viernes, 26 de noviembre de 2021

Alemania: ¿Recupera el gigante su cabeza?

 por Eduardo J. Vior para InfoBaires24


Tras 16 años de gobierno de Angela Merkel, la recuperación de la economía y la renacida pandemia exigen del nuevo gobierno una capacidad de decisión que aún no se avizora.

Casi exactamente dos meses después de la elección parlamentaria del 26 de septiembre los líderes del Partido Socialdemócrata (SPD), el Partido Verde (B90/Die Grünen) y el Partido Liberal Democrático (FDP) anunciaron este miércoles que se habían puesto de acuerdo sobre el contrato que regirá la coalición –apodada “semáforo” por los colores verde, amarillo y rojo de los componentes- que asumirá la semana próxima para gobernar el país hasta 2025. Tanto su propio pueblo como sus muchos interlocutores externos esperan que la mayor potencia del continente y tercera economía mundial adopte un curso previsible. Lamentablemente, el programa de coalición dado a conocer esta semana no parece capaz de superar la contradicción entre sus lazos económicos con Rusia y China, y su alineamiento ideológico y estratégico con EE.UU. y dentro de la OTAN.

La nueva alianza de gobierno de Alemania se anunció rememorando el origen de la coalición socialdemócrata-liberal que encabezó Willy Brandt (1969-74). “Atreverse a más democracia” (Mehr Demokratie wagen) era entonces la consigna; “Atreverse a más progreso” (Mehr Fortschritt wagen) es la actual. La diferencia entre el ímpetu reformista de entonces y el tecnocratismo actual es expresiva de la falta de impulsos de la Europa actual. Como muestra el programa de gobierno que presentaron el miércoles, cada uno de los partidos firmantes se quedó con su porción de la torta y nadie presenta una fórmula superadora.

Los aspectos más salientes del recién firmado contrato son el acelerado abandono del carbón, el forzado avance hacia la movilidad eléctrica, el aumento del salario mínimo, la regulación del consumo del cannabis recreativo, una política inmigratoria más tolerante, la introducción del ingreso ciudadano y mayores subsidios por cuidados dentro de la familia. También se propone modernizar la infraestructura vial, ferroviaria y de comunicaciones, incrementar la transición hacia la economía digital y modernizar la administración pública. En el plano internacional se relativiza el rechazo contra el Tratado de la ONU de 2017 para la prohibición de las armas nucleares y se anuncia una política enérgica de defensa y promoción de los derechos humanos. Sin embargo, al mismo tiempo los firmantes se avinieron a la exigencia liberal de que no crezca el endeudamiento público ni se aumenten los impuestos. Una verdadera cuadratura del círculo para una política de reformas como la que supuestamente se está presentando.

La coalición del “semáforo” quiere adelantar la eliminación del carbón para 2030, afirma el acuerdo. Para lograrlo, la energía eólica y la solar deben ampliarse masivamente. Para 2030, el 80% del consumo de electricidad deberá proceder de energías renovables, lo que requerirá la construcción de más centrales eléctricas de gas, hasta tanto se difunda la generación de energía por  hidrógeno. Teniendo en cuenta la importancia del gas como energía de transición, no se entiende, entonces, que la autoridad administrativa alemana haya suspendido el proceso de autorización del gasoducto Nord Stream 2. ¿O es que piensan comprar el caro gas licuado estadounidense?

Los socios del futuro gobierno también quieren triplicar la capacidad instalada para la producción de energía de origen solar hasta alcanzar los 200 gigavatios, entre otras cosas haciendo obligatoria las placas fotovoltaicas en los tejados comerciales. Según el acuerdo, también se acelerará la expansión de la energía eólica en alta mar, que deberá ascender a 30 gigavatios en 2030 (antes se programaban 20 GW).

La eliminación del carbón también se acelerará mediante el comercio europeo de derechos de contaminación por CO2. Por ello, la coalición quiere presionar a la UE para que fije un precio mínimo para los certificados que las centrales eléctricas necesitan. Si no se consigue, se decidirá a nivel nacional que el precio no caiga por debajo de los 60 euros por tonelada. En la actualidad cuesta algo menos de 70 euros.

En el futuro, la protección del clima se integrará en las decisiones del gobierno federal con más fuerza que en el pasado. Cada ministerio debe examinar sus proyectos de ley teniendo en cuenta su impacto climático y su compatibilidad con los objetivos nacionales de protección del clima, así como presentar la correspondiente justificación: el llamado chequeo climático. La Ley Federal de Protección del Clima se desarrollará de forma «consecuente» antes de finales de 2022 y se introducirá un programa de protección climática de emergencia.

El salario mínimo legal se incrementará de una vez de los €9,60 por hora actuales a €12. La comisión del salario mínimo decidirá entonces sobre nuevos aumentos. Por su parte, la magra ayuda social actual será sustituida por un ingreso ciudadano y, por lo tanto, desvinculada de la situación particular de emergencia.

La coalición del semáforo quiere introducir la distribución controlada de cannabis a los adultos «con fines de consumo» en las tiendas autorizadas. Así se controlaría la calidad, se evitaría la transmisión de sustancias contaminadas y se garantizaría la protección de los menores. Al mismo tiempo se van a endurecer las normas de comercialización y patrocinio del alcohol, la nicotina y el cannabis.

La emisión de visados se acelerará y se digitalizará cada vez más. Las personas que el 1 de enero de 2022 lleven cinco años viviendo en Alemania, no hayan cometido ningún delito y “estén comprometidas con el orden democrático” obtendrán un permiso condicional de residencia por un año. De este modo se espera acelerar la estabilización de los cientos de miles de refugiados y solicitantes de asilo acogidos desde 2015 y que todavía esperan a resoluciones de la autoridad de inmigración que les permita estabilizarse en el país.

A partir de 2022, se incrementarán los fondos de regionalización en el transporte local. La empresa ferroviaria estatal Deutsche Bahn AG seguirá siendo de propiedad pública. Se reforzará el tráfico transfronterizo y se desarrollarán servicios ferroviarios nocturnos con la UE y los Estados miembros. Para 2030, el 75% de la red ferroviaria deberá estar electrificada. Al mismo tiempo Alemania se convertirá en el primer mercado de la movilidad eléctrica con al menos 15 millones de coches eléctricos en 2030. El SPD, los Verdes y el FDP también quieren una reforma del peaje para camiones y, a partir de 2023 aplicar una «diferenciación de CO2» del peaje para vehículos pesados.

El nuevo gobierno alemán quiere abandonar el rechazo fundamental del país al Tratado de las Naciones Unidas sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (de 2017) y participar en la Conferencia de las Partes en calidad de observador. Todas las potencias nucleares, así como todos los Estados de la OTAN, incluida Alemania, han rechazado hasta ahora este tratado por considerar que los tratados previamente acordados ofrecen una mejor base para el desarme nuclear.

Contradictoriamente, la futura coalición se propone respetar a partir de 2023 los límites para la toma de deuda pública previstos en la Ley Fundamental. No obstante, el año que viene todavía se pedirán nuevos préstamos para paliar los efectos de la pandemia.

Las medidas de transición hacia una economía ecológica con empleos de calidad suponen enormes inversiones. Si no se aumentan los impuestos ni el déficit público, el dinero debe provenir de las exportaciones. Hoy en día China es de lejos el mayor socio comercial de Alemania. La transformación de la movilidad sólo es realizable, si las empresas automotrices germanas cuentan con un mercado del tamaño del chino. Sin embargo, en el contrato de coalición la República Popular es mencionada de un modo especialmente negativo.

La coalición del “semáforo” pretende ampliar su comercio y asociación económica con Pekín y al mismo tiempo increpar públicamente a sus dirigentes para que acepten críticas y denuncias sobre el manejo de sus asuntos internos. Si insiste en este sinsentido, dañará las vitales relaciones económicas entre ambos países y, si no lo hace, será fácil pasto de la crítica interna y externa por incongruencia. En ambos casos perderá legitimidad y cercenará su propia capacidad de decisión.

El contrato de coalición que acaban de presentar los líderes de la socialdemocracia, los liberales y los ecologistas es contradictorio e inconducente. Su contenido refleja la contradicción entre intereses y presiones encontradas en el seno de la futura coalición, que a su vez se corresponden con las presiones que aherrojan al país desde el Este y el Oeste. La República Federal sólo puede desarrollarse con sentido social y ecológico, si se complementa con el bloque euroasiático, pero, para poder hacerlo, debe aventar entre sus aliados el temor al resurgimiento de una gran potencia independiente en el centro de Europa. Si Olaf Scholz no se muestra capaz de mantener unida su coalición, mientras estrecha los lazos con el Este y al mismo tiempo apacigua los temores de sus aliados sumándolos al proyecto de complementariedad, el país se estancará y quedará a merced de las presiones encontradas de amigos y adversarios.

viernes, 19 de noviembre de 2021

La Patria Grande a los ojos del General José María Sarobe, maestro de Perón

  Por Juan Godoy para MOVIMIENTO 


 

“La unidad espiritual y moral de la América Ibérica surge de la gesta de su descubrimiento y de su conquista, del ideal de libertad acariciado por sus precursores, de la acción de sus guerreros y del pensamiento de sus estadistas a través de más de una centuria de vida independiente. Ese ardiente y hondo sentimiento americano lo rubricó en épicas campañas y en cien campos de batalla, la sangre de sus guerreros, en la vasta extensión del continente”. (José María Sarobe – pp. 44)

 

Hace poco tiempo publicamos en esta misma revista un artículo acerca de “Las problemáticas patagónicas en la visión del General José María Sarobe, maestro de Perón”, en este artículo volvemos con el abordaje que realiza el mismo General, pero en esta ocasión sobre su mirada en torno a la problemática de la Patria Grande.

Jorge Abelardo Ramos expresó hace varias décadas ya una frase que ha circulado no casualmente largamente en la historia de la Gran Nación inconclusa, y entre los que creemos que esa frustración no resulta definitiva sino más bien es donde se juega “el destino de un Continente” y su pueblo. Afirmaba Ramos que “somos un país porque no pudimos integrar una Nación y fuimos argentinos porque fracasamos en ser latinoamericanos. Aquí se encierra nuestro drama y la clave de la revolución que vendrá”.

Como bien indica el investigador Carlos Piñeiro Iñíguez, las ideas de Sarobe son centrales para comprender muchas partes del ideario del peronismo, y también remarca que el autor de “Ibero-américa” en su estudio “toca todos los grandes temas del nacionalismo latinoamericano (…) todos estos temas –en especial lo del continentalismo y la unión con Brasil- serán esenciales para Perón, quien intenta de implementarlos al comienzo de su gobierno y vuelve a la carga cinco años después, cuando cree que ha tranquilizado y homogeneizado lo suficiente el frente interno como para abordarlos con el necesario respaldo”.

En la presentación de una conferencia de Sarobe en el Museo Social Argentino, la comisión de juventud del mismo afirma que Sarobe “preconiza para su patria y América una política internacional acorde con la tradición y en consonancia con el destino solidario del continente. Eleva el problema, ante todo, al plano moral y aboga por el mantenimiento dentro de los límites de la heredad americana, de un ambiente de sana confianza, de relaciones intensas y de estrecha hermandad (…) Iberoamérica es la voz de fe en el destino de estos pueblos”.

Sarobe encuentra que la fundamentación de la unidad iberoamericana encuentra su raíz no tanto en lo material, sino más bien en el plano espiritual, entendiendo que los lazos se estrechan si pensamos en la tradición histórica y cultural compartida, la lengua, el mestizaje, las creencias religiosas, etc. Sostiene así que “aquí, en este continente, se funden dos naciones imperiales, dos culturas, dos destinos, en una sola raza y una única moral: la cristiana”.

El General Sarobe realiza un largo recorrido indagando en las particularidades de nuestra Patria Grande, y los elementos que nos permiten pensarla en unidad. De esta forma se remonta al acontecimiento fundamental producido con la expansión europea sobre América, interesa al General desde ya el avance español, afirma al respecto que “la historia no consigna un caso igual de la expansión de un pueblo con influencia más rápida y decisiva en la vida de la humanidad”. Se produce así la “irrupción de América en la historia”, y en este sentido considera que “había surgido de la nada un mundo nuevo, destinado a equilibrar, en la sucesión de los tiempos, en lo geográfico, en lo político, en lo económico, como en lo espiritual, al mundo antiguo”. Realiza asimismo una crítica sobre la denominada “leyenda negra”.

Analiza el periodo de emancipación de nuestro continente (fija como fecha de inicio del mismo 1810), poniendo de relevancia que es justamente un proceso de liberación en toda la extensión de la Patria Grande, no de entidades separadas. Argumenta que “esa simultaneidad en el pronunciamiento y en la acción revelan –a despecho de las diferencias geográficas, de las distancias enormes y de las modalidades regionales-, la existencia de una sensibilidad política colectiva, fruto del genio de la raza en el inmenso ámbito de América”. Se trata de todos los pueblos que tienen raíz hispánica. Existe una confraternidad en nuestros pueblos, se apunta a la concreción de objetivos comunes.

Se observa la necesidad de sostener la unidad política en tanto mecanismo para sostener la independencia de nuestra gran Patria. Esta emancipación de nuestra región encuentra la posibilidad de conformar “una confederación de Estados de la misma raza, el mismo idioma, igual religión y semejantes instituciones políticas”.

Destaca Sarobe que mientras los héroes en otros continentes son conocidos por ser conquistadores, aquí se da su contra-cara en tanto aparecen en nuestra historia y conciencia como los libertadores. Éstos forjan a su vez una conciencia de unidad, pues en la Patria Grande los pueblos “se sienten hijos de una gran familia, no importa que hayan nacido en el norte, en el centro o en el sur del continente”.

Rescata diferentes personajes de la historia que tuvieron un profundo sentido en torno a la unidad continental. Así lo hace con Miranda, a quien considera un precursor no sólo de la independencia del Norte de Sudamérica sino en torno a la unión de todos los pueblos del Sur del Continente. A José de San Martín, “el prototipo del más hondo y ardiente panamericanismo. Piensa, siente y obra como americano”. A Simón Bolívar quien pone su genio y espada al servicio de la causa que se complementa con la gesta sanmartiniana. A O’Higgins, a quien define como el más eminente de los hijos del país trasandino. También rescata el papel de diversos pensadores y estadistas. 

Estos grandes libertadores también han sembrado una moral, al mismo tiempo que un ideal de liberación y autonomía de nuestros pueblos. Afirma Sarobe: “¡qué diferencia entre los conquistadores y los libertadores de pueblos! Ambiciosos los primeros por adquirir dominio, arrancar lauros por la fuerza de las armas, frenéticos de egolatría y predominio; cumpliendo los segundos, la noble misión de redimir pueblos, actuando como campeones de la libertad, la justicia y el derecho”.

En relación a San Martín y Bolívar, los destaca como parte de un mismo proyecto de emancipación y unidad continental. Resaltando los vínculos entre ambos libertadores en base a la documentación que encuentra, llegando al momento nodal de la mentada entrevista de Guayaquil considerando que “con esa actitud dan ellos, a la posteridad, una lección imperecedera y fijan un rumbo preciso y cierto de relación de los Estados Americanos”.

Producido el proceso de emancipación del primer cuarto siglo XIX, la llama de la revolución y la integración regional va calmando su fuego. Así “el ideal romántico de San Martín, el credo ardiente de Bolívar se eclipsa en el espíritu de las generaciones contemporáneas, deslumbradas y seducidas por los portentosos adelantos técnicos de esta civilización materialista que ha estragado las buenas y sencillas costumbres y corrompido la moral de los pueblos”. Se desatan luchas intestinas, guerras civiles, el proceso de unidad se rompe en varios pedazos.

Se produce así la balcanización sobre nuestro continente y se derrumba el proyecto de una Patria Grande y unida. Esa segregación fortalece las fronteras de las patrias chicas, y una conciencia que olvida el rastro del ideal emancipador de integración de nuestros pueblos. Sarobe afirma que “Iberoamérica, de espaldas a su tradición y a su destino, se convirtió en un conglomerado de Estados, de precaria personalidad internacional”. Así, “la obra de los libertadores y organizadores de las repúblicas hermanas, ha quedado trunca. Merecerán la gratitud de la patria y de América, quienes coronen el pensamiento de los próceres y virtualicen (sic) la unidad de los Estados americanos y la realización de su grandioso destino universal”.

En esta misma línea Sarobe argumenta acerca de la emergencia de un orden dependiente, semi-colonial de nuestros países, afirmando que “la independencia política de un Estado es un mito, como los hechos lo demuestran, cuando no descansa en la autonomía económica. Ningún pueblo es libre si no explota sus bienes naturales”.

Sarobe considera que resulta imperativo que este profundo proceso de desintegración de nuestra Patria Grande sea revertido, y se avance en la senda de la cooperación entre nuestros pueblos. Esa unidad es por tradición histórica y cultural, pero también por necesidad de fortalecimiento, en tanto que “mientras más aparcelada esté América en pequeños y débiles Estados, más fácil será el predominio político y económico a su costa y en desmedro de su soberanía, por las tituladas grandes potencias”. Remarca asimismo el sostenimiento por parte de Brasil de su integridad territorial.

Esta subordinación a las potencias extranjeras debe ser transformada. Resulta necesario para ello dejar atrás el primitivismo agroexportador, remarcando que no importa que ese orden dependiente “satisfaga al conveniencia de los terratenientes y latifundistas nacionales y haga la delicia de las potencias industriales del mundo”. Por lo tanto es urgente también la exploración, control y explotación de nuestros recursos naturales y su desarrollo industrial. 

El General hace un llamado a la lucha por esa integración poniendo de relevancia las bases donde se sustenta. Éstas van desde la igualdad jurídica en tanto no hay naciones fuertes o débiles (aunque sabemos que en la práctica no es así), el respeto soberano entre los diferentes estados, el arbitraje obligatorio en relación a conflictos limítrofes que pudieran suscitarse de modo de no llegar a conflictos armados, la estimulación de las relaciones entre los estados que comparten fronteras en contraposición a la doctrina emanada del Norte de América que pretende su tutela y dominio, hasta la política de cooperación económica en virtud del logro de la unión aduanera, la profundización de las comunicaciones ya sea terrestres, marítimas o aéreas, la idea del reconocimiento de una “ciudadanía” común a nuestros países, y la profundización del estudio y lazos culturales que nos plantean como una región con tradiciones y una identidad compartida.

La lectura del pasado resulta central no solo para comprender los hechos del mismo, al mismo tiempo que el presente, sino también para apuntalar la construcción de la identidad. En este sentido, piensa Sarobe que no hay una historia argentina, boliviana, paraguaya, chilena, peruana, etc., sino que todos somos parte de una misma historia y tradición común. Resulta difícil de comprender la historia de las “patrias chicas”, sin la vinculación con una óptica nuestroamericana.

En términos más concretos para el avance de la unidad de nuestro continente, el General considera que el eje donde debe asentarse la misma es en la integración de Argentina con Brasil. A la cual debe sumarse también la amistad argentino-chilena, tradición que viene de los tiempos de la emancipación, sellada por el abrazo entre O’Higgins y San Martín.

Critica la política de lo que denomina como “imperialismo económico de los Estados más ricos”, los cuales tienen un “cortejo imperial de dominios, colonias y mandatos”. Realiza una crítica asimismo al nacionalismo que procura expandirse más allá de sus fronteras nacionales sojuzgando a otros pueblos. En este esquema los países de nuestro continente que permanecen desunidos son “sometidos al predominio de los intereses foráneos, sobrellevan por igual, impotentes, los perjuicios y dificultades derivadas de los conflictos provocados por las grandes potencias”. Aboga así por un neutralismo en los conflictos entre las potencias. También por estas cuestiones es que debe plantearse una política de integración y cooperación entre nuestros países.

La unidad debe asentarse también tanto en el desarrollo industrial, en la producción de bienes y manufacturas, en una política de integración comercial, como en las ideas, en este sentido manifiesta que “la cooperación económica fortalece e integra la solidaridad espiritual y política”. Considera en esta misma línea que “es inadmisible que el atraso de la industria en ciertos aspectos sea tan grande, que obligue a recurrir al exterior para satisfacer elementales exigencias de la actividad cotidiana, como ser para alambrar los campos, embolsar los frutos del país, etc. Es inaceptable también que un pedazo de cuerda, un balde, un pico, una pala y hasta un clavo llegue a ser artículo suntuario por falta de producción nacional”. Piensa en la unión aduanera progresiva entre nuestros países, comenzando por los países vecinos como el caso argentino-chileno, y avanzar hacia los demás. Con Paraguay también resulta central establecer una fusión aduanera, en tanto “completa la unidad geográfica y económica del Plata”.

De esta forma, nuestro militar piensa en la integración latinoamericana conjuntamente con el desarrollo de nuestra industria, y la ruptura de la subordinación a las potencias. Sostiene más específicamente al respecto que “·es preciso industrializar la América Ibérica, si se aspira a sacar a estos países de su estado colonial, salvándolos de la dependencia material a que se hallan condenados en su condición actual”. Hay que diagramar una planificación económica en base a las necesidades nacionales, extendiendo y vinculándola a los demás países.

Es necesario también el desarrollo económico de las diferentes materias primas en virtud de satisfacer las necesidades de la industria del continente. Piensa incluso en convenios de trueque de los excedentes de producción como puede ser el trigo argentino, el cobre chileno o el caucho de Brasil. El caso de Bolivia ofrece una complementación con la argentina a través de las riquezas naturales de ambos, hay que revitalizar el camino del Alto Perú. Con las demás naciones también se puede avanzar en la integración. Así, por ejemplo con Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela se puede establecer intercambios prósperos mejorando los costos de transporte, al mismo tiempo que flexibilizando las trabas aduaneras. Una situación similar se plantea para los países del Caribe y Centroamérica. Existen factores, como se puede observar, que sirven como puntales donde asentar la integración. 

Propone asimismo la profundización del desarrollo de la flota mercante del Estado (creada hacía poco tiempo, en 1941 bajo el gobierno de Castillo), para que “sea una conquista definitiva en nuestro comercio exterior y un instrumento al servicio de la política de cooperación entre Estados americanos”. Este desarrollo económico es el que puede garantizar la autonomía económica (y también industrial), y profundizar la posibilidad de tener una defensa nacional óptima.

También piensa el General en el papel que debe cumplir la educación, a través de la cual se debe sostener una visión que forme a las “nuevas generaciones” no solo en “el culto de los valores espirituales de la nacionalidad propia, sino en la devoción de los grandes héroes de América, para mantener incólume y vivo el sentimiento de la solidaridad continental”. Propone en este sentido también la creación de una universidad de la Patria Grande, para este acercamiento entre nuestras naciones y para fortalecer las bases de una comunidad continental. También aparece la necesidad del estudio de las problemáticas del continente y la difusión cultural ya sea a través de libros, cine, turismo, etc.

Como se puede observar en estas líneas el General José María Sarobe considera que la unidad de la Patria Grande encuentra diversos fundamentos desde los históricos, vinculados a las tradiciones culturales, espirituales, hasta los materiales, relacionados al desarrollo económico, a la capacidad de defensa, etc. Por eso afirma que “unirse es la misión perentoria y trascendente de América. Nunca, como ahora, fue tan imperativo ese deber”.

sábado, 13 de noviembre de 2021

BUENOS AIRES, UNA PROVINCIA DE SEGUNDA

 Luis Gotte


La trinchera federal

No tenemos trenes, no tenemos asistencia médica ni sanitaria, no tenemos farmacias, supermercados, transportes, no hay industrias de ningún tipo, superpoblación en el Conurbano y en la región costera bonaerense y despoblación en el resto de nuestra provincia, es la realidad en la que viven millones de bonaerenses de tierra adentro en los últimos 40 años. Las ciudades de masifican, los pueblos se despueblan.

Son 200 las comunas que han cerrado sus tranqueras en las últimas décadas; 350 con llave en mano, porque para la próxima década quedarán vacíos. El sentido común indica que nadie se va de su terruño pudiendo quedarse. Nuestro modelo de organización social es hispano, donde la realización de la propia felicidad del individuo y de la propia colectividad hace a la Comunidad.

En los 24 partidos del Conurbano Bonaerense, el 1 % de la superficie de la Provincia, viven unos 15 millones de personas, lo que representa el 33% de la población del país y el 70 % de la provincia. Desintegración familiar, desigualdad social, pobreza extrema, marginalidad, hacinamiento, usurpación de terrenos, tráfico de drogas, violencia infantil e intrafamiliar. Así las cosas, hasta la discusión más tonta con un vecino o en un semáforo pueden decantar en una situación explosiva. Vivimos en estado constante de alteración. Pareciéramos estar encerrados en “Un día de furia” permanente. Un bucle de espacio y tiempo, donde nuestros paisanos viven lo mismo cada minuto, cada día.

Así existe el conurbano bonaerense, en la ruptura y cancelación de la organización comunal.

En el resto de la provincia prácticamente no hay niños, por tanto, no hay maestros y las escuelas están cerradas, así como las Salita de Primeros Auxilios. La Delegación Municipal sin recursos y un Delegado pensando en satisfacer las demandas políticas del Intendente, que, a las necesidades de su propio pueblo, que ni siquiera tienen un Concejal.

Los recursos naturales abundan, tierra fértil, buen clima, agua y aire sin contaminar. Pero ¿por qué está vacía?, la respuesta es sencilla y simple, la conducción política no ha dado soluciones a la demanda de los pueblos, de ahí que sea una provincia ABANDONADA, que se haya quedado no vacía sino vaciada. No es un juego semántico, estas palabras esconden una dolorosa realidad.

El Estado Federativo de Buenos Aires, y nuestros Estados Comunales, no tienen los mismos derechos que el resto de las entidades federativas de la Argentina. No tenemos autonomía e independencia del Estado Federal central. ¿Por qué seguimos viviendo como Provincia o Municipio de segunda?

La comunidad bonaerense no tiene una identidad propia. Sus gobernadores no son de su propia tierra, a la que desconocen profundamente. Los pilares de la economía bonaerense siguen dependiendo de los productos agrícolas y ganaderos, hoy convertidos en agronegocios altamente tecnificados. El alimento va perdiendo sabor y calidad, con producción intensificada (feedlot), la utilización de agroquímicos va deteriorado, no solo a la tierra, sino la calidad de nuestras vidas. Sin planificación ni control político.

No hay voluntad política para solucionar los problemas. Es urgente generar herramientas institucionales de carácter federal y municipal, para que, desde los mismos Estados Comunales, se generen propuestas y programas de desarrollo e inversión local y los Intendentes puedan articular programas de trabajo de carácter regional. En el Segundo Plan Quinquenal del Gobierno Justicialista, si no se quiere pensar, encontrarán propuestas que pueden adaptarse a nuestra realidad y necesidades.

Hoy de cara a las próximas elecciones, como en las anteriores, los políticos, en sus propuestas frentistas, nos ofrecen grandes soluciones y como siempre concluirán en mera propaganda electoral, luego si te he visto no me acuerdo. Deberán ser nuestros propios paisanos, organizados, los que le corresponderá trabajar en un nuevo modelo de Comunidad Organizada, sin ideología alguna, solo que reconozca nuestra tradición histórica: FEDERAL y MUNICIPALISTA.

Necesitamos que el Estado Federativo de Buenos Aires se organice equilibrada y armoniosamente y recupere su protagonismo de otros tiempos.


jueves, 4 de noviembre de 2021

Debates sobre pensamiento nacional, peronismo y progresismo: entrevista a Aritz Recalde

 El sociólogo dialogó con AGENCIAPACO URONDO y ofreció diversas reflexiones sobre la


vigencia del pensamiento nacional.

Por Juan Borges


A raíz de la presentación de su libro "Pensadores del nacionalismo popular”, editado por Editorial del Pensamiento Nacional CEES, el sociólogo Aritz Recalde dialogó con AGENCIA PACO URONDO y ofreció diversas reflexiones sobre la vigencia del pensamiento nacional. Además, cuestionó diferentes concepciones del progresismo. "El progresismo es una ideología urbana, cosmopolita, individualista y de clase media. El progresismo comete el error de considerar a la cultura y a la forma de vida rural y federal de las provincias como una expresión de atraso. Con esa ideología retoman consciente o inconscientemente la tesis de la “civilización y la barbarie” de Sarmiento", describió.

 

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo podríamos definir al pensamiento nacional?

 Aritz Recalde: El pensamiento nacional es una corriente intelectual que analiza los problemas argentinos y mundiales desde una perspectiva nacionalista. No se es pensador nacional por origen de nacimiento y se puede ser hijo de nuestra tierra y adherir a la ideología liberal o marxista clásica. Tampoco se refiere a una disciplina académica particular y en esa corriente hubo y hay historiadores, filósofos, periodistas, abogados, sociólogos o pensadores oriundos del mundo militar y de la política. Tampoco el tema nacional se puede explicar por una ideología y existe tanto un nacionalismo de izquierda en pensadores como Abelardo Ramos o Hernández Arregui, como un nacionalismo de filiación hispanista, como puede profesar José María Rosa.

 La nación es el gran concepto ordenador y pensar en nacional es el gran desafío. Una nación incluye un territorio y un pueblo unidos a partir de una cultura compartida. Hay nación si existe una base económica que genere las condiciones de sustentabilidad de ese pueblo. La comunidad se reúne en base a un principio de solidaridad social y a una unidad de destino movilizadora. La nación es, siempre, un mandato de la historia y cada generación carga con las tradiciones, valores y causas que lo precedieron. La nación es pasado, es presente y es futuro. Para que la nación cultural, económica e histórica exista, debe fundarse un proyecto político que movilice al pueblo organizado y que funde un Estado soberano.

 

APU: ¿Cómo se enlazan las banderas del peronismo con el pensamiento nacional?

 AR: Nuestro pensamiento es nacional y además es popular. El pueblo el sujeto fundamental e irremplazable del proceso nacional. Para Perón la grandeza nacional va de la mano de la “felicidad del pueblo” y la independencia económica está directamente relacionada con la justicia social. En este punto el pensamiento nacional se diferencia del liberalismo que entiende que la burguesía es el sujeto de la historia. También es distinto al marxismo que ve en una sola clase, la clase obrera, el motor de la acción política.

 El pueblo es una confluencia de clases económicas y es una entidad cultural e histórica. John William Cooke, Antonio Cafiero y Juan Perón explicaron la forma en la cual la Argentina organizó su proyecto político. Perón resalta que el justicialismo fue un Movimiento y no meramente un partido y los sectores fundamentales del proceso político eran los grupos nacionalistas de las FFAA, el sindicalismo, el empresariado nacional y los cuadros de la iglesia. Cooke estudió en detalle la modificación de los comportamientos de ese bloque histórico desde 1955 y mostró cómo una nación se forja como una unidad de destino en tensiones. En el seno de la nación si bien hay acuerdos, también hay disputas. Cafiero se refirió en varios escritos a los temas de la concertación social y de la doctrina nacional. Los tres reflexionaron sobre la dinámica de la organización política nacional y concluyeron que no será una mera imitación, ni tampoco el resultado de ningún vasallaje impuesto desde el extranjero.

 El tema del territorio es central en el pensamiento nacional. El patriotismo es el sentimiento emocional de afecto a la tierra de los padres. Para defender el suelo, que es el espacio vital de la nación, todos los pueblos se movilizan. Sin patriotismo difícilmente existirá una nación, que verá desmembrarse a su territorio en varias partes que serán apropiadas directa o indirectamente por el extranjero.

 

APU:¿Qué vigencia mantienen los pensadores trabajados en su nuevo libro?

 AR: El libro tiene ocho capítulos que recorren la vida y el ideario de siete autores del nacionalismo popular que son el ecuatoriano José María Velasco Ibarra, Alberto Baldrich, el ruso Alexander Duguin, Juan Perón, José María Rosa, el mexicano José Vasconcelos y el dominicano Juan Bosch.

 Más allá de que escriben desde contextos y perspectivas diferentes, todos ellos tienen puntos de encuentro. Defendieron la independencia económica de sus países y su antimperialismo económico los enfrentó a los norteamericanos y a sus grupos de presión. La crítica de Bosch a la industria de la guerra es sumamente actual. Todos esos pensadores consideran que es la cultura el gran ordenador humano y eso los lleva a analizar en detalle el tema de las religiones y los valores. Sus obras toman distancia de los materialismos de origen liberal y marxista que creen que el egoísmo consumista y el odio de clase mueven la historia. En realidad, los pueblos tienen identidades, valores y formas de vida que ponen en juego y a partir de las cuales se movilizan. Estos autores son continentalistas y coinciden en que Suramérica tiene las condiciones para construir una gran nación federal.

 Luego cada uno de ellos tiene su vigencia particular. Vasconcelos trabajó por la unidad intelectual de Hispanoamérica y ese mandato sigue vigente como legado. En base al ideario y a la obra de Bosch hoy funciona el sistema de partidos de la Republica Dominicana. Duguin es una figura fundamental del debate político contemporáneo. Perón forjó el Movimiento político más actual de Suramérica de los últimos setenta años, junto a la Revolución Cubana. Velasco Ibarra fue un gran transformador del Ecuador y buena parte de su ideario se continuó con Rafael Correa. José María Rosa realizó una de las obras historiográficas más importantes del país y junto a Guillermo Furlong, Ernesto Palacio y Vicente Sierra, conformaron una forma de ver y entender la historia nacional. Baldrich es uno de los fundadores de la actual sociología argentina.

 

APU: ¿Cuáles considera que son los debates presentes entre el Pensamiento Nacional y el llamado progresismo cultural?

 A-R: El progresismo es una ideología urbana, cosmopolita, individualista y de clase media. El progresismo comete el error de considerar a la cultura y a la forma de vida rural y federal de las provincias como una expresión de atraso. Con esa ideología retoman consciente o inconscientemente la tesis de la “civilización y la barbarie” de Sarmiento. Hoy reconvierten la idea de la barbarie en la noción de derecha y a la civilización en la categoría de izquierda. Hay una subestimación del lugar de la tradición y de los valores y los progresistas no creen que exista una nación cultural o un mandato histórico de un pueblo. En su lugar, impulsan la fundación de un nuevo orden asentado en la racionalidad de izquierda liberal importada de Europa y de los demócratas norteamericanos.

 El progresismo niega la importancia de la conciencia histórica y es cosmopolita, es actualidad, es efímero y es negación del pasado y de la tradición. El justicialismo se identificó en la corriente histórica de San Martin, Rosas, Yrigoyen y Perón. El progresismo es modernidad cultural, es una corriente política desarraigada de la historia y sin mandato cultural nacional a cumplir. Muchos progresistas incluso directamente, caracterizan al nacionalismo como fascismo y al legado de la historia como cultura retardataria.

 Los progresistas atacan la tradición y la costumbre por ser una supuesta ideología conservadora y ellos vendrían a “moldear” y a modernizar los países. Su supuesta racionalidad esconde una ideología de matriz potencialmente autoritaria, que obliga a todos los pueblos y a las naciones del mundo a ser liberales de izquierda. En nombre de la supuesta racionalidad universal, niegan la historia y buscan o imponer sus valores como supuestamente superiores. En nombre del progresismo norteamericano, se puede bombardear oriente medio para supuestamente liberarlos del islam.

 

APU: ¿Qué otra diferencia considera que surgen entre estas dos visiones?

 AR: El nacionalismo popular bregó históricamente por la independencia económica y es antimperialista y está dispuesto a hacer las reformas estructurales que garanticen la subsistencia de la comunidad nacional. Para el progresismo por el contrario, la liberación es principalmente cultural y se debe derribar el mandato del pasado. Como dijo Antonio Cafiero, el progresismo es de “izquierda liberal” en cultura y moderado y conservador en economía. El enemigo político fundamental del nacionalismo son las corporaciones, los Estados expansionistas y todos aquellos grupos que impidan la justicia social, la afirmación territorial, la independencia económica y el derecho a la identidad nacional. El progresismo es liberal e individualista y el nacionalismo popular es comunitarista. El progresista cree que el ser del hombre es la acumulación de poder individual, sea poder económico o un cargo político. El nacionalista cree que el ser del hombre se realiza en la comunidad y por eso respeta los valores de cada pueblo concernientes a la familia y a las costumbres.

 La ideología progresista dificulta la política de masas. Esa ideología puede ser competitiva solamente en algunas ciudades y no así a nivel nacional y suramericano. El nacionalismo cree en la política de concertación social y el progresismo destaca más los acuerdos de partidos. El nacionalismo postula la meta de la solidaridad social y la unidad de destino en tensiones.

 

APU: ¿Es posible reconstruir la comunidad organizada impulsada por Juan Domingo Perón?

 AR: La comunidad organizada fue un sistema de civilización alternativo al comunismo y al capitalismo. El sujeto de la historia era la organización libre del pueblo reunida en torno a valores, a una comunidad, y no meramente a instituciones jurídicas y es por eso que el justicialismo no habló de “sociedad” organizada y si de “comunidad organizada”. Fue una alternativa de civilización frente al liberalismo consumista y al autoritarismo del Estado soviético. El justicialismo apoyó la formación de un hombre de base moral, que actuaba comprometido con su comunidad haciendo del principio de solidaridad social el eje de su prédica. Como bien lo caracterizó Antonio Cafiero, el justicialismo fue parte de la reacción antiliberal del siglo XX y asumió los valores morales de la doctrina social de la iglesia.

 Además, la comunidad Organizada era un sistema de poder en el cual la decisión política estaba en la organización libre del pueblo. Los ministros de economía de Perón como Gelbard o Miranda eran empresarios nacionales organizados. Perón le dio muchísimo poder a los sindicatos, caracterizados por él como columna vertebral de su espacio, al que definió como un Movimiento y no un partido. El Movimiento actuaba como una federación de agrupaciones libres. Perón institucionalizó esta doctrina en la Constitución de 1949. Llevó esta idea a las relaciones internacionales con el continentalismo y con la Tercera Posición.

 Además de posible, hoy es necesario reconstruir al hombre argentino y clarificar el tipo de democracia a la cual aspiramos. El egoísmo del liberalismo acrecentó las desigualdades y facilitó la destrucción económica y moral. El nihilismo del neoliberalismo instaló la ideología del descarte como un hecho supuestamente normal e insuperable. Hoy el hombre se volvió lobo del hombre y en los barrios populares se vive en estado de anomia y de violencia.

 

APU: ¿Cuál podría ser una agenda para dar una batalla cultural contra los propagandistas del neoliberalismo?

 AR: Los neoliberales tienen un periodismo de partido, como es el caso de Canal 13 o TN. También tienen periodismo doctrinario que ordena el debate público y que forma a la elite en el mediano plazo. Posiblemente, entre los más lúcidos pensadores liberales actuales está Carlos Pagni, que hace honor al diario La Nación que siempre dijo de ser un diario de doctrina. La diferencia entre la prensa de partido y la doctrinaria es fundamental. La primera es táctica y se centra en el juego electoral de corto plazo. La segunda es estratégica y forma a la elite que piensa, siente y actúa en el mediano y el largo plazo.

 El justicialismo convirtió su aparato periodístico en un instrumento de partido que cambia su línea editorial en función de la coyuntura. Cada día está más borrosa la identidad del campo nacional en temas estratégicos como el sistema financiero, el programa de desarrollo, la política cultural y social o la política de defensa. El campo nacional no tiene un ámbito de formación y de reclutamiento de elites como sí lo dispone el liberalismo que utiliza sus fundaciones, las corporaciones, las universidades privadas y el periodismo de doctrina.

 

A mi modo de ver, falta un ámbito de formación de una doctrina nacional de mediano y largo plazo. Esa tarea no la cumplen la mayoría de las universidades y tampoco la prensa progresista y menos aún los partidos que son más agentes electorales que usinas de debate.

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