martes, 11 de abril de 2017

Perón y la Universidad

Selección de opiniones de la Entrevista a Juan Perón efectuada por Bernardo Neustadt para la revista EXTRA, diciembre del año 1968



Neustadt: Usted tiene un ejemplo en nuestra juventud, tan mimética siempre, que grita por Hungría y Checoslovaquia, pero no por Formosa. O que está adormecida cuando estallan Francia, Méjico, Uruguay, Italia...

JUAN DOMINGO PERÓN: Bueno, los jóvenes estallan y estallan con razón. Ellos saben que actualmente se está forjando un mundo que ellos deberán sufrir o gozar. Y ven que los viejos les cierran el camino y no les dejan participar en la formación de ese mundo.

Neustadt: ¿Pero usted no cree que ahora tienen más participación que nunca?

JUAN DOMINGO PERÓN: Aparentemente, nada más. Y si no tome el proceso universitario argentino: tenían mucha más participación en 1918, cuando se hizo la reforma, que ahora.

Neustadt: Tanto como para que la Reforma se esté por hacer recién ahora en Francia.

JUAN DOMINGO PERÓN Claro. Vea, el problema para mí es muy sencillo. Cuando termina el medioevo empiezan las empresas, las fábricas, la máquina. Se inicia el proceso de la liberación hombre–masa. A partir de ahí el hombre–masa fue poniendo la máquina a su servicio y liberándose de la antigua maestranza. Ahora empieza otro proceso: ya no se trata de la liberación del hombre–masa, sino también de la liberación hombre–cerebro. En este momento en el mundo no hay hombres. ¿Y por qué? Porque la Universidad no los ha sabido formar. Pero es que la Universidad está todavía en el siglo diecinueve, cuando debe formar hombres para el siglo veintiuno.

Neustadt: ¿Y a la Universidad después de la intervención en qué siglo se sitúa?

JUAN DOMINGO PERÓN:¡Y, en el siglo dieciocho si usted quiere...! Pero vamos al fenómeno: ¿qué pasa con la Universidad del mundo en la actualidad? Hay un señor académico -al que en algunas partes se le pone gorrita con flecos o una sotana con puntillas- que llega al aula, saca de su portafolios un fajo de papeles amarillos y se los lee a los alumnos. ¡Hace veinte años que les está leyendo esos mismos papeles! Y ya nadie quiere saber nada de eso, porque en la televisión ya están más adelantados que ellos. Y entonces, lógicamente, la gente tiene que rebelarse contra ese academicismo inútil. Tanto que cuando a mí me dijeron que quemaron la Sorbona, yo dije “¡qué bien!”. “¿Pero, cómo qué bien?”, me preguntaron. Claro, dije, si esa es una universidad del siglo diecinueve. Más poder tiene, más nombre tiene, más conservadora es, más atrasada se queda. Había que quemar todo eso y hacer una cosa nueva. Caramba, ahora para qué quiere uno sesenta calculistas haciendo cálculos para un ingeniero con la posibilidad de que al final se equivoquen, si hay computadoras que le hacen ese cálculo en 6 minutos y no se equivoca. Entonces no tiene sentido seguir manteniendo a una Universidad que forma a esos calculistas y no a la gente necesaria para el siglo veintiuno.

Neustadt: ¿La Universidad argentina qué posibilidades de cambiar tiene actualmente?
  
JUAN DOMINGO PERÓN: La Universidad no es un compartimento estanco y no evolucionará hasta que no evoluciones toda la comunidad argentina. Cuando yo llegué al gobierno la reforma del 18 no se había cumplido en ninguna de sus partes. Los primeros manejos de los muchachos dentro de la Universidad son del año 47; nosotros pusimos en funcionamiento la reforma dando acceso y control en la parte que le correspondía al estudiantado. Eso era inédito en el país: el estudiante dejaba de ser un elemento inerte. Y esa es la famosa teoría del participacionismo.

Neustadt: Ellos no lo vieron así. Porque si hubo un sector al que usted tuvo que enfrentarse fue el estudiantado...

JUAN DOMINGO PERÓN: Ellos venían trabajados por otros sectores fuera de la Universidad. Venían con prejuicios, con preconceptos políticos, no universitarios. Y, claro, esos eran enemigos nuestros. Sin embargo, la Universidad nunca tuvo mayor autonomía que en nuestro tiempo.

  

Revista EXTRA, Diciembre 1968 - AÑO IV, Nº 41

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