lunes, 30 de noviembre de 2020

LA ARGENTINA COLONIZADA: Sin pesca no habrá soberanía en el Atlántico Sur ni en Malvinas.

Dr. César Augusto Lerena


27 de noviembre de 2020


En el año 1820 se iza el pabellón nacional en Malvinas y, las Provincias Unidas en Sud América, todavía estaban en posesión de los archipiélagos. En el 1833 los británicos ocupan Malvinas, un territorio de 11.410 km2 y, las aguas circundantes, hasta una distancia de tiro de cañón. Desde 1982 y con el correr de los años, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (en adelante Reino Unido) tiene ocupado 1.639.900 km2 del mar argentino, es decir el 52% de la Zona Económica Exclusiva (en adelante ZEE) Argentina, a lo que hay que agregarle, la disputa que enfrentamos con el Reino Unido por 1.430.367 km2 de la Plataforma Continental, que la Comisión de Límites de la ONU no recomendó a favor de nuestro país sobre el total de 1.782.000 km2 que el gobierno argentino en 2009 solicitó se le reconozca por fuera de las 200 millas, de acuerdo a lo previsto en el art. 76º de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (en adelante CONVEMAR), sumándose finalmente a ello la pretensión del Reino Unido sobre la Antártida Argentina, un espacio del orden de las 965.597 km2, más las aguas correspondientes.

La ocupación del 52% del territorio marítimo en la ZEE Argentina equivale a la ocupación de la Patagonia, La Pampa, San Luis, Mendoza, Jujuy y Formosa. No parece que Brown, Güemes, Artigas, San Martín, Belgrano y otros tantos próceres hubiesen permanecido indiferentes ante la ocupación de tanto territorio.

A todo ello, hay que agregarle la licitación de 100.000 km2 en áreas petroleras de la Cuenca de Malvinas Oeste entre Malvinas y el territorio continental argentino, donde, en 2019 se adjudicaron espacios (sin evaluar el impacto ambiental ni los efectos sobre la pesca) para la explotación offshore a las empresas Shell, BP Exploration Operating Company Limited, Tullow Oil, Equinor y otras, que fueron concesionadas en abierta violación a la ley Solanas (Nº 26.659) que, junto a los archipiélagos ocupados se constituye en un block bajo control del Reino Unido en la parte meridional del Atlántico Sur. Una zona estratégica por su relación con el área en disputa y la Antártida, pero también, porque al haberse incrementado el tránsito de grandes buques portacontenedores y otros hacia el pacífico utilizan el Estrecho de Magallanes, ya que por su tamaño no pueden utilizar el Canal de Panamá.

Este escenario se agrava, porque se ha formado una sociedad británica-española en Malvinas con la constitución de compañías mixtas para explotar los recursos naturales renovables que, está produciendo un importante desarrollo en las Islas, que podrían, en un futuro, establecerse como un epicentro operativo y logístico de explotación pesquera en el área patagónica del mar argentino; teniendo en cuenta la alta concentración de recursos pesqueros en la zona. En una evidente estrategia de consolidación en la región, el gobierno ilegal británico ya ha construido un puerto en Georgias del Sur y, está iniciando la construcción de un Puerto en Malvinas destinado a operar buques pesqueros, turísticos, de investigación y defensa. Al margen de esto, está realizando obras destinadas a almacenamiento y de generación de energía, entre otras.

Deberíamos prestar mucha atención a estas sociedades, porque el 95% de las extracciones pesqueras de Malvinas del orden de las 250.000 toneladas/año, por un valor estimado en unos 600 millones de dólares/año, terminan en el Puerto de Vigo (España) y desde allí se distribuyen a toda Europa; es decir, que en el caso que el Brexit finalice sin acuerdo -Brexit duro- y se termine el libre comercio entre la Unión Europea y el Reino Unido, las materias primas de las Islas podrían seguir ingresando y comercializándose sin aranceles en Europa al utilizar la bandera española. Aparte de ello, hasta el momento, los británicos se han limitado a la entrega de licencias (el escalón más bajo de la actividad, como vender ganado en pie), porque a los españoles y también a los coreanos y a los taiwaneses, no les interesa industrializar y agregarle valor en las Islas, pero de hacerle, podrían avanzar en forma importante en su consolidación en las islas.

El perjuicio económico y social que le causan a la Argentina las extracciones de nuestros recursos vivos es gravísimo. Tomemos como ejemplo, el daño que le causa a la Provincia de Tierra del Fuego la captura en Malvinas de 68.072 toneladas/promedio/año del calamar loligo (Doryteuthis gahi) que desde el año 1982 al 2020 alcanzó un valor de 16.787,9 millones de dólares (441.788 millones de U$S por año); más los daños por pérdida de chance; y los valores relativos al otorgamiento de licencias ilegales por valor U$S 224.720.874 (7.022.527 U$S/año), con los cuales podemos imaginarnos el desarrollo que podría haber alcanzado Tierra del Fuego de disponer de esos fondos. Montos anuales que representan once veces el presupuesto de Río Grande. Además, habría que agregar las acciones negativas sobre la ecología de las especies depredadoras y presas que también son capturadas en Malvinas o fuera de ella.

Por supuesto que hay que evaluar también los daños derivados de la explotación de hidrocarburos y minerales.  

Por otra parte, debido al horrible pacto de Foradori-Duncan, la Argentina autorizó a la compañía aérea LATAM un vuelo semanal a San Pablo, una ciudad que, con el Gran San Pablo, representa la economía más importante de Suramérica después de Brasil. Con 46 millones de habitantes, 30 de los cuáles son ABC1, es un Estado que podría absorber toda la producción de Malvinas o bien constituirse en un distribuidor hacia y desde todos los países desarrollados del mundo.

A las capturas que se realizan en Malvinas debemos agregarle unas 750 mil toneladas anuales que se capturan en forma ilegal en el Atlántico Sur por parte de buques españoles, chinos, coreanos, taiwaneses y otros sin acuerdo con los Estados ribereños (Argentina y Uruguay), lo que junto a las extracciones de Malvinas totalizan el millón de toneladas anuales por un valor del orden de los 2.600 millones de dólares que se extraen ilegalmente del Atlántico Sur. Es decir, por encima de las exportaciones argentinas que alcanzan entre 1.800 y 2.000 millones de dólares por año.

Esta pérdida de recursos implica un daño económico, laboral y, alimenticio muy importante; pero si evaluamos solo los descartes de 300 mil toneladas por año en la ZEE con su aprovechamiento le permitiría a la Argentina alimentar con la mejor proteína a tres millones de niños y adolescentes por día durante todo el año. La pérdida de soberanía alimentaria adquiere una especial significación en una Argentina con 40,8% de pobres y 8,9% de indigentes.   

Por su parte, ayudando a las operaciones de los buques que realizan capturas ilegales en Malvinas y el Atlántico Sur, los puertos de Montevideo les prestan apoyo para el recambio de combustible; reemplazo de tripulaciones; transbordo de las capturas; armado y reposición de alimentos; incorporación de insumos y, reparación de los buques, etc. Las autoridades de Montevideo discuten si los buques que se atienden sus puertos son ilegales, pero a mí no cabe la menor duda de ello.

Tampoco las autoridades argentinas y uruguayas entienden la gravedad que de su ZEE y de las adyacentes -sobre sus recursos migratorios y asociados-, se extraigan un millón de toneladas por año, sino algo deberían haber hecho todos estos años.  

Son ilegales las extracciones en Malvinas y las que se realizan en la Alta Mar. En el caso de los buques que operan en el área de Malvinas, basta decir que el Reino Unido ha incumplido con las Resolución de la ONU 1514/60 («1. La sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una denegación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las N.U. y compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales (…) 6. Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las N.U.») y 31/49 («4. Insta a las dos partes a que se abstengan de adoptar decisiones que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación mientras las Islas están atravesando por el proceso recomendado en las resoluciones 2065 (XX) y 3160 (XXVIII)») y cuando operan dentro o fuera (en la Alta Mar) de la ZEE Argentina -aplica también a los que lo hacen en Malvinas- ya que son ilegales (INDNR) porque transgreden varias normas, entre otras la de no ajustarse a lo previsto en la CONVEMAR respecto a la pesca de especies migratorias desde la ZEE y las asociadas a éstas, respecto a su depredación y quiebre del equilibrio integral; pero, también, por no tener observadores ni inspectores a bordo; no realizar procesos garantizados de trazabilidad para conocer con certeza el origen de las capturas; desconocerse qué tipo de elementos se utilizan para la captura y, si las mallas de las redes, son adecuadas para el escape de juveniles o evitar la pesca incidental o que, en función del tipo de buque, maniobras de pesca o especie, no garanticen la pesca sostenible y causen depredación; se capturen ejemplares de especies de talla inferior que impida su desarrollo y reproducción o en volúmenes de captura que provoquen un desequilibrio de la biomasa; no esté garantizado que no se descartan en el mar peces capturados o desechos contaminantes o sin el tratamiento adecuado, en contra de las prácticas de pesca responsable y el mantenimiento saludable del medio marino; no se capturen especies migratorias originadas en la ZEE, pudiendo en consecuencia, interferir en su normal desarrollo y reproducción; no se asegure si se realiza pesca sin causar estragos, sobrepesca o depredación de los recursos vivos o se realicen prácticas sin control que puedan atentar contra la sostenibilidad del recurso pesquero y contra la pesca responsable.

Entre ellos, los españoles, que hay que imaginar un aumento creciente de sus buques congeladores arrastreros de larga distancia en el Atlántico Sur, ya que, a partir del Brexit, el Reino Unido, que tiene una balanza pesquera equilibrada con la Unión Europea y, quiere reservar sus aguas para sí y en especial para Escocia; vender las cuotas que puedan sobrarle y, no dar libre acceso a la pesca, va a provocar un éxodo de la flota española y otras; además, que la Unión Europea prevé reducir las cuotas de captura entre un 13% y un 15% en aguas comunitarias.    

A los buques españoles que desembarcan en Montevideo se le agregan los chinos, que, con una flota subsidiada en el mundo de 16.000 buques pesqueros, están realizando pesca ilegal (INDNR) y presagian una pesca depredatoria en el Atlántico Sur cuando pretenden construir un puerto franco en Uruguay, donde, además de atender la logística y reparación de un número impredecible de buques pesqueros de esa nacionalidad, podrían -de acuerdo a las conversaciones mantenidas con presidente uruguayo Luis Lacalle Pou- constituir una suerte de Centro Regional (HUB), cuyo alcance y efectos negativos sobre la industria nacional, es impredecible. La presencia de empresas portuarias y pesqueras chinas y un puerto franco en Uruguay podría producir efectos muy negativos en la Zona Común de Pesca y en la administración de la biomasa total del Atlántico Sur.      

La ocupación territorial del Reino Unido; la sociedad británica-española en Malvinas; la pesca ilegal de chinos, coreanos, taiwaneses y españoles; el apoyo de los puertos de Uruguay y una eventual construcción de un Puerto Chino en ese país coloca a la Argentina (y también a Uruguay), en una situación de gravísima pérdida de soberanía en el Atlántico Sur, pero, no es todo.

En los Acuerdos de Madrid se limitó el movimiento de la Armada y la Aviación Argentina y no impidió que el Reino Unido instalara en Malvinas una base misilística de la Real Fuerza Aérea, con dos pistas de aterrizaje en “Monte Agradable” a lo que se le agrega, una fuerza naval e instalaciones portuarias de aguas profundas en “Puerto Yegua"; un sistema de radares; misiles tierra-aire Rapier; un patrullero oceánico; un buque tanque logístico y un buque oceanográfico; cuadro aviones caza Eurofighters Typhoon, dos helicópteros de carga pesada, una unidad de reabastecimiento de combustible en vuelo, un avión de transporte aéreo táctico y 1.200 militares para operar todo el sistema defensivo y una potencial invasión al continente argentino. Todo ello, contrasta totalmente, con el estado de nuestras fuerzas navales, aéreas y de seguridad en el país, las que se encuentran incapacitadas para controlar los 3.146.345 Km2 de ZEE; las aguas de la Antártida; los pasos al Pacífico y, en especial, el Estrecho de Magallanes.

Hasta principios de este año el Reino Unido utilizó el conocimiento y los recursos humanos y técnicos del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero para hacerse de información biológica y sensible de los recursos pesqueros de la región y poder seguir sosteniendo el otorgamiento de licencias que le permitir sustentar la economía de las Islas.    

Una obra central para la pesca y para el comercio de otras actividades productivas fue el inicio, a fines del siglo XIX, del Puerto de Mar del Plata inaugurado en 1924, que, consolidó la actividad extractiva e industrial en la ciudad y dio inicio al posterior desarrollo en todo el litoral patagónico. Hoy a la Argentina le faltan puertos de aguas profundas; muchos están saturados y no tienen capacidad suficiente; varios, no tienen una adecuada profundidad y requieren un dragado permanente o tienen una tecnología obsoleta; la mayoría están carecen de servicios para realizar las operaciones en forma eficiente.  

En 1799 se inauguró a instancias de Manuel Belgrano la Escuela Náutica. En 1953 se creó por Decreto 10.627 el Astillero y Fábricas Navales del Estado (AFNE) al cual se le transfirió el Astillero Río Santiago. Ese mismo año, se iniciaron las obras del buque Escuela de la Armada Argentina. Las fragatas Piedrabuena y Azopardo se botaron en 1953 y 1954 y, en 1962, se construyó la Fragata Libertad. Entre 1970 y 1975 se construyeron casi tres buques por año, hasta que llega la década del 90, pese a algunas construcciones, los distintos gobiernos desfinanciaron la actividad.

El transporte marítimo nacional se fortaleció con la creación de la Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA), como producto de la fusión en 1960 de la Flota Mercante del Estado (1941) y la Flota Argentina de Navegación de Ultramar (1909) adquirida por el Estado Nacional en 1949, que dispuso de una flota de 60 barcos (unas 700.000 toneladas DWT), siendo disuelta en 1990. Hoy la Argentina no tiene compañías navieras, flota mercante ni fluvial y, consecuentemente, todo el Comercio internacional de mercaderías del país está en manos de empresas extranjeras, transfiriendo los fletes a terceros países. La dependencia en esta materia es de una debilidad importante, fundada en la falta de voluntad política de mantener los Astilleros y la flota nacional.

Además de ello, la situación económica, financiera, crediticia e impositiva de la Argentina llevó a construir en los últimos años buques de España, Francia e Israel destinados a la pesca, a las fuerzas armadas y de seguridad, pese a la existencia en la Argentina de astilleros privados y públicos. Mientras, en un verdadero contrasentido, exporta el 65% de los productos pesqueros con bajo valor agregado y, transfiere la mano de obra a países de Suramérica que reprocesan las materias primas o, a países desarrollados, como en la época de la colonia, donde España canjeaba bebidas, armas y otros elementos a los países africanos; estos le entregaban esclavos que se trasladaban en forma infrahumana al Virreinato y, desde Montevideo y Buenos Aires le enviaban cueros, tasajos, charque y otras materias primas baratas a España, producidas con la mano de obra esclava. Un círculo virtuoso para España que, la Argentina, sigue aplicando con España y otros países como si 200 años no hubieran pasado. La Argentina le regala la mano de obra a los mercados más exigentes del mundo a pesar de tener una desocupación del 9,1% y de tener en la Patagonia los más bajos índices de población (el 6%) y de densidad poblacional (3 hab/km2).

En 1970 el 100% de las empresas eran nacionales, fundadas por inmigrantes italianos, españoles o belgas, hoy siete de las diez primeras empresas exportadoras son extranjeras, españolas, chinas, noruegas, americanas. El problema, no es que sean capitales extranjeros radicados en la Argentina; el problema reside en que sigamos llevando adelante un modelo extractivo, con bajo valor agregado, regalando a terceros países la mano de obra argentina y comprando buques y otros insumos fabricados fuera del país.

Otro tanto pasa en la hidrovía Paraguay-Paraná, donde es de esperar que, a partir que la administración a cargo del gobierno nacional y de las provincias del litoral, se revierta la situación de extranjerización del transporte en río Paraná y el Río de la Plata, incluso del dragado y la falta de integración con el Atlántico Sur y sus puertos para la promoción y el abaratamiento de los fletes de las economías regionales del litoral fluvial y marítimo patagónico y, desde éstos, al mundo.

Por su parte, las Convenciones, Acuerdos, Convenios, Pactos y Hojas de Ruta que aprobó la Argentina o sus funcionarios, condicionaron y condicionan al país. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) era un ordenamiento necesario para la pesca, pero, la negociación entre los Estados no evitó que los buques de los Estados de Bandera se sigan haciendo de los recursos migratorios de los Estados ribereños en la Alta Mar y, que, consecuente, rompan el equilibrio del conjunto del ecosistema, que el propio preámbulo del CONVEMAR trata de preservar. También el Acuerdo de Nueva York que instala las Organizaciones Regionales de Ordenamiento Pesquero (OROP) y el Convenio de Puerto Rector que, por su organización, pretenden delegar en los Estados de Bandera la administración de los recursos de los Estados ribereños, incluso en la ZEE y, en el caso puntual del Atlántico Sudoccidental, le abre la puerta al Reino Unido a la administración de los recursos en el mar argentino, en total violación a lo prescripto en la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional.

Ya nos hemos referido al Pacto Foradori-Duncan que profundiza los Acuerdos de Madrid, donde se pretende que los argentinos contribuyan al desarrollo de Malvinas y eliminen todos los obstáculos y, deja de manifiesto qué tan presente está el «Tratado de Amistad, Comercio y Navegación» suscripto en 1825 por las Provincias Unidas del Río de la Plata y “su Majestad Británica” y el Convenio para la Promoción y la Protección de Inversiones” firmado por la Argentina y el Reino Unido en 1990 en el marco de los Acuerdos de Madrid y, aprobado por Ley 24.184 de 1992 marcando el quiebre de nuestra soberanía política y la ratificación de nuestra dependencia económica.

Todos estos Acuerdos, etc. están en total contradicción con la Res. 41/11 del 27 de octubre de 1986 de las Naciones Unidas donde se declaró al Océano Atlántico como «Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur» (ZPCAS), por el cual, todos los países de la costa occidental de África y los de la costa oriental de Suramérica establecieron la necesidad de cooperar sur-sur y -por unanimidad- la prohibición de militarizar y usar armas nucleares en el Atlántico Sur, cuestión que el Reino Unido se niega a respetar.                 

Se agrega una relación inestable de Argentina con los países del MERCOSUR y una política de integración inexistente con Chile, a pesar del Tratado de Paz y Amistad de 1984, situación que debería revertirse, con el objetivo de acordar políticas respecto al área Austral y la Antártida.

El bajo consumo de pescado (6 kg per cápita por año), muy por debajo del consumo promedio mundial (19 Kg per cápita por año), no puede ser tampoco obra de la casualidad y, es una política destinada a desinteresar a los argentinos de todas las cuestiones marítimas y desatender la dominación que, potencias extranjeras -entre ellas el Reino Unido- ejercen en el Atlántico Sur. La educación y la comunicación de los argentinos es deplorable y les han hecho creer que los británicos tienen ocupadas Malvinas (11.410 km2) y, nada o muy poco saben de las Georgias del Sur, Sándwich del Sur, la Plataforma Continental, la Antártida y de los 1.639.900 Km2 de la ZEE que tiene ocupados el Reino Unido.

En lo interno, nuestra situación económica, social y sanitaria no ayuda. Una deuda externa de 323 mil millones de dólares; una población del 7,4% al 19,4% con NBI; trabajan informalmente 5 millones de personas; el 36% de la población recibe atención pública; un 27,8% de la población no tiene vivienda propia; el 16,1% carece de agua potable de red y. hay una tasa de mortalidad del 7,5%o.                    

La baja jerarquía en la estructura orgánica del gobierno nacional (subsecretaria de pesca) para tratar las cuestiones pesqueras y la necesaria estrategia respecto a los terceros países que pescan en el Atlántico Sur y, la cuestión Malvinas con Cancillería, demuestra el poco valor que le dan a esta actividad los distintos gobiernos y el reiterado desconocimiento de éstos, del importantísimo rol de la pesca en la recuperación de la soberanía en Malvinas. El 16 y 17 de agosto de 1989, Lucio García de Solar, un acreditado embajador retirado, uno de los autores del dictado de la Resolución 2065/65 de las Naciones Unidas, acordó con el embajador británico Crispin Tickell quién le requirió: “no decir nada en público sobre la zona de protección de pesca (FICZ)”, a lo que García del Solar le respondió: “La Argentina no está pidiendo el levantamiento de la FICZ...”. Ello fue un craso error y, en 2012, el entonces director ilegal de pesca en Malvinas, John Barton declaró públicamente: “sin la pesca no hubiéramos sobrevivido”.

          Del mismo modo, entiendo que, sin pesca, no habrá soberanía en el Atlántico Sur ni en Malvinas.

 

Dr. César Augusto Lerena

Experto en Atlántico Sur y Pesca, ex Secretario de Estado, ex Secretario de Bienestar Social (Ctes) ex Profesor Universidad UNNE y FASTA, Ex Asesor en la H. Cámara de Diputados y en el Senado de la Nación, autor de 25 libros (entre ellos “Atlántico Sur, Malvinas y Reforma Federal Pesquera”, 2019).


jueves, 26 de noviembre de 2020

Maradona

 

Este pueblo la pasa mal,


muy mal, no es novedad.

La pasa mal hace mucho tiempo, sufre cotidianamente penurias indecibles, impensables.

De una urbe deforme de este país dependiente, siempre en jaque, siempre en crisis,

Entre las piezas oxidadas del esqueleto industrial,

Nació Diego, el místico, el divino,

Nació con el don de curar el dolor del hambre y las privaciones a fuerza de jugarse entero.

Diego, el pedagogo, nos enseñó a amar este trozo de tierra, lejano y hostil, de los confines del globo, y a ponerlo en el centro del mapa, patas para arriba, de abajo hacia arriba, de la periferia al centro.

Diego, el guerrero del territorio arrebatado, el pastor de almas dolientes, el maldecidor de usureros, el tipo excepcionalmente común, el de la dignidad acorazada, el líder tribal de una manada díscola.

Se va Diego y nos queda solo el barro de las urbes deformadas.

Quien fue capaz de acariciar para sanar la piel herida de tanta injusticia, de transformar lágrimas de angustia en felicidad, un ser angelado que se lleva la magia,

Y sin magia

queda la verdad desnuda, insípida,cruel, de la infancia en basurales, de casillas a la vera de aguas podridas, de vejez sin remedios y de lunes sin trabajo.

¿Quien velará por la alegría de los pobres? ¿Quién querrá cambiar el mundo sin magia?

Los burócratas de la razón pregonan un mundo sin dioses, sin ídolos, sin fe. Quieren que deambulen seres solos y vencidos, sin conexión con el adentro ni el afuera, para que el dinero se devore todo.

Esos dirán que Diego fue solo un deportista.

Nosotros, los privados de casi todo, elevaremos una plegaria al cielo, con voz de obrero, con ternura de madre, con sudor campesino e inocencia de niños y le pediremos que nos deje algo de magia para seguir soñando

Con imperios que se derrumban

Con cadenas que se rompen

Con redenciones que al fin llegan.

Que se quede, inmutable,

En las radios mal sintonizadas de los viejos en la vereda, en las teles con perilla, en las portadas de los diarios que reparten los canillitas, rompiendo con su silbido la escarcha de las mañanas invernales,

En los suspiros de las minas,

En el álbum de figuritas de tipos grandes que vuelven a ser pibes cuando lo ven.

Este potrero salvaje, en el que tantas veces nos toca perder, lleva atravesado su nombre, enredado, tejido, en la lengua indígena, en la palabra criolla, en la frente gaucha, en el abrazo perpetuo, en la ceremonia pagana de millones de invisibles que, una vez, lo coronó.

Infinitamente gracias Diego.

Dionela Guidi 29/11/20

 

jueves, 19 de noviembre de 2020

Pensamiento Nacional y Pospandemia


 📣Formarnos en tiempos de pandemia:

📌SEXTO ENCUENTRO: 

↪"PENSAMIENTO NACIONAL Y POSTPANDEMIA"

🗓Este jueves 19/11 🕕18 hs 💻▶️por el canal de YouTube de Formarnos UNLa 👉https://youtu.be/3ojlflatn4k 

🎙Disertantes:

✔ Jorge Rachid. Médico sanitarista y del trabajo. Profesor titular en ciencias sociales en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Presidente de IIDEART, institución Artiguista. 

✔ Francisco Pestanha. Director del Departamento de Planificación y Políticas Públicas de la UNLa. 

✔ Aritz Recalde. Secretario de Investigación y Posgrado de la UNLa. 

🎙Modera:

✔ Mara Espasande. Directora del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana "Manuel Ugarte" / Observatorio Malvinas de la UNLa. 


👉Participan: Instituto Superior Gral. José de San Martín de Mendoza, la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, el Municipio de Lomas de Zamora, el Municipio de Almirante Brown y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. 


Trump quiere pasar a la Historia como artífice de la paz

 Eduardo J. Vior para  InfoBaires 


16 de noviembre de 2020

Después de haber concedido este domingo por la mañana que Joe Biden ganó la elección del 3 de noviembre, en un segundo tuit el presidente Donald Trump aseguró que su rival demócrata «sólo ganó a los ojos de los medios falsos», reiterando que no va a darse por vencido en su impugnación de una elección que tachó de «amañada».

En Washington ningún interlocutor serio duda de que el 3 de noviembre se cometió fraude en distintos estados, aunque todos saben que es muy difícil probarlo y, si se pudiera, recién sucedería mucho tiempo después de la asunción de Joe Biden. Previendo que el 19 de enero deba abandonar la Casa Blanca, entonces, Donald Trump está dificultando al máximo el acceso del nuevo equipo y poniendo funcionarios leales en posiciones estratégicas, para dejar testimonio de las políticas que él habría ejecutado, si durante casi cuatro años no lo hubiera saboteado el “Estado profundo”. Entre tanto, libra batalla en cada una de las etapas de la transición.

El pasado lunes 9 el despido del secretario de Defensa, Mark Esper, puso sobre alerta a la plana mayor del Pentágono, que ahora teme que llegue la orden para abandonar inmediatamente Afganistán, Siria e Irak. Por su parte, el saliente enviado especial de EE.UU. para Siria, Jim Jeffrey, confesó el viernes 13 en una entrevista con Defense One que su equipo ocultó deliberadamente a sus superiores y al presidente Donald Trump el número de soldados estadounidenses estacionados en Siria, dando a entender que en ese país se encuentran muchos más de los 200 efectivos que Trump autorizó a dejar allí en 2019.

A confesión de parte, relevo de prueba: el reconocimiento del funcionario de que traicionó a sus jefes, incluido el presidente, confirma por un lado que Donald Trump efectivamente pretendía acabar con las continuas invasiones que Estados Unidos lleva desde 1945 y, por el otro, que los generales y almirantes no piensan abandonar el negocio de la guerra permanente.

No es casual, por lo tanto, que se hayan multiplicado los rumores sobre el remplazo de Gina Haspel al frente de la CIA, a quien los partidarios del presidente acusan de entorpecer la desclasificación de documentos secretos que probarían la obstrucción intencionada de la agencia a la investigación de 2017-18 que debía probar la inocencia del mandatario ante las acusaciones formuladas por los demócratas sobre su supuesta complicidad con agentes rusos para ganar la elección de 2016. Si cae Haspel, debería seguirla su antecesor en el cargo y jefe político, el secretario de Estado Mike Pompeo.

“Durante tres años y nueve meses Trump tuvo que responder a cada maniobra del Estado profundo,” declaró a The Hill Bryan Lanza, un asesor que participó en 2016-17 en el equipo de transición del presidente. “Ahora el mandatario está desatado y es el Estado profundo quien tiene que responder a su avance”, continuó.

“La prioridad de Trump es crear el caos”, evaluó por su parte Dov Zakheim, quien fuera subsecretario de Defensa en el gobierno de George W. Bush. “Cuando cambia el gobierno, se necesita gente del elenco saliente que entregue las oficinas a los entrantes, lo que él trata de impedir. Está causando una disrupción y haciendo muy difícil la transición,” agregó.

La purga en el Pentágono es la más relevante de todas las que el presidente está haciendo. “Si el presidente no consigue sacar ahora las tropas de Afganistán, los movimientos que está haciendo carecerán de sentido”, comentó un dirigente republicano cercano a la Casa Blanca. “Sus seguidores quieren que traiga a las tropas de vuelta a casa y el pueblo está deseoso de que las retire. Si logra sacarlas de ese pantano, pasará a la historia como el hombre que terminó la guerra más larga en la historia de EE.UU.”, completó.

Según Myron Ebell, quien dirigió en 2016-17 el equipo de transición en la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA, por su sigla en inglés), “gran parte de los errores cometidos por el gobierno de Trump se debió a que el jefe de Estado nunca pudo controlar los nombramientos de personal en la presidencia”. “Los funcionarios de carrera son reacios a la agenda conservadora. Como parte de la misma consistía en reducir la planta de personal y controlar la carrera funcionarial, obviamente la boicotearon”, adicionó.

Entre tanto, el presidente va a librar batalla en cada una de las instancias hasta el 20 de enero. Ordenó a sus abogados que presenten demandas por fraude en todos los estados donde la Justicia las admita. Al mismo tiempo va a intentar “doblar” a electores no militantes, para desmontar la mayoría de Biden en el Colegio Electoral. Todavía, el 14 de diciembre, cuando éste se reúna para elegir al presidente, buscará plantear cuestiones de procedimiento para entorpecer el proceso y retrasar la elección. Similares medidas dilatorias va a impulsar el 3 de enero, cuando sesione por primera vez el nuevo Congreso y el 5 de ese mes, cuando Georgia defina en una segunda vuelta los dos senadores que enviará a Washington. Según quien gane allí, los demócratas pueden alcanzar la paridad (49-49) y la vicepresidenta Harris tendrá la decisión o los republicanos cimentarán una mayoría de bloqueo de 50 a 48 escaños. Es también esperable que Donald Trump no acompañe la ceremonia inaugural de la nueva fórmula, para dedicarse desde el primer día de gestión de ésta a organizar la resistencia colorada (por el color identificatorio del Partido Republicano).

En la elección del 3 de noviembre el presidente obtuvo 71 millones de votos, más que ningún otro candidato republicano en la Historia, y esos sufragantes le son leales, aunque los aprovechó mucho su partido avanzando posiciones en la Cámara de Representantes y en numerosos estados, así como reduciendo sus pérdidas en el Senado. Seguramente, buena parte del liderazgo del GOP va a negociar con los demócratas, para poner un coto a la turba trumpista, pero, si marginan al magnate neoyorquino, perderán sus votos. Trump, en cambio, perdiendo ganó. O le conceden el control del Partido Republicano o funda una nueva formación y rompe el duopolio del poder. Es el único dirigente norteamericano que en cualquier momento puede movilizar masas, para forzar decisiones del establishment aun desde afuera del mismo. Es un factor desde hace tiempo ausente de la política norteamericana cuyos efectos todavía se desconocen.

Dos actores más han ganado en la elección, sin candidatearse: Wall Street y el “Estado profundo”. El primero (la banca, los fondos de inversión), porque apostó a ambos partidos y seguirá medrando a costa del trabajo y del capital productivo. El segundo, en tanto, porque aprovecha la polarización de la sociedad estadounidense y la incentiva, para seguir haciendo política, sin que nadie lo controle.

La brecha entre patriotas y globalistas está hoy más abierta que nunca. Joe Biden será el presidente-gerente del aparato militar-industrial-comunicacional y de espionaje. Enfrente se le planta la resistencia racista, xenófoba, homofóbica, chovinista, pero patriota del amplio interior norteamericano. El país está irremisiblemente dividido y el Estado profundo puede verse tentado a iniciar una nueva guerra para justificar una nueva vuelta del torniquete autoritario en lo interno.

Si, por el contrario, el presidente consigue imponer la retirada de las tropas hasta enero, habrá colocado el zócalo de su monumento. La política norteamericana tropezará a cada paso con esa herencia perdurable.

lunes, 9 de noviembre de 2020

CONVENIO DE PROMOCIÓN Y PROTECCIÓN DE LAS INVERSIONES DEL REINO UNIDO DE GRAN BRETAÑA EN ARGENTINA

 Cesar LERENA- 7 de octubre de 2020 ©

Artículo escrito en colaboración con Alejandro 

Olmos Gaona.

Junto la denuncia de los Acuerdos de Madrid I y II; el Acuerdo de Nueva York; el Acuerdo conocido como pacto Foradori-Duncan y el Convenio de Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT), el Estado Argentino debería -ya vencido- denunciar el Convenio suscripto en Londres el 11 de diciembre de 1990 con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, para “LA PROMOCIÓN Y LA PROTECCIÓN DE INVERSIONES EN LA ARGENTINA”, sancionado el 4 de noviembre de 1992 por Ley 24.184.                    

Sobre todas estas cuestiones de fondo y otras que tienen que ver con una estrategia respecto a cumplir con la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional deberá comenzar a trabajar en forma urgente y sostenida el Consejo Nacional de Asuntos relativos a Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y espacios marítimos correspondientes recientemente creado por Ley 27.558, donde, a poco de andar, podremos ver qué tan dispuestos y, qué alcance tienen sus integrantes: ser, un mero cuerpo asesor no vinculante (Art. 4º de la ley) o diseñar una Política de Estado para ejecutar «la recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía nacional» en los archipiélagos argentinos. El tiempo nos dirá, si como hasta ahora, la Argentina se limitará a solicitarle al Reino Unido que se siente a negociar soberanía. Pero sobre ello, nos referiremos en detalle en un próximo artículo.       
El 2 de febrero de 1825 las Provincias Unidas del Río de la Plata y “su Majestad Británica” firmaban el «Tratado de Amistad, Comercio y Navegación» y, un par de años después, en 1833, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (en adelante el Reino Unido) invadía las Malvinas.  El 4 de noviembre de 1992, en el marco de los Acuerdos de Madrid, se sancionaba la Ley 24.184 por la cual se aprobaba el Convenio suscripto en Londres el 11 de diciembre de 1990 con el Reino Unido, para “la Promoción y la Protección de Inversiones”, pese a lo cual, la invasión por parte del Reino Unido sobre los territorios marítimos avanzó de ocupar en 1982 unos 11.410 Km2 de territorio insular argentino a 1,6 millones de km2 en la actualidad; un 52% de la Zona Económica Exclusiva (en adelante ZEE) Argentina y, habiéndonos extraído -en estos años- unas 11 millones de toneladas de recursos pesqueros por un valor de 28 mil millones de dólares. ¿El precio de la rendición?

No pareciera que este socio británico con el que firmamos Tratados de Paz y Amistad a los que le promovemos y protegemos las inversiones, sea de confiar. Más bien todo lo contrario. Mientras en la década del 90 se desguazaba el Estado Nacional -también en algún gobierno posterior- a los británicos se les regalaban importantes recursos naturales para dar sustento a la ocupación de Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, cuestión que, en lugar de denunciar, se contribuía a su sostén y el de Malvinas con investigaciones conjuntas pesqueras, además de facilitarles la logística en Chile, Uruguay y Brasil.
Entre las partes salientes este Convenio con «el deseo de crear condiciones favorables para un aumento de las inversiones» se acordaba que no podrían modificarse las inversiones británicas realizadas antes o después del Convenio, entre otras, en materia de «concesiones comerciales otorgadas por ley o por contrato, incluidas las concesiones para la prospección, cultivo, extracción o explotación de recursos naturales»; las inversiones no recibirán un trato menos favorable que el otorgado a las inversiones y ganancias locales (…); deberán recibir  indemnizaciones en casos de (…) emergencia nacional  (…) y los pagos serán libremente transferibles; no se los podrá nacionalizar o expropiar, salvo utilidad pública (…); se garantizará la libre repatriación de las inversiones, ganancias y la transferencia sin restricción de los dividendos (…); las controversias relativas donde el tribunal supere el plazo de 18 meses sin emitir una decisión definitiva serán sometidas a arbitraje internacional (Art. 1º, 3º a 6º, 8º).
Según el Artículo 14º el presente Convenio tendría una vigencia de diez años y un período de doce meses posteriores a la denuncia, salvo aquellas inversiones anteriores al período de expiración que tendrán una vigencia de 15 años a la partir de la expiración del Convenio; de tal modo, que el Convenio en cuestión pudo denunciarse a partir del 11 de diciembre de 2000. Este Convenio, de dudosa constitucionalidad, pese a encontrarse vencido no se le quitó vigencia, ya que el mismo prevé su prórroga automática hasta que sea denunciado por alguna de las partes.
Por un lado, es llamativo que este Convenio no haya aplicado a Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, ya que es sabido que no son admitidas las inversiones argentinas en estos archipiélagos usurpados por el Reino Unido, en especial, porque en el artículo 1º del Convenio se especifica que «el término "territorio" significa el del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte o de la República Argentina así como también el mar territorial y cualquier área marítima situada más allá del mar territorial del Estado correspondiente que haya sido designada o puede ser designada en el futuro en virtud de la legislación nacional de ese Estado conforme al derecho internacional como un área dentro de la cual puede ejercer derechos con respecto al suelo y subsuelo marinos y a los recursos naturales…». Lo que indica taxativamente que el Reino Unido no tiene claro los títulos sobre las Islas.
Los discursos políticos posteriores al 2001, denostaron las políticas neoliberales, de las que solo tomaron una distancia verbal, ya que, pudiendo modificar alguna de las muchas tramas legales y urdimbres procesales que tejió una lamentable política de endeudamiento del país y de dependencia, se han abstenido de denunciar -a pesar de que el plazo de vigencia se ha cumplido en exceso- el Convenio para la Promoción y la Protección de Inversiones del Reino Unido.
En orden a lo expresado, es de recordar  que en la década de los años ’90, y como reflejo de las políticas inspiradas en el  llamado “Consenso de Washington”, la República suscribió decenas de Tratados de Protección como uno de los complementos necesarios del proceso privatizador de nuestra economía, que en poco menos de cuatro años, enajenó la casi totalidad de las empresas estatales, a las que previamente  les subvaluó fuertemente  sus activos, obligando al  sector público a asumir los pasivos de las mismas como condición de su venta. Los ingresos por las privatizaciones fueron de aproximadamente 19.500 millones de dólares; de los cuales 14.000 en efectivo y 5.500 en títulos de la deuda externa (aceptados por 14.000 millones a valor nominal). Los pasivos transferidos al Estado por parte de las empresas que fueron privatizadas alcanzaron aproximadamente 20.000 millones de dólares.
La denuncia del Convenio, por la inconveniencia al interés nacional de sus cláusulas, no solo porque afecta a nuestra soberanía, sino porque contradice la política activa que debiera encararse con relación a la invasión sostenida y creciente de nuestros territorios marítimos por parte del Reino Unido.

La   inversiones amparadas en el país por este Convenio tienen asegurada la libre e irrestricta repatriación de todos los pagos relativos a sus inversiones;  la ganancia relativa al capital invertido y los remanentes de la liquidación de dicho capital,  en divisas libremente convertibles; la posibilidad de emplear al personal superior que deseen, sea cual fuere su nacionalidad; la inmunidad frente a cualquier tipo de requisitos de desempeño que les puedan exigir compromisos de exportar mercancías o especifiquen mercaderías o servicios que puedan adquirir localmente, o recaudos similares en beneficio del país que los receptó; convenciones que les otorgan una protección más que ventajosa y un poder financiero que no guarda relación con el magro beneficio social y estructural que eventualmente, pueden llegar a proporcionar.
Como si fueran pocas tales concesiones a la obsesión desmesurada del lucro, también quedó congelada a su respecto cualquier legislación que en el país se dictara a partir de la vigencia del Convenio y de otros similares. (Conforme al artículo 75, inciso 22, primer párrafo, de la Constitución Nacional) Tales leyes y reglamentos, no pueden ni podrán afectar en modo alguno las especificaciones contenidas en el mismo. Esto, como puede advertirse, hace tabla rasa con la normativa del artículo 16 de nuestra Constitución, que establece que «la Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley (…) La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas».

Este Convenio, para un país receptor de capital como el nuestro, implica no sólo la violación de expresos derechos y garantías constitucionales sino, además, la aceptación mansa y callada de unos principios abstractos e inexistentes, que sólo disfrazan apresuradas declinaciones de nuestra soberanía y el abandono negligente del poder de policía y de la obligación estatal de dirigir la economía nacional y de velar por el bienestar común. Poderes, facultades y obligaciones estatales que, por efecto de este acuerdo quedan en manos de empresas extranjeras, cuyo principal objetivo es el maximizar sus ganancias y minimizar sus costos de cualquier índole y en el más breve lapso.

Como una manera nada ingenua de asegurar las facultades otorgadas al capital extranjero, este Convenio desplazó la competencia de los Tribunales locales en la resolución de las controversias que se pudieran plantear con los inversores británicos. Y esta declinación se hizo a favor de foros arbitrales, como el CIADI y la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (UNCITRAL, según sus siglas en inglés) que funcionan al margen del derecho internacional, constituyendo una suerte de Tribunal Especial para Mercaderes y Financistas, de dudosa imparcialidad.

No menos grave que la imposición del arbitraje por encima del ordenamiento jurídico nacional, es la doctrina con que el CIADI sustenta su competencia, a instancias del inversor, aún en aquellos casos en que los tribunales locales hubieren dictado sentencia en un diferendo (Emilio Agustín Maffezini c/Reino de España”, ARB/97/7).  La misma también ha sido receptada por algunos tratados celebrados por nuestra República, que, de manera incomprensible, aceptó que una controversia sea llevada a arbitraje aún cuando en la misma ya hubieren sentenciado los tribunales locales.

Así, en el Tratado Bilateral de Inversión (TBI) con Canadá, ratificado por Ley 24.125 de 1992, prevé que el inversor podrá someter una disputa protegida por el TBI ante el CIADI, aún después de una decisión del tribunal local, cuando «la decisión definitiva del tribunal mencionado haya sido emitida pero las partes continúen en disputa»; eufemismo que significa, que la sentencia local no favoreció al inversor. Esta curiosa convención está también recogida por el TBI suscripto con Austria, ratificado por Ley 24.328 de 1994, que establece que la controversia podrá ser sometida a arbitraje, después de una resolución local, cuando «tal decisión haya sido emitida pero la controversia subsista. En tal caso, el recurso al tribunal de arbitraje privará de efectos las decisiones correspondientes adoptadas con anterioridad en el ámbito nacional».

En ese desmantelamiento de la soberanía y de la autonomía nacional, y para mayor ludibrio de nuestro ordenamiento jurídico y de todo el derecho internacional vigente, el Tribunal del CIADI interpretó que al no aclararse qué debe entenderse por inversor,  debía considerarse como inversión amparada por este, incluso, la participación minoritaria en una sociedad argentina (International Legal Material, Volumen 40, Nº 2, Marzo 2001), lo que implica que cualquier accionista, con independencia de la actitud de la mayoría accionaria de la sociedad que integra, puede litigar contra la República ante los tribunales arbitrales; doctrina que se plasmó en los numerosos litigios que se abrieron contra la Nación a raíz de la salida de la convertibilidad y del canje de deuda.

No se pretende aislar al país del concierto de las naciones, por el contrario, se aspira con la denuncia del Convenio, a que sus relaciones internacionales transcurran en un  marco de igualdad y equidad, amparando el trabajo y el capital nacional, priorizando alianzas regionales y convenciones que permitan el intercambio de bienes y servicios con aportes tecnológicos y claras condiciones de desempeño para los inversores, aseguramiento de valor agregado argentino y respeto al derecho a un medio ambiente sano. No es el caso de las empresas británicas, que han contribuido a todos los procesos privatizadores, que se han dedicado a la explotación de los recursos pesqueros, mineros y petroleros, y que violan nuestra soberanía en nuestros mares y la plataforma continental, a los fines de explotar recursos naturales originarios de la República Argentina.

Es importante puntualizar que después de lo ocurrido con la nueva invasión de Malvinas en 1982, los gobiernos de la democracia acordaron con el Reino Unido un nuevo tipo de relación que, se plasmó en los Acuerdos de Madrid de 1989/90, y se complementó con convenios suscriptos como consecuencia de ellos, entre ellos el Acuerdo conocido como pacto de Foradori-Duncan. No importó a las autoridades de aquel entonces, que la política colonialista del Reino Unido se mantuviera incólume desde la primera invasión a Malvinas en 1833 y fuera sostenida y creciente desde 1982, a punto de tener ocupados en forma prepotente un 52% de los espacios marítimos argentinos.

Aunque transcurrieron muchas décadas desde la primera mitad del siglo XX, los Acuerdos celebrados con el Reino Unido, significaron una tácita ratificación del llamado “Pacto Roca-Runcinman”, celebrado en 1933, que Arturo Jauretche denominara “el estatuto legal del coloniaje”.
 Por el Convenio de “Protección y Promoción de Inversiones”, que promovemos denunciar, se favoreció notablemente las inversiones británicas que encontraron, campo propicio, no solo para avanzar en los procesos de privatización desarrollados a partir de la década del 90, sino también consolidar todo un sistema de inversiones diseminado en actividades centradas especialmente en la especulación financiera y la explotación de los recursos naturales. Habría múltiples ejemplos para señalar respecto a ello, pero, solo nos referiremos a la explotación del mayor yacimiento de petróleo que tiene nuestro país   -Cerro Dragón- que fuera concesionado hasta el año 2043 a la Pan American Energy, empresa cuya mitad del capital accionario pertenece a la British Petroleum y también a la Barrick Gold de Canadá, accionistas petroleras que están explorando la plataforma continental argentina. Como tales inversiones no están desprovistas de capitales financieros especulativos, también el Banco Barclays, resulta ser accionista de una de las petroleras que operan en las Malvinas, habiendo sido contratado por el gobierno Nacional para el anteúltimo canje de deuda externa.
Resulta incomprensible que, ante la negativa pertinaz efectuada por el Reino Unido al reconocimiento de nuestros derechos sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y ocupen 1,6 millones de Km2 y exploten la Zona Económica Exclusiva Argentina en el Atlántico Sudoccidental, todavía se promuevan y promocionen las inversiones de ese país a través de este Convenio. Esto es una clara muestra de una desacertada política económica para la cual no resulta incompatible la realización de negocios con empresas que violan nuestra soberanía, explorando y explotando ilegalmente la obtención de recursos energéticos, pesqueros y mineros en nuestro territorio.

Conviene recordar también, para entender en la situación irregular que se encuentran muchas de las inversiones británicas en la Argentina, que, el Congreso de la Nación aprobó en 2008 la Ley 26.386 y en 2011 la Ley 26.659, por la cual se establecieron una serie de requisitos para la explotación de los recursos pesqueros e hidrocarburíferos en la Zona Económica Exclusiva y la Plataforma Continental Argentina, estableciendo la prohibición a toda persona física o jurídica, nacional o extranjera y sus accionistas, a realizar actividades en la República Argentina sin la correspondiente habilitación argentina, lo que obviamente, alcanza a todas las empresas que explotan nuestros recursos en el área ocupada por los británicos en Malvinas y, a su vez, se estableció que el Estado Nacional, los Estados provinciales, municipales y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no podrán contratar con personas físicas o jurídicas, nacionales o extranjeras, sus controladas o accionistas que en forma directa o indirecta desarrollen actividades en las áreas mencionadas sin haber obtenido habilitaciones para realizar la exploración, explotación de hidrocarburos, minerales o pesca emitida por autoridad competente argentina, razón por la cual, existe una abierta contradicción con el Convenio celebrado con el Reino Unido, por lo que terminar con la vigencia este Convenio, no solo sería revertir una incoherencia jurídica, sino poner fin a la promoción  y protección de inversiones del Reino Unido, en condiciones más ventajosas que a las propias empresas nacionales, a pesar de que ocupa y explota nuestros territorios y recursos, pese a las innumerables Res. de las Naciones Unidades y muy especialmente la 2065/65 y la 31/49.

Cuando la estafa es enorme toma un nombre decente (Abelardo López de Ayala)
 

 

miércoles, 4 de noviembre de 2020

La Construcción de senttido en la universidad

 


Una elección, una decisión y un conflicto

 Por Eduardo J. Vior para Inforbaires24

3 de noviembre de 2020

Indudablemente, el resultado de la competencia por la Casa Blanca decidirá sobre el modo y los tiempos de la decadencia de la mayor superpotencia y merece un análisis pormenorizado. Sin embargo, como las noticias sobre los dimes y diretes entre Donald Trump y Joe Biden han acaparado las primeras planas de todos los medios, la opinión pública internacional ha perdido de vista la información sobre las trascendentales resoluciones que ha tomado la reunión del Comité Central (CC) del Partido Comunista de China (PCCh) que se reunió en Beijing entre el lunes 26 y el jueves 29 de octubre pasados. Sus decisiones dan cuenta de la gravedad de la situación mundial y tienen implicaciones aun para escenarios geográficamente muy alejados de Asia Oriental. Por su relevancia, excepcionalmente, Infobaires24 ha desdoblado la columna semanal sobre política mundial y hoy informa sobre China.

Al concluir la Quinta Sesión plenaria del 19º Comité Central (elegido en el Congreso del PCCh celebrado en octubre de 2018), se emitió un comunicado que fija los objetivos del 14º Plan Quinquenal 2021-25 y la visión a mediano plazo, para llevar a cabo la “modernización socialista” hasta 2035. Ambos planes parten declaradamente de la lucha contra la pandemia de coronavirus y de la resistencia a las sanciones impuestas por Estados Unidos. A ambos desafíos China respondió exitosamente. No solo pudo superar rápidamente la pandemia con un mínimo de contagios y de muertes, sino que a partir del tercer trimestre retomó el crecimiento económico y se estima que terminará el año con una tasa de incremento del PBI del 1,9%. Es lógico, entonces, que el liderazgo del país festeje ambos logros como prueba de la capacidad de adaptación que tiene el modelo chino.

Los 198 miembros permanentes y 126 alternos del Comité Central que se reunieron en Beijing aprobaron el Plan Quinquenal y la perspectiva de desarrollo a mediano plazo que serán presentados en marzo a la reunión de primavera del Congreso Nacional del Pueblo, el máximo órgano legislativo del país. ¿Por qué una perspectiva a quince años? Porque en 2035 la potencia oriental habrá recorrido la mitad del camino hacia 2049, cuando se cumplan los 100 años de la República Popular y haya alcanzado el estatuto de “nación socialista desarrollada”.

 

Este año termina el 13º Plan Quinquenal y se espera que el PBI supere los 15 billones de dólares (aproximadamente 35 veces el PBI argentino). Al haber sacado de la pobreza extrema a casi 56 millones de pobladores rurales en los últimos cinco años, el país cumplió con un decenio de antelación la meta fijada para 2030 en la Agenda de Desarrollo Sostenible de la ONU. Si el 13º Plan realizó la transición del “crecimiento de alta velocidad” al “crecimiento de alta calidad”, el 14º debe asegurar, en palabras de Xi Jinping, la “doble circulación”, para que las relaciones económicas externas y la economía interna se retroalimenten recíprocamente.

El corte de las cadenas de suministro al comienzo de la pandemia y las sanciones norteamericanas enseñaron a los líderes chinos que deben asegurar dentro del país la realización del ciclo productivo de los principales sectores económicos. Por esta razón el 14º Plan se propone cerrar el ciclo de las biotecnologías, asegurar localmente la producción de semiconductores, el desarrollo de los grandes bancos de datos, la robótica y las telecomunicaciones, así como el pasaje de las energías fósiles a las renovables y disminuir la brecha de ingresos entre los sectores urbanos y los rurales.

Como un modo de subrayar la transición de un crecimiento cuantitativo a uno cualitativo, el comunicado publicado tras el pleno del CC no menciona metas numéricas para el 14º Plan Quinquenal. Por el contrario, junto a los objetivos materiales el texto pone el acento en la “felicidad del pueblo”, que para la mayoría de la población significa disminuir las desigualdades y alcanzar un desarrollo inclusivo, sobre todo difundiendo el acceso a servicios públicos de calidad.

La mayor parte de la sociedad china está convencida de que la presidencia de Donald Trump ha paralizado a largo plazo las relaciones sino-norteamericanas. En las redes chinas Trump tiene el apelativo «Chuan Jianguo», que literalmente quiere decir «Trump construye China». Si bien la ironía tiene el trasfondo desesperanzador de que China ya no podrá contar en el futuro con la cooperación norteamericana, tiene un núcleo de verdad: las sanciones estadounidenses obligaron a la potencia asiática a cerrar los circuitos de producción, distribución y consumo dentro del propio país o, al menos, dentro del propio espacio económico euroasiático.

La certeza de que los Estados Unidos nunca van a admitir la independencia y el desarrollo de China no sólo obliga a ésta a sostenerse en su propio esfuerzo, sino que la fuerza a incrementar drásticamente su esfuerzo para la defensa nacional. Así, junto al Plan Quinquenal se anunció que para 2027, cuando se cumplan los 100 años de la fundación del Ejército Popular de Liberación (ELP), China va a modernizar radicalmente sus fuerzas armadas, mecanizando, automatizando, aplicando la inteligencia artificial y preparándose para defenderse a la vez en el Himalaya, en el Mar Meridional y en el Mar Amarillo, mientras protege la Nueva Ruta de la Seda y la Franja y sus rutas mundiales de abastecimiento. Claro que alcanzar este objetivo va a implicar duplicar el gasto actual en Defensa (el 1,3% del PBI) y llevarlo a la media mundial de 2,6%.

Las relaciones internacionales están entrando en un período peligroso. Estados Unidos no va a admitir su decadencia ni a ceder sin pelear el primer puesto mundial. La única diferencia entre futuros gobiernos de Trump o Biden puede residir en los blancos que ataquen o en los tiempos de su agresión. La decisión china de basarse casi exclusivamente en las propias fuerzas deviene de una apreciación descarnada de la realidad y va a provocar un cierre hacia afuera del espacio euroasiático que Beijing y Moscú vienen construyendo. También los socios más importantes de China en otros continentes sufrirán la presión para optar entre uno y otro bloque.

Probablemente este martes 3 no sepamos si Donald Trump mantendrá la Presidencia de los Estados Unidos o si lo remplazará Joe Biden, pero sí sabemos que el mundo se adentra en un período de máxima tensión que nos involucra a todos. Basarse en las propias fuerzas no es una consigna exclusivamente china.

10 claves sobre la dictadura del año 1976

Aritz Recalde, marzo 2026   Primera.  La dictadura de 1976 fue una respuesta de las CLASES DOMINANTES LOCALES Y TRASNACIONALES (y los partid...