jueves, 9 de febrero de 2017

Argentina pensada con cabeza propia

              

                                                                                                   Alberto Buela (*)

El circuito de las ideas políticas, sociales, económicas y culturales de la Argentina actual es el siguiente: viene una idea, siempre de afuera, que está de moda, por ejemplo: el progresismo, el multiculturalismo, el igualitarismo, el dios consenso, el derrame de dólares, la función social de los agentes de la Mossad, el indigenismo; agregue cada uno el ítem que quiera.
Eso es elaborado y difundido en forma positiva y alabanciosa por los grandes mass media, pero como los que escriben y hablan son periodistas y locutores, de hecho son ellos los que fabrican el discurso único que recibe la masa del pueblo. Este circuito de ideas se cierra cuando los periodistas y locutores llaman a los eruditos, que son quienes justifican dicho discurso.
Finalmente, como todo discurso exige el paso a la acción, los actores políticos, sociales, económicos y culturales lo llevan a la práctica sin juicio crítico ni criterio propio.
Con nombres propios el circuito sería así: llegada de los agentes de la Mossad como mochileros benefactores, Clarín, La Nación y Página 12, luego América y Fantino lo difunden, como erudito Sergio Berensztein lo justifica, como ejecutora Patricia Bullrich lo realiza.
Otro ejemplo. Llegada de la idea de consenso como principio de la acción político cultural y no como meta, como debería ser. Clarín, La Nación y Página 12 como difusores, luego Canal 13 con Pagni y Morales Solá, como eruditos Rosendo Fraga y Rozitchner lo defienden y como ejecutores Avelluto y Lombarda lo realizan.
Estudiemos un caso para que se vea cómo funciona el circuito de las ideas.
El multiculturalismo alabado e introducido por los antropólogos culturales norteamericanos nos viene a decir que la idea de Estado nación tiene que dejar su carácter de unitario (es una contradicción in adjecto plantear un estado plurinacional como el caso de Bolivia)[1] para exaltar las diferentes culturas minoritarias que lo componen: los indios, los gay, los diferentes grupos inmigratorios, los combatientes de Malvinas que no combatieron, los exiliados de la dictadura por voluntad propia. Es decir, el multiculturalismo disuelve la eticidad del Estado en una multiplicidad de derechos subjetivos, poniendo en riesgo la misma existencia del Estado nación.
Ante esto sostenemos; que al multiculturalismo hay que oponerle la idea de interculturalismo, nosotros, y sobre todo los argentinos, somos muchas culturas al mismo tiempo. Conviven en nosotros, constituyen nuestra identidad, muchas culturas de manera armónica, que terminan configurando una original: la cultura criolla. Esto es, no somos ni tan europeos ni tan indios. Tanto comemos un pato a la naranja como una pizza, un puchero como un fatay, pero todos terminamos comienzo asado y milanesas (que en Milán no se comen). 
A propósito de esto recuerdo una anécdota: vino un filósofo francés de visita y lo llevé el domingo al Tigre, cuando bajamos de la autopista y pasamos frente a hacoaj, el club de campo de la numerosa y enriquecida colectividad judía argentina, me observa el profesor la cantidad de humo que salía de las diversas chimeneas, a lo que en sorna respondo: deben estar adorando a Mamón quemando incienso. Pas posible, incroyable. No, profesor, le respondí, están comiendo asado.

La vieja idea de que somos un crisol de razas es una idea acertada y explica, en parte, lo que queremos decir, siempre y cuando, que ese crisol se inserte en un proyecto nacional común. Los hombres no valemos simplemente por lo que somos cuando caemos a la existencia sino que valemos por lo que hacemos. Uno no es noble por ser hijo de nobles, uno es noble cuando realiza actos nobles. Así como las ideas generan la acción, la acción transforma al hombre en lo que termina siendo. En definitiva, serás lo que haces.
La Argentina pensada con cabeza propia tiene que logar imponer un discurso antiglobalista, soberanista e identitario. Hoy la situación mundial nos es propicia: Trump ganó en yanquilandia, Putin gobierna Rusia, China es socia de todos pero no se casa con ninguno. Los tres grandes se desarrollan y prefieren a sí mismos. Esto es, refuerzan cada vez más sus Estados nacionales. Bueno, es hora que hagamos lo mismo. Tenemos que recuperar la idea de soberanía. Y para ello se necesita decisión propia y autónoma.

Para que una acción sea eficaz se necesita la convergencia de hombres, medios y acontecimientos. Estos últimos, por lo que vemos, nos son propicios, contamos con los hombres (en Argentina hay miles de hombres “que se dan cuenta”, solo nos faltan los medios. Será cosa de conseguirlos.






[1] En un reciente artículo el politólogo Miguel Ángel Barrios critica a García Linera quien sostiene la idea de un Estado continental plurinacional: “Se vuelve difícil de entender esta categoría porque en verdad somos una Nación fragmentada en múltiples Estados. Una Nación en la diversidad, donde lo común es lo ibérico y la diversidad reside en la riqueza de nuestros etnias originarias y las diferentes formas que tomó el mestizaje con sus choques y confluencias”.