viernes, 3 de agosto de 2018

François-Xavier Bellamy: Los desheredados.




·         Cuando no somos capaces de hacer vivir una cultura común, la sociedad se disuelve en una vuelta al estado natural que se parece mucho a este “embrutecimiento del mundo”.
·         El hombre es, por naturaleza, un ser necesitado; y, en la primera línea de las necesidades que le afligen, se encuentra la cultura.
·         Es necesario un léxico desarrollado para aprender a sentir en las emociones las sutiles distinciones entre “amar”, “estimar”, “apreciar”, “admirar”, “agradar”, “adorar”, “querer”, “adular”… La puesta en juego del léxico no es sólo la precisión de la palabra: sin la diversidad de las palabras no sólo no podríamos comunicar de manera adecuada, sino que seríamos incapaces de reconocer en nosotros la singularidad de nuestros propios sentimientos.
·         La única aventura verdadera de la existencia: la que consiste en llegar a ser uno mismo.
·         Hemos decretado que la lengua era fascista, la literatura sexista, la historia nacionalista, la geografía etnocentrista y las ciencias dogmáticas, y no comprendemos por qué nuestros alumnos terminan por no conocer nada.
·         La cultura, por desgracia, no siempre impide que el hombre sea inhumano; pero la incultura sí que le impide ser humano.
·         Queremos entrar en nuestras vidas como consumidores en un supermercado: así de indeterminados, así de indiferentes, para mantener abiertas todas las opciones y dejarnos guiar solo por nuestros únicos apetitos.
·         [La idealización de la juventud] Genera una gran ansiedad a los propios jóvenes, cuyo futuro solo puede ser vivido como una lenta degradación hacia los complejos de la edad adulta.
·         El concepto de “género” inaugura un nuevo campo de batalla en la guerra contra la cultura, esa herencia de alienación y aprisionamiento que debe, según sus promotores, caducar definitivamente.
 ·         Cuando hayamos terminado de condenar a la cultura como una fuente de estereotipos alienantes, ya no seremos capaces de percibir siquiera la naturaleza misma.
·         Este mundo de incultura e indiferencia, promesa del cumplimiento de una libertad absoluta, podrá ser el de un salvajismo todavía inédito e, incluso, más amenazante, ya que, por esta misma incultura, seremos incapaces de percibirlo a medida que nos vaya atrapando.
·         Hacen falta muchos conocimientos para sorprenderse.
·         Aprender es recibir en herencia lo que nos hace sensibles a la infinita belleza de la realidad más ordinaria.
·         ¡Qué extraña sociedad es aquella que encierra a los adolescentes en la caricatura de su propia adolescencia, de la que se ha hecho un ideal!
·         No hay acto de amor más grande que el acto de autoridad.
·         Exigimos a nuestros enseñantes todos esos resultados privándoles de su trabajo específico: la transmisión de una cultura. Les pedimos que susciten cualidades que no pueden nacer más que de esa herencia que les impedimos ofrecer.
·         [La cultura desactivaría la violencia de género mejor que cualquier eslogan ad hoc] ¿Cómo es posible que, en el país del amor cortés, de las novelas de caballería, de la tragedia clásica y del poema romántico, se pueda hablar mal de una mujer?
·         [Nosotros no nos hemos hecho] Por nuestra lengua, por nuestra historia, por los saberes que hemos recibido, hemos sido conducidos hasta nosotros mismos, hasta nuestro propio pensamiento y a la libertad que hemos conquistado.
·         La ingratitud: he aquí de lo que muere una cultura.

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