miércoles, 27 de diciembre de 2023

Políticas de seguridad de la gobernación bonaerense de Manuel Fresco 1936-1940

 Aritz Recalde, octubre de 2023 


El gobernador Manuel Fresco encaró la reorganización del sistema de seguridad de la provincia. A esta tarea se la encomendó al Ministro de Gobierno y ex dirigente del Partido Socialista Independiente, Roberto J. Noble.

Fresco designó como Jefe de Policía a Pedro Ganduglia, quien encaró un importante paquete de políticas tendientes a fortalecer al gobierno central. En el mensaje enviado a la Legislatura con la propuesta de Reorganización Policial el gobernador había remarcado el hecho de la existencia de un negativo “sistema anárquico que diluye la autoridad y divide las funciones en grupos inarmónicos, con perjuicio del contralor riguroso que las actividades de la repartición, de la jerarquía y de la disciplina que en ella deben reinar” (Reorganización y Saneamiento de la Policía de la Provincia de Buenos Aires 1937: 29).

Su programa incluyó diversas reformas institucionales del funcionamiento policial y carcelario y una modernización del equipamiento y de la infraestructura.

Una de las cuestiones fundamentales que encaró la gobernación tuvo que ver con su intento de cambiar el concepto de la fuerza que tenía la población. Es en este sentido que el 18 de febrero de 1936 Roberto Noble destacó que “la policía debe inspirar respeto, no temor. El pueblo debe tener en ella un apoyo, no un azote” (Reorganización y Saneamiento de la Policía de la Provincia de Buenos Aires 1937: 11).

Para realizar la reforma el gobernador le requirió apoyo al Ministro del Interior de La Nación, Leopoldo Melo. En carta del 25 de marzo de 1936, Fresco solicitó el apoyo del Jefe de la Sección Robos y Hurtos de la División de Investigaciones de la policía Federal, Víctor Fernández Bazán (Reorganización y Saneamiento de la Policía de la Provincia de Buenos Aires 1937: 18-19). Con el Decreto 74 del 14 de abril de 1936 Fresco designó a éste último como Jefe de la División de Investigaciones de la Provincia

 

1- Aumento de la inversión en los servicios de policía y carcelarios

Uno de los puntos sobresalientes de la gestión de Manuel Fresco fue el mejoramiento del presupuesto destinado a la seguridad. La gobernación justificó la medida en el hecho de que Buenos Aires era hasta el año 1935, la provincia que menor porcentaje del presupuesto le dedicaba a la inversión policial (14,15%). Estaba cerca de Jujuy (15,02%) y lejos de las provincias de Córdoba (19,43%) y de San Luis, Catamarca, Salta y Corrientes (entre el 26,61% y el 37,55%). Los Territorios Nacionales oscilaban entre el 64 % y el 73 %.

Las deficiencias de inversión llevadas al plano concreto de la dotación de personal, hacían que al año 1936 para vigilar los 350 mil kilómetros cuadrados de la provincia había solamente 6597 hombre de tropa. Dividas las guardias en tercios, el resultado dejaba como saldo la existencia de un agente cada 159 kilómetros cuadrados  (Cuatro Años de Gobierno 1940, VI: 9).  

Para revertir el problema detectado, entre los años 1935 y 1939 el presupuesto aumentó del 17.506.920 a 26.850.180 alcanzando el 16,21% del presupuesto total (Cuatro Años de Gobierno 1940, VI: 8).  

Tal cual vamos a comentar a continuación, los recursos permitieron ampliar la cantidad de efectivos y mejorar sus sueldos y modernizar las instalaciones y el equipamiento.

 

Nuevo equipamiento policial

La gobernación encaró una importante política de modernización del equipamiento de la policía. Lo hizo con el apoyo y con el asesoramiento del Ministerio de Guerra y de la Dirección de Arsenales de La Nación.

Entre los argumentos esgrimidos para la mejora del equipamiento, estuvo el homicidio frecuente de los policías a “consecuencia de la falta de armamentos adecuados”. La gobernación elaboró una lista que incluyó a más de 60 comisarios, oficiales, cabos, sargentos y auxiliares asesinados en el cumplimiento de sus funciones. La delincuencia era cada día más profesional y mortífera y la política se seguridad tenía que modernizarse para poder enfrentarla.

Se adquirieron maquinarias y equipos para modernizar la División Administrativa (comunicaciones y talleres gráficos), la División de Investigaciones, la División de Seguridad (armas, cuerpo de bomberos, guarda cárceles, Sección Aviación, Cuerpo de Camineros y Cuerpo de Patrulleros) y las Comisarías de las Islas (Cuatro Años de Gobierno 1940, VI: 12, 17-70).  

Se compraron pistolas, ametralladoras, revólveres, carabinas y pertrechos. La provincia adquirió 48 automóviles, 2 aviones y 50 motocicletas, entre otros elementos.

Con ésta última adquisición se organizaron las fuerzas motorizadas de la policía, siendo una innovación en el país. Fueron sumamente útiles en una provincia como la bonaerense que tiene una extensa superficie y una amplia red de caminos (Conversando con el Pueblo 1940, T 1: 84). 


Inversión en infraestructura

Se construyeron comisarías en Marcos Paz, Carmen de Areco, General Viamonte, General Villegas, Castelli, General Belgrano, Rauch y Roque Pérez. Se edificó el primer destacamento permanente del cuerpo de camineros sobre la ruta a Mar del plata, en Chascomus y las subcomisarias de Acevedo en Pergamino, Tres Algarrobos en Carlos Tejedor, Arroyo Corto en Saavedra, Médanos en Villarino, Los Talas en La Plata y Germania en General Pinto.

Se ampliaron y reconstruyeron los cuarteles de Guardia Auxiliar, el Cuerpo de Patrulleros en La Plata, el Cuerpo de Camineros en Florencia Varela y otro número importante de edificios de comisarías y de destacamentos (Conversando con el Pueblo 1940, T 2: 138). 


El Plan Racionalización de Cárceles

El gobernador impulsó un importante programa de mejoramiento de la infraestructura carcelaria y con ese fin sancionó la Ley 4555/37 de “Plan Racionalización de Cárceles”. La norma habilitaba la inversión de hasta 200.000 pesos que estarían destinados, según lo fijado en el decreto de promulgación de la norma, a dar “Definitivo término a las serias deficiencias de capacidad, higiene y régimen de vida que adolecen los establecimientos penales de la provincia, buscando soluciones rápidas y eficaces”.

La normativa creó una Oficina Técnica de Edificios Penales que tenía a cargo la construcción, la reorganización de la infraestructura y la proyección de refacciones. Los edificios a promover tendrían en cuenta las funciones de:

a) Alojamiento, de acuerdo a las leyes penales;

b) Custodia de los penados, de acuerdo a su peligrosidad;

c) Seguridad y economía del personal encargado de la vigilancia;

d) Integridad del edificio y cuidado de los herrajes y artefactos;

e) Régimen del establecimiento en los aspectos administrativos, disciplinarios y morales.

Con los fondos de la ley 4555/37 y entre otras importantes obras proyectadas en la etapa, se creó la Cárcel de Encausados de Olmos de máxima seguridad para 1200 reclusos y según Manuel Fresco sería “la más moderna y amplia del país (…) Se han incorporado a sus construcciones las últimas y más modernas previsiones de la ciencia penológica para la reforma moral del recluido”. 

Se invirtieron recursos para modernizar el penal de Sierra Chica en Olavarría. Allí se reconstruyeron ocho nuevos pabellones, áreas de enfermería, patios de recreo, desagües y una oficina central. Se compraron materiales y maquinarias de herrería, de carpintería y una fábrica de mosaicos (Conversando con el Pueblo 1940, T 2: 149). 

En el marco del Plan se reedificaron los establecimientos carcelarios de La Plata, San Nicolás y de Mercedes.

 

2- Reorganización institucional  

Cambios en la organización de la policía bonaerense

Tal cual comentamos en la introducción al artículo, Fresco y Noble se propusieron cambiar la cultura institucional de la fuerza y superar la negativa percepción que tenía la población sobre la policía y sus vínculos con los políticos locales.

Además, intentaron darle autoridad al gobierno central en la administración de la fuerza, subordinando con ello la autonomía localista de comisarios y de agentes. Con este objetivo, se propuso estabilizar y fortalecer la repartición provincial que entre septiembre de 1930 y febrero de 1936 había cambiado 15 jefes policiales, a razón de uno cada cuatro meses en promedio.

Entre las acciones más destacadas, se puso en comisión a todo el personal. Con este objetivo el gobernador sancionó el Decreto 22 del mes de marzo de 1936. El artículo 1 declaró en comisión a todo el personal de la provincia y el 3 puntualizó que la Jefatura de Policía elevaría la nómina de los antecedentes respectivos de todo el personal se su dependencia.  Se prohibió la concurrencia policial a los despachos oficiales y se intervinieron los Talleres de policía (Barreneche 2010).

El gobernador creó siete Sub-comisarías y más de 50 nuevos Destacamentos.

Se le otorgó una importancia especial a la dotación de personal de los cuerpos especiales de la policía, que estaban distribuidos entre Guardia Cárceles, Guardia Auxiliares, Guardias de Seguridad y el Cuerpo de Camineros.  Estos últimos, en el año 1936 vigilaban 320 kilómetros de caminos, pasando en 1940 a controlar 2245 kilómetros de caminos (Cuatro Años de Gobierno 1940, VI: 15).  

En el año 1937 se fundó el servicio de aviación de la provincia y se adquirieron dos aviones “Waco” y un tercero marca “Stinson” (Conversando con el Pueblo 1940, T 2: 151) (Dirección General de Servicios y Operaciones Aéreas 2023). 

Durante la etapa, Ganduglia se propuso fortalecer la División de Investigaciones a cargo de Víctor M. Fernández. Entre otras tareas, le otorgó la función de investigación en cuestiones que involucraban a policías y al juego clandestino   (Barreneche 2010: 78-79).


Carrera administrativa para el personal policial

“Se aumentaron los sueldos y se ha dado al personal la estabilidad y el escalafón por ley. El personal ha aumentado de 10.720 individuos en 1936, a 12.966 en 1939”. Manuel Fresco, año 1939 

 

El artículo 90, inciso 12, de la Constitución Provincial del año 1934, definió que correspondía al Poder Legislativo organizar la carrera administrativa a partir del “acceso por idoneidad, escalafón, estabilidad, uniformidad de sueldos en cada categoría e incompatibilidades”.

A partir de lo fijado en la Carta Marga, Fresco sancionó el Decreto 45 del 24 de marzo de 1936, modificando el escalafón para el personal administrativo y técnico profesional. 

Posteriormente, la legislatura debatió y aprobó la ley 4646 de Carrera administrativa para el personal de servicio de la Policía de la Provincia. La norma cumplía con el planteo de Fresco citado en el epígrafe de consagrar la “estabilidad y el escalafón”  de los agentes de la fuerza.

Las funciones y ascensos del personal se organizarían a partir de las divisiones de Seguridad, Investigaciones, Judicial, Administrativo, y de Servicios Especiales y Técnicos.

La ley definía el perfil necesario para ingresar a la fuerza y establecía la estabilidad  de los trabajadores policiales y “Los empleados y personal obrero, de maestranza, de tropa y de servicio, que, desde el día de su ingreso hubieren prestado o prestasen seis meses de servicio, por lo menos, no podrán ser separados de sus puestos, sin que se justifique su inconducta o inhabilidad, mediante la instrucción de sumarios administrativos, en los que deberán ser oídos, antes de dictar la resolución definitiva pertinente”. Dejaría  de pertenecer a la Repartición Policial el personal que renuncie, que tenga incapacidad física o mental, por causa de inutilización para el servicio activo y por jubilación.

El Poder Ejecutivo tenía la potestad para fijar las condiciones de ingreso y la modalidad del funcionamiento de institutos. En ese marco, el titular de la cartera Ganduglia intentó adquirir mayor injerencia provincial en las incorporaciones (Barreneche 2010: 79).

La gobernación tenía a cargo la organización de los sistemas y métodos de clasificación y concepto para los ascensos, los procedimientos de sumarios, las correcciones y penas disciplinarias, las causas de destitución y los cuadros de escalafón en las distintas Divisiones policiales.

El diagnostico que tenía la provincia era que había una deficiente formación del personal en temas de investigación y sumarios. La fuerza no tenía suficientes asesores especializados en pericias balísticas y médicos forenses.  Se hacían mal los procedimientos y se demoraban los sumarios favoreciendo la impunidad y la prescripción de los delitos de juegos de azar, entre otros. En este marco, una de las cuestiones que había anunciado el oficialismo frente a la legislatura en el mes mayo de 1936, fue la creación de una Escuela de Policía, cuestión que finalmente no se realizó. En julio de 1936 Fresco remarcó la importancia que tendría dicha institución “en la que se impartan los conocimientos especiales propios de la función policial: instrucción de sumarios y trabajos de gabinetes y laboratorio complementarios de la investigación de los delitos, etc.”  (Reorganización y Saneamiento de la Policía de la Provincia de Buenos Aires 1937: 30-32).  

 

La reforma carcelaria: la Dirección General de Establecimientos Penales

“Las prisiones son hechas para seguridad y no para mortificación de los detenidos. Las penitenciarías serán reglamentadas de manera que constituyan centros de trabajo y moralización. Todo rigor innecesario hace responsables a las autoridades que lo ejerzan”. Artículo 26 de la Constitución de la Provincia de Buenos Aires de 1934

 

En el año 1937 se creó la Dirección General de Establecimientos Penales, sobre la antigua Inspección General de Prisiones. La flamante cartera del Estado estaba integrada por una Dirección General, una Inspección General, una Junta Asesora y tres Oficinas técnicas de Clasificación, de Trabajo Carcelario y de Edificios Penales.

A partir de la creación de la flamante Dirección, los establecimientos cambiaron su dependencia pasando del Poder Judicial, al ámbito del Poder Ejecutivo por intermedio del Ministerio de Gobierno (Servicio Penitenciario Bonaerense 2023) (Decreto de promulgación de la ley 4555/37).

Dependían directamente de la Dirección, el Penal de Sierra Chica, la Cárcel de Encausados y Penitenciaría de La Plata, la Cárcel de Mujeres de Olmos, las Cárceles departamentales de Bahía Blanca, de Dolores, de Azul, de Mercedes y de San Nicolás.

El “Plan racionalización de cárceles” tenía en cuenta particularmente la formación de los presos y para eso se creó la mencionada Oficina Técnica de Trabajo Carcelario.  La repartición estudiaría la capacidad de producción y de consumo de las instituciones y la distribución y ejecución de los trabajos de cada establecimiento, entre otras tareas. En el decreto de promulgación de la ley 4555/37 se puntualizó que con esta política tenía que evitarse la “anarquía actual, la desmoralización y el dispendio de los peculios en la realización de tareas inconexas (…) los presos deben trabajar, pero consultando fines morales y económicos”.

  

3- Políticas focalizadas y resultados

La lucha contra el juego y el crimen organizado

Unas de las acciones encaradas por la gobernación fue el combate a los grupos delictivos organizados llamado “bandas de pistoleros”. Estas organizaciones eran urbanas y también las había rurales ligadas al delito del cuatrerismo. Las crónicas de la época dan cuenta de la detención y del desarme de una decena de importantes grupos criminales conducidos por Emilio Apeziale, Eduardo Barral, Carlos Oscar Gimenez, José Briozzo, Alejandro Novoa, Antonio Caprili, Florial Alberto Martinez, Martin Romero y Simón Irogaray, entre otros. 

Los informes oficiales de la provincia, detallaron la importante acción punitiva implementada contra los juegos prohibidos. Durante la etapa se procesaron a 4484 personas y fueron detenidos 320 capitalistas del juego.

 

Los resultados de la política pública

“Basta señalar que el pistolerismo y el cuatrerismo han desaparecido prácticamente, mientras el porcentaje de todos los demás delitos ha disminuido considerablemente. La persecución del juego ha sido sistemática e implacable. El aumento del presupuesto de la repartición en 1936, 1937 y 1938 sirvió para elevar el número de personal, que siempre resulta escaso para atender las crecientes necesidades policiales de la Provincia, y para aumentar y modernizar todo su armamento y medios de movilidad y transporte”. Manuel Fresco, año 1939

 

Los documentos oficiales de la gobernación remarcaron un cambio en la cultura institucional de la policía, subrayando que “Lo evidente e innegable es que tanto las dotaciones de las comisarías, subcomisarias y destacamentos aislados, como los cuerpos especiales referidos, están formados en la actualidad por hombres de una moral y de un sentido de la función y de la responsabilidad muy distintos a los que imperaban en otros tiempos. Ese nuevo espíritu, cabe reconocerlo, ha sido una de las consecuencias más saludables de la reorganización cumplida por el actual gobierno, reorganización que comprendió, desde luego, el aumento de la paga a sumas que permitieran a oficiales y agentes llevar un existencia decorosa, según lo impone el uniforme” (Cuatro Años de Gobierno 1940, VI: 16).  

Un reflejo del cambio positivo de la cultura policial, era que la población acompañaba las trasformaciones de la fuerza y donó en cuatro años 67 motocicletas, 11 autos y 25 bicicletas y según fuentes oficiales “no hay precedentes al respecto, y es que bien se puede decir, sin jactancia, que nunca como ahora el mantenimiento del orden, la seguridad de las personas y la salvaguarda de la propiedad en la Provincia han gozado de mayor protección oficial” (Cuatro Años de Gobierno 1940, VI: 16).  

Según datos de la gobernación y como resultado de la política pública, los delitos contra la propiedad y el abigeato habían disminuido considerablemente:

 

 

1934

1936

1938

Hechos

1669

1453

1140

Detenidos

530

388

411

Prófugos

1396

1196

923

 

Bibliografía

Barreneche Osvaldo (2010) “Manuel Fresco y la reorganización de la policía de la provincia de Buenos Aires”, en Emir Reitano (Compilador), El Gobierno de Manuel Fresco en la Provincia de Buenos Aires (1936-1940), Instituto Cultural, Provincia de Buenos Aires.

Cuatro Años de Gobierno (1940) Policía, trafico, comisión de  aviación, telégrafo, redifusión, registro general y censo permanente, protección a la infancia, Provincia de Buenos Aires, volumen VI.

Dirección General de Servicios y Operaciones Aéreas (2023) Reseña histórica, en línea https://www.mseg.gba.gov.ar/areas/dir_gral_aerea/index.html

Fresco Manuel (1940) Conversando con el Pueblo, compilado por Luis Balesta, Buenos Aires. T 1 y 2. 

Servicio Penitenciario Bonaerense (2023) Reseña Histórica, en línea http://www.spb.gba.gov.ar/site/index.php/unidades/84-institucion

 

 

martes, 26 de diciembre de 2023

Neoliberalismo y fanatismo

 Por Carlos Ciappina para Contra editorial 


 

Llevamos más de diez días desde la asunción del presidente electo Javier Milei. Todos los pronósticos – desde los bienintencionados a ingenuos, elija usted querido lector/a- sobre la supuesta “moderación” que la llegada al poder ejercería sobre el presidente en funciones han quedado rápidamente en el olvido: a cuatro días de asumir, el presidente de la república sancionó un Decreto de Necesidad y Urgencia (una figura legal para situaciones de excepción) absolutamente desmedido, desaforado y completamente inconstitucional.  

La velocidad , profundidad y desmesura del Decreto y sus contenidos sorprendió a la sociedad en su conjunto –ni que decir – a la clase política propia y ajena que parece no darse cuenta todavía de la naturaleza del fenómeno político que encarna el presidente de la república.

Quizás si se repara en analizar el perfil del presidente tendremos algunas pistas para comprender lo que podemos esperar en los próximos cuatro largos años de gestión: Javier Milei es un fanático.  Según el diccionario de la Universidad de Oxford el fanatismo es  “actividad manifestada de manera desmedida e irracional y tenaz de una religión, idea, teoría, cultura, estilo de vida, persona, celebridad o sistema, entre más aspectos que podrían desencadenar un fanatismo. El fanático es una persona que defiende con tenacidad desmedida sus creencias y opiniones.”

En un libro ya clásico sobre el fenómeno político del fanatismo – “El verdadero creyente” –  el filósofo norteamericano Eric Hoffer analizó las características del liderazgo fanático y sus implicancias históricas. Para este autor, el fanático “está siempre en estado incompleto e inseguro” ; el fanático no busca la verdad sino “fortalecer su propia fe convenciendo a los demás”. “El odio- señala Hoffer – unifica a los verdaderos creyentes”. Para el Diccionario de la Real Academia Española , los sinónimos de fanatismo son: “intransigencia, intolerancia, obstinación, extremismo , sectarismo, exaltación, incondicionalidad”.

En la historia humana, el fenómeno fanático se distingue por el reduccionismo y la elaboración de dicotomías insalvables: “nacionales contra extranjeros” ; “arios versus razas inferiores” ; “civilización vs barbarie” ; “creyentes vs infieles o heréticos” ; “occidental y cristiana vs subversivo apátrida” ; “KKK vs negritud”. Cada una de estas dicotomías fanáticas condujeron  –y aún conllevan en muchos casos – a procesos histórico-sociales caracterizados por la violencia, el odio y la muerte. No fue sino después de mucho sufrimiento que las experiencias fanáticas lograron ser contenidas.

Como habrá de darse cuenta a esta altura el amable lector/a, la sociedad Argentina ha elegido – por múltiples , diversas e intrincadas razones  que no corresponde desarrollar en esta breve nota – otorgarle la máxima magistratura del estado nacional a un fanático.

El presidente en funciones explica toda la realidad social – con todas las multiplicidades y diversidades  que la misma posee – en una dicotomía simple, contundente y, por supuesto, absoluta: La culpa de todos los males que aquejan a la sociedad argentina provienen de la insanable perversión que el Estado y sus instituciones introducen en la impoluta y eficiente naturaleza mágica del mercado. La consecuencia de esta primera “verdad” fanática es simple: eliminando al Estado, la virtud del mercado operará inmediatamente para beneficiar al conjunto de la sociedad.

Segunda tesis: La “culpa” de esta perversión estatizante la tiene la “casta política” . Concepto difuso y precario, sin embrago la idea de una casta política parasitaria que vive del Estado inoperante ha sido uno de las afirmaciones fanáticas que mas hondo ha calado en la ciudadanía. Nuevamente: si se reduce la dimensión de la política , entonces se mejora automáticamente la economía sin las intervenciones politizantes.

Una sub-idea de esta es mirada es la convicción que los/as trabajadores estatales son una nueva “casta” constituida por sujetos inoperantes y privilegiados cuyo rasgo distintivo es que son incapaces de incluirse en las actividades de verdad – la economía de mercado – y por lo tanto pululan “robando” los ingresos que el pueblo paga vía la carga impositiva.

Tercera tesis: en política internacional se aplica el mismo principio fundante: los países se dividen en dos categorías absolutas: los que promueven y llevan a cabo el “libremercado” e intentan reducir las dimensiones del Estado y los países “comunistas” que amplían las funciones del Estado. La categoría comunista es enfatizada hasta el ridículo , pero, al pensamiento fanático no le hace mella el ridículo.

Las consecuencias de este modo fanático de entender la realidad comienzan a ser evidentes en nuestra realidad cotidiana: lejos de las voces que señalaban la imposibilidad de intentar traducir esa concepción fanática a políticas públicas concretas, el presidente de la república ha emitido un DNU que propone un Plan Sistemático de destrucción del Estado Nacional y sus principales atribuciones. El DNU atropella infinidad de Leyes, se arroga facultades del Congreso Nacional y vulnera casi todos los derechos consagrados por la Constitución Nacional. Nada de eso importa: para el fanático no existe la moderación , ni el diálogo, ni la negociación: el fanático piensa que su propia idea es LA VERDAD –así a secas- y en ese sentido persistirá en sus afirmaciones hasta que la sociedad toda se mueva en la dirección correcta que es, por supuesto, la suya. Y si esto no ocurre, la falla no estará en el pensamiento único del fanático sino en la sociedad que no quiere ver la verdad virtuosa que el fanático encarna.

Tan así es la perspectiva fanática que, todavía no hemos terminado de digerir los alcances del DNU inicial,  que ya nos anuncian nuevos paquetes de leyes para profundizar la destrucción que iniciaría el primer DNU.

Detrás de la figura del fanatismo desorbitado e intransigente se han escondido –al menos en Occidente- los intereses del gran capital.

De más está decir que el fanatismo es lo opuesto de una República Democrática: la democracia es el juego articulado de posiciones cambiantes y se sustenta –en su versión occidental – en un intrincado juego de influencias y decisiones tomadas en varios niveles de decisión y basadas en el diálogo, la disputa política y social y la negociación permanente. El resultado de este juego democrático nunca es ABSOLUTO sino que se compone – como alguna vez dijo un presidente argentino- de “verdades relativas” que buscan alcanzar e impactar en la sociedad a partir de la negociación democrática.

La lógica que sustenta al famoso DNU es, por supuesto, la opuesta a la de una democracia: La verdad fanática es tan evidente que ¿para qué perder el tiempo en respetar las instituciones y las organizaciones de la vida democrática? Más aún , precisamente es la vida democrática un nuevo obstáculo para el proyecto de refundación virtuosa de la sociedad argentina.

Por último –y no menos importante – las medidas que propone el DNU y todas las que ya vienen tomando el nuevo gobierno comienzan a impactar en cada uno de los actores sociales de la nación: se disparó la inflación, se congelaron los salarios, comenzaron los despidos en las empresas públicas y privadas, se limitan los planes sociales, etc. etc. etc . Un manto de oscuridad y de mayor pobreza y dolor comienza a extenderse por la realidad argentina: pero eso no le importa el pensamiento fanático: precisamente, ese dolor es “positivo” pues significa que el todo poderoso Estado comienza a desaparecer y al hacerlo se fundan las bases de una nueva sociedad virtuosa. ¿Cuántos quedarán en el camino? Eso, precisamente eso, al fanático no le importa: no ve seres humanos de carne y hueso sino que solo ve sus tres o cuatro ideas fundantes  que son, por supuesto la UNICA VERDAD.

 

PDT: Claro que – y esto es muy importante – el fanático nunca está solo : detrás de la figura del fanatismo desorbitado e intransigente se han escondido –al menos en Occidente- los intereses del gran capital al cual el fanático le sirve para el logro de sus objetivos: ampliar su rentabilidad y profundizar el rediseño social en su beneficio. Hasta puede que el fanático no lo vea, ensimismado en su propio círculo de pensamiento absoluto quizás hasta se le escape esta otra dimensión y no vea que él , son todas sus verdades absolutas es sólo  un instrumento. Pero no hay duda alguna: la obra destructora tiene , en nuestro caso un sentido muy claro que dejó expuesto el propio DNU: empresas con nombre y apellido que, lejos de todo fanatismo, ven la oportunidad histórica de lograr finalmente el control absoluto sobre la sociedad argentina.

 


Milei y la política de la historia

*Por Damián Descalzo para AGN Prensa 


A fines de los años ’50, Arturo Jauretche brindó una conferencia que luego fue publicada bajo el título “Política Nacional y Revisionismo Histórico”. En aquella oportunidad, el gran pensador nacional analizó el modo en que el liberalismo mitrista había utilizado el relato histórico para influir en la política argentina y como había moldeado con su mirada, no sólo a los intereses oligárquicos que representaba, sino al de variados sectores medios, rurales y urbanos, que se sentían incorporados e interpelados por esa misma visión de la historia (años después ampliaría estas cuestiones en “El medio pelo en la sociedad argentina” y en otros textos).

Jauretche llamó “política de la historia” a la estrategia de Mitre; es decir, utilización de la historia con fines políticos. Ese papel de justificación de la acción oligárquica ante toda la sociedad fue el papel que cumplió (y todavía, en parte, cumple) la “historia oficial” creada por el liberal Mitre.

Ante esa posición del liberalismo oligárquico, la función central que Jauretche le asignaba al revisionismo histórico, era cuestionar esa mirada y atender al papel del pueblo y los intereses genuinamente nacionales en la historia para forjar una auténtica política nacional. Ese rol lo cumplió exitosamente el pensamiento nacional durante gran parte del siglo XX y colaboró, de ese modo, con las experiencias nacionales  populares de Yrigoyen y Perón.

Así las cosas, los días finales de 2023, nos encuentran ante un presidente que quiere instalar una nueva “política de la historia” para darle sentido ante todo el pueblo, a un plan de ajuste decididamente antipopular y contrario al interés argentino.

El botarate Javier Milei intenta instalar una interpretación de la historia argentina, donde el país habría surgido en 1816 y luego de décadas de disputas por la forma de la institucionalidad, se habría impuesto el liberalismo tras la batalla de Caseros. Desde ese momento hasta 1916, la Argentina habría emprendido el camino de la prosperidad abrazando “las ideas de la libertad”. Según la misma narración de Milei, hace poco más de 100 años -justamente cuando el pueblo pudo empezar a expresarse en elecciones democráticas, luego de décadas de gobiernos arreglados en palacios de la oligarquía, se habría abandonado el “exitoso” modelo liberal y se habría empezado a seguir “las ideas empobrecedoras del colectivismo”.

Los continuos errores del “colectivismo” empobrecedor que, siempre según Milei, nos legaron la peor herencia de la historia, obligan ahora a realizar un ajuste sin precedentes, para retomar la senda de la prosperidad perdida.

Milei se percibe a sí mismo como el fautor del fin del declive y la decadencia argentina de 1916 a 2023 y el símbolo de la “nueva era” que va a “reconstruir” la Argentina.

Estas ideas, por más delirantes que nos parezcan, no surgieron de la nada, fueron elaborándose durante años y circulando por diversos medios, mientras buena parte del pensamiento nacional popular, -especialmente el más cercano a los dispositivos culturales oficiales-, se perdía debatiendo y promoviendo una frívola agenda progresista, notoriamente alejada de los problemas reales de la población.

Argentina nunca fue el edén que Milei describe. Ni era el país más rico de la tierra en 1895, ni entró al siglo XX siéndolo. En cambio, sí era una potencia mundial, la principal y más desarrollada economía y la sociedad más justa e integrada de toda la región durante las presidencias nacionales y populares de Yrigoyen y Perón

La decadencia y el declive argentino no son producto del peronismo, sino de las políticas antinacionales y antipopulares de los liberales que tomaron el poder a la fuerza el 24 de marzo de 1976. Seguramente hay mucho de lo que hacerse cargo porque también el movimiento nacional incurrió en errores, pero muchos más cometió el liberalismo.

Ese liberalismo que tuvo una oportunidad histórica inmejorable hacia finales del siglo XIX y principios del XX, de hacer una Argentina realmente importante en el mundo y desperdició infinita cantidad de recursos en despilfarro y lujos innecesarios. ¡Esos sí que eran gastos superfluos!

Considero fundamental que el pensamiento nacional y, en particular, el ligado al revisionismo histórico, salga a dar la pelea en todos los ámbitos posibles para desmontar al relato liberal de Milei que pretende funcionar como una nueva política de la historia que busca darle legitimidad a un ajuste descomunal que sólo sirve para seguir destruyendo y debilitando a la Argentina. Es tarea patriótica detenerlo y sentar las bases de una verdadera reconstrucción argentina, fortaleciendo el poder nacional y construyendo un pueblo fuerte y feliz inspirado en los principios de la comunidad organizada y la justicia social. Que así sea.

 

 

*Abogado, especialista en Derecho Constitucional, Magister en Derecho Laboral, docente. Autor de los libero: Haciendo Justicia Juntos; General Jorge Leal: Héroe del Polo Sur y prócer de la Patria Grande y de ¿Cómo se gestó el peronismo?, Dios, Patria y Justicia Social.

domingo, 10 de diciembre de 2023

Lo hispano: su sentido y las ecúmenes

 (Ponencia a la Global Conference on Multipolarity-29/4/23)                                                       

 Alberto Buela  


En febrero de 2022 apareció en Buenos Aires la segunda edición de mi libro Hispanoamérica contra Occidente, que fuera el primero publicado en España allá por 1996. De modo tal que la mayoría de mis amigos no lo conocieron. Le agregué un solo capítulo final “Notas sobre la Argentina originaria”.

El libro nació de dos hechos: a) una conferencia en 1984 en el Palacio de Congresos de Versailles junto a Julien Freund, Alain de Benoist, Guillaume Faye y Pierre Vial, que dio título a este libro y b) un intercambio epistolar con don Gonzalo Fernández de la Mora en torno a la hispanidad.

En Francia sostuvimos que Hispanoamérica a diferencia de Angloamérica es la continuación de lo más genuino de Occidente partiendo de la noción de ente “aquel que las tradiciones no occidentales jamás presintieron ni barruntaron”[1] así como la expresión lingüística, artística y cultural.

Y ante el eminente español afirmamos que la hispanidad en América no se limita a la monarquía y la religión católica, según lo determinaron pensadores como de Maeztu o García Morente, sino que nos abre a toda la cultura del mediterráneo que llega a través de lo hispano. Lo hispano en nosotros es tanto vehículo como matriz.

El término latinoamericano, aceptado universalmente, se convirtió en una expresión políticamente correcta que utiliza tanto la Iglesia, la masonería, los marxistas, los liberales y los progresistas. Termino que nos extraña a nosotros, de nosotros mismos con un falso nombre. La lucha semántica es lo primero que se pierde en la guerra, pues se adoptan las denominaciones del enemigo.

Contamos todo esto para que vean ustedes que nuestra meditación sobre América y la Hispanidad no nace en esta conferencia sino que viene desde muy lejos, desde hace cuarenta años.

Leí hace algunos meses (27/3/22) un reportaje al profesor español Carlos X. Blanco cuando afirma que: “ Pudo existir un Orden universal distinto, que generalizara (generalizó) los valores de la filosofía griega, el derecho romano y el concepto germano-cristiano de la persona. Pero a ese Imperio Hispánico le salieron enemigos por todos los sitios. La Hispanidad, más que una nostalgia y un “sueño imperial” debería reactivarse en clave geopolítica.

Un polo “hispanista” en el cono sur de las Américas, que se extendiera a todo el continente de habla luso-española y a la península ibérica,(a Asia en Filipinas y al África con Guinea) podría ejercer un gran papel de contrapeso a los polos que hoy rigen el mundo: el anglosajón declinante, el chino emergente, el ruso euroasiático, el árabe, etc.

Solo le corregiría el tiempo verbal y en lugar de decir “generalizara” tendría que haber dicho “generalizó” porque somos nosotros los herederos de esos valores. Además, el concepto de persona no es una creación germano-cristiana sino que viene de larga data, al menos desde Boecio (480-524).

Sobre lo hispano podemos tener dos accesos, como vehículo o canal a través del cual se expresan los pueblos mediterráneos (España, Portugal, Francia, Italia, Siria, Líbano, Grecia, Rumanía, etc.) que llegaron a América y como ecúmene, esto es, como un gran espacio de tierra habitada por hombres que tienen, sienten, piensan y creen en valores comunes. Lo hispano no es la Kultur alemana ni la civilisation francesa, sino que encierra una cosmovisión sobre el hombre, el mundo y sus problemas diferente a ambas.

En el primer aspecto (como vehículo) se destaca sobre todo el afán de los millones de inmigrantes llegados a América buscando su progreso. Entendido en sentido lato como el paso de lo peor a lo mejor, según enseñaban los filósofos griegos. Fue vehículo también para los indios que incorporaron a sus múltiples lenguas cientos de palabras del castellano, por ej,: vaca, caballo, oveja, etc.

Hoy, sobre todo desde Inglaterra, se lanzó la teoría de “pueblos originarios” para denominar a la de indios. Sin embargo, nosotros los criollos somos también pueblos originarios. La diferencia con los indios es que ellos poseen la “originariedad” mientras que nosotros poseemos la “originalidad, pues no somos no tan españoles ni tan indios como decía Bolívar.

Uno de los rasgos del hombre hispanoamericano es la idea de progreso que no es la misma que la del angloamericano. Estos, luego del asombroso aumento de inventos producido por la imbricación entre ciencia y técnica, cuyo producto es la tecnología, compraron, adoptaron y asumieron el mito del Progreso ineluctable, no percatándose que el progreso es bueno como ideal pero malo como idea. Si progresar significa salir de lo peor para pasar a lo mejor, ir hacia adelante, ello es bueno ¿o, acaso, alguién no quiere progresar?. Pero el progreso no tiene sentido si no se sabe a dónde se va, y es peligroso si va por mal camino. Así, si ponemos el acento en el confort, Hegel sostenía que es infinito, el progreso será siempre insatisfactorio. Este progreso tecnológico terminó con dos bombazos atómicos en Japón provocando miles y miles de muertos inocentes. Sabemos que el mal en el inocente es inexplicable filosóficamente, y que se produce por una perversión de la causa que lo comete.

Por el contrario, para el hombre hispano el progreso fue siempre una aspiración y no una inspiración. Fue un ideal y no una idea y así viajó a América.

Todos los grandes progresos de la humanidad no han sido en función del progreso ni en provecho del devenir sino por una imagen actual, ya sea la gloria, la patria, el bienestar de la familia y tantas otras.

Esta aspiración a progresar es la que define el progreso para el hombre hispano, pero su acción no está inspirada en el mito del progreso.

Esto nos lleva a introducimos en un aspecto más profundo y esencial del progreso. “Desde el punto de vista del espíritu, el progreso solo es válido cuando se desarrolla en intensidad o en profundidad, nunca lineal u horizontalmente. La profundidad del progreso nos indica el grado de interiorización existencial del sujeto. Y es este el sentido profundo del progreso, la interiorización cada vez más intensa de las verdades que conocemos o, mejor, que barruntamos. El proceso de interiorización tiene grados sucesivos que contienen unos a otros en una jerarquía similar a la celeste” [2]

Es por ello que podemos afirmar que en la vida espiritual, ya sea la mística o la intelectual, el que no avanza retrocede.

Manuel García Morente, ese gran maestro español de filosofía, propuso al caballero cristiano como arquetipo del hombre hispano.[3] Y no estuvo mal. Pero “esta teoría de los arquetipos tiene dos fallas. Una, carece de rigor científico, la podemos cargar con las mayores virtudes como hace García Morente con el caballero cristiano o con los mayores vicios como hacen los liberales argentinos con el gaucho. Y, dos, siempre está adscripta y determinada a un momento temporal y a un lugar  preciso de la historia de un pueblo.” [4] Su vigencia desaparece. Hay que buscar entonces por otro lado sus rasgos específicos.

La hispanidad como “ser de lo hispano” se ha dado en la historia bajo múltiples y variadas formas y se dará bajo otras muchas que no podemos colegir. Desde siempre se destacó por el sentido jerárquico de la vida, de los seres y de las funciones. Esta jerarquía como una necesidad del inferior respecto del superior Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor! afirma el Quijote, y no a la inversa como la postula el mundo liberal burgués. Jerarquía que se proyecta en una visión total, y no la  de los especialistas de lo mínimo que pierden de vista la visión del todo. Jerarquía que se funda en valores objetivos fuera de discusión y no a la inversa en valores subjetivos, surgidos del primado de conciencia, eje axial del mundo moderno.

Así, la necesidad del inferior, la visión del todo y la objetividad de los valores son la expresión del sentido jerárquico del ser de lo hispano.

El segundo rasgo lo encontramos en la preferencia de sí mismo y la consecuente falta de temor por la pérdida de la identidad. 

La preferencia de sí mismo no es egoísmo sino una disposición existencial que hace que uno no tema mezclase con otros. La que tuvieron los españoles y portugueses cuando llegaron a América y la que tuvieron los millones de inmigrantes que vinieron después.

Nosotros la hemos estudiado como el primer paso de la hermenéutica disidente que proponemos como el método del disenso: Todo método es eso, un camino para llegar a alguna parte. El disenso como método parte, no ya de la descripción del fenómenos como la fenomenología, sino de la “preferencia de nosotros mismos”. Se parte de un acto valorativo como un mentís rotundo a la neutralidad metodológica, que es la primera gran falsedad del objetivismo científico, sea el propuesto por el materialismo dialéctico sea el del cientificismo tecnocrático[5].  Rompe con el progresismo del marxismo para quien toda negación lleva en sí una superación progresiva y constante. Por el contrario el disenso no es omnisciente, puede decir “no sé”, y así, al ser el método del pensamiento popular, puede negar la vigencia de algo sin tener necesidad de negar su existencia.

La preferencia se realiza a partir de una situación dada, un locus histórico, político, económico, cultural. En nuestro caso Suramérica o la Patria Grande. Esto reclama o exige el disenso, un pensamiento situado, como acertadamente habló la filosofía popular de la liberación con Kusch, Casalla  et alii, y no la filosofía marxista de la liberación con Dussel, Cerutti y otros, que es una rama europea trasplantada en América.

Tiene como petición de principio el hic Rhodus, hic saltus (aquí está Rodas, aquí hay que bailar) de Hegel al comienzo de su Filosofía del Derecho. Sólo desde un lugar determinado se puede plantear genuinamente el disenso, porque de plantearlo desde una “universalidad abstracta”: por ejemplo, la humanidad, los derechos humanos, la igualdad, etc., etc. se hace merecedor de la crítica desconfiada de la izquierda en general, que ve en el disenso una peligrosa desviación reaccionario-populista.” [6]

El tercero y último de los rasgos que trataremos aquí es la existencia de un enemigo común como lo es el anglosajón.

Esta es una herencia española que el hombre hispanoamericano, incluídos todos aquellos de cultura mediterránea que llegaron a estas tierras, vivencian y padecen desde la guerras civiles de la Independencia. Ese gran sociólogo mejicano que fue Pablo González Casanova contabilizó 700 invasiones militares y más de 4000 intervenciones del anglosajón en Nuestra América, desde la batalla de San Juan de Ulúa en 1567/68 en México hasta Grenada en el 83, Panamá en 1989 y Haití en 2004.

Estas luchas sucesivas y continuadas han conformado una conciencia cierta sobre el enemigo público, el hostis. Aquel que me hostiga y me opugna. Aquel que me impide desarrollarme según mis propias pautas y valores. En una palabra, aquel que no me deja ser por mi y para mi.

Estas luchas y vivencias tienden décadas tras décadas y siglos tras siglos hacia la búsqueda de una Patria Grande, de un Gran Espacio, de una Ecúmene según vislumbramos nosotros.

El término ecúmene,oikoumenh  es el participio presente del verbo oikew que significa habitar en casa propia y encierra la idea de “porción grande de tierra habitada. Para los romanos el Imperio era su ecúmene así como para los griegos lo era la  Hélade y para los cristianos hasta finales del medioevo, la Cristiandad.[7] Estas ecúmenes, cada una en su tiempo, coincidieron con los límites de lo que era considerado mundo.

La idea de ecúmene está ciertamente vinculada a la de humanismo, pero entendido este como “una forma viviente que se desarrolla en el suelo de un pueblo y persiste a través de los cambios históricos”[8]. El humanismo clásico greco romano busca la realización del ser del hombre a través de su formación. La referencia al suelo de un pueblo, según la cita,  nos muestra la encarnadura del antiguo  humanismo, que el mayor de los poetas latinos, Virgilio, refuerza cuando aconseja pensar a partir del genius loci. Concepto que encierra las ideas de clima, suelo y paisaje.

Este arraigo que se mantuvo en el humanismo hispánico, se pierde en el humanismo ilustrado, que es, con pequeñas variantes, el que manejan los regímenes liberales,  socialdemócratas y las Naciones Unidas, actualmente en el mundo.

Cuando hoy se plantea la creación de mega regiones, Unión Europea, Unión Suramericana, como una necesidad de dar respuesta al proyecto del One Word  lanzado por Bush padre en 1991, limitándose a la idea de “región o gran espacio” cuya integración se busca más por el lado económico y político que cultural, se está poniendo el carro delante del caballo.

Nos vemos entonces obligados intelectualmente a volver sobre la categoría de ecúmene para poder comprender, al menos en parte, qué nos sucede y nos puede suceder.

Agotado el proyecto moderno entre cuyas ideas fuerza estaban las de progreso, igualitarismo, democracia liberal, libre mercado, subjetivismo, racionalismo, primacía de la técnica, etc. etc. también se deshace, se desvanece la idea del mundo como universo. 

Nos percatamos un poco sorprendidos que el mundo ya no es más un universo; esto es, que no tiene una sola versión y visión, que era la de la modernidad expresada a través del racionalismo de la Ilustración, sino que más bien, el mundo es un pluriverso. Esto es, el mundo está compuesto por muchas versiones y visiones, tantas como ecúmenes culturales lo habitan.

El mundo entonces es culturalmente plural, es un pluri- verso y no un uni- verso. Y su pluralidad radica en la existencia o coexistencia de diferentes ecúmenes.

Grosso modo, podemos determinar algunas: la europea, la angloamericana, la arábiga, la india, la eslava, la iberoamericana y la chino-oriental. Sin duda se podrá buscar otro tipo de clasificación dado que éstas existen a los efectos didácticos-comprensivos y en ellos se agotan. Como todas la clasificaciones pasa lo de la chacarera: Casas más, casas menos, igualito a mi Santiago. Siempre son aproximaciones a la realidad, pues ésta es más rica que aquéllas y no se deja encerrar.

Estas ecúmenes a veces coinciden con una región determinada, vgr. la ecúmene iberoamericana con la mega región del Mercosur y del Unasur, incluso la supera pues abarca también centro y parte de norte América. Con la ecúmene europea pasa, mutatis mutandi, algo similar. Pero hay que observar que existe en las dos una continuidad territorial.

Otras veces estas ecúmenes no coinciden con una región sino que involucran a varias, vgr. la angloamericana engloba una parte de Europa con Inglaterra, una parte de América con USA, Canadá, Jamaica, Guyana, Belice, un parte de Oceanía con Australia, Nueva Zelanda et alii, una parte de Asia con espacio americanizados como Singapur, Taiwan, Corea del Sur e incluso Japón. 

Otras ecúmenes abarcan multitud de países, incluso algunos dispersos, como es el caso de la arábiga. En tanto que con la india sucede a la inversa y se encuentra limitada a un solo país.

Las ecúmenes determinan espacialmente no solo un medio apropiado para la vida colectiva sino también un mundo de valores compartidos por los hombres que la habitan. Y en este sentido la ecúmene hispano o iberoamericana es un ejemplo de homogeneidad, por la religión, la lengua, el derecho y las costumbres comunes.

La teoría ilustrada que tiene hoy plena vigencia consiste en sostener que el pluralismo se debe plantear no sólo dentro de las ecúmenes culturales sino además dentro de los Estados nacionales que la componen. Como no compartimos esta teoría nos preguntamos: ¿Cómo debería plantearse la cuestión?

Nosotros sostenemos por el contrario que el pluralismo no debe darse en el seno de las naciones-Estados, como gusta decir Dalmacio Negro Pavón, sino que el pluralismo se debe dar entre las ecúmenes culturales. El riesgo del pluralismo ecuménico dentro de la nación-Estado lo nota el afamado politólogo liberal Giovanni Sartori cuando afirma: “Reunir muchas culturas sobre un mismo territorio es peligroso. Así, no deben entrar en un país aquellos que no se encuentren listos para integrarse. Pues, la inmigración no seguida de la integración conlleva la muerte del pluralismo y la democracia” [9].

Son las ecúmenes las que producen la verdadera y auténtica pluralidad del mundo al constituirse ellas, a partir de valores, lenguaje, creencias, vivencias e instituciones compartidas.

Así, el pluralismo cultural debe ser entendido como un interculturalismo donde cada identidad se piensa entre otras, pero a partir de su diferencia, en esto radica la coexistencia, o mejor, concordia de las comunidades.

Entender el pluralismo cultural como un multiculturalismo; esto es, un relativismo cultural que conduce simultáneamente a la exclusión de otras culturas para evitar su desnaturalización, o lo que es peor, valorar al otro por el sólo hecho de pertenecer a una minoría y no por su méritos o valor en sí mismo, es el grave error que comenten hoy los antropólogos culturales y los multiculturalistas o progresistas del pensamiento.[10]

Cuando en nombre de este multiculturalismo, que como vimos es un relativismo sectario y excluyente, se invade desde una ecúmene a las otras, ello produce la desnaturalización de ésas. Así se alienta la “americanización” de la europea, “la imbecilización” de la iberoamericana,  la “terroristización” de la ecúmene arábiga, etc. Erróneamente desde la ecúmene invasora puede pensarse que se produce una transferencia de sentido, aun cuando ni todos los europeos están norteamericanizados, ni todos los iberoamericanos somos imbéciles, ni todos los árabes son terroristas.

Esta trasferencia de sentido e interferencia de una ecúmene en otra, como sucede hoy con la ecúmene anglonorteamericana, es de máximo riesgo, porque nos está indicando el surgimiento de un totalitarismo ecuménico, por el cual una se impone al resto. El mundo perdería así su riqueza de aspectos variados, su carácter de bello, por aquello que es un cosmos, para transformase en un “orbe” único, uniformado y homogéneo.  

 

[1] Aubenque, Pierre: Le probleme d´etre chez Aristote, Puf, Paris, 1977, p.13

[2] Buela, Alberto: Epítome de Metapolítica, Ed.Cees, Buenos Aires, 2022, p. 117            

[3] García Morente, Manuel: La idea de Hispanidad, Ed. Losada, Buenos Aires, 1942

[4] Buela, Alberto: Hispanoamérica contra Occidente, Ed. Cees, Buenos Aires, 2021, p.52. Primera edición, Ed. Barbarroja, Madrid, 1996, p.56

[5] Cfr. Fayerabend, Paul: Contra el método, E. Hyspamérica, Buenos Aires, 1984

[6] Buela, Alberto: Teoría del Disenso, Ed. Fices, Barcelona, 2016, p. 32

[7] Se utiliza también ecúmene en geografía humana, designando con él, el medio apropiado para la vida colectiva. Y como significa medio, incluso se llegó a cambiarle el género y se habla en masculino de: “el ecúmene”.

[8] Jaeger, W: Paideia, México, FCE, 1946, p.11.

[9] Sartori, Giovanni: Pluralismo, multiculturalismo e inmigración en el periódico Il Giorno, 15/9/2001.

[10] El multiculturalismo se apoya en dos etapas del desarrollo de la antropología cultural: a) en el relativismo cultural de Franz Boas(1858-1942), el precursor de la antropología norteamericana, que sostiene que no es posible hablar de culturas superiores o culturas inferiores y b) en la etapa de la descolonización de los años 60 y 70 donde los antiguos “objetos” de estudio de la conquista de América y del imperialismo en África y Asia, se transforman en “sujetos” que estudian sus propias realidades.

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