martes, 29 de diciembre de 2020

Apología del crimen de Estado

 Eduardo J. Vior


 InfoBaires24

Joe Biden insiste en afirmar ante quien quiera oírlo que su gobierno no será un Obama 3.0. Sin embargo, al menos los nombramientos que viene anunciando para las áreas de política exterior, defensa, inteligencia y seguridad indican que será peor, ya que potencia lo peor de Clinton, Bush y Obama juntos. Puede especularse que el futuro presidente quiera encaminar su gobierno rodeado de profesionales altamente cualificados y experimentados, pero al hacerlo está entregando a priori las riendas del poder. Todos los cuadros seleccionados son figuras descollantes dentro del poder imperial, tienen juego propio y ninguno de ellos se va a limitar a sostener la mano del anciano en el Salón Oval esperando hasta que Kamala Harris lo remplace. La escogida para conducir el aparato de inteligencia es un ejemplo.

La semana pasada el presidente electo confirmó que nombrará a Avril Haines (New York, 1969) como Directora de Inteligencia Nacional. Nacida y educada en un medio laico judeocristiano (su madre, quien murió joven, era judía), hasta sus 30 años recorrió la escena liberal de la intelectualidad norteamericana. Estudió Física en Chicago, tuvo junto con su marido una librería erótica en Baltimore y se doctoró en Derecho Internacional en Georgetown en 1999. Evidentemente, su pasaje por esa universidad tan cercana al poder de Washington dio frutos, ya que en 2001 se convirtió en asesora legal delegada en la Conferencia de La Haya sobre Derecho Internacional Privado, en 2002 comenzó a trabajar en un tribunal federal con jurisdicción sobre Kentucky y Michigan y en 2003, finalmente, comenzó su carrera en el gobierno federal, en la Oficina de Asesoramiento Legal del Departamento de Estado, donde permaneció hasta 2006. Siempre leal a sus cambiantes jefes, en 2007 y 2008 Haines se desempeñó en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado como Consejera Adjunta por la mayoría (demócrata) bajo la dirección del senador Joe Biden.

Luego volvió al Departamento de Estado, donde sirvió entre 2008 y 2010, surfeando sin problemas la transición entre los gobiernos de Bush y Obama. En 2010 dio el salto a la Casa Blanca, para trabajar como asesora adjunta del Presidente para asuntos de Seguridad Nacional. Como premio a su profesionalidad, luego de algún titubeo, en junio de 2013 Obama la designó como Subdirectora de la CIA. Fueron muy sonados su ocultamiento entonces del informe sobre las torturas realizadas por la CIA entre 2002 y 2009 en distintos centros de detención clandestinos esparcidos por el mundo y su participación como asesora legal en el programa de asesinato selectivo de sospechosos de terrorismo que el gobierno de Obama llevó a cabo con drones en distintos países de Oriente Medio y África Oriental. Se estima que unas 11.000 personas fueron asesinadas ilegalmente en esos años por orden directa del Presidente y bajo su supervisión.

Después de dejar el gobierno en enero de 2017, Haines tuvo un contrato en la Universidad de Columbia como miembro del Instituto de Derechos Humanos, mientras trabajaba para Palantir Technologies, una empresa de Denver (Colorado) especializada en el análisis de grandes bancos de datos y que fuera acusada de asistir al gobierno de Donald Trump con programas para la detención de inmigrantes. Al mismo tiempo no tuvo empacho en trabajar para WestExec Advisors, la empresa de software fundada por el futuro Secretario de Estado Antony Blinken y Michèle Flournoy, para asesorar a empresas que buscan contactos con el Pentágono. Con estos antecedentes Haines reúne todos los requisitos para dirigir a los espías: capacidad técnica, contricción al trabajo, oportunismo, inescrupulosidad y cinismo. Altamente respetada por estas cualidades y su experiencia gubernamental, Haines va a ser la primera Directora Nacional de Inteligencia.

No obstante, se espera que durante el proceso de confirmación en el Senado sea cuestionada por su participación en el programa de asesinatos con drones y en el ocultamiento del informe sobre el programa de torturas clandestinas de la CIA. Estos antecedentes han suscitado acerbas críticas de la izquierda demócrata y de organismos defensores de los derechos humanos contra la nominación de Haines, aunque, por ejemplo, Human Rights Watch resalta su “franqueza” y “transparencia”.

Como Directora Nacional de Inteligencia deberá coordinar el trabajo de los 16 servicios del país. Consecuentemente con la estrategia general demócrata, se espera que ponga el acento en el cerco, aislamiento y boicot contra Rusia, a quien ve como el enemigo principal. Es posible también que intensifique las campañas de desestabilización contra China, así como el ciberespionaje para contrarrestar el ascenso del país asiático. Retornando a las prácticas del gobierno de Obama, seguramente se inmiscuirá en los asuntos internos de sus aliados, suscitará alzamientos contra gobiernos desafectos y acumulará el máximo pensable de datos sobre toda la humanidad, para luego comercializarlos o usarlos en conflictos, según pinte la ocasión.

Avril Haines es una eficiente, experimentada, ambiciosa y ciega servidora del peor poder norteamericano. Con ella a cargo del aparato de espionaje, Biden confía en poder dormir tranquilo delegando las principales decisiones exteriores, sin atisbar que está llamando a una guerra entre caciques. Todas las figuras que el futuro presidente y sus asesores están nominando para dirigir la política exterior, las fuerzas armadas, la inteligencia y la seguridad del país rezuman las mismas cualidades y todos ambicionan más poder. Cada uno es más aventurero que el otro. Evidentemente, el “Estado profundo” ha decidido que, repitiendo las fórmulas fracasadas en los 1990, los 2000 y los 2010, se puede alcanzar el éxito que se esfumó entonces. No parece entender que el mundo ha cambiado, que los adversarios también juegan, son mucho más poderosos y no están más dispuestos a dejar impunes los crímenes cometidos en nombre de la libertad. El entronizamiento de esta banda de criminales es un búmerang que va a retornar sobre el corazón de Washington. Quien siembra vientos, cosecha tormentas.

martes, 22 de diciembre de 2020

La Provincia de Buenos Aires en debate

 Luis Gotte, diciembre 2020 


La provincia de Bs As es la unidad política más hipertrofiada del mundo. Concentra el 40% de la población del país: el equivalente a la Ciudad de Bs As, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Tucumán, Entre Ríos, Salta y Misiones juntas.

San Pablo representa el 22% de la población brasileña, California el 12% de la norteamericana y el Estado de México el 13% de la mexicana. Según proyecciones actuales su población ascienden a poco más de 17 millones: casi el 60% se amontona en el Conurbano bonaerense, que es el 2% de la geografía provincial.

La provincia es como un país que no maneja su economía. Se estima que el Producto Bruto Geográfico (PBG, lo que produce la provincia) representa aproximadamente el 38% del PBI, mientras que la recaudación llega a un porcentaje similar.

 El 61% de la masa coparticipable, lo que va para las provincias, no se divide en partes iguales. El caso más perjudicado es Bs As, que por la ley de 1988 recibe el 20% de coparticipación, cuando tiene casi el 39% de población del país.

 Los 307.571 kilómetros cuadrados de la Provincia (que supera a la de Gran Bretaña o Italia),  están parceladas en 135 Municipios (compuestos por una Ciudad cabecera, ciudades de segunda y pueblos olvidados) 12 regiones sanitarias, 19 departamentos judiciales, 25 regiones educativas o 8 superintendencias de seguridad regionales con 32 jefaturas departamentales. Sin embargo el centro político y administrativo se encuentra centralizado en La Plata, una ciudad que nació de la corrupción política.

Hipertrofia, sub-representación política, inviabilidad económica e ingobernabilidad no son los únicos flagelos que azotan a una geografía que permanece idéntica desde fines del S.XIX. Hay inseguridad, narcotráfico y corrupción policial; hay un Poder Judicial ineficiente y una política desconectada de su pueblo; un sistema de salud colapsado y una conflictividad docente permanente.

 Desde 1983 se vive de parches.

 Ahora, si seguimos votante candidatos extraños a nuestra Provincia de Buenos Ayres, no esperemos soluciones alguna.

 La PROVINCIA DE BUENOS AIRES deberá recrear su IDENTIDAD propia que la represente y e permita tener candidatos de auténtico sentir federal y municipalista.

 

Apuntes de fin de año por Mayra Arena

Pobreza [1] Peronismo [2] y Política [3]

1. POBREZA

1.1. Dentro de las familias más pobres, en situación de indigencia, se ven dos formas de encarar la ayuda social. Noto una diferencia clave: las familias cuyos ingresos más significativos desde hace años son las ayudas sociales, buscan a través de la necesidad una forma de inclusión. Reformulo: desocupados crónicos o diversos changarines que en sus trabajos ganan miseria y su ingreso grueso es una Asignación o algún tipo de plan, encuentran en confesar sus necesidades la clave para acceder a la contención social. Mientras más necesidades exponen, mientras más tragedias te confiesan, más sienten que van a recibir. Buscan ser incluidos a través de la necesidad, porque es la única manera que conocen de ser integrados a programas económicos. Esto genera una tragedia: la miseria es un ticket de entrada al sistema, por ende, la pobreza no es vista como problema, sino como un síntoma que garantiza un calmante. El segundo grupo es el que alguna vez tuvo trabajos que dieron más dinero que los programas sociales y que recibe también las ayudas, pero sólo las ven como ingreso extra. Estas familias actúan de manera distinta. Son, por ejemplo, los que con el IFE invirtieron o pudieron capitalizarlo. En este momento, económicamente la situación es igual de paupérrima en ambos grupos, pero las familias del segundo tienen además de (quizás y solo quizás) un poco más de recursos educativos otra perspectiva: la necesidad ES un problema. El deseo de erradicarla es constante. El primer grupo teme ardientemente perder las ayudas sociales, la contención social es el eje de la vida, incluso un ordenador. El segundo grupo, conociendo los beneficios de los empleos con buenos salarios, desea el trabajo en blanco más que cualquier otra cosa, la ayuda social es un plus al que se renuncia si aparece algo mejor. El verdadero desafío son las familias del primer grupo, numerosísimas en los barrios más pobres del AMBA. No hay nada más imposible que sacar de la pobreza a alguien que encuentra seguridad en ella. (Quien reduzca esto al “son pobres porque quieren” o “el problema son los planes” ya no es para mí más que un ignorante.)

1.2. Si tenemos en cuenta los números del INdEC, la mitad de los argentinos somos pobres. 6 de cada 10 chicos tienen necesidades básicas descubiertas. La subalimentación acompañada de entornos pobres y excluidos generará un aumento de la marginalidad y todos los problemas que esta acarrea. La construcción de escuelas con comedores que den desayuno y almuerzo, o almuerzo y merienda (y si fuera posible el sueño de la educación pública con doble jornada que den las tres) es urgente.

1.3. Si no se reactiva la economía privada vamos camino a dejar una estructura similar a los países de la región, donde hay un 30% de gente totalmente por fuera del sistema y la economía que se acostumbró a vivir en los márgenes de la sociedad.

1.4. Faltan docentes, faltan enfermeros, faltan profesionales en muchas áreas específicas y sobran pobres con ganas de estudiar pero que no pueden. No generar puentes entre estos sectores que se necesitan mutuamente no sólo es inhumano: es un desperdicio de recursos humanos que nos hará más pobres.

1.5. Los que vivimos situaciones de miseria en la infancia nos sentimos adultos desde muy chicos. Si no se propone algo prometedor para los adolescentes pobres que estudian, estos dejarán los estudios para buscar empleos pesimamente pagos e incluso formarán sus propias familias. Tendremos más mano de obra no calificada, más paternidad adolescente y una sociedad menos educada. Completa pérdida.

1.6. La mega ola de cuentapropistas, changarines y monotributistas nos deja un nuevo panorama: o se busca la manera de generar inversión en Argentina para que esos laburantes vuelvan al sector privado, o se piensa en una reestructuración del sistema jubilatorio y de acceso a la tierra. El nivel de vida de los “independientes” no sólo es extremadamente sensible a la volatilidad económica argentina, sino que te la regalo en dos generaciones cuando ninguno haya tenido aportes grandes y tengamos a la mayoría de jubilados siendo inquilinos y cobrando la mínima.

1.7. Uno de mis temores más grandes siempre que escribo estas cosas es que se interprete que busco que se creen más oficinas, más ministerios, más instancias burocráticas. Es lo último que quiero y lo que menos garantizaría una solución sostenible. No sólo muchos problemas se resolverían si algunos funcionarios trabajaran de manera más conexa y eficiente (conexa entre ministerios que se tiran la pelota entre sí, conexa entre funcionarios y realidad, conexa entre bases territoriales y decisiones ejecutivas), sino que creo que con una verdadera gestión transformadora, en unas cuantas generaciones ya no serían necesarios algunos estratos estatales.

2. PERONISMO

2.1. El mensaje de Cristina ayer (“Si alguno tiene miedos búsquese otro laburo, los ministros y legisladores están para mejorarle la vida al pueblo”) esperemos que genere algún impacto en los ministros hasta ahora invisibles.

2.2. El verticalismo está más vigente que nunca. Cristina construyó siempre desde arriba y las segundas y terceras líneas la imitaron. Esto generó una desmotivación brutal en las bases. Pareciera que ya no tiene sentido construir porque lo único que genera crecimiento, ingresos y recursos es la bendición de los distintos “dedos” que tienen el poder de bendecir. El resultado es un chupamedismo asqueante que prospera y unas bases laburantes cada vez más desconocidas y desconectadas. Quien cuestiona esto (o cualquier otra cosa) es tildado de traidor y sometido al peronómetro.

2.3. Se jodió mucho para que “el estado esté presente” en todas partes, pero en muchos sectores el estado son dos piojos resucitados tomando mate y menospreciando al vecino que va con una necesidad. Que durante un gobierno peronista no haya gente atenta y proactiva en los sectores de atención y contención, es una barbaridad.

2.4. La gestión de Alberto no ha sido buena, las pocas cosas que se hicieron bien jamás fueron bien comunicadas y, por lo tanto, prácticamente no cuentan como exitosas. En política percepción mata gestión. El gobierno no describe bien la realidad y tampoco es claro en cómo construirá el futuro. La gestión no ha sido buena y la comunicación es simplemente pésima.

2.5. Cada vez que el presidente habla muestra un optimismo que se percibe como desconocimiento de la realidad, generando profundo rechazo incluso en sectores que lo votaron.

2.6. Burocráticamente hablando, en cuanto al trato a los sectores más necesitados, el peronismo viene siendo tan malo como el macrismo (salvo algunos distritos que son la excepción).

2.7. Que Cultura siga siendo para la gran mayoría de los compañeros un espacio donde se intenta que todos los artistas puedan vivir de lo que hacen porque en el sector privado son insostenibles, es un flagelo (ódienme, me importa un carajo).  Ningún ente estatal puede reducirse a ser una chequera de becas. La industria cultural debería ser sólo una parte de un Ministerio que jamás se ocupó de las tragedias culturales argentinas: la aporofobia, el rechazo a los negros, la misoginia, el clásico y vigente cipayismo, el desprecio por lo nacional, la postura de los medios de comunicación descaradamente a favor de intereses extranjeros sin consecuencia ética alguna, el hecho de que los egresados de universidades públicas en carreras exactas egresan con un pensamiento antinacional (me fascina esta tendencia de gente que incluso no hubiera podido pagar una universidad privada), el odio de clase, los problemas culturales específicamente de los pobres como el temor al sector privado por discriminación (previa o imaginaria), la sobrejudicialización de la indigencia, la falta de cultura de salud sexual y reproductiva, los problemas culturales de otras minorías, etcétera, etcétera.

2.8. Si la macro está encaminada con Guzmán, que en la micro inyecte algo quien sea. Igual que con la vacuna, acá esperamos lo primero que venga con los brazos abiertos.

2.9. El estímulo al consumo SI es necesario. El estímulo al consumo NO es sinónimo de inclusión social (ni mucho menos de plan económico).

 3. POLÍTICA

3.0. La política no tiene tanto poder como la gente cree. El poder real siempre fue el económico, amparado en el jurídico. El mensaje de CFK es clave para sacudir algunas jaulas: hay dos tipos de miedos que pueden tener los funcionarios. El miedo a tocar intereses poderosos y ser perseguidos judicial y mediáticamente, y el miedo a perder su banca. Ambos llevan a la inacción.

3.1. El oficialismo se encuentra más unido que nunca. El peronismo nacional logró dialogar con la CGT, hacer las paces con el peronismo cordobés y a pesar de las abismales distancias de izquierda a derecha, el Frente se muestra sólido por ambos lados. Alberto se lleva bien con todos, menos con la realidad.

3.2. El analista político Diego Genoud habló de una “lealtad inédita de Sergio Massa”. ¿Eso habla bien de Massa, mal de Alberto, ninguna de las dos o una mezcla de ambas?

3.3. El macrismo está construyendo constante y sonante. Bullrich se reúne ya no en secreto con liberales, libertarios, hombres de la derecha nacional y hasta figuras reconocidas que están (estaban) por fuera de la política. Larreta y Bullrich atraerán al votante duro antiperonista, mientras que Vidal y Ritondo intentarán peronizarse al máximo para atraer al voto sensible.

3.4. Si la casta política no se muestra diferente se verá como se ve a la empresarial: una clase que busca acomodar a sus hijos y su entorno y que no tiene mayor interés por el resto de la sociedad más que el estrictamente funcional. El resultado es una sociedad cada vez más “antipolítica” (y todos sabemos quién captura los votos antipolíticos).

3.5. Lo de c5N con Larreta ya es pasmoso. Se entendía e incluso se justificaba cuando la quiebra era inminente y se dependía de la pauta porteña, pero que hoy Larreta tenga blindaje en el canal más grande afín al gobierno es irrisorio.


Extraído del FACEBOOK

viernes, 18 de diciembre de 2020

La guerra civil se hace inevitable en ‎Estados Unidos ‎

Por Thierry Meyssan para la RED VOLTAIRE


La incógnita actual en Estados Unidos no está en determinar quién fue legítimamente ‎electo presidente sino en saber por cuánto tiempo será capaz de evitar la guerra civil en ‎ese país. Lejos de la simple rivalidad entre un narcisista experto en el uso de la ‎televisión y un político senil, Estados Unidos se ve ante un grave problema de ‎identidad cultural que siempre ha estado latente desde su surgimiento como país. ‎

La catástrofe previsible desde hace 30 años hoy se perfila en el horizonte. Estados Unidos ‎se dirige inexorablemente hacia la secesión y la guerra civil. ‎Al desaparecer la URSS, el «Imperio estadounidense» perdió su enemigo existencial, y ‎también su razón de existir. El intento de los presidentes George Bush padre y Bill Clinton de ‎procurar a su país un nuevo camino con la globalización ha destruido las clases medias en ‎Estados Unidos y en casi todos los países occidentales. El intento de los presidentes George ‎Bush hijo y Barack Obama de organizar el mundo en torno a nueva forma de capitalismo –ahora ‎financiero– se estancó en las arenas de Siria. ‎

Y ya es demasiado tarde para corregir el rumbo. El intento de Donald Trump de renunciar al ‎Imperio estadounidense y redirigir los esfuerzos del país hacia la obtención de la prosperidad ‎interna se ha visto saboteado por las élites partidarias de la ideología puritana de los llamados ‎‎«Padres Peregrinos» (Pilgrims Fathers) [1]. Llega así el momento que tanto temían el presidente Richard Nixon ‎y su consejero electoral Kevin Philipps. Estados Unidos está al borde de la secesión y de la guerra ‎civil. ‎Lo que aquí escribo no es fruto de ningún delirio. Es resultado de los análisis de numerosos ‎observadores, en Estados Unidos y a través del mundo. Lo mismo piensan muchos en suelo ‎estadounidense, donde la Corte Suprema del Estado de Wisconsin acaba de rechazar el recurso ‎presentado por el presidente Trump contra el fraude electoral, rechazo que no está motivado por ‎alguna razón vinculada al derecho sino porque aceptarlo sería «abrir la caja de Pandora». ‎

Lo que sucede es que, al contrario de la presentación sesgada de los hechos que predomina en la ‎prensa internacional, las opciones son limitadas: se trata de analizar los recursos de Trump conforme al derecho –y se vería entonces que tiene razón– o de analizarlos en función de la ‎política y teniendo en cuenta que darle la razón desataría una guerra civil. ‎

El problema es que el conflicto ya está demasiado avanzado. Anteponer la política al derecho ‎también llevará a la guerra civil. ‎

Hay que dejar de ver la elección presidencial como una simple cuestión de rivalidad entre el ‎Partido Demócrata y el Partido Republicano, sobre todo porque Donald Trump ‎nunca se consideró republicano, sólo tomó el Partido Republicano por asalto durante su ‎campaña presidencial de 2016. Además, Donald Trump no es un loco delirante sino un sucesor ‎del político estadounidense Andrew Jackson, quien fue presidente de Estados Unidos desde 1829 ‎hasta 1837. Ideológicamente, el presidente Andrew Jackson representó el preludio de la ‎aparición del bando de los «confederados». ‎

 

‎Que los europeos no conozcan al presidente estadounidense ‎Andrew Jackson no significa que este sea un personaje marginal en la historia de ‎Estados Unidos. Su efigie aparece en los billetes de 20 dólares, lo cual es paradójico ya que ‎como presidente Andrew Jackson se opuso al sistema de la Reserva Federal.

Es necesario dejar de fingir que Donald Trump no representa a la mayoría de sus conciudadanos, ‎a pesar de que fue electo presidente en 2016, de que miles de candidatos acaban de ganar ‎elecciones locales apoyándose en su nombre y de que él mismo acabar de obtener en la elección ‎presidencial varios millones de votos más que en 2016.

Nadie en Europa parece atreverse a aceptar lo que estamos viendo ya que todos se aferran a la ‎fábula que nos presenta a Estados Unidos como el reino de la democracia. Sólo tómese usted un ‎poco de tiempo para leer la Constitución estadounidense –le llevará unos pocos minutos. ‎

Verá entonces que la Constitución estadounidense no reconoce la soberanía del Pueblo, sólo ‎la de los Estados que componen la Unión. El principal redactor de la Constitución ‎estadounidense, Alexander Hamilton, lo dijo y lo escribió en los Federalist Papers: el objetivo ‎de la Constitución de Estados Unidos no es establecer una democracia sino instaurar un régimen comparable a la monarquía ‎británica –aun sin aristocracia. ‎

Si la Constitución estadounidense ha sobrevivido por 2 siglos ha sido gracias al compromiso que ‎representan sus diez primeras Enmiendas, recogidas en el documento conocido como Bill ‎of Rights o «Carta de Derechos». Sin embargo, en nuestros tiempos de globalización de la ‎información, cualquiera puede darse cuenta de que “los dados están cargados”. El sistema ‎estadounidense es ciertamente tolerante… pero oligárquico. En Estados Unidos, casi todas ‎las leyes son redactadas por grupos de presión organizados, sin importar quiénes sean los ‎políticos elegidos para sentarse en el Congreso y sin importar quién esté en la Casa Blanca. ‎El personal político es sólo una cortina de humo tras la cual se esconde el verdadero Poder. ‎Los grupos de presión antes mencionados llevan un estricto registro de las decisiones de ‎cada político, les otorgan notas y publican cada año anuarios para mantenerse al día sobre la ‎docilidad de esos personajes. ‎

Los europeos, empeñados en querer ver a Estados Unidos como una nación democrática, ‎se aferran ahora a la idea de que la elección presidencial está en manos de los miembros del ‎Colegio Electoral o “compromisarios”, “grandes electores” designados por el voto popular. Pero ‎eso es absolutamente falso. La Constitución estadounidense no prevé que el Pueblo elija ‎al presidente, ni siquiera en una elección indirecta o de segundo grado, sino que el presidente ‎sea designado por un “colegio electoral” cuyos miembros han sido designados a su vez por ‎los gobernadores de los Estados. Con el tiempo, los gobernadores acabaron por organizar ‎elecciones en sus Estados, antes de designar a los miembros del “colegio electoral”. Algunos ‎aceptaron inscribir ese paso en la Constitución de sus Estados, pero no todos lo hicieron. Y, en definitiva, la Corte Suprema estadounidense no se interesa por esos “detalles”, lo cual quedó ‎comprobado hace 20 años cuando George Bush hijo fue designado presidente en detrimento de ‎Al Gore. En aquel momento, la Corte Suprema federal anunció claramente –pero con una ‎elegante retórica jurídica– que no le interesaban los eventuales “trucos” electorales que se habían visto en el Estado de la Florida. ‎

Ese es el contexto de la elección presidencial de 2020, elección que Trump habría ganado ‎probablemente… si Estados Unidos fuese una democracia. Pero perdió porque la clase política ‎estadounidense no lo aprueba y porque, en realidad, Estados Unidos es una oligarquía. ‎

Los “jacksonianos”, partidarios de la democracia, no tienen ahora más opción, para lograr la ‎victoria de su causa, que recurrir a las armas, como está previsto explícitamente en la Segunda ‎Enmienda de la Constitución. Según el sentido original de ese texto, el derecho de los ‎estadounidenses a adquirir, poseer y portar todo tipo de armas tiene como objetivo permitirles ‎rebelarse contra un gobierno tiránico, como en los tiempos de la lucha contra la monarquía ‎británica. Ese es el sentido del compromiso de 1789, que la mayoría ve ahora como un ‎compromiso roto. ‎

El general Michael Flynn, efímero consejero del presidente Donald Trump para la seguridad ‎nacional, acaba de llamar a la suspensión de la Constitución estadounidense y la proclamación de ‎la ley marcial como medio de evitar la guerra civil. El Pentágono, cuyo jefe fue destituido por ‎el presidente hace un mes y reemplazado por varios allegados al general Flynn, estaría llamado ‎entonces a desempeñar un papel fundamental. ‎

Por su parte, Donald Trump ha anunciado su intención de recurrir a un tribunal de Texas para que ‎este se pronuncie sobre los fraudes electorales locales. Texas es uno de los Estados que ‎se constituyó en República independiente antes de pasar a ser parte de Estados Unidos. Pero, en ‎el momento de su adhesión a Estados Unidos, Texas conservó su derecho a retirarse de la Unión. ‎En 2009, el gobernador de Texas, Rick Perry, amenazó con proclamar la secesión y ‎desde entonces esa idea se ha mantenido vigente. Hoy en día, el Congreso de Texas está por ‎pronunciarse sobre un proyecto de referéndum de independencia presentado por el político ‎republicano Kyle Biedermann.‎

Un proceso de disolución de Estados Unidos podría ser incluso más rápido que el de la URSS. ‎Esa posibilidad fue objeto de estudio, en Moscú, por el profesor Igor Panarin, durante la primera ‎década de este siglo. Desde entonces, los datos demográficos han evolucionado y Colin ‎Woodard los ha analizado. Este periodista y escritor estadounidense estima que Estados Unidos ‎podría dividirse en 11 Estados diferentes, en función de una serie de criterios culturales. ‎

A esos problemas hay que agregar las denuncias presentadas contra las legislaturas locales de una ‎veintena de Estados estadounidenses que, invocando la epidemia de Covid-19, adoptaron ‎disposiciones que someten el voto ciudadano a fórmulas que contradicen sus Constituciones ‎locales. Si esas denuncias, jurídicamente justificadas, llegaran a prosperar habría que anular ‎no sólo la elección presidencial sino también todas las elecciones para cargos locales –como ‎parlamentarios, fiscales, sheriffs, etc. ‎

Verificar los hechos denunciados en Texas no será posible antes de la reunión del Consejo ‎Electoral federal. Por consiguiente, Texas y otros Estados donde también se han presentado ‎denuncias y recursos similares no deberían poder participar en la designación del próximo ‎presidente de Estados Unidos. ‎

Ante tal situación, el único procedimiento sustitutivo aplicable queda de nuevo en manos del ‎Congreso, donde los “puritanos” están en minoría y los “jacksonianos” tienen la mayoría. ‎

 

jueves, 17 de diciembre de 2020

Presentación del libro "La brasa ardiente contra la cuádruple infamia"


 

El sentido de la universidad

 Aritz Recalde, 16 diciembre 2020

Publicado en REVISTA MOVIMIENTO

 El pasado 6 de noviembre fui invitado a disertar en una actividad organizada por la Universidad Nacional de Hurlingam y por la Universidad del Sentido dependiente de la fundación Scholas, Organización Internacional de Derecho Pontificio creada por el Papa Francisco en el año 2013.

La consigna del encuentro fue “la construcción del sentido de los jóvenes en el mundo de la universidad”. El marco fue propicio para reflexionar sobre el origen, el significado presente y el devenir de nuestra tarea de educadores. Entre otros temas, surgieron los interrogantes ¿qué finalidad le damos a la enseñanza?, ¿qué valores transmite la universidad?, ¿qué imaginario tienen los jóvenes y cómo se forma? y ¿qué cultura estamos fomentando entre los estudiantes?.

 La universidad y el sentido común del hombre contemporáneo

La universidad no es la única institución que construye el sentido de los jóvenes y coexiste con otros ámbitos formadores de los valores neoliberales hoy hegemónicos e imperantes en la mayoría de los países del mundo. El resultado de tales ideologías es la conformación del hombre masa y de la sociedad consumista, injusta y apática actual.  

El Papá Francisco viene alertando acerca de la crisis civilizatoria contemporánea que conduce a la sociedad a un estado permanente de indignidad, angustia, desigualdad y violencia. La humanidad atraviesa un drama existencial, caracterizado por el hecho de que abandonó el sentido trascendente para de la vida y todo se vuelve efímero y trivial. El individuo perdió conciencia de su origen y del mandato histórico y cultural de sus antecesores y lo remplazó por el consumo, por la alienación materialista y por la búsqueda autodestructiva de poder. El hombre posmoderno no tiene conciencia del pasado y tampoco obligaciones con el futuro y vive el presente en un estado de angustia e inseguridad emocional, de violencia y anomia frente al prójimo.     

De la lectura de las encíclicas Laudato Si (Cuidado de la Cada en Común) y Fratelli Tutti (Fraternidad y Amistad social) y de la exhortación apostólica Evangelli Gaudium (La Alegría del Evangelio), se observa con claridad que el hombre actual ha asimilado y naturalizado cuatro principios de una perniciosa ideología:

Primero: el mercado manda al hombre y la finanza domina al mercado. A diferencia de la ideología actual, Francisco considera que la economía debe orientarse al bien común de la colectividad y no a la mera acumulación de riqueza. El Papa alertó acerca del peligro que adquiere el actual poder omnímodo del dinero y de la especulación financiera que destruyen la producción y el trabajo derribando fronteras y suprimiendo derechos. Tal cual sostiene Francisco, el dinero parece adquirir vida propia y tiende a reinar la vida de los países, cuando en realidad debería servir al desarrollo humano y a la construcción de la libertad de los pueblos.

Segundo: la marginación y la desigualdad son hechos naturales del mercado. Francisco denunció el descarte social y la extendida pobreza actuales y los caracterizó, sin dudar, como parte de una realidad anticristiana y de una situación humanamente repudiable. El Papa alertó sobre el hecho de que se vienen profundizando las desigualdades dentro de cada nación y también entre los distintos Estados del planeta. El resultado del proceso es la coexistencia de un centro político rico y poderoso y unas periferias subdesarrolladas y pobres.

Tercero: la ciencia y la tecnología son neutrales y la trasformación que se está implementando sobre el mundo de la naturaleza es parte de la evolución. En Laudato Sí Francisco es enfático en destacar el inmenso peligro para la humanidad que acarrea la racionalidad actual, que destruye la naturaleza por intermedio de la expansión de la industria y del uso de la tecnología. En nombre del progreso y de la supuesta neutralidad de la ciencia moderna, se están demoliendo las bases materiales sobre las cuales funciona el planeta.

Cuarto: los valores y el mandato cultural e histórico son negativos e impiden el progreso universal. La ideología del hombre posmoderno sostiene que la religión y la tradición de las comunidades son supersticiones y resabios medievales que se tienen que erradicar. Se quiere imponer en su remplazo una racionalidad única, un igualitarismo autoritario de dimensión universal que niega la pluralidad étnica y nacional y que considera negativamente a la espiritualidad y a la tradición histórica de los pueblos. En nombre del progreso y de la evolución, la ideología neoliberal intenta borrar el irrenunciable derecho humano a la identidad tradicional, lingüista y religiosa local, nacional y regional. 

 

Resultante de esta ideología se formó el hombre masa, que está cada día más enajenado y separado de sí mismo, de sus vínculos familiares y de su comunidad. El pueblo siente que ya no controla el devenir y que su único fin es el consumo y la lucha animal por la supervivencia. Al ocultarle y negarle las finalidades colectivas, históricas y trascendentes, al hombre posmoderno solamente le queda el egoísmo material, el deseo de goce presente y la búsqueda destructiva de poder.

Al desligar a la persona de los valores, de la cultura y del mandato histórico de sus predecesores, se confunde fácilmente ser con tener, felicidad con consumo y bienestar con acumular bienes.

El individuo amoral actual actúa de manera violenta con los otros hombres y se dedica a luchar por el poder material y político sin reflexionar sobre los resultados de su accionar. Romano Guardini en el “Fin de los tiempos modernos” ya había alertado el resultado negativo de este proceso y estableció que “El hombre de los tiempos modernos abriga la opinión de que todo acrecentamiento de poder es, sin más, progreso, una elevación de seguridad, de bienestar, de utilidad, de plenitud de valores, de fuerza vital. En verdad, el poder es algo por entero polivalente. Puede crear el bien como el mal, edificar como destruir. Lo que realmente llega a ser depende del pensamiento que lo rige y del fin para el cual se lo utiliza”. Tal cual expresó lucidamente Guardini, “El hombre tiene poder sobre la cosas, pero no sobre su poder” y “no tiene conciencia, ni ética de los fines alcances de su poder”.


El sentido histórico, social y colectivo de la universidad nacional y popular

Uno de los peligros que enfrenta la universidad actual es el de convertirse en un enseñadero sin alma y sin misión nacional e histórica, cuya única tarea sea la de titular a individuos egoístas y carentes de sentido de responsabilidad ética y social.   

La universidad tiene la irrenunciable responsabilidad de construir nuevos sentidos para los jóvenes, evitando caer en el utilitarismo y en las ideologías individualistas y del descarte propias de la posmodernidad. Con este fin, es fundamental educar en valores solidarios forjando una conciencia del deber del individuo para con su colectividad y con su historia. Es en este sentido que Jacques Maritain en “La educación en este momento crucial”, destacó que “La educación debe poner fin a la discordia entre las exigencias sociales y las del individuo dentro del hombre mismo. Necesario le es por consiguiente desarrollar a la vez el sentido de la libertad y el de la responsabilidad, el de los derechos y el de las obligaciones humanas, el valor de que se ha de revestir ante el peligro y en el ejercicio en aras del bien general, y al mismo tiempo el respeto de la humanidad en cada persona individual”. Como bien sostiene Maritain, la universidad tiene que garantizar la libertad y la realización individual, pero también debe imponer la obligación moral de los jóvenes de contribuir a la construcción de la comunidad, de la tradición cultural y del mandato histórico de la nación.

En la Argentina la universidad es autónoma en el plano académico y eso favorece la libertad de pensamiento y de catedra. También lo es en el terreno administrativo y esta condición auspicia la posibilidad de formular y de consolidar políticas de investigación y docentes de mediano y de largo plazo. En nuestra óptica, dicha autonomía nunca puede desligar a la institución de los fines y de las obligaciones históricas y debe estar guiada como plantea Maritain por el “ambiente social y la inspiración política” de la colectividad nacional.

 Las tres funciones de la universidad nacional y popular

La universidad nacional y popular debe orientar sus tres funciones al cumplimiento del bien común y de la emancipación y realización social, económica, cultural y política de la comunidad nacional e internacional.

 Función social

Históricamente, la universidad fue elitista y tuvo como objetivo demarcar y profundizar las diferencias de clase, étnicas, raciales y nacionales. En la tradición liberal solamente la clase alta ingresa a la institución que es arancelada y con eso controla más fácilmente el poder político. 

La universidad nacional y popular por el contrario, debe contribuir a la igualdad de posibilidades y al ascenso social, eliminando las limitaciones al ingreso y a la permanencia de origen económico o étnico. La institución tiene que fomentar el voluntariado social y la cooperación permanente de sus miembros con la comunidad extraacadémica, tendiendo a entablar diálogos y a buscar las soluciones que el pueblo y la nación demandan.

 Función política

La universidad educa al sector dirigente de los países y de sus aulas egresan buena parte de los miembros que conducen el gobierno, las empresas y las ONG.

Asimismo y tema fundamental, la institución introduce a la vida política a los jóvenes. La academia es una verdadera escuela para la futura dirigencia y allí los estudiantes encuentran un ambiente de estudio, de reflexión y de debate sobre los problemas nacionales y sociales. 

Es tarea fundamental de la universidad ennoblecer la política y ordenarla al cumplimiento del bien común y a la búsqueda de la libertad y de la realización de la comunidad nacional. Frente a la crisis de los partidos, la institución tiene que contribuir activamente a la educación de una dirigencia que supere el accionar de la “clase” política que procede pragmáticamente y con una lógica de beneficio corporativo que vende y que compra votos y leyes haciendo de la actividad un negocio.

La universidad puede ayudar a dignificar una función que es fundamental e irremplazable en la vida del hombre y que hace tiempo que está en decadencia. La institución debe elevar los fines de la política para orientarlos a la realización de las grandes causas, evitando el cortoplacismo y las típicas confusiones entre gobierno y Estado que le impiden al país pensar y construir proyectos a mediano y largo plazo.  Tiene que concientizar a los jóvenes en que el gobierno no es una caja para para las agrupaciones y las facciones partidarias, sino que es un medio de realización nacional y colectiva y que deben llegar los mejores hombres y mujeres a los cargos ennobleciendo la función pública. Los estudiantes deben persuadirse acerca de que la política no es un recurso para el enriquecimiento y el beneficio personal, sino que es una causa de reparación social y de ideales elevados.

Se trata como sostuvieron Alfredo Calcagno y de Luis Dellepiane, de formar una universidad que labore “por la ciencia, por la Patria, por la Libertad y por América”. En este crucial momento histórico, debemos educar a los jóvenes para que breguen por el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Los estudiantes de hoy serán los responsables de edificar el pluri-verso y la multipolaridad de paz y de desarrollo de las naciones del mañana.   

 Función productiva y científica

Las universidades tienen la estratégica tarea de contribuir a formular un proyecto científico y tecnológico orientado al adelanto productivo e industrial y a la construcción de las bases materiales necesarias para superar el subdesarrollo.

La tecnología debe ser un instrumento para la solución de los problemas sanitarios, sociales, medioambientales y educativos los pueblos. Esta tarea requiere abandonar la mentalidad tecnocrática que liga la producción de saber a la mera acumulación de riqueza material. La ciencia y la tecnología tienen que orientarse al desarrollo pleno y sustentable de la comunidad.

 Función cultural

La ideología neoliberal imperante es totalitaria y parte del erróneo supuesto de que existen una sola cultura y una idea de sociedad única y universal. Los intelectuales del pensamiento único anhelan formar una gran aldea global unificada culturalmente por internet y por el avance de las tecnologías borrando las identidades históricas, étnicas y nacionales. En realidad, en nombre de la universalidad quieren imponer la ideología occidental y centralmente anglosajona, que obliga a todos los pueblos a adherir al liberalismo de derecha o al liberalismo de izquierda. 

 Las universidades tienen que ser ante todo nacionales y federales y deben estudiar, respetar y difundir los valores, la historia, la tradición, la identidad étnica y religiosa de cada comunidad. Respetando y revalorizando lo propio, es como se puede contribuir al cauce y al desenvolvimiento de la cultura universal. 

lunes, 14 de diciembre de 2020

Pensamiento y tradición nacional

                                                                                                        Alberto Buela (*)

         El filósofo Martín Heidegger se quejaba allá a mediados de los años treinta de que Europa yacía bajo la gran tenaza formada por Rusia y Estados Unidos como portadores de la furia tecnológica y la organización abstracta del hombre normal.[1]

         Parece ser que nosotros hoy padecemos la opresión de otra gran tenaza, pues el mundo de nuestros días está atrapado entre la homogeneización global de un mundo-uno y el renacimiento tribal de los nacionalismos periféricos. Oscilamos entre Mac Donald y Sudán, CNN y Siria, Microsoft y el Sahara. Unos están compuestos por hombres y mujeres para quienes la cultura propia y su lengua, la nacionalidad étnica y su religión son elementos descartables y a reemplazar. En tanto que otros hurgan en sus muertos o ilusorios mitos fundadores, para desde allí enfrentar el problema de la pérdida de identidad. Esta, para volver al símil de Heidegger, es la tenaza que aprisiona al hombre normal de nuestros días.

         Es obvio que resulta mucho más fácil vivir plegándose a cualquiera de las dos ramas del fiero instrumento. Se puede vivir como el hombre light que sólo busca "estar al día" y no saber; no tener opiniones chocantes siendo siempre encantador; someterse al mercado de divisas y al Internet. O de lo contrario, se puede vivir como el hombre iniciático, haciéndose el sabio parodiando un saber que no se posee. Oscureciendo las aguas para que parezcan más profundas como gustaba decir Nietzsche. Y en este hombre iniciático hay dos vertientes. Desde el que se ocupa de los ovnis y la tierra plana hasta el que busca fundar su saber en la hermenéutica de Nazca, el tantrismo de la mano izquierda o en Trapalanda.

         Esta grosso modo es la tenaza de nuestro tiempo, que aprisiona al pensamiento crítico pero arraigado que, al menos nosotros, sostenemos como expresión más genuina del hombre no-conformista.

         ¿Cómo resolver desde nosotros mismos, desde nuestro lugar en el mundo que es Iberoamérica, esta opresión a dos puntas?

      Poniendo en acto, actualizando, los valores que conforman nuestra tradición nacional. Así pues, el asunto de este trabajo es responder: ¿qué es la tradición nacional y cuáles sus valores?

         La noción de tradición cuyo nombre proviene del latín traditio que significa la acción de entregar, de transmitir puede resumirse como el traspaso de una generación a otra de las cosas valiosas que la conformaron.

         La tradición no debe confundirse con el conservadorismo, que en general guarda todo, lo valioso y lo que no es. La diferencia entre tradición y conservatismo es que, en éste último, lo viejo vale por viejo, mientras que en la tradición lo viejo vale en tanto portador de valores. La tradición, para nosotros, es algo que aún vive y no una entidad ahistórica tal como la considera el tradicionalismo filosófico.

         Estos valores de la tradición nacional se han encarnado paradigmáticamente en Nuestra América en un sujeto histórico: el criollo, en tanto que representante más acabado de nuestra raza. Quien se ha expresado según haya sido su ámbito de pertenencia como huaso en Chile, charro en México, borinqueño en Puerto Rico, llanero en Venezuela y Colombia, montubio en Ecuador, cholo en Perú, coya en Bolivia, gaucho en Uruguay, Paraguay, Argentina y sur del Brasil etc. etc.         

     En definitiva, es el arquetipo de hombre americano que siendo de genuina estirpe hispánica nos distingue de España. Ni tan español ni tan indio, decía Bolívar.

 

a) La expresión de la tradición nacional

        

La tradición nacional tiene en la literatura argentina tres hitos fundadores o fundantes: el Facundo: Civilización y Barbarie (1845) de Domingo Sarmiento; el Martín Fierro (1872/79) de José Hernández y El Payador (1916) de Leopoldo Lugones y algunos aleatorios.[2]  

Existe además un reclamo en favor de una filosofía argentina por parte de Juan Bautista Alberdi en Fragmento preliminar al estudio del derecho (1837), pero es solo eso, algo que no pasa de ser una manifestación de deseos.

         El Facundo tuvo por objetivo desacreditar al Brigadier General Juan Manuel de Rosas, su gobierno (1835 a 1852) y a su principal personero: Facundo Quiroga. Y aun cuando partiendo de la falsa antinomia: civilización y barbarie. Equiparando barbarie a campaña, a desierto, a extensión "el mal que aqueja a la República Argentina es la extensión"[3], a población criolla. Y proponiendo su reemplazo por el europeo que es la civilización. No obstante tamaño error, decimos que su mérito, limitado sólo a los tres primeros capítulos, (el resto son "mentiras a designio", según carta de Sarmiento al Gral. Paz, estriba en la descripción del genius loci (clima, suelo, paisaje) de los argentinos y sus caracteres esenciales expresados en la descripción del criollo bajo las distintas figuras del rastreador, el baqueano, el gaucho malo y el cantor.

         Sarmiento, a pesar de él mismo, fue un americano hasta la médula, que cuando describe al gaucho en realidad se autorefleja. La contradicción surge cuando lo interpreta: "La sangre es lo único que tienen los gauchos de seres humanos", pues allí surgen todos los preconceptos ideológicos de su conformación política. Romántica y liberal. Europeizante y mimética. Unitaria y antirosista. Masónica y anticatólica.

         El Martín Fierro viene a relatar los padecimientos del gaucho, producto típico de la pampa, explotado y sometido a los arbitrios de la ciudad, sede del gobierno, y sus personeros: políticos, jueces y milicos.

         El poema va más allá de su autor, pues "él ignoró siempre su importancia y no tuvo genio sino sólo en aquella ocasión."[4] El poema lo sobrelleva. Ante la crítica ilustrada de la época, Hernández pide disculpas por la inferioridad de sus versos. Sin embargo su poema adquiere inusitada adhesión en el paisanaje, transformándose en el texto más leído de su tiempo. Véase el pedido de un almacén de ramos generales de la campaña a su abastecedor porteño en 1873: "50 gruesas de fósforos, 2 quesos bola, 10 tercios de yerba, 1 barrica de cerveza, 2 pipas de vino Carlón, 50 Martín Fierro."[5] Su lenguaje, estilo, versificación y temática son estrictamente criollos. No imita.

                    

                     De naides sigo el ejemplo

                     naide a dirigirme viene

                        

         El Martín Fierro tuvo, tiene y tendrá múltiples y variadas lecturas e interpretaciones pero, por sobre todo, es la expresión de nuestro modo de ser en el mundo.

         Las grandes etapas de su desarrollo son:

 

a) Vida bucólica:      era una delicia ver

                                como pasaba los días.     

b) Envío a la frontera: Si esto es servir al gobierno

                                  a mi no me gusta el cómo

c) Huída al desierto:   Y siguiendo el fiel del rumbo

                                  se entraron en el desierto

d) Vuelta:              Viene uno como dormido

                             cuando vuelve del desierto

c) Dispersión:          Después a los cuatro rumbos

                               los cuatro se dirigieron        

          Ellas indican emblemáticamente no sólo el drama de la historia patria "Hasta que venga algún criollo en esta tierra a mandar", sino también las etapas en el camino del hombre que lucha por ejercer su libertad. Y en este sentido el Martín Fierro encierra también una filosofía de vida.

          El tercer eslabón de la tradición nacional aparece con El Payador. Producto de una serie de seis conferencias pronunciadas por Lugones durante 1913 en el teatro Odeón de Buenos Aires a la que asistieron, entre otros, el entonces presidente de la República Roque Sáenz Peña y sus ministros Indalecio Gómez, Eleodoro Lobos, Carlos Ibarguren, Justo P. Sáenz Valiente.

         El ensayo es, cuarenta años después de publicado el Martín Fierro, la primera gran reivindicación de Hernández y su objetivo es probar que el libro es un poema épico y para ello se apoya en la proposición: "El gaucho, y no el español, fue el héroe y civilizador de la Pampa. En este mar de hierba, indivisa comarca de tribus bravías, la conquista española fracasó."[6]

         El trabajo es como todos los ensayos de Lugones, desmesurado, exultante, arbitrario, pero al mismo tiempo, penetrante, suscitador, inteligente, fruto de una cabeza brillante como la del hijo de Río Seco. Acá se muestra no como el afrancesado, que fue, sino como el criollo a pie firme proveniente de una familia que "por cuatro siglos sirvió a estas tierras". Si pudiéramos obviar los capítulos primero y último, absolutamente infundados, el libro sería el ensayo más acabado sobre la tradición nacional.

         Haciendo gala de una erudición, por momentos insolente y ofensiva, Lugones no sólo muestra acabadamente la trabazón interna del Martín Fierro que lo convierte en el mayor poema épico de Hispanoamérica, sino que además pone al descubierto la corriente espuria de la expresión criolla. A Bartolomé Hidalgo lo trata de "barbero que le imprimió a sus versos, como es natural, la descosida verba de su oficio". De Hilario Ascasubi -defendido años después por Borges frente a Hernández- dice que" no tenía de gaucho sino el vocabulario, con frecuencia absurdo". Al respecto ya Miguel Cané había afirmado en carta a Hernández: "Ud. ha hecho versos gauchescos, no como Ascasubi, para hacer reír al hombre culto del lenguaje del gaucho". De Estanislao del Campo y el comienzo de su Fausto sentencia: "Es una criollada falsa de gringo fanfarrón."[7] Del Lázaro de Ricardo Gutiérrez y de La Cautiva de Echeverría que "son meros ensayos de color local en los cuales brilla por su ausencia el alma gaucha". A esta corriente espuria de la expresión criolla debemos agregar el publicitado trabajo de Ezequiel Martinez Estrada: Muerte y Transfiguración de Martín Fierro, que Lugones no conoció, un libro verdaderamente miserable, escrito por un gallego trepador y anticriollo con veleidades de sociólogo.

  b) Los valores de la tradición nacional

        Estos tres autores, que dicho sea de paso son políticamente opuestos entre sí, nos muestran que nuestra conciencia, o sea, la conciencia criolla, nuestro mundo de valores, nuestro genius loci, nuestra representación comunitaria, todo ello es premoderno. Pero nuestra forma de representación política a través del parlamentarismo demócrata-liberal y la proyección internacional de nuestra ecúmene cultural partida en una veintena de republiquetas bananeras, todo ello es moderno. Y esta es la gran contradicción que venimos soportando desde hace casi doscientos años. Somos entitativamente una cosa pero la representamos falsamente. Somos sustancialmente premodernos, nos relacionamos con el medio y nos organizamos familiar y comunitariamente como premodernos, pero nos representamos políticamente como modernos. Vivimos así una contradicción no resuelta. Al respecto algo barruntó el vulcánico Sarmiento: "En la República Argentina se ven a un tiempo dos civilizaciones distintas en un mismo suelo; una naciente que sin conocimiento de lo que tiene sobre su cabeza está remedando los esfuerzos ingenuos y populares de la Edad Media; otra que, sin cuidarse de lo que tiene a sus pies, intenta realizar los últimos resultados de la civilización europea. El siglo XIX y el siglo XII viven juntos: el uno dentro de las ciudades, el otro en las campañas."[8] (8)

          Sin ir más lejos, nuestra concepción del tiempo es distinta. Nuestros contratos los cumplimos de "otra manera", para desazón de europeos y norteamericanos. El nuestro no es el time is money sino "sólo tardanza de lo que está por venir" como afirma Martín Fierro. Es un madurar con las cosas. Eso, que tanto ellos como nuestra intelligensia local, han caracterizado como indolencia o vagancia nativa, para los cuales la siesta es casi un delito.

         Claro está, hoy ya no existen los arquetipos que han definido a nuestros pueblos que fueron los que encarnaron la Tradición Nacional. Ya no está el gaucho, ni el llanero, ni el huaso, ni el charro, ni el montubio, ni el borinqueño, ni el cholo, etc. Hoy casi todos tendemos al homo consumans, al hombre light, al hombre homogeneizado del supermercado, al hombre desarraigado, al bicho urbano para quien: "el campo es aquel lugar horrible donde los pollos camina crudos". Pero si bien es indudable la desaparición del criollo bajo sus distintas formas ello no nos permite afirmar la desaparición de los valores que animaron a este tipo de hombre. En una palabra, que desaparezca la forma en tanto que apariencia, no nos autoriza a colegir que murió su contenido, esto es, el alma gaucha. Muy por el contrario, lo que tiene que intentarse es plasmar bajo nuevas apariencias o empaques los valores que sustentaron a este tipo de hombre, como son: a)el sentido de la libertad, b)el respeto a la palabra empeñada, c) el sentido de jerarquía y d) la preferencia de sí mismo. Criollo es pues quien comparte estos valores más allá de su origen étnico, sea italiano, árabe, gallego o alemán. Estos son los valores fundamentales del "alma hispanoamericana". Renunciar a cualquiera de ellos es renunciar a nosotros mismos.

  c) el desarrollo de la tradición nacional                                           

La introducción del positivismo se produce en la generación de 1880 y se prolonga hasta la de 1896. (Ramos Mejía, Ameghino, Pirovano, y sigue en la del 96 con Carlos Bunge e Ingenieros). Al mismo tiempo se destacan Estrada, Goyena, Cambaceres en el pensamiento tradicional.

En ese momento nace, a caballo de las generaciones de 1896 y 1910, el pensamiento sobre nosotros mismos con autores no ilustrados sino más bien barrocos como Juan Agustín García (1862-1923), Joaquín V. González(1863-1923) y Ernesto Quesada (1858-1934). Sus libros más significativos son Notas sobre nuestra incultura; La tradición nacional; En torno al criollismo y La época de Rosas. En la generación del 96 se ubica el primer filósofo profesional argentino, Alejandro Korn (1860-1936), quien encabeza la reacción antipositivista, pero su producción intelectual es tardía por eso se lo ubica en la generación de 1910.

Una observación: es conocida la interpretación que a menudo se ha realizado sobre el positivismo argentino, tanto por sus defensores como detractores. Quizás no se haya prestado la suficiente atención, punto que Nimio de Anquín ha enfatizado, acerca del carácter originario que puede poseer para nosotros el positivismo  en tanto se centre en la cognición de las individualidades entitativas. La onticidad americana de la que habla él y también Kusch. En tal sentido podría indicarse al positivismo como un primer bosquejo de pensamiento iberoamericano con algunos rasgos propios.

La producción de estos cuatro autores, como dijimos es tardía, y logra recién su expresión en la generación del Centenario (1910), que es  cuando se produce la irrupción de un conjunto de pensadores nacionales como Leopoldo Lugones (1874-1938), Ricardo Rojas(1882-1954), Manuel Ugarte (1875-1951), Saúl Taborda (1885-1944) y el economista Alejandro Bunge (1880-1944). Sus libros más significativos son: El payador; La restauración nacionalista e Historia de la literatura argentina; La nación hispanoamericana; El ideario argentino; Una nueva Argentina.

De la generación del 10 pasamos a la del 25 y la del 40 donde ambas se complementan e imbrincan formando un todo que conformó lo más granado de la producción del pensamiento nacional en todos los ámbitos: histórico, económico, literario, filosófico y político.

Podemos ubicar en la primera a Guerrero, de Anquín, Astrada, Miguel A. Virasoro, Sixto Terán, y desde el ensayo Canals Feijoo, Borges, Scalabrini, Arturo Cancela. Y en la del 40 Sepich, Tomás Casares, Castellani, Meinvielle, Sampay, desde el ensayo Marechal, Jauretche, José Luis Torres, Ramón Doll, Ernesto Palacio, Julio Irazusta.

Quien le otorga capitalidad a todo este cúmulo de pensadores y pensamiento nacional fue Juan Perón con el Congreso de filosofía de 1949, el hecho cultural más significativo dentro de la breve historia argentina.

Los libros más significativos de los autores citados, por orden de mención son: Tres motivos en las entrañas del Facundo y Estética operatoria; El ser visto desde América y Mito y política; El mito gaucho; La intuición metafísica; El problema de la cultura argentina. Ensayos: En torno al problema de la cultura; El escritor argentino y la tradición; El hombre que está solo y espera; Palabras socráticas a los estudiantes. Del 40: Latinoamérica ¿madurez o decadencia?; Jerarquías espirituales; Decíamos ayer y Las canciones de Militis; De la cábala al progresismo; Teoría del Estado. Ensayos: Descenso y ascenso del alma por la belleza; Manual de las zonzeras argentinas; Nos acechan desde Bolivia; Liberalismo en la literatura y la política; Historia argentina. De Perón pueden leerse: La comunidad organizada; Conducción política y El modelo argentino.

La generación del 60-70 produjo como novedad “la izquierda nacional” con pensadores como J.J. Hernández Arregui y Abelardo Ramos. Al mismo tiempo que “cristianos comprometidos” con la causa nacional como Conrado Eggers Lan. Cuya continuación se manifestó una década después en la teología y filosofía de la liberación con figuras como Rodolfo Kusch y J.C. Scannone.

Sus libros más significativos son La formación de la conciencia nacional y Revolución y contrarevolución en Argentina; Izquierda, peronismo y socialismo y Cristianismo y nueva ideología; La negación en el pensamiento popular; Hacia una filosofía de la liberación.

La década del 90 nos encuentra con una experiencia única como la del grupo de la revista de metapolítica Disenso (1994-1999) que tuvimos el honor de fundar y dirigir junto con Horacio Cagni; Alfredo Mason y Abel Posse.

Allí planteamos por vez primera la teoría del disenso, que fuera publicada en libro luego en España, de nuevo en Argentina y actualmente en Chile. Mientras que Horacio Cagni publicó su premonitorio y liminar trabajo La guerra hispano-norteamericana comienzo de la globalización, luego también en libro.

Propusimos asimismo la creación de un pensamiento de ruptura con la opinión publicada, siguiendo el ejemplo de Platón, que solo se puede hacer filosofía en forma genuina rompiendo con la opinión, con la doxa y los doxógrafos, esto es, los sofistas. Al mismo tiempo que  iniciamos los estudios sobre la metapolítica en América de la mano de Primo Siena (1927-) y su Espada de Perseo.

Los libros más significativos son: Teoría del disenso; Pensamiento de ruptura; La guerra hispano-norteamericana comienzo de la globalización; Sindicalismo y dictadura; El gran viraje y su trilogía americana.

Las dos décadas que llevamos del siglo XXI, con el Internet, las computadoras y las redes sociales cambiaron las formas de expresión. Pocos libros impresos, ya no más revistas en papel y muchos ensayos provisorios de pseudo pensadores circunstanciales sobre todo lo que sucede y sucederá, que luchan en un “corta y pega” para ver quién es más novedoso. Seguramente se me habrá pasado algún pensador nacional que la bonhomía del lector sabrá disculpar.

Cabe barruntar que si una persona leyera esta treintena de autores mencionados y sus libros propuestos correspondientes, adquirirá una formación e información suficiente para hablar y pensar con propiedad sobre el pensamiento nacional argentino.

No obstante podemos destacar que se han creado cátedras sobre el pensamiento nacional en nuevas universidades como la de Ushuaia, Jujuy y Lanús, lo que nos permite abrigar buenas esperanzas para la recuperación y conocimiento adecuado del mismo.  

[1] Heideggeer, M.: Introducción a la Metafísica, Buenos Aires, Ed. Nova, 1966, p. 75

 [2] Trabajos en comparación menores, podemos señalar: La Tradición Nacional (1888) de Joaquín V. González; En Torno al Criollismo (1912) de Ernesto Quesada; Los Gauchescos (1917) de Ricardo Rojas, Notas sobre nuestra incultura de 1922 de Juan Agustín García. El resto son miles de estudios eruditos que se cuecen en su propia salsa: el academicismo estéril.  

[3] Sarmiento, Domingo: Facundo: Civilización y Barbarie, Buenos Aires, Eudeba, 1961, p.21.-

 [4] Lugones, Leopoldo: El Payador, Caracas, Biblioteca de Ayacucho, 1978, p.133

[5] Pérez Amuchástegui, Antonio: Mentalidades Argentinas(1860-1930), Buenos Aires, Eudeba, 1965, p.230.-

 [6] Lugones, Leopoldo: op. cit. pág.36

[7] No nos podemos resistir a copiar todo el párrafo que le dedica Lugones, un varón de mi raza criolla, a Del Campo y su obra. Dice así: "Después, si el vocabulario del famoso Fausto, está formado regularmente por palabras gauchas, no lo son sus conceptos. Así puede observarse desde el primer verso. Ningún criollo jinete y rumboso como el protagonista, monta en caballo overo rosado: animal siempre despreciable cuyo destino es tirar el balde en las estancias, o servir de cabalgadura a los muchachos mandaderos; ni menos lo hará en bestia destinada a silla de mujer, como está dicho en la segunda décima, por alabanza absurda, al enumerarse entre las excelencias del overo, la que podía "ser del recao de alguna moza -y, para peor,-pueblera". Además, en la misma estrofa habíalo declarado "medio bagual"; lo cual no obsta para que inmediatamente pueda creerlo arrocinado, es decir, manso y pasivo. Por último para no salir de las dos primeras décimas, que ciertamente caracterizan toda la composición, ningún gaucho sujeta su caballo sofrenándolo, aunque lo lleve hasta la luna. Esta es una criollada de gringo fanfarrón, que anda jineteando la yegua de su jardinera". op. cit. p.128.- Es atingente hacer notar con Justo P. Sáenz (h) que "El espiritu de imitación por todo lo que emana de la Capital Federal, tan común en nuestro interior...ha hecho que el paisano, sobre todo el que desfila en nuestras fiestas tome la fea y despiadada costumbre, imitando a los reseros del Matadero Porteño, de cortarle la cola al maslo, cuando nuestro gaucho usaba la cola hasta la ranillas, o cuanto menos cortadas al garrón" (Cfr.Equitación Gaucha, Buenos Aires, Emece, l997 p.p. 138, 130 y 68). Ni que decir ahora cuando en los desfiles gauchos aparecen con pompones en las botas o en la boina, con la tenaza cromada o el lazo pintado de plateado.

 [8] Sarmiento, Domingo: op. cit. pág.49

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