miércoles, 30 de agosto de 2017

CAMBIEMOS llegó para quedarse

Aritz Recalde, agosto 2017


“Desarmados de egoísmos individuales o sectoriales, las conciencias y los actos deben encontrarse en el amplio espacio común de un proyecto nacional que nos contenga. Un espacio donde desde muchas ideas pueda contribuirse a una finalidad común”. Néstor Kirchner

La opinión pública y el neoliberalismo
No es la primera oportunidad en que un gobierno neoliberal llega al poder por intermedio de las urnas. La reelección presidencial de Carlos Menem o el triunfo electoral de 1999 de Fernando De La Rúa, son antecedentes a tener en cuenta. Incluso, el riojano ganó la elección nacional del año 2003 y posteriormente y en reiteradas ocasiones, se impuso en su provincia.
En la Argentina hay un importante sector de la opinión pública que acompaña las políticas neoliberales o que al menos no las percibe como contrarias a sus intereses. Mauricio Macri tiene la habilidad de organizar a este sector, de darle una estrategia de construcción de poder y de potenciarlo electoralmente.    
El gobierno de CAMBIEMOS se integró al actual realineamiento geopolítico internacional. EUA y los conservadores y liberales europeos apoyan públicamente a los mandatarios como Macri o Michel Temer, que en teoría vendrían a terminar con los modelos de país que bautizaron como “populismo”. La campaña política de CAMBIEMOS se replica en toda la región y se articula con el accionar de las derechas de Brasil, de Paraguay o de Venezuela. Los grupos de presión multinacional tienen fuerte presencia en la televisión, en las redes sociales y movilizan mucho dinero en fundaciones y partidos políticos.

El frente CAMBIEMOS
No fueron casualidad los triunfos de CAMBIEMOS en 2015 y en 2017. Este frente electoral se fortalece por sus aciertos que son potenciados por las incapacidades de la oposición. Macri desarticuló o directamente conduce a la mayoría de la vieja oposición al Frente Para la Victoria (FPV) proveniente de la UCR, el Frente Amplio Progresista o la Coalición Cívica[1].
La acumulación de poder de esta nueva fuerza política fue vertiginosa. Hasta el año 2013 el Partido Propuesta Republicana (PRO) no tenía otro gobierno que el de la Ciudad de Buenos Aires. En 2007 fundaron la Unión-PRO y en 2009 con De Narváez y Felipe Solá se impusieron en la provincia de Buenos Aires (34 % de los votos).
En el año 2011 De Narváez se alió con la UCR[2] y tuvo un magro resultado en su candidatura a gobernador (16 %) y se fue apartando del centro político. Pese a la pérdida de centralidad de Francisco De Narváez y de la UCR, el PRO mantuvo su estrategia de acumulación de poder y hoy conduce a muchos dirigentes de ambos espacios partidarios. 
En el año 2011 el PRO no presentó candidato en las elecciones presidenciales nacionales. En esa oportunidad, Elisa Carrio de la Coalición Cívica obtuvo menos del 2% de los votos del país. Actualmente, la líder de la Coalición Cívica alcanzó 48% de los escaños en Capital Federal. Tal cual ella misma lo manifestó públicamente, es la primera oportunidad en que triunfa en una elección y no es casualidad que lo haga bajo el paraguas de Macri.
De manera opuesta a Carrio, el Ministro de Economía de Cristina Kirchner y Embajador en los Estados Unidos de Macri, Martín Lousteau, obtuvo un magro 14% en las PASO de Ciudad de Buenos Aires de 2017. Con UNEN[3] había obtenido más de 32% en 2013 y con el Frente ECO casi gana las elecciones en la segunda vuelta de 2015 (48%). Actualmente, enfrentar a CAMBIEMOS no parece ser cosa simple y la estrategia de su conducción nacional le viene dando muy buenos resultados.
En el año 2013 el PRO realizó una importante elección en la Provincia de Santa Fe, cuestión anticipatoria del cambio de época que se avecinaba. A partir de allí, Macri se convirtió en el líder de la nueva oposición nacional al FPV y el progresismo socialista iniciaría un paulatino y prolongado relegamiento.
En el año 2015 y desafiando todos los cálculos, CAMBIEMOS triunfó en la Provincia de Buenos Aires demostrando gran habilidad política. En las PASO, Vidal había sacado el 29% de los votos y en las generales aumentó al 39%. De manera inversa, el FPV bajó del 40% al 35%. En las PASO 2017, CAMBIEMOS aumentó su porcentaje al 34% y la Unidad Ciudadana no alcanzó el 40% del 2015. Queda abierta la pregunta sobre si el 34% de Esteban Bulrich es el piso o el techo de CAMBIEMOS y si la Unidad Ciudadana puede alcanzar los 40% con el peronismo dividido.
En 2015 el frente político CAMBIEMOS alcanzó las gobernaciones de Jujuy y de Mendoza, que estaban en manos de candidatos justicialistas. Continuando la tendencia, en 2017 triunfó (en alguna o en las tres listas en juego) en los fundamentales distritos electorales como Mendoza, Córdoba, Santa Cruz o Entre Ríos. Se impuso en provincias con oficialismos consolidados como son los casos de San Luis, La Pampa o Neuquén.

Mauricio Macri conductor político
CAMBIEMOS tiene una conducción política nacional unificada en Mauricio Macri y su tarea se viene ejerciendo con pocas fisuras y de manera exitosa. Por mucho tiempo se subestimó al Presidente por considerarlo incapaz de conducir políticamente. Se sigue diciendo que es un títere de los grupos económicos, lo que lo tornaría un actor carente de capacidad de decisión y de maniobra. Por el contrario, Macri conduce a un gabinete con los más capacitados cuadros políticos de los CEOS y ello demuestra dotes de dirigente y capacidad de manejo de los grupos de interés.
Macri demostró cualidades de jefe político en Boca Junior, en la Ciudad de Buenos Aires y ahora lo está evidenciando desde la gestión de la Nación. En cada espacio que gobernó organizó tropa política propia que hoy le reporta lealmente como es el caso de Daniel Angelici, figura central en el armado judicial, político y cultural. Boca Junior fue la principal referencia de Macri para llegar al poder y hoy sigue controlando el club con mucha habilidad.
El triunfo electoral de María Eugenia Vidal le permitió obtener la primera magistratura y el Presidente le está dando apoyo económico y político para que crezca. Horacio Rodríguez Larreta obtuvo un rotundo triunfo en estas PASO y ello no derivó en públicas rivalidades y disputas como sí ocurrió permanentemente en el FPV.
La conducción de Macri supone nuevos desafíos para el peronismo por el hecho de que a diferencia del ciclo Kirchner, está dispuesto a darle poder económico y político a la Provincia de Buenos Aires y a su mandataria. Por el contrario, el FPV se dedicó a debilitar al gobernador y a ejercer la conducción de manera directa entre el Gobierno Nacional y los intendentes.

La oposición en la provincia de Buenos Aires
El FPV que obtuvo 55% de votos en la provincia de Buenos Aires en el año 2011, perdió tres elecciones consecutivas: en 2013 contra el Frente Renovador y en 2015 y en 2017 contra CAMBIEMOS (resta ver el recuento de votos en Senadores Nacionales y esperar las elecciones generales de octubre).
CAMBIEMOS mantiene sus votos duros y sale a ampliar su base. Al momento de la elección gobernaba 69 municipios y triunfaban electoralmente en 101. Dejó se der un partido que tracciona votos meramente en el interior rural y hoy administra localidades urbanas como La Plata, Morón, General Pueyrredón, Tres de Febrero, Lanús o Quilmes.
CAMBIEMOS está construyendo la figura de Vidal recuperando dos valores e imaginarios que fueron propios de nuestra tradición política: el perfil renovador y progresista de Cafiero y la capacidad de gestión de Duhalde.
El Partido Justicialista, que supo ser el centro del dispositivo de poder bonaerense, está en crisis. El peronismo no asimiló las derrotas de 2013 y de 2015 y no se rearmó de cara a ofrecerse como alternativa de poder frente a la sociedad. Su ex presidente Fernando Espinoza se presentó en la Unidad Ciudadana y sigue abierta una pregunta acerca de qué ocurrirá con el Partido. La crisis actual del justicialismo bonaerense debe analizarse en perspectiva. Néstor Kirchner se propuso cercenar el poder de su anterior aliado Eduardo Duhalde y la estrategia incluyó la disputa electoral de 2005 y la cooptación y asimilación paulatina de la estructura territorial y política justicialista. Implementó la tarea con Alberto Balestrini y con Felipe Sola, entre otros importantes e históricos dirigentes. Desde la muerte de Kirchner y ya sin ambos líderes, se abrió un vacío de conducción cuya primer –y contundente- demostración fue la histórica derrota del 2015 contra María Eugenia Vidal.
El ex FPV está dividido y no consolida fácilmente una conducción que represente a todos los sectores que integraban el espacio. Actualmente la Unidad Ciudadana no pudo contener y organizar el piso electoral del 40% de los electores de 2015 y el peronismo juega dividido en tres sectores (Frente Renovador, CUMPLIR y Unidad Ciudadana). Si bien la Unidad Ciudadana sigue siendo fuerte en la Tercera Sección electoral, no se debe desconocer que CAMBIEMOS aumentó sus votos en prácticamente todos los distritos que la componen. Además y tema no menor, la Tercera Sección electoral la ganó el Frente Renovador en el año 2013 cuestión que da cuenta de una volatilidad de los electores que debe tenerse en cuenta de cara al 2019.

La estrategia electoral bonaerense
CAMBIEMOS representa al poder económico trasnacional y tiene apoyo judicial y mediático y lo  utiliza con suma destreza. La comunicación del oficialismo unifica a su electorado de cara a sus adversarios. Por el contrario, la prensa opositora nos divide, nos enfrenta y dificulta aún más la unidad del bloque nacional y popular.
CAMBIEMOS, si bien no apela a una épica política movilizadora, tiene un discurso unificado a nivel nacional que convoca al futuro, a la esperanza y a la renovación. Asume que existen problemas económicos y sociales y los atribuye principalmente al gobierno anterior (“pesada herencia”) y también a las incapacidades propias. En este último aspecto aplica la noción de Duran Barba de que los líderes son personas comunes y no mandatarios infalibles.
CAMBIEMOS reitera una estrategia de dividir la política entre “pasado y futuro” que aplicaron Raúl Alfonsín con “Renovación y Cambio” y Antonio Cafiero con la “Renovación Peronista”. Algo similar postuló Néstor Kirchner en el año 2003 cuando sostuvo que venía a “proponer un sueño” (promesa de futuro) y que el "cambio[4] es el nombre del futuro” (evitar la vuelta al pasado).
Macri y Vidal muestran a sus candidatos como personas que traen propuestas para el futuro: Bulrich la educación, Ocaña políticas para la tercera edad y Montenegro la seguridad. CAMBIEMOS tiene una estrategia de poder de mediano y largo plazo y Macri está empoderando a Vidal y a Larreta para garantizar la continuidad del proyecto.

El discurso de la oposición está fragmentado en todas las provincias e incluso es contradictorio y traduce las grietas entre los distintos grupos. La oposición nacional no consigue construir un liderazgo y está en un conflicto interno que no termina de ordenarse en un cambiante, complejo y diverso mapa político.
En cada provincia hay una realidad propia y no se puede explicar la reciente elección con la dicotomía “Cristina vs Macri”. Triunfaron gobernadores cercanos al oficialismo nacional (Uturbey) o enfrentados (Insfran). Perdieron dirigentes que se aproximaron a Cristina (Saa) y también otros que la desafían públicamente (Schiaretti). En la provincia de Buenos Aires CAMBIEMOS se impuso en municipios ultra kirchneristas (Mercedes o 25 de Mayo), massistas (en dos categorías en Tigre) y también en los peronistas randazzistas de Hurlingham y de San Martin.  
La Unidad Ciudadana bonaerense hace publicidad sosteniendo que los problemas de la carencia de vida son el resultado de un año y medio de gobierno de CAMBIEMOS. La campaña muestra frustraciones y dolores y en el marco de una deprimente angustia, se convoca a volver al pasado idílico de la década ganada. Unidad Ciudadana eliminó a los dirigentes del centro de la escena y puso al frente los problemas de la gente. En las PASO 2017 la estrategia opositora no superó por mucho el piso electoral histórico del justicialismo bonaerense, que lo condujo a las derrotas de 2009 (32%), de 2013 (32%) y de 2015 (35%). 

Unidos o dominados
“La conducción es un arte de ejecución simple: acierta el que gana y desacierta el que pierde (…) El conductor es un constructor de éxitos”. Juan Perón

El primer paso para enfrentar un problema es asumirlo como tal. Atribuirle el triunfo del oficialismo a la casualidad, al mero fraude electoral o al determinismo de la historia[5], es una simplificación peligrosa para la oposición. 
La recesión económica parece ser el principal aliado de la dividida y enfrentada oposición. De modificarse la situación económica y de mantenerse la fortaleza política, CAMBIEMOS llegaría al 2019 con grandes posibilidades de triunfo. Si no se une el bloque nacional y popular, los CEOS extranjeros van a quedarse varios mandatos más al mando del Estado. Como resultado de su gestión, el país va a destruir su estructura productiva y la sociedad va a ir perdiendo el piso de derechos alcanzados.
El frente nacional debe trabajar por la unidad y para eso hay que construir acuerdos básicos y generales sobre lo que queremos para la Argentina. Luego habrá tiempo para la sintonía fina de lo qué vamos hacer y cómo. Recién a partir de acá, puede hablarse de la planificación y de la estrategia de la campaña[6]. La fortaleza del adversario (nacional e internacional) debería concientizarnos de que no hay resto para seguir dividiendo a los dirigentes con ideas similares del peronismo, del progresismo kirchnerista, del Frente Renovador y de las organizaciones de la producción y del trabajo. La división entre la rama política y la sindical de los últimos años es contraproducente e innecesaria.
Si bien no es fácil hacer el “baño de humildad”, no debería descartarse la imperiosa búsqueda de consensos y la necesaria formación de una conducción legitimada. Se puede conducir políticamente persuadiendo (con argumentos o con emociones), contratando (con recursos estatales o privados los “dirigentes se ordenan”) o atendiendo al mensaje de las urnas (llamando a internas partidarias). Si los dirigentes no acuerdan iremos a internas partidarias, lo que no podemos hacer es partir el frente electoral. En política también se puede mandar y exigir que se haga lo que el dirigente pide sin debatirlo (con la fuerza o con el temor). El peligro de ésta última estrategia es la división actual en la que estamos inmersos.

Es imprescindible conformar un peronismo nacional que articule a los gobernadores y a las organizaciones libres del pueblo de la Argentina. Hay experiencias de desarrollo exitosas que pueden tomarse de ejemplo como el Modelo Formoseño, la Segunda Reconstrucción de San Juan y el Modelo San Luis y sus mandatarios y sus dirigentes de base tienen mucho que aportarle a la refundación del justicialismo. 
Además y tema central, hay que reconstruir y fortalecer el peronismo bonaerense, sin el cual cualquier estrategia de política nacional quedará truncada. Para eso hay tres grandes legados históricos de nuestro movimiento provincial que debemos retomar que son la justicia y la igualdad social (Domingo Mercante), la renovación popular y la actualización política del Movimiento (Antonio Cafiero) y la capacidad de gestionar el Estado y de refundar la infraestructura (Eduardo Duhalde).



[1] En el año 2011 Ricardo Alfonsín (UCR) alcanzó alrededor de 10% en las elecciones nacionales. En la misma contienda, el Frente Amplio Progresista de Hermes Binner alcanzó el 12%.
[2] En las PASO del año 2017 Sergio Massa siguió la estrategia de De Narváez de unir progresismo y peronismo y perdió caudal electoral. En el año 2013 Massa obtuvo el 43% de los votos, en 2015 un 19% y ahora solamente el 14%. Su actual aliada Margarita Stolbizer supo tener un piso cercano al 10% de los escaños, que esta vez fueron a CAMBIEMOS. Otro intento de fusionar progresismo y peronismo fue la fórmula del FPV del año 2015 que llevó a un peronista y a un candidato de Nuevo Encuentro. Este último partido venía manteniendo un apoyo del electorado bonaerense cercano al 5%. En el año 2015 perdieron Morón y Nuevo Encuentro no sumó demasiado en la elección al punto tal de que el FPV fue derrotado sin superar el piso mínimo del 35% histórico del justicialismo bonaerense.
[3] UNEN se conformó inicialmente con la Coalición Cívica – ARI (Carrio), Proyecto Sur (Pino Solanas - Argumedo), Libres del Sur (Tumini – Donda), GEN (Margarita Stolbizer), la UCR (Ernesto Sáenz) y con el Partido Socialista (Roy Cortina), entre otros. Los miembros de UNEN y ECO, Carrio, Sáenz, Ocaña o Prat Gay pasaron a CAMBIEMOS. Otras figuras como Solanas y Donda se distanciaron de Macri. 
[4] En el discurso de asunción frente al Congreso de mayo de 2003, Kirchner destacó que había que avanzar hacia lo “nuevo” y manifestó que “el pueblo ha marcado una fuerte opción por el futuro y el cambio”. La palabra “cambio” fue mencionada más de 20 veces en ese discurso.
[5] Alfonsín, Menem y Néstor Kirchner ganaron las primeras elecciones de medio término luego de asumir la Presidencia.
[6] La oposición copió la estrategia comunicacional de Durán Barba y no superó el piso electoral de los votos propios. La propuesta desorientó a la militancia y no atrajo nuevos electores que antes no los votaban y ahora tampoco. El primer paso previo a definir la estrategia de comunicación tiene que ser la unidad. 

lunes, 28 de agosto de 2017

Debate entre Carta Abierta y CUMPLIR


Por Florencia Casamiquela

He leído vuestra carta dirigida a Florencio Randazzo, al Movimiento Evita y a quienes votamos a Cumplir. Entiendo que dicha misiva es una interpelación, una invitación al debate, una convocatoria a reflexionar críticamente acerca de los avatares que signan y atraviesan esta etapa de la política nacional.
Quiero señalar en primer término mi debilidad por la palabra escrita, especialmente por el género epistolar que ha alumbrado tantísimas polémicas que enriquecieron el acervo de nuestras ideas políticas. Por eso es que no resistí la idea de trazar unas líneas en tono de respuesta a las inquietudes y requerimientos consignados en vuestra misiva.  En estos tiempos el debate político ha quedado circunscripto al formato estrecho de los 140 caracteres.  Así es como hemos perdido la sana práctica de la controversia, del ejercicio argumentativo como mecanismo de debate con alguna pretensión de síntesis final. Ese constreñimiento de las posibilidades expresivas del lenguaje político ha devenido en la sustitución de la argumentación por la adjetivación, de la idea por el agravio, del concepto por el aforismo. Cuando leí la carta abierta dirigida a Randazzo, y por propiedad transitiva a quienes lo acompañamos, sentí el estiletazo de la provocación, del desafío planteado sin tapujos bajo la forma de una interpelación abierta.
Una carta pública y abierta es una invitación que no puede quedar trunca por el silencio del destinatario. Triste destino es el del duelista desairado por la indiferencia de la contraparte. Quiero recoger el guante y tratar de desgranar algunos conceptos que puedan reflejar lo que somos, lo que pensamos y lo que sentimos como Frente Justicialista Cumplir.
Vuestras reflexiones han sido motivadas por la honestidad intelectual que los caracteriza, y seguramente por la pasión militante y el dolor que compartimos ante tantas derrotas cotidianas y tantos retrocesos. Debo decir que vuestra carta pertenece a un género por completo diferente al del agravio irresponsable o la descalificación insensata, lo que no es poco en estos tiempos.

Las redes sociales han sido la plataforma de circulación de descalificaciones dolorosas pergeñadas desde una matriz de pensamiento que se nutre, y mucho, de la idea de posverdad que endilgamos al aparato propagandístico de Cambiemos pero que, en rigor, alimenta las prácticas políticas, también,  de buena parte del campo popular.  Nos han calzado el sambenito de la traición en todas sus variantes: nos han dicho que somos empleados de Macri, de Vidal, de Magnetto. Nos han dicho que somos irrelevantes, “que no existimos”, que nos falta grandeza, que somos oportunistas. La descalificación pertinaz, constante y sistemática ha sido esgrimida como parte de una política deliberada dirigida a crear un efecto de verosimilitud: la repetición ciega del mote de traidor fue concebida para arrojarnos al cuadrante de los réprobos, de los heréticos, y así patear para otra oportunidad el debate latente que todos sabemos que hay en nuestro Movimiento.
Así fue como nos quedamos sin lugar para el fraternal debate que quisimos proponer. Primero asistimos, con una perplejidad inimaginable, a la maniobra de negarnos la participación en las PASO merced a la decisión de abandonar el Partido Justicialista. Queríamos discutir, es cierto. Queríamos criticar, cuestionar, interpelar. Queríamos poner el dedo en la llaga de lo que consideramos los desaciertos que nos condujeron, entre otros factores seguramente, a la derrota electoral de 2015. Esa derrota que siempre nos pareció trágica en términos históricos, y que fuera tan banalizada por quienes afirmaban la irreversibilidad de los avances y conquistas de los últimos doce años. Siempre sostuvimos que, con el peronismo fuera del poder, no hay derechos ni conquistas irreversibles y que por eso no era inocuo o indiferente la victoria o la derrota.
Decía que nos quedamos sin las PASO. Lo que siguió fue una andanada de descalificaciones dirigidas a deslegitimar nuestra intención de abrir un proceso de discusión dentro del peronismo. Eso truncó la posibilidad de revisar prácticas y mecanismos de construcción. Florencio decía en campaña que las mismas recetas llevan a los mismos resultados. Y eso es lo que pasó y es lo que está pasando día a día.
El dogmatismo más cerril pretendió suturar la sangría de la dispersión. La duda fue estigmatizada como apostasía y la reflexión crítica no tuvo lugar en el escenario posterior a la derrota. Ello generó no pocos reveses a lo largo del país. Y lo más preocupante es que ese horizonte de reveses, derrotas y retrocesos parece profundizarse de cara a octubre. Pero, una vez más, se elige ver la realidad de una manera sesgada. 34 más 6 es igual a 40. ¿Nadie hizo esa cuenta? Chubut, Santa Fe, CABA, Entre Ríos y otras provincias tuvieron PASO. ¿Por qué no pudimos hacerlas en la provincia de Buenos Aires? ¿Es pertinente esta pregunta o debe ser pospuesta para otra oportunidad, como parecen sugerir en la carta? Entiendo que seguir postergando debates pendientes es una forma de seguir reproduciendo mecanismos de construcción política que han resultado ineficaces para la consecución de resultados satisfactorios.
Dicen en vuestra carta que el Frente Justicialista Cumplir permitió el triunfo de Cambiemos en muchos municipios, y que dicha situación no debiera repetirse. ¿Realmente piensan que la responsabilidad es nuestra? Entiendo que se sigue banalizando, por omisión, el sentido y alcance del debate que quisimos y queremos proponer en el seno del peronismo. Los debates, compañeros, no se saldan resignando posiciones ni bajando listas. Los debates se saldan con mucha discusión, con mucha militancia, construyendo, acumulando, regando la semilla de la diversidad. No es ahogando los matices como vamos a reconstruir la potencia transformadora de nuestro Movimiento. No es silenciando voces críticas como vamos a derrotar la ofensiva oligárquica. No es desertando de responsabilidades políticas y electorales como se construirá una nueva síntesis.
También señalan como problema político si va a entrar al Senado Jorge Taiana o Gladys González. El problema que tenemos es un poco más grave, compañeros. Acá se trata de reconstruir un proyecto de mayorías, interpelando a los argentinos con un proyecto que enamore, que movilice, que convoque. Dicen en la carta que “…los compañeros, electos senadores, serán una barrera muy difícil de superar para el macrismo en la Cámara alta.” ¿Realmente piensan eso? ¿Realmente piensan que el neoliberalismo recidivo puede encontrar su última barrera de contención en el Parlamento? El atropello al que estamos siendo sometidos los argentinos no reconoce límites derivados de la institucionalidad, como aprendimos desde el fusilamiento de Dorrego en adelante. La vergonzosa suspensión de jueces mediante mecanismos espurios, el intento de remoción por decreto de la Procuradora de la Nación, la arbitraria detención de Milagro Sala, la falta de respuesta del Estado ante la desaparición de Santiago Maldonado, la toma de deuda por cien años o el vaciamiento del patrimonio público se explican por la derrota del Movimiento Popular, por la derrota electoral en 2015, por la dispersión y atomización del peronismo, por la falta de definición respecto de un liderazgo que nos ponga perspectivas ciertas de victoria en 2019. ¿O vamos a creer que la pelea por la hegemonía se circunscribe a la elección de un puñado de legisladores? Nosotros decimos, con todas las letras, que hay que terminar con el dogmatismo y las purgas que llevan a tirar todos los días un compañero por la ventana. Es más importante este debate que un senador más o menos. Algunos sostenían que era mejor perder con Macri que ganar con alguien que no fuera Cristina, y ahora resulta que el problema es quien entra de segundo senador.
Nosotros no nacimos para ser una minoría intensa, ni para lucir en el Parlamento la verba inflamada de quienes denuncian pero no cambian absolutamente nada. Nosotros nacimos para otra cosa. Siempre se escribió sobre la vocación de poder del peronismo. Y es eso lo que tenemos que reconstruir: la vocación de ser mayoría, la vocación de victoria. ¿Se puede reconstruir esa vocación levantando el dedo acusador que discierne leales de réprobos? En el peronismo necesitamos más constructores, y menos soldados que hagan la venia a cualquier cosa.
Dicen en vuestra carta que no tenemos posibilidades de meter un senador, y que el voto a nuestra lista tiene un carácter testimonial. Mal se conjuga la idea de irrelevancia de nuestra propuesta electoral con el novedoso descubrimiento sobre el valor decisivo que los votos obtenidos por Randazzo pueden tener en el resultado final de octubre. No existimos pero resulta que somos decisivos para el triunfo o derrota de unos y de otros. Pues bien, estimados compañeros, en el peronismo no sobra nadie. Ojalá este sea un primer aprendizaje.
Ustedes se refieren al carácter testimonial de nuestra propuesta, lo que se inscribe en la línea de no advertir el valor político y electoral de medio millón de voluntades que eligieron nuestra propuesta. No se puede desconocer la densidad política de medio millón de votos, ni degradar el sentido de nuestra propuesta con el calificativo de “testimonial”. Nosotros siempre supimos que íbamos a la contienda electoral para defender nuestras convicciones, para dar testimonio como ustedes dicen. Era más cómodo y más “oportuno”, aceptar la propuesta de encabezar la lista de diputados y asegurarse un lugar “salible”. Pero justamente no quisimos silenciar este debate con un lugar salible”. Un diputado más, aunque se tratara de Randazzo, no iba a cambiar la situación de zozobra y extravío en la que se encuentra el peronismo desde la derrota de 2015. Esa decisión de no sepultar convicciones por un cargo parlamentario, compañeros, enaltece la posición política de Florencio Randazzo.
Asumimos el desafío de ser leales a nuestras convicciones, a nuestros valores, a nuestra doctrina y a nuestra identidad. Tiramos la calculadora y nos aferramos a la necesidad de repensar la construcción de un peronismo que vuelva ser la síntesis de un proyecto de emancipación nacional, que haga de la igualdad de oportunidades un valor irrenunciable y que lidere un proceso de desarrollo productivo con inclusión y justicia social. Para eso necesitamos mucho más que un puñado de ciudadanos indignados. Necesitamos fuerza social organizada. Necesitamos soporte político. Necesitamos nuevos liderazgos. Necesitamos proyección a futuro. Necesitamos dirigentes que se planten y que digan lo que piensan, sin callar nada. Necesitamos construir unidad en la diversidad, asumiendo a la política como el arte de sumar fuerzas privilegiando los acuerdos por sobre las diferencias secundarias o facciosas.
Estas líneas desordenadas expresan la voluntad de no negarnos a ningún debate, de no escapar a ningún desafío y de no blindarnos en el silencio. Tenemos el fuego sagrado de las convicciones que han arraigado en el corazón. Por eso seguimos adelante, sabiendo que las respuestas a este presente de desesperanza las encontraremos construyendo y sembrando futuro. Por eso vamos rumbo a octubre con Florencio Randazzo.   

CARTA ABIERTA A FLORENCIO RANDAZZO, AL MOVIMIENTO EVITA Y A LOS COMPAÑEROS QUE VOTARON AL FRENTE JUSTICIALISTA "CUMPLIR"

ESPACIO CARTA ABIERTA

Estimados compañeros:
son muchos los avatares de nuestra vida política que atravesamos juntos durante estos últimos años. Apoyamos codo a codo los gobiernos de Néstor y Cristina hasta el último día y sufrimos el resultado electoral adverso de octubre/2015 peleando por la candidatura de Daniel Scioli hasta el final. Antes de eso muchos de nosotros acompañamos la precandidatura presidencial de Jorge Taiana, propuesta a la totalidad de las fuerzas Kirchneristas/Peronistas por el Movimiento Evita y también la intención de Florencio Randazzo, de presentarse a las PASO para elegir el candidato a presidente que mejor nos representara en 2015. En tal sentido le dimos lugar en una asamblea del Espacio Carta Abierta, como antes habíamos hecho con Jorge.
Luego, la decisión sobre las candidaturas de Scioli/Zanini, la renuncia de Florencio a encabezar la pelea por la gobernación de Buenos Aires, la derrota electoral y esta ofensiva del macrismo contra el pueblo argentino que han sido en síntesis estos veinte meses del gobierno de Cambiemos. Durante todo ese tiempo una sola presencia pública de Florencio, cuando invitado a la inauguración de obras del Ferrocarril Roca con intención de cooptarlo, declaró con honestidad que el 90% de las mismas habían sido realizadas bajo el gobierno y por inspiración de Cristina Fernández de Kirchner. En estos días oscuros nos encontramos en innumerables cruces militantes con los compañeros del Evita que estuvieron siempre en la lucha haciendo honor a su historia.
Al definir su voto por Unidad Ciudadana estarán decidiendo entre Gladys Gonzalez y Jorge Taiana, dado que Cristina por encabezar la boleta tiene asegurada su banca.
Arribamos así a las PASO, y no es para discutir ahora los por qué (lo que no quiere decir no discutirlos nunca), terminamos yendo en listas separadas una encabezada por Cristina y Jorge Taiana (integrante de la Conducción nacional del Movimiento Evita) y otra por Florencio Randazzo apoyada por el grueso del Movimiento Evita y otros compañeros entre ellos varios intendentes. El resultado, importante dada la situación, fué el triunfo de Cristina con un 35% aproximadamente, por un margen pequeño pero claro, pese a las maniobras vergonzosas del oficialismo para desconocerlo. El Frente "Cumplir" con un 5.5 % aproximado, ocupó el cuarto lugar. Esto facilitó el triunfo de Cambiemos en algunos municipios en los que de haber ido juntos, no se perdía. Lo que es grave y no debiera repetirse. Pero ya está; tenemos ahora frente a nosotros la elección definitiva del 22 de octubre donde se decidirán varias cosas muy importantes para el país y en especial para los sectores populares que todos defendemos.
Están ustedes ante la alternativa testimonial de reiterar el voto a vuestra lista, que no tiene ninguna posibilidad de sacar un senador o, apoyar pese a las diferencias que han sostenido y claramente expresado, a la lista que encabeza Cristina Fernández de Kirchner, sabiendo como saben que sin dudas los compañeros, electos senadores, serán una barrera muy difícil de superar para el macrismo en la Cámara Alta, que ha sido hasta ahora muy servicial a las demandas del ejecutivo. La militancia compartida con ambos debiera darles plena seguridad al respecto, más allá de las diferencias que pueden subsistir. En realidad, al definir su voto por Unidad Ciudadana estarán decidiendo entre Gladys Gonzalez y Jorge Taiana, dado que Cristina por encabezar la boleta tiene asegurada su banca,

Es marca registrada del peronismo, que el General Perón legó no solo a los peronistas, sino a todos los militantes populares, que: "Primero la Patria, después el movimiento y por último los hombres". Hoy la Patria está ciertamente en peligro, como dijimos en una de nuestras últimas cartas y nos pide a todos los que anteponemos el bien de la Patria a cualquier otra pasión subalterna, que lo tengamos presente. Estamos seguros compañeros que ustedes lo tendrán presente. No tenemos dudas.

domingo, 27 de agosto de 2017

LA VIOLENCIA EN EUROPA, EL MUNDO Y ARGENTINA

San Martín, 25 de agosto de 2017

Jorge A. Benedetti


El lamentable y criminal golpe terrorista realizado en Barcelona, ha vuelto a poner sobre el tapete el tema de la violencia.
Ciertamente también en los últimos meses hubo varios atentados en Egipto, Libia y otros países del norte de África donde murieron más de 300 personas y estos no merecieron ni un sólo titular, ni prácticamente ningún comentario en los medios.
Tampoco parecen preocupar los innumerables muertos, víctimas civiles, especialmente chicos en escuelas u hospitales, que los bombardeos de la “coalición occidental” causan en Siria, Afganistán y otros países musulmanes, estas muertes son sólo “daños colaterales”.
Desgraciadamente hay dos varas y dos ópticas para medir la muerte y los asesinatos de inocentes que siempre son terribles  y muestran lo bajo que ha llegado la humanidad y la carencia de liderazgo.

¿Una explicación del atentado en Barcelona?
Es conocido que España participa, junto con otros países europeos, de la coalición encabezada por EE.UU., que realiza ataques en Afganistán contra los grupos de talibanes. De igual manera estas operaciones se desarrollan en otros países, Siria en particular.
Por otra parte y muy especialmente en estos días, hubo noticias públicas en el sentido de que el gobierno español estaba considerando incrementar su participación en las acciones bélicas en Afganistán, como efectivamente lo decidió un par de días después el gobierno norteamericano.
Lógicamente sería demencial pensar que un acto criminal justifica otro, el intento es sólo explicar por qué un grupo de chicos de entre 17 y 24 años, aparentemente captados por una central criminal como es el ISIS, de dudosa procedencia, realizan un atentado y luego enfrentan, armados con cuchillos y machetes comprados en un supermercado de los suburbios, a policías con armamento sofisticado. Como dato marginal estos chicos van dispuestos a morir (para ello simulan tener un cinturón de explosiones ¡hecho con latas de gaseosas!). La vida en la sociedad donde están, sea España, Francia u otro país europeo, se les ha hecho insoportable y la única salida que encuentran al desprecio, la marginación y exclusión, es un martirio erróneamente considerado como heroico.

Aquellas lluvias trajeron estos lodos
Inglaterra, Francia, Bélgica y España, entre otras naciones europeas, ocuparon y sojuzgaron a los pueblos africanos siempre con violencia, mayor o menor según los casos, pero siempre con violencia (España sigue hoy ocupando los territorios de Ceuta y Melilla) y todos ellos ejercen un poder neocolonial manejando empresas de servicios, bancos, minas, plantaciones y la mayor parte del comercio interno y externo de estas naciones.
En el marco de estas reflexiones no podemos menos que recordar las palabras de aquel brillante pensador y militante argelino, el Ministro de Cultura del primer gobierno independiente, Frantz Fanon, cuando describía que mientras las tropas francesas torturaban y masacraban a los militantes del Frente de Liberación Nacional, la prédica acerca de las virtudes de la civilización occidental en general  y francesa en particular, de la democracia y del modo de vida de los ocupantes, ejercían una notable atracción para un sector de los colonizados.
Es así que un número relativamente considerable de ellos decide dirigirse a la metrópoli, en espera de encontrar un mundo mejor para sus familias y descendientes.
La realidad fue otra, fueron marginados y empujados a vivir en los suburbios de París (o de otras ciudades) y condenados a trabajos de tercera categoría, que eran desestimados por los europeos. Quienes habían sido valorados para pelear contra los alemanes en los peores combates de la guerra, ahora eran despreciados y marginados en tiempos de paz.
Así nació, en el caso de Francia, una generación de franco argelinos creciendo en un medio hostil, frente al desprecio de sus connacionales y en el marco de una exclusión creciente, pues cuando el estado de bienestar europeo comenzó a diluirse, los más perjudicados, una vez más, fueron los más pobres, los que en su inmensa mayoría eran inmigrantes y sus descendientes.
Podemos recordar cómo hace unos años, se producían en forma sistemática las “noches de furia”, donde los hijos de inmigrantes salían a incendiar automóviles y todo lo que encontraban a su paso.
Un fuerte llamado de atención a la sociedad francesa acerca de la exclusión creciente en su propio territorio, al tiempo que la globalización avanzaba y en el marco del “fin de la historia” (y de las fronteras), los capitales podían circular libremente, los turistas adinerados también, las empresas se concentraban y ocupaban aún más los ex mercados coloniales, lo único que parecía que no podía globalizarse era la libre circulación de los pobres y una más justa distribución de las riquezas. Pero el llamado de atención quedó sólo en eso, sin cambiar la realidad.
De esta manera nace una segunda generación de franceses de origen africano, marginados, desplazados, despreciados, donde los beneficios de la sociedad que sus abuelos añoraban estaban definitivamente vedados para ellos, no tenían ningún futuro, o – aún más– el destino que se presentaba era cada vez  menos promisorio.
Y aquí aparece el ISIS, una organización que formalmente condena al Estado de Israel, pero que mata musulmanes, católicos y cristianos en general y que hace llamados a estos desesperados prometiéndoles un futuro mejor en el paraíso, dado que en la tierra les sería imposible alcanzarlo.
Las lluvias del colonialismo traen estos lodos, convirtiendo en realidad aquello de que toda acción genera una reacción.

La violencia en la Argentina
Vale la pena preguntarse cómo se reproduce el fenómeno de la violencia en nuestro país y considerar dos aspectos; el de la política exterior y el de la situación interna.
Argentina – a pesar de los vaivenes políticos y de la alternancia de gobiernos populares y otros oligárquicos (siempre ilegítimos por asumir por el fraude o la violencia golpista) - había mantenido, desde una notable actitud independiente (durante los gobiernos populares), hasta una dependencia “negociada” (durante los gobiernos oligárquicos).
Nuestra oligarquía del siglo XIX y gran parte del XX, había guardado al menos las formas y si bien los presidentes se designaban en la embajada británica, estos se disponían a negociar como socios menores, pero sintiéndose parte del mundo de los poderosos.
Pero después de la última dictadura oligárquica aparecieron los gobiernos (también ilegítimos por llegar al poder fundados en la mentira), que decidieron su alineamiento (subordinación) en forma automática. Así en el tiempo de las “relaciones carnales” menemistas nuestro país envió “simbólicamente” un buque a Oriente Medio en la primera invasión norteamericana a Irak. De resultas de ese hecho “simbólico” (y con independencia de otras consideraciones sobre la realidad de los atentados) el ataque a la AMIA y a la embajada de Israel no pueden desvincularse de este alineamiento  servicial al gobierno de George Bush.
El retorno a una política de “volver al mundo”, es decir subordinarse automáticamente al gobierno estadounidense, aparece hoy con claridad. La afirmación del presidente D. Trump en el sentido de que “Yo le voy a hablar de Corea y él me va a hablar de limones” pone a las claras el carácter de la relaciones, “si queres vender limones tenes que actuar de mercenario”.
Pero la arremetida no quedó allí, hace pocos días recibimos la visita del ignoto vicepresidente de los EE.UU. (Mike Pence), quien volvió a notificar al presidente Macri que su misión era “encabezar” la coalición que podría invadir el territorio venezolano. El problema son los requerimientos petroleros de los EE.UU, sumado a necesidad de dar salida a la gran cantidad de mano de obra desocupada que ha quedado en Colombia, a consecuencia del tratado de paz promovido por Cuba, Noruega y el Vaticano y que concluyó con la foto triunfal de Raúl Castro apretando las manos del presidente Juan Manuel Santos y del jefe de las FARC, Rodrigo Londoño “Timochenko”. La no respuesta afirmativa en forma pública, dado las debilidades internas del presidente y la falta de apoyo de las naciones del MERCOSUR, trae consecuencias para un gobierno indigno que necesita, para continuar la transferencia de riquezas hacia los sectores vinculados con el poder, el auxilio financiero de la potencia del norte.
Si bien la presión fue denunciada con el presidente Maduro, quien tildó de cobarde a Macri, sus aliados norteamericanos decidieron igual castigarlo: “Por no haber respetado el alineamiento automático, te quedas sin biodiesel”.
Sin dudas este alineamiento aumenta el riesgo de ponernos en la mira de “los enemigos de occidente” y el peligro de un nuevo atentado, vuelve aparecer en escena. 

¿Volver a los 70?
Al igual que la situación europea, al analizar la de nuestro país vale la pena rastrear las posibles causas de la violencia.
Debemos hacer una analogía con la situación de fin de los 60 y principios de los 70. Gobernaba nuestro país una demencial y perversa dictadura, manejada por una cúpula militar empleada de la oligarquía y un grupo de CEOs que desde los grandes grupos económicos habían asaltado las principales funciones del gobierno.
Al tiempo que los trabajadores perdían sus conquistas, se violaban los derechos políticos y sociales del conjunto de los argentinos. Parecía que la política había dejado de ser un instrumento para cambiar la realidad y una minoría oligárquica se había hecho cargo del manejo de los resortes del país. La única alternativa que quedaba era la resistencia a la opresión. Al no poder ejercer sus derechos políticos, muchos decidieron recurrir a la violencia amparados en aquello que todos los pensamientos filosóficos y religiosos  proclaman: la justa resistencia a la opresión. 

¿Sirve la política para cambiar la realidad?
Si bien estamos convencidos que la política es el instrumento de los pueblos para cambiar la realidad, muchos de los que han asaltado el gobierno tratan de demostrar lo contrario, con lo que convierten a la Argentina en un caldo de cultivo para retornar a instancias que parecían superadas.
El hecho de que el gobierno haya basado su camino para ganar las elecciones del 2015 en una sistemática campaña de mentiras, formuladas con el amparo de los grandes grupos económicos y mediáticos, parece haber sido superado para mal. Vuelve la violenta represión a la protesta popular, vuelven los presos políticos y dramáticamente vuelven los desaparecidos en aparente democracia. Se remueven jueces con mecanismos delincuenciales (con la complicidad activa del presidente de la Suprema Corte y la protección mediática), la ministra de seguridad da a conocer los datos de testigos protegidos para que no pueda hablar más, la concentración de la riqueza de todos los argentinos en muy pocas manos avanza en forma descarada, y el fraude electoral y la mentira son datos cotidianos. Para no hablar del robo de una banca en el Consejo de la Magistratura (con la complicidad de Massa y sus aliados). Desvergonzadamente se proclama que vivimos el tiempo de la pos verdad, donde las autoridades, los medios y sus lenguaraces pueden manifestar cualquier afirmación sin ningún correlato con la realidad, es decir se puede mentir impunemente.
Violencia es que casi el 50% de los chicos de la Argentina estén bajo la línea de la pobreza y que las cifras de indigencia alcancen porcentajes escandalosos.
Mientras tanto se  quiere convencer a un sector de los argentinos de que la política no sirve para cambiar la realidad, se los desafía y provoca, alentando algún accionar violento (o seudo violento) a fin de instaurar una fuerte represión sobre el pueblo, como argumento para someterlo al proceso de exacción y robo más escandaloso que haya vivido la Argentina.
De la misma manera que anhelamos poder ser eficaces colaborando con el papa Francisco en su monumental tarea, manifestamos nuestra preocupación por la paz en el mundo, en América  y muy especialmente por la paz en peligro en nuestra comunidad nacional.   
La violencia es un instrumento de la oligarquía contra la vida de los pueblos, construyamos una unidad del campo popular frente a la violencia oligárquica.


miércoles, 23 de agosto de 2017

Juan José Hernández Arregui, los Medios de Comunicación y la penetración cultural*


Por Juan Godoy**

“En las colonias, la realidad social está maquillada. Se imita a las metrópolis productoras de venenos sub-culturales, tanto como de artículos de mercado, se calcan las modas extranjeras, se leen autores extranjeros”. (Hernández Arregui)

“Desacreditar y aislar todo pensamiento argentino es la misión combinada de la prensa, la radio, el cine, al servicio de los centros organizados del poder mundial”. (Hernández Arregui)

En los últimos años el rol de los medios de comunicación se ha incrementado sustancialmente. Al tiempo que penetran la opinión pública, hoy en nuestro país aparecen interpelados y criticados por varios sectores de nuestra población, que dan cuenta rápidamente de la “falacia” de la “prensa independiente”, y develan los intereses de los mismos. No obstante, no podemos dejar de dar cuenta que en algunos sectores (sobre todo de clase media), penetran fuertemente generando opinión, ideas, y acciones en torno a las más diversas materias.
De esta forma, los medios de comunicación y otras usinas culturales, sin exagerar su importancia, continúan actuando en gran medida como agentes de colonización pedagógica. Hace ya algunas décadas Juan José Hernández Arregui[1] dedicó varias páginas en sus obras a analizar el rol de los mismos (en su momento sobre todo la prensa escrita, la radio y en menor medida la televisión). Así el papel de los medios de comunicación aparece reiteradamente como parte fundamental en la construcción de su pensamiento, y más específicamente de su  crítica a la cultura de la oligarquía negadora del sustrato profundo del pueblo.
Es que en el esquema de análisis de Hernández Arregui los medios de comunicación son parte de los instrumentos que se vale el imperialismo cultural, sombra de del saqueo económico, para reforzar la conciencia falsa de lo que somos, al mismo tiempo que debilitar los rasgos distintivos como comunidad autónoma. Así en los países semi-coloniales el papel de la prensa es fundamental para asegurar el control y dominio sobre el saqueo de la economía y no permitir la formación de una conciencia nacional. Los medios de comunicación contribuyen a hacer invisible lo central a discutir en un país como el nuestro, a saber: la estructura dependiente del mismo.
El autor de “La formación de la conciencia nacional” establece una relación entre las agencias de noticias de los países centrales y los medios locales. Aquellas controlan la información y “bajan la línea” a los países periféricos. Las noticias acerca de la situación internacional (y muchas veces sobre la local), son creadas desde los países imperialistas. Los periodistas aparecen como uno de los sectores que actúan como polea intermedia entre el imperialismo y la opinión pública.
La oligarquía, vale decir, no se identifica con los valores nacionales, su forma de interpelar el mundo se basa en la cultura extranjera. Así, Hernández Arregui arremete contra la prensa como portadora y difusora de las ideas y valores de la oligarquía, ya que “toda la prensa de Buenos Aires (la gran prensa) está hoy contra el pueblo. Esta prensa, poderosa, “democrática” y ruin, tiene por objeto enviciar la verdad, despistar la opinión pública, denigrar a las masas (…) Es un deber (…) denunciar inexorablemente a los enemigos del país”. (Hernández Arregui, 20004: 115) La prensa también aparece como generadora de prestigios y ocultamientos sobre personalidades históricas, políticas, literarias, etc.
Los medios de comunicación refuerzan la idea que la Argentina pertenece y/o es similar a un país europeo, y no a Nuestra América, como asimismo la imagen de la “patria chica” con eje en Buenos Aires. La imagen de la Argentina blanca, europea y agroexportadora, y hoy también ligada a la valorización financiera. La difusión insistente del “estar insertos en el mundo” da cuenta de esto, como también la denigración de la industria nacional, en base a un “supuesto mundo” donde los países ya no producen industria propia.
Debemos destacar aquí que la penetración cultural extranjera es una forma de destruir la conciencia nacional. Es a partir de esta penetración que se destruye la identidad como nación, quitando la “barrera defensiva” ante el avasallamiento de las potencias imperialistas, al mismo tiempo que rompiendo las bases desde donde se puede transformar profundamente la realidad nacional en beneficio de nuestro pueblo. ¿Qué más fuerte que la cultura nacional para resistir al cada vez más poderoso conglomerado de capitales extranjeros que no reconocen fronteras y avanzan sobre nuestros pueblos? No resulta casual entonces este avance de las potencias sobre la misma, así  “montañas de diarios, revistas, películas, etc., divulgan los soporíferos de la cultura extranjera y los mitos en colores del capitalismo de las metrópolis. Aparece, entonces, en los países coloniales, ante millones de lectores medios masificados, el “american life of wife” tal cual lo entiende una nación, Estados Unidos, que ha entrado tarde a la Cultura”. (Hernández Arregui, 1973: 223)
            Arregui destaca una cuestión central: el rol de las agencias internacionales de noticias y su relación con la formación de nuestra “mirada del mundo”, cuestión que hoy sigue apareciendo en forma similar. Solo unas pocas agencias internacionales “bajan línea” a las propias acerca de lo que pasa en los países hermanos (y también más lejanos). De esta forma, “las mismas informaciones, los mismos alimentos periodísticos orquestados por un puñado de agencias noticiosas –en su mayoría norteamericanas-, son los megáfonos monstruosos de los trusts mundiales que dirigen la economía internacional y congelan la opinión pública en una visión aberrante de la vida”. (Hernández Arregui, 1973b: 12) Cuestión que si no creemos en la “objetividad periodística”, y en la filantropía de las potencias imperiales se revela sumamente grave y perjudicial para nuestros pueblos.
La información está controlada en un puñado pequeño de agencias, “el 90% de las noticias políticas, financieras, artísticas, historietas para niños y adultos, son acaparadas por diez agencias noticiosas de ilimitado poder difusor (…) son fábricas de narcóticos ideológicos”. (Hernández Arregui, 1973b: 12-13) De esta forma, nuestra realidad la abordamos a partir de lo que “nos cuentan” estas agencias que evidentemente tienen un interés formado que no se corresponde con el nacional, sino más bien al contrario.
Decíamos al comienzo que los medios de comunicación, al menos en materia de opinión y acción política penetran sobre todo en los sectores medios. Es que la colonización pedagógica hace mayor mella en estos sectores en tanto son los que más relación tienen con ciertos “consumos culturales”, muchas veces con el único afán de buscar la “distinción”. En este sentido, en los países con los órganos culturales como el cine, la radio, o la televisión, dominados por el extranjero “vivir a la “europea” o a la “americana” pasa a ser un snobismo y una frustración simultánea”. (Hernández Arregui, 1973: 220) Estos sectores medios, sobre todo por los lugares que ocupan en la estructura social, actúan como correa de transmisión de los valores de la oligarquía.
Los periódicos encuentran entre estos sectores mayormente a sus consumidores, lo que no pasa desapercibido para Arregui. En nuestro país, el periódico representante de las ideas de la oligarquía acerca de nuestro país: La Nación, a decir de Homero Manzi el “guardaespaldas” que dejó Bartolomé Mitre, pasa por la pluma de del autor de “Imperialismo y Cultura” que lo critica duramente. Sostiene que “la historia de Mitre tiene su tribuna perpetua en un diario de Buenos Aires: La Nación, dirigido por sus herederos vitalicios. Este diario es el portavoz de los intereses y la mentalidad política de la clase ganadera argentina y sus foráneos” (Hernández Arregui, 20004: 115)
Avanzar en la ruptura de la dependencia tanto económica como cultural aparece como horizonte para la emancipación nacional. Así, a partir de estos análisis, Hernández Arregui considera como fundamental el rechazo a la imposición cultural extranjera, y la revalorización de la cultura nacional[2], ambas cuestiones ligadas a la lucha por la liberación nacional, es por eso que “en el pueblo las palabras extranjero y enemigo son sinónimas y se funden en un solo sentimiento de defensa y rechazo”. (Hernández Arregui, 1973b: 25)



*El presente artículo es parte del Proyecto de Investigación Amilcar Herrera “Aportes teóricos del Pensamiento Nacional a los debates acerca de la universidad, los medios de comunicación y la integración regional". Universidad Nacional de Lanús (UNLa). Dir. Aritz Recalde. Integrantes: Julián Dércoli, Dionela Guidi, Iciar Recalde, Manuel Valenti.
** Lic. en Sociología (UBA). Prof. Sociología (UBA). Mg. Metodología de la investigación (UNLa). Docente universitario (UNLa, UNAJ, IUNMA).

Bibliografía

Galasso, Norberto. (1986). J.J. Hernández Arregui: del peronismo al socialismo. Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional.

Godoy, Juan. Hernández Arregui y la revalorización de la cultura nacional en los procesos de liberación nacional. Agosto de 2013. Disponible en sociologiayliberacion.blogspot

Hernández Arregui, Juan José. (1962). Prólogo a Carpani, Ricardo. (2011). La política en el arte. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente)

Hernández Arregui, Juan José. (1973). ¿Qué es el ser nacional?. Buenos Aires: Plus Ultra

Hernández Arregui, Juan José. (1973c). Imperialismo y cultura. Buenos Aires: Plus Ultra

Hernández Arregui, Juan José. (2004b). La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente)

Hernández Arregui, Juan José. (2004). Nacionalismo y liberación. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).

Hernández Arregui, Juan José. (1973b). Peronismo y liberación. Buenos Aires: Plus Ultra

Piñeiro Iñíguez, Carlos. (2007). Hernández Arregui. Intelectual peronista. Pensar el nacionalismo popular desde el marxismo. Buenos Aires: Siglo XXI (editora Iberoamericana).



[1] Juan José Hernández Arregui (1912-1974). Comienza su actividad política en Córdoba, en el radicalismo sabattinista. Con el advenimiento del peronismo se suma a este “nuevo” movimiento nacional. Participa de la Resistencia Peronista, y en la década del 60 funda el grupo CONDOR. Doctor en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba, bajo la dirección de Rodolfo Mondolfo. Dicta clases, entre otras, en la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad de Buenos Aires. (Galasso. 1986. Piñeiro Iñíguez, 2007)
[2] Tratamos esta cuestión más profundamente en Godoy, Juan. Hernández Arregui y la revalorización de la cultura nacional en los procesos de liberación nacional. Agosto de 2013. Disponible en sociologiayliberacion.blogspot

viernes, 18 de agosto de 2017

El macrismo no es un golpe de suerte



¿Cómo se explica la victoria de Cambiemos en las elecciones del domingo? Propongo un método bastante empírico para enfrentar el desafío de entender los resultados: consiste en hacer de cuenta que el macrismo gobierna la ciudad de Buenos Aires desde hace una década, que hace dos años sorprendió con su victoria bonaerense y nacional y que, transcurrida la mitad de su mandato, logró revalidarse de manera contundente. Propongo, en suma, olvidarnos por un rato de las memes de Esteban Bullrich, sacudirnos el rechazo instintivo que nos genera la contemplación de la puesta en escena de sus festejos y, por fin, empezar a tomárnoslo en serio.

Los motivos del triunfo, entonces. Como viene ocurriendo, Cambiemos desplegó una campaña profesional que se ajustó a lo que Jaime Durán Barba define como “disciplina estratégica”, es decir que no se apartó de la línea trazada, y que incluyó esfuerzos importantes como la abrumadora blitzkrieg mediática de María Eugenia Vidal de las 48 horas previas a la veda. Sin embargo, hay algo más que una simple habilidad táctica detrás del triunfo del macrismo, que el domingo pasado logró consolidarse como la fuerza más votada a nivel nacional, mejoró su performance respecto del 2015 y derrotó al peronismo en bastiones históricos. ¿Qué tendencias sociales consiguió interpelar? ¿Qué entendió Macri de la Argentina?

En primer lugar, el Gobierno identificó temas que venían generando una creciente preocupación social y sobre los cuales el kirchnerismo no había elaborado una política concluyente, entre los que se destaca el del narcotráfico. Por supuesto que el abordaje demagógico elegido no logrará resolverlo e incluso es probable que, como ha ocurrido con otros líderes latinoamericanos punitivistas, en algún momento se le vuelva en contra. Por el momento, sin embargo, alcanza con nombrarlo: no hace falta llevar años invertidos en sesiones lacanianas de veinte minutos para entender el alivio profundo que produce el mero hecho de poner en palabras un problema, de nombrar lo que hasta el momento permanecía callado.

La política exige muchas cosas, entre ellas la capacidad de detectar las angustias sociales: el narcotráfico puede parecer extraño para quienes nos relacionamos con la droga a través de una maceta y vivimos en barrios alejados de la densa trama de relaciones entre capos, transas y soldaditos, pero aparece como una amenaza cotidiana, casi existencial, para quienes se ven obligados a convivir con él todos los días. La línea antimafia que subraya Vidal, presentada como una cruzada contra los poderes oscuros de la provincia, y las diversas declinaciones del giro punitivista oficial, son la respuesta –insisto: equivocada y peligrosa– a este problema.

Pero hay algo más que la puntería programática detrás de la victoria oficialista en las PASO. Cambiemos, ya lo hemos señado, expresa una nueva derecha: democrática, dispuesta a marcar diferencias económicas con la derecha noventista, y socialmente no inclusiva pero sí compasiva. Para transmitir con eficacia esta idea fuerte, el macrismo se apoya en dos pilares. El primero es la decisión de prolongar el generoso entramado de políticas sociales construido por el kirchnerismo: Asignación Universal, jubilaciones, incluso las cooperativas del Argentina Trabaja, que en su momento había denunciado como un foco de clientelismo y corrupción. El segundo es su gestión en la Ciudad de Buenos Aires: como durante sus dos mandatos como jefe de gobierno Macri no rompió el consenso en torno a la universalidad de los servicios públicos (no privatizó las escuelas ni los hospitales y no les prohibió a los bonaerenses, ni siquiera a los paraguayos, atenderse en ellos), pudo construir la imagen de una administración eficiente y moderada, que además produjo una mejora importante del transporte público y que volcó recursos tanto al espacio público de parques y plazas como a la oferta cultural orientada a  clase media.

Esto no implica, aclaremos nuevamente, una evaluación positiva de su performance al frente del gobierno de ciudad, sino apenas reconocer que si se hubiera comportado de otro modo probablemente no hubiera ganado todas las elecciones porteñas desde 2007 y quizás tampoco la Presidencia. Porque el espejo de esta caracterización sosegada del macrismo es el agitado paisaje de trazo grueso que durante demasiado tiempo quiso pintar el kirchnerismo: la consigna “Macri basura/vos sos la dictadura”, en particular, reflejaba la incapacidad para comprender la verdadera naturaleza de la criatura política que tenía enfrente.

Y en este sentido cabe preguntarse también si la insistencia en equiparar al macrismo con el menemismo noventista no resulta a esta altura igualmente estéril: aunque su programa macroeconómico de metas de inflación, altas tasas de interés y bicicleta financiera se alinea claramente con la ortodoxia, la decisión de no recortar el gasto público ni recurrir al despido masivo de empleados estatales, junto a la promesa de no reprivatizar las empresas públicas (ni siquiera aquellas que, como Aerolíneas, generan pérdidas), marca un contraste con los 90. El de Macri es un neoliberalismo desregulador, aperturista, anti-industrialista y, por supuesto, socialmente regresivo, pero no privatizador ni anti-estatista. Quizás esto explique por qué, pese al deterioro ostensible de la situación socioeconómica, un sector importante de la sociedad cree en la promesa oficial de que las cosas mejorarán pronto.

Sucede que el neoliberalismo macrista incluye también una propuesta de justicia, sintetizada en la perspectiva de igualdad de oportunidades, la única referencia más o menos abstracta que el presidente se atreve a incluir en sus discursos. A menudo acompañada por exhortaciones a recuperar la “cultura del trabajo” y evitar “los atajos y las avivadas”, la igualdad de oportunidades es la respuesta que filósofos liberales notables, como John Rawls y Amartya Sen, han encontrado a las dificultades para congeniar igualdad y libertad en las sociedades contemporáneas. Aterrizada en la Argentina de hoy, la perspectiva encarna en el trabajador meritocrático, el verdadero sujeto social de esta nueva batalla cultural, y sintoniza con la tradición inmigrante que es parte constitutiva de nuestra cultura política: la idea de progreso en base al esfuerzo individual (a lo sumo familiar) que le permite al que llegó con una mano atrás y otra adelante progresar hasta ascender al mundo alfombrado de la clase media: el mito de “mi hijo el dotor”.

Antes de que lluevan los tomates, aclaremos: que el oficialismo formule este discurso no implica que la gestión concreta de su gobierno lo esté llevando a la práctica ni que sus principales dirigentes sean ejemplos de self-made men: el del macrismo es un caso asombroso de herederos meritócratas. Pero el objetivo de esta nota no es denunciar la simulación de Cambiemos ni desnudar la oscuridad de su alma verdadera sino entender por qué sus propuestas resultan convincentes, indagar los motivos profundos de su eficacia, entender por qué funciona.

El macrismo ha logrado expresar también ciertas marcas de la época. Sus apelaciones a los valores pos-materiales, aquellos que van más allá de las necesidades cotidianas de supervivencia, resultan seductoras para las clases medias acomodadas en un contexto de hipersegmentación social, en donde los sectores más privilegiados llevan una vida más parecida a la de sus pares sociales de Nueva York o París que a los sufridos compatriotas que viven en el Conurbano, a un colectivo de distancia. Esto se verifica en las vagas tonalidades ambientalistas del slogan “ciudad verde”, en la importancia atribuida al cuidado de uno mismo (expresada en la retórica new age, las bicisendas, las ferias de comida saludable) y en una revalorización de la cotidianeidad frente al sacrificio totalizante que exigía la militancia kirchnerista (Macri insiste con que sus funcionarios deben volver a casa antes de que anochezca a cenar en familia). Todos estos aspectos, fomentados por una gestión multi-target que se segmenta en sectores tan específicos como la secta de los runners, los reclamos éticos de los veganos y las demandas insondables de los amantes de mascotas, terminan de completar la idea del macrismo como una fuerza política moderna y cosmopolita, a la altura de los tiempos.

Por último, Cambiemos se presenta como una renovación modernizante de la política. Sin entrar una vez más en discusiones acerca de la realidad concreta de sus acciones (la manipulación del escrutinio bonaerense desmiente este supuesto higienismo), señalemos que, auto-reivindicado como el primer partido político del siglo XXI, el macrismo se proclama como un paso adelante respecto de los vicios y las mañas de las agrupaciones tradicionales. 

Más pendiente de la época que de la épica, el oficialismo defiende una visión anti-heroica de los asuntos públicos, una reivindicación de la normalidad cuya gran escenificación es el timbreo. Concebido como un contacto directo entre el funcionario y las personas, el timbreo es espontáneo, informal, casi diríamos puro, en contraste con la forma favorita del populismo: el acto de masas y toda su parafernalia de organización, traslado, protocolo de oradores y largas negociaciones previas por los lugares en el palco. Decisivamente, el timbreo permite desplazar el eje del ciudadano al vecino. Aunque quien pulse el timbre sea un funcionario nacional, incluso un ministro, la gobernadora o el mismísimo presidente, la política se hace, en un pase de manos mágico, local: el mensaje es que son los problemas inmediatos y cotidianos los que realmente importan, los que el político, como muestran las fotos que luego circulan por los medios, se acerca a escuchar.

El efecto es individualizante. Lejos de las asambleas, las movilizaciones o cualquier otra forma de apelación colectiva, el timbreo es la operación ideal de la política macrista porque sintoniza con su concepción de la sociedad como una agregación de individualidades. Al limitarse a un contacto bilateral funcionario-vecino, el timbreo apunta a la particularidad de cada persona: la singularidad de su problema concreto prevalece sobre su condición de clase o filiación política, que es lo que al fin y al cabo lo que hermana a los individuos en una identidad común y lo que, en última instancia, los construye como iguales.

Rebobinemos antes de concluir. La amplia victoria oficialista en las PASO se explica por sus dotes de campaña pero también por el hecho de que expresa una alternativa política capaz de conectar con amplios sectores sociales. El macrismo no es, por recurrir a la fórmula de Ricardo Forster, una anomalía, un accidente o un golpe de suerte; es una fuerza potente que se encuentra en el trance de construir una nueva hegemonía. Los resultados socialmente negativos de sus políticas, el fondo individualista que late detrás de sus decisiones, la concepción liberal de justicia sobre la que sostiene su discurso lo empujan sin remedio a la derecha del cuadrante ideológico, pero es una derecha democrática y renovada, que hasta el momento estaba ausente de nuestra escena política. Esa es la gran novedad, la noticia que la oposición debería registrar si de verdad desea ganarle en octubre.

* Director de Le Monde Diplomatique, Edición Cono Sur


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