lunes, 20 de febrero de 2017

El populismo latinoamericano



Oscar Tangelson * (Especial para sitio IADE-RE) 
Un abordaje de la redistribución del ingreso en los gobiernos populares. Una lectura de la conducta ecónomica de los "populismos" latinoamericanos frente al embate de los discursos liberales.


Desde los inicios de este siglo XXI, varios países latinoamericanos concibieron y aplicaron políticas tendientes a mejorar las condiciones de vida de los sectores y grupos más vulnerables de sus respectivas poblaciones. Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay y Venezuela compartieron un propósito común, disminuir las fuertes carencias de trabajo, alimentación, educación y salud que han caracterizado a la Región.
Aunque parezca contradictorio con las condicionalidades que el Banco Mundial impone en sus préstamos,  reconoce en su publicación Desigualdad en América Latina (1) el carácter profundamente asimétrico de las sociedades de estos países, formula propuestas para corregirlas e, incluso, ha llegado a financiar programas de asignaciones directas, como el Jefes y Jefas de Argentina a partir de 2004.
En un plano totalmente enfrentado con esas prácticas, la ola neoconservadora que esta asolando la región, considera que la lluvia de inversiones prometida, no puede concretarse por el populismo vigente en los últimos años y el temor de los inversionistas a que pudiera repetirse en el futuro próximo.
Tal como lo manifiestan destacados representantes de esos intereses, fue sólo un sueño insostenible producto de un populismo irresponsable que modificó, tímidamente, la estructura impositiva y que desarrolló sistemas de transferencias, asignaciones y subsidios orientados a mejorar el nivel de vida de las grandes mayorías.
Uno de los términos criticados por esos actores económicos políticos de este momento del país, es el de distribución del ingreso.
Cabe destacar que para el economista ingles David Ricardo, al que acuden reiteradamente para justificar las mayores injusticias en la necesidad de fortalecer nuestra capacidad competitiva, ponía en el centro del análisis económico la distribución del ingreso como eje organizador de la sociedad.
 En una economía de mercado como la nuestra, la distribución del ingreso, es decir la participación de los factores de la producción en la riqueza generada con su esfuerzo, se expresa en los salarios, sueldos, comisiones, honorarios, ingresos por servicios autónomos, renta de la tierra, intereses por inversiones financieras, alquiler de propiedades, beneficios empresarios, regalías por patentes y tecnologías y otras formas de retribución al trabajo o la propiedad.
 Casi invariablemente esa distribución original del mercado deja fuera de sus beneficios a una parte significativa de la población que, por razones de edad, educación, salud o circunstancias sociales, no alcanza a cubrir sus necesidades esenciales y a ejercer los derechos fundamentales que le asignan la Constitución y las normas más elementales de equidad, justicia e inclusión.
 En esa circunstancia cada sociedad debe definir los mecanismos y alcances de redistribución del ingreso que corrija las distorsiones u omisiones que se consideran inaceptables y determinar, por lo tanto, el rol y atribuciones del Estado para llevar a cabo esta tarea.
 Es a esa función redistributiva que se le asigna en  Argentina la condición de irresponsable, insostenible, o populista. En contraposición se enumera una serie de países serios, con crecimiento sostenido y sustentable, con un desarrollo que debe ser imitado.

Es importante analizar las formas que adopta ese aparente populismo en diferentes regiones y países del mundo, cómo se lo concibe y qué efectos tiene.


¿Cuánto de cierto hay en la imputación de seriedad o falta de ella en las políticas de los diferentes países?, ¿en qué medida existen datos tangibles y no solo preconceptos retóricos con intencionalidad política, para evaluar esos comportamientos gubernamentales?

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