lunes, 2 de octubre de 2017

TECNOLOGÍA CONVENIENTE, TECNOLOGÍA DE LIBERACIÓN

JORGE ZACCAGNINI – HUMBERTO PODETTI - Septiembre 2017


El trabajo es un derecho inherente a la condición humana y el camino para alcanzar la plena dignidad de mujeres y hombres.
 “No hablamos sólo del trabajo manual o del trabajo con la tierra, sino de cualquier actividad que implique alguna transformación de lo existente, desde la elaboración de un informe social hasta el diseño de un desarrollo tecnológico.” (Papa Francisco – LaudatoSI #125)
El capitalismo ha reducido al trabajo y al trabajador a la categoría de un insumo más. Una materia prima a la que denomina como “recurso humano”, que corre la misma suerte que cualquier otra cuando los números no cierran y las ganancias dejan de ser tales.
Esta concepción ha llevado a la Humanidad a un punto límite, en el que una creciente proporción de la población mundial es expulsada del sistema productivo y condenada al hambre y a la indignidad. Y se trata de una expulsión definitiva: el paradigma tecno económico del “libre” comercio se propone reducir de modo constante los puestos de trabajo.

LA DESAPARICIÓN DEL TRABAJO COMO INDICIO DEL CARÁCTER TERMINAL DE LA CRISIS GLOBAL
Una de las características de la crisis global es precisamente la proposición del fin del trabajo humano, mediante el reemplazo de las personas en todos los ámbitos donde se requiere trabajo por artificios y artefactos, con el argumento de que reducen los costos de producción y minimizan los “problemas” que significa tener que “lidiar” con “recursos humanos” que reclaman derechos, tienen problemas personales y constituyen un obstáculo en el camino hacia el “mundo feliz” que ya en 1932 anunciaba sombríamente Aldous Husley.
El proceso de reconversión tecnológica que tiene como objetivo la disminución/eliminación del trabajo no es nuevo. Lo reconocemos en la aceleración de los ritmos en líneas de montaje, que tan magistralmente parodiaba Chaplin en su genial película Tiempos Modernos, a principios del siglo pasado. También en la reingeniería de los procesos productivos y de gestión, de la mano de las tecnologías digitales e informáticas. La apuesta que los centros de poder realizan hoy para posibilitar que la robótica reemplace al trabajo no sólo en los procesos productivos sino también en las actividades domésticas, significan una nueva y quizás definitiva vuelta de tuerca a este sistemático ataque al derecho al trabajo.
La proposición se presenta como un avance significativo para la sociedad humana, completada con el reemplazo del salario como retribución a la contribución física o intelectual de las personas por una asignación automática ‘para todos’ a partir de alcanzar la edad laboral y sin contraprestación alguna. Este sistema, que pretende reducir a las personas en consumidores sin ninguna otra función económica o social, ya se está ensayando en algunas grandes ciudades e inclusive ha sido propuesto para algunas naciones, como los programas piloto de “ingreso universal” que están implementando Finlandia y Canadá. En nuestro país, el economista Levy Yeyati encuentra en las páginas del diario La Nación y en el apoyo de algunos funcionarios nacionales, una inmejorable oportunidad de desembarco de este Caballo de Troya que esconde en sus entrañas la destrucción del trabajo y, consecuentemente, la pérdida de la dignidad que el trabajo brinda.
De este modo, el sistema económico/político global del ‘Consenso’ de Washington (comercio “libre” + “democracia” representativa), encarnado en el “partido” de Davos, se ha asumido como el burro al que el dueño le enseñó a vivir sin comer. Y frente a la gravedad de su crisis –que ha comenzado a disolver la asociación grandes corporaciones/estados centrales- ha cedido la orientación general del “partido” de Davos al Consenso de Beijing (comercio “libre” + dictadura).

La búsqueda del fin del trabajo humano como actividad que provee dignidad y sentido a las personas es bastante antigua. La esclavitud fue uno de los esfuerzos más importantes. El precio de las personas sometidas a esclavitud surgido del “libre” juego de la oferta y la demanda en el mercado fue también en su tiempo una de las “conquistas” del progreso. La resistencia de los pueblos a la esclavitud terminó por erradicarla al menos formalmente. El episodio más significativo en esa lucha ocurrió en América. La rebelión independentista de los esclavos haitianos, iniciada por un sacerdote vudú –religión mezcla de cultos africanos y cristianismo que predica la igualdad entre las personas- algunos años antes de la Revolución Francesa y la posterior derrota del ejército de Napoleón, originaron la célebre paradoja del amo y el esclavo en Hegel y sus discípulos. Y la esclavitud, después de aquel hito y muchos años de lucha, terminó por ser eliminada de las Constituciones esclavistas, como la de EEUU, y de las declaraciones cínicas como la de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de la Revolución Francesa, que había mantenido vigente el CodeNoire precisamente en razón de la revolución haitiana. Haití sigue pagando en nuestros días el precio de su osadía.
Luego se buscaron nuevas formas de esclavitud encubierta o disimulada. El trabajo semiesclavo fue una de esos formas. Por fin se produjo la conversión del trabajo en una mercancía ofrecida en el mercado y cuya retribución surgía del “libre juego” de la oferta y la demanda. La cosificación del trabajo incluyó el de cosificar a las personas. Las personas se convirtieron en “recursos” al que recurrían las empresas y para los que perseguían y siguen persiguiendo el objetivo de pagar el menor salario posible.
En nuestros días, precisamente el esfuerzo y los ingentes recursos volcados a la eliminación del trabajo constituyen uno de los indicios más claros de la crisis terminal del sistema global, cuya última fase inició el “Consenso” de Washington sucedido, como anticipamos, por un interinato del Consenso de Beijing.

TECHO, TIERRA Y TRABAJO PARA TODOS LOS HABITANTES DEL PLANETA.
En pleno curso de este proceso, Francisco ha propuesto reemplazar el paradigma tecno-económico del sistema global del mercado por un nuevo paradigma: Techo, tierra y trabajo para todos los habitantes del planeta. Su convicción de que es posible seguramente nació en su infancia y adolescencia, porque se desarrolló en la Argentina que alcanzó las mayores proporciones de la historia moderna -bajo cualquier régimen- de habitantes propietarios, habitantes con trabajo digno, habitantes con acceso a la salud y a la educación en todos los grados. También debe recordar la participación de los trabajadores y de las organizaciones de trabajadores, en todos los aspectos de la vida política, económica y social de la Argentina de aquel tiempo, y por ello propone que sean ellos los que proyecten como sacar al mundo de la grave situación en la que se encuentra.

TECNOLOGÍA DEL CAPITALISMO
La tecnología, puesta al servicio del pensamiento capitalista, ha sido y sigue siendo el instrumento de la creciente desaparición de la posibilidad de tener trabajo. Cuando la participación del trabajo humano en los costos era “significativa”, explotaron las condiciones sociales -muchas veces miserables- de países de menor o nulo desarrollo industrial.
Muchos fueron los países que -como el nuestro- se resignaron a esta división global del trabajo y aceptaron a la maquila como un paliativo que posibilitaba un cierto desarrollo y generación de empleo. Pero la aparición de nuevos dispositivos tecnológicos redoblan la apuesta del capitalismo: cada vez es menos necesario buscar mercados de trabajo de menor remuneración. Así, las fábricas automotrices que empleaban miles de empleados en los años ´70 hoy emplean al 10% en sus líneas de producción robotizadas. Y menos aún en un futuro inmediato.

“El paradigma tecnocrático también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política. La economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito, sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano. Las finanzas ahogan a la economía real.” (Papa Francisco – LaudatoSI #107)
Los “avances tecnológicos” siguen la lógica e instrumentan los sistemas de producción de acuerdo al pensamiento capitalista. No pudieron escapar a esa lógica, ni las izquierdas europeas ni el capitalismo de estado que instalaron los soviéticos.

EN EL CORAZÓN DE LA DEPENDENCIA
Cuando consideramos que la tecnología “4G” es un avance sobre la “3G” en materia de comunicación, cuando nos asombramos porque nos enteramos que -en algún lugar- han desarrollado una maquinaria robotizada capaz de cosechar, clasificar y empacar 100 hectáreas de soja en un día sin intervención humana, cuando nos preocupamos -y escribimos informes como éste- porque día a día se crean nuevos dispositivos que reemplazan más y más al trabajo humano, cuando sentimos que la lógica capitalista no va a parar hasta que los “recursos humanos” de sus planillas Excel lleguen a costo cero, estamos aceptando que el único sentido posible del desarrollo de los dispositivos que la humanidad utiliza para la producción de bienes y servicios, está determinado por el objetivo capitalista de maximizar ganancias.
La especialización propia de la tecnología implica una gran dificultad para mirar el conjunto. Una ciencia que pretenda ofrecer soluciones a los grandes asuntos, necesariamente debería sumar todo lo que ha generado el conocimiento en las demás áreas del saber, incluyendo la filosofía y la ética social. La vida pasa a ser un abandonarse a las circunstancias condicionadas por la técnica, entendida como el principal recurso para interpretar la existencia. (Papa Francisco – LaudatoSI #110)
La “tecnología de avanzada” que importamos -y también la que fabricamos- siguiendo las decisiones e imposiciones de los poderes dominantes, nos incorpora a una carrera eterna tras una zanahoria inalcanzable. Una carrera que se renueva constantemente, gracias a los recursos con los que los consumidores de dependencia tecnológica -disfrazada de progreso- financiamos el desarrollo de la zanahoria siguiente.
Pero eso no es lo peor: lo más terrible es hacia dónde conduce esa carrera sin sentido. Como fruto de la aplicación secular de lógica capitalista, pueblos enteros se encuentran hoy viviendo en condiciones inaceptables. Es una marea de pobreza e indignidad que ha llegado, incluso, a los países supuestamente beneficiados por este obsoleto e ineficiente sistema. El capitalismo ha agotado su capacidad de producir y distribuir equitativamente la riqueza. Si es que alguna vez la ha tenido.
“Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas. Se pretende legitimar así el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni siquiera contener los residuos de semejante consumo.” (Papa Francisco – LaudatoSI #50)
“Hay que reconocer que los objetos producto de la técnica no son neutros, porque crean un entramado que termina condicionando los estilos de vida y orientan las posibilidades sociales en la línea de los intereses de determinados grupos de poder.” (Papa Francisco – LaudatoSI #107)

LATINOAMÉRICA ES NUESTRO CONTINENTE Y NUESTRO FUTURO
Miremos nuestra Latinoamérica con ojos latinoamericanos. Hagamos un balance simple sobre su situación actual y sus posibilidades.
En una superficie de algo más de 19 millones de kilómetros cuadrados vivimos alrededor de 625 millones de compatriotas latinoamericanos: una densidad de población que es un tercio menor a la de Europa y siete veces menor que la de Asia. Contamos con recursos naturales que generan la admiración de todos y despierta la codicia de muchos. Podemos proveer una vida digna para todos nuestros habitantes y para muchos más. Sufrimos la barbarie de no poder utilizar, en nuestro propio beneficio, la enorme capacidad de conocimiento y acción de nuestros compatriotas.  Somos víctimas de la creciente desocupación e injusticia social a la que el capitalismo está llevado al planeta.
Los pueblos en vías de desarrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biosfera, siguen alimentando el desarrollo de los países más ricos a costa de su presente y de su futuro. La tierra de los pobres del Sur es rica y poco contaminada, pero el acceso a la propiedad de los bienes y recursos para satisfacer sus necesidades vitales les está vedado por un sistema de relaciones comerciales y de propiedad estructuralmente perverso. (Papa Francisco – LaudatoSI #52)

“TECNOLOGÍA DE AVANZADA” VERSUS “TECNOLOGÍA CONVENIENTE”
El ingeniero Edgardo Galli es un tecnólogo argentino que, desde hace muchos años, ha sido maestro de muchos -entre ellos nosotros- y un generador de conceptos que ayudan a mirar a la tecnología con nuestros propios ojos. Galli define a la tecnología como “la inteligencia, el conocimiento, la creatividad, la habilidad y el arte que la Humanidad utiliza para pensar, diseñar, construir, utilizar y perfeccionar o desechar artefactos y artificios”. Es una definición amplia e inclusiva, que resignifica un concepto primordial que el consumismo ha bastardeado significativamente.
La tecnología del capitalismo es una de los principales motores del agotamiento del sistema imperante. “Tecnología de avanzada” es el eufemismo que describe el acto de subirse a un tren que marcha a toda velocidad hacia el precipicio. Es necesario retomar nuestro propio concepto de desarrollo tecnológico y terminar con la aceptación pasiva de los desarrollos tecnológicos que consolidan el globalismo dependiente.
Entre los componentes sociales del cambio global se incluyen los efectos laborales de algunas innovaciones tecnológicas, la exclusión social, la inequidad en la disponibilidad y el consumo de energía y de otros servicios, la fragmentación social, el crecimiento de la violencia y el surgimiento de nuevas formas de agresividad social, el narcotráfico y el consumo creciente de drogas entre los más jóvenes, la pérdida de identidad…Algunos de estos signos son al mismo tiempo síntomas de una verdadera degradación social, de una silenciosa ruptura de los lazos de integración y de comunión social. (Papa Francisco – LaudatoSI #46)
En contraposición a la promocionada idea consumista de la “tecnología de avanzada”,  Galli propone la Tecnología Conveniente, un concepto que constituye una herramienta conceptual formidable.  La define como “una tecnología de cualquier grado de complejidad y escala, producida en el país o adquirida en el exterior, protegiendo en este último caso los intereses nacionales, que tiene como misión mejorar la calidad de vida de la sociedad y respetar a la Naturaleza“.
La idea de tecnología conveniente incorpora la consideración ética y el compromiso social a las decisiones sobre el uso y el desarrollo de tecnologías. Permite convertir la lógica imperante en la organización de la producción, e imaginar un sistema continental de generación de bienes y servicios que cuide la casa común, que preserve el derecho al trabajo y eleve la calidad de vida de nuestros pueblos a través de una justa retribución, por encima de cualquier otra consideración.

¿Esto significa rechazar toda tecnología que no provenga de nuestra propia creación? Por supuesto que no. Significa recuperar la capacidad de elegir soberanamente aquellos aportes que contribuyan a sostener el respeto por la naturaleza y el modelo de sociedad que construyamos entre todos los latinoamericanos.
¿Que los intereses locales atados a la dependencia no nos permitirán apartarnos del camino suicida que transita el capitalismo globalizado? Los que así piensan deberían enterarse que en nuestros países somos muchos los que creemos posible volver a izar, triunfantes, las banderas de soberanía política, justicia social e independencia económica.
¿Que seremos castigados retaceándonos el crédito y las inversiones que se necesitan? En las manos, los conocimientos y la voluntad de lucha de nuestros pueblos encontraremos lo que necesitemos para construir lo que nos propongamos. Podemos hacerlo. Tenemos con qué.

 NO SE TRATA DE UN SUEÑO INALCANZABLE EN NUESTRO TIEMPO
Hay muchas respuestas teóricas posibles. Pero ya hay una respuesta práctica, colectiva y universal: los excluidos de la sociedad por el sistema global han decidido que el proyecto es plenamente realizable. A partir de la convicción que el trabajo ofrecido por el mercado seguirá reduciéndose cada vez más, han resuelto afirmar en primer lugar su carácter de trabajadores, como constituyente esencial de la persona humana, han iniciado la creación de nuevas formas de trabajo y han elegido como forma de organización política, social y económica, el gremio, tal como se ha desarrollado en Argentina, desde 1945. Primero pareció una respuesta americana, semejante a la del 17 de octubre de 1945 –el pueblo auto proclamándose sujeto y actor de la historia en tanto pueblo- pero poco a poco fue advirtiéndose que se estaba produciendo simultáneamente en todos los rincones del globo. Millones de personas en todo el mundo, desde las periferias más profundas de la humanidad, desde el subsuelo de sus patrias o de las patrias a las que debieron emigrar, han comenzado a construir una nueva economía, que ellos mismos bautizaron como economía popular, cuyo propósito central es auto generar trabajo.
El encuentro de ese proceso con Francisco fue casi inmediato. Se realizaron las reuniones en Roma y en Santa Cruz de la Sierra. Pero enseguida comenzaron en África, en Estados Unidos, en Asia y también en Europa. La última ha sido precisamente en EEUU y fueron dos argentinos los que marcaron la orientación y el sentido: el Papa y uno de los dirigentes de la CTEP, que llevó la experiencia argentina y la expresión de la mayor conciencia organizativa: la unidad de todos los trabajadores en torno a la CGT, es decir en torno al trabajo y a la calidad de trabajadores. En la segunda reunión en Roma, en noviembre de 2016, se presentaron las Propuestas de Acción Transformadora que asumimos los Movimientos Populares del Mundo en diálogo con el Papa Francisco. Constituyen la base de un Consenso de los Pueblos, tan opuesto al Consenso de Washington como al Consenso de Beijing.
En la cuarta de esas Propuestas, los Movimientos Populares han propuesto al mundo: En la perspectiva de una reforma laboral justa que garantice el acceso pleno al trabajo digno, proponemos implementar un salario social universal para todos los trabajadores ya sean del sector público, privado o popular.
Se trata, entonces, de reconocer el carácter de trabajo a toda actividad humana que “implique alguna transformación de lo existente” y de trabajadores a toda mujer y a todo hombre que la desarrolle. Y simultáneamente que el trabajo debe ser retribuido por el salario como contraprestación digna y justa de la contribución física o intelectual de las personas a la sociedad.
Frente a la proposición y a la acción del fin del trabajo de un sistema global fracturado y debilitado -aunque no por eso menos dispuesto a dar batalla para construir un período aún más obscuro para la humanidad-, se alza la experiencia y la conciencia de los trabajadores argentinos, liderados por la CGT, inspiradoras de un movimiento global.
En la actual realidad social mundial, más allá de los intereses limitados de las empresas y de una cuestionable racionalidad económica, es necesario que «se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos»  (Papa Francisco – LaudatoSI #127)



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