jueves, 5 de diciembre de 2019

¿Existe un peronismo universitario?: tradiciones, rupturas e innovaciones


Aritz Recalde y Nancy Mateos
Octubre 2019


Resumen. En el artículo tomaremos cuatro ejes de política universitaria del periodo 1946 a 1955, con la finalidad de demostrar  dos hipótesis:
Hipótesis 1: el peronismo forjó un proyecto universitario original y diferenciado en relación a las tradiciones liberales y reformistas. Si bien recuperó aspectos de ambas corrientes académicas y políticas, el resultado fue una experiencia novedosa.
Hipótesis 2: varios de los rasgos del actual sistema universitario son una derivación y una renovación de los principios institucionales del peronismo universitario.

I-                  Los cuatro aspectos centrales del peronismo universitario
Eje 1. La política universitaria se integra al Proyecto Nacional de desarrollo.
Eje 2. Las universidades deben regionalizarse articulando la oferta educativa y las funciones de investigación y de trasferencia con las demandas de cada localidad dónde están radicadas.
Eje 3. La universidad tiene una función de igualación y de democratización social, cultural y política
Eje 4. Los miembros de la comunidad académica son trabajadores y como tal deben tener derechos laborales

II-              Reflexiones finales: la actualidad del peronismo universitario



Normativa citada
-          Ley 13.031 de 1947, Nuevo Régimen Universitaria.
-          Ley 14.297 de 1954, Orgánica de universidades.
-          Decreto 26.944 de 1947, Fines de la Educación.
-          Decreto 6233 de 1949, creación de la Subsecretaria Universitaria.
-          Decreto 29.337 de 1949, supresión de aranceles universitarios.
-          Decreto 16.251 de 1951, Estructura y Organización del Ministerio de Educación.
-          Decreto 4.493 de 1952 de Gratuidad de la Enseñanza.
-          Constitución Nacional del año 1949

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Una nueva Política de Defensa Nacional


                                                                              

El  Centro de Enlace y Planeamiento “Tte. Cnel. Jorge Obón” reafirma la imperiosa necesidad de planificar y desarrollar una Política de Defensa Nacional en el marco del objetivo nacional de “poner en pie a la Argentina” anunciado  por el presidente electo Alberto Fernández.
Conceptualmente, la política de defensa nacional debe determinar los parámetros de las acciones encaminadas a preservar los objetivos e intereses vitales de la Nación contra la posible agresión, anticipando las hipótesis de conflicto.
En ese sentido, caracterizamos la situación iberoamericana actual como la de una fuerte ofensiva de los intereses norteamericanos sobre los dispositivos de poder y los recursos estratégicos y energéticos del continente, en el marco de una convulsión social generalizada en la que está en cuestión la legitimidad de ejercicio de la clase dirigente- en todo el espectro ideológico-  en la mayoría de nuestros países.
En este contexto, las nuevas amenazas se agregan a las amenazas históricas que se desprenden de la usurpación colonialista británica de las Islas Malvinas, la cuestión antártica y el constante atropello a la soberanía nacional en el Mar Argentino.
Considerando esta situación, creemos oportuno trabajar incorporando como hipótesis de conflicto y objetivos de defensa:
-        
           Las grandes reservas de minerales fósiles como “Vaca muerta”,
-         Las reservas de litio en la frontera caliente del norte argentino,
-       La calidad ecológica del suelo patrio afectado por la voracidad de los actores impulsados por la renta sojera.
-       La eventualidad de una cesación de pagos de la deuda externa que nos lleve a soportar agresiones indirectas.

   Como corolario de lo antedicho, para la puesta en marcha de una Política de Defensa Nacional resulta prioritario potenciar la relación entre las Fuerzas Armadas y el desarrollo tecnológico e industrial nacional, incentivar la incorporación masiva de personal de tropa, restablecer un nuevo marco de justicia militar y consolidar la plenaria reconciliación entre los distintos sectores de la vida nacional comprometidos con los verdaderos intereses nacionales e iberoamericanos.

     Centro de Enlace y Planeamiento “Tte. Cnel. Jorge Obón”. Firmas: 
     Pablo Anzaldi- Aritz Recalde-Juan Godoy- Federico Addisi- Gastón Franzero


        Buenos Aires,  Diciembre de 2019



lunes, 2 de diciembre de 2019

Tres mitos a desmontar en torno a la identidad política de los desaparecidos


Por Aldo Duzdevich

30 de noviembre de 2019 
Para INFOBAE


En Poder y Desaparición, la politóloga y ex prisionera de la ESMA Pilar Calveiro, afirma: “Los desaparecidos eran, en su inmensa mayoría, militantes. Negar esto (…) es una manera más de desaparecerlos, ahora en sentido político. Lo de la corrección o incorrección de sus concepciones políticas es otra cuestión, pero lo cierto es que el fenómeno de los desaparecidos no es el de la masacre de “víctimas inocentes”, sino el del asesinato y el intento de desaparición y desintegración total de una forma de resistencia y oposición: la lucha armada y las concepciones populistas radicales dentro del peronismo y la izquierda.”

LOS TRES MITOS MÁS DIFUNDIDOS
El primero es la creencia de que la mayoría de los desaparecidos no tenía una militancia política activa.
El segundo, relacionado con el anterior, es que el terrorismo de Estado con desaparición y muerte se aplicó por igual a los militantes de todos los partidos de izquierda.
El tercero, muy en boga, es que la mayoría de los desaparecidos pertenecía a la clase trabajadora, en especial a comisiones internas o que eran delegados de fábricas.

Como voy a referirme a cantidades de desaparecidos, hago mío otro criterio de Calveiro: “Diez, veinte, treinta mil torturados, muertos, desaparecidos... En estos rangos las cifras dejan de tener una significación humana. (...) La misma masificación del fenómeno actúa deshumanizándolo, convirtiéndolo en una cuestión estadística, en un problema de registro. Como lo señala Todorov, ‘un muerto es una tristeza, un millón de muertos es una información"'.

LOS DESAPARECIDOS DE LA IZQUIERDA NO ARMADA
El comunicado Nº45 de la Junta Militar publicado el 26 de marzo de 1976, declaraba “prohibidas las actividades de las siguientes organizaciones: Partido Comunista Revolucionario (PCR); Partido Socialista de los Trabajadores (PST); Partido Política Obrera (PO); Partido Obrero Troskista; Partido Comunista Marxista Leninista.”
Nótese que no figura el Partido Comunista Argentino (PC) el cual inicialmente saludó la llegada de los militares al poder. Sin embargo, Edo E. Balsechi en su libro Raíces y proyección antiimperialista contabiliza 117 militantes del PC desaparecidos.
Respecto el PST, según el trabajo realizado en 2016 por sus dirigentes Nora Ciapponi y Gustavo Reynoso, de 1976 a 1982, esa fuerza política tuvo 86 desaparecidos y/o asesinados.
El Partido Comunista Revolucionario (PCR), que manifestó su oposición al golpe desde el mismo 24 de marzo, contabiliza, según su órgano de prensa Hoy, 11 militantes asesinados antes del golpe y 23 desaparecidos con posterioridad a esa fecha.
El Partido Comunista Marxista Leninista, una organización pequeña heredera de Vanguardia Comunista, informa en su web PRML, que tuvo 19 desaparecidos, entre ellos sus máximos dirigentes Roberto Cristina, Elías Semán y Rubén Kriscautsky.
Según la publicación Historia de Política Obrera, de Laura Kohn, antes del golpe, el PO estableció una política de estricta clandestinidad y medidas de seguridad para resguardar a los cuadros más expuestos. No hay mención de militantes del PO desaparecidos, salvo el caso de su dirigente Pablo Rieznik, secuestrado y liberado en 1977. Es interesante la visión del PO, que destaca como un mérito de su organización el haber preservado la vida de sus cuadros, eludiendo la represión, a diferencia de muchos jefes sobrevivientes de organizaciones armadas que señalan como meritorio el tener miles de bajas en sus filas.
Entre todos los partidos de izquierda suman una cifra aproximada de 260 desaparecidos; un número enorme de jóvenes asesinados, pero que dista mucho de ser mayoritario en la cifra total.

COMISIONES INTERNAS Y DELEGADOS DE FÁBRICA
Esta es una idea muy difundida entre quienes siguen la temática del terrorismo de Estado. Se dice que la mayoría de los desaparecidos pertenecieron a la clase trabajadora, en especial a comisiones de base. En “Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad: represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado” (2015), informe conjunto del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, la Secretaría de Derechos Humanos, el CELS y la FLACSO, se analiza a las 25 principales empresas involucradas en secuestros, torturas y desapariciones. Contabilizados y comprobados, son 354 los casos de personas desaparecidas y 65 los de asesinadas.
Nuevamente, 350 o 400 víctimas es un número horroroso, pero está claro que no se trata de la “mayoría de los desaparecidos”. Además, hay que considerar que muchos delegados obreros tenían la doble condición de militantes en partidos de izquierda o en alguna organización armada.

LA MAYORÍA FUERON VÍCTIMAS “INOCENTES”
A partir de 1983, en una democracia naciente todavía muy débil, jaqueada por permanentes desplantes militares, y quizás con la idea de que ello facilitaría el juicio a los culpables, se generalizó la hipótesis de que la mayoría de los desaparecidos no tenía militancia política, y se impuso la idea de “víctimas inocentes”.
Pero la palabra inocentes escondía una grave contradicción. Si había “victimas inocentes”, entonces existían otras que no lo eran. Y claramente ningún acto de las víctimas por grave que fueses habilitaba a los organismos del Estado a responder con el secuestro, tortura y asesinato. El prólogo del Nunca Más, el informe de la CONADEP sobre el terrorismo de Estado, alimentaba esa confusión: “Durante la década del 70 -decía- la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda(…) a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido (…) ...se sabía de tantos que habían sido tragados por aquel abismo sin fondo, sin ser culpables de nada; porque la lucha contra los ‘subversivos’ se había convertido en una represión demencialmente generalizada... (…) Todos en su mayoría inocentes de terrorismo o siquiera de pertenecer a los cuadros combatientes de la guerrilla, porque éstos presentaban batalla y morían en el enfrentamiento o se suicidaban antes de entregarse, y pocos llegaban vivos a manos de los represores.”
El informe de la Conadep distingue entre víctimas "inocentes" y las otras. Una terminología que debe entenderse en su contexto histórico
Cabe aclarar que, más allá de la discusión sobre el prólogo, al que hay que analizar dentro de la hermenéutica de la época, el trabajo de la Conadep -realizado en un clima de presiones y amenazas- merece el mayor de los respetos y el reconocimiento histórico.
Hoy suena chocante la calificación de “terroristas” y “subversivos”. Pero hay que recordar el contexto histórico. La guerrilla había llegado a 1973 con un importante consenso social. Ahora bien, cuando el ERP y luego Montoneros deciden continuar con la lucha armada durante el gobierno constitucional, rápidamente comenzaron a perder apoyo popular y a aislarse de la sociedad, lo que luego facilitaría su exterminio.

1975 es el año de la violencia en la Argentina. Las bandas de ultraderecha -digitadas por la Inteligencia militar- desatan una ordalía de sangre. Y los grupos guerrilleros llegan a su máxima expansión y operatividad militar. Los militares adoptan la teoría de la “fruta madura”: fomentar el caos y esperar el hartazgo de la sociedad para dar el golpe.
El 24 de marzo los militares asumen el poder, con el aplauso de las clases altas, el silencio cómplice de las clases medias y la resignación de la clase obrera. Los diarios celebran en sus titulares el “retorno a la normalidad” y la detención o la muerte de “elementos terroristas”.

EL VERDADERO OBJETIVO DEL GOLPE
El objetivo principal del golpe era terminar con el gobierno nacido en 1973, hacer desaparecer al peronismo de la escena política y reinstaurar un plan económico liberal y antinacional cuyo cerebro era José Alfredo Martínez de Hoz. Aunque fue presentado como la principal excusa, el objetivo del golpe no era combatir la guerrilla. Ya en marzo del 76 ésta estaba muy golpeada en el plano militar, y su accionar la había llevado al aislamiento político y a la pérdida de apoyo popular. Pero, para movilizar a los militares e impulsarlos a dar un nuevo golpe, el establishment debía dotarlos de una renovada mística. Las propuestas de Martínez de Hoz: “libertad del mercado cambiario”, “libertad de tasas de interés”, “libertad de importaciones”, “libertad de precios y congelamiento de salarios”, “privatización de empresas públicas”, etc. no seducían especialmente a los cuadros medios y jóvenes de las fuerzas armadas. Ni siquiera los militares más torpes sentían que valiera la pena la lucha por “la libertad de las tasas de interés de los bancos”.
Había que encolumnarlos detrás de un objetivo más movilizante: “defender la civilización occidental y cristiana de la amenaza del comunismo”; “defender la bandera nacional contra la intención de reemplazarla por un ‘sucio trapo rojo'”. Entonces destruir a la guerrilla pasaba a ser el objetivo central de las Fuerzas Armadas, mientras Martínez de Hoz y su equipo se ocupaban de los grandes negocios de y con el Estado. A tal punto existió esta “división del trabajo” que a las patotas represivas les dejaron la rapiña de los muebles y de los dineros que les pudieran sacar a los guerrilleros, mientras el establishment engordaba de millones de dólares sus cuentas en el exterior. Muchos años después, desde la cárcel, el dictador Jorge Rafael Videla se quejaría amargamente de aquellos hombres de negocios que los empujaron a tomar el poder y luego los dejaron solos en su desgracia.


LA VOZ DE LAS MADRES Y FAMILIARES
Cuando madres y familiares comenzaron a reclamar por las desapariciones, era muy entendible que evitasen hacer mención a cualquier militancia política de sus hijos. Al riesgo, se le sumaba la estigmatización social, el “algo habrán hecho”; incluso algunas sufrieron pintadas en sus casas: “madre terrorista”.
Por otra parte, era razonable que la mayoría de los padres desconociera la militancia de sus hijos, sobre todo si era armada. La primera regla de la clandestinidad es el secreto, incluso en el núcleo más cercano. O no se les decía nada, o se mostraba militancia estudiantil, activismo social o gremial. Es por eso que, en la mayoría de los casos, genuinamente los padres pensaban que sus hijos “no andaban en nada”. La dirigente de Madres de Plaza de Mayo, Taty Almeyda, dijo: “Después de muchos, muchos años, me enteré de que mi hijo militaba en el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo)”.
En 1983, durante los juicios a las Juntas, el principal argumento de las defensas de los militares era acusar a los testigos de pertenecer a organizaciones “terroristas”. Los sobrevivientes de los campos de concentración que daban testimonio evitaron reconocer su militancia y se presentaban como simples simpatizantes o militantes de grupos juveniles.
Recién a fines de los 90, las agrupaciones de H.I.J.O.S. comenzaron a reivindicar la identidad política de sus padres. Y sólo después de las primeras condenas por delitos de lesa humanidad en 2006/7, se comenzó a tratar con mayor libertad el tema de la militancia de testigos y víctimas, y a relacionar la “secuencia de las caídas” según el área de la organización a la cual pertenecían.

LA METODOLOGÍA DE LA REPRESIÓN
El 24 de marzo de 1976, a la madrugada, se inició la “Operación Bolsa”, como la llamó Videla. Consistió en detener a varios centenares de funcionarios y dirigentes peronistas, empezando por la presidente, Isabel Perón, que pasó 5 años detenida. La intención era anular cualquier intento de resistencia civil al golpe y mostrar hacia adentro y afuera del país una represión “civilizada”, de presos “a disposición del Poder Ejecutivo”, sin causa ni condena pero en cárceles oficiales.
Simultáneamente, en total clandestinidad, las fuerzas armadas aplicaron la doctrina antisubversiva que los franceses usaron en Argelia. La represión clandestina apuntaba primordialmente a ERP y Montoneros y seguía el procedimiento “captura-tortura-información-nueva captura”. Las primeras víctimas de secuestro eran los cuadros llamados “de superficie”, que no eran clandestinos pero tenían nexos hacia dentro de las organizaciones. Los más expuestos eran, en caso del ERP, la Juventud Guevarista y militantes del FAS (Frente Antiimperialista y por el Socialismo); y de Montoneros sus agrupaciones JUP, UES, JP, JTP y otras.
Es decir, se iba de los cuadros menos comprometidos a los cuadros combatientes. Con este mecanismo repetido infinidad de veces, avanzaban muy rápidamente hacia los niveles más altos de la organización. En el caso del ERP, en sólo cuatro meses, el Ejército aniquiló a todo su estado mayor. En Montoneros, el jefe de columna Paco Urondo cayó en junio del 76 y en diciembre fue el turno de Carlos Hobert, n°2 de la conducción nacional, lo que motivó la salida del país de Firmenich y el resto de la conducción.
La represión ilegal tuvo por objetivo principal destruir al ERP y Montoneros. Claro que sirvió a otros objetivos no menos importantes, como diseminar el terror en la población, disciplinar a los sectores más combativos de las grandes concentraciones fabriles, secuestrando y asesinando delegados y comisiones internas enteras.
No hay cifras exactas, pero se calcula que el ERP llegó a tener unos 6000 militantes de los cuales sólo diez o quince por ciento eran combatientes. Montoneros tenía unos 10 mil, con el mismo porcentaje de combatientes. La mayoría cumplía tareas políticas y/o de apoyo y logística. Por eso cuando se dice “militante montonero” no necesariamente se alude a jóvenes que hayan participado de alguna acción armada. Pero, al estar dentro de la organización, eran secuestrados y torturados para que dieran información sobre su “responsable” o jefe. En algunos casos luego de la tortura eran liberados y su relato contribuía a diseminar el terror.
El comandante montonero Juan Carlos Scarpati, que logró escapar de Campo de Mayo, afirmó que el 95% de las caídas de cuadros eran por la información obtenida en la tortura y solo el 5% por otras fuentes de inteligencia militar. La descripción de Pilar Calveiro del tratamiento en los campos de concentración deja claro que casi ningún ser humano podía resistir ese nivel de tortura sin hablar. Probablemente hubo excepciones o casos, como el de algunos altos jefes o personajes conocidos que les fueron más útiles vivos, para que los recién llegados al campo creyesen que estaban allí por haber delatado, quebrando así su voluntad de resistir.

LOS DESAPARECIDOS VINCULADOS A ERP Y MONTONEROS
Aunque existe mucha literatura sobre el terrorismo de Estado, hay escasos análisis estadísticos de la militancia política de los desaparecidos. Solo a través de datos parciales podemos inferir algún tipo de conclusiones.
El listado más importante se lo debemos a Roberto Baschetti quien, con el aporte de militantes sobrevivientes, creó y actualiza la página web “Uno por uno los militantes del peronismo revolucionario”. Allí figuran aproximadamente 4500 nombres de desaparecidos con la historia militante de cada uno, todos de organizaciones peronistas y básicamente del Capital y GBA. Es una página en permanente construcción, es decir incompleta por definición.
La gran mayoría de los desaparecidos tenía militancia política, en las organizaciones armadas clandestinas o en las agrupaciones de superficie de esas mismas formaciones
Un relevamiento parcial de 560 casos, de los apellidos de A a D da como resultado: 41% en la categoría “militante montonero”; 22%, “militante JUP-montoneros”; 11%, “militante JP-montoneros”; 7,5%, “militante JTP-montoneros”; 3,3% “militante UES-montoneros”; y 15% “otros”, que engloba PB, FAP, y MR-17 y FR-17, dos agrupaciones poco conocidas, pero que tienen una cantidad importante de desaparecidos.
Otro ejemplo más acotado es el caso de la ciudad de Santa Fe. Luis Larpin, de ATE Santa Fe, y miembro del Foro contra la Impunidad y por la Justicia, manifiesta que, en la capital santafesina, hubo 83 desaparecidos, de los cuales 7 estaban vinculados al ERP y el resto a Montoneros. Y que, si bien hubo casos de secuestrados sin vínculos con alguna organización, posteriormente eran liberados.
En el libro Las Viejas, historia de Madres Línea Fundadora, se entrevista a 29 madres. Cruzando la información que da cada una de sus hijos el resultado es que, sobre esos 29 casos, hay 19 vinculados a JP-Montoneros, 8 al ERP y sólo dos de militancia desconocida.
El Colegio N°4 D.E. 9 Nicolás Avellaneda publicó un listado de 17 ex alumnos desaparecidos: 8 pertenecían a Montoneros, 2 al ERP, 4 a partidos de izquierda y sólo 3 de militancia política desconocida.
De los veinte jugadores del La Plata Rugby Club desaparecidos, según publica en “ El Grito del Sur” la periodista Yair Cybel, once militaban en UES-JUP- Montoneros, cinco en el ERP y cuatro en el PCML.

CONCLUSIÓN
Es innegable que hubo casos de secuestrados “por error”, personas sin militancia política. Incluso los hubo por venganzas personales, con el solo objeto de robo o por estar en el momento y lugar equivocados. Pero los represores tenían el olfato entrenado y, al poco tiempo de golpear o torturar, percibían si el secuestrado les era “útil” o no, según la información que podían obtener. El secuestrado por error podía morir en la tortura, ser asesinado si había visto la cara de los verdugos, pero también con frecuencia era liberado.

Lo importante es comenzar a dilucidar aspectos de la tragedia que nos tocó vivir. Uno de ellos es devolverle la identidad política a los desaparecidos, su pertenencia a una determinada organización y a un proyecto por el cual estaban dispuestos a dar la vida.
A partir de allí, se puede y se debe dar una discusión seria y madura respecto al acierto o al error de políticas que llevaron a un enfrentamiento abierto, dejando un doloroso saldo de miles de muertos, en su mayoría jóvenes.
Algunos ex dirigentes montoneros, entre ellos Mario Eduardo Firmenich, consideran un mérito de su organización tener semejante cantidad de bajas. Dos ex-montoneros replican ese argumento. “El martirologio –dice por ejemplo el historiador Ernesto Salas- es una característica de la guerra. Quien va al combate quiere morir como héroe. El problema es cuando el martirologio se convierte en tu única política. Cuantos más mueren, más ganamos”. Y Miguel Fernández Long (ex-columna norte) afirma por su parte: “Firmenich era un tipo convencido de que la mayor representatividad política se lograba trepando sobre los muertos”.
Aquí se abre otro debate. Si los desaparecidos murieron en una “guerra contra la dictadura”, como afirmaban las conducciones guerrilleras desde el exilio, o fueron víctimas de una feroz cacería de las fuerzas represivas contra las que nada podían oponer, ni siquiera la pastilla de cianuro que les habían dado para “proteger a la organización”.

Nuestra generación, en especial quienes fuimos participes de esa etapa, tiene la obligación hacia las nuevas generaciones de hacer un balance histórico que vaya más allá del dolor por el recuerdo de las víctimas o de la mera exaltación de la muerte heroica.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Macri, el empresario que no fue

Por Jorge Fontevecchia para PERFIL


El jueves a la tarde, cuando estaba por concluir la reunión anual más triste de la historia de la Unión Industrial desde que comenzó con su conferencia hace 25 años, los empresarios hacían sus comentarios en el coffee-break previo a la última exposición de Felipe González que inmediatamente daría paso al discurso de clausura de Macri. Mientras algunos mencionaban que en estos cuatro años –algo que no sucedió ni en la crisis de 2002– hubo una caída de alimentos del 19% en términos absolutos y 23% per cápita porque todos los años siempre creció mínimamente el 1%, que es lo que crece la población, otros agregaban que la leche cayó el 30% acumulado en el mismo período hasta que a alguien se le escapó “es el peor presidente de la historia reciente”, lo que generó un silencio incómodo. Ser rechazado por sus pares debe ser para Macri en su final el castigo más doloroso Otro grupo decía: “Seguro que Macri vendrá con su discurso triunfalista diciendo que deja la economía mejor que antes y lista para crecer; por respeto a la investidura presidencial aplaudiremos, que es lo que corresponde, aunque estemos en desacuerdo”, al tiempo que otro empresario comentaba que “en los cuatro años de Macri se perdieron casi 200 mil empleos industriales, la misma cantidad de puestos de trabajo destruidos que en los cuatro años de la crisis 1998-2001 que derivó en el default de 2002”. El mejor termómetro del enojo de los empresarios con Macri es el que mide el patrimonio de las empresas, y casi todas perdieron la mitad de su valor en estos cuatro años. Pero el daño no acabaría allí: “Lo peor –dijo otro– es que la sociedad cree que Macri gobernó para los empresarios y por mucho tiempo quedaremos estigmatizados como corresponsables de este fracaso económico”.
Cuando yo preparaba con Felipe González los temas sobre los que le preguntaría al moderar la exposición que él iba a hacer, me dijo: “Hubo una moda de empresarios convertidos en jefes de Gobierno como Berlusconi, a quien conocí muy bien antes de que ganara las elecciones en Italia y luego cuando compartimos una temporada al frente de nuestros gobiernos. Los empresarios vienen a decirle a la sociedad: ‘Yo no soy como los políticos, no necesito enriquecerme porque ya soy rico’, lo que no se confirma en la realidad porque muchos ricos quieren ser más ricos. Y le agregan a su discurso: ‘Quiero trasladar mi éxito en lo privado a lo público para beneficiar a todos’, pero luego fracasan porque lo público es de otra naturaleza: confunden a su gabinete o consejo de ministros con una reunión de directorio con sus ejecutivos, y al Congreso o a la Asamblea Nacional con una reunión de accionistas donde ellos tienen la mayoría”.
Pero en el caso del fracaso de Macri quizás se agregue otra problemática. Berlusconi, Trump o Piñera en Chile son empresarios que produjeron ellos mismos su fortuna mientras que Macri la heredó. En cierta medida es un empresario que no fue. No pasó a la política después de haber realizado una prominente carrera empresarial sino por no poder consumarla, lo que quizás explique psicológicamente el maltrato que sintieron muchos empresarios y más aún los que fueron contemporáneos de su padre, aunque sea por pocos años. En Estados Unidos, Michael Bloomberg anunció su precandidatura presidencial por el Partido Demócrata para competir con Trump en las elecciones del año próximo presentándose a sí mismo como “creador de empleo, líder, solucionador de problemas”. Bloomberg es veinte veces más rico que Trump y su influencia trasciende al dinero por ser dueño de uno de los medios globales de noticias económicas. Bloomberg dijo: “Me presento a presidente para derrotar a Trump y reconstruir América. No podemos permitirnos cuatro años más de las acciones imprudentes y poco éticas del mandatario. Representa una amenaza existencial para nuestro país y nuestros valores. Si gana otro mandato, puede que nunca nos recuperemos de los daños”. Entre los argumentos de quienes apoyan a Bloomberg está que Trump quebró varias empresas y no fue tan exitoso como parece. Tema con algún paralelo con el presidente argentino, ya que el grupo Socma comenzó su ocaso cuando Mauricio Macri todavía era parte de su conducción y se fue reduciendo considerablemente hasta dejar de pagar el canon por la privatización del Correo Argentino en septiembre de 2001.
En defensa de Macri hay que decir que la Argentina, por la cantidad de crisis económicas acumuladas durante las últimas décadas, no cuenta con una cantidad de empresarios verdaderamente exitosos como Bloomberg o Piñera.
Y Felipe González, ya frente al público en la conferencia de la Unión Industrial, dijo: “Con política monetaria sola no se puede bajar la inflación, aunque lo digan los libros. Lo que se consigue es encarecer tanto el crédito y endurecer tanto las condiciones del crédito que no se acaba con la inflación y sí se acaba con el aparato productivo”.
El tan citado Pacto de la Moncloa se realizó en España cuando aún faltaban más de veinte años para la sustitución de su moneda, la peseta, por el euro, y tenían una inflación anual del 27%. Como parte del pacto se autolimitaron sindicatos, empresarios y gobierno a reducir año a año el porcentaje de aumentos de salarios y precios desindexando la economía sobre la inflación del año anterior.
Argentina no tuvo empresarios con éxito verdadero dedicados a la política.
 Al terminar la conferencia, dos vicepresidentes de la Unión Industrial hicieron declaraciones: José Urtubey dijo que a Macri se lo aplaudió al terminar su discurso “solo por respeto”, y Guillermo Moretti fue aún más terminante: “Yo tengo un gran respeto por la investidura presidencial, pero me retiré antes de que hable porque también tengo respeto por mí mismo”. Fue la triste despedida de Macri en la Unión Industrial, el presidente empresario que terminó siendo peor valorado por su propio grupo de pertenencia.

viernes, 29 de noviembre de 2019

El país: Obligado de vuelta


                      
Por Gustavo Daniel Romano[1]


Las mayores potencias en 1845, Gran Bretaña y Francia, con el apoyo unitario vernáculo, intervienen en el Río de la Plata con una importante flota exigiendo la libre navegación de nuestros ríos. Toman Colonia, la Isla Martín García, destruyen la flota del Almirante Brown, y remontan el Paraná hacia el Litoral, vulnerando la ley de Aduanas del Gobernador Rosas.
En la costa Norte de Buenos Aires, a ciento sesenta  kilómetros, el Paraná forma un recodo de setecientos metros de ancho, conocido como la vuelta de Obligado, tal el apellido del propietario.
Ante la inminencia del avance de la flota extranjera en noviembre de aquel año, Rosas encomendó la defensa al General Lucio N. Mansilla, quien montó cuatro baterías en la costa defendida por cientos de Infantes, dos escuadrones de caballería y detrás de ellos, trescientos vecinos.
En un montículo de la orilla estaban apoyadas unas anclas a las que se le amarraron tres gruesas cadenas hasta la orilla opuesta, donde quedaron sujetadas a un bergantín y que enganchaban por las proas y popas a veinticuatro buques desmantelados, hundidos y fondeados en línea.
El día 20 por la mañana, avanzaron sobre las baterías de Obligado. La banda de Patricios toca el himno nacional. Y al grito de VIVA LA PATRIA comienza la batalla. La calificamos de batalla y no de combate porque su resultado cambió el escenario estratégico.
A las cuatro de la tarde los artilleros queman el último cartucho, después de ocho horas de fuego intenso. Desembarcan y Mansilla al frente, manda calar bayonetas. Al adelantarse, es derribado y reemplazado por el coronel Ramón Rodríguez que ordena otra carga con los Patricios, hasta que finalmente logran cierto control del terreno.
El canciller Arana decía ante la legislatura: “¿Con qué título la Inglaterra y la Francia vienen a imponer restricciones al derecho eminente de la Confederación Argentina de reglamentar la navegación de sus ríos interiores?”
La flota invasora consiguió así avanzar por el Paraná aunque debió soportar el hostigamiento de las fuerzas patriotas a lo largo del trayecto, como ocurrió en El Tonelero (actual Ramallo), San Lorenzo y Angostura del Quebracho (provincia de Santa Fe). Ante el fracaso tuvieron que  negociar con Rosas: los tratados Arana-Southern con Gran Bretaña (1849) y Arana-Lepredour con Francia (1850) pusieron fin al bloqueo del puerto de Buenos Aires y reconocieron la soberanía argentina de los ríos interiores.
La firme actitud de Rosas durante estos episodios le valió la felicitación del General San Martín, quien con sesenta y siete años se había ofrecido a venir combatir y haría un apartado especial en su testamento: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le será entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.

Hoy como ayer, también nos quedamos sin municiones, siendo el octavo país en extensión, con una superficie marítima que triplica la continental, nuestra pampa azul, con recursos naturales estratégicos como el gas y litio.
No contamos con una política de Estado consensuada en materia de Defensa. Desde 1983 en relación al PBI, el presupuesto para Defensa cae sistemáticamente, por lo cual deberíamos por lo menos, superar el 1% de PBI, para una imprescindible modernización del material que contemple las nuevas tecnologías. Y un Planeamiento conjunto para el imprescindible control aéreo, terrestre y de nuestras aguas territoriales por parte de nuestras Fuerzas Armadas, que deberían estar debidamente equipadas y adiestradas.
Necesitamos más bases navales entre Puerto Belgrano y Ushuaia, para nuestra Armada. Mientras no ejerzamos una presencia efectiva en nuestro territorio continental y marítimo, no habrá decisiones soberanas. Como nación bi-continental, la soberanía argentina de Malvinas debe avanzar constituyendo a Ushuaia en un polo antártico. Y evitar la depredación de nuestros recursos ictícolas.
La industria y la tecnología demuestran que tiene importancia estratégica fabricar nuestro armamento, tanto en fabricaciones militares, como en nuestros astilleros y nuestra fábrica de aviones. El Presidente electo expresó la necesidad de una integración territorial que permita una distribución poblacional equilibrada que promueva aprovechar nuestros recursos estratégicos para suscitar un proceso de industrialización que genere trabajo. La industria de la Defensa debe hacer su aporte en esa dirección.
Podemos superar la antinomia entre Defensa y necesidades sociales. No hay contradicción entre justicia social y un eficiente instrumento militar, el Peronismo ya lo ha demostrado.
La Cuenca del Plata, como vía de tránsito comercial que interconecta a Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay, demanda especial vigilancia ya que la amenaza a la soberanía impone una defensa integral de los sistemas de los ríos Paraná y de La Plata, para el control del transporte marítimo, la explotación pesquera y de los hidrocarburos del Atlántico Sur.
En el gobierno de Isabel Perón, por iniciativa del historiador José María Rosa, el Congreso declaró el 20 de noviembre, Día de la Soberanía Nacional. Evidentemente el 20 de noviembre de 1845 fue una victoria política, porque precisamente hoy Inglaterra, pidió comenzar los vuelos a Malvinas que la actual presidencia les concedió y por lo cual el fiscal federal Jorge Di Lello requirió que se investiguen posibles irregularidades en el manejo de la relación bilateral Argentina-Reino Unido, por el vuelo de Latam entre San Pablo y Malvinas.

Como en Obligado, unidas al Pueblo para defender la soberanía, ha pasado el tiempo del control civil de nuestras Fuerzas Armadas, llega el tiempo de su conducción política. Ese fue el camino, ese es el camino.


[1] Historiador (UBA) y Magíster en Defensa Nacional.

viernes, 22 de noviembre de 2019

VICTOR PAZ ENTESSORO, EL HOMBRE QUE TRANSFORMÓ BOLIVIA


ALGO DE HISTORIA PARA LOS QUE CREEN QUE EL MUNDO NACIÓ AYER

JAVIER GARIN - Noviembre 2019

Fundador del M.N.R., Víctor Paz Estessroro es considerado el mejor presidente de la historia de Bolivia, el que la convirtió en un estado democrático y la sacó de la pobreza y combatió fuertemente la discriminación contra los indígenas. También fue el fundador del capitalismo de Estado boliviano.
En su primer gobierno (1952-1956) inició la Revolución Nacional, que se convirtió en una de las revoluciones sociales más importantes de América Latina en el siglo XX. Realizó la reforma agraria reconociendo la propiedad de las tierras a los campesinos que las trabajaban. Instauró el voto universal por primera vez en la historia de su país. Nacionalizó las empresas mineras, poniéndolas al servicio del pueblo boliviano. Además, en su segundo gobierno (1960-1964) consolidó Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), inspirada en la YPF argentina.
En su cuarto gobierno, 1985-1989, logró controlar la hiperinflación. Es considerado uno de los líderes latinoamericanos más importantes, junto a Perón, Cárdenas y Vargas.
El 14 de mayo de 1952 ordenó la incautación de las minas de estaño de las compañías Patiño, Hoschschild y Aramayo -el núcleo de La Rosca- con la acusación de haber expoliado la riqueza nacional en beneficio propio y del extranjero. La medida tenía carácter provisional, mientras una Comisión adhoc deliberaba sobre el procedimiento de expropiación legal de las explotaciones. Poco después, el presidente decretó el monopolio del Estado sobre la comercialización de todos los minerales y trasladó las responsabilidades de gestión al Banco Minero de Bolivia (Bamin), creado a tal efecto.
El 2 de octubre instituyó también la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) como el ente encargado de administrar las empresas intervenidas. Finalmente, el 31 de octubre, firmó el Decreto de Nacionalización por el que el Estado adquiría los yacimientos y las instalaciones del trío Patiño-Hochschild-Aramayo a cambio de sustanciosas indemnizaciones. Las compañías extractoras medianas y pequeñas no fueron expropiadas, lo que dejó en manos del capital privado una tercera parte de la actividad minera en Bolivia.
El 21 julio, aprobó la ley de sufragio universal, que concedió los derechos de elección y elegibilidad a todos los bolivianos mayores de 21 años sin exclusiones de sexo, raza o nivel cultural, lo que multiplicó por cinco el censo electoral, que entonces ascendía a 204.000 personas.
Coronando el programa revolucionario y previa entrega de sus conclusiones por la Comisión correspondiente, el 2 de agosto de 1953 entró en vigor la Ley de Reforma Agraria, que supuso la abolición de la servidumbre de los indígenas del campo con el reparto de los latifundios convenientemente parcelados a un millón de campesinos sin tierras. De nuevo, esta medida típicamente socialista se ciñó a las grandes propiedades y afectó preferentemente a las plantaciones de baja productividad. Los propietarios afectados también tuvieron derecho a compensación.
El Gobierno de Paz buscó consolidarse mediante la movilización de las organizaciones obreras y campesinas. Así, alentó la pronta creación de la Central Obrera Boliviana (COB) como la confederación sindical nacional y dotada de fuero; con Lechín a su frente, la COB obtuvo puestos ministeriales en el Gobierno y el derecho de veto en el seno de la Comibol, y desde el principio representó el ala más radical y militante de la Revolución Nacional.
En su segunda presidencia, Paz hizo sancionar la Constitución de 1961, que asentó los pilares de la Revolución Nacional: la propiedad pública de la minería, la Reforma Agraria y el sufragio universal. Asimismo logró un fenomenal éxito económico al aumentar el nivel de producción en el sector minero más el desarrollo diversificado de las exportaciones no mineras, significativamente las de hidrocarburos, produciendo en 1964 una tasa de crecimiento del PIB del 7%.
En su cuarto gobierno debió llevar a cabo fuertes ajustes estructurales eliminando déficit, negociando deudas y frenando una hiperinflacion del 23.500 por ciento (una de las más altas de la historia mundial, producto del desgobierno de malo presidentes y de las sucesivas dictaduras.

A VER SI ESTUDIAN UN POCO, MUCHACHITOS, QUE LA HISTORIA NO MUERDE.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Nimio de Anquín (1896 – 1979): nacionalismo sudcentroamericano


CUADERNO DE TRABAJO N° 24 DEL CENTRO DE ESTUDIOS JUAN JOSÉ HERNÁNDEZ ARREGUI

Nimio de Anquín (1896 – 1979): nacionalismo sudcentroamericano

“El nacionalismo es la concepción política que propicia el encaminamiento de la nación a la consecución del Bien Común por el orden y la unidad, religados en la autoridad” (ANQUÍN, 1972).

Dr. Gonzalo Pedano[i]


El presente artículo continúa abordando la relación entre peronismo y filosofía a partir del análisis del pensamiento del filósofo argentino Nimio de Anquín. En especial rescata a partir del texto “Mito y política” –escrito en 1955- su visión del Estado y del nacionalismo, la defensa de nuestro propio ser “sudcentroamericano”, la construcción de una comunidad “orgánica” y “antimítica”, la crítica a la democracia liberal y al totalitarismo comunista, la puja por el abandono de nuestra “conciencia desdichada servil” y el compromiso con una autoafirmación soberana de la “conciencia dichosa”. 

¿Pensador nacional o fascista?
Ya en 1995 el propio Fermín Chavez ubicó a Nimio de Anquín entre las figuras del pensamiento nacional, en su artículo titulado “Actualidad de Nimio de Anquín” publicado en “Hechos e Ideas” (1995) y realizó una defensa de la obra de este filósofo a quien admiró como su maestro –“el mayor de los filósofos de raíz tomista”- y a quien conoció allá por 1958, cuando el cordobés brindó un curso sobre la filosofía de Hegel en el Convento de San Pedro González Telmo: “tuve la clara sensación de que me había topado con el Saber”, sostuvo Chávez. Sin dejar de rescatar también la ponderación que Anquín hizo del peronismo:
“Perón cumplió su misión cuando creó en el hombre argentino la autoconciencia, cuando lo dignificó al sacarlo de la abyección moral, política y social en que lo tendía hundido la oligarquía, cuyo último manotón fue la siniestra y vil revolución libertadora” (citado en CHÁVEZ, 1995, 164).
Pero han sido las publicaciones del Instituto “Leopoldo Lugones” de la provincia de Santa Fe, en especial bajo la coordinación del profesor Máximo Chaparro, las que han permitido difundir los aspectos más políticos del pensamiento del filósofo cordobés y su desafío de pensar la Patria, reunidos en la obra “Escritos Políticos” (1972) que analizamos en el presente trabajo.
Sin duda el abordaje del pensamiento político del filósofo cordobés, incluso diría rescate, dista de lo que se considera hoy políticamente “correcto”. Fundamentalmente porque, como se lamentaba el propio Fermín Chávez, nunca se le perdonó su activa participación en el Partido Fascista Argentino (CHÁVEZ, 1995). De hecho, el propio Hernández Arregui (2004), remarcó el nazismo y el fascismo propio y característico de toda una generación de nacionalistas argentinos de la década del ’30, entre la que ubicó a Nimio de Anquín, aún cuando destacó también que este fascismo “no fue enteramente negativo”:

“Íntimamente ligado a la posición frente a Yrigoyen está el fascismo de la generación nacionalista de 1930. También este fascismo se muestra, con diversos matices –desde Nimio de Anquín, que hablaba del ‘gran Hitler’, hasta determinados sectores de la oligarquía liberal […]-, atento a los altibajos de la Segunda Guerra Mundial. El nacionalismo fue nazi. Este nazismo, empero, no fue enteramente negativo, en tanto en una de sus raíces, a pesar de las ideologías en lucha en el mundo, se troquelaba con la neutralidad argentina como tradición histórica, y, además, resistía al imperialismo británico. La mayoría de los nacionalistas veían en el fascismo la única salida contra el liberalismo y el muro de contención contra el comunismo” (HERÁNDEZ ARREGUI, 2004, 190).

Digamos entonces que, de seguir esta caracterización elaborada por Hernández Arregui, el pensamiento político de Anquín -antes de la emergencia del peronismo- fue abiertamente “nazi”. La veracidad de la afirmación estaría fundada en la participación política del filósofo en el período.
Sin embargo, consideramos pertinente indagar por el impacto que tuvo la emergencia y el derrocamiento de los primeros gobiernos peronistas en el pensamiento de Anquín, realizando una re-lectura de algunos escritos que nos permiten delimitar los contornos de la filosofía política del pensador cordobés, a la vez que revisar y problematizar esta primera caracterización realizada por Hernández Arregui (2004).
A diferencia de lo sucedido con Carlos Astrada, Arregui no introduce modificaciones sobre la caracterización de Nimio de Anquín en las sucesivas ediciones de la obra “La formación de la conciencia nacional” (2004), publicada por primera en vez en 1960, que continúa a grandes rasgos con lo sostenido ya en “Imperialismo y cultura” (2005), publicada por primera vez en 1957.
Recientemente, en el marco de su visita a nuestro país, el filósofo ruso Dugin (2019), realizó una ponderación de Anquín rescatando su importancia para el desarrollo de un “logos argentino”, expresión de una auténtica “metafísica de la Cruz del Sur”, remarcando su esfuerzo por impulsar una visión americana del Ser, así como la defensa abierta de la “Tercera Posición” propia del peronismo. Este abordaje es un antecedente introductorio relevante para el intento de pensar las relaciones entre el pensamiento de Anquín y el primer peronismo.
“En la esfera de la filosofía política Nimio de Anquín adhirió a la ‘Tercera Posición’, negando firmemente, en primer lugar el liberalismo (dado que para él la democracia liberal no era, en modo alguno, una democracia), pero también en el marxismo ateo y materialista, reconociendo, sin embargo, el valor de la ideología de la izquierda hegeliana, a la que él llamaba ‘comunismo hegeliano’. De allí proviene su natural simpatía hacia Juan Domingo Perón y el peronismo […]” (DUGIN, 2019, 74).

Esta posición fue expresada y desarrollada detenidamente por Anquín en su ensayo Mito y política (1955), cuyos aspectos fundamentales analizamos en el presente artículo.



[i] Doctor en Cs. Antropológicas y Licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba. Docente. Artículo elaborado para el Centro de Estudios “Hernández Arregui”. Bell Ville, Córdoba, Argentina, 18 de noviembre de 2019. Contacto: mail@gonzalopedano.com

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