miércoles, 28 de octubre de 2020

Elecciones en los Estados Unidos

Alexander Dugin - 15.10.2020


Extraído de GeopoliticaRU

EL CONSENSO DE CIEN AÑOS DE LAS ÉLITES ESTADOUNIDENSES

La misma expresión “la geopolítica de las elecciones estadounidenses” suena muy inusual e inesperada. Desde los años 30 del siglo XX, el enfrentamiento entre los dos principales partidos estadounidenses, los republicanos “rojos” (Great Old Party – GOP) y los demócratas “azules”, se ha convertido en una competencia basada en un acuerdo frente a los principios básicos en la política, la ideología y la geopolítica aceptados por ambas partes. La élite política de Estados Unidos se basó en un consenso profundo y completo, en primer lugar, en la lealtad al capitalismo, el liberalismo y el establecimiento de Estados Unidos como la principal potencia del mundo occidental.

Independientemente de si estamos tratando con los “republicanos” o con los “demócratas”, uno podría estar consciente de que su visión del orden mundial era casi idéntica: globalista, liberal, unipolar atlantista y centrado en los Estados Unidos.

Esta unidad tuvo su expresión institucional en el Consejo de Relaciones Exteriores – CFR (Council on Foreign Relations), creado durante la celebración del acuerdo de Versalles como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y que reunió a representantes de ambas partes. El papel del CFR creció constantemente y después de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en la sede principal del creciente globalismo. En las primeras etapas de la Guerra Fría, el CFR permitió que los sistemas convergieran con la URSS sobre la base de los valores compartidos de la Ilustración. Pero debido al fuerte debilitamiento del campo socialista y la traición de Gorbachov, la “convergencia” ya no era necesaria, y la construcción de una paz global estaba en manos de un polo: el del ganador de la Guerra Fría.

El comienzo de la década de los 90 del siglo XX se convirtió en un minuto de gloria para los globalistas y el propio CFR. A partir de ese momento, el consenso de las élites estadounidenses, independientemente de la afiliación partidista, se fortaleció aún más, y las políticas de Bill Clinton, George W. Bush o Barack Obama, al menos en temas importantes de política exterior y lealtad a la agenda globalista, prácticamente no fueron diferentes. Por parte de los republicanos, el análogo “derechista” de los globalistas (representados principalmente por los demócratas), fueron los neoconservadores, quienes expulsaron a los paleoconservadores del partido después de los años 80, es decir, aquellos republicanos que seguían tradiciones aislacionistas y se mantuvieron fieles a los valores conservadores, característicos del Partido Republicano, hasta principios del siglo XX y de los primeros tiempos de la historia de Estados Unidos.

Sí, demócratas y republicanos estaban en desacuerdo en política fiscal, en materia de medicina y seguros (aquí los demócratas estaban económicamente a la izquierda y los republicanos a la derecha), pero esta era una disputa en el marco del mismo modelo, que de ninguna manera o casi nunca afectó a los principales vectores de la política, por no hablar de la política extranjera. En otras palabras, las elecciones en los Estados Unidos no tenían ningún significado geopolítico y, por lo tanto, una combinación como “la geopolítica de las elecciones estadounidenses” no se utilizaba debido a su falta de sentido o sin sentido.

 

TRUMP DESTRUYE EL CONSENSO

Todo cambió en 2016, cuando el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó inesperadamente al poder. En la propia América, su llegada se convirtió en algo completamente excepcional. Todo el programa de campaña de Trump se basó en las críticas al globalismo y a las élites estadounidenses gobernantes. En otras palabras, Trump desafió directamente el consenso bipartidista, incluido el ala neoconservadora de su partido republicano, y … ganó. Por supuesto, 4 años de presidencia de Trump han demostrado que es simplemente imposible reformar por completo la política estadounidense de una manera tan inesperada, y Trump tuvo que hacer muchos compromisos, incluido el nombramiento del neoconservador John Bolton como su asesor de seguridad nacional. Pero a pesar de todo, trató de seguir su línea, al menos en parte, lo que enfureció a los globalistas. Así, Trump cambió drásticamente la estructura misma de las relaciones entre los dos principales partidos estadounidenses. Bajo su mando, los republicanos han regresado en parte a las posiciones del nacionalismo estadounidense características del Partido Republicano temprano, de ahí las consignas de America first! o Let’s make America great again! Esto provocó una radicalización de los demócratas, quienes, a partir del enfrentamiento entre Trump y Hillary Clinton, de hecho, declararon una guerra real a Trump y a todos los que lo apoyaron en un nivel político, ideológico, mediático, económico, etc.

Durante 4 años esta guerra no se detuvo ni un instante y hoy, en vísperas de las nuevas elecciones, alcanzó su punto culminante. Todo esto se manifestó:

- en la amplia desestabilización del sistema social,

 - en la rebelión de elementos extremistas en las principales ciudades de Estados Unidos (con el apoyo casi abierto de las fuerzas anti-Trump del Partido Demócrata),

-en la demonización directa de Trump y sus partidarios, quienes, en caso de la victoria de Biden, se enfrentan al ostracismo real, sin importar el cargo que ocupen, acusan a Trump y a todos los patriotas y nacionalistas estadounidenses de ser fascistas,

- a un intento de presentar a Trump como un agente de fuerzas externas, en primer lugar, Vladimir Putin, etc.

La feroz confrontación interpartidaria, en la que algunos de los propios republicanos, principalmente los neoconservadores (como Bill Kristol, además de los principales ideólogos de los neoconservadores), se opusieron a Trump, provocó una fuerte polarización en toda la sociedad estadounidense. Y hoy, en el otoño de 2020, en el contexto de la constante epidemia del Covid-19 y sus consecuencias sociales y económicas asociadas, la carrera electoral es algo completamente diferente de lo que fue en los últimos 100 años de la historia estadounidense, comenzando con Versalles, los 14 puntos globalistas de Woodrow Wilson y la creación del CFR.

 

AÑOS 90: UN MINUTO DE GLORIA PARA LOS GLOBALISTAS

Por supuesto, no fue Donald Trump quien rompió personalmente el consenso globalista de las élites estadounidenses, poniendo a Estados Unidos al borde de una Guerra Civil a toda regla. Trump se ha convertido en un síntoma de profundos procesos geopolíticos desde principios de la década del 2000.

En los años 90 del siglo XX, el globalismo alcanzó su clímax, el campo soviético estaba en ruinas, los agentes directos de los Estados Unidos estaban en el poder siendo líderes de Rusia y China, quienes comenzaban a copiar obedientemente el sistema capitalista, lo que creó la ilusión del inminente “fin de la historia” (F. Fukuyama). Al mismo tiempo, a la globalización sólo se opusieron abiertamente las estructuras extraterritoriales del fundamentalismo islámico, a su vez controladas por la CIA y los aliados de Estados Unidos de Arabia Saudita y otros países del Golfo, y varios “Estados rebeldes”, como el Irán chiíta y la todavía comunista Corea del Norte, que son grandes en sí mismos, pero no representaban un peligro verdadero. Parecía que la dominación del globalismo era total, el liberalismo seguía siendo la única ideología que sometía a todas las sociedades y el capitalismo seguía siendo el único sistema económico. Antes de la proclamación del Gobierno Mundial (y este es el objetivo de los globalistas y en particular, la culminación de la estrategia CFR) solo quedaba un paso.

 

LOS PRIMEROS SIGNOS DE LA MULTIPOLARIDAD

Pero desde principios de la década de 2000, algo salió mal. Con Putin se detuvo la desintegración y la mayor degradación de Rusia, cuya desaparición final de la arena mundial era una condición necesaria para el triunfo de los globalistas. Tras emprender el camino de la restauración de la soberanía, Rusia ha recorrido una gran distancia en los últimos 20 años, convirtiéndose en uno de los polos más importantes de la política mundial, por supuesto, todavía muchas veces inferior al poder de la URSS y el campo socialista, pero ya no obedeciendo servilmente a Occidente, como lo era en los años 90 .

Paralelamente, China, armada con la liberalización de su económica, retuvo el poder político en manos del Partido Comunista, evitando el destino de la URSS, el colapso, el caos, la “democratización” según los estándares liberales y gradualmente se convirtió en la mayor potencia económica solo comparable a Estados Unidos.

En otras palabras, existían requisitos previos para un orden mundial multipolar que, junto con el propio Occidente (los Estados Unidos y los países de la OTAN), tenía al menos dos polos bastante importantes y de peso: la Rusia de Putin y China. Y cuanto más lejos, más claramente emergió esta imagen alternativa del mundo, en la que, junto con el Occidente liberal globalista, de otro tipo de civilizaciones, basadas en estos polos que crecían en poder: la China comunista y la Rusia conservadora se daban a conocer cada vez más. Los elementos del capitalismo y el liberalismo están presentes tanto allí como allá. Todavía no se trate de una alternativa ideológica real, no es la contrahegemonía (según Gramsci), pero ya son algo. Sin convertirse en algo multipolar en el sentido pleno, en la década del 2000 el mundo dejó de ser inequívocamente unipolar. El globalismo comenzó a ahogarse, a desviarse de su trayectoria prevista. Esto fue acompañado por una división emergente entre Estados Unidos y Europa Occidental. Además, en los países de Occidente se inició el auge del populismo de derecha e izquierda, en el que se manifestó el creciente descontento de la sociedad con la hegemonía de las élites liberales globalistas. El mundo islámico tampoco detuvo su lucha por los valores islámicos que, sin embargo, dejó de identificarse estrictamente con el fundamentalismo (controlado de una forma u otra por los globalistas) y comenzó a adquirir formas geopolíticas más claras:

-ascenso del chiísmo en el Medio Oriente (Irán, Irak, Líbano, en parte en Siria),

-crecimiento de la independencia – hasta entrar en conflictos con los EE.UU. y la OTAN – de la Turquía sunita de Erdogan,

-fluctuaciones de los países del Golfo entre Occidente y otros centros de poder (Rusia, China), etc.

 

EL MOMENTO TRUMP: EL GRAN CAMBIO

Las elecciones estadounidenses del 2016, que fueron ganadas por Donald Trump, se llevaron a cabo en este contexto, en un momento de grave crisis del globalismo y, en consecuencia, de las élites globalistas gobernantes.

Fue entonces que, debido a la fachada del consenso liberal, surgió una nueva fuerza, esa parte de la sociedad estadounidense que no quería identificarse con las élites globalistas dominantes. El apoyo de Trump se ha convertido en un voto de desconfianza a la estrategia del globalismo, no solo contra los demócratas, sino también contra los republicanos. Así, la escisión se reveló en la propia ciudadela del mundo unipolar, en la sede de la globalización. Aparecieron bajo la espesura del desprecio los deplorables, la mayoría silenciosa, la mayoría desposeída (V. Robertson). Trump se ha convertido en un símbolo del despertar del populismo estadounidense.

Así que la política real volvió a los Estados Unidos, de nuevo se trata de una disputa ideológica, de la cancel culture, de los BLM, donde la destrucción de monumentos de la historia estadounidense se convirtió en la expresión de una profunda división en la sociedad estadounidense al interior de sus temas más fundamentales.

 

EL CONSENSO ESTADOUNIDENSE SE HA DERRUMBADO.

De ahora en adelante, élites y masas, globalistas y patriotas, demócratas y republicanos, progresistas y conservadores se han convertido en polos independientes y de pleno derecho, con sus propias estrategias, programas, puntos de vista, evaluaciones y sistemas de valores alternativos. Trump hizo estallar a Estados Unidos, rompió el consenso de la élite, descarriló la globalización.

Por supuesto, no lo hizo solo. Pero él audazmente, tal vez bajo alguna influencia ideológica del atípico conservador y antiglobalista Steve Bannon (un caso raro de un intelectual estadounidense familiarizado con el conservadurismo europeo, e incluso con el tradicionalismo de Guénon y Evola), fue más allá del discurso liberal dominante, abriendo así una nueva página en la historia de la política estadounidense. En esta página, leemos claramente la fórmula “la geopolítica de las elecciones estadounidenses”.

 

ELECCIONES ESTADOUNIDENSES 2020: TODO ESTÁ EN JUEGO

 

Dependiendo del resultado de las elecciones de noviembre de 2020, se determinará la arquitectura del orden mundial (la transición al nacionalismo y la multipolaridad de facto en el caso de Trump, la continuación de la agonía de la globalización en el caso de Biden),

la estrategia geopolítica global de Estados Unidos (América primero en el caso de Trump, un impulso desesperado hacia el Gobierno Mundial en el caso de Biden), el destino de la OTAN (su disolución a favor de una estructura que refleje más estrictamente los intereses nacionales de Estados Unidos, esta vez como Estado, y no como bastión de la globalización en general en el caso de Trump, o la preservación del bloque atlantista como instrumento de las élites liberales supranacionales en el caso de Biden), la ideología dominante (conservadurismo de derecha, nacionalismo estadounidense en el caso de Trump, globalismo liberal de izquierda, la eliminación final de la identidad estadounidense en el caso de Biden), la polarización de los demócratas y los republicanos (crecimiento continuo de la influencia de los paleoconservadores en el Partido Republicano en el caso de Trump) o un retorno a un consenso bipartidista (en el caso de Biden, con un nuevo aumento de la influencia de los neoconservadores en el Partido Republicano), e incluso el destino de la Segunda Enmienda a la Constitución (su preservación en el caso de Trump, y su posible derogación en el caso de Biden).

Estos son momentos tan importantes que el destino del Healthcare, el Muro de Trump e incluso las relaciones con Rusia, China e Irán resultan ser algo de importancia secundaria. Estados Unidos está tan profunda y fundamentalmente dividido que la pregunta ahora es si el país sobrevivirá alguna vez a estas elecciones sin precedentes. Esta vez, la lucha entre demócratas y republicanos, Biden y Trump, es una lucha entre dos sociedades agresivamente opuestas entre sí, y no un espectáculo sin sentido, de cuyos resultados nada depende fundamentalmente. Estados Unidos ha cruzado a una línea fatal. Cualquiera sea el resultado de estas elecciones, Estados Unidos nunca volverá a ser el mismo. Algo ha cambiado de manera irreversible.

Por eso estamos hablando de “la geopolítica de las elecciones estadounidenses”, y por eso resulta tan importante. El destino de Estados Unidos es en muchos sentidos el destino de todo el mundo moderno.

 

EL FENÓMENO DEL HEARTLAND

El concepto más importante de la geopolítica desde Mackinder, el fundador de esta disciplina, es el “Heartland”. El cual denota el núcleo de la civilización de la civilización de la tierra (Land Power) opuesta a la civilización del mar (Sea Power).

Tanto el propio Mackinder, como especialmente Carl Schmitt, quien desarrolló sus ideas y su intuición, están hablando del enfrentamiento entre dos tipos de civilizaciones, y no solo de la disposición estratégica de fuerzas en un contexto geográfico.

La Civilización del Mar” encarna la expansión, el comercio, la colonización, pero también el “progreso”, la “tecnología”, los cambios constantes en la sociedad y sus estructuras, reflejando el elemento líquido del océano – la sociedad líquida de Z. Bauman.

 

Es una civilización sin raíces, móvil, en movimiento, “nómada”.

La “Civilización de la Tierra”, por el contrario, está asociada al conservadurismo, la constancia, la identidad, la estabilidad, la meritocracia y los valores inmutables, es una cultura con raíces, de carácter sedentario.

Así, el Heartland adquiere también un significado civilizatorio: no es solo una zona territorial, lo más alejada posible de las costas y los espacios marítimos, sino también una matriz de identidad conservadora, un área de fuertes raíces, una zona de máxima concentración de la identidad.

Al aplicar la geopolítica a la estructura contemporánea de los Estados Unidos, obtenemos una imagen asombrosamente clara. La peculiaridad de los Estados Unidos es que el país está ubicado entre dos espacios oceánicos, entre el Océano Atlántico y el Océano Pacífico. A diferencia de Rusia, Estados Unidos no tiene un cambio tan inequívoco del centro a uno de los polos, aunque la historia de los Estados Unidos comenzó desde la costa Este y se trasladó gradualmente hacia el Oeste, y hoy, hasta cierto punto, ambas zonas costeras están bastante desarrolladas y representan dos segmentos de una pronunciada “civilización del mar” …

 

LOS ESTADOS Y LA GEOPOLÍTICA ELECTORAL

Y aquí es donde comienza la diversión. Si tomamos el mapa político de los Estados de Estados Unidos y lo coloreamos con los colores de los dos partidos principales de acuerdo con el principio de qué gobernadores y qué partidos dominan en cada uno de ellos, obtenemos tres franjas:

-la Costa Este es azul, aquí se concentran grandes áreas metropolitanas y, en consecuencia, dominan los demócratas;

-la parte central de los EE. UU., que es la zona del medio, está llena de zonas industriales y agrícolas (incluida la “América de un piso”), es decir, el propio Heartland, que está pintada casi en su totalidad de rojo (la zona de influencia de los republicanos);

-la Costa Oeste vuelve a ser de mega-ciudades, centros de alta tecnología y, en consecuencia, del color azul de los demócratas.

Bienvenidos a la geopolítica clásica, es decir, a la primera línea de la “gran guerra de los continentes”.

Por lo tanto, el EE.UU. del 2020 consta no solo de muchas (varias) civilizaciones, sino precisamente de dos zonas de civilización: el Heartland central y dos territorios costeros, que representan más o menos el mismo sistema sociopolítico, marcadamente diferente del Heartland. Las zonas costeras son el área de los demócratas. Es allí donde se ubican las semillas de la protesta más activa de BLM, LGBT +, el feminismo y el extremismo de izquierda (grupos terroristas “antifa”), involucrados en la campaña electoral de los demócratas a favor de Biden y contra Trump.

Antes de Trump, parecía que los Estados Unidos eran solo zonas costeras. Trump dio voz al Heartland estadounidense. Por lo tanto, se activó y se conscientizó el centro rojo de EE.UU. Trump es el presidente de esta “segunda América”, que prácticamente no está representada por las élites políticas y no tiene casi nada que ver con la agenda de los globalistas. Esta es la América de las pequeñas ciudades, de las comunidades y las sectas cristianas, las granjas o incluso de grandes centros industriales, devastados y destruidos por la deslocalización de la industria y el traslado de la industria a áreas con mano de obra más barata. Este es el Estados Unidos abandonado, traicionado, olvidado y humillado.

Esta es la patria de los deplorables, es decir, de los verdaderos nativos americanos, de los estadounidenses con raíces, no importa que sean blancos o no blancos, protestantes o católicos. Y este Estados Unidos del Heartland está desapareciendo rápidamente, poblado por las zonas costeras.

 

LA IDEOLOGÍA DEL CORAZÓN DE ESTADOS UNIDOS: LA VIEJA DEMOCRACIA

 

Es significativo que los propios estadounidenses hayan descubierto recientemente esta dimensión geopolítica de Estados Unidos. En este sentido, es característica la iniciativa de crear todo un Instituto de Desarrollo Económico (1), enfocado en planes para reactivar las micro-ciudades, los pequeños pueblos y los centros industriales ubicados en el centro de Estados Unidos. ¡El nombre del instituto habla por sí solo “Heartland forward”, “Heartland adelante!” De hecho, esta es una interpretación geopolítica y geoeconómica del eslogan de Trump “¡Let’s make America great again!”

En un artículo reciente del último número de la revista conservadora American Affairs (otoño de 2020. V IV, n. ° 3), el analista político Joel Kotkin publica The Heartland’s Revival, una pieza programática sobre el mismo tema: el revivir del Heartland (2). Y aunque J. Kotkin no ha llegado todavía en el sentido pleno a la afirmación de que los “Estados rojos”, de hecho, representan una civilización diferente a las zonas costeras, se acerca a esta conclusión, desde su posición más pragmática y económica.

El centro de Estados Unidos es un área muy especial con una población dominada por los paradigmas de la “vieja América” ​​con su “vieja democracia”, “viejo individualismo” y “viejas” ideas sobre la libertad. Este sistema de valores no tiene nada que ver con la xenofobia, el racismo, la segregación o cualquiera de los otros términos peyorativos con los que los intelectuales y periodistas arrogantes de las áreas metropolitanas y los canales nacionales suelen usar para referirse a los estadounidenses comunes. Este es el Estados Unidos con todas sus características distintivas, solo que es el Estados Unidos autentico, tradicional, algo congelado en su voluntad original de libertad individual de la época de los padres fundadores. Está más claramente representada por la secta Amish, todavía vistiendo según el estilo del siglo XVIII, o entre los mormones de Utah, profesando un culto grotesco, pero puramente estadounidense que se parece de forma muy distante al “cristianismo”. En esta vieja América, una persona puede tener cualquier creencia, decir y pensar lo que quiera. Este es el origen del pragmatismo estadounidense: nada puede limitar ni al sujeto ni al objeto, y todas las relaciones entre ellos se aclaran solo en el proceso de la acción activa. Y nuevamente, tal acción tiene un criterio: funciona o no funciona. Y eso es todo. Nadie puede imponer a un “liberalismo tan antiguo” lo que una persona deba pensar, hablar o escribir. La corrección política no tiene sentido aquí.

Es aconsejable solo expresar claramente tu pensamiento, que puede ser, teóricamente, lo que sea. Esta libertad de todo, de cualquier cosa, es la esencia del “sueño americano”.

 

LA SEGUNDA ENMIENDA A LA CONSTITUCIÓN: DEFENSA ARMADA DE LA LIBERTAD Y LA DIGNIDAD

El Heartland de los Estados Unidos es más que solo un hecho económico y sociológico. Tiene su propia ideología. Ésta es una ideología nativa de los Estados Unidos – además, muy republicana – en parte anti-europea (especialmente anti-británica), que reconoce la igualdad de derechos y la inviolabilidad de las libertades. Y este individualismo legislativo se materializa en el libre derecho a poseer y portar armas. La segunda enmienda a la Constitución es un resumen de toda la ideología de tal Estados Unidos “rojo” (en el sentido del color del Partido Republicano). “Yo no tomo lo tuyo, pero tú tampoco tocas lo mío”. En resumen, puede tratarse de un cuchillo, una pistola, un arma, pero también de un fúsil o una ametralladora. Esto se aplica no solo a las cosas materiales, también se aplica a las creencias y formas de pensar, la libre elección política y la autoestima.

Pero las zonas costeras, los territorios americanos de la “Civilización del Mar”, los Estados azules están invadiéndolo todo. Esa “vieja democracia”, ese “individualismo”, esa “libertad” no tienen nada que ver con las normas de la corrección política, cada vez más intolerante y agresiva con su cultura de la cancelación, con la demolición de los monumentos a los héroes de la Guerra Civil o con el besar los pies de los afroamericanos, de las personas transgénero y los fanáticos del body positive. La “Civilización del Mar” ve a la “vieja América” ​​como un montón de deplorables (en palabras de Hillary Clinton), como una especie de “fascistoides” y “no humanos”. En Nueva York, Seattle, Los Ángeles y San Francisco, ya estamos lidiando con una América diferente – con la América azul de los liberales, los globalistas, los profesores posmodernos, los defensores de la perversión y el ateísmo prescriptivo ofensivo que expulsa de la zona de todo lo permisible cualquier cosa que se parezca a la religión, la familia, la tradición.

 

LA GRAN GUERRA DE LOS CONTINENTES EN ESTADOS UNIDOS: LA PROXIMIDAD DEL FIN

Estas dos Américas, la América de la tierra y la América del mar, se han unido hoy en una lucha irreconciliable por su presidente. Además, tanto los demócratas como los republicanos, obviamente, no tienen la intención de reconocer a un ganador si este proviene del campo opuesto. Biden está convencido de que Trump “ya ha falsificado los resultados electorales”, y su “amigo” Putin “ya ha intervenido en ellos” con la ayuda del GRU, los “novichok” [1], los trolls Olga y otros ecosistemas multipolares de “propaganda rusa”. En consecuencia, los demócratas no tienen la intención de reconocer la victoria de Trump. No es una victoria, sino una farsa.

Casi que también lo mismo lo consideran los republicanos más consistentes. Los demócratas utilizan métodos ilegales en la campaña electoral; de hecho, se está produciendo una “revolución de color” en los propios Estados Unidos, dirigida contra Trump y su administración. Y detrás hay huellas completamente transparentes de sus organizadores, de los principales globalistas y opositores a Trump, como George Soros, Bill Gates y otros fanáticos de la “nueva democracia”, los representantes más brillantes y consistentes de la “civilización del mar” estadounidense. Por lo tanto, los republicanos están listos para llegar hasta el final, especialmente porque la amargura de los demócratas en los últimos 4 años contra Trump y sus designados es tan grande que, si Biden termina en la Casa Blanca, la represión política contra una parte del establecimiento estadounidense, al menos contra todos los designados por Trump, tendrá una escala sin precedentes.

 

Así es como una barra de chocolate americano se rompe ante nuestros ojos: las líneas delineadas de una posible ruptura se convierten en los frentes de una guerra real.

Esta ya no es solo una campaña electa, es la primera etapa de una Guerra Civil en todo su sentido.

En esta guerra, chocan dos Américas: dos ideologías, dos democracias, dos libertades, dos identidades, dos sistemas de valores mutuamente excluyentes, dos políticas, dos economías y dos geopolíticas.

Si entendiéramos lo importante que es ahora la “geopolítica de las elecciones estadounidenses”, el mundo aguantaría la respiración y no pensaría en nada más, ni siquiera en la pandemia de Covid-19 o las guerras, conflictos y desastres locales. El centro de la historia mundial, el centro que determina el destino del futuro de la humanidad, es precisamente la “geopolítica de las elecciones estadounidenses”, el escenario estadounidense de la “gran guerra de los continentes”, la Tierra estadounidense contra el Mar estadounidense.

 

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

 

 

Notas:

1. https://heartlandforward.org/

2. https://americanaffairsjournal.org/2020/08/the-heartlands-revival/

 

Notas del Traductor:

1. Novichok (en ruso новичо́к: ‘Novato’) es una familia de agentes nerviosos que se desarrollaron en la Unión Soviética en los años 1970 y 1980. Algunas fuentes los califican como los agentes nerviosos más mortales que jamás se hayan hecho, con algunas variantes posiblemente cinco a ocho veces más potente que el VX, aunque esto nunca ha sido probado.

 

domingo, 18 de octubre de 2020

Apuremos el Paso

  Propuestas del Grupo Bolívar 


Extraído de Ser Industria


El Grupo Bolívar dio a conocer un documento titulado “Apuremos el paso”, elaborado por César Crocitta y Bruno Capra. El mismo señala que “estamos oscilando en torno a un centro que no nos atrevemos a tocar y esa timidez hecha de prudencia, nos desgarra a favor de pocos. Es la hora de enfrentar el tema”.

El texto exhorta al gobierno de Alberto Fernández a “poner el rumbo a los grandes objetivos nacionales” y usar los recursos para, entre otras acciones, avanzar con el Canal Magdalena, canalizar el río Bermejo, activar la industria naval y construir un millón de viviendas. Tras indicar que “hay 200 mil millones de dólares en los colchones” propone “instrumentos para ponerlos al servicio del país”.

El Grupo Bolívar, que integran Fernando Vaca Narvaja, Miguel Belardi, Bruno Capra, Cesar Crocitta, Carlos Levinton, Daniel Llermanos, Daniel Numerowsky, Juan Enrique, Luis Duarte, Marta Toresin, Raquel Pina, Conde Ramos, Rodolfo Games, Armando Nieto, Denis Vilardo, Eduardo Perez Bayo, Fernando del Giúdice , Juan Zion, Hugo País y otros dirigentes, reclama “alcanzar rápidamente el pleno empleo con los 20 Millones  de trabajos dignos que son necesarios”.

 

EL TEXTO COMPLETO

“Hay que cerrar las canillas por donde se va la riqueza. Tenemos más de 15.000 millones de superávit comercial, y permitimos que mediante maniobras se transfieran al exterior más de 10.000 millones de dólares mediante distintos mecanismos. Es necesario poner al BCRA al servicio de la defensa del patrimonio nacional. Único camino para terminar con la pobreza.

Desde el GRUPO BOLIVAR recordamos, hoy, que en 10 meses de gobierno, les transferimos a los sectores ahorradores de la sociedad que operan en Argentina (Bancos) la suma del equivalente a 6.000 millones de dólares en  intereses, innecesariamente,  pagados por las Leliqs.  Hay que fijar la tasa de interés en 0%, y  ofrecer cuentas de ahorro en pesos actualizables por la variación del dólar oficial. Ya los bancos demostraron que están dispuestos a usar este instrumento. Salimos desde el BCRA con una oferta para colocar en pesos el equivalente a 500 millones de dólares y los bancos nos ofrecieron 1700 millones de dólares que tomamos.  Esto no nos cuesta prácticamente  nada de interés, ya que la tasa pactada fue 0,10 anual.  Este es el mecanismo para crear el tan declamado mercado de ahorro en pesos. Hay que ofrecerla preferentemente al público, en cajas de ahorro común actualizables por dólar oficial. La gente para proteger sus ahorros no va a tener que comprar dólares.

Usemos la imaginación y movilicemos los recursos disponibles. Hay que poner el rumbo a los grandes objetivos nacionales.

Hay cerca de 200.000 millones de dólares en los colchones. Debemos diseñar instrumentos para ponerlos al servicio del país, ofreciendo tasas de interés atractivas, que motiven a los poseedores colocarlos en el sistema bancario. Tenemos que crear cuentas de ahorro en dólares para el público, ofreciendo 4% de interés anual pagaderos los intereses en pesos. Con los fondos que se capten, administrados por el Fondo de Garantía de sustentabilidad de los Jubilados, (símil del Fondo de Garantía Noruego), pongamos en marcha todos los proyectos de envergadura, con capital nacional, realizados por Pymes nacionales, que nos facilite alcanzar rápidamente el pleno empleo con los 20 millones de trabajos dignos que son necesarios.

Usemos esos recursos, por ejemplo, hagamos el Canal Magdalena, la canalización del Rio Bermejo, permitiendo extender la frontera agropecuaria bajo riego y darle conectividad barata a todo el NOROESTE Argentino y facilitando la vuelta a su tierra a millones de argentinos. 1.700 Km de nuevas vías navegables hasta Bolivia.  Pongamos en marcha toda la industria Naval Nacional, llenando de órdenes de trabajo todos los astilleros. Hagamos rápidamente 1.000.000 de viviendas con Economía Circular, poniendo en marcha miles de Pymes, con insumos que faciliten la tarea. Pongamos en marcha todos los proyectos energéticos posibles haciendo de la Energía un Insumo Estratégico, al igual que la alimentación. Renovemos y ampliemos la estructura ferroviaria, utilizando las fábricas argentinas de capital interno. Proponemos también una revolución del empleo construyendo una red vial, con Pymes nacionales.  Los recursos están todos en Argentina. Usemos la organización del Estado para facilitar a los que tengan imaginación que se desarrollen y para que sea para ellos, derogando la ley de inversiones extranjeras, y así le sirvan a los argentinos para terminar con la pobreza y generando el pleno empleo con mayor calidad, progresivamente. Todo crecimiento, desde el gobierno Cívico Militar, fue capturado por empresas extranjeras en Argentina que están igualadas en derechos con las nacionales, lo que es un absurdo a reformar lo antes posible. Hoy es necesario terminar con los 4 secretos, 1) Bancario, 2) Aduanero, 3) Fiscal y 4) Estadístico, todos afinados por el Macrismo que no facilitan el trabajo a los funcionarios honestos y facilitan las maniobras fraudulentas.

Con el crecimiento a disposición de nuestra sola voluntad, seguimos desde 1976 accionando en diferentes velocidades, estructuralmente en contra de nosotros mismos, al no tomar nuestras propias decisiones que nos conduzcan a un bienestar posible. ¿Qué tal si lo enfrentamos?”

 

Bruno Capra / César Crocitta

Grupo Bolívar

Lealtad

 Por Luis Gotte, 17 de octubre de 2020


La LEALTAD es una virtud que distingue al Justicialista, garantiza la unidad en comunión de los que llevan la prédica en sus corazones.

La LEALTAD es un sentimiento más que una idea o un acto de voluntad. Nace desde el espíritu, más no en nuestra mente.

La LEALTAD asume el cumplimiento de aquello a lo que somos fieles, a nuestro pueblo trabajador.

La LEALTAD es el Verbo hecho carne, permite que el espíritu del hombre logre lo que piensa que es imposible.

La LEALTAD es firmeza en los afectos y en las ideas que lleva a no engañar ni traicionar a nuestro pueblo.

La LEALTAD justicialista es lo que condujo a los héroes de la Resistencia a enfrentar los momentos más difíciles y a no mirar atrás, arrebatándole triunfos importantes a los tiempos de sufrimientos.

La LEALTAD jamás promete recompensa alguna. Tampoco quiere mártires.

La LEALTAD tiene tres aristas cardinales: el honor, cualidad que nos lleva al cumplimiento de los deberes asumidos como justicialistas con respecto a la Patria, al Movimiento y a nuestro pueblo; la fidelidad, en lo que se refiere a cumplir con lo que dice nuestra Doctrina y nuestras XX Verdades; y la gratitud, que es eterna con aquél gran argentino que supo conquistar a la masa del pueblo con Justicia Social.

La LEALTAD no es el resultado de una deliberación mental para elegir lo que es correcto. Es intuición, impulso y corazón de saber lo que es y que no es justo.

La LEALTAD es un asunto serio y real, debe ser vivida y practicada, solamente así se podrá vencer los ataques del enemigo y se avanzará con la frente en alto.

La LEALTAD a nuestros sanos valores y principios originales en que se sustenta la vida de nuestro pueblo, convertida en Doctrina y en Teoría política para su ejecución. No se puede ser leal a varios amos, ni liberal ni marxista.

La LEALTAD permitió que existieran hombres y mujeres, como Rucci y Eva, que dejarán huellas imborrables.

La LEALTAD es una virtud que es necesario recuperar para que podamos enfrentar los desafíos de los días por venir.

 

Que Dios nos ayude a entender la carga grande que implica ser LEAL. Luchemos por lograr la lealtad que el JUSTICIALISMO nos demanda, no defraudemos a nuestro pueblo.

 

 Ser leal con Perón, nuestro único conductor y con nuestro pueblo, es nuestro deber.

Nuestro ¡Viva Perón! es grito de lealtad a la doctrina peronista

 Julio PIUMATO para Infobae


 

De pronto alzó la frente y se hizo rayo

(¡era en Octubre y parecía Mayo!),

y conquistó sus nuevas primaveras.

El mismo pueblo fue y otra victoria.

Y, como ayer, enamoró a la Gloria,

¡y Juan y Eva Perón fueron banderas!” (Leopoldo Marechal)

 

El 17 de Octubre de 1945, épica nuestra, fecha fundacional imborrable del destino manifiesto de los argentinos en nuestros 500 años sin respiros ni fatigas, marcó el inicio de la única revolución social y en paz que vivió la Argentina. Bisagra cardinal que significó la concreción del primer proyecto de Nación en beneficio de la totalidad de los argentinos sin exclusiones. Irrupción masiva de millares de trabajadores y humildes surgidos del “subsuelo de la Patria sublevada” según describió Raúl Scalabrini Ortiz, movilizados por la liberación del Coronel patriota a quien consagrarían como su líder, dando nacimiento al Peronismo. Es en este sentido, que hace décadas vengo insistiendo en que fueron los trabajadores movilizados los que dieron nacimiento al Peronismo en ese enorme aluvión de voluntad y lealtad popular en defensa de quien, desde la modesta Secretaría de Trabajo y Previsión, los había señalado como los verdaderos artífices de la riqueza nacional y había impulsado la legislación que dignificaba su trabajo y mejoraba la condición de vida de sus familias.

Por esa razón había sido desplazado y encarcelado el 9 de octubre de ese año. El día de su liberación, en su mensaje al pueblo, además de anunciar la convocatoria a elecciones como condición a sus captores que le exigían que tranquilizara a las multitudes y desactivara la concentración popular, dejó un consejo final que me interesa recordar por la vigencia medular para el tiempo que vivimos. Exhortó: “Trabajadores: únanse; sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos.” Sabio consejo que cuando los dirigentes supieron hacerle honor, acompañó los mejores momentos de los trabajadores argentinos. El recuerdo de los logros de la revolución justicialista así lo atestigua: en 1953, la participación de los trabajadores en la renta nacional fue la más elevada de la historia, cuando el fifty-fifty entre capital y trabajo alcanzó al 54 % para los trabajadores. Y a fines del año 1974, como consecuencia de las políticas que se desarrollaron a partir de 1973 y al Pacto Social, el salario real del trabajador argentino alcanzó el nivel más alto de nuestra historia. De 1983 al día de hoy, estos números son una enorme quimera.

Tiempos aquéllos en que la CGT estaba unida. Y fue la unidad del movimiento obrero organizado la que permitió cumplir el mandato del General Perón, quien al anunciar un 24 de febrero los Derechos del Trabajador, puso a la CGT como custodia para garantizar que esos derechos perduraran y no fuesen conculcados.

 

También reconoció el derecho a las organizaciones sindicales, auténticas organizaciones libres del pueblo, de participar activamente en la discusión e implementación del modelo de Nación a la que aspiraban. Por esta razón, el movimiento obrero organizado en una única CGT se constituyó como columna vertebral del Proyecto Nacional y, por lo tanto, del Peronismo como federación de organizaciones libres del pueblo con centralidad en los trabajadores. Mientras lo fue en forma efectiva, el Peronismo tuvo programa de gobierno, tuvo a la planificación como herramienta de un Proyecto Nacional independiente, a la Comunidad Organizada como modelo civilizatorio alternativo y a los trabajadores organizados como garantía de su cumplimiento.

La dictadura cívico militar del 24 de marzo del 1976 impuso a sangre y fuego con un brutal genocidio -del que los trabajadores y sus organizaciones sindicales fueron el principal blanco represivo-, un programa económico de especulación sobre la producción, de desnacionalización sobre la economía nacional, del individualismo sobre la solidaridad y de concentración económica sobre la justicia social. Y así como el Proyecto Nacional de Perón tuvo al movimiento obrero organizado como columna vertebral, la dictadura hizo de la nueva Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, su propia columna vertebral, transformando con ella el ahorro nacional que había sido eje de financiación del consumo popular y de la inversión pública, en botín de la especulación financiera trasnacional, iniciando un proceso de saqueo incesante de nuestras riquezas que se continúa al momento en que esto escribimos.

En 1983, la vuelta a una democracia de tipo liberal que el Peronismo había superado con el modelo de democracia social, orgánica y directa, devolvió a los argentinos sus derechos civiles y políticos, pero nunca restituyó a los trabajadores -que fuimos quienes llevamos adelante la heroica resistencia a la dictadura que nos costó miles de víctimas los derechos que la dictadura conculcó. Los trabajadores y los humildes de la Patria pagábamos el costo de una dirigencia sin conciencia nacional que mantendría inalterable hasta la actualidad la Ley de Entidades Financieras causante del genocidio y la decadencia nacional. Aun cuando fueron Juzgados los responsables del genocidio, insólitamente no se tocó la Ley de Martínez de Hoz, verdadera causal de la violación de los derechos humanos de tantos argentinos en aquellos años dolorosos. Y digo más: causal de las cifras actuales de pobreza e indigencia que, aunque no se lo diga con la fuerza necesaria, permite que se continúen violando los derechos de millones de argentinos con la violencia cruel del hambre, la desocupación, la exclusión y el “descarte.”

De la misma forma, el retorno a una democracia formal parece haber hecho caer en la amnesia total a la dirigencia respecto a la vitalidad del testamento póstumo que Perón legó: síntesis de su experiencia histórica, profético y pleno de esa sabiduría que nos permitió pensar el devenir del mundo varias décadas antes de que los hechos se produjeran. Porque en el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, pueden encontrarse hoy mismo las bases para reconstruir la Argentina con Independencia económica, Soberanía política y Justicia social.

Por eso, al recordar el 17 de Octubre debemos fundamentalmente reflexionar, y mucho más los que tienen responsabilidades de gobierno o dirigencial, sea ésta sindical, empresarial o social, sobre el significado de aquella gesta no como una anécdota histórica del museo de los recuerdos, sino como el inicio de un proceso histórico que, aún en un mundo bipolar y hostil, permitió a los argentinos vivir dignamente y proyectar un futuro para toda la Nación. Hoy, el Papa Francisco señala que la pandemia como toda crisis profunda, puede derrumbarnos definitivamente o ser una oportunidad.

Para los trabajadores, para los peronistas, para todos aquellos que ansiamos una Argentina justa y que somos conscientes de la potencialidad que tiene nuestra Patria por sus riquezas y por la capacidad de nuestro Pueblo, esta es una oportunidad que no podemos desperdiciar. Contamos con el bagaje histórico de los últimos 75 años para volver, como enseñó Perón, a ser “artífices de nuestro propio destino y no presas de la ambición de nadie.” No será fácil, nunca lo fue, pero tampoco será imposible: necesitamos patriotismo, fundamentalmente en los dirigentes, que vuelvan a ser un ejemplo de humildad, entrega, honestidad y solidaridad. Que vuelvan a señalar nuestro camino: que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza. Que convoquen a trabajar para la verdadera unión de todos los argentinos en un proyecto que nos contenga y nos permita participar en la reconstrucción nacional.

Por nuestra parte, los dirigentes sindicales tenemos la responsabilidad de concretar la unidad en una única CGT, que es reclamo de los trabajadores y reaseguro de poder impulsar un Proyecto Nacional que nos devuelva protagonismo efectivo. Sobre esa unidad podremos reconstruir la unidad de todos los argentinos, como lo expresó Perón aquel glorioso 17 de Octubre de 1945, que seguirá vertebrando los desafíos actuales para el país y para las organizaciones libres del pueblo.

Por eso, nuestro ¡Viva Perón! hoy es grito de lealtad y fidelidad a los principios de la doctrina peronista que nos enseñó una ética política, la del sentido heroico de la vida que legó el General, la del amor y la igualdad que enseñó Evita, la del camino de combatir al capital, la del continentalismo de ganarle al imperio para hacer realidad la Argentina Grande con la que San Martín soñó. Este 17 de octubre ratifiquemos con más ahínco nuestras banderas históricas, nuestra doctrina y la lealtad con la Patria y el Pueblo que, más temprano que tarde, logrará la unidad nacional para que desde los cimientos profundos, desde bien abajo, podamos cantar con Marechal: “El mismo pueblo fue y otra victoria. Y, como ayer, enamoró a la Gloria.”

 

sábado, 17 de octubre de 2020

Día de la Lealtad

 


El 17 de octubre y la Revolución Justicialista

 Aritz Recalde, Octubre 2020

Extraído de OPINARG

El pueblo vence. El pueblo venía siendo derrotado por la oligarquía desde la Batalla de Caseros. Las guerras de policía de Mitre, los fusiles Remington de Sarmiento, las persecuciones a las montoneras y las represiones en Vasena y en la Semana Trágica habían regado de sangre trabajadora el suelo argentino. 

El 17 de octubre de 1945 tuvo a la clase obrera como el gran sujeto de la historia y en esa oportunidad no sólo triunfó sino que determinó la orientación de la política argentina. Con el fenomenal hecho de masas que, se calcula, movilizó 500 mil almas, el pueblo derrotó a las embajadas británica y norteamericana, así como a los representantes de capital concentrado reunidos en la SRA, la UIA y la Bolsa de Comercio.  La movilización debilitó a la oposición de los grandes partidos tradicionales (UCR, PS, PC y Conservadores), del periodismo comercial y de un sector militar enfrentado al proceso de cambio iniciado con la Revolución de junio de 1943.

Las bases empujan a la dirigencia y ganan la calle. El programa político y social iniciado en el año 1943 encontró una enconada resistencia tanto en sectores internos como internacionales. EUA, Inglaterra y la Unión Soviética cuestionaron el neutralismo del gobierno argentino en la Segunda Guerra y lo caracterizaron como parte de una estrategia de apoyo al frente alemán. Como resultado de las presiones diplomáticas y de los bloqueos económicos, el presidente Edelmiro Farrell emitió el decreto 6945 del 27 de marzo, declarando la guerra a Alemania y a Japón. La medida encontró oposición dentro del nacionalismo argentino y, si bien redujo la hostilidad internacional contra el país, el abandono de la neutralidad no impidió la campaña política pública y agresiva contra Perón, ejecutada por el embajador norteamericano Spuille Braden y por el Partido Comunista. 

El gran empresariado se opuso a la obra social de la Revolución del '43, cuestión frente a la cual Perón manifestó que era natural que frente a la reforma “se hayan levantado las fuerzas vivas, que otros llaman los vivos de las fuerzas (…) ¿En qué consisten esas fuerzas? En la Bolsa de Comercio, quinientos que viven traficando con los que otros producen; en la Unión Industrial, doce señores que no han sido jamás industriales”.

Los altos niveles de aceptación popular de las medidas sociales, fueron un llamado de atención para los partidos políticos tradicionales que vieron en Perón el riesgo que de que se prolongue la Revolución de 1943. Estos grupos iniciaron una dura campaña contra el gobierno desde el periodismo, que era mayoritariamente opositor. Organizaron movilizaciones y acciones callejeras destacándose la Marcha de la Constitución y la Libertad (19/9/45).

Empujados por la estrategia opositora, el 8 de octubre se produjo un amotinamiento militar en Campo de Mayo. En este escenario, el día 9 de octubre Juan Perón presentó la renuncia a todos sus cargos. En su último discurso al frente de la Secretaria de Trabajo y Previsión afirmó a los trabajadores: “venceremos en un año o venceremos en diez, pero venceremos. En esta obra, para mí sagrada, me pongo desde hoy al servicio del pueblo (…) y si algún día, para despertar esa fe, ello es necesario, me incorporaré a un sindicato y lucharé desde abajo”.

A partir del 9 de octubre los hechos se sucedieron rápidamente. Pese a haber renunciado a sus funciones, Perón fue encarcelado y conducido a la Isla Martín García. El día 12 las patronales se opusieron a pagar el aguinaldo ya convenido y se inició la típica revancha clasista que luego se reiteraría en 1955 y en 1976. Los partidos políticos organizaron la transición contrarrevolucionaria con el lema de transferir el poder a La Corte Suprema de Justicia. Mientras tanto, los rumores del encarcelamiento y del peligro de la vida del General circularon entre las barriadas humildes. El día 16 se reunió el Comité Central Confederal de la CGT y con una elección reñida de dieciséis votos a favor y once en contra, se convocó a un paro de 24 horas en defensa de las “conquistas” a realizarse el día 18. En la convocatoria a la huelga no se nombró a Perón, sino meramente al peligro de perder los derechos alcanzados.

Sin esperar la decisión del Confederal, la masa popular se movilizó el día 17 de octubre, exigiendo la vuelta de su líder y consagrándolo como el depositario de la lealtad del pueblo. En la histórica movilización, las bases superaron a sus dirigentes y le otorgaron a Perón un capital político excepcional y sin mediaciones.

El dilema de la clase dirigente. Los militares y civiles opositores presenciaron atónitos la plaza colmada de pueblo pidiendo por Perón. También fueron conscientes de que la policía desobedeció órdenes y levantó los puentes de ingreso a la Capital Federal permitiendo la movilización. El fantasma de la revolución social era un hecho y el régimen estaba en peligro. En ese contexto, un sector militar, entre los cuales estaban Vernengo Lima y Avalos, le propuso a Edelmiro Farrell reprimir violentamente la manifestación con las ametralladoras apostadas en el techo de la casa de gobierno. Farrell se opuso terminantemente y evitó que se produjera un reguero de sangre. Unos días antes, algunos militares ya habían sugerido asesinar a Perón.

Esta tendencia ideológica represiva y terrorista de los militares y los civiles no desapareció en octubre de 1945, sino que siguió vigente. Estos grupos organizaron los atentados contra civiles en 1953, los bombardeos de 1955 y los fusilamientos de 1956, entre otras atrocidades. Esta tendencia política sería hegemónica en la dictadura de 1976, que fue la respuesta al 17 de octubre: la clase dirigente no estaría dispuesta a cogobernar el país con los sectores trabajadores y nacionales. 

¿Por qué se movilizó el pueblo? Jorge Luis Borges consideró al 17 de octubre como “una especie de farsa” y el órgano periodístico Orientación del Partido Comunista caracterizó a los manifestantes como “hordas de desclasados” y “malevaje reclutado”.

En realidad, y para ser más objetivos, hubo dos grandes causas que favorecieron el 17 de octubre. La primera, fue la contundencia de la obra de la Secretaría de Trabajo y Previsión que, en un año y medio, aprobó más convenios y leyes protectoras del obrero y de su familia que todos los gobiernos nacionales anteriores juntos. Dicha efectividad Perón la logró con la intervención de los sindicatos y del partido militar, que le aportaron la agenda de temas a legislar y a resolver, y los cuadros técnicos para implementarlos. El segundo hecho excepcional que favoreció la movilización, fueron las destacadas condiciones de conductor, de orador y de organizador de Juan Domingo Perón, quien supo amalgamar un Movimiento político de articulación de clases y de diversas tradiciones partidarias y culturales.

La participación de los obreros en la obra iniciada en 1943 y su movilización del día 17 generaron las condiciones de posibilidad del Peronismo y a su vez, en un ida y vuelta, el líder potenció y refundó al Movimiento Obrero.

Los trabajadores columna del Movimiento Nacional. El 17 de octubre la clase obrera generó las condiciones para que Perón sea candidato a presidente en febrero de 1946. Los trabajadores aportaron su estructura para la campaña y formaron el Partido Laborista. Luego del triunfo electoral, el Movimiento Obrero ocupó ministerios, cargos legislativos y tareas en las embajadas, entre otros ámbitos. El Estado argentino fue refundado con los Planes Quinquenales y la reforma Constitucional de 1949, y la Revolución Justicialista permitió la universalización de los derechos laborales y sociales a la educación, la salud, el esparcimiento, las jubilaciones y la vivienda.

La clase obrera fue la columna vertebral del proceso político y generó las condiciones de posibilidad de formulación del programa de desarrollo y del despegue productivo argentino. El país inició un histórico ciclo de crecimiento y el sector más dinámico comenzó a ser la industria nacional y el resultado directo de ese proceso fue el pleno empleo.

Una parte de la burguesía no entendió que su propia clase dependía del Movimiento Obrero y acompañó los golpes de Estado contra el peronismo y los trabajadores de 1955 y de 1976. Las dictaduras debilitaron a la clase obrera, que era la base del proyecto político y el dique de contención al liberalismo y a los intereses de las corporaciones trasnacionales. La dictadura de 1976, al destruir el sindicalismo, que era la “gallina de los huevos de oro” del desarrollo argentino, generó las condiciones para el desembarco de la política económica neoliberal de desindustrialización, primarización y extranjerización productiva.

Los legados del 17 de octubre. Gracias a la movilización, se instaló en la agenda política argentina la necesidad de garantizar o al menos de considerar, los derechos de la clase trabajadora. A partir de esa jornada, se desenvolvió con fuerza el Modelo Sindical Argentino y el Movimiento Obrero más poderoso de Sudamérica. La clase obrera adquirió una renovada conciencia social y política de su centralidad en los destinos de la República Argentina. Con base en un Movimiento de trabajadores, se inició un proyecto de desarrollo industrial nacional, popular y antimperialista, edificando un país moderno e integrado socialmente.

 

domingo, 11 de octubre de 2020

El legado de Eva Perón


 

Ciclo de formación de la Juventud Sindical Peronista

 



INSCRIPCIONES PULSANDO ACA

BUENOS AIRES ABANDONADA

Luis GOTE, 10 octubre, 2020  

Para Última Noticia BS

 No tenemos trenes, no tenemos asistencia médica ni sanitaria, no tenemos farmacias, supermercados, transportes, no hay industrias de ningún tipo, sobrepoblación en el Conurbano y en la región costera bonaerense y despoblación en el resto de nuestra provincia, esta realidad las han reivindicado miles de bonaerenses en los últimos 20 años. Las ciudades de masifican, los pueblos no tiene población.

Son 200 los pueblos que han cerrado sus tranqueras en las últimas décadas; 360 con llave en mano, porque para la próxima década quedarán vacíos. El sentido común indica que nadie se va de su pueblo pudiendo quedarse. Nuestro modelo de organización social es hispano, donde la realización de la propia felicidad del individuo y de la propia colectividad hace a la Comunidad.

En los 24 partidos del Conurbano Bonaerense, el 1 % de la superficie de la Provincia de Buenos Aires, viven unos 15 millones de personas, lo que representa el 33% de la población del país y el 70 % de la provincia. Desintegración familiar, desigualdad social, pobreza extrema, marginalidad, hacinamiento, usurpación de terrenos, tráfico de drogas, violencia infantil e intrafamiliar. Lo que se podría resumir como la ruptura del tejido social. Así las cosas, hasta la discusión más tonta con un vecino o en un semáforo pueden decantar en una situación explosiva. Vivimos en estado constante de alteración. Pareciéramos estar encerrados en una permanente escena de “Un día de furia”. Así se vive en el conurbano bonaerense.

En el resto de la provincia prácticamente no hay niños, por tanto, no hay maestros y las escuelas están cerradas así como las Salita de Primeros Auxilios. La Delegación Municipal sin recursos y un Delegado pensando en satisfacer las demandas políticas del Intendente, que a las necesidades de su propio pueblo, que ni siquiera tienen Concejales.

Hay muchos recursos, humanos y naturales, para “arrimar el hombro” a nuestra Buenos Aires ABANDONADA, que no es lo mismo que “vacía”, puesto que vacía indica que sus habitantes se han ido del pueblo a la ciudad cabecera del Municipio o han migrado al Conurbano. Pero ¿por qué está vacía?, la respuesta es sencilla y real, los políticos no han dado soluciones a la demanda de los pueblos, de ahí que sea una provincia ABANDONADA, que se haya quedado no vacía sino vaciada. No es un juego semántico, estas palabras esconden una dolorosa realidad.

Hoy de cara a las próxima elecciones, como en las anteriores, nuestros políticos en sus propuestas frentistas nos darán grandes soluciones, que concluirán en mera propaganda electoral, luego si te he visto no me acuerdo. Tendrán que ser las organizaciones del pueblo la que se movilice en plataformas y manifestaciones, que trabaje junto aquellos que comprendan el concepto de FEDERAl y MUNICIPAL. Que reconozcan en ellos tradición e historia.

Nuestros pueblos sureros y sus paisanos tienen los mismos derechos que el resto de los que viven en las grandes urbes. ¿Por qué seguir viviendo en pueblo de segunda, pudiendo categorizar como nuevo Municipio?

La Provincia fue perdiendo identidad como tal. Sus gobernadores no son de su propia tierra, a la que desconocen profundamente. Los pilares de la economía bonaerense siguen dependiendo de los productos agrícolas y ganaderos, hoy convertidos en agronegocios altamente tecnificados. El alimento va perdiendo sabor y calidad, con producción intensificada (feedlot), la utilización de agroquímicos van deteriorado no solo a la tierra sino a la calidad de vida humana. No hay planificación ni control político.

La fuerte emigración y el envejecimiento de la población surera, unido al abandono del medio rural por parte del gobierno provincial, ha llevado a este desequilibrio poblacional y a los pueblos vaciados. Se requieren soluciones urgentes y revolucionarias.

Entre algunas de las soluciones políticas, tal vez la más importantes, es tener voluntad política para solucionar los problemas. Que esta Provincia de Buenos Aires vaciada, por el abandono, vuelvan a tener población: ofrecer a parejas y matrimonios jóvenes puestos de trabajo, con la refundación de pueblos, articulando con los Municipios un proyecto agrario y ganadero para potenciar la agricultura y la ganadería, dando créditos para fomentar la agricultura y ganadería ecológica, industrias derivadas del medio agropecuario, madereras, aserraderos, fábricas dedicadas al cuero y otras empresas con energía renovable; fomentar la natalidad de estas familias, rehabilitar las escuelas, centros médicos, farmacias, para que sus hijos puedan tener maestros, médico, seguridad para todos; favorecer el ocio rural, turismo rural y un sin fin de soluciones que favorezcan el repoblamiento. Debemos generar herramientas institucionales de carácter municipal, para que, desde los mismos Municipios, se generen propuestas y programas de desarrollo e inversión local y los Intendentes puedan articular programas de trabajo de carácter regional. Pero para eso necesitamos de una Buenos Aires más federal y más municipalista.

Así, nuestra Provincia de Buenos Aires volverá a ser próspera convirtiéndose, una vez más, en la locomotora que empuje a nuestra Argentina.

sábado, 10 de octubre de 2020

Editorial FEDUN: Presentación del libro Los cuatro peronismos universitarios

El viernes 16 de octubre a las 17.00, Editorial FEDUN tiene el agrado de invitarlos/as a la 

presentación del libro 
Los cuatro peronismos universitarios
, de Ernesto Villanueva y Aritz Recalde. 

Se trata de la primera edición de un libro digital publicado por la Editorial.

Es un gran honor para la Federación de Docentes de las Universidades (FEDUN) poder lanzar este nuevo libro, resultado de una investigación de gran relevancia académica y política, que sistematiza información clave en un contexto de cambio –el post neoliberalismo–, promoviendo la reflexión crítica sobre la formación superior como herramienta política para el cambio social.

Estarán presentes en la presentación los autores del libro junto al secretario general de la FEDUN, Daniel Ricci, el secretario de políticas universitarias Jaime Perczyk y el ex rector de la UNRN, Juan Carlos del Bello.

El evento se realizará vía Zoom a través de este enlace:
https://zoom.us/j/93176580228?pwd=L0VJbE1zTzhGejRTNkg1UTFSZFN2Zz09

ID de reunión: 931 7658 0228
Código de acceso: fedun



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10 claves sobre la dictadura del año 1976

Aritz Recalde, marzo 2026   Primera.  La dictadura de 1976 fue una respuesta de las CLASES DOMINANTES LOCALES Y TRASNACIONALES (y los partid...