sábado, 6 de noviembre de 2010

Néstor, el almacenero


Para Buenos Aires Económico- 5/11/10

*Por Ariadna Somoza Zanuy- Socióloga del GEENaP

Muchas palabras se han dicho y escrito en los últimos dolorosos días acerca del legado de Néstor Kirchner. Algunas enfatizando en su rol de conductor del proceso, otras sobre sus ideas, y otras sobre el modelo económico que él parió.
En estas últimas se hizo hincapié en las medidas concretas que conforman el conglomerado de políticas macroeconómicas de su gestión y de la actual gestión de Cristina. Sin embargo, es importante también resaltar la importancia de lo que Néstor nos enseñó en materia de filosofía económica. Hay un antes y después del kirchnerismo para la teoría económica argentina, vivimos un cambio de paradigma. Algunas de las creencias dogmaticas neoliberales se han venido abajo por la realidad misma, y muy difícilmente puedan volver a renacer.
La primer ruptura fundamental del modelo económico kirchnerista con respecto al modelo neoliberal está relacionada con la concepción acerca de la generación de valor. El neoliberalismo, a partir de su implementación desde el ’76, pregonaba implícita y explícitamente que la especulación genera mayor nivel de rentabilidad que la producción, y adaptó así el marco jurídico para que la valorización financiera esté al alcance de cualquiera y que la producción de bienes, tan característica de nuestra economía; pase a un segundo plano. Esto esconde tras de sí la concepción de que el dinero puede generar dinero. Se puede generar riqueza sin trabajo humano, prescindiendo del trabajo humano.
Por supuesto que un modelo así es inviable, puesto que los altos niveles de desocupación y pobreza que genera y que son el correlato más coherente con este modelo son, al mismo tiempo, garantía de bajos salarios y bajos niveles de organización de la clase trabajadora pero, también, una bomba de tiempo que estalló finalmente en el 2001. Hoy en día, en el marco de la crisis internacional y el estallido de varias burbujas financiero-inmobiliarias, esta concepción entró bastante en crisis, pero nuestro país fue pionero en pensar una vía alternativa y el modelo económico kirchnerista fue vanguardia: repensó un modelo de reindustrialización con justicia social.
En segundo lugar, este modelo económico rompió con la famosa teoría del derrame. Una vez superada la etapa de la salida de la convertibilidad e iniciado el crecimiento económico no se conformaron ni Néstor ni Cristina en esperar a crecer lo suficiente para que así parte de este crecimiento se derrame hacia los más débiles. La teoría del derrame conlleva en su seno dos presupuestos básicos: por un lado, que el capital es bueno y, cuando le sobre, lo “donará” a los desposeídos, haciéndose una especie de distribución de la riqueza “natural”. Por otro lado, cierra la discusión en historia económica acerca de si los procesos como, por ejemplo, el peronismo, han fracasado porque distribuyeron antes de tiempo en vez de destinar ese excedente en profundizar la industrialización. Quien paga es la cuestión: la misma también podría haberse profundizado disminuyendo la tasa de ganancia del capital en vez de ajustar por los trabajadores.
El modelo económico kirchnerista, en su etapa de crecimiento, utilizó la definición política y la intervención estatal como variables fundamentales en la distribución del ingreso. No permitió que la mano invisible del mercado haga de las suyas, a la espera de que la “distribución natural” llegue en algún momento mientras miles de compatriotas seguían en las peores condiciones. Demostró con esta práctica que ni el capital va a distribuir lo que le sobra (porque nunca le sobra), ni los trabajadores pueden ser una variable de ajuste. Se puso fin a la teoría del derrame.
El tercer punto de ruptura está relacionado, justamente, con los trabajadores como variable de ajuste. Tanto la recuperación de las tasas de empleo como del salario de los trabajadores fueron producto de políticas activas del Estado. Como pocas veces en nuestra historia, los salarios de los trabajadores estuvieron por delante de la inflación, lo cual implica que los aumentos salariales no son absorbidos por el mercado a través de la inflación. Esto rompe con el mito de que los aumentos salariales generan inflación, y deja en evidencia el verdadero problema de la inflación: la concentración de la economía argentina que, ante una política de fomento a la demanda, busca quedarse con el mayor pedazo posible de esa inyección de dinero en el mercado.
En medio de una de las peores crisis internacionales, el Estado argentino respondió inyectando mayor cantidad de dinero en el mercado pero no apostando a los grandes bancos, sino apostando al trabajo. Ya sea por incorporación de nuevos trabajadores como por aumentos salariales, asignación universal por hijo, aumento de los jubilados y de las jubilaciones y el programa de cooperativas Argentina Trabaja, ingresaron por la vía de los trabajadores recursos que revitalizaron el círculo virtuoso de la economía argentina, produciendo que el impacto de la crisis no se sintiera en nuestro país, pero también los brotes inflacionarios muestran la paradoja de una economía concentrada en grandes grupos económicos que forman precios e intentan hacerse de esos recursos a costa de los trabajadores. Es la puja distributiva en su máximo esplendor.
Un cuarto punto de quiebre entre el actual modelo y el modelo neoliberal consiste en poner a la política por delante de la economía. Desde el dogma neoliberal se pregona que la economía es algo así como una ciencia que cuanto menos se toca, mejor funciona. El éxito de un modelo depende de cuánto mejor funcione el mercado por sí sólo. La economía entendida como un ente en sí mismo está aislada de las definiciones y voluntades políticas, y como es una ciencia, difícilmente pueda ser cuestionable. Esta idea cientificista de la economía esconde la verdadera esencia de la misma: el estudio de las relaciones sociales de producción, con las dominaciones incluidas, lo cual la transforma en una ciencia absolutamente social y totalmente vinculada a la política.
Relacionado a este punto se encuentra la quinta y última ruptura que se puede observar del modelo económico kirchnerista con respecto al modelo neoliberal. Como buena ciencia exacta que es la economía, según el dogma neoliberal, la misma se hace de buenos y prestigiosos científicos. Estos se revisten, en este caso, de economistas técnicos- neutrales, a-valorativos, objetivos y portadores del saber. La tecnocracia perfecta para la implementación de un plan medido por la ciencia, exacto, y que no puede fallar. Como toda ciencia y como todo científico, es incuestionable, y no cualquiera porta ese saber. Los militantes políticos bien tienen que mantenerse alejados tanto de la ciencia como de los economistas, los verdaderos gurúes. La economía es cosa de economistas.
Pero el modelo económico kirchnerista no es sólo un modelo económico: es un proceso de transformación en marcha, y como tal, abrió grandes canales de participación popular que permitieron que muchos compatriotas comiencen a discutir aquellas cosas que eran exclusivas de una ciencia oscura e inaccesible. La economía no es otra cosa que nuestra vida cotidiana, en fin, y tal vez eso era lo que más claro tenía Néstor, también apodado “el almacenero”. El sabía que una persona que podía manejar la economía de un hogar, un almacén o una empresa, podía discutir de política, y por eso el tomó las riendas de la economía de nuestro país, subordinando el rol del Ministro de Economía al poder ejecutivo. Es la subordinación del poder económico por el poder político.
Es así como Néstor, el almacenero, abrió la posibilidad para la discusión de los grandes problemas económicos por parte del pueblo nuestro todo, uniendo nuestros problemas cotidianos con el devenir del país. Pero estas rupturas no significan que los grandes dogmas neoliberales estén derrotados, sino que son sólo el comienzo de la construcción de una nueva hegemonía para el campo popular.
Para esta tarea y como buen legado, faltan continuadores, y ellos no somos más que quienes militamos diariamente este proyecto. Este legado significa que debemos seguir esta labor, esta puerta que abrió Néstor no sólo debe mantenerse abierta sino abrirse más, debemos seguir uniendo nuestra realidad barrial, universitaria, laboral, al modelo económico de reindustrialización con inclusión social, porque esto y solamente esto fortalece los niveles de organización popular, que son la condición indispensable no solo para que este legado continúe, sino para poder profundizar este proyecto nacional y popular.

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