termina haciendo es alejando a los sectores populares de nuestro lado. Hay también un umbral bajo de tolerancia a quien “piensa diferente”.

Se cortan en gran medida los vasos comunicantes, gran problema, hemos llegado a un punto en que gran parte del pueblo “no los quiere escuchar”, cuando no les guarda un profundo desprecio. Muchas veces se prefiere “tener razón” a tener éxito siendo persuasivo.

Perón también contaba que cuando llegó a la Presidencia e ingresó en su despacho, cuando le preguntaron qué era lo primero que iba a hacer, contestó: “tirar al General por la ventana”, con lo que quería significar la necesaria transformación y re- semantización política necesaria al pasar de “lo militar” a “lo político”, cuestión que también desarrolla en las clases de Conducción Política cuando explica que la base eran los “Apuntes de historia militar” que había escrito en los años 30, entendiendo por ejemplo que en lo militar se conduce mandando, y por el contrario en la política se lo hace persuadiendo.

Lo que tenemos es una postura que ha sido muy perniciosa a lo largo de nuestra historia. Un sector que se erige en “vanguardia iluminada”, sobre la que nada ni nadie puede estar. El mismo está más bien ligado a un esquema de pensamiento colonial que lo lleva a pensar en divorciado de las necesidades nacionales, al fin y al cabo piensan en términos de “civilización y barbarie”.

Se trata de quienes “la tienen clara”, “bajan al territorio”, “hablan en códigos para ‘entendidos’”, se erigen en “vara moral”, llegando a “putear” al que no piensa como ellos, a denigrarlo, al tratarlos de conservadores o “que atrasan”, a caricaturizarlos como dinosaurios, a burlarse de sus creencias, etc.

No hay que ser un pensador audaz para dar cuenta que desde ahí es muy difícil construir política. Decía Hernández Arregui sobre estos sectores medios que: “la clase media, convencida de su independencia, justamente porque carece de ella, se cree depositaría de valores universales, sin comprender que detrás de ellos están los intereses particulares de la burguesía. El pequeño-burgués –y el intelectual no escapa a esta regla– piensa siempre en términos absolutos (…) Su minúscula situación social le hace perorar con frases de gigantes”.

Ciertos sectores progresistas de hoy, algunos que pregonan su pertenencia al campo popular, se creen más que los trabajadores organizados a los cuáles llenan de adjetivaciones, al fin y al cabo parecen tener sobre los trabajadores el mismo odio que los gorilas profesaban sobre los “cabecitas negras” en los 40/50 o que muchos de sus hijos (y otros) en los 60/70 tenían sobre lo que consideraban “sindicalismo burocratizado” blanco predilecto de sus atentados.

Mucho de esto se vio en los últimos años, pero como decía el General “la única verdad es la realidad”, y esa realidad indica que en los últimos años el movimiento obrero organizado se ha sostenido como bastión central de la resistencia del movimiento nacional a las diversas políticas sobre nuestro pueblo.

Su larga tradición de lucha se vio claramente estos últimos años en el macrismo a través de la realización de cinco paros generales entre otras medidas contribuyendo a que esa administración dure tan solo un mandato constitucional, y también en estos primeros meses de experiencia libertaria, se vio concretamente en logros contra su política principalmente en lo referente al trabajo.

Al fin y cabo se trata de luchar, de ser inteligentes, de persuadir, tener fe en nuestro pueblo que sabe de gestas épicas, al mismo tiempo que construir una agenda política que parta de nuestra realidad y las necesidades de nuestro pueblo, partir de abajo hacia arriba, y elaborar un proyecto nacional de emancipación.

En este punto, se revela esencial entender que, como dice Francisco, “el todo es superior a la parte”, “el tiempo es superior al espacio”, “la unidad prevalece sobre el conflicto” y “la realidad es más importante que la idea”.

Apuntar desde ahí a la construcción de una unidad nacional, y esa unidad no es entre los que pensamos lo mismo, sino es con el que se tiene un conflicto, con el que piensa diferente, entendiendo que la misma no anula a las partes sino que en la síntesis se sostienen las identidades de cada uno. Por un momento, al menos, y sinceramente hay que valorar la posición del “otro”, acercar posiciones, construir puentes (no muros), que nos lleven a la unidad en virtud de la grandeza nacional y la felicidad de nuestro pueblo.

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