lunes, 20 de marzo de 2017

¡Cuidado con los idus de marzo! (*)

Por Omar Dalponte - marzo 2017

Alguien -suponiendo que alguien del “equipo” que la mitad de los argentinos reconoce como gobernante haya leído alguna vez, aunque sea accidentalmente, a Shakespeare- tendría que haberle dicho al ingeniero Mauricio Macri ¡Cuídate de los idus de marzo!”. Si bien es cierto que los primeros quince meses de la gestión macrista fueron, para ellos, de relativa tranquilidad, algo se venía venir desde el horizonte del pueblo.
2016 y parte de 2017 fueron blandos para los que aumentaron sus riquezas y extremadamente duros para las clases populares. La pobreza y el hambre recorren impiadosamente las zonas donde habitan los sectores más humildes de nuestra Argentina. Se sienten con fiereza en los barrios periféricos de las grandes ciudades y ya comienzan a introducirse en los hogares que hasta hace poco, sin que les sobrara demasiado, por lo menos podían presentar un plato de comida en la mesa, afrontar un alquiler y hasta darse un paseíto los fines de semana.
Los meses del verano, habitualmente de cierta serenidad y de disfrute en años anteriores, esta vez fueron políticamente  calientes, tanto como los días insoportables que tuvimos que padecer por las elevadas temperaturas agravadas por los cortes de luz, los aumentos desmedidos de los precios, la desocupación en crecimiento y la amenaza de pérdida del trabajo que sufren los que aún lo tienen pero penden de un hilo por el estado catastrófico de la economía y la insensibilidad de las grandes empresas a las que les conviene un ejército de desocupados para imponer salarios miserables.
Llegó marzo. Y de arranque nomás hubo tres días de movilizaciones populares que sin dudas marcaron un punto de inflexión en este proceso neoliberal que, por soberbia, necedad e incompetencia, no pocos creyeron que navegaría sobre aguas mansas sin afrontar turbulencia alguna. Sopapos del movimiento obrero, de los docentes y de nuestras mujeres al gobierno conservador radical, y también a quienes la comodidad de los despachos oficiales suele ser más tentadora que la obligación de representar a los trabajadores.
Hay situaciones que se repiten como fotocopias. Pero otras son irrepetibles después que el pueblo, en su más genuina esencia, alcanza  un nivel de conciencia determinado. Así, como luego del primer peronismo de 1945/55, los trabajadores supieron de sobra que hacer para no resignar los derechos ganados y estuvieron dispuestos a resistir heroicamente primero, para avanzar hasta  obtener triunfos históricos notables posteriormente, hoy, conocida la dura época del “menemato” durante la cual había quedado severamente herida la moral de nuestra gente, y con la memoria de la deplorable experiencia de la alianza radical conservadora de De la Rúa, Cavallo y compañía, se sabe que las conquistas logradas en los turnos kirchneristas no  deben perderse, porque si ello ocurre regresaríamos a los peores momentos de nuestro país. Después de lo que generó Néstor Kirchner en los espíritus de gran parte del pueblo, especialmente en los sectores juveniles, y de los importantes avances obtenidos en los dos turnos de Cristina Fernández, quedó una nueva conciencia en marcha que, con sus fortalezas y debilidades, permite proponer una fuerte resistencia al neoliberalismo y elaborar una contraofensiva democrática para colocar nuevamente las cosas en su sitio.
En los días seis, siete y ocho de marzo quedó demostrado que el horno no está para bollos, que el pueblo cuándo se moviliza reclama en voz alta, hacia varias direcciones,  poniendo en su lugar a propios y extraños. Ahora tenemos por delante varias concentraciones que serán de gran envergadura. El 20 y 23 de marzo en Lanús, el 24 en la Ciudad de Buenos Aires y en diversos puntos del país. En repudio a la dictadura cívico militar de 1976 se producirán marchas multitudinarias. El 30 de marzo y el 6 de abril las centrales obreras CTA y CGT han resuelto paros nacionales que, según parece, no serán paros “domingueros”. De cada uno de estos actos masivos saldrá un mensaje que deberá ser tenido en cuenta en los concejos deliberantes, en las legislaturas, en el Parlamento Nacional, especialmente por el “equipo” gobernante conservador radical, y también ´por nuestra propia dirigencia política, social, sindical y empresaria.
Marzo, en principio, abrió el camino. Camino que habremos de recorrer con acciones y propuestas democráticas orientadas siempre a lograr la felicidad de nuestro pueblo. Sin olvidar que en agosto habrá que elegir a los más honestos y capaces para dar la gran batalla electoral de octubre. Sin olvidar –nosotros los peronistas- que es necesario poner en movimiento al Partido Justicialista, que los trabajadores deben ocupar lugares en las listas de candidatos porque los laburantes necesitan opinar donde se hacen las ordenanzas y las leyes, que la unidad del movimiento obrero es imprescindible y que resulta indispensable una construcción política nacional, popular, amplia y realmente participativa que de carnadura al Movimiento Nacional que hoy carece de una conducción efectiva. Mucho hay para pensar. Mucho hay para realizar. Ninguno de nosotros debe permitirse ser indiferente ante los desafíos que tenemos que afrontar en busca de la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía Política que sólo son posibles con la definitiva liberación nacional y social de nuestra Patria.

(*) ¡Cuidado con los idus de marzo!. Frase hecha famosa por Shapeskeare en su obra “Julio César”, de 1599, en la que recreaba la conspiración que acabó con el asesinato del mandatario.