viernes, 22 de octubre de 2021

"Alejandro E. Bunge: el precursor científico de la Conciencia Nacional".

 Por José Luis Muñoz Azpiri (h) 


  “Todos los países civilizados tienen su política económica internacional propia, que oponen a las de los demás países. Nosotros, en cambio, tenemos la política económica internacional que nos imponen los demás países”. Alejandro E. Bunge

 

Pocos años faltan para conmemorar el Bicentenario de las jornadas de Mayo y el Centenario de la gloriosa Revolución Mexicana. Ahora estamos en los comienzos de un nuevo siglo para esta nuestra América y un nuevo milenio de la historia de la humanidad. Los problemas a enfrentar siguen siendo los mismos, ante nuevas formas de dependencia que han ido sustituyendo a las que finalizaron en 1810. Formas de dependencia que se han expresado a lo largo de la tierra en un nuevo tipo de colonialismo que se ha hecho planetario, incluyendo al que fuera centro de poder de este coloniaje, a Europa; que enfrenta una forma de dependencia ya conocida por nuestra América: la estadounidense.

 Como respuesta ha este coloniaje se han puesto en marcha formas de integración que están sorprendiendo al mundo, como la de la Europa Occidental, que ahora enfrenta el reto de integrarse con el resto de Europa; de una Europa que ha de ir del Atlántico a los Urales. Igualmente otras formas de integración y colaboración se están dando en otras zonas de la tierra, tanto en Asia como en África. Dentro de este contexto es más necesaria que nunca la integración de nuestra región, Iberoamérica, como punto de partida para una integración continental, pero en una relación horizontal de solidaridad y no ya más vertical de dependencia.

 De una integración obligadamente latinoamericana, podrá pasarse a una Unión Americana, no Panamericana, incluso con una moneda en común como ha propuesto acertadamente nuestro compatriota americano Rafael Correa, en la que todos los pueblos del continente se puedan llamar a sí mismo americanos de América, como lo hicieron nuestros San Martín, Bolívar, Morelos y tantos otros que constituyen nuestra pléyade de visionarios y no como lo vinieron reclamando como exclusivos los Washington y los Jefferson. Gran familia americana que, como dijo alguna vez Leopoldo Zea, “pueda a pesar de sus ineludibles diferencias, colaborar entre sí en lo que le es común, sin renunciar a sus ineludibles formas de identidad y los no menos e ineludibles intereses de sus pueblos. América para los Americanos, pero no en el sentido de la Doctrina Monroe sino en el sentido que los expresaran los Libertadores, haciendo de este continente el punto de partida de una Nación de Naciones”.

 Alejandro Bunge fue uno de los primeros argentinos dedicados a pensar en el país desde una perspectiva económico-social. Nacido en Buenos Aires en 1880, de una familia caracterizada por los intelectuales que la integraron, estudió ingeniería en Sajonia y luego se dedicó a investigaciones económicas, estadísticas y demográficas. La estadía en la tierra de sus ancestros tendría consecuencias trascendentes para su vida, ya que no solamente se graduó allí de ingeniero, sino que se casó con la hija de uno de sus profesores. Además, conoció las ideas de Friedrich List, el precursor de la escuela historicista.

 Fue, puede decirse, uno de los iniciadores del análisis de la realidad nacional a través de los elementos aportados por esas ciencias, a partir de las cuales esbozó un esquema de la conciencia nacional basado en los intereses económicos concretos de la Nación: sus riquezas naturales, su industria, su patrimonio cultural y humano y el grado de independencia  que posibilite su aprovechamiento para beneficio del país y de su pueblo.

En 1941, Bunge escribió la siguiente página: “En todas las naciones civilizadas existe una política económica y social propia que se opone a la influencia del exterior. En el nuestro, en cambio, existe la política económica y social que el exterior nos impone. Se trata, en fin, de crear una política económica argentina, política que jamás ha existido y que nos es tan necesaria como nuestras instituciones sociales y administrativas. La Argentina, por su patrimonio territorial y las condiciones fundamentales de su pueblo, puede mantener una vida en todos los sentidos independiente, con la sola condición de hacernos cada día más dignos de nuestra heredad por nuestro propio esfuerzo”.

 En 1918 fundó la Revista de Economía Argentina, que dirigió hasta su muerte, en 1943. En sus páginas publicó innumerables trabajos que contribuyeron a abrir nuevas perspectivas sobre el país de una manera muy diferente a las retóricas y declamatorias vigentes hasta entonces. Como Director Nacional de Estadísticas, cargo que ocupó hasta 1924, fue el responsable de las primeras estimaciones del Producto Nacional Bruto. Asimismo, actuó como asesor del Banco de la Nación Argentina y del Ministerio de Hacienda y organizó las oficinas estadísticas de las provincias de Mendoza y Tucumán. También se desempeñó como docente en las Universidades de La Plata y Buenos Aires A su alrededor se fue formando un grupo de jóvenes economistas que continuaron con sus tareas de búsqueda e interpretación.

Perteneció a una familia patricia, que dio al país valores de mérito. Entre sus hermanos figuran magistrados y juristas, que continuaron la trayectoria jurídica de su padre, sociólogos, como Carlos Octavio Bunge y legisladores del talento de Augusto Bunge, enrolado en la corriente socialista.

 ¿Por qué es el menos recordado de todos? Tal vez porque sus palabras eran demasiado urticantes para los tiempos de antaño y hogaño.

“La conciencia nacional que hubiera nacido sin otro bagaje que el recuerdo de Mayo – advertía en una conferencia de 1924 – de sus clarines y de sus banderas, sería hoy insuficiente. No podemos ahora detenernos en San Martín y en Belgrano, ni en Rivadavia ni en Sarmiento, ni en Alberdi y Avellaneda; tenemos que ir más allá; aún más allá de Mitre, de Roca, de Pellegrini.

Debemos convencernos – señalaba Bunge – que ésta es la última generación de importadores y estancieros. En la próxima generación, la de nuestros hijos, el predominio será de los granjeros y de los industriales. De los hombres de la gran industria, de la industria media, de los artesanos, de los obreros manuales, de los granjeros, que han de multiplicarse también como se multiplican hoy los pequeños talleres de artesanos.

Nuestros diez millones de habitantes no quieren ya recibir innecesarias fruslerías en cambio de cueros y lanas, quieren producir inteligentemente todo lo que necesitan, quieren dictar su comercio, quieren explotar con sabiduría y coraje las inmensas riquezas de cada una de las regiones de esta heredad argentina. No quieren que su patria siga siendo un país jornalero al servicio de otras naciones; el pueblo de esta joven República ha aprendido y trabajado ya lo bastante para establecerse por cuenta propia en su heredad nacional.”.

A juzgar por lo que sucedió en los últimos cincuenta años, con su secuela desoladora y ateniéndonos a la incontinencia verbal de los “analistas económicos” de los medios, daría la impresión que Bunge habló en otro planeta. Es que fue un autor comprometido que se animó a señalar los errores de los distintos grupos influyentes de su época en pos de despejar el camino para el crecimiento argentino y a visualizar  la ineludible necesidad de avanzar hacia la integración continental. Su obra ilumina sin duda el actual panorama de la cultura argentina, en el cual vemos que se repiten las actitudes de otrora, cuando se mira primero al exterior sin realmente conocer la realidad interna de nuestro país. Bunge no fue  un nacionalista dogmático ni un crítico de los aspectos favorables del libre comercio: lo que el combatió es la actitud cultural de nuestros compatriotas en la que se trasunta una admiración incondicional por lo extranjero y un desdén por lo propio: “Yo me explico que un inglés consuma jamón de York y un italiano salame de Milán; y que un comerciante norteamericano o inglés sostenga en la Argentina que no le conviene al país explotar sus minas ni desarrollar sus industrias, desde el momento que este país puede obtener muy baratos esos productos enviando a aquellos la materia prima que a ellos les conviene obtener a bajo precio. Tampoco me sorprende cuando veo a un brasileño protestar contra la ayuda que aquí se proponga otorgar a los que cultivan arroz o yerba, ni me llama la atención que residentes peruanos sostengan aquí todo lo que pudiera favorecer la colocación en el país de los excedentes de azúcar peruana de difícil venta”.

A pesar de haber trabajado mucho tiempo en el cuerpo estadístico de la economía, Bunge no olvidó que dicha disciplina se define como ciencia social. Por eso, con su pluma hábil, pintó los distintos modelos culturales de los argentinos de la época (Los cosmopolitas, los extranjeros, los internacionalistas, los doctrinarios, etc.) con el objeto de defender los intereses nacionales, despertando al argentino de su somnolencia que ponía en peligro el potencial de desarrollo de su nación

Tribuna del proteccionismo fue la ya nombrada “Revista de economía Argentina”, en la que, junto a sus trabajos “El capital ferroviario” (1918) y “Las industrias del norte” (1922) trató temas tales como nuestro desequilibrio económico, el capital extranjero, la unión aduanera de América Latina, la Argentina “país abanico”, la creación de un mercado interno, el Estado industrial y otros. En 1927 Bunge alertó por la no formación de capital nacional, ya que había pasado la etapa de la gran inversión de capital extranjero, las “varitas mágicas” de la vieja economía ya no tenían lugar y nos habíamos quedado huérfanos.  Su obra no pasó inadvertida para quienes, a partir de mediados de la década del 40 del siglo XX, se propusieron una segunda independencia

En “Riqueza y renta en la Argentina” (1917) y “La economía argentina” (4 Vols. 1930), encontramos los antecedentes de lo que sería su obra fundamental: Una nueva Argentina, publicada en 1940, que constituye un formidable catálogo de las deficiencias nacionales de la época, y una coherente propuesta para revertir lo que Bunge veía como un grave y preocupante proceso de decadencia argentina.

 De Una Nueva Argentina extraemos los siguientes párrafos que evidencian la lucidez y plena vigencia de su pensamiento, en ellos – escritos en 1940 -  Bunge se refería a lo que hoy es la realidad del MERCOSUR y su correlato: el Banco del Sur.

 “Muchos de los índices que corresponderían a la Unión aduanera del Sud, dan la impresión de una gran potencialidad económica, y otros son sólo indicios de la que podrá ocurrir en el futuro. Considerando no sólo los índices actuales, sino también los potenciales, resalta una excepcional diversidad de la producción, para un futuro próximo. No hay ninguna materia prima de mediana, y aún de pequeña importancia económica, que no se produzca o pueda producirse en esta zona en cantidad apreciable. Las diversas regiones se complementan admirablemente; la fertilidad de las pampas argentinas y uruguayas, que pueden producir alimentos para una población superior a 100 millones de habitantes; grandes son los depósitos de minerales de la cordillera (de Los Andes) y del altiplano de Bolivia; muchos son los productos de la zona fría de la Patagonia y de la Tierra del Fuego; valiosa es la producción de la tierra tórrida del Paraguay y Bolivia.

 Es esta una ventaja de mucha importancia que nos colocaría en una posición superior a Europa, que no teniendo este complemento en su continuidad geográfica, ha procurado obtenerla con la penosa explotación de las colonias. Estados Unidos sufre la falta de una zona tropical complementaria y ha seguido la misma política colonial que Europa”.

Parece que el tiempo no hubiese transcurrido, pero lo hizo.

Afortunadamente la integración de América Latina, al margen de la pereza, la falta de audacia intelectual o el vasallaje al poder financiero internacional de algunos integrantes de sus clases dirigentes, comienza ser realidad. Es sugestivo que los economistas ventrílocuos de Wall Street Journal o The Economist, que ya cacarean sobre la imposibilidad de este “voluntarismo”, hayan omitido siempre en sus “citas eruditas” la existencia de este pensador, otro “maldito” para la cultura oficial.

jueves, 21 de octubre de 2021

sábado, 16 de octubre de 2021

TRAS la PANDEMIA: ¿CRIPTOMONEDAS?

 por Carlos A. PISSOLITO para Espacio Estratégico 


En el marco de analizar las múltiples consecuencias que se vienen desarrollando con el avance de la pandemia, vamos a dedicarnos, hoy, a hacerlo con la posibilidad de se produzcan cambios profundos en el sistema financiero mundial como sería el caso de la adopción de un nuevo sistema monetario basado en criptomonedas o monedas virtuales. El mundo financiero actual es el resultado de 4.000 años de evolución.

Uno de sus instrumentos principales, el dinero, viene cristalizando las relaciones entre compradores y vendedores, acreedores y deudores. A partir del siglo XIII el metálico comenzó a ser reemplazado por papeles denominados letras de cambio, cuando en el XVII grandes corporaciones comerciales introdujeron al bono como medio de ahorro y de pago; mientras que en el siglo siguiente, el XVIII, surgieron las compañías aseguradoras y los fondos de pensión; pero fue a partir de fines del siglo XX que todos estos beneficios se combinaron en carteras de inversión.

Si bien, no puede negarse que aquellas sociedades que llegaron primero y mejor a estos instrumentos financieros les fue mejor; tampoco, puede negarse que este ascenso no estuvo libre de sobresaltos; tales como crisis financieras, hambrunas y depresiones. En una extraña combinación de excesos de confianza seguidas por cisnes negros no previstos por nadie.

Hoy, parece ser que estamos a los bordes de otro salto cualitativo: el de las denominadas criptomonedas o formas virtuales de pago.

En este sentido, no han sido pocos los expertos que han creído encontrar en la Teoría de la Evolución enunciada por el biólogo inglés, Charles Darwin una explicación plausible para ellas. Citan en su apoyo los siguientes elementos:

-  Sostienen que las monedas son una suerte de ‘genes’ pues guardan en su memoria la evolución de las prácticas económicas.

- Reconocen que puede haber ‘mutaciones’ a saltos cualitativos, especialmente por la introducción de nuevas tecnologías.

- El mundo económico-financiero es uno, brutalmente, ‘competitivo’.

 

Con estos instrumentos en la mano veamos qué es una moneda virtual o una criptomoneda.

El Bitcoin es la criptomoneda más conocida. Supuestamente, fue inventada por Satoshi Nakamoto en el 2009, aunque hay dudas sobre su existencia real. Como tal es un medio de pago de alcance global que no se encuentra respaldado por ningún Estado o asociación regional como sería el caso del Euro de la Unión Europea.

Por el contrario, la idea china sería la de lanzar una criptomoneda respaldada por el Estado chino. El sitio oficial de noticias chino “China Daily” nos lo explica de la siguiente manera:

“China comenzará a probar pagos en su nueva moneda digital en cuatro ciudades importantes a partir de la próxima semana, según los medios nacionales. En los últimos meses, el banco central de China ha intensificado su desarrollo del e-RMB, que se convertirá en la primera moneda digital operada por una gran economía. Según los informes, ha comenzado las pruebas en varias ciudades, incluidas Shenzhen, Suzhou, Chengdu, así como en una nueva área al sur de Beijing, Xiong’an, y áreas que albergarán algunos de los eventos para los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022”. (ver: https://www.chinadaily.com.cn/a/202004/24/WS5ea28240a310a8b2411516bf.html)

 

Estos ensayos ya habían sido comentados por medios occidentales como el "Financial Times" en noviembre del año pasado; también, por la Reserva Federal de los EEUU. En este último sitio se puede leer la siguiente conclusión:

“La digitalización de monedas y pagos está siendo impulsada por jugadores tecnológicos que están trayendo nuevos modelos de negocios a este espacio y una nueva atención a las viejas preguntas. Si bien el potencial de transacciones perfectamente integradas y de menor costo trae importantes beneficios, la digitalización también conlleva riesgos. En los Estados Unidos, no menos que en otras economías importantes, el sector público necesita comprometerse activamente con el sector privado y la comunidad de investigación para considerar si es necesario establecer nuevas barreras de protección, si es necesario volver a dibujar los perímetros regulatorios existentes y si un CBDC (1)  entregaría importantes beneficios en la red.” (Ver: https://www.federalreserve.gov/newsevents/speech/brainard20200205a.htm)

 

Sea como sea, las transacciones se llevan a cabo persona a persona sin intermediarios y en forma virtual.  Las mismas son monitoreadas por una red de nodos denominados ‘blockchain’. Pese a su existencia virtual, la misma puede ser canjeada, tanto por bienes y servicios como por otras monedas.

Su uso generalizado conllevaría en la práctica desaparición del sistema bancario tradicional con sus tesoros, sucursales bancarias, cajeros automáticos, etc. Sin mencionar, que las monedas nacionales que no adoptaran este salto evolutivo verían, seriamente, restringidas sus capacidades de pago, especialmente, para el comercio internacional.

Otras ventajas derivadas de las criptomonedas, en tiempos de pandemia, es que las mismas eliminan, tanto la existencia del dinero físico como la necesidad de nuestra presencia física para realizar todas las operaciones bancarias conocidas. Además, su uso generalizado posibilitaría una herramienta suprema para el control poblacional, ya que todas nuestras actividades, no solo las bancarias y comerciales, podrían quedar registradas con solo agregar algunas pocas capacidades al nuevo sistema monetario.

No hace mucho, se ha mencionado como una posible vulnerabilidad de las nuevas monedas a la irrupción de las nuevas computadoras cuánticas, las que estarían en condiciones de romper los códigos de acceso a ellas (‘blockchain’) y, consecuencia, falsificarlas.

Al respecto, en septiembre del 2019, el “Financial Times” publicó por primera vez que: "Google afirma haber alcanzado la supremacía cuántica". Y si bien las relaciones entre el gobierno chino no pasado buenos momentos debido a las medidas de censura que el 1ro le ha impuesto a las actividades de la 2da, no puede descartarse un futuro de colaboración entre ambos, se puede tomar como un formato válido para este análisis que todas las acciones que venimos presenciando son fruto de acciones de guerra en el marco de una guerra irrestricta librada por China para lograr la supremacía mundial.

Para terminar, podemos especular si esta nueva acción china no se encuentra enmarcada en los parámetros de su doctrina de la Guerra Irrestricta. La misma se habría iniciado mediante una Guerra Comercial (mediante la suba de aranceles); habría sido seguida por una Guerra Tecnológica (mediante la instalación de redes de datos 5G en buena parte del Mundo); lo que bien podría haber sido seguido con el lanzamiento intencional del COVID-19 (Guerra Biológica) y que, ahora, intentaría lanzar una operación contra el dólar (Guerra Financiera). Por lo que se daría la combinación pregonada en esa doctrina de emplear medios no militares y militares en forma simultanea, concurrente y multidimensional.

 El tiempo, nos lo dirá. Aunque para muchos ya, bien,  podría ser tarde.

Notas:

(1) "Central Bank Digital Currency" o Moneda Digital emitida por un Banco Central.

viernes, 15 de octubre de 2021

La ARGENTINA, 1ra en DEFAULTS y en SOLUCIONES

 por Carlos Pissolito 


Algunos economistas comienzan a preguntarse si la inminente crisis de las deuda externa norteamericana no está empezando a “argentinizarse”. No por nada nuestro país, explica Nigel Fergusson, tiene el récord de haber concretado su 9no default y ser el primero en sufrir uno de ellos, en un lejano 1890, tras haber contratado un empréstito con la casa Baring Brothers de Londres.

Fergusson,  también, recuerda que fue esa misma Argentina, el país que  ideó una forma de salir de ellos.  La primera ocurrió durante el gobierno de Miguel Juárez Celman, quien se había endeudado más allá de lo razonable para mejorar los ferrocarriles y el puerto de Buenos Aires. Además, en forma paralela, había privatizado varios de esos ramales y aprovechando el aumento del precio internacional de los granos, usó los excedentes obtenidos para la especulación financiera; por lo que se produjo una burbuja que estalló cuando el Estado nacional no pudo pagar sus deudas y entró en cesación por cuatro años.

Fue Julio A Roca , en su segunda presidencia, quien le tocó solucionar el problema. Para ello procedió a realizar una reforma monetaria basada en las ideas de Silvio Gesell. Un economista nacido en Alemania, pero radicado en la Argentina que había desarrollado la idea del dinero sellado y del interés social. 

También, aprovechó la ocasión para  “desmarcarse” del patrón de la Libra esterlina y del patrón oro y crear nuestra  propia moneda.

La doctrina argentina, luego, fue seguida por el mundo entero, inclusive por la misma Inglaterra tras la crisis de los años 30. Y fue  el propio y, posteriormente famoso, John M. Keynes, quien inspirado en las Gesell, las imponga por sobre las de Winston Churchil.  Las que serían conocidas por la historia como la: “Teoría Keynesiana”.

La segunda ocasión fue a caballo de la caída de la convertibilidad en el 2001. Pero es una historia conocida.

martes, 12 de octubre de 2021

POBREZA Y DESCARTE DE PESCADOS AL MAR

 Publicado en “El Economista” 6.10.2021 


 

La pesca constituye para la humanidad una fuente importantísima de proteínas, de generación de empleo y beneficios económicos (unos 100 millones de personas viven de esta actividad); pero, su explotación, debería administrarse adecuadamente si se quiere que su contribución al bienestar económico y social sea sostenible, disuadiendo las actividades de los buques que depredan el recurso. Optimizar la explotación, no solo es una cuestión económica, sino una “Responsabilidad Social”, más aún, cuando se trata de un recurso natural del Estado, donde éste da en concesión transitoria su explotación a las empresas no, para que éstas hagan lo que quieran con él, sino, para generar divisas; llevar adelante un plan de ocupación estratégico del mar argentino; poblar las ciudades y pueblos portuarios del litoral marítimo; crear plantas de transformación industrial de las especies capturadas; generar el máximo valor agregado a partir de las materias primas básicas; crear empleo estable; fomentar la cultura del trabajo; promover hábitos alimentarios saludables para mejorar la dieta, la salud de la población y, el bienestar general de la comunidad. Todo ello, cumpliendo determinadas obligaciones biológicas para asegurar una explotación sostenible.

Se estima que la explotación pesquera extranjera se lleva del Atlántico Sur un millón de toneladas anuales y las estadísticas oficiales indican que la Argentina desembarca unas 800.000 toneladas/año. A ello, debemos agregar que los buques extranjeros realizan importantes descartes al mar y los nacionales unas 300 mil toneladas anuales de pescados, considerados sin interés comercial o como producto de la pesca incidental (bycatch) cuando se captura langostino. Se suman en esta depredación las capturas de individuos juveniles (del 35% al 70%) o adultos en proceso de reproducción. El Estado está ausente para asegurar una administración adecuada de los recursos que debieran disponer las generaciones venideras.

Hoy, el aprovechamiento racional de estos recursos permitiría alimentar -con proteínas de alto valor biológico- a tres millones de niños y adolescentes durante todos los días del año, a la par de generar unos 15 mil empleos en un país con 54% de niños pobres menores de 14 años pobres (5.400.000 de niños) y con un 11,3% de desocupación. Es indigno no instrumentar un plan de administración total del recurso.

No es un tema nuevo. Lleva muchísimos años, pero el descarte y la pesca incidental se han incrementado con el aumento de las capturas de langostino que tienen un alto valor de exportación (U$S 6.400 la tonelada) con relación a la merluza que es una especie acompañante con un precio sensiblemente inferior (U$S 1.410), lo que lleva a descartar estos pescados, en lugar de desembarcarlos para su industrialización.

No buscar una solución a esto -que es posible- es irracional e ilegal, pero, como refiere Karina Fernández en la Revista Puerto (29/9/2021) son «Escandalosos (los) porcentajes de captura incidental de merluza» ya que, de las históricas y ya inaceptables pescas incidentales del 30% «en las últimas semanas de la temporada alcanzó niveles de hasta el 161% y promedios del 56%, datos que el INIDEP suministra semanalmente a las autoridades (mientras) los tripulantes dicen: estamos haciendo una matanza de merluza nunca vista» y, en su gran mayoría son individuos juveniles, es decir que por encima del volumen que se captura se atenta contra la sostenibilidad de la especie y, a ello debe agregarse que «en la pesquería de merluza faltan los datos de la flota fresquera, donde se desconoce cuál fue el nivel de captura incidental que tuvo». A todo ello ya se refería en 2018 el Informe Nº 137 (Villarino-Tringali-Louge, INIDEP) donde la captura incidental de merluza de la flota langostinera, ascendía hasta un 43%, con un 40% de juveniles de menos de 35cm, talla, que ni siquiera procesan los fileteros, con datos que no incluían la flota congeladora y la fresquera de altura de merluza y otras especies y, sin analizarse todos los buques y sin observadores a bordo en la mayoría de las embarcaciones, los porcentuales pueden ser sensiblemente mayores.

Una administración eficiente no consiste solo en otorgar permisos o cuotas de captura, se debería iniciar con la asignación de recursos, que son escasos, a quienes pescan sustentablemente y agregan el máximo valor. No es una tarea sencilla, el administrador y, el concesionario, tienen la obligación de explotar todo el recurso posible y sostenible, sin alterar el equilibrio biológico, el ecosistema y, ambiente marino. Ni más, porque el ecosistema se alteraría y se agotaría el recurso; ni menos o aún menos descartando, porque se dejarían de extraer y utilizar recursos generadores de riqueza y empleo y, porque se perderían ingentes cantidades de proteína del más valioso valor biológico.

Según la FAO, un 47% de las reservas pesqueras están explotadas en su totalidad; un 15% sobreexplotadas; un 10% agotadas y, un 25% subexplotadas y, el volumen de pescado desperdiciado alcanza a un volumen no menor de 7.290.000 toneladas al año en todo el mundo y a las 300 mil toneladas -como dije- en la Argentina.

En este escenario, ya en 2013 el BID en su “Proyecto de Desarrollo Pesquero Sustentable” informaba que en la Argentina había un 20% de descarte y subdeclaración. Ello nos estaría indicando que los buques argentinos tirarían al mar o no declararían unas 160 mil toneladas de pescados aptos para el consumo humano. Por su parte, la Auditoría General de la Nación en varios informes manifestaba que «no hay sanciones y el Instituto de Investigación (INIDEP) precisa que los buques no usan mecanismos de selectividad adecuados y tiran unas 32 mil toneladas de merluza/año». En igual sentido, el Informe Técnico Oficial 32/15 (Santos-Villarino, INIDEP) decía que «se descartan entre 52.000 y 108.000 toneladas de merluza hubssi por año» a lo que hay agregar todas las especies consideradas “no comerciales” que igualmente se descartan una vez que son capturadas. Y el mismo informe indicaba: «Persiste una mayor presión pesquera sobre el grupo de 2 años (juveniles)», es decir, que además de depredar -porque el inicio de la madurez ocurre a los 2,6 años- se impide el crecimiento de estos ejemplares, que no alcanzan todo su desarrollo y peso, con la consiguiente disminución del stock y volumen pescable. Este informe, ya en 2017 indicaba, que el grupo de edad era de 2,2 años, continuando la depredación y, en la pesca incidental del langostino fue de un promedio de 1 año, es decir que desde hace unos diez años la captura es sobre los juveniles, en transgresión a la Ley de Pesca 24.922 (Art. 21º inc. o).

De estos informes se puede inferir el descarte al mar de unas 300 mil toneladas de pescados anuales, de la mejor calidad y aptitud para el consumo humano y, a todo este brutal descarte al mar de proteínas, habría que agregar los residuos que se descartan al mar sin fabricar harinas en los buques congeladores, otra importantísima fuente de proteína.

La Unión Europea ya declaró el “descarte cero” desde enero de 2014 y, en la Argentina se prohíbe el descarte desde 1998 (Art. 21º Ley 24.922), con cuya materia prima se resolvería el hambre de tres millones diarios a los niños y adolescentes argentinos. Dar solución a esta cuestión dramática, reduciría el hambre y la pobreza y, cumpliría con el derecho básico a la alimentación reconocido en nuestra Constitución, la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y, consagrado en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966.

 

Dr. César Augusto Lerena

Experto en Atlántico Sur y Pesca, exSecretario de Estado, exSecretario de Bienestar Social (Ctes) exProfesor Universidad UNNE y FASTA, ExAsesor en la H. Cámara de Diputados y en el Senado de la Nación, autor de:

“Malvinas. 1982-2022. Una Gesta Histórica y 40 años de Entrega. Pesca la moneda de cambio” (2021) “Argentina. La Casa Común. La Encíclica Laudato Si’ El Cuidado de la Casa Común.

Pasaron nueve meses y el bebé sigue sin nacer

 por Eduardo J. Vior para InfoBaires24 



 

Hacía casi 70 años que Estados Unidos no elegía a un presidente con una experiencia en política exterior y seguridad nacional que rivalizara con la de Joe Biden.  Su único competidor en esta categoría, el presidente Dwight D. Eisenhower, colocó en puestos clave a trogloditas que por razones ideológicas se oponían a tratar diplomáticamente con la Unión Soviética. Como resultado, cuando la muerte de Joseph Stalin en 1953 abrió la puerta a posibles negociaciones con los nuevos dirigentes del Kremlin, Eisenhower perdió una importante oportunidad de distender la política mundial. Cuando cayó el muro de Berlín en 1989 y Mijail Gorbachov convocó a forjar “la Casa Común de Europa”, George Bush Sr. (1989-93) y Bill Clinton (1993-2001) desperdiciaron la oportunidad, expandieron la OTAN hacia el Este y con las guerras de Irak (1991) y Yugoslavia (1992-99) instauraron un dominio universal que creían eterno. Las guerras de Afganistán (2001-2021) e Irak (2003-2009), finalmente, sirvieron al secretario de Defensa Donald Rumsfeld, para reformar las fuerzas armadas, dándoles una autonomía inusitada que el actual presidente prometió reducir, hasta ahora sin efectos palpables.

Ni siquiera Eisenhower tenía la experiencia que Biden acumuló a lo largo de casi 50 años en el gobierno, que incluyeron 20 años en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado (12 de ellos como presidente o miembro de mayor rango) y ocho años como vicepresidente del país. Durante la campaña de 2020 el postulante demócrata citó con frecuencia sus viajes a más de 60 países y sus encuentros personales con más de 100 jefes de Estado. El entonces candidato se jactaba en privado de su capacidad para dominar a la burocracia de seguridad nacional, subrayando que “ni siquiera los militares me van a joder», pero parece que todo quedó en meras palabras.

La estrategia de Seguridad Nacional es el conjunto de lineamientos para la Defensa que cada presidente elabora al principio de su mandato y aplica durante los cuatro años siguientes. No solamente es importante para todos los actores internos y externos, para saber cuáles serán las prioridades del período, sino que, al fijar las responsabilidades respectivas de civiles y militares, pone a éstos un límite. Sin embargo, esta vez no ha sucedido. El presidente lleva nueve meses en el gobierno y todavía no definió sus prioridades en política exterior, mucho menos una doctrina o “estrategia de Biden”. Prometió que acabaría con las «guerras eternas», pero las fuerzas estadounidenses siguen activas en Irak y Siria, donde hay más de 3.000 efectivos. En otros lugares, como Libia, Somalia y Yemen, EE.UU. sigue realizando operaciones encubiertas y ataques con drones.

Sus tropas están activas en Kenia, Malí y Nigeria y realizan entrenamientos y operaciones antiterroristas en docenas de países más. No hay indicios de que Biden vaya a reducir estas actividades, a pesar del importante número de víctimas civiles por los ataques con drones. Mientras tanto, sigue sin difundirse la lista de los grupos que en el mundo pueden ser blanco de los ataques con drones, así como tampoco se sabe nada sobre los lineamientos que regirán estas operaciones y las incursiones de comandos fuera de las zonas de guerra convencionales. Ya hace más de un mes que el equipo de seguridad nacional de la Casa Blanca prometió publicar las directivas pertinentes, pero aún no hay atisbos de que lo haga.

La patética retirada de Afganistán y el acuerdo sobre el submarino nuclear australiano plantean asimismo serias dudas sobre la profesionalidad de este equipo de seguridad nacional, así como sobre la claridad de su política exterior. Los aliados europeos se enojaron mucho por ambos episodios y están mucho menos dispuestos a apoyar las misiones militares estadounidenses. Estos socios prevén que la concentración del esfuerzo estadounidense en Asia se hará a expensas de su presencia en Europa y esperan también que EE.UU. les exija un mayor gasto en defensa.

Mientras tanto, no hay indicios de que se esté abordando y mucho menos aliviando el ambiente de Guerra Fría instalado durante el gobierno de Trump en las relaciones entre Estados Unidos, por un lado, y Rusia y China, por el otro. La constante agitación de Biden sobre una confrontación entre la «democracia y el autoritarismo» sugiere que Washington ha reanudado la Guerra Fría, aunque sustituyendo el término «comunistas» por el de «autoritarios». El mes pasado el Departamento de Defensa destituyó discretamente al subsecretario de Defensa Nuclear y Cohetería, alejando así del gobierno a un experto serio en armas y desarme, cuando estaba finalizando su evaluación de la Política Nuclear. Todo relegamiento del desarme en las prioridades del gobierno norteamericano bloquea aún más el diálogo con su par ruso.

Con respecto a China impera un enfoque grupal que ha puesto a partidarios de la línea dura en los puestos clave. El Consejero de Seguridad Nacional Jake Sullivan y su adjunto más próximo, Kurt Campbell, son propensos a un trato confrontativo con China y el director de la oficina del Consejo de Seguridad Nacional encargada de formular la política hacia dicho país, Rush Doshi, cree firmemente que la República Popular compite con Estados Unidos por la preeminencia mundial. Por su parte, el secretario de Defensa Lloyd Austin carece de experiencia en Asia en general y en China en particular y le han puesto al lado a otro partidario de la línea dura, Ely Ratner, acólito de Sullivan, como subsecretario de Defensa para Asuntos de Seguridad Indo-Pacífica.

Biden ha perdido una oportunidad de hacer valer la no proliferación nuclear, al no retornar al Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por su nombre en inglés), el acuerdo nuclear con Irán. Gracias a esta torpeza la reciente elección presidencial ha empujado a ese país hacia una línea dura y lo ha reorientado hacia el bloque euroasiático, lo que complica cualquier reactivación del acuerdo. El gobierno de Biden también ha hecho caso omiso de los insistentes pedidos de los surcoreanos para que reactive las conversaciones bilaterales con Corea del Norte.

El caos en Afganistán y el acuerdo del submarino están llevando a los funcionarios europeos a cuestionar las intenciones y la credibilidad de Estados Unidos. El «pivote» de Estados Unidos hacia el Pacífico marca la militarización de la política estadounidense hacia China, cuando el verdadero desafío es de naturaleza económica. Washington nunca debería haber abandonado el Tratado de Asociación Transpacífica (CPTPP, por su nombre en inglés), que era el vehículo perfecto para competir con China en el este y el sudeste asiático. El mes pasado los chinos incluso solicitaron su adhesión al CPTPP, poniendo de manifiesto el sentido del humor de Xi Jinping y la insuficiencia de la política estadounidense.

El presidente Biden está preocupado por los graves desafíos internos actuales, por lo que es esencial que su Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento de Estado llenen el actual vacío en la política de seguridad nacional. Dos senadores republicanos (Ted Cruz y Josh Hawley) han contribuido a la debilidad de la diplomacia norteamericana, al bloquear la confirmación de secretarios adjuntos y subsecretarios clave y desde la toma de posesión de Joe Biden el Senado sólo ha confirmado a un embajador estadounidense.

El Pentágono está explotando claramente este vacío en la toma de decisiones exagerando la amenaza de China y del terrorismo en sus reuniones informativas en el Congreso, que han sido reproducidas literalmente por la prensa.  El jefe del Estado Mayor Conjunto Mark Milley ha aprovechado dichas apariciones mediáticas, para advertir sobre el renovado protagonismo de Al Qaeda tras la retirada de Estados Unidos de Afganistán, aunque en el plazo venidero la mayor amenaza para el gobierno talibán la representa el Estado Islámico de Jorasán (ISIS-K, por el nombre que le dan en inglés). En realidad, teniendo en cuenta la experiencia de los veinte años de guerra en el país asiático el Pentágono no parece no es el juez más calificado, para opinar sobre amenaza terrorista alguna en el Hindu Kush.

Donald Trump ciertamente empeoró una mala situación de seguridad nacional, pero hay pocos indicios de que Joe Biden esté dispuesto a abordar aquellos problemas internacionales que son susceptibles de intervención diplomática. Nada hay peor en política que dejar que los militares se autogobiernen. Mientras no haya una estrategia aprobada por el Congreso, que fije las competencias de civiles y militares, éstos últimos manejarán a su antojo el presupuesto de defensa más grande del mundo y ejecutarán a su gusto acciones bélicas, maniobras, ejercicios y amenazas en cualquier parte del mundo. Serán un peligro para su propio país y para el mundo todo. Otto von Bismarck dijo una vez que «Dios tiene una providencia especial para los tontos, los borrachos y los Estados Unidos de América». Hay que confiar en que así sea.

martes, 5 de octubre de 2021

Las problemáticas patagónicas en la visión del General José María Sarobe, maestro de Perón

 Por Juan Godoy para Revista Movimiento 



“Sería tarea vana querer alcanzar objetivos grandes y resultados perdurables por el desarrollo de los factores materiales exclusivamente. La Patagonia no es una factoría, ante todo y sobre todo es una entidad moral” (José María Sarobe)

 

            El General José María Sarobe (11-1-1888 / 5-9-1946), es uno de los pensadores (militares), que más profunda e inteligentemente ha abordado las diversas problemáticas de nuestra Patagonia. Estas cuestiones las aborda principalmente en un libro dedicado especialmente a la cuestión editado por primera vez en 1934: “La Patagonia y sus problemas”. A sus análisis les imprimió un sentido nacional, procurando la búsqueda de soluciones nacionales a las problemáticas del país en las que indaga. No casualmente otro conocedor de la Patagonia, el Dr. Ezequiel Ramos Mexía considera que el estudio de Sarobe es el “más extenso y más profundo que hasta ahora se haya realizado, no tan sólo sobre aquel vasto territorio, sino aún sobre cualquiera otra región de nuestro país”.

            En términos generales, para enmarcar la figura de Sarobe nos interesa destacar que es uno de los maestros de Juan Perón. El profundo investigador Carlos Piñeiro Iñíguez afirma en su excelente trabajo sobre la construcción del ideario de Perón que “la relación discipular de Perón con Sarobe es clave para comprender muchas partes del ideario peronista”. Sarobe escribió también trabajos en torno a la historia argentina, en relación a Brasil (había ocupado el cargo de Agregado Militar en dicho país), a la cuestión iberoamericana, etc. Entre sus libros se encuentran “Hacia una nueva educación”, “Política económica argentina”, “Estudio comparativo de la potencialidad militar entre la Argentina y los países limítrofes”, “Urquiza” (en dos volúmenes), por nombrar algunos.

Cabe mencionar que cuando egresa del Colegio Militar de la Nación en el año 1908, luego de pasar por San Nicolás encuentra como destino Tierra del Fuego. Ese destino lo marca a fuego en su interés por esta región. Cuenta el General Pertiné (siendo presidente del Círculo Militar al presentar una conferencia de Sarobe sobre la Batalla de Caseros), que “a poco de egresar del Colegio Militar y cubriendo la guardia del Presidio Militar de Ushuaia aprovechó para recorrer el lejano territorio de Tierra del Fuego y visitar algunas islas adyacentes. Allí comenzó su primera preocupación por los problemas de la Patagonia”.

También realiza un viaje de estudio por otros países de Europa, cercano Oriente, Turquía, Siria, Grecia, Palestina y Egipto. Tiempo más tarde, cuando regresa de ese viaje donde hace un curso Informaciones de coroneles (hace poco había ascendido a Teniente Coronel), y Generales del Ejército en Versalles, viaja nuevamente a la Patagonia. Cuenta Ricardo Rojas: “a su regreso fue designado Jefe de distrito en Chubut y recorrió nuestro territorios australes, acumulando observaciones”. Criticaba también el país diagramado en torno al puerto de Buenos Aires, el avance de la provincia central en detrimento del interior provinciano.

            El mismo Ricardo Rojas destaca su personalidad y sus estudios históricos considerando que “es un militar que no encierra su profesión en prejuicios de casta, porque se siente hombre y ama a su pueblo (…) Es un historiador que ha leído su biblioteca y que no escribe rapsodias de copista, sino libros de concienzuda elaboración personal”. Rojas además refiere específicamente al libro del General sobre la Patagonia considerando que si bien es un libro con cuestiones geográficas, también lo es de historia y análisis profundo sobre la región en la actualidad, ya que trata de cuestiones pasadas, presentes y contiene una potencia para el porvenir. Afirma que el libro “recapitula el pasado, actualiza la información, replantea los problemas económicos y sociales tal como hoy se presentan a la soberanía argentina en aquella vasta región del país. Si el General Sarobe sólo hubiera escrito ese libro, él sólo bastaría para señalarlo a la consideración de sus compatriotas, por información y las sugestiones que contiene”.

Otro que tiene una valoración positiva del trabajo de Sarobe es el Dr. Gregorio Araoz Alfaro quien refiere al libro de Sarobe sobre la Patagonia arguyendo que cuando la estudió eran una región muy poco conocida, y que lo Sarobe lo hizo “no únicamente como técnico de guerra, sino especialmente desde el punto de vista social y económico”.

Por su parte, Carlos Ortíz de Rosas afirma, cuando la aparición del libro de Sarobe en torno a los problemas de la Patagonia a mediados de los años 30, que el libro “produjo un verdadero impacto. No es aventurado afirmar que en gran medida contribuyó a crear en la opinión pública la conciencia de que era impostergable empezar a preocuparse seriamente por una descuidada por casi todos los gobiernos nacionales. En cambio, no lo había sido para quienes desde siempre la han mirado con poco disimulada codicia”.  Lamentablemente observamos que en la actualidad este último elemento de la avidez (fundamentalmente), extranjera sobre nuestro territorio no ha cejado, y en forma alarmante esa preocupación seria que el autor marca a partir de la obra de Sarobe ha desaparecido mayormente hace tiempo.

El desinterés sobre la Patagonia que continúa condensando un conjunto de problemáticas, como asimismo la ambición sobre el territorio y sus recursos que remarcábamos, al mismo tiempo que sus enormes potencialidades en relación a su ubicación geopolítica y las riquezas que posee, su escasa densidad demográfica y nuestra débil capacidad de defensa, entre otras cuestiones, demuestran la urgencia de retomar las grandes problemáticas nacionales, donde nuestro territorio en toda su extensión, su explotación y aprovechamiento en función del desarrollo y la ruptura de la dependencia, la defensa del mismo y sus recursos, ocupen un lugar central en la agenda política.

            Nos interesa en este marco hacer un breve recorrido sobre las ideas que plantea Sarobe en torno a la Patagonia y sus diversas problemáticas que observa cuando escribe en los años 30, varias de las cuales continúan hasta el presente, y otras aunque no tengan presencia hoy en día, nos sirven para pensar una forma de razonar partiendo del estudio de la realidad nacional, y buscando soluciones propias a nuestras problemáticas.

            El General Sarobe aborda la cuestión patagónica desde las más diversas aristas, llegando a tener una visión completa y profunda de la misma. Así la analiza desde los antecedentes históricos, la geografía, la cuestión Malvinas y Antártica, su clima, la demografía, la tierra, la economía, las actividades económicas, los recursos naturales, las comunicaciones ya sean marítimas, ferroviarias o a través de otros medios, su organización política, los parques nacionales, la educación y la cultura, las problemáticas sociales, etc., etc.

El General conoció la región patagónica en los años de su juventud, y en los inicios de su carrera de oficial como indicamos, despertando en él tempranamente el interés por el estudio de una cuestión de gran magnitud y trascendencia. Sarobe destaca el desconocimiento generalizado en torno a esta región que observa en los años de sus reflexiones. Considera en primer lugar que la noción de “desierto” que se había aplicado a la región austral contribuye, entre otras cuestiones, a la confusión en relación a sus características. Resalta así que en realidad la Patagonia comprende diferentes regiones geográficas ya sea por las diversas características del suelo, de producción o de clima. Conocer las características del suelo resulta central para la exploración y explotación de los recursos a la vez que para la defensa de los mismos. Resulta necesario estrechar los vínculos entre el interés individual y el colectivo. La Patagonia así, por sus características, no constituye un desierto, y tampoco es esa “tierra maldita” como la catalogó en 1835 Charles Darwin.

La Patagonia se divide en dos regiones diferentes que tienen por lo tanto aplicaciones económicas también diferentes: una, la semiárida y seca de la costa y de las mesetas que denomina como las pampas (quizás sea confuso llamarla así, pero lo entiende más por costumbre); y la otra, la accidentada y fértil de la pre-cordillera y cordillerana.

En torno a la falta de una política demográfica-migratoria que se oriente a la ocupación de esta región afirma que “si la población no ha ido hacia el Sur, es porque en ello no ha encontrado aliciente. Las corrientes migratorias no se orientan y desplazan por azar y por puro capricho. Es el factor económico-social quien las encauza y las mueve y contra la influencia de ese factor determinante y decisivo nada que no sea orgánico y racional puede intentarse. Expuesto en estos términos el problema surge el remedio más eficaz: producir, en el Sur, el atractivo del interés”.

            Realiza consideraciones críticas en torno a la toponimia en tanto “muchas veces las designaciones de los accidentes geográficos (…) no tienen significado para la posteridad porque no han sido aplicados con justicia ni acierto histórico: las más de las veces son antojadizas, han sido modificadas caprichosamente con el andar del tiempo y están desvinculadas de los sucesos y de las figuras más relevantes del descubrimiento o de la conquista”. Destaca también personajes centrales en el avance y establecimiento de la soberanía nacional como Julio Argentino Roca o Francisco P. Moreno, por mencionar algunos casos entre los más destacados de los muchos nombres que recorre.

En relación al General Julio Argentino Roca afirma que es “el primer estadista argentino, que tuvo la visión exacta de la importancia y del porvenir de la Patagonia (…) el General Roca dilató las fronteras políticas de la Nación hasta sus naturales confines geográficos”. El triunfador de Santa Rosa no solo produjo un avance territorial sino que también “bajo su gobierno se establecieron las bases de la organización administrativa de los territorios, se los exploraron en diversas direcciones, se realizaron viajes de carácter científico, se fundaron las primeras colonias agrícolas y ganaderas, se crearon guarniciones militares, se fomentaron las comunicaciones marítimas y se declararon libres los puertos del litoral Sur al comercio y al tráfico internacional. Esa fue la edad de oro de la Patagonia. Ella triplicó el número de sus habitantes”. Resulta necesario destacar también el inicio de la política antártica argentina hacia el final del segundo gobierno de Roca (1904).

Sarobe destaca que en la acción colonizadora sobre la Patagonia inmediata a la campaña conducida por Julio A. Roca antes de asumir la Primera Magistratura, confluyen tres corrientes: la que proviene del Norte y continúa las huellas del ejército expedicionario, avanzando sobre Neuquén y Río Negro, otra corriente que avanza desde el Centro con la fundación de pueblos en base a la construcción de una red de canales derivadas del Río Chubut dando nacimiento a Madryn, Gaiman y Trelew (esta corriente encuentra como antecedente y base el intento de establecer una colonia de galeses por parte de Elsegood de 1856, y la de Michael Jones en 1865 que establecieron los cimientos de Rawson). Por último, en tercer lugar destaca la corriente proveniente de nuestras Islas Malvinas hacia Santa Cruz en 1883, bajo el impulso del Gobernador Carlos Moyano que había viajado a las islas ofreciendo tierras en forma gratuita en la parte continental de nuestro país.

            Pone de relevancia en los 30 las diversas fuentes de riqueza que permanecían prácticamente inexploradas como el caso de la minería. Sarobe también hace énfasis en la necesidad que el Estado desarrollara una política minera para orientar las iniciativas y canalizar las energías nacionales. Ponía de relevancia también la enorme riqueza pesquera tanto en ríos, lagos, como (fundamentalmente), en la ribera marítima.

Sarobe rescata en varias ocasiones a Ezequiel Ramos Mexía quien trazó un plan de construcción de ferrocarriles, el mismo, “se materializó con el establecimiento de los primeros ferrocarriles en la Patagonia”, como el de Viedma a Bariloche, el de Comodoro a Colonia Sarmiento o el de Puerto Deseado a Colonia Las Heras. El tendido de vías férreas resulta central para la unificación de la el litoral atlántico y los valles cordilleranos, así “con el riel será posible la colonización de esa región y la explotación de las variadas riquezas que encierra; el cultivo progresivo del suelo, el laboreo de las minas, la explotación de los bosques, la instalación de la pequeña industria y el transporte del ganado bovino a los frigoríficos y poblaciones de la costa. Así se establecerá el verdadero equilibrio económico entre las dos zonas diferentes, entre la cordillera y la costa, separadas por la región semiárida del interior”.

Asimismo, “una atención primordial debe dedicarse a la organización del servicio de comunicaciones marítimas y terrestres”. En el punto nodal de las comunicaciones marítimas Sarobe piensa en una solución integral a partir de la intervención del Estado, ya que el fomento de la región está estrechamente ligado al logro de hacer más económicos los fletes y esas comunicaciones. Propone en esta cuestión concretamente la creación de una entidad bajo el nombre de Unión Marítima Argentina, que esté “integrada por la fusión de todas las empresas existentes grandes y pequeñas, que quisieran hacerlo y de la cual también formaría parte la División Transportes de la Armada”. Es necesario también complementar (como la establecía el plan de Ramos Mexía), el ferrocarril con el tráfico marítimo rompiendo la competencia.

En vinculación al transporte también Sarobe señala la importancia de fomentar las comunicaciones aéreas, como asimismo la utilización de aviones para misiones científicas ligadas a la fotografía en virtud de relevamientos topográficos. Destaca por otro lado al automóvil como medio de circulación en tanto la rapidez que puede lograrse, fundamentalmente donde no llega el ferrocarril. Por último realiza un análisis en torno a la falta de un animal de carga para explorar los rincones más alejados y complejos por las características del suelo y el clima (donde el caballo y el buey no llegan), afirma el General que “falta en la Patagonia el animal de carga que existe y sirve al hombre en otras regiones de clima y suelo parecidos”. Propone así la introducción del camello bactriano utilizado en las estepas mongólicas y siberianas (cabe recordar que en los 30 había sido Agregado Militar a la Legación Argentina en Japón, recorriendo, entre otros lugares, la región hasta los límites con Siberia, y parte de la Mongolia exterior, visitando asimismo varias ciudades de China.

            Rescata un informe de la Comisión de Estudios Hidrológicos sobre la región septentrional de la cordillera patagónica en comparación con Suiza, reproduciendo entre sus conclusiones que “la región de los lagos de los Andes (…) ha sido llamada la Suiza argentina no solamente por su majestuosa belleza; pero también es semejante a aquel país de prósperas comunidades, en los aspectos que afectan su porvenir material”. Considera asimismo que en el momento cuando escribe sobre la región patagónica resulta manifiesta la necesidad de montar una red de estaciones meteorológicas (sobre todo en la región andina fronteriza), que indague en los datos y antecedentes meteorológicos.

Se destaca también la concepción en torno a la unidad de la región en base al establecimiento de comunicaciones rápidas con Buenos Aires y otros centros del país, en ese sentido se tienden hilos telegráficos, al mismo tiempo que “se realiza una activa propaganda en Malvinas y en el exterior, a objeto de estimular la afluencia de pobladores y de colonos a las nuevas tierras”. Asimismo se estableció el servicio de los transportes nacionales en la costa Sud (tráfico atendido por 20 años por parte de la Armada Nacional, y luego también por compañías privadas).

El General también resaltaba que en desarrollo de Tierra del Fuego (gobernación nacional desde 1884), grandes extensiones de tierras fueron concentradas en pocas manos por la deficiente política del Estado en relación a la tierra pública a comienzos del siglo XX. Así encuentra el origen del latifundio en la provincia fueguina.

Sarobe afirma que “el problema de la tierra es el más importante, es el problema máximo de la Patagonia actual”. Considera que no ha existido hasta el momento en que escribe ninguna política de colonización oficial en forma seria y orgánica. De esta forma, en gran medida la iniciativa quedó librada al esfuerzo individual. El General es sumamente crítico de la formación de latifundios, considerando que el Estado realizó diversas iniciativas para colonizar los territorios mediante la venta o concesión de tierras fiscales, no obstante esa política no fue realizada en forma acertada en tanto “dio origen a la formación de latifundios”.

La base del latifundio se encuentra en la especulación con las tierras fiscales, a leyes insuficientes y deficientes o mal aplicadas, acompañada en varios momentos del poco conocimiento en relación a las características de la tierra, como asimismo la falta de criterio con que algunas veces fueron entregadas. Por ejemplo el Estado nacional enajenó tierras aptas para cultivo intensivo como si fueran pastoriles, o bien se vendieron tierras en bosques nacionales y se crearon colonias en zonas áridas e improductivas. Toma de una Memoria realizada por la Dirección general de Tierras que “grandes fortunas se iniciaron y se formaron con las dádivas que hizo la Nación, pero no fomentó una población densa y productora”.

La necesidad de la planificación en torno a la colonización de la tierra y del fomento de la población y el trabajo en base a la propiedad de la tierra como elemento para la igualdad, considerando que “la propiedad ennoblece al individuo, porque estimula sus energías morales, aviva su fe y alienta su esperanza”. Insiste Sarobe con contundencia en que “hay que ayudar y estimular al poblador real. La mejor medida es darle cuanto antes, en propiedad, la tierra que trabaja. La ley y la acción enérgica de la autoridad apoyada en ella, deben oponer una valla infranqueable a las maniobras de los acaparadores y latifundistas. Por otra parte y de una vez por todas, se debe saber cuáles son los pobladores reales y cuáles los ficticios, en las tierras públicas de la Patagonia”. Por eso insta a la necesidad de “hacer propietario al poblador de la tierra que explota”.

Se pone de relevancia la necesidad que el Estado colonice regiones con escasa o media densidad de población. Asimismo resalta la necesidad de estudiar, recopilar datos y establecer un sistema estadístico que permita contar con los datos necesarios para poder establecer políticas certeras sobre las problemáticas.

También reclama una política forestal profunda que proteja el rico patrimonio cordillerano de “la destrucción ciega y la voracidad mercantilista”. Destaca también la riqueza minera de la Provincia de Neuquén, y la necesidad de planificar su explotación. Desde ya remarca la magnitud e importancia del descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia unos años antes (1907), y la creación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), bajo dirección certera de otro militar: Enrique Mosconi.

La cuestión Malvinas y la soberanía nacional sobre las mismas no podían quedar fuera del estudio, así además de los fundamentos históricos y jurídicos de la misma, Sarobe destaca tempranamente que (al igual que la de los Estados y Año Nuevo), “son como una prolongación del suelo patagónico, surgiendo a la distancia de las profundidades del océano (…) se encuentran comprendidas dentro del mar argentino y también como por razones geográficas y geológicas evidentes, son como una continuación de las tierras continentales”.

Otra cuestión que destaca entre las problemáticas patagónicas es la explotación pesquera de nuestro mar. Observa que si bien tiene condiciones excepcionales, una gran riqueza y abundancia de pescados, ha sido escasamente estudiado, asevera: “es necesario conocer nuestro mar, saber dónde se halla localizada la riqueza que encierra” , y a partir de allí poco aprovechado. Propone así una nueva ley de pesca que atienda las formas de explotar los lagos y los ríos en vinculación a sus particularidades que lo hacen diferente de a los de otras regiones del país. Observa asimismo la enorme potencialidad que tiene los ríos que bajan de las cumbres a los valles y la necesidad de su aprovechamiento como fuerza hidráulica en virtud de la industrialización del país. Considera que no resulta provechoso al desarrollo de la región la quita de aranceles a productos que se producen o extraen en nuestra Patagonia.

Realiza una crítica a los cazadores furtivos que ponen en riesgo la reproducción de los animales que habitan en la región. Así por ejemplo destaca al guanaco “que por la desaparición o la casi extinción de las otras especies menores, concentra ahora sobre su cabeza las furias de la actividad exterminadora”, y anota: “hasta hace pocos años se podía ver sobre las lomadas y mesetas de la Patagonia grandes manadas de guancos. Por excepción, se ve hoy, en los mismos lugares grupos asustadizos de esos animales”. También resalta que las alambradas contribuyen a la destrucción del animal en tanto en los inviernos no pueden bajar a zonas más abrigadas.

Da cuenta de la importancia del fomento y cuidado de los parques nacionales de la Patagonia, iniciados con el PN Nahuel Huapi en el final de la segunda presidencia de Roca, y con el fuerte impulso de Francisco P. Moreno. Esos parques nacionales deben ser reservas “para el placer y el bienestar de todos los habitantes de la Nación”, por eso “no pueden ser enajenadas”, ya que de esa forma se transformaría “en la residencia de algunos centenares de privilegiados. Si eso ocurriera, el parque nacional tendría de tal solo el nombre”. También considera la necesidad de fomentar el turismo en la zona en virtud de favorecer la economía patagónica. Ese fomento depende mayormente de la organización de los servicios a esos fines.

La educación pública adquiere una importancia singular en la Patagonia en tanto la observa como la preparación de la fuerza humana para el impulso del desarrollo de la región. Así, “la triple faceta económico-político-social, aplicada a la Patagonia, debe tender a arraigar al habitante, levantar su nivel de cultura, a acentuar su personalidad moral, y esto sólo puede lograrse preparando al futuro ciudadano por medio de una educación racional y práctica”. La escuela constituye “uno de los factores más eficientes de cultura, de argentinización y de cohesión social de que se puede echar mano en los territorios del Sur, como lo sería en cualquier otra región del país”. Es absolutamente necesario implantar una profunda educación nacionalista.

En torno a la educación también precisa que “si bien es cierto que es conveniente cultivar el particularismo de cada región en lo relativo a la enseñanza de las ciencias naturales y demás conocimientos de orden práctico, no es menos juicioso propender, mediante una educación dirigida dentro de un plan nacional y en lo relativo al idioma, la lengua, la geografía, la historia, la instrucción moral y cívica, a fundar la unión espiritual de la familia argentina y con ella la de la patria. La unidad política y social de un pueblo reposa sobre la unidad de su cultura”. Reclama también la protección por parte de Estado Nacional de las poblaciones indígenas, que “debe traducirse especialmente en un adecuado régimen agrario y en una legislación especial que les concierna”.

Esta ideas que desarrolla Sarobe en torno a la Patagonia y sus problemas se enmarcan en un conjunto de ideas más amplio que expresa claramente en un artículo que General escribe en la Revista Militar en noviembre de 1940, donde argumenta que “nuestra subordinación económica al Viejo Mundo, ha sido tan grande en el último medio siglo, que se puede decir que la economía nacional ha vivido de espaldas a las infinitas posibilidades que en riquezas naturales brinda el suelo y el subsuelo de la República en vastas regiones y a las ventajas evidentes que ofrecería el intercambio activo con los países limítrofes”. Destacando asimismo que “la Patria no es una factoría. El hombre no es sólo un elemento de producción. El ideal de la vida no es solamente ganar dinero. Tampoco el tiempo es sólo oro (…) Más trascendente que mejorar la técnica, es cultivar el espíritu del hombre; porque la ilustración es lo secundario y  la educación lo principal”. Expresando también que “los problemas sociales (…) no se resuelven con esporádicas distribuciones de socorros entre los necesitados (…) En materia social no conviene confundir los efectos con las causas. Para resolver el problema social, en vez de distribuir víveres y ropas entre los necesitados, se requiere por parte del Estado el desarrollo de una política encaminada a explotar la riqueza nacional, proteger el trabajo y eliminar la desocupación, fomentar la pequeña industria, defender el hogar y la familia, difundir la instrucción, estimular la cooperación social y crear la legislación protectora de las clases necesitadas de la sociedad”.

El General José María Sarobe deja una huella ineludible en el análisis de la región patagónica, tanto por sus diversas problemáticas como por sus potencialidades, su vinculación con el desarrollo nacional y centralidad en nuestra soberanía nacional, más aún pensando la misma en torno a los peligros que se aventuran en la región, como por su enorme proyección y puntal en la conformación de la conciencia nacional. El fomento de las vías de comunicación, la integración nacional-regional, la cohesión social, el estudio de la realidad, una política demográfica, el fomento de la densidad nacional, la conformación de una política nacional en torno a la defensa del país, una educación profundamente patriótica, la protección, desarrollo y explotación de los recursos por parte de la nación, etc. resultan cuestiones atinentes a la profundización del fomento y fortalecimiento que reclamaba Sarobe hace más de 80 años de esa conciencia nacional para el fortalecimiento de la soberanía nacional y el camino de la emancipación nacional.

 

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