miércoles, 28 de febrero de 2018

Los trabajadores de Argentina, del Mercosur y de Europa rechazamos el tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea


 Comunicado CTA RA – CTA – CTA de los trabajadores
Asunción, 23 de febrero de 2018

 Las centrales argentinas alertamos a la población sobre el impacto negativo que este acuerdo tendrá para la producción nacional en general, y para ciertas ramas de producción estratégicas, como tecnología, sistema marítimo y fluvial, obras públicas, compras del Estado, laboratorios medicinales, industria automotriz, economías regionales (en especial, las vinculadas al aceite de oliva, vinos y espumantes, quesos y lácteos, entre otras), concluyendo que la firma de este acuerdo es la sentencia de muerte de nuestra industria nacional.
Los representantes de las tres centrales sindicales argentinas mantuvieron el pasado viernes una reunión con los jefes negociadores del Acuerdo de Asociación Birregional entre el Mercosur y la Unión Europea. El encuentro se realizó en el marco de la "Reunión del Comité Económico y Social Europeo (CESE) y el Foro Consultivo Económico y Social del Mercosur (FCES) con Negociadores del Acuerdo de Asociación UE-Mercosur", que tuvo lugar en la sede de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), en la ciudad de Asunción, Paraguay.
En dicho ámbito, los miembros de los órganos de representación de la sociedad organizada tanto de la Unión Europea (CESE) como del Mercosur (FCES) -constituida por cámaras empresariales, organizaciones sindicales y organizaciones de la sociedad civil- expusieron sus principales y legítimas preocupaciones respecto del acuerdo y exigieron de manera urgente la constitución de un Comité Mixto de Seguimiento de modo de hacer factible la participación de la sociedad organizada del tramo final de las negociaciones y del posterior monitoreo del acuerdo. Asimismo, solicitaron la inclusión de un Capítulo Socio-laboral que permita realizar análisis y propuestas y encontrar soluciones a través del diálogo social a aquellos desequilibrios que puedan surgir en el mundo del trabajo como consecuencia del acuerdo (se adjunta texto completo del comunicado conjunto entre el FCES y el CESE).
Posteriormente, los representantes del movimiento sindical del Mercosur y de la Unión Europea -representados por la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur (CCSCS)[1] y de la Confederación Europea de Sindicatos (CES)- hicieron entrega a los jefes negociadores de una "Carta a los Negociadores del Acuerdo del Mercosur", en donde expresan de manera clara y contundente las razones por las cuales no se aceptará el acuerdo "en las actuales circunstancias y condiciones, ya que no se perfila un auténtico Acuerdo de Asociación justo y equilibrado sino un tratado de libre comercio que perjudica a los países de menor desarrollo a ambos lados del Atlántico en su industria nacional, en la promoción de la producción y del trabajo decente" (se adjunta texto completo de la carta).
Una vez más, las centrales sindicales de Argentina, actuando de manera unitaria, nos ponemos a la cabeza de las preocupaciones de nuestro pueblo solicitando nuestra participación como actores productivos fundamentales de las actuales negociaciones, de modo de que el Acuerdo resulte en claro beneficio de la clase trabajadora de ambos bloques.

[1] La Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur, creada en 1986, está conformada actualmente por por las siguientes centrales: CGT, CTA T y CTA A (Argentina), CUT, UGT, Força Sindical, CGTB y CTB (Brasil), COB (Bolivia), CUT y CAT (Chile), CUT, CUT A y CNT (Paraguay), PIT-CNT (Uruguay) y CTV, UNT, ASI y CBSTV (Venezuela).

martes, 27 de febrero de 2018

LA REFORMA UNIVERSITARIA, LA LIBERTAD CREADORA NACIONAL Y EL ANHELO DE JUSTICIA SOCIAL


Ana Jaramillo, febrero 2018 

Hemos anunciado el advenimiento de un intensa cultura ética y estética, genuinamente argentina, ennoblecida por el anhelo de la justicia social y destinada a superar, sin desmedro para la ciencia, la época intelectualista y utilitaria. Complace ver a la juventud, aunque sea por distintos rumbos, buscar la luz de nuevos ideales.
Si queremos un mundo mejor, lo crearemos.
                                                                                                                               Alejandro Korn       
          
EXISTO, LUEGO PIENSO
En el centenario de la reforma universitaria, debemos recordar las palabras de Korn, protagonista e ideólogo de la misma, cuando sostiene: No voy a recomendar ni el modelo de las universidades germánicas, ni el ejemplo de las norteamericanas, no pienso inspirarme en la organización de los institutos franceses o italianos. Porque a esto se reduce entre nosotros el debate de los asuntos universitarios: a ponderar como eximio, como único, algún trasunto extraño. No podemos renunciar a la propensión simiesca de la imitación tan desarrollada en el espíritu argentino”[1].
 Parecería que la reforma universitaria debía responder a los problemas y necesidades de nuestro país para crear una universidad que colabore a resolverlos, a buscar soluciones propias a problemas propios. Como sostuve varias veces, debemos encontrar el “logaritmo” nacional conociendo la base y la potencia, descubrir el camino que nos lleve ese destino, que no es matemático y tampoco es universal como tampoco las universidades surgen en las mismas culturas. Pretensión vana del positivismo que insiste en homogeneizar y cuantificar la realidad con postulados cientificistas desconociendo la cultura, las creencias, los valores y la historia de los pueblos.
Alejandro Korn era un acérrimo enemigo no solo del positivismo sino también la escolástica. Para él, “La reforma universitaria no es una obra artificial. No ha nacido en la mente pedantesca de un pedagogo, no es el programa fugaz de un ministro, ni, como propalan los despechados y los desalojados, la trama insidiosa de espíritus aviesos. Es la obra colectiva de nuestra juventud, movida por impulsos tan vehementes y espontáneos como no habían vuelto a germinar desde los días de la asociación de mayo, cuando el verbo romántico de Echeverría despertó las conciencias a nueva vida.[2]..
“La exigencia de plantear nuestros problemas como propios y resolverlos dentro de las características de nuestra evolución histórica no importa incurrir en una necia patriotería. Nada tengo en común con quienes al decir patria la identifican con menguadas concupiscencias y la celebran en vulgares frases. Parte integrante de la humanidad también somos nosotros y sus angustias, sus luchas y sus esperanzas también las vivimos nosotros”...
“Luego la reforma es libertad. Es la emancipación de trabas y tutelajes que constreñían el estudio y sofocaban toda espontaneidad. Inspirados por concepciones mecanicistas, los métodos pedagógicos deprimían la personalidad humana al nivel de una cosa susceptible de ser catalogada, medida y clasificada. La libertad universitaria supone en el estudiante, como correlativo ineludible, el sentimiento de la dignidad y de la responsabilidad, los fueros de una personalidad consciente, regida por su propia disciplina ética”.
Concluía Korn que “Sobre esta presunción reposa el porvenir de la reforma. Todavía no ha llegado la hora de juzgarla y exigirle frutos. Mucho ha hecho con desbrozar el camino. La reforma será fecunda si halla una generación que la sepa merecer. Abriguemos la esperanza de que quienes conquistaron la libertad universitaria, la afirmarán, no como licencia demoledora, sino como acción creadora”.
En el centenario podríamos juzgarla y ver sus frutos, pero sería injusto juzgarla en forma contra fáctica cien años después, ya que su impronta recorrió toda Nuestra América, proclamó la necesidad de que la universidad fuera una protagonista clave de la cultura y de la emancipación de nuestros pueblos con el anhelo de justicia social.
Hubo que esperar treinta y un años para que el 22 de noviembre de  1949 a través del decreto 29.337, el Presidente Perón, eliminara los aranceles universitarios justamente para establecer la justicia social anhelada por los reformistas planteando en los fundamentos del decreto que  “es función del Estado amparar la enseñanza universitaria a fin de que los jóvenes capaces y meritorios encaucen sus actividades siguiendo los impulsos de sus naturales aptitudes en su propio beneficio y en el de la Nación misma” . Se quería una universidad “señera y señora” que no sólo fuera autónoma de la teocracia escolástica sino que fuera autónoma del Estado. La gratuidad de la enseñanza universitaria pasaba a ser un derecho social a partir de ese momento y constitucionalizada con la sanción de la Constitución de 1949. En los fundamentos de dicho decreto también se planteaba que “ el engrandecimiento y auténtico progreso de un Pueblo estriba en gran parte en el grado de cultura que alcance cada uno de los miembros que lo componen y sería una preocupación primordial del Estado disponer de los medios a su alcance para cimentar las bases del saber, fomentando las ciencias, las artes y la técnica en todas sus manifestaciones”.
Parecería que Alejandro Korn no estaría de acuerdo, como muchos de nosotros, con la filosofía cartesiana que sostiene la famosa frase, Pienso luego existo. Sabemos que la cultura es diversa, que los problemas son diversos en cada época y en cada lugar y por lo tanto nuestro pensamiento está siempre situado en una realidad y en una época y de esas realidades debe surgir, si no queremos ser simiescos, si no queremos copiar y calcar pensamientos exóticos a nuestra realidad. Descartes, asumió como tarea la validez racionalista de la existencia de Dios e inauguraba la filosofía moderna, pero sometida a la verdad teocrática.
La sociología del conocimiento,  años después, nos explica que la realidad está muy lejos de construirse desde la racionalidad. Se construye con creencias, con voluntad, con intereses contrapuestos, con afán de lucro o de poder, o con utopías de libertad e igualdad. Por aquellos intereses y por esas llamadas utopías batalló la humanidad y murieron millones de personas en la historia.
Lamentablemente, muchas de nuestras casas de altos estudios se organizan según modelos europeos o anglosajones, se siguen dando cátedras de pensamientos exógenos sin  reparar en nuestra historia nacional y latinoamericana cuyos pensamientos de esa realidad surgieron y siguen buscando soluciones a nuestros problemas. Quizás por ello a Korn se lo denomina como el primero en hablar de una filosofía argentina.

lunes, 26 de febrero de 2018

¿Cambiar el nombre al Aeropuerto Pistarini o de cómo se cambia (otra vez) de color político?



Por Juan Godoy
“El aeródromo de Ezeiza, que de hoy en adelante se llamará “Ministro Pistarini”, llevará ese nombre, no por decisión del gobierno, lo que representaría un acto administrativo más, sino por decisión de los propios trabajadores que lo han construido; decisión popular que en nuestros tiempos, en esta nueva Argentina, tiene más valor que si el propio gobierno pleno así lo hubiera dispuesto.”. (Juan Perón. 12 de marzo de 1949)

El domingo 18 de febrero nos sorprendió una nota en el Diario Perfil titulada: “Es hora de cambiar el nombre del aeropuerto de Ezeiza”, firmada por Pacho O’Donnell. Recordando rápidamente que el nombre del aeropuerto de la zona sur del Gran Buenos Aires lleva el nombre de su mentor (ya en 1935 había presentado el proyecto), el Ministro de Obras Públicas de la revolución del 43 y del primer gobierno de Perón: Juan Pistarini. La lectura de la misma nos dispara algunas reflexiones al respecto en relación al ministro y la actualidad política.
En la nota, el autor sostiene la necesidad de cambiar el nombre del aeropuerto por tratarse de un personaje secundario. La idea, también cuenta, vino a partir que un amigo le contó que un extranjero le había preguntado sobre quién era el que le daba nombre al aeropuerto a lo cual no supo qué responder. Aquí la primera reflexión, pensamos en cierta manía presente mayormente en los sectores medios de observar “¿cómo nos ven en el extranjero?” y a partir de ahí establecer o modificar rasgos de nuestra realidad. Nosotros pensamos aquí que el establecimiento de nuestras políticas debe responder a un criterio propio, a nuestra propia mirada y no la del extranjero. Esta cuestión se relaciona con lo que Jauretche denominaba como la “autodenigración de lo nacional”, esa mirada peyorativa de lo propio. Perón, por el contrario, manifestó que “el Aeródromo Ministro Pistarini” es una gran obra que enorgullecerá a las generaciones de argentinos que nos sigan y es una hermosa obra digna de orgullo de un pueblo laborioso y grande, no sólo por su propia e intrínseca grandeza, sino que lo es más aún porque en ella se ha unido la grandeza material y la grandeza social, para que miles de niños argentinos puedan disfrutar de sus magníficos bosques y piletas”.
En la cuestión del nombre se hace presente la denominada por Ricardo Rojas a principios de siglo XX como pedagogía de las estatuas, una forma de enseñanza-aprendizaje que se destaca a partir de los nombres de las calles, monumentos, edificios, plazas, etc. Esta pedagogía de las estatuas responde mayormente, como no podía ser de otro modo en un país semi-colonial, a la colonización pedagógica. El caso de algunos nombres no sigue esta lógica claro, hay una lucha por el sentido, como el que hacemos referencia en esta nota.
La nota avanza en el planteo de las “sospechas de corrupción”, luego de derrocado el peronismo por un golpe de estado sangriento, del ministro de Obras Públicas. En este punto comienza a ingresar a la actualidad política, sutilmente (a conciencia o no), se establece la relación peronismo-obras públicas-corrupción, tanto en el siglo XX, como en el XXI. Recordemos la enorme violencia con que la oligarquía persigue al peronismo, antes del golpe del 55 con la colocación de bombas en diferentes lugares de la ciudad, el asesinato a sangre fría de policías, el tremendo bombardeo sobre la plaza de mayo, etc. y luego del golpe con los fusilamientos, la persecución, la tortura, el encarcelamiento masivo, la proscripción, el decreto 4161, etc. Recordemos también que gran cantidad de miembros del gobierno peronista son llevados tras las rejas acusados de los más variados actos, cargos que incluso caen sobre la figura de Juan Perón, quien los llamo y acusó en sus libros escritos en el exilio como “Los Vendepatria” quienes usan “la fuerza (que) es el Derecho de las bestias”. En palabras de Perón en el primero de los textos, de 1957: “durante estos dos años de vergüenza nacional pasaron por las cárceles argentinas más de un medio millón de personas, muchas de las cuales llevan en la actualidad más de dos años de encierro sin que medie causa ni proceso”. Pistarini se cuenta entre esos presos luego del golpe de estado. Detenido, fallece el 29 de mayo de 1956.
Ante la pregunta que se hace el O’Donell acerca de la necesidad del cambio de nombre y su respuesta afirmativa, caso que nos hace recordar al 55 que mediante el decreto 194/1955, en su intención (que será fallida), de eliminar el peronismo de la “faz de la tierra”, le cambió el nombre por el de Aeropuerto de Ezeiza.
Algunos datos de Pistarini, en relación a esta intención del autor que pasó por variadas ideologías políticas, “casualmente” ligadas al oficialismo de turno. Juan Pistarini nació en La Pampa el 21 de diciembre de 1882. Egresado del Colegio Militar de la Nación en 1903 como Subteniente de Infantería, y más tarde (1909), graduado como ingeniero militar. Vale destacar que los ingenieros militares van a ser fundamentales en el proceso de industrialización de nuestro país, Pistarini tiene un rol destacado en el mismo, como los emblemáticos Enrique Mosconi y Manuel Savio entre tantos. En 1946, año en que se retira de la fuerza, logra el máximo grado: el de General del Ejército. En la década del 30, conocida desde el bautismo de Torres como infame, construye desde el cargo de Director de Ingenieros: el Ministerio de Guerra, el Hospital Militar, el barrio de suboficiales en Campo de Mayo (armónicos chalets con huerta y jardín), entre otras obras de importancia. También se desempeña como Profesor en instituciones militares. Unos meses más tarde de la Revolución de junio del 43, en diciembre, es nombrado al frente del Ministerio de Obras Públicas, cargo que sostiene con el advenimiento del peronismo al poder.
Anahí Ballent, en una obra sobre la personajes fundamentales del gobierno peronista (que nos sirve de guía aquí), pero generalmente “olvidados”, considera certeramente que en las obras de Pistarini “se conjugaba la “vida social” y la “vida económica” de la nación: justicia social “equilibrada”, modernidad técnica e independencia económica en clave anti-monopólica y anti-imperialista”. Así, en la gestión a cargo del Ministerio articula la obra pública con la justicia social. Esto es un cambio de paradigma fundamental en la gestión de la obra pública. Se construyen lugares de recreación, turismo, parques, viviendas (incluso crea la Dirección de Vivienda), escuelas, colonias de vacaciones (crea una Secretaría para las colonias), etc.
El Ministerio de Obras Públicas hace más rápidas las gestiones de las obras, y las enmarca en un proyecto nacional. En palabras de Pistarini en el Boletín que edita el ministerio: “para que un país subsista con honra y dignidad, es necesario vivir con un sentimiento heroico de la vida. No solamente nacen héroes en las batallas o en los desastres (…) El Ministerio de Obras Públicas es el terreno de las cosas materiales, el mejor instrumento para que la Revolución cumpla sus fines y realice una obra que, a la par de llevar las necesidades presentes, se proyecto en el tiempo y ayude a perfeccionar el destino de grandeza”.
El Ministerio se constituye uno de los mayores empleadores del país (con unos 80 mil trabajadores), lo que hace que las políticas implementadas en el mismo sirvan como “presión” y “referencia” en otras áreas. Así el ministerio aumenta el salario mínimo, incorpora en forma permanente a trabajadores contratados o que trabajan por jornada, obliga la agremiación a la mutual, mejora las condiciones de vivienda, crea el salario familiar para el personal obrero de la administración civil, becas para los empleados del ministerio, crea una dirección de Asistencia Social, etc. Entre sus obras más destacadas, se encuentra la de ser el constructor de la flota fluvial del Estado para avanzar en la independencia económica, según él mismo, su obra de mayor importancia.
Vale recordar también que el 1º de Marzo de 1948 se hace un acto popular en la Plaza de Mayo por la nacionalización de los ferrocarriles. Perón se encontraba internado por una operación de apéndice, y le confía, en un acto de tamaña importancia, la palabra a Pistarini en una plaza colmada de pueblo. En esa ocasión del anuncio de la “compra de soberanía”, devela la “política invisible” británica que había denunciado Raúl Scalabrini Ortíz,  cuando sostiene: “nadie podrá simular una amistad que quiera llevarse el fruto de nuestro trabajo. Tampoco creo en un designio histórico que nos condene a la mansedumbre, la sumisión o al coloniaje político, económico”. (Pistarini. Acto 1º de Marzo 1948)
Cabe destacar, como se menciona en la nota, que se lo ha acusado de tener simpatías por la Alemania nazi, como a tantos otros en nuestro país (en algunos casos ciertos y en otros no –con el peronismo particularmente ha sido un “caballito” de batalla de la historiografía liberal, llegando a difundir teorías de lo más disparatadas y/o tergiversadas-), al menos hasta 1945. Vale recordar, para contextualizar mejor, que enfrente estaba quien dominaba a la Argentina desde hacía más de cien años y ocupaba una parte de nuestro territorio desde 1833: Inglaterra, y también que en nuestras Fuerzas Armadas fue muy destacada la posición neutral, tan distante de un bando como del otro. No obstante, Anahí Ballent afirma que “se sostenía dentro del gobierno por su solvencia técnica independiente de ideologías”.
Volviendo a la nota. Entre las proposiciones posibles que piensa O’Donell hay una intención de querer mostrar cierta “inocencia” en la colocación de los mismos. Así piensa en Hernández, Borges o Piazzolla. Poniendo en la “misma bolsa” a personajes enfrentados políticamente (algo similar cuando descarta en la nota los nombre de Perón, Yrigoyen, Roca y Sarmiento), o un personaje ligado a la música, acto semejante a los discursos oficiales de hoy en día, o bien al cambio de los personajes históricos de los billetes por “simpáticos animalitos”. No hay “grieta”, no hay conflicto, no hay historia. Esos nombres sí son dejados como proposición para los “nuevos aeropuertos” de las empresas de “bajo costo”, haciendo un guiño a la política oficial en torno al apoyo del “desembarco” de dichas líneas. Incluso el Presidente vergonzosa y abiertamente festeja públicamente la inauguración de esas empresas que compiten con nuestra aerolínea de bandera.
Finalmente propone el nombre de San Martín, y allí también hay cierto vaciamiento pues nombra su patriotismo, del cual no dudamos, pero ese patriotismo en realidad se vinculaba a la Patria Grande, no a la chica, cosa que no se nombra, pues dicha política se lleva a los golpes con la política del gobierno actual, de espaldas a Latinoamérica y sumiso ante Inglaterra, los Estados Unidos, y otros países europeos. También lo destaca como “un estoico acerado que sufrió la envidia de sus contemporáneos”, nos aventuramos a preguntarnos: ¿se refiere al invento mitrista del enfrentamiento con Simón Bolívar, o al real con personajes como Rivadavia? Hacia el final propone que nos debiéramos parecer a San Martín, aunque en la nota haga recordar más a un Alberto Teisaire luego del 55 que al Libertador o a Pistarini.
El caso del aeropuerto es emblemático del accionar del Ministerio a cargo de Pistarini, para lo cual se muda con su familia a la zona de la obra. El aeropuerto en el momento de su construcción es considerado el más grande del mundo. La obra se construye en un territorio expropiado de gran extensión. Esta obra no es solamente la construcción del aeropuerto sino que implica autopistas, viviendas, lugares para el ocio y el esparcimiento, la forestación de zona, etc.
El nombre del aeropuerto, ponemos de relevancia, es del momento de su inauguración en 1949, es decir, el mismo tiene el aval del Presidente Juan Perón, lo que queda demostrado en los discursos del acto en el que se lo coloca el 12 de marzo de 1949, y también en el que inaugura el aeropuerto el 30 de abril del mismo año. Perón menciona allí que son los trabajadores los que quisieron nombrar el aeropuerto así. A ellos y a Perón evidentemente no les parecía un personaje secundario. Perón no era ajeno al nombre puesto a la “nueva obra”. Con respecto a los nombres, el Ministro hacía poner en los barrios obreros o en los barcos construidos los nombres de trabajadores destacados a partir de una suerte de elección entre los compañeros, quizás a varios de los que escriben en Perfil también le parezcan secundarios esos nombres, pero para nosotros los trabajadores son los que construyen día a día la Patria, así que bien vale el homenaje a los hombres de la “columna vertebral”. En el caso de la Flora Fluvial también se hacen exposiciones y decora con trabajos artísticos de los trabajadores. Pistarini asevera que “el monumental aeropuerto que el pueblo ya admira con cariño por que lo sabe suyo, las hermosas colonias que atraen todos los veranos a millares y millares de niños, los magníficos balnearios de aguas saladas y los grandes bosques en formación con más de tres millones de árboles, están granjeando a Ezeiza de una notable y creciente popularidad y revelan el acierto del Gobierno al dotar al pueblo de un espléndido lugar de esparcimiento, amplio y sano a las puertas de la Capital”.
Para finalizar entonces, recordando que la propuesta del nombre es de los trabajadores, y avalada por Perón, nosotros creemos más en la palabra de éstos más que en las proposiciones del médico psicoanalista. Pensamos, a diferencia de la nota del diario de Jorge Fontevecchia, que a las ideas de los trabajadores hay que respetarlas (como a los personajes que cumplieron con Patria y con su accionar la engrandecieron). A los trabajadores, como afirmó el líder de Camioneros el 21 de febrero en el multitudinario acto en la 9 de Julio, “no tienen que tenerles miedo ¡tienen que tenerles respeto!”. Así, dejamos para la reflexión las palabras de Perón al dejar establecido el nombre de “Ministro Juan Pistarini” para el aeropuerto de Ezeiza: “las grandes obras se construyen sobre la felicidad de los hombres y no sobre la desgracia y la miseria de los obreros. Por eso, compañeros, felicito a su excelencia al señor ministro de Obras Públicas, por su capacidad realizadora, por su competencia técnica, por su energía en la realización y, por sobre todas las cosas, lo felicito porque veo la cara alegre y conforme de sus obreros que lo han ayudado en esta gran empresa”.


* Publicada originalmente en Revista Zoom

domingo, 25 de febrero de 2018

LOS TRABAJADORES ARGENTINOS SE HAN MOVILIZADO


Carlos 'Pancho' Gaitán

Buenos Aires, 23 de febrero de 2018.



La convocatoria a la movilización  y al acto público del 21 de febrero, que tuvo la extraordinaria respuesta de más de 300.000 trabajadores y trabajadoras movilizados, tuvo su origen en la reunión de dirigentes sindicales del 18 de enero pasado, que produjo un documento llamado "DECLARACIÓN DE MAR DEL PLATA".
Esta declaración, llevada a la reunión del Consejo Directivo de la CGT -tal como reza el acuerdo-, fue aprobada con quórum suficiente por el máximo cuerpo ejecutivo de la Central, reunido el 31 de enero con la ausencia -entre otros- de uno de los triunviros, Héctor Daer, quien desde un comienzo se opuso  a la propuesta, representando al bloque sindical que tiene mejor relación con el gobierno del presidente Macri, el que va más allá de los grandes gremios denominados "Los Gordos", ya que comprende a otros que tienen o pretenden beneficios individuales o -al decir de cierta prensa oficialista-, los que tienen dirigentes "apretables", por "no tener los papeles en orden".

Dicho documento, sumamente crítico a la administración del Estado por su política en contra de los intereses populares y claramente en favor de los intereses empresarios y de los negociados de los funcionarios del Gobierno, fue el marco de la propuesta del Acto del 21F que expusiera, leyendo,  Juan Carlos Schmid, único triunviro de la conducción de la CGT presente en el acto, definiendo la línea propuesta.

Schmid recordó el marco y la línea de la convocatoria, que denuncia al gobierno en su acción de estos más de dos años, cuyas consecuencias han sido:
a) Hacer perder el poder adquisitivo de jubilaciones y salarios.
b) Condonar y blanquear las deudas de los evasores.
c) Rebajar el sueldo de jubilados, pensionados y los programas sociales.
d) Llenar las góndolas argentinas con productos extranjeros, que conspiran contra el trabajo de los argentinos.
e) Endeudar el país de manera inaudita.
f) Hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.

POR ELLO DECIDIMOS
1- Repudiar enérgicamente los recortes a los jubilados, reclamar la derogación de la ley sancionada  en la materia y poner a disposición de los compañeros nuestro servicio de asesoramiento jurídico gratuito, para iniciar acciones judiciales y todas las medidas pertinentes.
2- Exigir negociaciones paritarias libres sin tope.
3- Habida cuenta de que el Poder Ejecutivo impulsó la reforma laboral en un contexto donde la verdadera intención era la de sancionar la Reforma Previsional, que conlleva la rebaja del ingreso de los sectores más desprotegidos  de la sociedad, decidimos no acompañar el proyecto de reforma laboral presentado en el Senado por el Poder Ejecutivo.
4- Rechazar el DNU 27/18, particularmente en lo atinente a los temas laborales (inembargabilidad de sueldos, tal como rezan los acuerdos de la OIT), prohibición de disposición de los fondos del ANSES para la timba financiera, desfinanciando el sistema de seguridad social, por ser notoriamente anticonstitucional.
5- Apoyar y acompañar activamente  a las Organizaciones que se declaren en conflicto en razón de estos fundamentos expresados en el presente documento.
6- Requerimos a los Legisladores que no acompañen con su voto la sanción de leyes que vulneran y cercenan derechos de los trabajadores y de los sectores más desprotegidos de la sociedad.


Estos fundamentos, así concretamente expresados por el Dirigente de la CGT, constituyeron el marco político de los reclamos expresamente acordados en el Movimiento Obrero incluso con la participación de algunos de los dirigentes que, por razones inexplicables pero sabidas, se "bajaron" de la convocatoria, aceptando el bochorno de designar delegados para que acompañen al Ministro de Trabajo a Europa, siendo cómplices de políticas de dudosos fines.
Serán sus afiliados los encargados de analizar y juzgar sus conductas.

El contenido de los discursos de los dirigentes que expusieron desde el palco, tiene que ver con la manera en que cada uno ve o expresa sus problemas, estados de ánimo o preocupaciones, pero no modifica el planteo de fondo, sino que lo enriquece o lo matiza según la propia visión y animosidad.

Queda en claro el compromiso democrático de los trabajadores y la decisión inclaudicable de lucha en defensa de los intereses de los trabajadores y el pueblo,  la composición polifacética del movimiento de trabajadores, con el reconocimiento a los trabajadores de la economía popular y a los trabajadores desempleados, así como la proyección del Movimiento más allá de conducciones transitorias en el tiempo, como lo demuestra su propia historia forjada desde fines del siglo XIX.




miércoles, 21 de febrero de 2018

Envar “Cacho” El Kadri y la crítica a las armas


Por Juan Godoy (Sociólogo, UBA)

“La derrota de un proyecto de país liberado, con justicia social, con soberanía política y con independencia económica se va a ir revirtiendo en la medida que seamos capaces de construir desde nosotros mismos ese mundo solidario, más justo, más fraterno, más igualitario que soñamos y por el cual luchamos”. Envar El Kadri

            El 1º de Mayo de 1941 se conmemoraba el día del trabajador, nuestro país transitaba lo que serían los últimos años de la década infame, ese día en la provincia de Córdoba que al menos los primeros años había quedado en cierto sentido distanciada de la infamia de esa época, en Río Cuarto nace Envar El Kadri que va a dedicar toda su vida a la lucha por la liberación nacional, los trabajadores, los humildes de la Patria.
            El Kadri tiene una profunda formación política e intelectual (Ana Lorenzo comenta que era un ávido lector, pero que no hacía alarde de ello), lo que le permite articular virtuosamente la teoría y la praxis, en tanto lo entiende John William Cooke cuando afirma que “la teoría es necesaria (…) los burócratas creen que la política es puro pragmatismo, y como ellos son los empíricos por excelencia, también se creen los más altos políticos; la teoría es extraña o exótica, como dicen repitiendo las consignas oligárquicas. No ven que la acción y la práctica no son categorías independientes sino partes indivisibles de la lucha revolucionaria. No ven que la acción es conocimiento revolucionario que se sustenta a sí mismo, separado de la acción. La lucha revolucionaria es acción enriquecida por el conocimiento; compenetración de la realidad”. (Cooke, 2009: 72) En esa formación tiene relación con pensadores nacionales, militantes políticos y gremiales centrales de nuestra historia reciente de los cuales se nutre. Entre otros podemos nombrar a José María “Pepe” Rosa, Fermín Chávez, el mismo “Bebe” Cooke, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortíz, a los sindicalistas Jorge Di Pascuale, Alfredo Ferraresi de Farmacia o a Sebastián Borro del gremio de la carne con quien participa de la histórica toma del Frigorífico Lisandro de la Torre en el barrio de Mataderos.
También tiene una formación en el ejército, lo cual le permite, a partir de una frase de su padre en el ingreso: “hijo, quiero que vos seas como San Martín, tomá ese ejemplo”, conocer la tradición sanmartiniana, las diferentes vertientes de las Fuerzas Armadas y no “caer” en el anti-militarismo abstracto. Recibido de Cadete, ingresa al Liceo Militar, donde se niega a quemar los libros peronistas. Allí también observa como son expulsados los peronistas de la fuerza. Su padre había sido funcionario de la revolución del 43, y más aún sus abuelos y tíos eran peronistas, en fin la tradición familiar lo lleva a adscribir tempranamente al peronismo. Recordemos que también participa del levantamiento, fracasado, del General Iñíguez en 1960. Hasta ahí, cuenta, se pensaba que si Perón había sido derrocado por un golpe de estado, volvería por la misma vía.
Apenas producido el golpe de estado del 55 que deja inconclusa la revolución nacional, El Kadri rápidamente pasa a las filas de la resistencia peronista. Tiempos de tiza y carbón, flores de no me olvides, sabotaje, gritos peronistas en la madrugada, huelgas, cocinas, bombas caseras, y demás formas de enfrentar a la restauración oligárquica. Es de los primeros que comienzan a pensar formas de combatir al gobierno ilegal y luchar por los derechos del pueblo argentino, y el regreso de Juan Perón. Reparte el periódico Palabra Argentina, más tarde edita mimeografiado Trinchera que tiraba 500 ejemplares y mayormente lo distribuían en los sindicatos. Esos primeros años son desordenados, pero con el correr del tiempo se va dando organicidad a la resistencia para ser más efectivos e implacables.
            Como sabemos, ni bien asume Frondizi va virando su programa de gobierno hacia un plan de ajuste (pactado con el FMI), sobre los trabajadores y represión. En esta última se encuentra el Plan CONINTES para afianzar la persecución y el encarcelamiento. Se cuentan por miles los trabajadores, militantes, sindicalistas, etc. que pagan con la cárcel su patriotismo, entre ellos está El Kadri, que va a pasar tres años tras las rejas (1960-63). No será la última vez.
            En 1968 forma las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), y al poco tiempo se instalan en Taco Ralo, en la Provincia de Tucumán para entrenarse. El Kadri junto a otros compañeros piensan en ese momento que están agotadas las posibilidades de la vía legal para el regreso de Perón. El análisis de las condiciones lo lleva a justificar el accionar, la idea no es la toma del poder (aunque afirma que en momentos creían que la lucha armada era un fin y no un medio para arrinconar a la dictadura), sino forzar a la dictadura a negociar. En estas dos cuestiones, entre otras, El Kadri diferencia ese momento concreto de la lucha armada, y el que sigue posteriormente con los gobiernos democráticos de Cámpora y Perón, con la recuperación de la soberanía el contexto cambia radicalmente, “el depositario de la soberanía era el pueblo, no una vanguardia, un grupo mesiánico, un grupo elegido”. (El Kadri. Entrevista de Mona Moncalvillo, 1984. Rep. en Cersósimo, 2012: 34) En los diálogos con Jorge Rulli hace referencia nuevamente a esta distinción de los momentos: “habría que comenzar por distinguir dos grandes etapas: una que va, a grosso modo, de 1955 a 1973, cuando el pueblo utilizó todas las formas de lucha para reconquistar sus derechos; y otra, que va de 1973 en adelante, cuando en nombre del pueblo esa violencia fue consumada”. (El Kadri-Rulli, 1984: 16)
La experiencia Taco Ralo de todas formas fracasa antes de arrancar, pues son detenidos en el campamento de entrenamiento los 14 integrantes. Hasta mayo del 73 El Kadri va de una cárcel a otra, sufriendo fuertes tormentos y torturas. No obstante, en esas cárceles comienza un momento de revisión de lo realizado hasta el momento, y también en torno a las organizaciones político-militares y lucha armada que por esos años va creciendo, “la cárcel fue una gran escuela para mí; la cárcel sirvió para muchos de nosotros como la escuela política que no habíamos hecho”. (El Kadri. Entrevista de Mona Moncalvillo, 1984. Rep. En Op. Cit.: 31) Estas ideas y (auto) crítica se van a profundizar luego de la amnistía del gobierno de Cámpora, muy ligada al contexto político en que se avanza. Así afirma que “comprendimos que con esa concepción no íbamos a ninguna parte, que habíamos caído en un vanguardismo alejado de nuestro pueblo, que en definitiva la lucha era política y que había que desarrollar la organización popular, la lucha de masas, porque a las fuerzas armadas del régimen no las íbamos a vencer enfrentándolas en su terreno el de la violencia, sino políticamente”. (Entrevista Carlos Aznares. 1984. Rep. En Cersósimo, 2012: 53)
            En 1972 un grupo de Montoneros que estaba preso da a conocer el Documento Verde, una crítica a la conducción de la agrupación, la idealización de la lucha armada, el foquismo, la visión sobre el peronismo, etc. “se sostiene que las reflexiones de Cacho e Ignacio Velez fueron determinantes para la autocrítica del Documento Verde” (Tarruela, 2015: 200), afirma Alejandro Tarruela.
La extracción social de clase media de la mayoría de los sectores juveniles que se suman al movimiento nacional que en sus orígenes tenía un claro componente popular, y los sectores medios estaban más bien en la “vereda de enfrente”, es problematizado por El Kadri que sostiene que “cuando el peronismo recibió ese inmenso caudal de clases medias, que llegaron con ciertas ideas empresariales, que traían la visión de los “señores”, la soberbia de considerar que nada ni nadie podía estar por encima de ellos”. (El Kadri. Entrevista de Carlos Aznares. 1984. Rep. En Op. Cit.: 54) Profundizando las diferencias con los sectores medios cuenta que en “la frescura de los primeros años en los cuales éramos receptores de esas historias se contrapuso la época en que quisimos transmitirlas y nos encontramos con que los activistas las escuchaban y nos decían: “Bueno, pero ustedes no tenían ideología… ustedes carecían de un programa revolucionario, ustedes no expresaban la lucha de clases…”. O te decían: “Claro, el peronismo es tachín, tachán, la marchita, el Perón Perón, el 17 de octubre y nada más…”. Hubo un momento en que nos sentimos hasta acomplejados por esas formulaciones que menoscababan nuestro peronismo”. (El Kadri-Rulli, 1984: )
            El triunfo del gobierno popular primero con Cámpora, y luego con Perón abre una nueva etapa en el país y en la lucha revolucionaria. Cambia fuertemente el contexto. Piensa el Kadri que ahora es absolutamente necesario hacer a un lado las armas y ponerse a trabajar codo a codo por la recuperación del país y la revolución nacional. Forma las FAP 17 de Octubre y se pone a disposición del gobierno. Otro de los grupos importantes que sigue un camino similar, ya en febrero-marzo de 1974, en este caso escindiéndose de Montoneros, es el grupo Lealtad. (Duzdevich et. al, 2015) Otros sectores no lo entienden así y “ahí está la gran diferencia con aquellos que después del triunfo popular de 1973 usaron la violencia para imponer su voluntad de secta. Sectas que podrían tener un aparato más grande o más chico, ser de derecha o izquierda, pero finalmente no eran más que eso”. (El Kadri. Entrevista de Carlos Aznares. 1984. Rep. Op. Cit.: 54)
            La forma de “construcción política” también es analizada por el fundador de las FAP: “ellos decían: no, acá la única fuerza es la que nace de la boca del fusil, entonces lo que hay que hacer es tener fusiles, lo que hay que hacer es acumular poder. Todo esto se vio favorecido también con la incorporación al peronismo de vastos sectores de la clase media, del estudiantado, trayendo un montón de deformaciones (…) Cada uno se creía un “peroncito” (…) Venían con el esquema leninista del partido”. (El Kadri. Entrevista de Mona Moncalvillo, 1984. Rep. Op. Cit.: 36) El Kadri considera al peronismo como un movimiento nacional vertebrado en un gran frente nacional, en la mejor tradición de los movimientos revolucionarios de Nuestra América. Asimismo como un movimiento policlasista pero que su contenido ideológico y político se centra en los trabajadores. Nos interesa destacar que Facundo Cersósimo sostiene que El Kadri considera que la revolución no es un punto de llegada “un estado ideal al cual hay que llegar por cualquier medio, sino más bien un proceso de permanente construcción, de pequeñas acciones cotidianas, donde se buscan no sólo reformas económicas estructurales sino transformar de raíz las relaciones humanas de las sociedad en la que se vive”. (Cersósimo, 2012: 18-19)
El poder no lo traen las armas, sino la organización de los sectores populares de la patria. Siguiendo la crítica en tanto la política de la muerte lleva a la muerte de la política, argumenta que “terminaban suplantando las palabras por las pistolas. No había discusión, no había diálogo ni respeto por la mayoría, ni consulta a las bases. No se trataba de organizar al pueblo para que tomara las decisiones e hiciera lo que tenía que hacer, sino de suplantarlo por este grupo”. (El Kadri-Rulli, 1984: 24) Romper con la idea de la “vanguardia iluminada”. La construcción debe ser conjuntamente con las mayorías populares, “no somos los protagonistas irremplazables, únicos, de la Historia, porque el protagonismo está en el pueblo, en los trabajadores, en los miles de jóvenes que participan en los sindicatos, los partidos, las comunidades de base, los organismos de derechos humanos, los festivales, etc. Que hay valores como la ética, la honestidad, la coherencia entre lo que se dice y se hace, que son permanentes y no pueden ser sacrificados a ningún fin”. (Ibídem: 53) Asimismo también está “el poder del elitismo, es decir, el poder de ese pequeño grupo que se va salvando de las razzias policiales o que por las bajas sucesivas que van teniendo los compañeros al frente de las organizaciones, van quedando como número 1, 2, 3, etc., y que forman una casta, una élite que va a crear sus propias necesidades, la necesidad de mantener relaciones internacionales, de habitar con prestigio, de vivir con ostentación para “impresionar”, etc. El poder del catastrofismo, o sea la política del “todo o nada”, el poder de decir “hacemos la revolución ya mismo o no la hacemos nunca más”; “es preferible que los militares den el golpe y enfrentemos a un ejército contra otro”. (Ibídem: 225)
            Con la experiencia de los años de lucha y la humildad de quien trabaja por el bien de la nación, hace esfuerzos por evitar fracturas en el frente nacional, y por el abandono de las armas en pos del trabajo por la revolución nacional, pero con el paso del tiempo esas diferencias son cada vez mayores y hacen que las rupturas sean inevitables, así “El Kadri entró así en un limbo insondable: cuestionaba a Montoneros (que lo condenó a muerte por no irse de la Plaza de Mayo el 1º de mayo de 1974), y la Triple A, que lo puso en una lista de condenados a muerte”. (Tarruela, 2015: 230)
            La situación es cada vez más complicada para El Kadri, más aún luego de la muerte de Perón. Muchos compañeros le recomiendan abandonar el país. Así, finalmente en el año 1975 se tiene que exiliar. Termina en Francia, desde donde lucha denunciando a la dictadura genocida, y comienza a abrir una nueva arista para la militancia, la ligada a la revalorización, creación y difusión de la cultura nacional. Asimismo afianza desde el otro lado del océano su latinoamericanismo considerando que “hay que difundir la idea de que esta unidad latinoamericana no se dará oficialmente, ni por acuerdos entre gobiernos o a nivel de embajadas. Esta unidad hay que forjarla desde abajo, a través del acercamiento de sindicatos, partidos, artistas, intelectuales, que sientan esta necesidad de unión como algo vital”. (El Kadri-Rulli, 1984: 190)
           
 Bibliografía

Cersósimo, Facundo. (2012). Envar El Kadri. Historias del peronismo revolucionario. Buenos Aires: Colihue.

Cooke, John William. (2009). Duhalde, E. L. (Comp.). Obras Completas. Artículos periodísticos, reportajes, cartas y documentos. Tomo III. Buenos Aires: Colihue,

Duzdevich, Aldo, Raffoul, Norberto y Beltramini, Rodolfo. (2015). La Lealtad. Los Montoneros que se quedaron con Perón. Buenos Aires: Sudamericana.

El Kadri, Envar y Rulli, Jorge. (1984). Diálogos en el exilio. Buenos Aires: Foro Sur.

Tarruela, Alejandro. (2015). Envar “Cacho” El Kadri. El guerrillero que dejó las armas. Buenos Aires: Sudamericana.

Alberto Baldrich, ideario de un nacionalista



Aritz Recalde, febrero de 2018
“Originada la economía en una cosmovisión interesada y utilitaria, enfoca al mundo, a la comunidad política y al prójimo como campo de explotación. La política en cambio, surge de una primaria apetencia de mando, que se subordina a un ideal humano justificado por la justicia, para organizar la sociedad y llevarla al despliegue y desarrollo integral en pleno de lo que, como destino, siente arder en su ser”. Alberto Baldrich


VIDA DE ALBERTO BALDRICH
“Sólo mantendremos de pie a la patria si miramos cara a cara sus virtudes y defectos”. Alberto Baldrich

Alberto Baldrich (1898-1982) es hijo del General de Brigada Alonso Baldrich[1]. Se incorporó al Ejército en carácter de Subteniente de Reserva en el Regimiento 11 de Infantería, continuando así con la tradición familiar (Baldrich 1944: 13). 
Alcanzó el título de abogado de la Universidad de Buenos Aires y ejerció la profesión ocupando el cargo de Juez en la Cámara Nacional de Apelaciones en lo civil de la Capital Federal.
Desempeñó una importante tarea docente desde la década del treinta en la Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas de Rosario. Fue profesor de las universidades Nacionales de Buenos Aires y del Litoral, convirtiéndose en un referente intelectual de las ciencias sociales de su época. Se desempeñó como catedrático en la Universidad Católica, en diversas instituciones militares y en la Universidad Provincial de Mar de Plata, donde además fue nombrado profesor emérito (ver Anexo).
Acompañó la Revolución del año 1943 y ocupó el cargo de Interventor Federal en la provincia de Tucumán, donde nacionalizó la empresa hidroeléctrica que estaba en manos de monopolios extranjeros.
Al tener vínculo con Juan Domingo Perón en el año 1944, Edelmiro Farrell lo designó Ministro de Justicia e Instrucción Pública de La Nación.
En el año 1947 creó el Instituto de Sociología en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y fue uno de los fundadores de la disciplina en la República Argentina. Intervino en los encuentros internacionales de sociología en Europa de Lieja (Bélgica) y Beaune (Francia).
Sus prolíferos estudios constituyen las bases de una sociología política y de la cultura. Los enfoques de Baldrich articulan diversas disciplinas como el derecho, la filosofía, la historia, las relaciones internacionales y la sociología clásica.
Sus investigaciones fueron publicadas en formato de libros y en revistas académicas y militares. 
Como parte de su militancia cultural, intervino en conferencias y charlas a organizaciones libres del pueblo. En los años sesenta mantuvo correspondencia con Juan Perón, quién le escribió el 25 de junio de 1966 estas elogiosas palabras: “le felicito y agradezco en nombre de todo el Movimiento su admirable obra en provecho de una elevación intelectual y doctrinaria del Peronismo. Su incansable acción y el talento con que la realiza son circunstancias que rara vez se unen. Por eso tengo fe en el triunfo de sus empeños y fatigas”.
En el tercer gobierno Justicialista se desempeñó como Ministro[2] de Educación de la Provincia de Buenos Aires. En el año 1974 las organizaciones políticas de derecha Concertación Nacional Universitaria (CNU) y el Comando de Organización publicaron una solicitada en la que acusarona Monseñor Pironio y a Baldrich de “avalar con su silencio el accionar de bandas marxistas que a punta de pistola pretenden imponer su ideología” (El Peronista 1974: 10-11).


[1] Alonso Baldrich (1870-1956) tenía formación de ingeniero (UBA) y junto a Enrique Mosconi fue uno de los impulsores de Yacimientos Petroleros del Estado (YPF). Durante el segundo mandato de Yrigoyen acompañó activamente la Ley de Nacionalización y Monopolio del Petróleo. La dictadura del año 1930 lo desplazó de sus funciones y fue relegado a la Dirección de Parques Nacionales. Es uno de los forjadores del nacionalismo económico antiimperialista y tuvo influencia en las generaciones militares de Manuel Savio y Juan Perón.
[2] En el primer y tercer gobierno peronista la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires alcanzó el rango de Ministerio.


martes, 20 de febrero de 2018

Scalabrini Ortiz como pensador


            Alberto Buela (*)

Desde que tengo memoria política-militante; esto es, desde mi primera participación allá por 1964 en el Movimiento Nueva Argentina, siempre escuché hablar sobre Scalabrini como periodista que se ocupó de dos temas básicos: la ingerencia británica en Argentina y los ferrocarriles. Así como Silenzi de Stagni se ocupó del petróleo y Jorge del Río de la electricidad.
Pero Scalabrini no fue solo un periodista dedicado a la investigación histórica y económica sino que además fue un pensador. Y este es el aspecto que quiero destacar en estas breves líneas.
Nació en Corrientes en 1898, hijo de un inmigrante italiano y de una criolla entrerriana. Estudió ingeniería en la Universidad de Buenos Aires en donde se recibió de ingeniero y agrimensor. Falleció en Buenos Aires en 1959. Participó de la revolución radical de 1933 y después de la derrota viajó a Europa donde estuvo hasta 1936. A su regreso formó parte del grupo Forja junto con Jauretche, del Maso, del Río, Alessandro, Dellepiane, Manzi, Ortiz Pereyra, García Mellid, y otros. En 1940 publica sus dos grandes libros: Política británica en el Río de la Plata y Historia de los ferrocarriles argentinos.
Como periodista fundó o cofundó al menos tres periódicos: Reconquista (1939); El Líder (1956)
y El federalista.
Acá nos vamos a ocupar de sus tesis político-filosóficas esbozadas en El hombre que está solo y espera, un ensayo escrito a partir de varios artículos que van desde 1928 a 1931, año en que se publicó. Y así lo hace notar cuando dice: “las líneas anteriores fueron escritas y publicadas bajo la dictadura del general Uriburu” (95)[1]
La primera intención de Scalabrini fue escribir una novela pero al final terminó en un ensayo sobre los caracteres del hombre de Corrientes y Esmeralda. Del hombre porteño por antonomasia pero que viene a representar al hombre argentino en su conjunto.
Qué paradoja no¡ Qué un no porteño escriba sobre el porteño y además otorgándole valor nacional. Sobre todo para nosotros hoy en día, donde el porteño está visto en el interior del país con cierto desprecio por su petulancia y fanfarronería.
Sin embargo no siempre fue así. Basta recordar a Borges, para quien la ciudad de Buenos Aires es equivalente a la Argentina. O a los hombres de Tejedor que se consideraban los verdaderos criollos pues eran porteños. Yo mismo de chico he escuchado alguna vez decir: Ojo, que este es criollo porteño. Las letras de los tangos que nos hablan de bien criollo y bien porteño. Los mismos personajes de nuestra historia como Rosas, Mansilla, Irigoyen, Sáenz Peña y tantísimos otros, donde se amalgaman los dos rasgos.
Evalúo la edad del hombre de Corrientes y Esmeralda en más de veinticinco años y menos de cincuenta” (55), afirma Scalabrini, y esto dicho entre 1928 a 1931. Coincide con su propia edad. Es decir, que es el hombre que vivió entre la última década del siglo XIX al final de la década infame. Esto es, la revolución del 4 de junio de 1943. Este hombre va a estudiar, aquel que recibe toda la oleada inmigratoria y su primera su primera generación. Es por eso que a lo largo de todo el libro él distingue dos tiempos: 1) el del Buenos Aires que recibe a la inmigración “Buenos Aires no quería mujeres: las repudiaba, aunque el equilibrio estaba ya seriamente comprometido y en un millón y pico de habitantes había ciento veinte mil mujeres menos que hombres” (45). Era una ciudad donde no se bailaba ni se cantaba y el baile llegó a ser sinónimo de licencia y disolución. 2) Y el de los hijos de los inmigrantes, donde comienza el baile, la fiesta y el tango. No olvidemos que Scalabrini fue como Borges discípulo de primer metafísico argentino, el gauchipolítico Macedonio Fernández, quien sentenció de una vez y para siempre: “lo único que Buenos Aires no tomó prestado de Europa fue el tango”.[2]

En las primeras líneas del libro afirma que “procura indagar las modalidades del alma porteña actual”(13). Y para eso descarta los viejos tipos del gaucho, el porteño colonial, el aindiado y el cololiche.
Este hombre de Corrientes y Esmeralda está en el centro de la cuenta hidrográfica comercial, sentimental y espiritual que se llama República Argentina. Todo afluye en él y todo emana de él” (29). Es el hombre por antonomasia que desciende de cuatro razas distintas que se anulan mutuamente y sedimentan en él. Pero Scalabrini en ningún momento dice cuáles son. Nosotros podemos colegir que está hablando de los europeos, principalmente españoles e italianos, de los indios, de los negros y de los de medio oriente (árabes y judíos). Esta tesis la utiliza para afirmar que: “Nada humano le es chocante, porque no le atenaza la herencia de ningún prejuicio localista” (31). En definitiva, el porteño no es hijo de nadie. Y eso lo muestra en esa capacidad para salir de apuros, para encontrar recursos en sí mismo, en resolverlo todo en plena pampa.
Y qué es la pampa se pregunta. Y así como Drieu la Rechelle la definió ante Borges como “Un vértigo horizontal”, y Ortega y Gasset como una promesa constante, Scalabrini afirma que: La pampa abate al hombre. La pampa no promete nada a la fantasía. No entrega nada a la imaginación. El espíritu patina sobre su lisura y vuela” (39). Más que un vértigo y más que una promesa, la pampa es una siesta horizontal. Hombres ociosos, taciturnos, sufridos y altaneros son los hijos de esta llanura, que tienen menos necesidades y aspiraciones que cualquier otro. Y por eso son más libres.
El europeo invadió la pampa, la labró, la dividió y la llanura por un tiempo le dio sus frutos pero poco a poco la tierra se fue recobrando y aplacó los bríos y las exuberancias del bienestar material, “al conjuro irresistible de esa metafísica de la tierra la continuidad de la sangre se quebró. El hijo del colono ya solfea una burla cuando rememora los esfuerzos del padre” (40)
La funcionalidad que otorga a la tierra presenta en Scalabrini una ruptura con el pensamiento cosmopolita e ilustrado y comienzan a aparecer todos los elementos básicos en la formación de una conciencia nacional.
“Como el hombre de la pampa, el porteño no tenía un paisaje delante de sí. Estaba solo junto a los años” (50). “Y solamente quiere saber que está aferrado a esta tierra y al espíritu de esta tierra por sobre todas las cosas” (51).
En el hombre de Corrientes y Esmeralda convergen dos fuerzas; la tierra y lo a ella vinculado (toda la industria agropecuaria, la exportación, etc.) y el capital extranjero que implantó mejoras y la fertilizó. En la resolución de esta dialéctica se juega gran parte del destino de la Argentina.
El capital es poder de alevosías que no debe descuidarse” (92). El hombre porteño tiene que rastrear sus manejos y “palpita” que si en el aprovechamiento del capital estuviera el sacrificio del país, sacrificaría el país sin escrúpulo alguno. El capital debe de estar alejado de la función pública, no debe tener ninguna ingerencia en el poder político nacional. “Lo que el hombre de Corrientes y Esmeralda no permite es que los extranjeros le birlen las riendas del gobierno” (97).
Y como un visionario laico afirma: “Una dañosa tentación acecha a esta juventud (porteña), un riesgo la sitia: es la de norteamericanizarse” (56).
Tenemos además de este aspecto político un marcado aspecto filosófico, más específicamente caracterológico, del hombre de Corrientes y Esmeralda. Que como dijimos y reiteramos quiere representar al hombre argentino en su conjunto.
Pero no es una caracterología al estilo de Teofrasto o de La Bruyère donde se estudian virtudes y vicios a través de figuras como el inoportuno, el ambicioso, el impúdico, sino que estudia rasgos psicológicos del hombre porteño como sus silencios, su habla, su disposición, su emotividad, más al estilo de los filósofos Renè Le Senne, Gaston Berger y Ludwig Klages, contemporáneos de Scalabrini.
Así hablando de un hombre que robó, no es para el porteño un ladrón, porque “las faltas, los pecados, los delitos y los errores no son congénitos, no son el hombre mismo. Hay una comprensión casi fatalista de gaucho antiguo en su entendimiento” (130). El porteño no lo descalifica definitivamente.
El porteño en su afán de no inmovilizar lo humano ha creado un lenguaje de más en más esotérico. Cada una de sus palabras involucra un centenar de adjetivos castellanos. Así si dice “reo” quiere decir licencioso, despilfarrador, sucio, nocherniego, dicharachero, irreverente, disoluto, despreocupado y cien más. “Pelotudo es tanto el honrado, el puntilloso, el cumplidor, el probo, el enfermizo, el continente, el fehaciente, el económico, el tacaño, el disciplinado, el circunspecto, el equitativo, el enfermizo, el pachorriento, como el opa. El opa y sus congéneres tontos, pavos, secos son pelotudos de lo último.”(128).
Pero hay un tema que recorre todo el ensayo y es el de la amistad en el hombre de Corrientes y Esmeralda. Así en las primeras páginas afirma que “La amistad europea es un intercambio. La amistad porteña es un don: el único de esta tierra”. Mientras que en la última afirma: “Entra en un café de la calle Esmeralda. Allí está un camarada en el fortín de la amistad. Allí está seguro, habla y se ríe…ya hay algo nuevo en ese amasijo informe de la amistad” (134). Y termina el ensayo: “Por primera vez, el hombre está junto al hombre” (134).
“El porteño no piensa, siente. Siento luego existo, es un aforismo más apropiado que el cartesiano” (81). De ahí que Enrique Santos Discépolo pudo definir al tango como un sentimiento trágico que se baila.
En el café construye un mundo junto con los amigos. La amistad tiene un sentido existencial más que social. Y es existencial porque en ella le va la vida: “El porteño no puede estar solo. La soledad personal lo contraría y atrista. Las tertulias se instalan en el café” (66).
Aristóteles, también denominado el filósofo de la amistad pues le dedicó tres libros al tema establece tres tipos de amistad: a) la que deriva de la mutua utilidad, b) la que deriva del mutuo placer y c) la que deriva de una preocupación común por los bienes que son de ambos amigos. Es ésta última la que funda la ciudad =polis. Y este es el rasgo que en definitiva distingue a los griegos de los bárbaros, que carecen de polis, porque ignoran las relaciones políticas que se fundan en la  antiphilía u honestas amicitia o amistad recíproca.
La amistad en Scalabrini sería la segunda, la que deriva del mutuo placer, aun cuanto contempla un aspecto de preocupación por los bienes comunes al aconsejar que no queden los bienes del Estado en manos del capital extranjero: Lo que el hombre de Corrientes y Esmeralda no permite es que los extranjeros le birlen las riendas del gobierno” (97).

(*) arkegueta, aprendiz constante

 [1] Número de página del libro, El hombre que está solo y espera, Ed.Hyspamerica, Bs.As. 1986
[2] Su principal libro es No toda es vigilia la de los ojos cerrados. Scalabrini  en la segunda parte de su libro titulada Libreta de apuntes, le dedica el primero a Macedonio afirmando: “es la quintaesencia de lo más puro, de lo más acendrado del espíritu de Buenos Aires”.

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