sábado, 11 de septiembre de 2010

Aritz Recalde en la IIº Feria del Libro Peronista


Segunda Feria del Libro Peronista

10 DE SEPTIEMBRE


Hoy comienza la “Segunda Feria del Libro de Temática Peronista” en el Museo Evita -Lafinur 2988- que se extenderá hasta el domingo en el horario 14:00 a 19:00.

La muestra es organizada por la secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva Perón, y busca generar un ámbito de difusión de textos sobre el peronismo, intercambiar ideas y debates sobre ese movimiento político desde sus orígenes hasta la actualidad.

La feria cuenta con espacios de exhibición y venta de ejemplares, mesas redondas, conferencias y presentaciones de libros de reciente edición.


PROGRAMA

VIERNES 10/09

Presentaciones de libros:
14 hs: Roberto Baschetti; La clase obrera peronista.

15 hs: Claudio Díaz; Movimiento obrero argentino

16 hs: Senén / Ferrari; Ave Fénix. El renacimiento del sindicalismo peronista. 1955-1958.
Senén / Ferrari; Saludos a Vandor. Vida, muerte y leyenda de un lobo.

17 hs: Marcos Vivas; Historia del sindicato de camioneros.

18 hs: ACTO DE INAUGURACIÓN y firma de convenio entre el Dr. Antonio Cafiero y el INIHEP.

19 hs: Mesa Redonda “Movimiento obrero peronista”

Carlos Tomada
Hugo Moyano
Víctor Santa María
Héctor Recalde

SÁBADO 11/09

Presentaciones de libros:
14 hs: Carlos Velazco; ¿y si invadimos las Malvinas? La trama secreta de la operación Cóndor.
Daniel Brion; El presidente duerme. Fusilados de 1956, la generación de una causa.

15hs: Aritz Recalde; Análisis correspondencia Perón-Cooke.
Pablo, Hernández; Historia de la J.P

16 hs: Amaral / Botalla; Imágenes del peronismo.
Metral / Piva; De Kirchner a Perón.

17 hs: Alfredo Mason; Perón y el arte de la conducción. Aportes para la cultura política argentina.

18 hs: Panella / Korn; Revistas peronistas.

19 hs: Mesa Redonda “Las resistencias”

Rubén Marín
Dante Gullo
Estela de Carlotto
Eduardo Luís Duhalde
Luís Beraza
Roberto Bardini

DOMINGO 12/09

Presentaciones de libros:

14 hs: Pablo Vázquez; Eva Perón de puño y letra.
Colectivo Alí Primera. Venezuela; La experiencia venezolana en comunicación

15 hs: María Eugenia Álvarez; La enfermara de Evita. Colección Mujeres con mayúscula - INIHEP.

16 hs: Piñeiro Iñiguez; Perón. La formación de su pensamiento.

17 hs: Alicia Servetto; El gobierno peronista contra las provincias montoneras.

18 hs: Octavio Getino; El capital de la cultura.
Clara Kriger; Cine y peronismo.

19 hs: Mesa Redonda “Cultura y medios de comunicación”

Jorge Coscia
Hernán Brienza
Gabriel Mariotto
Osvaldo Papaleo


jueves, 9 de septiembre de 2010

ROCK NACIONAL Y POPULAR EN LA PLATA


TERCERA
POSICIÓN



ROCK NACIONAL Y POPULAR



Viernes 17 de septiembre 22 HS
EL PASILLO DE LAS ARTES

Calle 6 Nº 1482 entre 62 y 63 LA PLATA

No se olviden de Juan José (Hernández Arregui): la vigencia de su pensamiento
en el Bicentenario de la Patria


por Iciar Recalde para el volumen Bicentenario preparado por la Universidad de Misiones
8/9/2010


“(…) ¿Qué es el imperialismo sino el nacionalismo de las potencias poderosas? Hay dos nacionalismos. Uno, el del Estado fuerte que se anexiona al débil. Otro, el nacionalismo de los pueblos débiles contra la prepotencia de los fuertes. Es una hipocresía radical, aunque se tiña de amor universal y apele a los féretros de Nuremberg, la identificación del fascismo con los nacionalismos de los países dependientes.”

"Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes (...)”, comenzaba apuntando el tan citado “Manifiesto del Partido Comunista" de Marx y Engels en 1848. A poco de transcurridos los cien años, el fantasma que recorría Europa, en el continente latinoamericano comenzaba a cobrar su forma distintiva: se trataba del espectro del nacionalismo. Y tendríamos también nosotros a todas las fuerzas de la vieja Latinoamérica, de la vieja Argentina, unidas en santa cruzada para acosar al fantasma: la oligarquía ligada al imperialismo, la gran prensa, la universidad y los manuales de historia mitromarxista, los comunistas y socialistas argentinos, la Sociedad Rural, la revista Sur y la inteligencia más o menos colonizada, gustosa repetidora de las modas teóricas de las naciones centrales y de la defensa a capa y espada del país colonial expoliador de las mayorías sociales. Juan José Hernández Arregui, Jorge Abelardo Ramos, John William Cooke, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, José María Rosa, Fermín Chávez, son algunos de los hombres que dieron voz y personificación al fantasma latinoamericano. En la actualidad, convertidos en espectros para la historiografía cipaya vinculada a los debates ideológicos y culturales generados por las usinas de producción y reproducción del saber del país dependiente, recorren los intersticios del rescate de la memoria histórica en función de su vigencia insoslayable. Provenientes algunos del marxismo nacional no stalinista, otros del radicalismo forjista y de sectores del nacionalismo popular, todos, estuvieron asociados por un inmenso amor al país y por la conciencia de que partían de una realidad cultural subordinada y de una actividad intelectual necesariamente condicionada por ella. El golpe de toque: 1955 y la trágica caída del gobierno popular pergeñada por la Revolución Fusiladora. Este suceso marcará su producción, obligados por las circunstancias históricas y por el deber de posicionarse como argentinos junto al pueblo peronista perseguido por haberse atrevido bajo la conducción de Perón, a romper los lazos de la dependencia, a quebrantar las injusticias sociales y a democratizar la vida cultural del país. Esta labor de crítica descolonizadora, con matices, partió de la asunción de que el peronismo representaba un momento particular de la conciencia histórica antiimperialista de los argentinos y de que el nacionalismo en las semicolonias latinoamericanas era el eslabón primero de cualquier intento serio de revertir esta situación. Fue Hernández Arregui quien vislumbró el problema con mayor lucidez: el nacionalismo debía ser concebido en los países dependientes con un contenido distinto al europeo. Éste nacionalismo “ofensivo” había surgido durante el siglo XIX estrechamente vinculado con el desarrollo y la expansión del sistema capitalista a nivel mundial, proceso que condenaba al continente latinoamericano a la miseria y al saqueo indiscriminado de sus recursos naturales. Como resultado de la división internacional del trabajo, la Argentina en tanto exclusiva productora de materias primas sería subsidiaria de sus amos externos: el imperialismo británico en principio, el imperialismo norteamericano y sus socios locales después. Entonces, el nacionalismo adquiría aquí otro matiz, de carácter intrínsecamente defensivo que se plasmaría por primera vez en un proyecto concreto durante las gestiones de gobierno peronista. Perón sería para Hernández Arregui el símbolo de una etapa precisa de la conciencia histórica de los argentinos signada por la voluntad de construir una nación soberana. Desde una óptica marxista adecuada a las necesidades del país auténtico -no del país virtual cimentado por teorías importadas-, la voluntad popular de la clase obrera conduciría la actividad de aquellos intelectuales dispuestos a armonizar su labor con los proyectos de liberación nacional, con lo cual, la aceptación de las decisiones de las masas populares en Argentina llevaría inscripto un único nombre imborrable: peronismo. La producción primera de Hernández Arregui impulsó vigorosamente la desmitificación del sentido falseador de las prácticas de una izquierda internacionalista y el intento de dar una vuelta de página respecto a las interpretaciones que se le daba, de izquierda a derecha, a la tradición nacionalista hasta ese entonces. Dos legados fundamentales fueron rescatados en consiguiente para la elaboración de su ideario teórico. Por un lado, el nacionalismo de los años ´30, ligado al catolicismo hispanista de sesgo antiliberal, que representaba -más allá de sus limitaciones de clase que devendrían en la ausencia de participación popular en sus proyectos-, el intento más acabado de pensar el país que había llevado adelante la intelectualidad argentina, en la medida en que había logrado impugnar el modelo liberal y a su clase beneficiaria, la oligarquía. La vuelta a esta tradición debía ser completada en función de los intereses coyunturales, esto es, otorgando a las masas un lugar fundamental en el ideario nacional. Otro de los legados rescatado por Hernández Arregui, sería la prédica del grupo FORJA, un avance substancial respecto a la conciencia de la dependencia como fenómeno estructural de los países periféricos expresado en todas sus dimensiones: económica, política, social, tecnológica, científica, etc. La combinación de ambas tradiciones con el marxismo, conjuntamente con el rescate de la tradición genuinamente argentina silenciada por los aparatos de la colonización pedagógica y expresada en la resistencia popular acontecida durante siglos en nuestro país contra el interés extranjero, dieron lugar a uno de los arsenales teóricos más serios para analizar críticamente la cultura de nuestro país y del continente. Los componentes del nacionalismo hispanoamericano -el desarrollo de un sistema económico en un espacio geográfico determinado, la conciencia de ese desarrollo representada jurídicamente en la forma de un Estado nación, la asunción de una lengua compartida como unidad de comunicación que otorgara sentido a la cultura y el cúmulo de creencias y memorias comunes- se correspondieron con un modo específico de experimentar la existencia de la comunidad: la América Hispana o Iberoamérica desmembrada por los intereses británicos. Hernández Arregui entendió perfectamente que las garras del Imperio en nuestro país habían estructurado una factoría agroexportadora y que la piedra de toque de la liberación nacional estaba dada por la necesidad de industrializar el país. Sin industria, la Argentina no tendría independencia económica, base de la soberanía nacional y de la justicia social y sin soberanía nacional, no existiría autonomía cultural. En ese orden y sin titubeos. En este sentido, Hernández Arregui echaba luz sobre la conciencia extraviada de la inteligencia argentina, forjada a través de una pedagogía colonialista y de historias falseadas que ahondaban la legitimización del sistema expoliador: la situación semicolonial de nuestro país sólo era posible si la conciencia nacional se imaginaba previamente participante de los valores del imperio, de sus objetivos y de su historia. Y la gramática dictada en pretérito trueca necesariamente en presente: en el año del Bicentenario cuando las banderas nacionales vuelven a surgir por entre los escombros de la patria devastada, su pensamiento continúa siendo un legado imprescindible en la lucha por la liberación nacional del pueblo argentino. Este sucinto panorama no intenta más que contribuir a dar batalla contra el resentimiento de los intelectuales enajenados, que continúa glosando infortunadamente su obra cuando no la relega lisa y llanamente a ser letra muerta. Operación sistemática ahondada con la mal intencionada ceguera ideológica que suele ser la marca distintiva de una cultura colonizada. La existencia determina la conciencia y no al revés; entonces, la forma en que el sujeto actúa condiciona su forma de pensar, de ver el mundo. Hernández Arregui lo vislumbró con claridad cuando señaló que el dilema para Argentina y América Latina era fatal: o hacía su revolución o el imperialismo remacharía los anillos opresores a fin de retardar la liberación mundial de los pueblos oprimidos. Legado que continúa señalando un camino.




lunes, 30 de agosto de 2010

Julio Antonio Mella, una voz en la revolución latinoamericana porMaximiliano Molocznik


Julio Antonio Mella, una voz en la revolución latinoamericana

Por: Maximiliano Molocznik.

En Cuba el dirigente estudiantil Julio Antonio Mella (1903-1929) es reconocido como uno de los primeros exponentes del ideario marxista en América Latina.
Hombre de acción y de pensamiento, insistió siempre en la necesidad de la alianza de los obreros con los campesinos, estudiantes e intelectuales populares frente a la impotencia histórica de la burguesía nacional de su país casi siempre enfeudada a los intereses imperialistas.
Ha sido silenciado y calumniado por el aparato difusor de ideas al servicio de la clase dominante. Trataremos de hacer un rescate crítico de su vida en tanto lo consideramos un precursor en el intento de conjugar los afluentes de la revolución latinoamericana: rebelión y racionalidad, impulso práctico de lucha e intento por dotar a esa lucha de un marco cultural y teórico que la legitime y la promueva hacia nuevos niveles.
Por otra parte, en tanto intelectual crítico y revolucionario, su pensamiento y su praxis nos son útiles para superar la dependencia teórica de los “clásicos europeos” y demostrar así la originalidad de muchos de los marxistas latinoamericanos.
Nutrido en su juventud por las lecturas de Lenin y Trotsky no dejó de poner el acento en el problema de la universidad y la lucha estudiantil. Según Néstor Kohan “durante esta etapa temprana de su formación teórica (1923), las funciones de la universidad giran según su punto de vista alrededor de cuatro núcleos: a) no ser una fábrica de títulos. b) no ser una escuela de comercio adonde una va solo a “buscarse tan solo el medio de ganarse la vida”. c) influir de manera directa en la vida social. d) socializar el conocimiento”.
Dueño de un estilo punzante e incisivo, su retórica política estaba teñida de un fuerte juvenilismo heredado de la hermandad de Ariel. Era un admirador de José Ingenieros, al que conoce en Cuba en 1925. En varios de sus textos hay también claras reivindicaciones de José Martí y Manuel Ugarte.
Estaba convencido de la importancia de la universidad como ariete anticapitalista. Desde esta percepción crea la Universidad Popular José Martí, en la que se intenta impartir una educación popular que contribuyera a la lucha por la justicia social.
A pesar de que muchas veces critica la ideología liberal de los estudiantes que lo acompañan con duras palabras como estas “Hay mucha palabrería liberal y vacía sobre la reforma universitaria, debido a que los elementos que en muchas partes tomaron parte de este movimiento eran de la burguesía liberal. Pero si la reforma va a acometerse con seriedad y con espíritu revolucionario no puede ser realizada más que con un espíritu socialista, el único espíritu revolucionario del momento”, defiende la reforma universitaria desde la óptica marxista en su trabajo Los estudiantes y la lucha social (1927).
Fue nombrado rector de la Universidad Libre el 13 de Marzo de 1923. Esta acción le valió el exilio al que lo condenó el gobierno de Machado. En “El grito de los mártires” (México, Agosto de 1926), brillante proclama contra la dictadura cuyo lenguaje estremece, el revolucionario cubano llama al dictador “renacuajo incompleto de una clase nacional que no ha logrado nacer”. Esta clase “que no ha logrado nacer” es la burguesía nacional cubana. En este escrito Mella se pronuncia al mismo tiempo “contra el imperialismo y contra el capitalismo criollo”.
A diferencia de la mayoría de los marxistas anteriores a él -que estaban imbuidos de dosis importantes de evolucionismo, determinismo y darwinismo- con Mella el marxismo adquiere cualidad de herramienta creadora.
Otra de sus más significativas batallas la llevó a cabo contra el aprismo del peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, quien subestimaba el papel de la clase obrera en Latinoamérica y, sin embargo, se presentaba como genuino continuador del marxismo y de lo que llamaba socialismo indo americano.
Mella, en cambio, estaba convencido de que la solución definitiva para los problemas de América Latina “sólo podrá venir de los trabajadores” caracterizando como “impotente” la burguesía nacional para dirigir y llevar adelante cualquier lucha emancipadora social o nacional.
Estas críticas ácidas a las burguesías nacionales como “clase” se extienden también al nacionalismo reduccionista, al pacifismo burgués socialdemócrata y al parlamentarismo. Afirma que no hay tránsito pacífico al socialismo.
En cambio, la trayectoria ideológica de Haya de la Torre se dirigió finalmente hacia posiciones cada vez más contrarias al socialismo siendo fustigado por Julio Antonio en durísimas conferencias, artículos y folletos en su contra. La pieza clave en la cual él opone su marxismo latinoamericano antiimperialista al aprismo es, sin duda, su folleto ¿Qué es el Arpa? (dedicado a la ampulosidad retórica de Haya) publicado en Abril de 1928 y contestado por Haya en “El Antiimperialismo y el APRA” redactado en 1928 y publicado en 1936.
El marxismo de Mella, no obstante su juventud, era mucho más elaborado que el de su compatriota Carlos Baliño -con el que compartieron, pese a la diferencia de edad, sueños y proyectos como la fundación del primer partido comunista cubano- pues no aflorarían en él elementos utopistas apreciándose su valoración de los aportes de Lenin.
Un rasgo característico de la personalidad de Mella, y que también estaría presente en otros marxistas latinoamericanos, fue mantener un criterio propio sobre las transformaciones que demandaba esta región y sus diferencias sustanciales con la realidad en la que se había producido la primera revolución socialista del mundo. Desgraciadamente, esta postura no se asumió siempre y en ocasiones la copia de esquemas afectó sensiblemente la visión de algunos marxistas en estas tierras.
Su marxismo antidogmático le permitió comprender que lo “nacional” no siempre es “burgués”, que no es posible menospreciar la lucha por la liberación nacional y que esta, a su vez, no se debe desvincular de las tareas socialistas. Por esto, apoya con firmeza a Sandino y forma el comité de ayuda “Manos fuera de Nicaragua”.
Mella fue un marxista de su tiempo, pero proyectado al futuro y sin ninguna soberbia, pues como marxista sabía que "reconocer un error y enmendarse es ser infalible" y esa debía ser una cualidad básica de un revolucionario, además de la "comprensión absoluta y su identificación total con la causa que defiende".
Pero sobre todo debía saber "aplicar el marxismo a todos los problemas” lo que no era igual a aplicar un esquema preconcebido, sino creadoramente como él mismo fue capaz de hacerlo.
Miembro activo de la III Internacional mantuvo a lo largo de su corta pero aquilatada trayectoria un núcleo indisoluble de pensamiento: la importancia de vincular reforma, antiimperialismo y socialismo y el señalamiento de la juventud -clase de vanguardia- junto al proletariado como sujeto histórico de la revolución.
Quedan aún muchas incógnitas a develar sobre su temprana muerte aunque sabemos que fue advertido sobre el peligro que corría su vida. Su amigo Leonardo Fernández Sánchez había llegado a Nueva York el 27 de Noviembre y le escribió una carta desde allí (diciembre de 1928), donde lo instaba a cuidarse, puesto que tenía información de que desde Cuba se habían enviado unos matones a México para asesinarlo. Mella le responde, optimista, sobre las posibilidades de la lucha en Cuba.
También se han tejido numerosas versiones sobre la participación de la compañera de Mella, la bella fotógrafa socialista Tina Modotti, en el asesinato.
Acudimos, por su seriedad, a la investigaciones realizadas por Michael Lowy y Gálvez Cancino -reproducidas por Néstor Kohan- sobre este controvertido tema “El responsable de la muerte de Mella no habría sido el dictador Machado sino que Tina habría ayudado al supuesto responsable intelectual del asesinato, el stalinista Vittorio Vidali (también llamado Carlos Contreras, Comandante Carlos), presumiblemente implicado en otras muertes, como las de Carlo Tresca en Nueva York en 1943, Sandalio Junco en Sancti Spiritu en Cuba en 1942 y León Trotsky en México en 1940. Luego de analizar pormenorizada y detalladamente todos los vericuetos y testimonios del caso y la trayectoria política de Vidali, el investigador mexicano Alejandro Gálvez Cancino (“Julio Antonio Mella: un marxista revolucionario. Debate en torno a su vida y a su muerte”, en Críticas de la Economía Política- edición latinoamericana-, 30, México, Pág. 101-152) termina su larga investigación diciendo: “Concluimos que no existen pruebas que permitan afirmar que esté involucrado en el asesinato de Mella y menos aún que sea responsable del mismo”. Más terminante aún es Michael Lowy quién en “El Marxismo en América Latina” (Pág. 18) sostiene: “La tesis desarrollada por Julián Gorkin, Víctor Alba y otros según la cual Mella habría sido ejecutado por un agente de la GPU (Vittorio Vidali), nos parece ser muestra de la mitología anticomunista”
Luchador consecuente, jamás lograron ni cooptarlo ni neutralizarlo y, debido a sus atributos éticos, se convirtió en un insoportable enemigo del gobierno cubano. Pese a que aún persisten muchas dudas sobre su asesinato, lo cierto es que lo masacraron en México en Enero de 1929. La burguesía y el imperio no perdonan nunca a sus enemigos de clase.

Fuentes
Mella, Julio Antonio: Documentos y artículos. Ediciones DOR. La Habana. 1975.
Kohan, Néstor: De Ingenieros al Che: Ensayos sobre el Marxismo argentino y Latinoamericano, Bs.As, Biblos, 2000.
García Salvatecci, H: Haya de la Torre o el marxismo indo americano. María Ramírez Editora. Lima. 1980.
Fernando Martínez Heredia, Una voz de la Revolución: Sobre Leonardo Fernández Sánchez en: la Gaceta de Cuba, XXXVI, 1, Enero-Febrero de 1998

San Martín y los ideales emancipatorios de Mayo por Maximiliano A Molocznik


San Martín y los ideales emancipatorios de Mayo

Por Maximiliano A Molocznik

Hoy, como hace doscientos años, vuelven a soplar en nuestra América vientos de liberación. No hace falta más que ver los rostros desencajados de periodistas e intelectuales del coloniaje frente a la irreversible derrota que el paradigma neoliberal está sufriendo en casi todos los países para acompañar esta afirmación.
Por algo el odio que sienten frente a la emergencia de movimientos nacional-populares -“populismos estatistas” como los llaman con gran desprecio- que, con diversas características según el país y en grados y matices distintos, han provocado este fin de época al que el cipayismo no se resigna.
Lejos han quedado, por suerte, los grandilocuentes discursos de posmodernos, privatizadores y tecnócratas del pensamiento único sobre el fin de la historia y el fin de las ideologías. Estamos superando, también, aquél oscuro tiempo noventista, tiempo crepuscular para la política que hoy parece reverdecer frente al espanto que sienten los comunicadores sociales de las derechas latinoamericanas. Estos cancerberos del imperio se habían acostumbrado a reducir su dimensión al mero ejercicio electoral formal, a la farandulización para el set televisivo o al debate sobre la corrupción en sede tribunalicia.
Fue en ese tiempo, glacial para todos aquellos que nos sentimos portadores de ideales igualitaristas y retóricas emancipatorias, que debimos sufrir la hegemonía de los “barones” de la historiografía liberal. Estos especialistas en monsergas vacuas se pasearon descaradamente impunes en los ámbitos académicos desideologizando la historia, desmintiendo o criticando -por falaz- la relación entre historia y política y, sobre todo, deformando, ocultando o escamoteando todos los hechos que de nuestros grandes próceres constituyeran en opciones igualitaristas y revolucionarias contundentes.
Claro, para ellos la revolución pertenecía a un museo de antigüedades. A ese mismo museo al que habían enviado -vía consenso de Washington- el resto de los conceptos más caros a la modernidad: el sujeto, la voluntad, la razón, la crítica, la totalidad, etc. Esa tarea de horadación y esmerilamiento de sus perfiles más revolucionarios fue la que realizaron con el Gral. San Martín.
El motivo de este artículo será, entonces, en el contexto de este presente angustioso pero auspicioso para nuestra América recuperar esa voz clara del gran capitán, ese legado revolucionario que nos viene del pasado para aplicarlo a la lucha política del presente. Para ello, examinaremos un tema que ha sido tabú para el mitrismo y sus modernos remozadores: la relación directa y de continuidad que hay entre la lucha de San Martín y los ideales emancipatorios de Mayo.
Los amanuenses de la historia oficial han caracterizado -desde Mitre en adelante- la Revolución de Mayo como un proceso separatista, independentista y antiespañol vinculado a la lucha por el comercio libre -con los ingleses- y cuyos actores principales fueron los cabildos y las elites que “arrastraron” como subalternas a las clases populares que, desde luego, tuvieron muy poca participación. Esta explicación tenía, sin embargo, una debilidad estructural que no se podía superar: ¿Para que había retornado San Martín? Es decir, ¿que hacía un oficial español de alta graduación luchando en una revolución antiespañola?
Tanto el liberalismo en sus distintas variantes (Mitre, Salas, Ricardo Rojas, José Cosmeli Ibáñez) como el nacionalismo reduccionista (Pepe Rosa) explican su retorno, en 1812, por el “llamado de las fuerzas telúricas”. Es decir que San Martín habría sido presa de un ataque de nostalgia en Cádiz que lo habría hecho desear el retorno al terruño abandonado cuando niño. Ridículo.
Otros investigadores como Ricardo Piccirili y Enrique de Gandía abonan las teorías conspirativas presentando el retorno como parte de su labor como agente inglés y napoleónico respectivamente. Terragno, mejor rumbeado a la hora de entender el retorno de San Martín en el marco de su lucha antiabsolutista, termina deudor del mitrismo abonando también la tesis del agente inglés. Patricia Pascuali, es decir el mitrismo más sofisticado y evolucionado, ha propuesto una explicación más elaborada: San Martín vuelve porque sabe que en España no llegará a general -por indiano e innoble-. Es decir, el padre de la patria sería, bajo esta óptica, un ambicioso individualista.
Frente a este conjunto de opiniones tan sesgadas e inverosímiles nosotros creemos –junto al viejo Alberdi, Manuel Ugarte, José León Suárez, Enrique del Valle Iberlucea, Enrique Rivera y Norberto Galasso- que San Martín retorna porque es un liberal revolucionario hispanoamericano que viene a continuar en América la lucha antiabsolutista que ya no puede dar en la España derrotada por Napoleón.
Por eso creemos que es lógico y medular presentar a San Martín en una línea de continuidad con los ideales emancipatorios de Mayo que también se proyectan continentalmente. Argumentos no faltan, a saber:
a. San Martín, vía Monteagudo y los hombres de la Sociedad Patriótica, incorpora a los morenistas a la logia Lautaro.
b. Participa activamente, con el Regimiento de Granaderos a Caballo, en el golpe de de estado del 8 de Octubre de 1812 contra el Primer Triunvirato pero no quiere tomar el poder, quiere que se exprese la voluntad popular.
c. No apoya la constitución de 1812 por la baja representación otorgada a los diputados americanos.
d. Al igual que Moreno ve en Artigas un aliado para profundizar la revolución. Critica a Alvear por rechazar a los diputados artiguistas.
e. Pese a ser un militar de carrera apoya -por su contenido popular- la guerra de guerrillas en Salta con Guemes y Pedro José Saravia y a Álvarez de Arenales en el Alto Perú.
f. Como gobernador de Cuyo realiza una gestión progresista que, en su aspecto económico, parece seguir punto por punto el Plan de Operaciones de Mariano Moreno.
g. En su gestión como protector del Perú elimina la servidumbre de los indios, declara la abolición de la esclavitud y de la Inquisición, pone fin a los castigos corporales, decreta la libertad de expresión y la instrucción pública, todo esto frente al odio de la oligarquía limeña y de la Iglesia Católica que lo acusan de déspota y expropiador.
En síntesis, a la luz de la presente celebración del Bicentenario debemos asumir la necesidad de relanzar la polémica historiográfica, debemos contar la historia de San Martín de otra manera. Puesta a la luz de los argumentos que hemos presentado creemos que todavía tiene mucho para decirnos sobre aquellas gestas de liberación continental de principios del siglo XIX cuyas metas hoy vuelven a ser las mismas: liberación continental, emancipación social y económica y justicia social.
Pero cuidado, estemos atentos. Las clases dominantes tratarán de impedir la concreción de este proyecto y para eso darán batalla en todos los frentes. Uno de esos frentes es el relato histórico. Ellas necesitan un relato legitimado del pasado para fundamentar la opresión del presente. Todo el discurso oficial sobre San Martín es el discurso del poder. Y ese discurso hegemónico es el que debemos desarticular. Haciéndolo recuperaremos -no como mero ejercicio académico o como esmerado trabajo arqueológico- la certeza de que el cambio es posible en pos de una América Latina políticamente unida y libre, económicamente emancipada y con justicia social.

San Martín sigue cabalgando por la unidad latinoamericana por Maximiliano Molocznik


San Martín sigue cabalgando por la unidad latinoamericana

Por: Maximiliano Molocznik


El calendario nos brinda todos los 17 de Agosto la posibilidad de recordar la figura señera del General San Martín.
Una multiplicidad de actos oficiales parecen cumplir, año tras año, con el ritual de la efeméride. En las escuelas primarias, atildadas y comprometidas maestras -formadas en el magisterio liberal sarmientino- leen a los niños alguna máxima del General a su hija, a modo de síntesis -rapidita- de su vida y de su obra.
No muy distinto es el panorama en las escuelas secundarias. Profesores escépticos mediatizados por el discurso derrotista de la posmodernidad, leen anodinos discursos en los que se narra –metódica y aburridamente- la biografía del “gran hombre”.
Frente a ellos escuchan grupos de adolescentes abúlicos que, pese a todo lo que se dice de ellos, están esperando otro mensaje y a los que les encantaría conocer más de la historia del hombre José de San Martín, no del bronce; de las vicisitudes de su época, no del mito sagrado, de los avatares de su lucha democrática por los derechos del hombre, de sus amores, de sus sueños de liberación continental, etc.
Sólo de tanto en tanto se escucha que algún osado profesor rompe con las canonjías y la solemnidad que impone la marmolización y el discurso mitrista -adherido como una estalactita en las escuelas- y dice que Bolívar no le robó la gloria en Guayaquil o que la burguesía comercial del puerto de Bs. As. -con Rivadavia a la cabeza- ninguneó y retaceó el apoyo para la campaña a Chile y directamente boicoteó la expedición libertadora al Perú.
Si a esto le sumamos los discursos con olor a naftalina de los figurones de la Academia y las monsergas de los periodistas del coloniaje, el panorama no parece ser muy alentador. Pese a todo, la figura revolucionaria de San Martín se yergue, enhiesta, enfrentando la tarea realizada por el aparato difusor de ideas al servicio de la clase dominante. La labor de estos cipayos del pensamiento ha estado destinada a escamotear su compromiso con la liberación continental, su postura ideológica de liberal revolucionario y profundamente antiabsolutista, su planteos económicos proteccionistas desarrollados en Cuyo bajo la impronta del Plan de Operaciones de Mariano Moreno, su relación amistosa con los caudillos federales, su desprecio por el lujo aristocrático, los blasones y el comportamiento avaro de los comerciantes porteños.
Todo esto ha sido ocultado deliberadamente. Claro, es más fácil crear un mito. Se lo puede admirar pero no seguir ese camino. Porque para el hombre de a pie, para el joven estudiante el mito no dice nada, es una estatua, está allá, lejos, es inalcanzable. Ahora, si es un hombre con sus virtudes y sus defectos, su legado se humaniza y sus banderas y sus ejemplos sirven como emblemas para la lucha política del presente.
Ese el miedo de los poseedores. Las clases dominantes, de ayer y de hoy, necesitan un relato legitimado del pasado para fundamentar la opresión del presente. Todo el discurso oficial sobre San Martín es el discurso del poder.
Hoy, que nos vamos acercando a celebrar los doscientos años de aquellas gestas de liberación, debemos volver sobre el legado sanmartiniano. Polemizar con aquellos chovinistas de derecha que han sacado chapa de “nacionalistas” con discursos antichilenos y recordarles que San Martín cruzó la cordillera con la Bandera del Ejército de los Andes. Que sus principales oficiales (O’ Higgins, Freire, etc.) eran chilenos, que el heroico guerrillero Manuel Rodríguez fue una figura clave para San Martín en la guerra de guerrillas. Esos mismos sectores son los que hoy siguen alentando las disputas con el país hermano y por ende, favoreciendo la balcanización de nuestra América, tan necesaria a los intereses imperiales.
O aquellos otros que desprecian a los hermanos peruanos que llegan a trabajar a estas tierras desde un discurso reaccionario en el que, a veces, campea la vieja tesis mitrista de que San Martín “les ha regalado la independencia”. Como si no hubiera habido combatientes peruanos en el Ejército Libertador, como si Arenales, “el apóstol de los indios” hubiera insurreccionado sólo con argentinos la sierra peruana contra el absolutismo.
En síntesis, tenemos que contar la historia de San Martín de otra manera. Todavía tiene mucho para decirnos sobre este angustioso pero promisorio presente que se abre con los distintos procesos de liberación nacional que se están dando en toda Latinoamérica.
Recuperar el legado del gran capitán, recuperar esa voz que nos viene del pasado para la lucha política del presente es mucho más que mero ejercicio académico o un esmerado trabajo arqueológico, es la certeza de que el cambio es posible, es ver -con gran satisfacción- el miedo que les da a los plutócratas que San Martín, otra vez, esté cabalgando por la unidad latinoamericana.

La Piedra de Sísifo: Milcíades Peña y el drama histórico del trotskismo sin nación por Maximiliano Molocznik


La Piedra de Sísifo: Milcíades Peña y el drama histórico del trotskismo sin nación

Por: Maximiliano Molocznik

¿Por qué hoy, a pesar de que la explotación del capital es más salvaje que nunca, la izquierda no representa una opción de poder en la Argentina? ¿Es la izquierda hoy, en nuestro país, sólo un fenómeno cultural sin incidencia en el campo político? ¿Qué razones han llevado al desencuentro histórico, a partir de 1945, entre la izquierda y las luchas concretas de los trabajadores argentinos?
No creemos en las explicaciones genéricas, no en todos los casos la izquierda se ha mostrado dogmática e incapaz de comprender la cuestión nacional en un país semicolonial. Pero, a fuerza de ser sinceros, creemos que en el caso del trotskismo -objeto de análisis de este artículo- ha primado casi siempre una posición claramente antinacional. Analizaremos, entonces, para fundamentar esta afirmación, el periplo intelectual del que ha sido, tal vez, el exponente más brillante de esa corriente de pensamiento: Milcíades Peña.
Peña fue historiador y periodista. Su obra, aunque trunca por su extraño suicidio a los 32 años, nos deja una enorme riqueza para establecer las bases de una teoría marxista de la historia argentina. Comenzó su militancia en 1947 en el GOM (Grupo Obrero Marxista) junto a Nahuel Moreno y, aunque se desvinculó orgánicamente del grupo en 1957, se mantuvo políticamente solidario con esa corriente.
Siendo un adolescente de apenas 15 años se transformó, en 1948 -al producirse la mutación del GOM en POR (Partido Obrero Revolucionario)- en miembro del Comité Central.
Colaboró también, en 1954, con el periódico La Verdad cuando el morenismo aún formaba parte del PSRN (Partido Socialista de la Revolución Nacional). Moreno, con su habitual grandilocuencia vacua, lo definía, al parecer, como “el primer filósofo marxista de Ibero América”. Peña sólo criticaría públicamente al morenismo en un artículo póstumo, publicado cuando ya se había suicidado. Poco se sabe sobre el suicidio de Milcíades: algunos testimonios indican su desilusión política, otros insinúan un chantaje psíquico de su maestro. J.E. Spilimbergo llega a citar “el ala protectora -pero letal- de su increíble maestro”.
Su vigor y vitalidad le permitió ganar un espacio propio, contraponiéndose con su vivaz estilo a la aridez de la historiografía stalinista. A pesar de estos aspectos encomiables, no podemos dejar de destacar que toda su producción teórica estuvo signada por la idea de mostrar una continuidad permanente entre los gobiernos oligárquicos y los movimientos nacionales que los enfrentaron a lo largo de la Historia Argentina.
Al igual que otros trotskistas no pudo comprender que los movimientos populares argentinos (radicalismo y peronismo), a pesar de no ser completamente antiimperialistas o habiendo terminado postrados ante la oligarquía, expresaron en algún momento la movilización de las clases explotadas.
Estas debilidades en sus análisis lo llevaron a no poder articular teóricamente la lucha de clases y las convulsiones políticas. De tal modo tanto Urquiza, Mitre, Castillo como Yrigoyen y Perón fueron para él “agentes del imperialismo inglés”. Esperando la aparición de una clase obrera “químicamente pura” terminó menospreciando sus luchas concretas.
Vale rescatar, sin embargo, la importancia de la polémica teórica que mantuvo en 1964 con Jorge Abelardo Ramos en torno a la importancia de la burguesía industrial argentina. Peña explica que a pesar de su carácter parasitario, la burguesía argentina -impotente políticamente para emancipar a la nación- se acerca a las masas sólo por una necesidad de coyuntura. En la Revista Estrategia, que sale a la luz entre 1957 y 1958, publicó por primera vez su trabajo Rasgos biográficos de la famosa burguesía industrial argentina.
Polemizando con los autores marxistas que militaban en el ancho campo del nacionalismo revolucionario (Ramos-Puiggrós-Astesano), Peña va mucho más allá. A través de una documentada investigación, demuestra que:
A. Hay una profunda integración económica y social entre la oligarquía terrateniente y la burguesía industrial, y entre éstas y el capital imperialista.
B. Es mezquino el carácter de los reclamos de la burguesía argentina al imperialismo dado su carácter de aliada de la penetración del capital extranjero.
Su conclusión es entonces la siguiente: desde el punto de vista de la misión histórica de la nación (expulsar al imperialismo y conquistar la independencia nacional, expropiar a la oligarquía, hacer la reforma agraria, etc.) la burguesía nacional es una clase contrarrevolucionaria y antinacional. Lo cual “no significa que no tenga roces ni encontronazos con el imperialismo, llegando incluso a buscar el apoyo de las masas trabajadoras. Pero en estos casos la burguesía no se propone liquidar el imperialismo, sino llegar a un acuerdo más provechoso con él”. Peña, sin embargo, no se explaya sobre qué significan esos “choques” en que se movilizan las masas trabajadoras bajo direcciones burguesas. Tampoco explica qué significan para el conjunto de las clases sociales, o sea, no comprende la naturaleza política de los movimientos de liberación nacional.
Vale aclarar que Ramos, pese a ser invitado a polemizar en la revista Fichas de Investigación Económica y Social, que sale entre 1964 y 1966, nunca aceptó el convite. Nuestro autor fue lapidario: “con el estilo superficial y fraseador que le es característico, se erigió en defensor de la burguesía argentina en una crítica a Fichas”.El resultado de la no-polémica fue la demolición definitiva de Ramos como “teórico marxista”, a través de una serie de artículos de Peña (Una crítica a Fichas y una respuesta con fines educativos) que marcaron el punto más alto de Fichas y de Milcíades como teórico revolucionario. Sobre el “teórico del disparate” (Ramos) Peña dio una definición contundente: “el singular talento de este escritor consiste en escribir con especial desembarazo sobre cosas de las que no sabe nada…es un impostor político, que obviamente no cree ni una palabra de lo que escribe”.
Más allá de la polémica con Ramos -cultor de un nacionalismo burgués que predicaba para el socialismo una actitud de seguidismo de la burguesía industrial- debemos preguntarnos: ¿Cómo interpreta, entonces, el fenómeno peronista?
Peña parte de un esquema teórico muy sencillo: la oposición entre “industrialización” y “seudo industrialización”.
La primera significa “desarrollo de la composición técnica del capital, incremento y preponderancia de la producción de medios de producción, pero implica y supone mucho más: implica modificaciones de la estructura de la sociedad, ante todo modificaciones en las relaciones de propiedad, vale decir, expropiación de las viejas clases propietarias y ascenso de las nuevas clases al poder”.
La segunda , en cambio, “parodia o caricatura de industrialización, es aquel proceso por el cual existe crecimiento industrial, pero no modifica las relaciones de clase y propiedad, con características distintas a las del proceso de industrialización y efectos que en nada se parecen a los efectos progresivos de aquella: no aumenta la composición técnica del capital social, no se desarrollan plenamente las industrias básicas, la productividad del trabajo no aumenta mayormente, los costos son elevados , baja la eficiencia y la agricultura permanece estancada y no se tecnifica”.
Por supuesto, el peronismo practicó, según este esquema, una seudo industrialización. ¡Brillante análisis teórico!. Ahora bien ¿en qué deriva este análisis llevado al plano político? En el más cerrado antiperonismo pues este movimiento no cumple los “requisitos teóricos” de una verdadera industrialización y, por ende, de una “verdadera revolución”. Si a este planteo le sumamos su visión del papel de la burguesía industrial, tenemos un cuadro completo de los motivos de su antiperonismo.
Allí donde él ve sólo “claudicación” y “entrega”, nosotros vemos el único intento -fallido sí, pero intento real- de consolidar una economía nacional con apoyo concreto de la clase obrera. Peña no puede comprender la importancia de la realización de tareas de Liberación Nacional -en los marcos burgueses, obviamente- en un país semicolonial como etapa previa a la revolución socialista. Esta posición, lejos de homologarse con el evolucionismo etapista y pro burgués del Partido Comunista y otros sectores de la izquierda tradicional, está fundamentada en la teoría de la revolución permanente de Trotsky. Esta teoría postula que el dinamismo de una revolución que comienza por las tareas de Liberación Nacional, se transforma en su propio devenir en socialista. El trotskismo argentino sin nación, nunca pudo comprender las lecciones de su maestro.
También ha sido un temible polemista al interior de la corriente. En 1959 mantiene un sonado enfrentamiento con una figura emblemática del trotskismo argentino: Liborio Justo, a propósito del libro de este último León Trotsky y Wall Street. En esa obra, Liborio, acusa al líder de la Cuarta Internacional de haberse puesto al servicio del imperialismo yanqui en México, en una muestra palpable del aislamiento y la soberbia en la que se encontraba quién había sido una brillante figura de la intelectualidad revolucionaria.
Peña le sale, entonces, al cruce, calificándolo como un “alma en pena” y mostrando con crudeza su decadencia. Dice de Justo: “Nosotros que, sin conocerlo personalmente, aprendimos en sus folletos de divulgación el ABC del programa trotskista, tuvimos en 1955, al enterarnos de su reaparición, la esperanza de verlo ocupar un puesto de intelectual revolucionario junto a la clase trabajadora. Pero al cabo de pocos días, el propio Liborio Justo-Quebracho-se encargó de anunciarnos y demostrarnos que prefería quedarse solo…solo con los centenares de despreciables pequeños-burgueses “marxistas revolucionarios” que para no ser confundidos con el peronismo, no hicieron, ni dijeron, ayer, absolutamente nada contra la “revolución libertadora”, ni hacen hoy nada para defender el derecho de la clase obrera a elegir los dirigentes que quiera. Quebracho, el autor de Qué es y que quiere la IV Internacional ha muerto y bien sepultado está. Respetemos su memoria porque en aquellos años anteriores a 1943, en medio del triunfante ascenso mundial de la reacción, él encarnó-dado aquello de que en el país de los ciegos el tuerto es rey -lo mejor que produjo la izquierda argentina en el terreno programático-. (…) El personaje que ahora grita, patalea e insulta y firma Liborio Justo -Quebracho- es un espectro, un errante alma en pena que ojalá encuentre pronto reposo y se llame a silencio, antes de que haya que tomarla en serio y aplastarla políticamente para que no introduzca un nuevo factor de confusión en el escenario ya sobrecargado de la izquierda argentina”. ¿Se habría dado cuenta Milcíades al ver el revanchismo gorila de la “Libertadora” la errónea posición antinacional de sus compañeros y la importancia y la progresividad histórica del peronismo?.
Pese a las críticas que le hemos formulado en este trabajo recomendamos leer toda su obra historiográfica. Sus trabajos más importantes son: Antes de Mayo. Formas sociales del trasplante español al nuevo mundo (1970), El Paraíso Terrateniente-Federales y Unitarios forjan la civilización del cuero (1969) y De Mitre a Roca: Consolidación de la oligarquía anglo criolla (1968), Industria, burguesía industrial y liberación nacional (1974).
Socialista convencido, brillante intelectual, honesto luchador pero aislado de las masas, Peña, al igual que otros hombres de su misma estatura moral, ha sido víctima de la sumisión ideológica con que la clase dominante controla a la pequeña burguesía alentando sus planteos de revoluciones “abstractas” mientras el curso real de la lucha de la clase obrera se mueve por otros cauces dejándolos solos, absolutamente solos.

Fuentes:
Coggiola, Osvaldo: El trotskismo en la Argentina, BsAs, CEAL, 1986.
Tarcus, Horacio: El marxismo olvidado en la Argentina. Silvio Frondizi y Milcíades Peña, BsAs, El Cielo por Asalto, 1996.
Galasso, Norberto: Aportes críticos a la historia de la izquierda argentina, BsAs, Nuevos Tiempos, 2007.

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