martes, 4 de diciembre de 2018

Presentación del libro sobre el Modelo Sindical Argentino de Damian Descalzo

Prólogo
Iciar Recalde, La Plata, 31 de octubre de 2018


Lo único que vence al tiempo son las doctrinas y las organizaciones”. General Juan D. Perón en carta al Mayor Pablo Vicente desde el exilio en Madrid, 28 de mayo de 1968
  
"La Tercera Guerra Mundial ya comenzó, sólo que se libra en capítulos", clama en el desierto la voz valiente del profeta, cifra de la más digna dignidad parida en este suelo.  La Argentina es uno de esos capítulos. Ofensiva del dios dinero sobre los pueblos del mundo en tiempos de universalismo, tal como lo había advertido el General Perón en La hora de los Pueblos y, otra vez, cuando casi descarnado volvió a la Patria a sacrificar sus últimas horas de vida y plantó brújula para timonear en su ausencia las tormentas por venir en el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. Democracia social, orgánica y directa, dispuso. El imperialismo vendrá por las materias primas, el agua, la tierra habitable, los mares y el dominio integral del país, alertó. Comunidad organizada y poder a las organizaciones libres con centralidad sindical, revalidó. Hay que sanar el corazón del hombre argentino como reaseguro para afrontar la profunda agresión del enemigo sobre la cultura y el espíritu del pueblo argentino, previno. Pero como al profeta actual, no hubo quien lo escuche y la Argentina entró en un proceso de involución y decadencia apresada en el movimiento de pinzas, derecha izquierda, y el perpetuo tercero excluido: el movimiento nacional.  
La restauración de la vieja estructura colonial previa al peronismo echó a andar. Y mientras la economía del país era despojada de la palabra nacional, el capital extranjero y sus entregadores internos, escudados en el demoliberalismo o la socialdemocracia, lo corrompieron todo: destrucción del tejido industrial, política partidocrática, educación colonial, periodismo mercenario, primitivismo agropecuario de la soja, endeudamiento con el extranjero, arremetida sobre la cultura del trabajo y los valores solidarios, destrucción del alma de las organizaciones libres, siembra de hambre y oprobio en el país al que se le borraba gradualmente el recuerdo de sus años de grandeza. Décadas de millones de sacrificios arrebatados a generaciones de argentinos que quedaron a la deriva, a la par de que la pedagogía de la autodenigración propiciaba la desconfianza en su propio esfuerzo y en la realización comunitaria.
 Somos la cascara de una Nación. Y difícilmente pueda hacerse una apreciación verdadera de lo que nos acontece si se ignoran los datos de la realidad que vivimos en su propio curso histórico, en su propia naturaleza y su forma de accionar. Recuperar la visión panorámica de por qué llegamos hasta acá evitaría que lo circunstancial e inmediato nos  impida el examen despiadado de la única verdad. Toda resolución que no se ajuste a nuestra realidad será preámbulo de un nuevo fracaso, hondonada para continuar naturalizando a una clase dirigente podrida de demoliberalismo al servicio de la entrega del patrimonio nacional.
 Y en medio de la humillación espiritual que no estamos dispuestos a disimular, perdone el lector si las palabras que empleo se le enredan frente a los ojos como un nudo. Yo tengo un nudo más grande en el corazón. Pero también tengo una esperanza en el resurgir de las entrañas mismas de la anomia actual fecundas obligaciones de fraternidad que señalan un derrotero que es el que nos lleva a las fuentes. Y acá entra al combate una inteligencia leal a nuestro pueblo. Damián Descalzo está en su trinchera y cumple con su deber de argentino dispuesto a testimoniar, misma fe que los profetas, el anuncio de asumirnos en una tradición que nos justifica y ensalza.  La que señala que la cuestión nacional irresuelta aún para los argentinos, donde se encuentran las razones hondas de nuestros dramas, o las resolvemos nosotros mismos o las resuelve el imperialismo a costa de nuestra existencia. La que afirma que sin independencia económica la libertad política es una farsa y la justicia social una quimera. Y hay que decirlo: el Modelo sindical argentino, herencia de Perón al porvenir, es el último reducto en pie de esperanza para una Argentina que agoniza. Allí permanece y resiste la conciencia del subsuelo de la Patria que con este libro, sin lugar a dudas, se ha enriquecido.
Más de cien años de un movimiento obrero transitando y practicando distintas alternativas y programas concretos. Que con Perón asumió una concepción nacional, humanista y latinoamericana que dio impulso, con la clase trabajadora como columna vertebral, a la Argentina potencia que se convertirá de una vez y para siempre en aurora de los humildes. Donde la Organización vence y continuará venciendo al tiempo. Y vayan las páginas que siguen a misionar la ratificación de que sólo la formación de los dirigentes define la organización en el convencimiento de que seguiremos trabajando la forja de una sola clase de hombres: los que trabajan. Por eso, desde el margen de la infamia que amenaza nuestro hogar, le agradecemos al autor este libro, que será santo y seña para reconocernos en las horas de angustia en las que estamos viviendo con la misma convicción del poeta de Corrientes y Esmeralda que cantó al hombre que estuvo solo y a la espera de la redención argentina: “Los más perentorios anhelos populares y los inmarcesibles ideales nacionales son tan duros y resistentes como los yuyos del campo y vuelven a reverdecer en cuanto caen cuatro gotas de esperanza. La brecha está volviendo a cerrarse, y solo un milagro del esfuerzo argentino podrá salvarnos.” Quiera Dios y nuestro pueblo que así sea



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