martes, 27 de julio de 2021

Juan Carlos Del Bello, el hacedor de instituciones de ciencia, tecnología y educación superior de la Argentina

 Reseña realizada por el vicerrector de la Sede Andina, Dr. Diego Aguiar


 Juan Carlos Del Bello es una de las personas que más aportes ha realizado a la gestación y modernización de las políticas y la institucionalidad de la ciencia, la tecnología, y el sistema universitario de Argentina en los últimos 30 años.

De los muchos cargos que tuvo se destaca que fue creador de la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) de la Argentina y su primer secretario (1993-1996). Allí, entre otras cosas, en 1995 fue autor de la Ley de Educación Superior (LES), que rige para las universidades nacionales y privadas hasta el día de hoy. En el marco de esa Ley, Del Bello impulsó la creación de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU). Su misión es mejorar la calidad de las carreras e instituciones universitarias que operan en el sistema universitario argentino. Hoy en día es una institución central para certificar la calidad de la educación superior. Desde la SPU creó el Programa de Incentivo a los Docentes Investigadores para aumentar la investigación y desarrollar una carrera académica integral (docencia junto a investigación y extensión) en las universidades. Hoy hay más de 25.000 docentes incentivados en las universidades del país. Además, durante su mandato en la SPU apoyó la creación de universidades nacionales, se amplió la autonomía y autarquía de las universidades, se creó el Fondo para el Mejoramiento de la Calidad (FOMEC) y el Sistema de Información Universitaria.

Luego, en 1996 fue Secretario de la Secretaría de Ciencia y Técnica (SECyT) donde creó la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT). La principal institución de promoción de la ciencia, la tecnología y la innovación del país, conformada por dos fondos. Allí reubicó al Fondo Tecnológico Argentino (FONTAR) (que había creado en el Ministerio de Economía) y lanzó instrumentos para fomentar la innovación y la transferencia hacia el sector productivo, como créditos fiscales y aportes no reembolsables.  Además, creó el Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (FONCYT), donde se destacó la creación del instrumento Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica (PICT), (cuyos montos eran 25 veces más altos que los del CONICET), desde aquellos años hasta hoy es el principal instrumento de promoción de la ciencia de los grupos de excelencia del país, donde también se han formado miles de becarios doctorales. En 1998 realizó el primer Plan Plurianual de Ciencia y Tecnología de la democracia y se instauró desde ese momento como práctica regular de la SECyT y luego del MINCyT. Además, durante esos años puso en funcionamiento la Ley 23.877 de Promoción y Fomento de Innovación Tecnológica. En esos años Del Bello comenzó a negociar los préstamos del BID radicados en la SECyT para promocionar la ciencia, la tecnología y la innovación (luego se replicarían en el MINCyT). Esos créditos han tenido continuidad hasta la actualidad. En 1996 fue interventor del CONICET, allí democratizó la elección de los cuatro miembros del Directorio de las cuatro grandes áreas del conocimiento e incluyó representantes del agro, de la industria, de las universidades y de las provincias (esa forma de gobernanza continúa hasta hoy).    

Finalmente, en el año 2007 formuló el proyecto institucional de creación de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), de la cual fue rector organizador y luego rector electo por tres períodos. Quizás el desafío más importante de su carrera, y en el que utilizó sus capacidades y la experiencia acumuladas durante décadas. Hoy dicha institución cuenta con 10.000 estudiantes, 1.700 empleados, más de 54 carreras de grado donde la mayoría de los estudiantes son primera generación de universitarios, 17 carreras de posgrado (incluyendo 2 doctorados). Las carreras se despliegan en 3 Sedes, 9 ciudades y los órganos colegiados incluyen a representantes de diversas instituciones de la provincia de Río Negro. A nivel investigación cuenta con 19 institutos, centros y laboratorios de investigación (incluyendo 3 unidades ejecutoras de doble dependencia y un Centro de Investigaciones y Transferencia de Río Negro con el CONICET, y una unidad integrada con el INTA). En el año 2020 quedó ubicada en el puesto 9 en el ranking de productividad de la investigación de Scimago entre las universidades de la Argentina. La UNRN fue su último sueño y al que le dedicó más tiempo (14 años).

En síntesis, en su paso por la función pública fue notoria su capacidad de trabajo, la ejecutividad y la vocación transformadora en pos de modernizar tanto las instituciones como las políticas públicas. Buscó desde sus cargos mejorar la calidad de la ciencia y que esta esté al servicio del desarrollo tecno-productivo y social del país. Impulsó instrumentos de políticas para alcanzar parámetros de excelencia académica, pero no se conformaba con la torre de marfil de la ciencia, por eso diseñó instrumentos de política y modelos de gobernanza para fomentar la transferencia, la extensión, la innovación y el desarrollo. También persiguió que existiera mayor coherencia entre las instituciones del complejo de ciencia, tecnología y educación superior con los ministerios sectoriales. Y allí para él el papel de planificación del Estado era central y estratégico, al igual que la articulación con el sector productivo para solucionar los grandes problemas del país y de cada región. Respetó los aportes de todas las áreas del conocimiento a la solución de los grandes desafíos de la Argentina. Buscó siempre la articulación y la sinergia entre la función de docencia y la de investigación/transferencia/extensión. Otro de los rasgos de su paso por esas instituciones fue la consulta a los especialistas (sin importar su ideología) y la argumentación (siempre con gran pasión) fundada en datos y estudios. También desde sus cargos tuvo una mirada federal (quizás por su carácter patagónico, se crió en General Roca, Río Negro), contemplando las particularidades de cada territorio; y buscando desconcentrar los recursos humanos y las instituciones de CyT y educación superior en el “interior profundo”, como le gustaba decir a él en la búsqueda de un desarrollo regional equilibrado. En todas esas instituciones se destacó su gran capacidad para conseguir recursos para poder realizar las transformaciones que proyectaba. En un país donde la inercia de la burocracia es tan fuerte, alguien con esta tenacidad y ejecutividad para crear o reformar instituciones le valió en algunos casos resistencias, porque los cambios que impulsaba solían cuestionar el statu quo de algunos grupos. Considero que el paso del tiempo ha demostrado la pertinencia de las innovaciones institucionales que en su momento impulsó. Se ha visto como muchos de los actores que en su momento se opusieron a algunas de sus iniciativas en el ámbito del sistema de educación superior y de CyT (SPU, CONEAU, Programa de Incentivos, ANPCyT) hoy han resignificado las discusiones de antaño y revalorizado el rol de Juan Carlos en la modernización del sistema universitario y de CyT argentino. Resulta innegable que en la actualidad dichos sistemas serían impensables sin ese entramado institucional.  Y esto nos lleva a otro rasgo de él, la mejora continua y el estudio a nivel internacional sobre las buenas prácticas en las instituciones de CyT y de educación superior. Era un estudioso de las políticas y la gestión de la CyT y la educación superior. En esos campos dictó clases en varias carreras de posgrados del país (maestrías y doctorados) y dirigió dos maestrías (Maestría en Ciencia, Tecnología y Sociedad de la UNQ y Maestría en Ciencia, Tecnología e Innovación de la UNRN), escribió artículos, capítulos de libros y realizó trabajos de consultoría (sobre Argentina y otros países de América Latina) y así formó a muchos becarios/as, investigadores/as y expertos/as en esos campos que hoy ocupan cargos en ese tipo de instituciones en todo el país. Muchas de esas personas, entre las cuales me incluyo, contábamos con él para seguir construyendo a través del desarrollo científico y tecnológico un mejor país, con más derechos y más igualdad social. Juan Carlos era fuente de consulta permanente en estos temas, incluso más allá de las fronteras de Argentina, y siempre respondía con lucidez y debatía con pasión.

Seguramente sus ideas innovadoras y los valores vinculados al papel de la ciencia en el desarrollo tecno-productivo y social, y la educación pública y de calidad como mecanismo de ascenso social seguirán en las instituciones y políticas públicas que creó y las personas que formó.

 

 

martes, 20 de julio de 2021

LA SUBSECRETARÍA DE PESCA UN MODELO DEL FRACASO NACIONAL

 Dr. César Augusto Lerena 


Experto en Atlántico Sur y Pesca, ex Secretario de Estado, ex Secretario de Bienestar Social (Ctes) ex Profesor Universidad UNNE y FASTA, Ex Asesor en la H. Cámara de Diputados y en el Senado de la Nación, autor de 26 libros (entre ellos “Atlántico Sur, Malvinas y Reforma Federal Pesquera” 2019 y, en prensa: “Argentina. La Casa Común. La Encíclica Laudato Si’ El Cuidado de la Casa Común. Comentada”, 2021). 

Hacia fines de 2019 se realizaban en el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) unas Jornadas sobre «selectividad y reducción de pesca incidental», donde se escuchó decir que era «un escándalo que tiremos comida al agua que nos deja mal parados ante el mundo». No era un representante de una organización social o medioambiental o un militante opositor al gobierno, era nada menos, que el propio Subsecretario de Pesca Juan Bosch quien expresaba este horror, como si no fuera el principal responsable de la depredación pesquera que ocurría en el mar argentino después de varios años de una lamentable y deficiente tarea y,  en un repudiable sincericidio nos expresaba, que era un escándalo que se descarten cientos de miles de toneladas de proteínas al mar, que podrían alimentar a tres millones de niños y adolescentes diarios y que, desvergonzadamente, admitía, en su doble condición de subsecretario del área y presidente del Consejo Federal Pesquero. Pues bien, de ese Consejo del gobierno saliente participaba -y levantaba la mano en signo de aprobación- el actual subsecretario de Pesca Carlos Liberman y, a poco menos de dos años de gestión todo se ha agravado; porque no solo se siguen descartando proteínas al mar, vital elemento para la formación y desarrollo intelectual de nuestros niños y jóvenes, sino que la pobreza y la indigencia siguen aumentando en la Argentina.
Estos dos funcionarios de distintas corrientes políticas expresaron y expresan una sola política: la de la ineptitud y la irresponsabilidad en el cumplimiento de sus obligaciones públicas y, mientras los trabajadores, empresarios, profesionales e investigadores del sector se esfuerzan, con virtudes y defectos en producir más y mejor desarrollando los pueblos donde se radican, estos burócratas son el ejemplo que aprovechan los prebendarios para denostar al Estado, calificándolo de ineficiente, incapaz y, hasta corrupto, para hacerse, vía concesión o privatización de los recursos, privándole a éste de los medios para sostener los servicios básicos a la población.                   
El ex representante de Santa Cruz y hoy subsecretario Carlos Damián Liberman, que como consejero votó reiteradamente, decisiones que perjudicaron el interés pesquero en general y muy especialmente a los de su Provincia, como surge de las Actas del CFP y, responsable del escaso desarrollo pesquero de esa Provincia en los últimos quince años, sino no fuese por la presencia del imprevisible langostino -cuyos derechos originarios ni siquiera supo defender- mantiene el modelo (¿?) de gestión iniciado en el proceso militar y reafirmado durante el gobierno de Menem. El de la concentración pesquera; la exportación sin valor agregado y la importación de buques; la ausencia de consumo interno y el desempleo y trabajo precarizado. Si este funcionario fuese peronista, diría Evita: «los peronistas tibios, me dan asco». Y habrá otra cantidad importante de argentinos que no son peronistas, y puede no importantes este calificativo, pero no están en el gobierno.        
Ya es bastante absurdo que éste y los anteriores gobiernos mantengan con rango de subsecretaría un área que tiene bajo su responsabilidad administrar (investigar, conservar y distribuir) los recursos pesqueros; ser palanca de desarrollo poblacional e industrial del estratégico litoral marino; está relacionado con la industria naval y la ocupación marítima; su control y defensa y, en un espacio, que está ocupado en un 52% por una potencia extranjera y, que se sostiene, con la sustracción de 250.000 toneladas anuales de recursos migratorios argentinos, además de las capturas igualmente ilegales que realizan buques españoles, chinos, coreanos y taiwaneses con subsidios que facilitan la pesca a distancia. Un Estado ribereño (Argentina) que tiene un PBI marítimo desaprovechado; un sector que exporta el 50% de los recursos que le roban; que pese a tener una Zona Común de Pesca con Uruguay en los puertos de este país hacen su logística los buques extranjeros que pescan ilegalmente en el Atlántico Sur y Malvinas. Pero, si algo falta, ¿qué hace la subsecretaría de pesca en el Ministerio de los granos y la carne? En lugar del de la Producción o Industria o en un Ministerio del Mar, como Francia, que con el 10% de Zona Económica Exclusiva Continental Argentina entiende la importancia del mar y sus recursos. La Pesca no solo es una cuestión productiva, de desarrollo, alimentario y sanitario, es geopolítica y de soberanía nacional. Claro, con funcionarios mediocres, con escritorios y la bandera a sus espaldas, es poco probable que se entienda.
Transcribo dos mensajes inaugurales de dos presidentes en el Congreso de la Nación, que podríamos tener en cuenta a la hora de valorar las capacidades puestas por los citados subsecretarios Bosh y Liberman por igual:
«Para que haya en realidad pobreza cero necesitamos generar trabajo, ampliar la economía, aprovechar los enormes recursos naturales y humanos que tiene la Argentina. Vamos a cuidar los trabajos que hoy existen, pero sobre todo a producir una transformación para que se multipliquen las fuentes de trabajo porque esa es la única forma de que haya prosperidad donde hoy hay una pobreza inaceptable. Los bienes públicos pertenecen al conjunto de los ciudadanos y es inaceptable que un funcionario se apropie de ellos en beneficio propio».
«Adoptar las medidas más urgentes que nos permiten hoy compartir con ustedes la agenda de futuro que tenemos que desarrollar, como comunidad fraterna y solidaria que somos, para construir la transformación que nos proponemos (…) Al mismo tiempo, estamos dejando atrás una política económica centrada en la especulación para volver a poner el foco en el trabajo y la producción. Estamos generando condiciones macroeconómicas sostenibles y acompañamos a los productores en sus proyectos y esfuerzos. La política productiva debe tener una fuerte orientación a impulsar las exportaciones. Tenemos que salir del extractivismo y generar una industrialización de base nacional, PyME y tecnológica, que permita desarrollar una cadena de proveedores en torno a los recursos naturales y otras actividades».
El Primero, el 1 de marzo de 2016 fue pronunciado por Mauricio Macri y, el segundo, el 1 de marzo de 2020 por Alberto Fernández. Aunque opositores, el mensaje parece similar. Me inclino a pensar que los ineptos (véase significado) de Bosch y Liberman por igual, no han cumplido con el mandato presidencial ante los representantes del pueblo argentino.
 A nuestro entender, ambos funcionarios, han sido igualmente incapaces de:


 Asuntos Nacionales

1) No se eliminó o redujo el descarte y la pesca incidental impidiendo la generación de nuevas fuentes de trabajo y contribuir a reducir el hambre cubriendo las necesidades proteicas diarias de tres millones de niños y adolescentes diarios todo el año, con motivo del desembarco, proceso industrial y aprovechamiento de las 300 mil toneladas que se descartan por año, ajustándose a las exigencias de descarte cero que la Unión Europea aplica desde 2014 y la Ley 24.922 exige desde 1998. Se suspendió la utilización de artes de pesca selectivas para facilitar el escape de juveniles, etc.

2) No se evitó la sustitución de las especies desembarcadas, favoreciendo la distorsión de las cuotas asignadas a las empresas y provocando depredación e inequidad en la distribución de las cuotas.
 3)  Como consecuencia de los descartes, depredación y sustitución no se garantizó la sostenibilidad y sustentabilidad del mar argentino para las actividades actuales y las generaciones venideras.  
 4) No se eliminó el trabajo en negro en la actividad industrial por la falta de utilización de sistemas que obliguen a la registración del trabajo.

5) No se aplicó un modelo de administración industrial del recurso para asegurar el trabajo, con motivo -entre otros- del modelo extractivo y la transferencia del esfuerzo pesquero a la captura del langostino y su transformación en terceros países, muchos de ellos consumidores directos.

6) No se aumentó el valor agregado de las exportaciones, ni se evitó la cesión del empleo de mano de obra argentina en el procesamiento del langostino, derivando estos a terceros países consumidores finales o a los que transforman los recursos para éstos. El 65% de las exportaciones son commodities o de bajísimo valor agregado. Se mantiene el mismo modelo extractivo probadamente generador de menor mano de obra e industrialización nacional y de transferencia del trabajo a los importadores.   
 7) No se efectuó un control adecuado de las cuotas y se admitió la venta entre privados de las habilitaciones concesionadas por el Estado, quién se limitó al mero registro. Se aumentó del esfuerzo pesquero con motivo de las reformulaciones de permisos de pesca desde embarcaciones de baja capacidad y bodega a buques de mayor eslora y capacidad pesquera.
 8) No se aumentó el consumo nacional de pescado y por tanto no se mejoró la dieta de los argentinos, la que está entre los más bajos del mundo (6,5 kg per cápita/año) cuando el promedio mundial es del orden de los 20kg. Es decir que los argentinos, consumen menos que los países pobres y que los ricos, con efectos muy negativos, no solo por el bajo valor agregado de las materias primas comercializadas, sino también, porque se pierden de consumir un producto que, por su alta calidad proteica y de sus grasas insaturadas, es solo comparable a la leche materna y, por lo tanto, es un alimento insustituible en el desarrollo y mantenimiento de la salud.

9) Se mantuvo la concentración y extranjerización pesquera, concentrando las exportaciones en unos diez grupos empresarios, que colocan en una situación de desarmonía al conjunto del sector pesquero.
 10) No se aseguró la diversidad de la explotación, el que depende en gran medida de las exportaciones de langostino, un recurso biológicamente imprevisible, que ante una eventual caída de precio o de la captura llevaría al sector a una crisis sin precedentes.

11) No se implementó una política que asegure a las pequeñas y medianas embarcaciones e industrias pesqueras una Unidad Económica Pesquera que pueda garantizar su sustentabilidad económica y social.

12) Cayeron las exportaciones y no se facilitó la exportación y el comercio interno de las pequeñas y medianas empresas para mejorar su sustentabilidad económica y generar mayor valor agregado y empleo y, el valor promedio de las exportaciones en 2020 del complejo pesquero alcanzaron 1.730 millones de dólares (3,2% de las exportaciones totales) y decrecieron 7,1% con respecto a 2019. Del total exportado, crustáceos y moluscos participó con 74,5% (se destacaron los calamares congelados y los camarones y langostinos, enteros y congelados); pescados frescos y congelados participó con 24,0% (mayoritariamente merluza en filetes, merluza negra congelada y merluza congelada); y harinas y conservas participó con 1,6%. Y esto muestra la endeblez del sector dependiente en gran medida del imprevisible recurso langostino.   
13) Se mantiene una política sin federalizar la explotación de los recursos originarios desindustrializando a las provincias del litoral marítimo.

14) Se mantuvo la política de importación de buques pesqueros, de investigación y transporte y se privatizó un recurso del Estado Nacional o Provincial en su caso en evidente perjuicio de la industria pública y privada argentina, con la consecuente pérdida de mano de obra y sin la rápida y adecuada renovación de la flota obsoleta, cuyas consecuencias trágicas son conocidas. Los españoles importan buques y llevan materias primas ilegalmente del mar argentino. El mantenimiento del DNU 145 del gobierno de Macri, permitió poner en garantía para la construcción de buques los permisos y/o cuotas de pesca, cuyo titular es el Estado y, éstos meras concesiones para habilitar a la pesca. No se ha promovido la acción de la justicia penal.
 
15) No se actuó sobre las empresas que abandonaron los buques pesqueros en los puertos dificultando la operatividad en los mismos, tal es el grave caso del puerto de Mar del Plata.
 16) No se intervino en la promoción de la construcción y/o ampliación y/o mejora de los puertos para facilitar la operación de los buques pesqueros.

17) Se mantuvo con escasa actividad los buques de investigación del INIDEP a pesar de realizarse la construcción en el extranjero de buques destinados a esta tarea. No se realizan investigaciones en alta mar destinadas a demostrar la depredación que están realizando al ecosistema los buques extranjeros que pescan ilegalmente ni a determinar el origen de las especies migratorias que realizan su ciclo vital principal en la Zona Económica Exclusiva Argentina.

18) No se intervino en la integración Paraná-Río de la Plata-Atlántico Sur para mejorar la eficiencia e integración territorial marina. 

19) No se efectuó un seguimiento en forma continua de todos los proyectos de inversión, radicación industrial, agregado de valor y ocupación de mano de obra etc. a las empresas concesionarias de cuotas y autorizaciones de captura.
 
20) Nada se ha hecho en materia de acuicultura a pesar de que en el mundo de la producción total de pescados, moluscos y crustáceos alcanza a unos 167 millones de toneladas y que de éstas un 44% son de origen en acuicultura (73,8 millones) en la Argentina la producción total anual llegó en 2019 a las 2.592 toneladas, es decir un 0,0039% a nivel mundial y un 0,0843% en Latinoamérica. Si relacionamos los desembarques totales de capturas marítimas en 2019 (781.327 toneladas) con la acuicultura en la Argentina esta representa el 0,33% cuando debería representar el 44% mundial, es decir un volumen del orden de las 343.784 toneladas, que permitirían duplicar el empleo pesquero, el consumo y la exportación nacional.            
  
21) No se tomaron las medidas adecuadas -entre otras considerar esenciales a los trabajadores de la pesca- para evitar la contaminación por COVID-19, la enfermedad y muerte. Amén de las graves dificultades operativas que la enfermedad y ausentismo provoca en la actividad.     
 
Asuntos Internacionales

22) No se llevó adelante ninguna política de erradicación de la Pesca ilegal (INDNR), implementada por la Unión Europea (Reglamento (CE) No 1005/2008 del Consejo del 29/09/2008) por el que se estableció un sistema prevenir, desalentar y eliminar la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (PESCA INDNR). No se impidió la captura ni se efectuaron los correspondientes acuerdos para evitar la pesca de más de 350 buques extranjeros ilegales en el mar argentino y adyacente que priva a la Argentina de un millón de toneladas anuales de pescados y calamares por un valor estimado de 4 mil millones de dólares anuales que duplican las exportaciones de Argentina. No hubo sanciones a la pesca en Malvinas.
 
23) No se llevó adelante una política de explotación nacional subsidiada de los recursos en la alta mar por parte de los buques argentinos destinada a facilitar la pesca argentina en esa área para contrarrestar la presencia de buques extranjeros en el mar argentino de Malvinas y la alta mar y, facilitar, accesoriamente Acuerdos entre empresas o de Estado-Estado. Esto permitiría duplicar la producción nacional y el empleo y ejercer mayor soberanía territorial y biológica.
 
24)  No se canceló la Comisión Conjunta de Pesca con el Reino Unido y sólo se suspendieron las investigaciones conjuntas.

25) No se hizo valer en el concierto internacional el ejercicio de los derechos soberanos de Argentina en su carácter de carácter de país ribereño, ni se sancionó a todos los buques extranjeros que con o sin licencia ilegal inglesa pescan los recursos argentinos en el Atlántico Sur y Malvinas, violando las Leyes 24.922, la 26.386 y la 27.564, en un evidente incumplimiento de deberes de funcionario público y un daño gravísimo al patrimonio nacional.

26) No se concretaron nuevos Acuerdos con Uruguay que dificulten las operaciones ilegales de buques extranjeros en el Atlántico Sur y posibiliten una integración rioplatense para defensa del Atlántico Sur y, por el contrario, se ignoró la utilización de los puertos uruguayos por parte de buques extranjeros ilegales.
 27) No se promovió la derogación del Acuerdo de Madrid I y II; el Pacto de Foradori-Duncan; el Acuerdos de Nueva York, del Atún y Rector de Puertos que le han permitido al Reino Unido extraer de Malvinas desde 1989 a la fecha 32 mil millones de dólares de productos pesqueros de origen argentino debilitando la posición argentina en el Atlántico Sur, Malvinas e impedir el desarrollo estratégico de la Patagonia y especialmente la provincia de Tierra del Fuego, a cuya jurisdicción pertenecen los archipiélagos, la Antártida y los mares correspondientes. A la par, de facilitar la intervención de Estados de bandera (extranjeros) en la administración de los recursos argentinos en el Atlántico Sur y facilitar al Reino Unido el pretendido e ilegal rol de Estado ribereño, absolutamente violario de la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional.      
 28) No se intervino ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) ni ante los países que subsidian la pesca a distancia (China, España, Japón, Corea del Sur, Rusia, Estados Unidos, Taiwán, Tailandia, Noruega) y, que en el caso específico de la pesca en Malvinas reciben 100 millones de dólares anuales de subsidios.
 
29) No se opone a la iniciativa de declarar Área Marina Protegida al denominado Agujero Azul, que debería limitarse a declarar monumento por ley aparte la reducida área donde descansan los restos de los tripulantes del ARA San Juan y no, restringir la pesca nacional en esa área, mientras que los buques extranjeros no habrán de acatar dicha declaración, creando el gravísimo precedente que seguramente habrá de darle pie al Reino Unido a iguales acciones en perjuicio de la soberanía nacional argentina.      
 
30) Se mantienen las Áreas Marinas Protegidas de Yaganes y Namuncurá en lugar de aplicar los previstos de vedas, reservas, limitaciones, etc. de la Ley 24.922 en un evidente perjuicio a la pesca nacional y por el contrario no ha promovido la instalación de Áreas Marinas Protegidas en los 1,6 millones de km2 en los territorios marino alrededor de Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur mantiene ocupado el Reino Unido.   
 
31) No se generó la necesaria confianza internacional en los organismos nacionales de control y certificación para asegurar la colocación certificada de los productos pesqueros argentinos en el mundo y equilibrar las barreras para-arancelarias que organismos internacionales certificadores ejercen sobre los productos nacionales y los sistemas de explotación. A punto tal que estas empresas extranjeras certifiquen procesos y productos extraídos en forma ilegal en las áreas bajo ocupación del Reino Unido.   
 
En la numerología el 31, que son el número de observaciones que aquí se realizan, simboliza la expresión creativa, sinceridad, confiabilidad, pragmatismo, seguridad, etc. el problema es que a estos funcionarios les faltan y no están presentes.

Los funcionarios públicos van a tener que empezar a rendir cuentas. No sea, que tomemos como cierto los cuentos del pescador mentiroso o apelemos a la multiplicación de los peces, para ser como tantas veces, campeones morales del subdesarrollo. 
La inacción muestra la incapacidad de la Subsecretaría de Pesca y del Consejo Federal Pesquero y, el grave desorden de la administración de la pesquería que deja de manifiesto este gobierno nacional, el anterior y el anterior, per sécula seculorum. 

Algunos funcionarios del sector pesquero, al solo efecto de posicionarse en las propias internas de los partidos gobernantes de turno, suelen referirse a que el sector tuvo un volumen mayor crecimiento que el agrícola, ganadero, minero, etc. Ello, sería desconocer la política extractiva iniciada en la década del 90 y es imposible que la pesca que es un recurso renovablepero agotable, pueda competir con la ganadería que tiene, no solo un alto consumo interno (55kg per cápita/año) al que hay que agregar, que las exportaciones argentinas de carne vacuna acumuladas de abril de 2019 a marzo de 2020 alcanzaron a las 868 mil toneladas por un valor cercano a 3.192 millones de dólares (IPCVA, abril 2020); por su parte, el 37,4% del total de las exportaciones argentinas de 2019 se debió al complejo sojero, maicero y triguero, materias primas que se exportaron por un monto de 24.310 millones de dólares, obviamente muy superior a los U$S 1.730 millones de dólares de la pesca. 

Estos números no desvalorizan la importancia del sector pesquero, pero, referirse a que tenga el mayor crecimiento por sobre otros sectores muy importantes no se ajusta a la realidad y desinforma a funcionarios y lectores desprevenidos. La pesca no es inagotable y si bien puede lograrse un crecimiento, no será posible hacerlo a través de incrementar las capturas en la Zona Económica Exclusiva Argentina, sino mediante una mejor administración del recurso; la eliminación de los descartes; el agregado de valor a las materias primas y, sobre todo, acordar e ir a capturar más allá de las 200 millas.

Finalmente habría que agregar, que siendo en sus orígenes una actividad 100% nacional hoy siete de las diez primeras exportadoras pesqueras son extrajeras; capitales chinos, americanos, españoles, etc. cuyas casas centrales se hacen de las materias primas argentinas que compiten en el mercado internacional con las empresas nacionales. 

Todas tienen en común, que sufren altos impuestos internos; derechos a las exportaciones; falta de financiación a tasas adecuadas para la renovación de la flota en el país; moras en la reposición de reintegros e IVA; altos impuestos al combustible, etc. Y es verdad también, que las empresas exportadoras pesqueras están certificadas en su calidad y sanidad por los organismos técnicos competentes más exigentes del mundo (FDA, Comisión Veterinaria UE, etc.) y aplican Planes HACCP de autocontrol de seguridad alimentaria desde hace más de 20 años. 


Accesoriamente y como muy importante es que la Pesca es una herramienta estratégica para encaminarnos a la recuperación de Malvinas y esto no parecen entenderlo ni el Subsecretario de Pesca Carlos Liberman ni el secretario de Malvinas Daniel Filmus. Ellos también siguen consumiendo no más de 6,5 kg per cápita de pescados por año y con este simple dado es muy poco probable revalorizar el mar y los espacios insulares argentinos.


Este país, que al parecer no reflexiona ni tiene conocimientos económicos, será sin comercio un país desgraciado, esterilizada su feracidad y holgando su industria (Manuel Belgrano).
 

sábado, 17 de julio de 2021

Conurbano

 Por Hugo Flombaum, analista político


Columnista de LaCity.com.ar.

 Cuando se avecinan las elecciones, el conurbano pasa a ser el tema principal de todas las mesas. Por los votos en algunas y por las estadísticas en otras.

Creer que el conurbano es una consecuencia de la economía o de factores sociales es por lo menos una ingenuidad.

Los conurbanos son producto de la incapacidad de la política de generar planes productivos y de educación que generen otra cosa.

El primer y parte del segundo cordón del conurbano bonaerense fueron conformados por la explosión industrial de la posguerra mundial, en los años 50. Fue una ordenada ocupación del territorio de Lanús, primer cordón de La Matanza, Ciudadela, San Martín y el sector de Villa Martelli y Munro de Vicente López. Ya Avellaneda albergaba a industrias frigoríficas y curtiembres.

El segundo albergó por muchos años residencias y quintas de las clases más favorecidas. Quilmes, Lomas de Zamora, Monte Grande, Ezeiza, Castelar, Moreno, Bella Vista, Del Viso y San Isidro. Hoy cuna de barrios cerrados.

Fue en las tres últimas décadas cuando este segundo cordón y el tercero recibieron millones de argentinos y emigrantes de latinoamérica en busca de oportunidades.

Ya no era el trabajo lo que ordenaba la ocupación del territorio sino la búsqueda de éste. Fue la ausencia total de planes de desarrollo lo que generó pobreza y la increíble economía informal que hoy domina el territorio.

De esa situación, desde la llamada formalidad, se ocupan solo dos sectores, los que necesitan de ellos para las elecciones y los estudiosos de la sociología que se ufanan de preocuparse por su situación.

Los primeros usan su inteligencia y sus «estudios» en crear planes y más planes con bonitos nombres. Los segundos en elaborar críticas a esos planes proponiendo otros.

 

Mientras tanto los que habitamos el conurbano partimos de bases diferentes, la primera y la principal es que sabemos que el 90% por lo menos de los que habitamos el territorio somos honestos, trabajadores, emprendedores seriales y la gran mayoría supervivientes del ataque permanente de la supuesta formalidad.

Sabemos que formalizar esa informalidad es un sueño irrealizable de técnicos e intelectuales, esa informalidad alberga a todo tipo de trabajadores en todos los rubros conocidos, desde profesionales, comerciantes, pequeños industriales hasta trabajadores de todos los oficios.

Será la formalidad la que deberá adaptarse a esa «informalidad», que para todos nosotros es la normalidad.

Si sacamos de la estadística a las grandes empresas y al estado, del resto de la economía la supuesta informalidad ocupa más del 70%.

Los comerciantes, monotributistas facturan el 80% fuera de la formalidad, lo mismo los profesionales, los constructores, los plomeros, los electricistas, y los jardineros. Basta de hipocresía, es la formalidad de los pocos la que deberá adaptarse a la formalidad de los millones de informales.

Una formalidad cara e ineficiente, con un estado caro y estafador y con muchas empresas subvencionadas y con bienes de precios caros y de poca calidad.

La situación de los que recorremos este territorio, porque vivimos en él, es de incredulidad cuando los laboratorios de ideas de la city hablan de nuestra situación, lanzan estadísticas, realizan pronósticos de explosiones sociales o peor se quejan de que esas revueltas no suceden.

La realidad es que la economía informal del conurbano avanza, cual ameba, sobre el primer cordón y sobre la ciudad capital. Ya es común ver que las distintas actividades, para poder sobrevivir, recurren a esa informalidad.

El día que asumamos, los que vivimos y nos desarrollamos en esa informalidad, que debemos hacernos cargo de la formalidad porque nos resulta muy cara y molesta sostenerla será el día que comencemos a hablar en serio de la salida a nuestra problemática y podamos decir a gritos que no queremos trabajar para los que no trabajan.

El día que gritemos que, para resolver el problema de los asentamientos urbanos, que son una ínfima minoría en los once millones de habitantes del conurbano, la solución no pasa por urbanizar la miseria sino por la generación de planes productivos sustentables. Porque el trabajo es el ordenador y no los planes gubernamentales.

El día que gritemos que la educación pública debe ser la prioridad absoluta para encarar los planes sociales y para eso debemos tomar el poder de la educación, hoy en manos de sindicatos y técnicos de poca monta, garantizando que ningún docente pueda ganar menos que un director estatal, terminando con la hipocresía de los políticos.

Ese día será el día que nuestro país pueda reordenar su institucionalidad hoy dislocada por esta locura de sostener dos realidades en un mismo espacio y en un mismo tiempo, una formalidad que abarca a los que no trabajan y una informalidad que agrupa a la mayoría de los que generan bienes y servicios.

Por supuesto en cada realidad hay excepciones.

Mientras tanto en el resto del país conviven, también, dos realidades, pero en distintos territorios.

Provincias que van logrando a través de proyectos productivos sustentables un desarrollo equilibrado, la mayoría ligados a la bioeconomía y a la industria del conocimiento. Y otras que sostienen su existencia a través del soborno obtenido por su sobre representación en el parlamento vendiendo sus votos a cambio de partidas de dinero que les permiten vivir del «no trabajo» estatal.

Si la economía del conurbano toma el espacio de poder que tiene y se alinea con la economía de las provincias productivas del interior y controlan la «formalidad» cara, inútil y corrupta del poder nacional renacerá la nación pujante que hace 45 años teníamos.

A nuestro frente no debe haber más peronismo, radicalismo, liberalismo, marxismo, todas rémoras de un pasado previo al universalismo. Hoy la brecha es trabajo y educación o estafa, corrupción y abuso.

 

¡¡ARGENTINOS A LAS COSAS!!

viernes, 16 de julio de 2021

EL JUEGO DE BIDEN FRENTE A RUSIA Y CHINA, NI G7 NI OTAN

 Salvador González Briceño para GEOPOLÍTICA. RU


*La remasterización de la política internacional de la Guerra Fría de Biden, el gran pretexto para retomar el negocio del armamentismo

“Todos estamos viviendo en América…Coca Cola, a veces guerra”: Amerika, Rammstein.

Del “Estados Unidos primero” de Trump, al “Estados Unidos de regreso” de Joe Biden. Ni más ni menos que el regreso del imperio “global” a los escenarios internacionales, luego de una elección tan traumática como fraudulenta y con mucho dinero de por medio.

Sí, de la política de voltear hacia adentro, centrándose en las necesidades propias de una economía nacional urgida de dinamismo, a la política del continuismo de las guerras imperiales propias de las últimas administraciones, de Bush y Obama.

El negocio a la guerra, como la estrategia principal de la dominación imperial. Del proyecto Trump a la ofensiva de Biden. El choque entre poderes fue escenificado entre sendos partidos, el Republicano y el Demócrata, el ardid para expulsar a Trump del poder.

Todo porque al poder real del Deep State le conviene la guerra, y no la paz, bajo la bandera de la “democracia” y la “libertad”; los dos principios fundacionales del Estado “americano” que carecen de todo valor hoy. Y como Trump no quiso guerras, no era negocio. Por ello fue expulsado de la Casa Blanca, por las buenas.

El nuevo presidente Biden estrenó su política de brazos abiertos en su primera salida internacional a la reunión del G7 en Ginebra, lo que ocurrió la tercera semana de junio. Ahí volvió a la política de escarceosen materia político-hegemónica.

Más allá de los intentos de Biden —de buenos deseos que realidades—, la expectativa de los miembros del G7 se centró en la cumbre Biden-Putin.

La reunión se llevó los reflectores. Qué sucedería entre ambos presidentes tras los ataques verbales, donde Biden llamó “asesino” a Putin y éste le reviró recordándole con los crímenes de sus cuerpos policíacos contra ciudadanos desarmados o manos en alto.

POLÍTICA FALLIDA DE BIDEN

Pero mal, cuando intenta remasterizar los escenarios de la Guerra Fría; no obstante, con una de las variantes en su contra: que el intento de regresar a los escenarios del pasado enciende las alarmas en los países enemigos que busca poner en el blanco, como la vieja Unión Soviética, lo convierte tanto a EEUU como al propio Biden en predecible.

Y no ve, no sabe o no le interesa saberse predictivo, como tampoco quedar expuesto o claramente vulnerable. Con todo y eso lo debilite en los escenarios internacionales, ahora muy distintos al periodo de la Guerra Fría. Este asunto parece no importar siquiera a los asesores de seguridad nacional de Biden, o porque tampoco saben cómo dejar atrás el pasado y encarar lo nuevo.

El caso es que ahora, con esa política de neo-Guerra Fría, Biden mete a EE.UU. en la aplicación de viejas políticas —y estratégicas—, para una serie de situaciones nuevas, el mundo nuevo donde EEUU ya es la potencia hegemónica ni el poder unipolar.

Por no tener eso en cuenta o tratar de negar la realidad, es que EE.UU. ha perdido paulatinamente el control y con ello el surgimiento de la multipolaridad donde otros actores están encabezando el contrapeso. Lo que implica, claramente, que otros países disputan la hegemonía y/o el control unipolar.

Como si nadie viera o negara, internamente sobre todo porque el mundo lo tiene claro, que el imperio va en decadencia. Porque EE.UU. no es la potencia que tiene el control de mundo. Lo contrario.

Pero tanto Biden como el poder real, o el poder detrás del poder que es quien pone o quita presidentes, son quienes quieren repetir los escenarios de tensión entre su país y ahora Rusia, como en los viejos tiempos la URSS.

Con tamañas directrices llegó el presidente Biden a la reunión del G7. La oportunidad para un viejo político como el actual presidente, en dejar claro que la ofensiva imperial estadounidense es contra Rusia. Y también contra China, solo que la Guerra Fría no le instruyó en cómo tratar con dos frentes al mismo tiempo.

Porque eso no sucedía en el pasado. Era solo la disputa EE.UU. vs. URSS. China no aparecía en los escenarios internacionales como un peligro; la disputa era entre ambos poderes. China era un país como cualquier otro, frágil y/o fácil de someter como el resto de los países orbitantes en cualquiera de ambos ejes, el capitalista y el socialista.

LA DISPUTA GEOPOLÍTICA

Bueno, pues el solo hecho de que Biden quiera el retorno de los escenarios de la Guerra Fría, en esa suerte de neoguerra fría, y trabaje para ello con el apoyo de su gabinete, los organismos locales e internacionales, las agencias de inteligencia y la diplomacia —entre otros instrumentos de presión—, ya coloca a EE.UU. fuera de lugar y por lo mismo en el centro de las disputas geopolíticas.

Primeramente, porque tanto Rusia (que ya no es la URSS) como China a estas alturas del siglo XXI ya son potencias con capacidad de rivalizar con EE.UU. —ya no es el poder omnipotente de la Guerra Fría—, en los terrenos de cada cual: Rusia en la geopolítica y China en geoeconomía.

Es por eso que Biden se equivoca, al revivir los escenarios de Guerra Fría. Carece de sustento. Bueno, hasta por el solo hecho de que hoy se trata de dos potencias y no una; además con sus planes cada cual y su ejército o armamento para disuadir cualquier acoso. Y EE.UU. lo sabe, Biden pone oídos sordos, o no ve ni quiere.

En seguida, porque no son países aislados, ni entre sí ni con el resto del mundo. Rusia y China han suscrito acuerdos tanto en temas económicos como militares. Y como potencias en auge, encabezan ya la multipolaridad sin cesar, avanzando tanto en sus propios terrenos como para contraponerse a EE.UU.

Tienen que lidiar, por supuesto, con el acoso convertido en amenazas reales por parte de EEUU y sus “aliados occidentales”. Como el acoso a Rusia desde las fronteras europeas y las sanciones económicas constantes a China, inauguradas por Trump, por cierto.

Luego entonces, porque la logística estadounidense, aún con el apoyo de la OTAN —ese monstruo militar que más pronto que tarde terminará en chatarra, precisamente porque es fruto de la Guerra Fría y ya cubrió los fines a que dio lugar desde 1949 a la fecha—, que pasa por obligar a los “socios” hacer aportaciones millonarias para sostenerla, no logrará sus metas.

Ni lo hará. Por eso hemos dicho que Bien se encamina al fracaso. No obstante, la OTAN genera amenazas y provoca movilizaciones y ensayos militares en la frontera enredando a Europa en contra de Rusia. Donde solo gana, claro está, las respuestas de las fuerzas militares rusas.

Además, porque hablando de las guerras ocurren dos escenarios: ni las guerras son ahora al viejo estilo —las dos guerras mundiales fueron ya, dejaron grandes lecciones, pero son asuntos del pasado—, ni EE.UU. podría con dos frentes de guerra, contra Rusia y China. Por lo mismo, ambos países avanzan en alianzas en varios terrenos.

Por lo mismo son cabezas de playa de la multipolaridad. No la multipolaridad estilo “occidental” donde EE.UU. se considera a sí mismo como el principal promotor, cuanto porque se trata de una multipolaridad incluyente a la cual otros países se están incorporando.

Y no precisamente para derrocar al imperio, puesto que el imperio estadounidense caerá por sus propios fueros, como para generar justamente un mundo más incluyente, auténticamente democrático y libre, con un orden internacional donde la sana convivencia entre países se respete.

EL PAÍS CON PIES DE BARRO

Por eso avanza la multipolaridad, provocada tanto por Rusia como por China y otros países “aliados”. Y opciones como la Nueva Ruta de la Seda que generará inversiones por todos lados, como en Eurasia y África, un potencial bajo directrices chinas que nadie podrá parar. Proyectos como este de infraestructura que no tiene ni puede apoyar EE.UU.

Ni la “influencia” rusa, porque Biden no podrá detener el abastecimiento de energía rusa a Europa, EE.UU. no compite con eso, aun robando petróleo iraquí o sirio.

En otras palabras, EEUU no podrá contener la multipolaridad porque a estas alturas los equilibrios de la Guerra Fría están rotos, así como las reglas de la guerra, pese a que el potencial nuclear siga siendo el disuasivo principal. Aparte los líderes del mundo saben que ningún ataque nuclear se quedaría sin respuesta a estas alturas, como Japón al final de la Segunda Guerra Mundial.

Con eso en contra, así como la OTAN no puede competir con el armamento supersónico ruso, tampoco EE.UU. podrá enfrentarse militarmente a China, menos en un terreno tan lejano, mar o suelo. Lleva las de perder. De ahí los escarceos, por eso estira la liga hasta donde dé. Biden ya entró a ese juego, tan fatal como inútil, solo porque la industria de la guerra quiere negocios calientes.

Qué decir de los otros escenarios de la guerra, los de quinta generación. Esa carrera casi vale asegurar que EE.UU. la tiene perdida. Esos sí que son los escenarios modernos. Pero sumido en el pasado, el de la Guerra Fría, el imperio estadounidense muestra ya los pies de barro. La caída no tardará en llegar. Como todo lo que tiene principio y fin. Como todo imperio.

«Para un modelo bonaerense 2045»

Luis Gotte 


8 julio, 2021  para Última Noticia

 

Lamentar nuestras penas por las redes sociales mientras la comida, nuestra comida, es ajena, no es de criollos. La llanura bonaerense ya no pertenece a nuestros paisanos. Hace poco más de treinta años que venimos amontonando pueblos en esa gran mancha urbana, la Urbanópolis Conurbanense, donde se destruyen cuerpos y conciencias.

Nuestra región surera-campera está casi despoblada, con más de 600 pueblos desapareciendo, muchos de nuestros Partidos-municipios no sobrepasan los 10 mil habitantes. Envejecidos y empobrecidos. Los jóvenes escapan del terruño que los vio nacer. Ya son lugares que a nadie les importa. Tierra inmensa, llanura que todo lo da. No hay un espacio en que se arroje una simiente y crezca con vitalidad. Podemos producir lo que se nos ocurra. Hasta un criadero de camellos tuvo Mar del Plata.

Nuestros paisanos son muy hábiles como inteligentes, sencillos y solidarios, humildes, aunque a veces atolondrados. Los políticos les dijeron: cierren los ojos, el futuro está en las aldeas globales, en las ciudades globalizadas. Y se fueron. Cuando los abran, lamentarán el cambio de vida. Añorarán el pasado.

La Gran reina del Plata, cual Cleopatra egipcia, ejerció una poderosa atracción sobre la región surera bonaerense. El centralismo se consolida luego de la batalla de Pavón (1861). Designada la Gran Ciudad como capital del Estado, la misma comienza a crecer. También lo hacen sus poblados cercanos, como Avellaneda, Berisso, Banfield, en la subordinada argentina del ‘900. Se incrementa la población de la Ciudad de Buen Ayre con la oleada extranjera (el Censo de 1938 dará 2.415.142 hab.), y a la par se desarrolla la primera corona del Conurbano. Saturado el primer cordón, surgirá un Segundo con un crecimiento poblacional que se acelera en los ’60 para dar lugar, lentamente, a una tercera corona o cordón.

Fue en 1961 cuando, Frondizi, decide levantar el Ferrocarril Provincial de Buenos Ayres, que se extendía desde la ciudad de La Plata hacia el oeste bonaerense hasta llegar al Partido de Rivadavia, por casi 1.000 km de vías férreas. Muchos pueblos comenzaron a agonizar, y muchos pueblos emigrarán al Conurbano. Fue una dolorosa tragedia para la Provincia, y un enorme negocio para las automotrices americanas y nuestros políticos que intervinieron en el proceso.

La ausencia del FF.CC en un territorio tan extenso como el nuestro (equivale a Italia, Alemania, Polonia o el Reino Unido Británico) impedirá cualquier tipo de desarrollo o progreso en la Provincia Federativa de Buenos Ayres. Excluyendo a Mar del Plata, con una superficie con unos 280 mil km2 no se llega a los 4 millones de hab. Los tres cordones del Conurbano más la Ciudad del Buen Ayre, con aproximadamente 30 mil km2. multiplica por cuatro a sus habitantes.

Nuestra provincia se administra con una Constitución Provincial de fines del S.XIX (y modificaciones); una legislación electoral de la Década Infame (la división en Secciones electorales es de 1936, Gobernador Fresco); su Ley Orgánica Municipal es de 1958 (Aramburu/Rojas, que copian de la anterior ley orgánica de la década del ‘30). El poder real está representado en los tres cordones del conurbano, que tiene mayoría absoluta de Senadores y Diputados, con respecto a las otras 5 secciones electorales. Con un sistema de Partidos-municipios (de tiempos de Mitre) que debiera ser de Comunas. Nuestros pueblos sureros no tienen herramientas para defenderse, ni siquiera para tener un proyecto Comunal propio. Están subordinados a los mandatos de La Plata-Conurbano.

El gobierno nacional ya tomó una clara decisión en aliarse con China. En Provincia, según declaraciones del dirigente santacruceño Máximo Kirchner, no se cambiará en nada la forma de administración de poder. Tienen una visión centralista y verticalista del poder, no conocen el sentir federalista de nuestra tierra.

Para 2023 hay un recambio de Intendentes, y en el Conurbano han decidido impulsar figuras jóvenes para ocupar sus puestos administrativos. Buenos Ayres necesita capitanes de mar y guerra, que comprendan la realidad, lo que sucede transfrontera y pelee, con mentalidad comunal y no municipal, por los derechos y deberes de sus pueblos, que pongan frenos al poder central.

El Pueblo de la Provincia de Buenos Ayres no precisa de jóvenes obedientes, aunque algunos de nuestros viejos dirigentes hayan dado un mal ejemplo. Necesitamos comprender e interpretar el sentir FEDERAL, el que bregara Dorrego y Rosas.

En política, el espacio que no se ocupa lo hace otro. Y tierra que no se produce, lo harán otros. ¿Cuál es el modelo bonaerense para las próximas décadas? No es difícil conocer la respuesta, solo hay que leer nuestra historia, en particular la relación entre Argentina y Londres, y entenderemos como actuarán nuestros dirigentes políticos, carentes de patriotismo y nacionalismo (el buen entendido).

Atarán nuestra pampa bonaerense a la dependencia de potencia hegemónica. Permitirán que nuestras llanuras sean ocupadas (no quiere decir físicamente) para una producción planificada y altamente tecnificada, de acuerdo a las necesidades de consumo de la colectividad extranjera. Impondrán un Nuevo Modelo Agroindustrial. Y a nuestros paisanos amontonados en Urbanópolis se les concederá una Renta Básica Universal, con Internet gratis para que estén confinados en sus hogares. Una gran Cuba en tierra firme.

Algunos la definen como la Agricultura 4.0 donde se “procura aumentar la productividad y reducir costos de producción en el sector agrícola mediante la utilización de tecnologías como drones y sensores, la implementación de la agricultura de precisión, el big data, el Internet de las Cosas y la inteligencia artificial…con drones podemos tomar imágenes de campo para reconocer si existe una baja producción, sequía o plagas. Los sensores nos permiten identificar cambios de temperatura, humedad y otros datos de los productos. La información que se generara facilita el desarrollo de modelos productivos eficientes, que permiten ahorrar agua, reducir pérdidas de alimentos y ofrecer producto de mayor calidad”. También las frutas, hortalizas y verduras serán sometidas a la edición genética mediante la técnica CRISPR, un sistema conocido como “tijeras moleculares”, que corta y edita, o corrige, en una célula, el ADN asociado a una enfermedad. ¡Maravilloso!, pero lo que consumamos no será lo mismo con lo que se alimentaron nuestros abuelos.

La realidad superará toda ficción: “campos despoblados controlados por drones teledirigidos y programables para sembrar, medir variables y seguir fumigando con nuevos combinados de agrotóxicos y fertilizantes sintéticos con la incorporación de software de precisión para mapear y recolectar toda la información de los recursos biológicos y genéticos, automatización de procesos físicos de cosecha y todas las etapas de la agricultura intensiva, en las que las máquinas deciden por si solas, supervacas, supercerdos y superpolllitos bebé resultantes de la biotecnología aplicada solo para incrementar la producción sin ningún reparo en los riesgos a la salud humana y la anulación por completo de los saberes de agricultores y agricultura”. Es la deshumanización de la agricultura, la expulsión de cientos de miles de trabajadores y pequeños propietarios de sus tierras. No es Julio Verne, es un nuevo pacto Roca-Runciman rediseñado al S.XXI: el Pacto Sola- Zhong Shan.

Para nosotros habrá carne sintética ultra-procesada, material celular con sabor a pollo o pescado, huevos artificiales…educados y formados en nuevas relaciones humanas cristalizadas en el veganismo y el vegetarianismo. No es una exageración, basta con seguir las declaraciones de George Soros, Bill Gates, Hilary Clinton, Xin Jinping, el Grupo económico conocido como los Bilderberg, Monsanto-Bayer. Un eje antihumanista, al que debiere oponerse otro frente, uno HISPANISTA.

La escritora y filosofa india Vandana Shiva viene denunciando el atropello al ruralismo en la India donde se viene “desarrollando e invirtiendo en investigaciones y proyectos tecnológicos para ser aplicados sin evaluación de riesgos en el sistema agroalimentario y que no tienen otro fin que generar procesos de acumulación del capital, concentración económica, apropiación de recursos genéticos y dominación social”.

Podemos, y debemos, generar un modelo alternativo, un Modelo Bonaerense para un Proyecto Nacional Argentino, con cambios institucionales y planificación de políticas públicas. Un Modelo que convierta a la Provincia federativa de Buenos Ayres en la locomotora que impuse a los demás Estados Federativos a su desarrollo y crecimiento integral.

martes, 13 de julio de 2021

FUERZAS ARMADAS: DEFENSA NACIONAL, DEPENDENCIA Y DESARROLLO

 Por Juan Godoy para revista AITE


  “Los pueblos disponen de su destino. Ellos labran su propia fortuna o su ruina. Es natural que ellos, en conjunto, defiendan lo que cada uno por igual ama y le interesa defender de la patria y su patrimonio”.

Juan Perón

Los grandes pensadores nacionales y de la Patria Grande realizaron un esfuerzo por la creación de un pensamiento original que parta desde las características particulares de nuestra realidad. Desde el mismo proceso de emancipación se observa ese esfuerzo por la conformación de un modelo de interpretación e intervención sobre la realidad que nos sea propio. Nos enseñaron entonces la necesidad de que los razonamientos teóricos se nutran del suelo que se pisa, sin negar aportes ajenos a nuestra realidad que puedan contribuir a los mismos. Aparece, así, la creación de un pensamiento situado.

Este punto de partida se revela de sobremanera al momento de analizar la historia e ideas de nuestras Fuerzas Armadas, ya que la adopción de esquemas de pensamiento lejanos y su traslación mecánica nos lleva a la incomprensión del fenómeno. Por eso éste es el puntal que tomamos para estas reflexiones.

En este sentido, partir de la noción de una Argentina inconclusa en el desarrollo de su soberanía, en tanto subordinada al imperialismo, con una estructura económica montada en función de los intereses de éste y no de los propios que hace no solo drenar nuestras riquezas al extranjero, sino que no permite, por más buena voluntad que se tenga, diagramar un esquema diferente sin avanzar sobre la dependencia, desde la cual también se revelan como esenciales mecanismos vinculados a la cultura que hacen invisible ese orden, lo justifican y contribuyen a su perpetuación. Mecanismos que atraviesan nuestras vidas, la conformación de nuestras mentalidades e identidad, cooptando asimismo a las elites que solo terminan pensando (y discutiendo) en los márgenes de la dependencia, cuando no rindiendo pleitesía a nuestros verdugos.

Resulta evidente que luego de la última dictadura cívico-militar genocida las Fuerzas Armadas han sufrido un desprestigio (muchas veces con razón, claro está), que va de la mano también de que no se haya delimitado un rol y objetivos claramente. Si bien la lucha contra “el olvido y el perdón” constituye parte de las grandes luchas de nuestro pueblo, y uno de los pilares donde se asienta nuestra democracia, nos preguntamos aquí si esa mirada no obtura el reconocimiento y la comprensión de otro/s rol/es que pueden cumplir (como lo han hecho), las Fuerzas Armadas tanto en nuestra historia como en el presente.

Colocar todo en la “misma bolsa”, nos puede llevar a estrechar nuestra mirada del fenómeno, sin permitir dar cuenta de la denigración a que se sometieron los militares dejando de lado su rol trascendente en torno a la defensa nacional, convirtiéndose (y rebajándose) a una tarea de represión, una “banda criminal”, representante y garante de los intereses de la oligarquía argentina, al mismo tiempo que pilar en la profundización de la dependencia argentina. Esa mirada también suele olvidar la “pata civil”, lo que varios señalan como los artífices y reales beneficiados del modelo económico implantado a través de la tortura, la desaparición y el asesinato de compañeros. Obtura el avance no solo penal sobre esos sectores, sino también sobre ese modelo de “miseria planificada” que denunciara tempranamente Rodolfo Walsh. Ese modelo económico que destruyó el que en gran medida los sectores nacionales de nuestras Fuerzas Armadas habían contribuido a su proyección y realización, constituyendo uno de los pilares del mismo. Juan José Hernández Arregui manifestaba que “negar el papel reaccionario de los militares (en los casos en que actúan en ese sentido) es una inconsecuencia (…) Pero descartar el anti-colonialismo de los ejércitos en determinadas coyunturas es igualmente dogmático” (Hernández Arregui, 1973: 129-130).

En este mismo sentido profundiza ese anti-militarismo abstracto el proceso de desmalvinización, que se vincula no sólo a la cuestión militar, sino que también ha contribuido al proyecto de nación neoliberal, sobre todo a partir de los Acuerdos de Madrid a los que Julio González define en forma certera como “desocupación y hambre para los argentinos” (González, 2011), parte del entramado que afirma la destrucción de las Fuerzas Armadas, de la mano con el desarme del tejido industrial, de un modelo de nación soberano y de la articulación con un esquema de defensa nacional profundo. Perón advertía ya en el año 44 que “los pueblos que han descuidado la preparación de sus fuerzas armadas, han pagado siempre caro su error, desapareciendo de la historia o cayendo en la más abyecta servidumbre” (Perón, en AA. VV., 1945: 64).

Coincidimos con Jorge Abelardo Ramos quien afirma que “explicar la naturaleza del Ejército en un país semi-colonial no puede hacerse sin historizar el tema en debate, en otras palabras, sin mostrar sus orígenes y su conflictivo desarrollo” (Ramos, 1968: 10). Así, vale recordar el origen de nuestro ejército específicamente, ya que constituye un puntal donde se asienta la tradición nacional de nuestras Fuerzas Armadas. Ese origen heroico muestra el nacimiento de un ejército asumiendo una postura popular, anti-colonialista, anti-británica, con fuertes vínculos con las regiones de Nuestra América. Ese hecho histórico, ese pueblo en armas marca a fuego (o debiera marcar) a las generaciones posteriores que asumen la defensa de la Patria como una vocación. Más aún si pensamos que nuestra historia se construye como una larga lucha contra las potencias imperialistas que imposibilitan nuestro pleno desarrollo soberano.

Si esa lucha por las armas marca el origen heroico de nuestros militares patriotas contra el intento de colonialismo directo, cuando se transforma la forma de dominio hacia los mecanismos “invisibles” que obturan nuestro desarrollo y solo dejan lugar a una integración al mercado mundial en forma subordinada, esa lucha también se transforma hacia la disputa en el terreno económico (y en el político y cultural, claro), por el control de los resortes de nuestra estructura económica. La pelea por la emancipación se funde con la necesidad de romper ese orden dependiente y el control extranjero indirecto sobre nuestro país.

Tomando en cuenta este esquema, la revolución nacional aparece como una necesidad en tanto ruptura de los lazos que nos atan e impiden la plena liberación de nuestras potencialidades. Si en el primer cuarto del siglo XIX logramos nuestra emancipación política, queda pendiente aún la total emancipación económica, que se vincula al desarrollo integral de la nación. Enrique Guglialmelli expresa justamente que “nuestras revoluciones nacionales son, en síntesis, una etapa del proceso histórico latinoamericano ubicada entre una sociedad semi-colonial, dependiente, y una comunidad nacional integrada, vertebrada, a través de formas superiores de convivencia social y política”. (Guglialmelli. Estrategia Nº 17. En Jaramillo -comp.-. 2007: 115) Se trata del esfuerzo colectivo como comunidad en búsqueda de lograr la consolidación nacional. Esa emancipación integral también otorga un núcleo en torno a la defensa nacional, el arbitrio de los mecanismos para su defensa y consolidación.

En el mismo sentido se había manifestado años antes Enrique Mosconi, quien también pensaba en la necesidad de estrechar lazos con los países de la gran nación inconclusa para avanzar en completar la obra del siglo XIX. Sostiene el propulsor del nacionalismo petrolero como base para la industrialización y emancipación nacional que “la independencia del año 10 debe ser integrada con la independencia de nuestros cañones. Nuestros cañones hoy día no son independientes, todos sabemos por qué, de manera que estamos en una situación que no puede satisfacernos absolutamente y que sólo podrá llegarnos la tranquilidad al espíritu el día que digamos: ‘La defensa de nuestro país, nuestro derecho, nuestras instituciones políticas, nuestra riqueza nacional, todo está garantizado porque la nación tiene el espíritu firme y cañones que pueden tirar hasta que sea necesario’"  (Mosconi, 1938: 34).

Las revoluciones nacionales en los países con una cuestión nacional irresuelta o el enfrentamiento de esta última se han realizado a lo largo de la historia mayormente a través de grandes frentes nacionales que levantan justamente reivindicaciones nacionalistas. Giancarlo Valori sostiene al respecto que “las naciones que quieren lograr su liberación económica (…) lo hacen siempre por obra de una gran alianza de clases y sectores: de militares y civiles, de burguesía y trabajadores, y de intelectualidad y de los sacerdotes. Es esta alianza revolucionaria, la que por el camino de la reconstrucción llega a la meta de la liberación”. (Valori, 1973: 143) De ahí que rescatar y fortalecer la línea nacional de nuestras fuerzas armadas se revela de una importancia sustancial.

No resulta casual que haya sido desde el sector militar de nuestra sociedad de donde han salido mayormente los planes vinculados al desarrollo nacional, como asimismo el impulso en los mismos. Esto se vincula, al menos a tres cuestiones: el proceso de modernización de nuestras Fuerzas Armadas con la sanción de la Ley Riccheri a principios del siglo XX; la misma implicó mayormente una formación ajena a los mecanismos de colonización pedagógica imperantes (una formación también acompañada de una penetración y conocimiento del territorio nacional y la situación del pueblo profundo), de ahí que esa generación militar formada bajo este imperativo (y atravesando algunos acontecimientos que constituyen hitos como la primera y segunda guerra mundial, como asimismo la crisis de la Argentina dependiente en los 30, por mencionar algunos hechos significativos), haya sido la que dio un conjunto de militares que abogaron por la profundización de la soberanía nacional en relación al desarrollo nacional y en los casos más profundos a la ruptura de la estructura económica subordinada al interés extranjero.

En segundo lugar, aparece como sustancial la cuestión de la defensa nacional, ya que es desde ahí sobre todo que se llega a la cuestión del desarrollo. En esa generación la profundización en los estudios vinculados a la defensa de la patria los lleva al encuentro de diversas vulnerabilidades que presenta el país para la misma, y éstas se encuentran en mayor medida vinculadas al primitivismo agropecuario, como a la dependencia del extranjero. Norberto Ceresole destaca que esa dependencia de la nación va de la mano con la dependencia (en el terreno militar) del material bélico y tecnológico. (Ceresole, 1968) Es entonces la reflexión sobre la defensa nacional la que lleva a pensar la problemática del desarrollo, de la penetración y control extranjero sobre nuestro país. Más específicamente, Perón manifiesta en el año 1955 que “preparar planes de operaciones para dotar al ejército sin tener los materiales o las fábricas necesarias para hacerlos es una mistificación pura. Por eso, es menester establecer el principio fundamental: hay que hacer fábricas. Hoy se combate contra el poder industrial de los pueblos; pero cuando ese poder industrial ha sucumbido, sucumben también los pueblos en la guerra moderna (…) Por eso hoy es más importante montar el poder industrial de un país que realizar ninguna otra concepción para la defensa nacional” (Perón, 2001 -1955-: 86).

Por su parte, Florentino Díaz Loza pone de relevancia, desde su visión geopolítica donde las FF.AA. pueden cumplir un papel central en la elaboración de un posicionamiento en el mundo por parte de nuestro país, que el análisis y diseño de la defensa nacional debe partir de reconocer nuestra dependencia. Esta última se vincula con el sub-desarrollo, lo que trae dificultades en el diseño de la política de defensa (Díaz Loza, 1987).

Por último, destacamos que estos militares nacionales que se vincularon al desarrollo y tuvieron una fuerte presencia, al tiempo que influencia en la política de nuestro país, al menos desde la década del 20 hasta el advenimiento de la última dictadura1 (esta vertiente ya había sufrido un duro golpe con el derrocamiento del peronismo y el desplazamiento de los cuadros en esta línea conjuntamente con los cambios que comienzan a operarse sobre la doctrina de defensa2), piensan y desarrollan sus ideas a partir de los problemas de la realidad nacional. Si bien tienen una fuerte influencia de ideas y doctrinas extranjeras en la mayoría de los casos (muchos con un periodo de formación incluso en el extranjero), esas conceptualizaciones las incorporan mayormente en función de la realidad nacional y reflexionando en torno a la solución de las problemáticas nacionales.

El desarrollo de una política nacional resulta componente necesario para delimitar el rol de las FF.AA., al mismo tiempo que para la conformación de una política de defensa nacional. Como bien indica Jauretche no hay posibilidad de un ejército nacional sin una política nacional, de esta forma “es preciso, pues, determinar en qué consiste esa política: ¿somos una Nación o somos un apéndice? (…) Resulta lógico que para ser un apéndice no hacen falta instituciones armadas”. (Jauretche, 2008: 15) En este mismo sentido, podemos señalar que “nuestro carácter de naciones dependientes no ha permitido que se asentaran las bases de una clara propuesta de defensa nacional y continental”. (García, et. al., 1987: 58).

Más específicamente Perón refiere a la organización en torno a la posibilidad de establecer (tomando los principios desarrollados centralmente por el Mariscal Foch) el “arte de la conducción”, entendiendo que “no se puede manejar un ejército, una aeronáutica o una marina sin una doctrina que les de unidad de concepción y de acción en lo técnico y estratégico (…) la doctrina de guerra sale de la doctrina militar y la doctrina militar de la doctrina nacional” (Perón, 2001 -1955-: 85).

El diseño de un proyecto nacional que contenga una política nacional resulta entonces un elemento nodal en la definición del papel a cumplir por nuestras instituciones armadas, pero claramente no solo eso, sino que ese proyecto que contiene la política nacional expresa a su vez los lineamientos generales sobre el territorio, los recursos, la estructura económica, la población, y la política económica, vinculándose todos estos componentes a la delineación de la política en torno a la defensa nacional. Así, es necesario tener un profundo conocimiento sobre nuestra realidad (sobre el territorio, tradiciones culturales, historia, etc.) (Díaz Loza, 1987). Por eso Edgar Argentino Martínez afirma que se debe “ubicar lo militar dentro de la problemática nacional” (Martínez, 1974: 31).

Carlos Martínez afirma al respecto que “el primer y más importante paso a dar para la organización de una defensa integral es el de conocer el país, sus habitantes, recursos y posibilidades”. (Martínez, 1965: 640) La mayor capacidad económica de un país profundiza (o facilita), desde ya, la capacidad de defensa. No obstante, cabe señalar que “las naciones que se confían orgullosamente en su haber material, por estupendas que sean sus riquezas, pero, sin un elevado espíritu nacional ni inquietudes que el estudio de su seguridad les sugiera, son comunidades políticas inconscientes de los peligros a que están expuestas y preparan su suicidio o lo elaboran con su negligencia” (Cernadas, 1938: 20).

Vale decir, primero hay que saber qué es lo que se quiere defender, y cuáles son las condiciones para ello. En este marco, resultan claras dos cuestiones, que la política de defensa nacional no puede ser obra exclusiva de los militares, sino que debe comprometer a los todos los sectores de la comunidad, así como también la necesidad de la confianza del pueblo en las instituciones armadas. Manuel Savio manifiesta que “El potencial de guerra de una Nación está constituido por la totalidad de las fuerzas morales y materiales que puede poner integralmente en acción, y se caracteriza por el grado de capacidad para aplicar dichas fuerzas a la defensa nacional, así como por la rapidez con que puede hacerlo” (Savio, 1973: 19).

Además es pertinente remarcar que el diseño de una política de defensa y la preparación para la guerra no es una posición en favor de la misma (Perón recordaba en este sentido el aforismo Si vis pacem, para bellum3), sino que incluso puede actuar como un factor disuasivo, en este sentido, una nación con escasa capacidad de defensa puede (sin dejar de lado que las circunstancias son diversas), estar más expuesta a un ataque que una que tiene fortaleza un sistema defensivo más preparado. En nuestro caso en particular basta preguntarnos por el interés de Gran Bretaña, sobre todo luego de la gesta por Malvinas en el 82, no solo en nuestra desindustrialización general, sino en el desarme e imposibilidad de desarrollo de la capacidad militar.

Esa política nacional de defensa (como la del avance sobre la dependencia), en nuestro caso, debe estrechar lazos con la gran nación inconclusa. Es decir, debe pensarse también en el marco de la tradición política y cultural de la Patria Grande, y Díaz Loza remarca que también es necesario romper con los postulados liberales (Díaz Loza, 1975). En ésta aparecen dos concepciones territoriales enfrentadas: la que antepone la ideología al espacio geográfico, y la que en base a una política nacional apunta al sostenimiento de la integridad territorial, como asimismo se oponen “la que atiende al ser de la Nación en primer término, y la que posterga ésta, al cómo ser; la que pone el acento en la grandeza y la que lo pone en la institucionalidad, en las formas” (Jauretche, 2008: 28). Recordemos que Alberto Methol Ferré remarcaba que “los pequeños Estados dependientes carecen de conciencia geopolítica, salvo condiciones excepcionales” (Methol Ferré, 1973: 31).

La actualidad e importancia de las Fuerzas Armadas incluso puede visualizarse en la situación desatada a partir del COVID-19, donde se puede observar el rol estratégico que cumplen, la vinculación de éste con su despliegue geográfico a lo largo y ancho de todo el territorio nacional, la velocidad y profundidad para desarrollar la Operación denominada General Manuel Belgrano, con la puesta en acción de sus 90 mil integrantes a través de 14 Comandos Operacionales de Emergencia, desarrollando diversas tareas que van desde la producción de artículos necesarios en sus laboratorios y talleres, vuelos de repatriación con los aviones Hércules, hasta la perforación de pozos de agua en el noroeste argentino, el montaje de hospitales o la entrega de comida en los barrios (donde han sido recibidos excepcionalmente por el pueblo), entre algunas de las tareas operativas desarrolladas (se trata de decenas de miles). Todo con un débil presupuesto, y con materiales muchas veces antiguos o sin estar en las mejores condiciones.

El espíritu solidario, de superación de las adversidades y de defensa del interés nacional se impuso (como tantas otras veces a lo largo de nuestra historia), ante estas falencias. Al mismo tiempo pensamos que estas fortalezas deben llamar a la reflexión en torno del rol central en la defensa nacional. Hay puntales desde donde recuperar el vínculo entre nuestras Fuerzas Armadas y el pueblo, a la vez que con la tradición nacional vinculada a la ruptura de la dependencia, el desarrollo, la defensa de la Patria y la emancipación nacional. Vale mencionar en este aspecto que “las Fuerzas Armadas son la síntesis del pueblo (…) pertenecen a la Patria, que es el hogar común y a ella se deben por entero” (Perón, 1984 -1947-: 32), entendiendo entonces que “son parte del pueblo y, como tal, están integradas con el mismo” deben permanecer siempre “consustanciadas con nuestro pueblo en una estrecha e indestructible unidad espiritual” (Perón, 2012 -1974-: 116 y 118).

El Coronel Luis E. Vicat advertía en los años 20 que “durante una guerra, sin combustibles apropiados, nos encontraría del todo indefensos. No podrían navegar nuestros barcos, correr nuestros trenes, andar nuestros camiones y autos, volar nuestros aeroplanos, ni funcionar nuestras fábricas y usinas a fin de proveer al ejército y al país entero los numerosos artículos manufacturados, armas, equipos, municiones, pólvoras, hierros, aceros, tejidos, etcétera, etcétera… si es que algún día nos decidimos a industrializarnos en forma conveniente a la defensa nacional, obra que ya deberíamos haber iniciado” (Vicat. RM Nº 270. Julio 1923: 348).

Quizás no resulte en vano pensar esa advertencia en relación a la actualidad, recordando y remarcando que las condiciones de nuestro país revelan el llamado a tener una política nacional de defensa de la patria, en tanto nuestro extenso territorio, con su larga plataforma marítima, enormes recursos tanto en nuestro Atlántico y ríos, como en nuestra tierra y subsuelo, con la afrenta y amenaza que constituye la poderosa base de la OTAN en nuestro “suelo más querido” ocupado colonial e ilegalmente, en el cual encuentran un puntal desde donde saquear nuestros recursos, a lo que se suma las apetencias de las potencias (y sobre todo Gran Bretaña) sobre nuestro Sector Antártico, la escasa densidad poblacional en varias regiones de nuestro país, una enorme deuda externa que ocupa casi la totalidad de nuestro PBI, una economía dependiente y extranjerizada, una producción ligada sobre todo a los productos primarios y la valorización financiera, por mencionar algunos de los aspectos que indican esa urgencia que mencionamos.

En este marco, para finalizar retomamos las palabras de Perón quien advertía en el año 1947 que “la defensa de los Estados no puede improvisarse, so pena de sucumbir, bajo los golpes demoledores de otros más fuertes que, apartándose de las normas de convivencia, lanzan sorpresivamente el poderío de sus fuerzas para apropiarse de las riquezas y de los bienes ajenos, ya sea para satisfacer las necesidades primordiales de su pueblo o bien para hacerla servir a sus intereses imperialistas (…) Es, pues, uno de los deberes ineludibles del gobernarte velar por una adecuada preparación de las Fuerzas Armadas, que han de ser custodia de la soberanía, de la libertad, de la riqueza y de la dignidad nacionales”. (Perón, 1984 -1947b-: 28)

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