viernes, 16 de mayo de 2014

La disputa del valor simbólico

por Jorge Rachid


"Una imagen, viste mas que mil palabras." Esa frase resume una de las batallas capitales que se libran en los procesos históricos, que pugnan por instalar los nuevos paradigmas, esos que respondan a las nuevas realidades, nuevos escenarios protagonizados por los pueblos. Esa batalla cultural, que define los caminos a transitar en los tiempos futuros, contiene en el espacio simbólico un imaginario, que a la postre, resultará en dominante, ya que será el eje convocante, en la construcción de los nuevos modelos sociales. De acuerdo a la ideología y doctrina vencedora en dicha batalla, este modelo será vertebralmente materialista, de un capitalismo que a los sumo abandonará la concentración financiera, para revestirse de pátinas renanas de distribución social, en el modelo liberal o por lo contrario será un modelo de construcción humano céntrico, donde el hombre sea el sujeto prioritario y excluyente del proceso de acumulación y distribución económica, en el modelo social solidario peronista.

Ninguno de los capitalismos conocidos, el liberal anglo sajón, europeísta de matriz occidental, ni el capitalismo de estado de conceptualización socialista y de concreción burocrática, logró alcanzar al conjunto de los pueblos a los que estuvo dirigido, con un esquema de Justicia Social y equidad distributiva, que tuviese coherencia con sus principios iniciáticos, tanto liberales como marxistas. Fueron los procesos llamados peyorativamente por los países dominantes, "populistas", los que avanzaron por sobre las concepciones dogmáticas, instaladas como verdades universales y apuntaladas por las herramientas forjadas por los mismos centros de poder mundial, como los organismos de crédito mal llamados "multilaterales", ya que responden a mandos únicos de diseño imperial y colonizador. Estos procesos populares emplearon políticas denominadas heterodoxas por "los dueños del saber", pero que dieron respuestas a las necesidades del conjunto del pueblo. Esos mismos procesos populares, como el nuestro, el Peronismo, generó espacio a una nueva construcción del pensamiento, con categorías no incluídas por las culturas dominantes, con ejes propios, nacionales, que responden a la interpelación de la historia sobre el presente, demanda que determina una pugna por el relato, por la palabra, que invade cada ámbito de la vida nacional. Es que la construcción histórica, marcada por la impronta de los vencedores portuarios, anglófilos y sumisos, sirvió de base para un desarrollo nacional iniciático que desde la infraestructura a la educación, fue funcional a los intereses económicos dominantes, provocando desde el saqueo expoliador de nuestros recursos naturales, hasta la formación de profesionales, colonizados en su pensamiento y práctica laboral. De ahí que cambiar el eje de la construcción del pensamiento, es marcar el comienzo de un nuevo proceso de construcción social autonómico, que intente y pueda dar respuestas a las necesidades de mediano y largo plazo de un plan estratégico nacional, pero que contenga como ecuación principal en cada etapa, la prioridad de la ampliación de los derechos sociales, razón de ser doctrinaria e ideológica del peronismo, que sean esas medidas,emergentes de las nuevas situaciones y escenarios que acompañen el marco de construcción de la situación nacional.

Un proceso de recuperación identitaria que se viene realizando desde el 2003, con marchas y contramarchas, errores y aciertos notables, recuperando soberanía y capital productivo y social, que había sido entregado en la etapa neoliberal, en donde se da la batalla cultural por el espacio simbólico, que define la continuidad o no del camino iniciado, por la recuperación del estado como articulador social, ordenador de las asimetrías generadas por el capitalismo salvaje, instrumentado por décadas neoliberales y se produce defendiendo los intereses de los sectores mas humildes y desprotegidos de la sociedad, creando nuevos esquemas de seguridad social, construyendo modelos a futuro tanto previsionales con garantías de sustentabilidad como sociales sobre el futuro con el pueblo como protagonista, con las AUH, planes Progresar, Procrear, Nacer, Trabajar entre otros, además de la red de leyes laborales, que creando trabajo genuino, imponen además de salarios, dignidad a los trabajadores con absoluto respeto a los valores de vida que decimos defender.

Ese estado está hoy en discusión por quienes quieren volver a instalar la idea del mercado como único ordenador, con un estado mínimo, que no desarrollarán, ni expresarán en sus contenidos, pero lo manifiestan con frases que no pasan desapercibidas: "achicar el déficit fiscal", "disminuir el gasto público", "flexibilizar las leyes laborales", "integrarnos al mundo", "abrir la economía a las importaciones", "terminar con el prebendarismo y los planes sociales","cerrar ( claudicando soberanía)los conflictos externos", " eliminar las retenciones", "poner las FFAA en la lucha contra el narcotráfico", "sancionar el conflicto social que invade el espacio público", "mano dura", "tolerancia cero". Todos términos repetidos hasta el cansancio por quienes, que  cuando gobernaron, ocultaron bajo la alfombra mediática cómplice los muertos, los desamparados sociales, los marginados, los excluídos expulsados, las represiones, la violencia estatal, la corrupción de los "grandes números" como el endeudamiento externo e interno, los saqueos de las AFJP, la estatización de las deudas privadas, la condonación de las deudas (estafas y evasiones) al fisco, entre otras tantas corrupciones, la mayoría de las cuales, por complacencia de la justicia, fueron prescriptas, por el tiempo transcurrido y dejadas caer, pagando el conjunto de los argentinos décadas de infamia.
 
Esta batalla, que se da en este tiempo, requiere una estrategia comunicacional, que no esté direccionada por la agenda del enemigo, que no responda a la cuota perversa cotidiana de una táctica destituyente, sino que instale aquellos temas que apuntalen los objetivos propuestos, demoliendo, por contradicción, aquellos argumentos falaces, mentiras, ocultamientos y distorsiones,  deconstruyendo el discurso liberal, que pretenden crear caos donde no lo hay, intolerancia donde existe convivencia, racismo cuando siempre fuimos un país de brazos abiertos, constitucionalmente previsto, corrupción como si fuese patrimonio actual, pidiendo consenso y tregua cuando se avanza sobre intereses concentrados hegemónicos, planteando como persecusión el cumplimiento de obligaciones fiscales, consignando como revancha a los juicios por la memoria, la verdad y la justicia, reclamando ahora derechos que nunca defendieron, al atacar la política de DDHH de esta etapa, orgullo en el mundo entero por su respeto a la Justicia, a la defensa, a la verdad, que el gobierno argentino asumió con valentía y dignidad nacional, como no hizo ningún otro país del mundo.Se quieren presentar como víctimas quienes son y fueron victimarios de las mayorías populares. Quieren hacer aparecer al peronismo como violento, cuando siempre fuimos los perseguidos, asesinados y desaparecidos en los genocidios conocidos desde 1955 en adelante, cuando fueron capaces de vejar el cadáver de Evita, cortar las manos de Perón, desaparecer a Felipe Vallese, fusilar a sus camaradas de armas que pedían ¡elecciones!, movilizar militarmente a trabajadores argentinos en el Plan Conintes, masacrar generaciones para preservar sus negocios, monitoreados por la Doctrina de seguridad nacional de EEUU, luego saqueados por el Plan Brady y las privatizaciones, en el marco del Consenso de Washington de democracia limitada, entregando el esfuerzo de trabajo y sacrificio de generaciones de argentinos, llevándonos a la diáspora social indigna al que el pueblo dijo "basta" en el 2001. El pueblo peronista lucha contra ese esquema de traición nacional, quien lo avale mal puede llamarse peronista o militante del campo nacional y popular.

Esta lucha por el valor símbólico es muy clara para el enemigo, casi estratégica en su esquema de dominación social y económica, debemos preguntarnos si lo es para nosotros, quienes aspiramos a consolidar el camino, ampliar las bases de representatividad del movimiento nacional, reafirmando en lo doctrinario, ideológico y político el rol protagónico del peronismo, como producto cultural de la identidad nacional, que irrumpe en el escenario del pensamiento, cuestionando los parámetros establecidos por las escuelas eurocentristas (algunos de los llamados "progresistas que descreen de los procesos nacionales), que contienen categorías de otras latitudes, generalmente de los países centrales, que son prioridades ajenas, circunstancias diferentes, tiempos históricos e idiosincrasias alejadas de las necesidades nacionales.

El nuevo espacio Latinoamericano con UNASUR y CELAC, define como pocas veces en la historia americana, la irrupción protagónica de los pueblos en la construcción de su destino, definiendo una Patria Grande, soñada por los padres fundadores y comenzada a construir 200 años después, con luchas populares, derrotas y victorias que marcaron conciencia, crearon identidad, con operaciones de inteligencia imperiales destinadas a la fragmentación del espacio común, cipayos propios, nuestros, colonizados en su pensamiento o en sus intereses, coaptados los medios hegemónicos de comunicación de esta etapa, verdaderas armas de destrucción masiva del imaginario social, asociados a los diseños que intentan imponer los centros de poder mundial, hoy en crisis y decadencia de los valores que decían defender desde "su occidente cristiano". 
Hasta el Estado de Bienestar, herramienta paliativa social de las pos guerras mundiales, debió ser enterrado por la lógica capitalista financiera de estos tiempos, que privilegió los bancos por sobre los seres humanos, que colonizó aun mas, endeudando a los países en crisis, colocándolos en posición de dominados económica y políticamente aunque con la ilusión de integrados globalmente, situación que pretende trasladar la crisis de los países centrales a nuestro países latinoamericanos como lo hicieron históricamente, en otros contextos de políticas genuflexas, que para ello, para penetrarnos culturalmente, contratan personajes, compatriotas nuestros, prestos a ser galardonados en el exterior aunque sean repudiados en nuestro país, como los argentinos que se "subieron a los barcos ingleses y franceses, con la excusa de combatir a Rosas", como aquellos que convocaron las tropas lusitanas a la batalla de Caseros; otros que prefirieron entregar a los ingleses la Banda Oriental constituyendo un estado a sus fines, Uruguay, antes que construir la Confederación Nacional que impulsaba Artigas declarándolo traidor a la Patria por su propuesta; los mismos que despreciaron al Juana Azurduy cuando pedía ayuda a Belgrano desde Cochabamba, que dejaron caer el Alto Perú, por sólo defender los intereses del Puerto de Buenos Aires, como hoy defienden la macro economía  frente a las necesidades sociales y su urgente respuesta solidaria.

Así es la historia, una eterna pugna, que quienes llaman al consenso sólo atinan con ello a conservar privilegios, postergar derechos de "otros"( teoría del derrame), obtener mayores beneficios a cualquier costa, incluso del destino del propio país(relaciones carnales). No tienen problemas de vivir en otros lares, argentinos que quieren seguir sintiéndose europeos aunque les digan "sudaca", ni que los yanquis los desprecien por "latinos", pero engordan sus pechos porque les dejan transitar las alfombras del poder, sin darse cuenta que siempre serán invitados indeseables en una fiesta que no le es propia, convocados por el solo hecho de la sumisión, expresada en negocios espúreos de entrega del patrimonio nacional.

Hemos vivido una etapa que no pensábamos transitar los otoñales de esta hora, fortalecerla con aportes del pensamiento es una tarea militante, que consolide los avanzado dándole contenido doctrinario, apuntale el camino fijando los ejes políticos, recree el pensamiento peronista de la hora actual, ideologicamente desde la perspectiva histórica pero con planteo estratégico, pensando y desarrollando el modelo solidario del siglo XXl a la luz de los valores permanentes de nuestro pueblo, apuntalando los valores simbólicos que hicieron posible que un movimiento popular, nacional, revolucionario y latinoamericanista fuese gobierno o factor de poder durante casi 70 años, hecho inédito en la historia contemporánea, que pudo lograr regresar a su líder por medio de la democracia después de 18 años de destierro y proscripción, que logró reponerse del genocidio de la dictadura militar, de la derrota electoral del 83, de la traición doctrinaria y política de los 90 realizada en nombre nuestro, del genocidio de la mayor ingeniería social del siglo XX, que desplazó mas de 15 millones de argentinos a las banquinas mismas de la historia sólo comparable al que sucedió en las guerras mundiales y recuperar la memoria colectiva desde el 2003. 
Pudimos superarlo poniendo la fuerza que sólo da el pueblo, cuando es convocado a nuevas utopías, esperanzas, realizaciones sociales y determinaciones soberanas en un camino de construcción de un marco solidario de estado social y productivo, como lo quisieron quienes lavaron sus patas en las fuentes de Plaza de Mayo en ese 1945 glorioso, donde el pueblo se puso de pié, como hoy, a construir la historia. 




Arturo Jauretche y el Nacionalismo Popular

por Aritz Recalde


Arturo Jauretche forjó una manera particular de entender, sentir y actuar la política argentina, que podríamos denominar como Nacionalismo Popular. El autor entiende que los argentinos tenemos que delinear, construir y consolidar en el tiempo una Política Nacional de recuperación y de afirmación de nuestra Soberanía económica, social, cultural y política. En su óptica, la Nación se relaciona con el Pueblo al menos por dos cuestiones esenciales: por el hecho de que el Pueblo es el sujeto político revolucionario que le va a dar identidad y que va a construir y transformar la Nación, pero además, porque consideró que la riqueza social del país tenía que beneficiar, principalmente, al Pueblo.
 
¿Qué es lo popular para Jauretche?
El concepto de Pueblo y de defensa de lo popular, adquiere dimensiones políticas y culturales. En el terreno político, el compromiso del intelectual y del activista con el Pueblo, se ejerce a través del vínculo directo con las luchas de los trabajadores y de sus Organizaciones. Para Jauretche, defender los intereses del Pueblo implicó involucrarse activamente en sus luchas concretas, interviniendo desde adentro de la esfera política. No es exagerado sostener que Arturo Jauretche entregó todos sus años de vida a la militancia estudiantil, periodística o partidaria. Tal es así, que participó en el año 1933 en un levantamiento cívico militar contra el fraude electoral, la proscripción del Radicalismo y la entrega económica del país. La arriesgada acción que dejó un saldo de más de 50 muertos y en la que puso su propia vida en juego, fue relatada en su libro del año 1934, El Paso de los Libres. Según mencionó Jorge Abelardo Ramos en el Prólogo a la segunda edición: “Jauretche tuvo doble autoridad para escribir el Paso de los Libres: su condición de soldado y de poeta.”
En el plano cultural, reivindicar lo popular implicó el respeto de sus valores, prácticas y tradiciones, frente a la denigración y el desconocimiento ejercido por las instituciones educativas. Su punto de vista interpeló las bases del Pensamiento Liberal Neocolonial que fue impuesto al país por las clases dirigentes aliadas al extranjero. Para el Liberalismo, el Pueblo era bárbaro por ser mestizo, pobre y heredero de una cultura que asimiló la tradición hispánica con los valores autóctonos. En nombre de la Civilización, se divulgó la supuesta supremacía cultural y política del inmigrante blanco, de clase alta, anglosajón y europeísta en sus costumbres. Contrariando la tesis de la Civilización y de la Barbarie, Jauretche afirmó la existencia de una Cultura Nacional propia, conformada por la identidad y por la práctica histórica del Pueblo argentino. A la oligarquía que Sarmiento y Mitre bautizaron como portadora del “Progreso”, Jauretche la acusó de aliarse al extranjero y de profundizar la condición dependiente del país. Alberdi postuló la incapacidad de los argentinos para gobernarse de manera independiente y planteó la sustitución de razas por intermedio de la inmigración (bajo el lema de que civilizar es poblar). Por el contrario, Jauretche encontró en el sustrato mestizo y popular, al sujeto de la revolución nacional. A partir de aquí, puede entenderse su reivindicación histórica de la acción de los Caudillos federales y de la masa popular que los acompañó. Reivindicó, además, la capacidad política del Pueblo para elevar a la Argentina a la condición de Potencia mundial. Frente al hecho movilizador del 17 de Octubre de 1945 y de la asunción del Peronismo en el gobierno, no fueron pocos los que postularon la incapacidad política casi congénita del los argentinos de bajos recursos. Los trabajadores fueron caracterizados como “víctimas” manipuladas por un régimen “fascista” o, incluso algunos dirigentes, los consideraron “racialmente inferiores” y los compararon con los animales (aluvión zoológico). Por el contrario, Jauretche auguró que la asunción en el poder de la clase trabajadora y del conjunto del Pueblo, generó las condiciones de posibilidad de una nueva Nación, prospera y pujante. Con esta interpretación, se distanció del Liberalismo y de la Izquierda. Los primeros, postularon que la conducción del país tenía que recaer en la clase alta blanca y preferiblemente extranjera (civilizada). La Izquierda creyó que el Pueblo tenía que ser dirigido por la clase media alta ilustrada, ya que ésta era poseedora de la ciencia europea (vanguardia marxista). 

¿Qué es el Nacionalismo para Jauretche?
La noción de Nacionalismo en Jauretche implica considerar tres aspectos fundamentales: el territorio, la economía y la cultura. Defender la Nación era una manera de afirmar los Derechos territoriales de los argentinos y latinoamericanos, contra cualquier tipo de Colonialismo. En la perspectiva del autor, el territorio nacional tenía dos grandes dimensiones. La primera unidad geopolítica de la Nación, se organizó en torno del territorio de la actual Argentina. Según Jauretche, la posesión efectiva del suelo la garantizaron Juan Manuel de Rosas y Julio Roca. En este sentido, reivindicó la defensa territorial efectuada por Rosas contra el intento de ocupación militar de Francia, Inglaterra y Brasil. Por el contrario, cuestionó con dureza a los argentinos aliados al extranjero francés e inglés y que la historia oficial elevó a “libertadores”: Bartolomé Mitre, Valentín Alsina y Esteban Echeverría. Aseveró Jauretche que mientras nuestro país se “achicaba” por la acción de los titulares de la Patria Chica, por el contrario “toda la historia del Brasil es una dura y continuada lucha por el espacio.” La segunda unidad nacional geopolítica era la “Patria Grande”, que Jauretche definió en torno de las fronteras del antiguo Virreinato y del resto de Iberoamérica. La consideró una realidad  histórica, cultural, social y política anterior a la Argentina y sostuvo en consecuencia que: “Una Política Nacional supone una idea de Patria Grande, de finalidades trascendentes y de empresa colectiva hacia un ideal nacional, no hacia formas circunstanciales. Para reencontrarla hay que volver a la Patria Grande.” En Ejército y Política, argumentó que existían dos corrientes históricas enfrentadas en su concepción geopolítica y territorial. La “Patria Chica”, postulada por Sarmiento que aseguró que “el mal que aqueja a la Argentina es la extensión”, o por Rivadavia que no apoyó consecuentemente la guerra contra España en el Alto Perú y que permitió la desmembración del Uruguay. Entre los promotores de la Patria Grande, Jauretche nombró a José de San Martín, a Rosas, a Yrigoyen y a Perón.
En El plan Prebisch. Retorno al coloniaje, Jauretche postuló que la defensa nacional tenía que ver con proteger nuestro Patrimonio económico. Mencionó como un requisito impostergable de todos los Estados, la necesaria consolidación de una “Política Nacional” que motorice el esfuerzo productivo argentino en beneficio propio. Se defiende a una Nación industrializándola y recuperando para el país y el Pueblo, el patrimonio acaparado en manos extranjeras. Por eso, defendió la Ley de Aduanas de Rosas de 1835 y consideró como actos soberanos, la decisión de Perón de industrializar el país y de administrar desde el Estado el crédito y la moneda, la energía, el transporte o el Comercio Exterior.

Finalmente, para Jauretche defender la Nación tenía que ver con afirmar la Soberanía cultural frente a la Colonización Pedagógica impuesta por la oligarquía y por el Imperialismo. Gran parte de la obra de Jauretche está dedicada a develar los efectos de la Colonización Cultural en el terreno de la producción intelectual, académica y periodística (Los Profetas del odio y la Yapa), de la dirigencia política y social (Manual de las Zonceras Argentinas) o en el terreno historiográfico (Política Nacional y revisionismo histórico). Jauretche demuestra que los poderes extranjeros manejan los valores y los contenidos transmitidos por las instituciones culturales tales como la Escuela o la Prensa. El resultado de la dominación cultural, es la conformación de una clase dirigente que no es “inteligente”, sino que se conforma como una “intelligentzia” al servicio del extranjero y de la oligarquía. El distanciamiento entre el intelectual y su Pueblo, conduce al primero a profesar el odio, el racismo y el resentimiento contra el país y su gente. Jauretche destacó que la tarea de imposición cultural colonial, atraviesa a todas las clases y esferas sociales y va conformando un sentido común para ver y para actuar, que denominó como “zonceras.” Además, argumentó que era necesario conformar una clase dirigente y una masa social  nacionalista ya que: “Una política del desarrollo económico nacional supone un paralelo y recíproco desarrollo de Pensamiento Nacional: del pensamiento y la ética nacional, porque es necesario una moral nacional que es lo que se llama patriotismo.”

Nuestro Modelo Sindical (Juventud Sindical Peronista)

Nuestro Modelo Sindical actual es producto de un proceso histórico protagonizado y sostenido por los trabajadores argentinos a lo largo de infinidad de luchas libradas desde el origen mismo del Movimiento Obrero a principios del Siglo XIX. En pleno Siglo XX, durante el Gobierno del General Juan Domingo Perón, cuya principal base social la constituían las grandes masas de trabajadores organizados en distintas Organizaciones Sindicales, el Modelo asumió niveles de fortaleza y consolidación que lo distinguen  hasta nuestros días: el Derecho de Asociación consagrado en el artículo 14 de la Constitución Nacional, los Tratados internacionales al incorporarse la Argentina a la OIT  (Art. 14 bis) y la sanción de la Ley N° 23.551 de Asociaciones Sindicales, fueron el decálogo de un proceso normativo que fue protegiendo y tutelando Derechos tanto individuales como colectivos, siempre a destiempo o demasiado tarde. Por lo tanto, no debemos confundirnos: nuestro Modelo Gremial no fue establecido por la Ley de Asociaciones Sindicales, sino que por el contrario, la Ley fue consecuencia de la experiencia histórica protagonizada por el conjunto de los trabajadores argentinos. En consecuencia, debemos afirmar categóricamente que el accionar sindical fue plasmado en una norma y no al revés, es decir, el Modelo Sindical Argentino  preexiste a todas las normativas mencionadas previamente.
En la actualidad, la incorporación de nuevas generaciones de trabajadores jóvenes a la participación sindical, conjuga un escenario alentador para consolidar un Movimiento Obrero Unido, Organizado y Solidario en defensa de los intereses de los trabajadores y del Modelo económico de crecimiento con Inclusión social. Más Inclusión significa salarios y condiciones dignas de trabajo. En este sentido, nuestro Modelo Sindical es la herramienta que los trabajadores tenemos para alcanzar una distribución más equitativa de la riqueza y para hacer realidad el sueño de un país que se desarrolla económicamente de manera Independiente y con Justicia Social. En un mundo en el que el poder económico y financiero internacional se fusiona en grandes Corporaciones de capital trasnacionalizado que provocan especulación, tercerización y acciones desestabilizadoras a escala mundial, no es casual que estos mismos poderes económicos nos quieran fragmentar. Su objetivo es debilitar nuestros reclamos y bastardear los mecanismos de los ámbitos de discusión existentes. Por lo tanto, la defensa de nuestro Modelo Sindical debe ser irrestricta y sin cuartel ya que configura el pilar básico de un Movimiento Obrero Unificado, Solidario y Organizado. No queremos más fragmentación, queremos más Unidad y más Organización en el Movimiento Obrero.
Para ello estamos dispuestos a dar la discusión que haya que dar para mejorarlo. No obstante, sabemos que hay muchos sectores que fomentan discusiones y contradicciones falsas con el único objetivo de destruirlo. Es este Modelo Sindical Argentino el que confiere la Personería Gremial a los Sindicatos más representativos y, por medio de ella, la capacidad de defender los Derechos laborales, siendo la negociación colectiva la herramienta fundamental que tenemos los trabajadores organizados para el reparto de la riqueza. En un país que se ha desarrollado durante los últimos 10 años de manera ininterrumpida, no cabe duda que el Modelo Sindical Argentino fue, es y continuará siendo el mecanismo fundamental que tenemos los trabajadores para acceder a los beneficios del crecimiento de nuestra economía. Estos logros, obtenidos a través del ejercicio de Derechos sindicales son producto de la fortaleza de nuestro Modelo Sindical. La Unidad y la concentración del poder sindical es la condición indispensable para la defensa de los Derechos de los trabajadores frente a los poderes económicos.

A lo largo de nuestra historia, las Organizaciones Sindicales hemos sufrido la persecución constante de las Dictaduras cívico-militares y los diversos embates de las Corporaciones  Judicial, política y mediática. En este contexto, algunos dirigentes del Movimiento Obrero han alimentado equivocadamente a estas fuerzas de la Antipatria anteponiendo sus mezquinas pretensiones a los intereses de los trabajadores en su conjunto. Sin embargo, miles y miles de trabajadores seguimos respaldando contra viento y marea nuestro Modelo Sindical día a día, con nuestra fuerza de trabajo, a través de las afiliaciones, la participación y la elección de compañeros representativos de nuestros intereses, sueños y anhelos. Esta Juventud Sindical Peronista defiende la Democracia en todas sus formas y expresiones y repudia los embates que sufre nuestro Modelo Sindical por parte de aquellos sectores que bajo la idea de una fingida “Democracia”, postulan la fragmentación del Movimiento Obrero desde una concepción liberal e individualista: mediante las operaciones del “sálvese quien pueda y como pueda”, buscan atomizar al Movimiento Obrero organizado y su defensa colectiva, intentan sin miramientos romper la Unidad sindical aspirando a que el Movimiento Obrero se atomice y se debilite.
Para el Movimiento Obrero la construcción de la identidad colectiva es fundamental. Tener identidad equivale a tener existencia a partir de nosotros mismos, reconocernos en una historia de lucha compartida como plataforma para actuar en el presente y lanzarnos audazmente hacia el futuro. Nuestra identidad colectiva se cimenta en el reconocimiento de la conciencia profunda de nuestra realidad colectiva. Es una óptica desde donde mirar nuestra Patria, para amarla, defenderla y comprenderla. No puede defenderse lo que no se conoce. Por eso, identificar y dar sentido a los valores que compartimos, las cosas que queremos y que nos hermanan es la tarea de esta hora de nuestro Pueblo. Es lo que nos da origen al “orgullo de ser” y pertenecer al glorioso Movimiento Obrero argentino. La historia de los trabajadores organizados es la clave para interpretar quiénes somos en la actualidad y hacia dónde vamos. Hoy somos millones de trabajadores que desde hace años estamos afiliados a una Organización Sindical por actividad, tarea u oficio. Ayer y hoy somos los que resistimos y peleamos contra la explotación laboral, los que sostenemos que debe existir un horizonte mejor para nosotros y nuestras familias. Somos los que creemos en que la Justicia Social es el único reaseguro de una Patria Justa, Libre y Soberana. Pero hay algunos que en nombre del “mercado” y del gran capital, niegan nuestro Derecho a existir como realidad colectiva y, por ende, como entidad social e histórica. A ellos les decimos que no nos han vencido ni nos vencerán.

Ayer y hoy somos los que practicamos y ejercemos día a día dentro de nuestras estructuras internas la multiplicidad de voces a través de debates, Congresos, Asambleas y múltiples actividades. Mediante esta práctica permanente podemos sostener y defender la multiplicidad de voces “hacia adentro” y con un mensaje común hacia fuera de nuestras Organizaciones. Para nosotros, para nuestro Sindicalismo, el trabajador es el centro de nuestra atención no como mero prestador de tareas, sino como PERSONA INTEGRAL, con necesidades, contingencias y expectativas que van más allá de la esfera laboral y que tienen que ver con su bienestar y realización personal y social. Producto de esta visión son los sistemas de Formación profesional, las Obras sociales, Mutuales, el Turismo social y un sinnúmero de actividades y Programas sindicales que responden a esa demanda. Por consiguiente, el trabajador es el principio y el final de todo lo que hacemos en nuestras Organizaciones sindicales. El trabajador es, sin lugar a duda, la esencia misma de nuestro Modelo Sindical.

Somos quienes hemos asumido un activo protagonismo político en la vida de nuestra Patria. Los trabajadores delineamos nuestra propia forma de participación política.
Frente al poder de los Partidos políticos demoliberales, de los Medios de Comunicación personeros de las Corporaciones y de los empresarios concentrados, los trabajadores reivindicamos nuestro Derecho a decidir en qué sociedad queremos vivir, con qué medios y de qué manera llegaremos a concretar nuestros sueños. Por eso, los jóvenes que integramos la Juventud Sindical Peronista defendemos el Modelo Sindical Argentino existente, con la convicción de que es el único que garantiza efectivamente la Unidad del Movimiento Obrero organizado y, por consiguiente, su fuerza de acción para poder terminar de concretar todos los beneficios de vivir en una Patria Justa, Libre y Soberana.

Si hay que perder, que sea con las botas puestas

Homenaje al bravo Maidana: héroe nacional
por Ernesto Jauretche


“Hace años, las manifestaciones del 1° de mayo tenían el carácter de protesta por la ejecución de los trabajadores en Chicago. Eran entonces una expresión de odio, de rebeldía y lucha contra el capitalismo. Pero desde que está el general Perón al frente de los destinos de la patria, ya no albergamos odios ni rencores: nos reunimos frente a la tribuna del 1° de mayo para bendecir a Dios y celebrar la felicidad de los trabajadores argentinos.” Evita

A ver; no debería ser imprescindible. Pero sé que sí es necesario hacer expresa manifestación de una inquebrantable fe peronista; en este caso, una adhesión sin remilgos a la gestión de Nuestro Gobierno y a su Presidenta, testigo en cada corazón de trabajador y del pueblo más humilde, redimido de su marginalidad. Tengo obligaciones militantes a las que no he de traicionar. Permanezco, apoyo y contribuyo, en mi modesta medida de setentinarista con 65 años de militancia, al combate sin cuartel por una patria libre, justa y soberana, por la patria grande sudamericana y un país federal, solidario, con la conducción de Cristina: ese es mi rumbo y no lo negocio por nada. No es poco. Demasiado para nuestras descoloridas esperanzas del principio de siglo cuando, diezmados pero no vencidos, ni imaginábamos poder volver a soñar. Pero no es suficiente.

Debo decir que observo, con mucho menos sorpresa que pesar, un 1° de mayo de 2014 en que numerosas organizaciones, muchas de las fuerzas propias, otras de neto corte proletario, aún marxistas y de postulados revolucionarios, celebran el Día de Los Trabajadores (o el día del trabajo, según la terminología del año 1886), como: el día del trabajador. No hay antecedente histórico de tal denominación (salvo en los ´90). Si en la Argentina, originalmente, la jornada simbolizaba la lucha de los trabajadores por mejores condiciones de trabajo y contra la explotación del capitalismo salvaje, los dos primeros gobiernos del General Perón le agregaron un carácter de agasajo, en celebración de las conquistas logradas por el movimiento obrero en su alianza con las Fuerzas Armadas nacionales. Desde entonces, las dos grandes festividades masivas del peronismo son el 17 de Octubre y el 1° de Mayo: homenajes a los trabajadores. Así, el trabajo simboliza lucha y alegría por la construcción cotidiana del destino común: es una caricia colectiva. No hay duda, sin embargo, de que nuestra renga democracia está en deuda con los trabajadores argentinos. Faltan grandes correcciones estructurales, desde el sistema de recaudación impositiva a la reforma constitucional (compromisos incumplidos que demandará el peronismo desde sus propias bases). Sobre esas (y muchas otras) carencias opera la manufactura de los consensos. Apela a discapacidades de nuestro gobierno; pero apunta a objetivos estratégicos que van mucho más allá del discurso destituyente y de la aparente disputa de la próxima compulsa electoral.

Es tan profunda la penetración del mensaje individualista, egoísta, sectario, disgregador y excluyente del neoliberalismo que muchos militantes honestos terminan cayendo en una perversa trampa dialéctica: la de normalizar y racionalizar en su propio discurso la aceptación tácita de la quiebra de los principios y valores, las reglas de solidaridad y las redes sociales que han sostenido, sostienen y sostendrán la resistencia a la injusticia y la legitimidad reivindicativa de las luchas políticas. Personalizan, individualizan, atomizan un atributo que es inexcusablemente el resultado de una suma histórica, una concurrencia lógica, un consenso racional irrebatible: la conciencia de clase. No existe distinción entre el ingreso como producto de la creación, la producción o el trabajo manual, y el derivado de la especulación o el ejercicio de la usura. El único valor reconocido es la ganancia, el lucro. No hay ética ni dignidad en el trabajo productivo. Mientras nos da su creatividad y energía laboral en productos que gozamos todos los días, el proletariado ha sido relegado en la consideración social y en la elaboración académica como un objeto de colección que se puede encontrar en los negocios de  antigüedades. Los trabajadores fueron siempre el refugio de la democracia y de los grandes conceptos: la cultura del trabajo y la solidaridad. Sólo la fábrica, la obra, el taller, genera fruto, provecho general; y, además, cooperación, amistad, sentido social de servicio. Todos valores que hacen grandes a las naciones y no sólo a las fortunas individuales. El trabajo es la esencia de lo colectivo, de lo común, de lo total; es la mayor fuente de amistad y unión, de colaboración y fraternidad: es el manantial de la paz. Por eso hubo que aniquilar a sus vanguardias políticas, liquidar a las comisiones internas y destruir las organizaciones sindicales. Infructuosamente, porque los trabajadores, como el agua, siempre volverán a romper los diques. Por eso, hoy, la madre de las nuevas batallas es la cultural, ya no con fusiles: con medios de comunicación y pedagogía imperial.

Se está “naturalizando” el colonialismo cultural, hasta confundirlo con un lenguaje para “la gente”, para “vos”, para “ella” o para” él”, para “el vecino”, para “el amigo”, para “todas y todos”; para el medio pelo, desclasado y sin utopías, para los mediocres carentes de la emoción del heroísmo, para los pusilánimes, cobardes ante los desafíos de la realidad. El Salvo que imaginó Oesterheld, nuestro arquetipo, es un héroe colectivo, plural, inclusivo; vistió un traje que nos pertenece a todos. Los Ellos ya lo saben. El Eternauta sigue guiándonos. Ya nada les será tan fácil. Vendrán por nosotros, los de convicciones inalterables; no por los conversos. Fortalecer nuestra identidad social es atacar al enemigo y defender el proyecto nacional que encarna el gobierno de Cristina.

Los trabajadores no necesitan estar amontonados para constituir una comunidad, un colectivo, una hermandad, un fraterno conjunto de intereses, una cultura propia también, claro. Mucho más que una manifestación, son una igualdad de origen y de sangre; una cofradía, una congregación no religiosa de características dogmáticas: un ejército invencible que lucha incesantemente por la justicia social en todo el planeta; los derrotados eventualmente, nunca saldrán vencidos. Por eso “un trabajador” no es nada; sólo lo es en tanto historia, propuesta y destino como clase. Un trabajador no es nada: es un ciudadano más, un número en la estadística, hombre o mujer con su circunstancia personal. Un trabajador es el individuo subyugado preferido por los medios de comunicación; un trabajador es el sujeto eficiente del marqueting político. Los trabajadores somos una legión, épica e indomable. Los trabajadores argentinos somos la columna vertebral del movimiento nacional y popular. El 17 de octubre de 1945 entramos a la historia para no irnos nunca más. Y sí seguimos siendo peronistas, es porque los trabajadores, la mayoría de los argentinos, nunca conocimos nada mejor; no hay quien pueda discutirlo.

Recitar el catecismo de una didáctica de la propaganda imperial que infiltra una mayor indefensión colectiva coopera, con sus técnicas disgregadoras, a la destrucción de las identidades políticas y sociales. Será fácil entonces dominar la conciencia de cada uno de nosotros, sin más obstáculos que poseer una fortuna en inversiones publicitarias científicamente orientadas a promover la fragmentación y la orfandad cultural. En toda su dimensión, contribuye a la “manufactura de los consensos”, que denuncia Chomsky. Ni falta que hace citar antecedentes de este razonamiento. Nadie lo ha formulado con mayor precisión que Gabriel Mariotto para explicar la última derrota electoral: “Asimilarnos a la estética del adversario es darle la razón al adversario... Echarle mano al asesoramiento de un publicista degrada la profundidad de nuestro proyecto... El verdadero dirigente es el que recibe todo de la gente; entre escuchar a la gente y escuchar a un jefe de campaña, siempre hay que escuchar a la gente". Los hay ingenuos; pero también abundan los perversos, oportunistas y traidores escondidos bajo el rótulo peronista. Hay dirigentes que, perdida su identidad y representación, por imitación simiesca a la racionalidad mediática pensada en las usinas norteamericanas de marketing político para las campañas electorales de De Narváez, Massa y Martín Insaurralde (que ahora también copian los teóricos realistas de Scioli), se pliegan a la derrota cultural que significa aceptar el territorio del enemigo para la disputa dialéctica y discursiva del poder.

Error máximo. Al proyecto le falta peronismo, no kirchnerismo. Le falta historia, no oportunismo. Necesita programa y utopía, no retórica electoralista y servilismo. Peronismo quiere decir no claudicar. No vamos al 2015 a buscar la preservación de un “piso”; vamos a conquistar nuevos “techos”. Cuidado con los que con un discurso descafeinado, individualista, desideologizado, carente de mística nacional y popular y propuesta épica, se erija en la antípoda del Chino. Vamos a  ganar; pero si toca perder, piña va, piña viene, como Maidana, que sea con las  botas puestas.

 2 de mayo de 2014

Roca y los revisionistas

por Juan Godoy


En las siguientes líneas, procurando profundizar el debate en torno a la figura de Julio Argentino Roca, y el roquismo. Vamos a abordar la cuestión recuperando las visiones acerca del mismo de Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Puiggrós, y algunos exponentes de la izquierda nacional, como Jorge Abelardo Ramos, Alfredo Terzaga y Norberto Galasso. (1) Es decir, vamos a analizar al roquismo desde algunos de los más importantes exponentes del revisionismo histórico argentino, a quienes nadie podría “tildar” de anti-populares, y/o anti-nacionales. La idea aquí es ir “más allá” de la concepción del roquismo como un mero movimiento que sólo llevó a cabo una política contra las denominadas poblaciones originarias de nuestro territorio (no obstante nuestra absoluta condena a la matanza) (2) y/o la visión reduccionista del “anti-militarismo abstracto”, que considera a las Fuerzas Armadas con el sólo objetivo de ser brazo armado de la oligarquía, y que todo lo que viene de ellas es malo, y observa al roquismo como un exponente de esa visión del Ejército (3). De eso se ha escrito bastante, dejando en las sombras otras aristas del tema que son relevantes al momento de analizarlo. Presentemos algunos puntos del debate, a modo de apuntes.

Una de las cuestiones centrales, sino la central, en relación a la organización nacional en nuestro país en el siglo XIX es la discusión por la cuestión del Puerto, la Aduana y la renta de la misma. De ahí que Juan Bautista Alberdi afirme que: “la Federación argentina es una especie de alcancía en que todas las provincias guardan sus rentas, pero cuya llave está en manos de Buenos Aires y cuyo tesoro sólo sirve al que tiene la llave. La llave es el puerto de Buenos Aires”. (Alberdi, 2007: 88) (4) Agregando que: “no son los unitarios y federales, son Buenos Aires y las provincias. Es una división de geografías, no de personas; es local, no política. Con razón cuando se averigua quiénes son los unitarios y federales y donde están, nadie los encuentra; y convienen todos en que esos partidos no existen hoy; lo que sí existe a la vista de todos es Buenos Aires y las provincias, alimentando a Buenos Aires”.(Ibídem: 94) Buenos Aires, como provincia-metrópoli (5) acapara para sí la riqueza de toda la nación. De esta forma, el país no podrá darse una organización nacional por muchos años. Podemos citar como ejemplos que tanto la constitución del ’19, como la del ’26, realizadas a la medida de la ciudad-puerto (6) traen aparejadas, en tanto niegan al interior, gran cantidad de revueltas contra la prepotente Buenos Aires. “Surgieron entonces jefes armados al mando de tropas irregulares que defendieron como pudieron “las autonomías” provinciales y resistieron la política absorbente de Buenos Aires. Los caudillos aparecieron cuando Moreno había dejado de existir y con él una política genuinamente nacional. Así nació el “federalismo”, resultado del despojo de la riqueza argentina por una solo provincia.” (Ramos, 1986: 38)

Dos soluciones posibles al problema de la organización nacional, en relación a la renta de la Aduana: 1) la nacionalización de la renta de la Aduana, otorgándole el disfrute a la nación toda; 2) la separación de Buenos Aires y la conformación de dos Estados. La historia nos mostrará las dos alternativas. La segunda alternativa se cumple cuando la ciudad-puerto conducida por Bartolomé Mitre, la oligarquía argentina en pleno (el principal oponente político de Roca), diera el golpe al interés de Urquiza de la nacionalización de la renta, y separara a Buenos Aires del resto de la Confederación (1854) por varios años, con tal de no repartir la renta; y la primera opción se va a dar cuando Roca federaliza finalmente la ciudad de Buenos Aires y la renta nacional. Decíamos que la oligarquía representada por Bartolomé Mitre era el principal adversario del roquismo. De ahí que Ramos considere necesario diferenciar la oligarquía del patriciado en el análisis del ’80, y del ’90, pues a partir de ahí se fundirán en una misma clase para siempre. Mientras la oligarquía obtura la organización nacional por defender su situación privilegiada, el patriciado pretende organizar la nación. (Ramos, 1973) Este enfrentamiento será muy fuerte, y marcará los años 80. Así el mitrismo que se había levantado contra la candidatura de otro candidato provinciano fuera de su égida de poder, Nicolás Avellaneda (en esta ocasión quien reprime el levantamiento en Santa Rosa es justamente Roca, lo que le hace ganar simpatías en el interior provinciano) (7) y lo volverá a hacer, esta vez de forma más sangrienta cuando éste deje el poder, y se imponga la figura de Roca, que pretende nacionalizar la Renta de la Aduana. Norberto Galasso argumenta que: “la causa de las provincias interiores ya no se defiende a través de caudillos y montoneras (…) sino mediante la confluencia de clases con cierto poder económico (en general, propietarios de fincas), con sectores populares y el ejército, bajo la forma de la llamada Liga de Gobernadores.” Así se dan las batallas de Puente Alsina y Los Corrales, la guerra civil deja 3 mil muertos, y al roquismo triunfante que federalizará finalmente Buenos Aires, la renta aduanera y el Puerto. La Prensa porteña, expresión del mitrismo, exaltada contra el triunfo del interior escribe que Roca tenía: “un odio implacable a Buenos Aires (era) una amenaza de muerte para el pueblo de Buenos Aires (lo calificaba de) raquítico, enano, de paso bamboleante, era un guaso que mira de soslayo, anda en los ranchos de Córdoba en mangas de camisa, vareando caballos y sacando para comer el cuchillo de la cintura (…) el símbolo de la barbarie, rodeado por caudillos de chiripá y con aro en la oreja y chupa de tabaco negro. Si triunfaba, los indios abrirían con sus chuzas las cajas fuertes de los bancos.” 

Alfredo Terzaga se pregunta por la base social del roquismo, ¿quiénes apoyaban este movimiento que estuvo en el centro de la escena nacional cerca de 30 años? Responde buscando quiénes le daban apoyo provincia por provincia, y encuentra que, entre otros sostenes, en la provincia de Mendoza entabla vínculos con el sector federal, como con Olascoaga, quien había sido jefe de la revolución de los colorados en 1866, asimismo con Francisco Civit, padre de Emilio que sería Ministro de Roca y que pretendía nacionalizar los ferrocarriles; en San Luis lo apoya el partido de los hermanos Juan Y Felipe Saá, y también Carlos  J. Rodríguez, otro jefe de Los Colorados, lo apoyan entonces de los más importantes líderes de la Revolución de Los Colorados; en Santiago, lo apoya Absalón Rojas, luego de eliminar la influencia mitrista de los Taboada; en La Rioja, lo apoyan los mismos sectores que habían apoyado al Cacho y a Felipe Varela, incluso Francisco Javier Álvarez, médico de la montonera; en Catamarca, lo sostiene Navarro que había reprimido el levantamiento del 74; en Santa Fe lo apoya Servando Bayo, un anti-mitrista que llegó a cerrar un “Banco Inglés” en nuestro país, por lo cual Manuel Quintana amenaza con bombardear Rosario, también lo apoyan los Iriondo, del viejo federalismo; en Entre Ríos logra el apuntalamiento con los hombres del ala popular del federalismo (los que habían estado con López Jordán), que apoyan al gobernador Eduardo Racedo, llega el apoyo de José Hernández, y también de quien se había opuesto a la guerra de la triple infamia, Olegario Andrade; en Córdoba: el gobernador Del Viso, y su Ministro Juárez Celman (cuñado Roca), tejen la red anti-mitrista del interior, sumado el apoyo de Salta, Jujuy y Tucumán son 12 provincias las que apoyan a Roca, quedando del otro bando solamente la Buenos Aires y Corrientes (Terzaga, 1976, T II) (8) A estas alianzas en las provincias, Terzaga suma el apoyo del Ejército, y también analiza la naturaleza del mismo a partir de considerar que el Ejército de la independencia desapareció, se disgregó, y se reconstituyó, y afirma que “ese ejército es la expresión “organizada” de la disolución de la vieja sociedad argentina.” (Terzaga, 1976. T I: 240) Los conflictos de la misma se trasladan al seno del Ejército. La supresión casi absoluta de la montonera, las vías del ferrocarril en abanico que destruyen la manufactura local, y dejan un tendal de desocupados, etc. han hecho prácticamente disolver la vieja sociedad Argentina del interior, así los montoneros, peones, troperos, carreros, etc., constituyen una masa social expulsada hacia la marginalidad. El “nuevo Ejército” se irá nutriendo de estos personajes que se alistan para escapar de su situación de indigencia (muchas veces reclutados a la fuerza). Este “nuevo Ejército” rechaza al mitrismo, destructor del Paraguay y del Noroeste argentino.

Veamos brevemente algunas de las políticas del roquismo en el poder, y algunas de sus figuras más relevantes. Es una política dirigida a construir un Estado nacional. La federalización de Buenos Aires, que ya mencionamos, es de suma relevancia, establece la unidad monetaria (antes circulaban varias monedas), facilitó la inmigración de judíos perseguidos de Polonia y Rusia, se dicta la ley de educación laica, obligatoria y gratuita, golpe a la enseñanza confesional, y procura la consolidación nacional (Jauretche la critica en sus contenidos, la colonización pedagógica, pero la juzga progresiva), se incrementa un 100 % la matrícula, Magnasco en Educación presenta un proyecto destinado a reemplazar la educación enciclopedista, abstracta y universalista por una educación estrechamente vinculada con la realidad argentina, especialmente atendiendo a las peculiaridades regionales, así como también de índole técnico-industrial, se crea el Registro civil en el 84 de modo de registrar los nacimientos y las muertes, se da una alta inversión pública en el interior, en política exterior se fija soberanía sobre la Patagonia, y se arregla problemas limítrofes con Brasil, defiende la soberanía de Malvinas, crea la Doctrina Drago cuando se ataque a Venezuela por su deuda sentando un precedente importante en la materia, en relación a los ferrocarriles se incrementan los estatales en regiones que no le importaban a los británicos, se da una “batalla” con el FFCC Argentino (Scalabrini Ortíz rescata esta política en varias ocasiones), Civit como Ministro denuncia el papel perjudicial al desarrollo de las tarifas, procura desarrollar líneas estatales, y llega a proponer la nacionalización, se traza el FFCC Rosario-Punta Alta (fuera de la lógica británica), se prohíben los Ejércitos provinciales, se sanciona el Código minero, mientras se encomienda a Bialet Massé un informe sobre la clase obrera, y luego se propone un Código de trabajo (en el que trabaja, entre otros Ugarte y Bunge), en el que se propone, entre otras cuestiones: jornada de 8 horas, descanso semanal, salario mínimo, protección de niños y mujeres en el trabajo, responsabilidad patronal en accidentes de trabajo, etc., por otro lado, se dicta la Ley de Residencia (otra mancha de la historia del roquismo), Pellegrini propone la eliminación del salario, propone el reparto de ganancias entre los capitalistas y los trabajadores, se dicta el Servicio militar obligatorio, se fomentan las bodegas en Cuyo, el azúcar en el norte, entre algunas medidas a destacar.

Arturo Jauretche, por su parte, coincide en términos generales con esta interpretación del roquismo. Los 80 expresan la derrota de los porteños a manos de los provincianos “en esa medida el roquismo significa una integración nacional pues después de Pavón sólo habían contado los porteños y aporteñados. Ahora el poder estaba en manos de la “liga de gobernadores” y el caudillo del Ejército, también provinciano.” (Jauretche, 1967, 70) Evidentemente la ciudad-puerto pierde poder con los “chinos” de Roca. Con este movimiento aparece una idea industrialista, disonante (al menos en parte) de la Argentina agroexportadora, que terminará frustrada, entre otras cosas porque le faltaba el apoyo de las masas dice Jauretche, y agrega “no es todavía política nacional en lo económico, pero es una rectificación, una atenuación del pensamiento de Caseros (…) no llega con todo a constituir sino un mero atisbo de Política Nacional: ella sólo se integrará por la presencia del pueblo en el Estado.” (Jauretche, 2008, 96-100) Esa presencia comenzará con la política de Yrigoyen, acerca del cual Roca (una vez terminada su vida política), le recomienda a Ricchieri que siga con el caudillo.

Finalmente el roquismo, dice un integrante del mismo, Eduardo Wilde, “se mitrifica” (Acerbi, 1999), es decir claudica. Ramos indica que lo que no pudieron las armas, lo hizo la estancia. Norberto Galasso argumenta que no significa que el roquismo haya querido quebrar el orden semi-colonial, la creciente influencia inglesa en la economía, la granja de su graciosa Majestad. La gran diferencia es que el mitrismo quiere llevarla hasta sus últimas consecuencias con la segregación de la provincia de Buenos Aires, y liquidar todo germen industrial; mientras que el roquismo pretende lograr cierto equilibrio que permita a través del gasto público en el interior, la protección de la industria y algunas defensas de la soberanía nacional en política exterior, un perfil menos oligárquico y menos porteño, que permita una cierta integración nacional. No obstante la derrota del mitrismo llega tarde, la economía ya estaba deformada por el imperialismo aliado a la oligarquía, el gobierno del ‘80 no puede impedir la apertura de la Argentina semi-colonia británica. Jauretche por su parte, sostiene que es el segundo fracaso de la burguesía nacional, sostiene Don Arturo: “los políticos provincianos se aporteñaron rápidamente a la vez que se afincaban como estancieros de la provincia de Buenos Aires. Juárez Celman estanciero dejará pronto de ser el “burrito cordobés”, como Roca y Avellaneda han dejado de ser tucumanos.” (Jauretche, 1967 : 72) y agrega “el roquismo, como tentativa de grandeza nacional, se desintegra en las pampas vencido por los títulos de propiedad que adquieren sus primates, ahora estancieros de la Provincia de Buenos Aires” (Jauretche, 2004: 237).


Notas
1-Para un abordaje de otros de los más importantes exponentes del revisionismo histórico, como José María Rosa, Fermín Chávez, Ernesto Palacio, y Arturo Jauretche, véase: Pestanha, Francisco J. Roca y el revisionismo histórico. En http://nomeolvidesorg.com.ar/wpress/?p=2615

2-Con respecto a la denominada “Conquista del Desierto”, Martínez Sarasola, a quien nadie podría calificar de anti-indigenista, nos acerca algunos datos interesantes: primero argumenta que la “conquista” comenzó mucho antes de la llevada a cabo por Roca como Ministro de Guerra de Avellaneda iniciada en 1879, argumenta que comenzó en 1820 bajo la Gobernación de Martín Rodríguez, siguió con Rivadavia (resalta que también el caudillo Estanislao López en tres “expediciones” asesinó a unos 160 mocovíes), destaca asimismo que la expedición de Juan Manuel de Rosas (1833-1834) es un hito porque se penetró profundamente los territorios indígenas, dejando 3200 muertos (no obstante la política de Rosas es por momentos de acuerdos y por momentos de represión). Se extiende así la “conquista” hasta 1899, correspondiendo al periodo 1821-1877 el 74 % de las muertes (9000 aprox.), y un 18 % al periodo 1878-1884 (2100 aprox.), el resto es posterior. (Martínez Sarasola, 1992). No obstante, pensamos que la gravedad de las represiones no viene dada meramente por una cuestión cuantitativa, pero de todas formas “enmarca” la cuestión en un contexto más amplio, y facilita el entendimiento. Podríamos pensar también en las represiones de los gobiernos yrigoyenistas en la Patagonia, y en la Semana Trágica, o bien durante el gobierno de Juan Domingo Perón, la expulsión a las poblaciones originarias que habían recorrido 2 mil kilómetros para que se les reconociera la propiedad de las tierras en el denominado Malón de la Paz. Véase (Valko, 2013). A partir de allí, insistimos en que eclipsar toda una política de gobierno, ya sea para bien o para mal, por un hecho disminuye el análisis de la misma. La historia y la política, afortunadamente, son más complejas.

3-La historia latinoamericana ha demostrado con innumerables ejemplos lo errado de esta visión, desde San Martín, Bolívar, Mosconi, Savio, Perón, Velasco Alvarado, Torres, Torrijos, Hugo Chávez, etc.

4-En cambio Ortega Peña y Eduardo Duhalde sostienen que lo fundamental en “la cuestión “porteños y provincianos” no gira en torno a la Aduana o a la libertad de los ríos, como lo planteara el interior provinciano, y el litoral, respectivamente, frente a Buenos Aires. Resulta fundamental analizar en cada momento histórico, quién se encuentra al frente de la Aduana, del Tesoro y del Puerto de Buenos Aires, es decir qué clase social empuñaba esos “instrumentos” y con qué efectos económicos”. En (Ortega Peña-Duhalde, 1975: 163). Felipe Varela contra el imperio británico. Buenos Aires: Schapire, página 163.

5-Vivian Trías sostendrá que las capitales provinciales operan de la misma forma con los pueblos de sus respectivas provincias, así: “las ciudades capitales de provincia ofician como satélites de Buenos Aires y como metrópoli o sub-metrópoli de los pueblos interiores”. (Trías, 1969: 20)

6-En la Constitución de 1819 los Cabildos del interior no tenían autoridad para designar sus representantes. En contra de dicha Constitución se levantan los caudillos provinciales como expresión genuina de las masas. Mientras que con la Constitución de 1826, al igual que la anterior desconocía los derechos políticos de las provincias, se proclama Rivadavia como presidente, quien representaba los intereses portuarios, se declara Buenos Aires como capital de la república, y se le quitan los derechos electorales a los jornaleros y domésticos a sueldo. Surge aquí la figura de Dorrego. (Ramos, 1986) 

7-Recordemos que bajo el gobierno de Avellaneda se llevan a cabo las discusiones parlamentarias divididas entre los proteccionistas, entre sus más lúcidos defensores a Carlos Pellegrini y Rafael Hernández y los librecambistas, representados en Norberto de la Riestra. Finalmente ganan la “batalla” los proteccionistas y surgen las primeras industrias (aunque ligadas al agro en su mayoría), de nuestro país. También fundan el periódico “El industrial”, y el “Centro industrial”. véase (Dorfman, 1970) y (Schvarzer, 1996)

8-Lamentablemente esta obra de Alfredo Terzaga quedó inconclusa, llega solamente al año 1880. Esta idea de Terzaga que es compartida por Ramos es discutida por Rodolfo Puiggrós (éste refiere al “colorado”), argumentando que los gobernadores congregados por Roca no eran herederos de los caudillos, éstos estarían “amansados”, sumado a que la política de Roca es plenamente liberal, que la “conquista del desierto” consolida a la oligarquía, y que el ’90 calificado por Ramos como contrarrevolución desconoce el papel de las masas. (Puiggrós, 1986). Entra en el debate también Hernández Arregui (quien también refiere a Ramos), quien no contraría totalmente la idea de Ramos, sostiene que es posible, pero algo dificultoso defender la tesis, al fin y al cabo afirma: “puede aceptarse que dentro de la oligarquía nacional en formación, Roca representó su tendencia más argentina (no obstante), fue absorbido por la oligarquía y nunca dejó de ser su representante. Incluso como gran propietario de tierras”. (Hernández Arregui, 2004: 373-374)


El Jauretchómetro

por Ernesto Jauretche


 “A mi me abrió los ojos
ese tipo que decía
que todo era verso” Ciro, Los piojos


Arturo Jauretche realizó política práctica desde el yrigoyenismo, incluyendo a FORJA, hasta 1945 (con saldo discutible); participó por un único breve periodo de su vida en la administración pública entre 1946 y 1951, y a la caída del gobierno constitucional de Perón respaldó con sus producciones intelectuales el desarrollo de la militancia de la Resistencia. Continuidad lógica del devenir histórico, se sumó a la mal llamada Generación del 70 –que se desarrolló en los 60, cúspide de la producción jauretcheana- (con resultados que lo llevaron al podio de los pensadores nacionales).

Ya en este orden, su editor, el mítico, Arturo Peña Lillo, no sabemos si con mucho rigor pero si con gran orgullo, decía: “Jauretche es un pensador que se adelantó a su tiempo, y no se hizo un clásico universal porque no era europeo. Formuló una teoría del conocimiento antes que Paulo Freire difundiera su Pedagogía del Oprimido, antes que Franz Fanon hiciera su parte con Los condenados de la tierra, antes que Armand Mattelart y Ariel Dorfman, que Marshall Mac Luhan y Noam Chomsky le pusieran título a  la manufactura de los consensos. Antes que Michael Foucault describiera la socialización por los recursos represivos del Estado, Jauretche ya había definido los mecanismos y la intelligentzia que constituyen la “superestructura cultural del coloniaje”. Pero lo hizo en criollo. La academia no se lo perdonó. Y el establishment se lo cobró caro. El costo no fue la represión sino el anonimato, como quien dice: el ninguneo. Quienes sí sabían lo que Jauretche valía, eran los inquisidores del 76 y los criadores de la “teoría de los dos demonios”. Y lo convirtieron en un nuevo “desaparecido”. Igual que a los 30 mil, lo rescató la militancia. Y hoy es un estandarte del pensamiento nacional, popular, revolucionario y latinoamericano. Y el pensador nacional “preferido” por Cristina, que lo ha citado en el mundo entero, en Cuba… y en hasta en Wall Street. Desde 1976 hasta fines de la década del menemato, Arturo Jauretche fue metódica y sistemáticamente silenciado, cuando no injuriado y castigado: era el “maldito” por excelencia. Desde antes de 1976 sus libros desaparecieron de las librerías, sus ideas fueron eliminadas de la currícula de todas las carreras, su nombre olvidado en los más amplios espacios de la cultura; ni hablar de la UBA. Ello no impidió que existieran miles de ateneos, locales políticos, institutos que exaltaban sus formidables aportes al autoconocimiento cultural de las clases populares, tanto como sus ocurrencias, frases y sentencias demoledoras del sentido común inculcado por el colonialismo. Bajo la ceniza, en el subsuelo de la patria, permaneció encendida la brasa, ya que no hizo falta sino soplarla para sublevar nuevamente el fuego del pensamiento nacional; como él mismo, en poéticas estrofas, había presagiado. Hoy, en cualquier ámbito de la cultura nacional, suele llamárselo simplemente Don Arturo y ni falta hace mencionar su apellido.

Los que venimos charlando, conferenciando, escribiendo o simplemente recordándolo, frecuentemente recibimos las preguntas más incorrectas e incómodas de contestar: ¿Qué pensaría hoy Don Arturo de esto o de lo otro? ¿Cuáles serían las zonceras que AJ pondría en un nuevo Manual? ¿Qué diría de este proceso iniciado en 2003? ¿Cómo recibiría a los jóvenes militantes que en estos tiempos se suman a la política? Para salir del paso, uno responde: “- Primero, muchachos, menos preguntas y más trabajo; lean a Jauretche; porque lo importante no es sólo conocer su obra sino aprender a pensar como él”. Luego se da cuenta de que ¿no será necesario intentar una hermenéutica de su pensamiento? Es tanto lo que él mismo se ha explicado –en auxilio de nuestra modesta comprensión-, que queda muy poco por decir. Abundando sobre lo se que difunde –a veces equívocamente- buscaremos algunas definiciones puntuales elaboradas por el combatiente nacional Arturo Jauretche elaboradas, como él afirma, "a la luz vacilante del vivac", hace más de 40 años, que poseen asombrosa actualidad. No será cuestión entonces de ver qué diría Don Arturo, sino de escuchar lo que está diciendo. Son apenas unos pocos apuntes entre muchos otros.

Bien claro: “Desentrañada la trama de nuestro coloniaje económico, descubrimos que él se asentaba sobre el coloniaje cultural. Descubrimos que ambos coloniajes se apuntalan y conforman recíprocamente… (1962) Y más: “No hay soluciones parciales en materia económica y la salvación del país consiste en su emancipación económica, que no puede ser obra de un año y que necesita previamente una transformación espiritual para llegar a la comprensión de que las directivas a aplicarse son precisamente las inversas de las seguidas hasta ahora…” (1943)

Para que escuchen los buitres y sus servidores locales: “El señor Avellaneda dijo una frase que nos cuesta muy cara: ´La Argentina pagará ahorrando sobre el hambre y la sed de su pueblo´. Pues debe hacerse lo contrario. Primero, porque las cuentas que nos presentan son falsas; segundo porque las necesidades del pueblo están por encima de los derechos impuestos por los acreedores. Y sobre esa moratoria reinvertir en el país lo que hasta ahora son giros al exterior”. (1943)

Consejo a los que navegan a dos aguas: “Lo que llamamos voluntad nacional, es cosa distinta a la simple y ocasional suma de voluntades que se da en oportunidades electorales... Y no puede construirse desde arriba sino trabajando en el seno del pueblo...” (1944).  No importa donde están los votos ahora. Importa dónde estarán para ejecutar un programa. El que esté atento sólo a lo que piensa la gente hoy, se quedará al margen de lo que pensará la gente mañana y aquí está la clave para saber quién es dirigente o no”. (1959)

Oigan, jóvenes militantes políticos del presente: “El enfrentamiento de las generaciones es una cosa necesaria. Porque si los jóvenes carecen de la madurez que les reclamamos, nosotros carecemos de la adecuación a la realidad que ellos nos reclaman… Y no se asusten los viejos peronistas... Espero que contemplen este avance de la juventud con la alegría propia de nuestro movimiento… No se lamenten, tampoco, de que los recién venidos ocupen los primeros puestos de la fila, porque siempre es así: se gana con los nuevos, no con los antiguos... Esta marcha del movimiento va sobre las tumbas...” (1973)

Hacia una ética fundante del compromiso concreto: “El deber político de un luchador es servir las grandes líneas de su pensamiento, despreciando lo incidental y aceptando las consecuencias inevitables de toda acción constructiva. Es así como, en cada etapa de la vida nacional, he combatido por quien o quienes eran más capaces de acercarse concretamente a la realización de la empresa”. (1961)

Para esta hora de definiciones: “El país reclama una política nacional cuya grandes líneas fueron interrumpidas en 1955 y no es cuestión ya de imitarlas parcialmente, quedándose a mitad de camino, ni siquiera de reproducirlas. Desde aquella base hay que ir mucho más adelante, más definida y claramente. Y esto significa la guerra... Porque no hay conciliación posible entre los fines de la nación vistos en grandeza y los fines de la nación reducidos a un cálculo de mercachifles. Ni el peronismo ni el antiperonismo pueden ser obstáculo a la Nación… Hay que ubicarse pronto en el campo nacional si se quiere pertenecer a la nación y servirla. Porque una vez bien diferenciados los campos, nadie puede estar por confusión en uno si pertenece al otro, ni tampoco andar vacilando por la tierra de nadie”. (1965)

Concluye con su clásica humildad, en frase que parece escrita ayer: “Yo no me atrevería a decir estas cosas si no creyese que hay en los oyentes una predisposición para entender, si yo creyera que estoy hablando a un auditorio encerrado en lo que sabe como en una torre. No. Yo creo que estamos en un momento de gran curiosidad y que esa curiosidad está construida por muchas dudas. La curiosidad puede llevar al escepticismo, pero también a la fe. Tenemos que procurar que nuestra curiosidad nos lleve a que cada uno se convierta en promotor del descubrimiento de nuestra realidad”.

¿No sería incongruente si este ilustre militante popular y pensador nacional estuviera en desacuerdo con los gobiernos de los Kirchner? No podemos afirmarlo. Sin embargo, ¿qué tendría de raro? ¿Valdrá, al cabo de semejante fuerza en la exhortación jauretcheana a elaborar nuestros propios criterios de realidad, buscar socorro en referencias literales directas de Jauretche a los interrogantes de estas primeras líneas? ¿Alimentará Jauretche, el díscolo, el insurrecto, el revolucionario, nuestro pensamiento crítico ante los triunfos y adversidades de nuestra época? Es lo que él esperaría de nosotros. Jauretche es lealtad inalterable al proyecto nacional. Nunca nos perdonaría sacar los pies del plato. Pero igual no admitiría adhesiones “mogólicas”, propias de los “alcahuetes y adulones” que Perón denunció como parte de la corte de sus enemigos. Si nosotros citamos a Jauretche es para construir, para cooperar, para afirmarnos en nuestra identidad y defender nuestra personalidad.

Si alguno entre los que militan en el bando de los que añoran los 90, el Centenario, el país agroexportador o la mano dura; si ciertos ancianos que siguen creyéndose los demiurgos de la historia; si alguien de los que dan pábulo a las fábulas clarinescas de menosprecio y denigración de lo argentino ante el mundo… se permitieran el exabrupto de citar a Jauretche, y lo han hecho, no sería más que la trajinada dicotomía entre el discurso y la práctica.

No nos ofende; los descalifica. Nosotros no lo reivindicamos con discursos sino con hechos.

Porque, no lo olvide: el jauretchómetro es marca registrada del proyecto nacional y popular.






Una geopolítica desde A. Latina para romper el imperialismo cultural de las relaciones internacionales

por Miguel Ángel Barrios

La crisis de Ucrania ubica en la superficie con claridad, la naturaleza del sistema mundo emergente y su estructuración como "orden" unipolar, unimultipolar, bipolar o multipolar. Ya la situación en Siria, empezó a reflejar con mayor nitidez que lejos están los días del "fin de la historia", y que un "orden" multipolar se halla en ciernes.

Desde la implosión de la Unión Soviética estamos siendo oyentes, en el sentido estricto de la palabra, de esta discusión de los estrategas de los grandes centros. En el fondo, no sólo los acontecimientos mundiales generan incertezas más que certezas en el sistema mundo, sino también caen hechas trizas las categorías conceptuales que crean y recrean las Relaciones Internacionales en su carácter de disciplina, de fuerte raíz anglosajona. El internacionalista español Celestino del Arenal,  refiriéndose al concepto de Relaciones Internacionales,  dice: “Sin entrar de nuevo en la cuestión terminológica, y aceptada en principio la expresión relaciones internacionales, señalábamos en la Introducción, que la expresión relaciones internacionales designa tanto a un sector de la realidad social como la consideración científica de la misma. Definiríamos a las relaciones internacionales como aquellas relaciones entre individuos y colectividades humanas que configuran y afectan a la sociedad internacional en cuanto tal." (Celestino del Arenal. Introducción a las Relaciones Internacionales. Editorial Tecnos, Madrid, 2.000, pág. 424) La proliferación de teorías y del paradigma del Estado y del Poder y su instalación en ámbitos universitarios norteamericanos y su complementariedad con los centros de poder del Pentágono. "Las relaciones internacionales como ciencia se han desarrollado, así, en un contexto absolutamente exclusivista y cerrado, más que por expresa voluntad de los estudiosos anglosajones, por la decisiva dependencia que las relaciones internacionales como ciencia han tenido y tienen en relación con la propia política exterior de los Estados Unidos y por la ignorancia que esos estudiosos tienen de otras lenguas y de otros mundos científicos y culturales, producto de una mezcla de provincianismo y de imperialismo cultural y científico. No en balde, a las relaciones internacionales, le han identificado con un carácter de ciencia americana o ciencia anglosajona." Es decir, que las relaciones internacionales se consolidan universitariamente asociada a la hegemonía de los EE.UU y a la visión cultural imperial norteamericana, desconociendo o abordando secundariamente o para mejor decir, desconociendo los aportes filosóficos y teóricos de otras corrientes del pensamiento internacional, que vienen desde la antigüedad o del Derecho de Gentes de la escolástica o de la geopolítica, inherente a la acción y estrategia de los Estados. Y como afirma el antropólogo brasileño Renato Ortiz, las Ciencias Sociales se encuentran atravesadas por un fuerte proceso de anglosajonización (Renato Ortiz. La supremacía del inglés en las ciencias sociales, Siglo XXI, 2009), y hoy en la mayoría de las carreras de ciencias sociales, resulta más prestigioso ser citado en inglés, por ser más cotizado, que buscar ideas. La producción del conocimiento en un mundo que postula la diversidad, no puede ser jerarquizada únicamente por la hegemonía del inglés. En el fondo, es un positivismo con nuevo rostro, en pleno siglo XXI.

Nuestras carreras de Relaciones Internacionales corren el riesgo de cumplir la función de correa transmisora de la colonización pedagógica que tanto nos advirtió Arturo Jauretche, de imperialismo cultural como señaló Hernández Arregui, de colonialismo civilizatorio al decir de Fermín Chávez o de reemplazar ejércitos con libros como nos ensenó Jorge Abelardo Ramos y anteriormente la Generación del 900 de Manuel Ugarte. (Miguel Ángel Barrios. El Latinoamericanismo educativo en la perspectiva de la integración regional, Biblos, 2.011)

El geopolítico español Ángel Castiñeira Fernández piensa y explica la globalización como un fenómeno mucho más rico, complejo y contradictorio que la "americanización" o "mcdonalización" del mundo. Dice que el mundo del siglo XXI será multipolar y, por lo tanto, es necesario que los bloques emergentes empiecen e verlos desde sus propios ojos: hoy el elenco de pensadores que se estudian y leen es en más del 90 % estadounidense o europeo. Pero hay un correlato inevitable entre el liderazgo mundial y la construcción de los relatos explicativos del mundo. Y a veces, no sólo explicativos, sino también prescriptivos. Comienzan a aparecer laboratorios de ideas, think tanks, en la India, en Irán, en Rusia, en China , con perspectivas y visiones geopolíticas radicalmente distinta de las de los europeos y la americana. Y no sólo narradores. La primera guerra del golfo la vimos a través de CNN, en 1991. En marzo de 1993 la segunda guerra del golfo la mitad de la población la vio en el canal Al Jazeera. Esta segunda guerra no tuvo nada que ver con la que vimos por CNN. Esto tiene que ver con si somos capaces de narrar el mundo. Es decir, un reto geopolítico importante para el mundo y para América Latina es: o narrás el mundo o te lo narran. Y eso significa: o tienes una voz y una perspectiva propia desde las cuáles evalúas y describís como va el mundo y cómo quieres estar, o viene otro y lo hará por ti". (Ángel Castiñeira Fernández. “La Unión Europea está contra las cuerdas: o se fortalece o se muere”, Diario Clarín, 27 de Junio de 2010, Pág.24) Además, este universo de pensadores y estrategas que circulan en el ámbito académico en su mayoría son funcionales con los núcleos de decisión de la política exterior de los Estados Unidos, por lo que sus "categorías científicas" son mecanismos de la narración del imperialismo cultural. Esto se agrava aún más, porque en nuestras Universidades, repetimos por acción u omisión se repite acríticamente a los "científicos" de la narración, y se va creando una cultura de la impotencia de plasmar un pensamiento crítico y una Epistemología desde la Periferia, que tanto ocupó y preocupó a Fermín Chávez. El resultado son mallas curriculares, especialmente en Teoría de las Relaciones Internacionales, de una narración caótica, descontextualizada, sin tiempo-espacio y menos con un hilo conceptual, excepto la narración. Y la novedad incesante de la "aparición" de nuevas "teorías" que forman parte de la narración continúa, y que son abordadas como si se tratase de la teoría de la relatividad de Einstein. Basta observar someramente la temática en América Latina de los Congresos de Relaciones Internacionales y Ciencia Política, para comprobar lo antedicho. Siempre, una jerarquización positivista, es tácita a sus programas.

Por supuesto, no podemos generalizar, y hay excepciones a la regla, pero son los menos. Y no, subordinarse, a estas "premisas tácitas" puede conducir al aislamiento del "sistema meritocrático científico”. Sólo basta decir, que en la mayoría de las carreras de Relaciones Internacionales no existe la cátedra de Geopolítica, ni de Historia de las Relaciones Internacionales de América Latina. O, cierto "consenso" en afirmar que el pensamiento latinoamericano comienza con la CEPAL y Raúl Prebisch. Sin embargo, es una parte de la realidad. La otra parte es la de aquellos que nos resistimos a que nos narren, y que con nuestros aciertos y errores, mantenemos en alto una tenaz búsqueda de la verdad basado en un nacionalismo cultural y político latinoamericano. Uno de los referentes más prestigiosos de esta resistencia, es Alberto Methól Ferré. “Siempre he tenido aprecio a las perspectivas espacio-temporales de la historia, y rechazo en la historia las narraciones sin espacio. Toda Historia es la dinámica de los pueblos para ser dignos en tiempo y espacio, por lo que toda historia es geopolítica y toda geopolítica es historia." (Prólogo de Alberto Methol Ferré a Barrios, Miguel Ángel, El Latinoamericanismo en el Pensamiento Político de Manuel Ugarte, Biblos, 2007, Pág.10)

¿A qué se debe esta larga introducción? Porque luego que fue despreciada la geopolítica por muchísimos años-asociándolo al nazismo y a la doctrina de la seguridad nacional- por los estrategas de los centros de poder, aunque ellos de hecho realizan análisis geopolítico como H. Kissinger, S.Huntington, Z.Brzezinski, R.Kaplan o P. Kennedy, etc., comienzan a reflotar la "teoría" que la geopolítica volvió, aunque para nosotros nunca se había ido. En el año 2009, realizamos un Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopolítica, rescatando una epistemología propia. (Barrios, Miguel Ángel-Director- Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopolitica, Biblos, 2009) Seguramente pronto en muchas Universidades se repetirá en breve la narración de Walter Russell en relación al- "regreso" de la geopolítica. Puntualizamos, que el Dr. Andrés Rivarola Puntigliano, ya escribió sobre este punto, bajo el título "El retorno de la geopolítica: una perspectiva suramericana" http://su.diva-portal.org/smash/record.jsf?pid=diva2:648611 Resulta llamativo la similitud del título que toma Russell de su artículo, del realizado mucho antes por el Profesor de la Universidad de Estocolmo y colega, el Dr. Andrés Rivarola Puntigliano. Una vez ubicado en el tema, tomaremos a dos geopolíticos norteamericanos o pensadores de centros hegemónicos, para demostrar que no hay un pensamiento neutro y "academicista", con la diferencia que nosotros lo decimos abiertamente que nuestra verdad esta motorizada en la materialización de la Patria Grande. El afamado Profesor Paul Kennedy, historiador de la Universidad de Yale -Estados Unidos-, sostiene que los asuntos internacionales "no andan bien en el mundo político y social e incluso que están comenzando a desmoronarse". (Paul Kennedy. “El mundo, señores, está desquiciado. Diario Clarín, 30 de abril de 2014, 33) Y luego realiza un bosquejo del escenario mundial tratándose de situarse como un funcionario del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Del relevamiento que realiza Paul Kennedy se desprenden las siguientes "recomendaciones" y "conclusiones”:

-En América Latina el problema agudo actualmente es el "espantoso y obstinado deslizamiento de Venezuela hacia la catástrofe. El caso venezolano daría para un estudio de como un hombre -Hugo Chávez- pudo llevar a la ruina a todo un país". (Paul Kennedy) En este punto, podemos ver, el ataque feroz de Kennedy a Hugo Chávez, para nosotros tiene una causa, el Comandante Hugo Chávez ha sido el geopolítico que planteó a través de la Unasur y la Celac, la independencia definitiva. Hay que enterrarlo en la visión de Kennedy.

-El África padece el flagelo de "sociedades divididas, atentados terroristas, violencias transfronterizas y graves problemas ambientales". (Paul Kennedy) En ningún momento, Kennedy, siendo un prestigioso historiador, analiza las causas y los actores que llevaron al África, al saqueo colonial. Y donde los Estados Unidos, han creado el Comando del África o Sexta Flota en su Plan de Militarización Mundial.

-El "gran enigma que es Irán, poco estable en lo interior y beligerante en lo exterior". (Paul Kennedy) Tampoco surge en este punto, un análisis más agudo sobre las injerencias de Estados Unidos en Medio Oriente, sus intervenciones y su desconocimiento de un universo cultural que vaya más allá del etnocentrismo

-Por otro parte, "es difícil creer que el ascenso de China a la dominación hegemónica regional pueda darse de manera pacífica" (Paul Kennedy) Kennedy esconde que la principal hipótesis de conflicto de los Estados Unidos hoy en base a su Estrategia de Seguridad Nacional es China y el área Asia-Pacifico

-Vemos que “una gran potencia arrogante, la Rusia de Putin, habla de diplomacia mientras sus fuerzas especiales encapuchadas y matones locales continúan con su intimidación". (Paul Kennedy) Kennedy, directamente nada dice del golpe de estado neonazi ocurrido en Ucrania que desató la crisis de Crimea.

Y llega a la "conclusión" final, "que nuestro mundo está desquiciado" (Paul Kennedy), sin decir una sola palabra del papel de los Estados Unidos como actor estabilizador o desestabilizador del sistema mundo.

La otra nota, muy didáctica del imperialismo cultural de las Relaciones Internacionales, es del The New York Times de David Brooks. Este, es un profesor de alta estrategia de la Universidad de Yale, y cuenta que le interrogó a Charles Hill, legendario funcionario del Departamento de Estado, antes de dedicarse a la docencia sobre la situación mundial, y le respondió: “La gran lección que enseña la historia de la alta estrategia es que cuando un sistema internacional entra en una fase de deterioro, aparecen nuevas fuerzas políticas ideológicas en la región en el nuevo orden por venir". (David Brooks. The New York Times. “Un nuevo e incierto orden mundial, con los viejos juegos de poder. Nueva York. en Diario La Nación, Argentina.30 de abril de 2014, pp. 1-2).Y añadió: “El antiguo orden, alguna vez conocido como el Siglo Norteamericano, se ubica dentro de la era moderna, una era que parece estar apagándose después de más de 300 años. La era que lo reemplace no será moderna y no será para nada agradable". (David Brooks. The New York Times) "Cuando habla de orden moderno Hill se refiere a un sistema de Estados que refrena los dos grandes vicios de las Relaciones Internacionales: el deseo de dominio regional y el deseo de eliminar la diversidad". (David Brooks. The New York Times) En este último párrafo se aprecia de manera fulminante la visión y acción imperialista de Hill de las Relaciones Internacionales tanto como desde el análisis de la política internacional como de las categorías conceptuales que utiliza jerárquicamente, donde presenta a EE.UU como garantes del "orden" moral. A tal punto, que sólo ve la posibilidad de que el mundo ingrese a la era moderna bajo la tutela de los EE.UU. Y además advierte, que China, Rusia e Irán se oponen al sistema de pluralismo liberal norteamericano y que “Estados Unidos enfrenta el dilema de morir de mil heridas.” Y cita "...el soberbio artículo de Walter Russell Mead en Foreigh Affairs, donde sostiene que la geopolítica está de vuelta y para vengarse". (David Brooks. The New York Times) "Para colmo hay gente dispuesta a morir por la Madre Rusia o por Alá, pero es mucho más difícil convencer a alguien de que muera por un conjunto de procedimientos pluralistas para proteger lugares remotos" (David Brooks.The New York Times) Se olvida de decir, que los "procedimientos pluralistas" son la violación del derecho internacional y la militarización del mundo.

Queríamos con estos dos ejemplos, y en momento de tensión geopolítica mundial reafirmar lo que nos enseñó Juan Perón hace más de 60 años, sólo los Estados continentales industriales serán soberanos en el siglo XXI. Y que ese camino se llama Mercosur, Unasur, y la Celac, en un mundo geopolítico pluripolar y multicéntrico, como nos dio testimonio de acción y vida Hugo Chávez. Nuestra exigencia es replantearnos una Geopolítica de la Integración Latinoamericana y Caribeña, y que nuestras carreras de Relaciones Internacionales sean abono de esta estrategia, y no mecanismos de un imperialismo cultural. Para ello, debemos entender de una vez por todas, que la única y verdadera política, es la política mundial, como afirmo Juan Domingo Perón y su continuador Hugo Chávez.






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