miércoles, 12 de julio de 2017

COYUNTURA NACIONAL Y GLOBALIZACIÓN. EL PODER EN DISPUTA

 Daniel Mojica (*)

“Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre” (Aldous Huxley, “Un mundo feliz”, Prólogo)

Los argentinos tenemos que reflexionar sobre nuestra realidad nacional más allá de la coyuntura. Dentro del contexto regional y aún analizando en profundidad la llamada globalización y sus consecuencias locales.
Tal vez sea la forma de acabar con lo que algunos analistas llaman “la teoría del péndulo”. Que hace referencia a la rotación entre gobiernos populares que son derrocados por dictaduras, golpes judiciales que imponen gobiernos neo liberales, o como en nuestro país, que asumen de manera democrática luego de una estafa electoral; esto es mintiendo a los electores anunciando medidas en beneficio de las mayorías y cuando asumen hacen todo lo contrario. Como ejemplo de estafa al pueblo podemos mencionar la elección de Carlos Saúl Menem (1989), quien prometió “salariazo y revolución productiva” y el actual gobierno que anunció que no devaluaría, que cuidaría el empleo, generaría nuevos puestos de trabajo y buscaría llegar a “pobreza cero”. Para en realidad generar un descalabro social, económico y psicológico de proporciones aún desconocidas.
Quiero significar con esta introducción, que si enfocamos en la persona del actual presidente y aún de su alianza de gobierno, la causa del empobrecimiento, cierre de fuentes de trabajo, endeudamiento serial y entrega de los recursos nacionales, estaremos apenas acariciando la punta del iceberg.
Estas políticas llevadas adelante con una brutal represión a las protestas, ataque a las organizaciones sindicales, sociales y de derechos humanos y con amplio apoyo mediático corporativo, hay que inscribirlas dentro de las políticas globales de lo que en otras épocas nombrábamos como imperialismo y lo identificábamos con la política exterior de Estados Unidos.
Hoy el proyecto global de dominación excede a un país. Está en manos de conglomerados económicos y financieros que ostentan un poder que supera a los gobiernos. Un poder extraterritorial que descansa en pocas corporaciones.
Esta breve descripción no tiene por objeto desmoralizar sino resignificar las estrategias, y por lo tanto las tácticas del campo nacional y popular para enfrentar con medidas apropiadas a semejante enemigo del bienestar de los pueblos.
El objetivo de todo poder con ansias de dominación es dividir a quien pretende dominar. El gobierno de la nueva alianza, Cambiemos Pro-Radical, es sólo y nada menos que un instrumento de ese inmenso poder corporativo que pretende doblegar de una vez por todas la resistencia popular, que durante más de 70 años estuvo y aún está en el Peronismo.
Por eso mismo no es casual que desde 1955 a la fecha el objetivo de todos los proyectos colonizadores es destruir o “domesticar” al peronismo. Por ser la columna vertebral del Movimiento Nacional de Liberación.
Un recuento de esos intentos, el decreto 4161 (Dictadura Aramburu-Rojas)) de proscripción y persecución de Perón y el peronismo, sus símbolos y todo lo que se refiera al mismo, y los fusilamientos de los que intentaron resistir.
En 1964 el intento de Augusto Timoteo Vandor de crear un “peronismo sin Perón”. Esa iniciativa que no prosperó como tal, sin embargo, tuvo una descendencia a lo largo de los años en todos aquellos personajes que se pusieron la camiseta del peronismo, pero sin reivindicar en la práctica las banderas históricas del Movimiento creado por Perón.

Hemos visto un triste desfile de dirigentes que se nombraban peronistas y que acompañaron todos los intentos de licuar la raíz revolucionaria que le dio origen y sustento histórico. Estos personeros de la mentira y el engaño al pueblo es fácil identificarlos, se llenan la boca hablando de Perón, pero no llevan a la práctica durante su trayectoria política ninguna de las premisas que marcan a fuego al peronismo como proyecto liberador. Son los que pregonan “un Perón sin peronismo”, que utilizan la “cáscara del partido Justicialista” para sus propios intereses personales y no para la causa del pueblo, que no es otra que la liberación nacional. Única forma de lograr “la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria”, que es construyendo una Patria Justa, Libre y Soberana.
La realidad nacional y regional imponen superar, trascender, ampliar los límites de lo partidario. Mediante el frentismo que caracterizó desde su nacimiento al peronismo, reconstruir el Movimiento Nacional.
Creo que hoy una de las trampas de este sistema global es “fortalecer los partidos políticos”. Esa consigna que repiten algunos dirigentes nacionales, encierra una limitación peligrosa: encerrarse en los límites rígidos de tradiciones políticas que impiden la confluencia en un gran Frente Nacional y Popular, que no es otra cosa que revivir el Movimiento Nacional de Liberación.
De lo que se trata en definitiva es la construcción de poder. Un poder popular que permita salir del sometimiento y subordinación a intereses ajenos al bienestar y desarrollo de la Nación.

UNA MIRADA AL VIEJO CONTINENTE
Si observamos la realidad europea podemos ver claramente el desgaste y pérdida de identidad de los partidos políticos populares. Esto se evidencia en España con el Partido Socialista que ya no se diferencia en su práctica política del Partido Popular, en ejercicio del gobierno. Pasa lo mismo en Francia. Al igual que en el Reino Unido con el Partido Laborista.
Lo que la socialdemocracia europea significó luego de la segunda guerra con la construcción del estado de bienestar fue borrado del continente con el fuerte viento de los años ochenta y el Consenso de Washington.
La caída del muro de Berlín y el derrumbe del comunismo soviético dejó al mundo en manos de la potencia capitalista.
También quedaron atrás los tiempos en que las izquierdas nombraban al “imperialismo como fase superior del capitalismo”.
La globalización superó las peores expectativas respecto de la dominación de los pueblos a manos de los países más poderosos.
La realidad nos muestra que hay conglomerados económicos y financieros que están por encima de las naciones mismas.
Es desde esa perspectiva que debemos analizar nuestro presente regional y nacional. Para desde ese trascendental cambio político y tecnológico elaborar las estrategias que lleven a nuestros pueblos a la liberación.
Que no es como se imaginó en la década del 60 ni en la del 70.
Por estas razones, si pensamos que el problema nacional es Cambiemos erraremos la estrategia. Esto nos lleva a tener que planificar tácticas para recuperar el gobierno, como paso previo a recuperar el poder. Que llevará mucho más tiempo.


LA CUESTIÓN DEL PODER
“...el poder no se da, no se intercambia ni se retoma, sino que se ejerce y solo existe en acto...” “...el poder...es...ante todo, una relación de fuerzas,” (Michel Foucault, Genealogía del racismo)

Tenemos que admitir que nos sorprendió la celeridad y profundidad de las medidas anti populares del gobierno Pro-Radical que conduce Mauricio Macri. Esperábamos si, un gobierno liberal más, que llevara adelante las políticas típicas de ese cuño.
En cambio nos encontramos con un proyecto que sigue una línea histórica iniciada en los tiempos del “fraude patriótico” y que primero Hipólito Yrigoyen vino a revertir y que Juan Domingo Perón vino a sepultar con la promulgación de la Constitución Nacional de 1949. Que institucionalizó la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social. Así sobrevino 1955 y los intentos que mencioné más arriba, de destruir al peronismo.
Este gobierno viene a intentar cerrar ese ciclo histórico de bienestar popular, que resurgió desde el 25 de Mayo de 2003 durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Y a generar un espacio de “peronismo domesticado” que se sume a “la gobernabilidad” del sistema de poder establecido.
Recordemos que ya durante esos años, sobre todo luego de la muerte de Néstor Kirchner, se trató de diferenciar al kirchnerismo del peronismo. Ya el ex presidente decía “nos llaman kirchneristas para bajarnos el precio, somos peronistas”.
Esta fue un nuevo intento de dividir el campo popular, montado seguramente en errores cometidos durante esos doce años. Pero si miramos con atención las políticas llevadas adelante en esos años el balance es notoriamente favorable a los sectores populares.
Hoy el eje del ataque es hacia la figura de la presidenta mandato cumplido Cristina Fernández de Kirchner, porque es la única dirigente política con el apoyo popular necesario para oponerse a este proyecto de disolución nacional.
Nótese que dije “apoyo popular necesario”, pero no suficiente.
Acá viene la importancia que adquiere la demonización, estigmatización y catarata de denuncias mediático judiciales sin ninguna prueba fehaciente para desgastar y limar la imagen y el afecto popular de la ex presidenta.
 Creo que doctora Fernández de Kirchner hizo una adecuada lectura del momento histórico que atravesamos y en consecuencia elaboró la estrategia electoral que anunció.

¿POR QUÉ TANTA VIOLENCIA DESDE EL ESTADO?
Decíamos más arriba citando a Foucault que “el poder se ejerce”, entonces si el poder se ejercita, el semiólogo se pregunta “...¿Qué es este ejercicio, en qué consiste, cual es su mecánica?...” y se responde “...el poder es esencialmente el que reprime, el poder reprime por naturaleza, a los instintos, a una clase, a individuos...” (M. Foucault, “Genealogía del racismo”)
 Este gobierno desde su misma asunción le apunta a los trabajadores, con despidos, cierre de fuentes de trabajo y represión de las protestas sociales.
También decía la cita más arriba que “...el poder...es...ante todo, una relación de fuerzas,” entonces, siguiendo al autor “...debería ser analizado en términos de lucha, de enfrentamientos, y de guerra...” Esto explicaría la virulencia de los ataques oficiales a los docentes, a los científicos, a las organizaciones sindicales, a los jueces y fiscales que no se subordinan.
Si bien los funcionarios no lo hicieron explícito. Los periodistas del conglomerado mediático financiero que fungen como voceros de la administración de Cambiemos, en más de una oportunidad definieron su tarea como “periodismo de guerra”.
Si continuamos con la mirada de Foucault, su análisis del poder, extrae varias conclusiones que nos pueden servir para comprender las políticas que lleva adelante Mauricio Macri desde que asumió el gobierno.
“Una primera hipótesis...la mecánica del poder es esencialmente represiva, una segunda hipótesis que consiste en decir que el poder el guerra, la guerra continuada por otros medios”. Invirtiendo de esta manera la afirmación de Clausewicz. Según Carl Von Clausewicz (filósofo, militar, autor del libro “De la guerra”) la guerra es la continuación de la política con otros medios.
De seguir este razonamiento, la pregunta que surge es ¿con quién está en guerra el sector que representa el gobierno de Cambiemos?
No sería desacertado responder que está en guerra con los trabajadores, sus organizaciones sindicales y con el peronismo del cual el movimiento obrero es la columna vertebral.
 Acá surge una paradoja, porque el blanco preferido de la ofensiva mediática judicial y gubernativa es contra la persona de Cristina Fernández de Kirchner. Precisamente a quien los dirigentes que se dicen peronistas y apoyan la “gobernabilidad” y no ponen “palos en la rueda” a las medidas anti populares del gobierno tildan de “no peronista”.
A continuación, y para intentar comprender la virulencia del estado contra los sectores populares, voy a copiar una extensa cita que viene a cuento de lo que quiero demostrar.
Dice en “Genealogía del racismo” su autor: “La inversión de la tesis de Clausewicz quiere decir tres cosas: en primer lugar que las relaciones de poder que funcionan en una sociedad...se injertan esencialmente en una relación de fuerzas establecida en un determinado momento, históricamente precisable, de la guerra”, (digo, este momento de la “guerra” fueron las elecciones de 2015) sigue la cita: “Y si es verdad que el poder político detiene la guerra, hace reinar o intenta hacer reinar una paz en la sociedad civil, no es para suspender los efectos de la guerra o para neutralizar el desequilibrio que se manifestó en la batalla final...” (aclaro que la “batalla final” sería el resultado de aquellas elecciones) continúa la cita “El poder político en esta hipótesis, tiene de hecho el papel de inscribir perpetuamente, a través de una guerra silenciosa, la relación de fuerza en las instituciones, en las desigualdades económicas, en el lenguaje, hasta en los cuerpos de unos y otros”.
Por eso no detiene su ofensiva contra todos los sectores que no se les subordinan.
Un claro ejemplo que pone a las claras, por si hiciera falta, que no respetan los preceptos constitucionales y los mecanismos que establece para remover ciertos funcionarios autárquicos y sin dependencia del Poder Ejecutivo, es el inusitado ataque a la Procuradora de la Nación.
Una última apreciación en este primer tramo en el que pretendí mirar la coyuntura actual desde la mirada de Michel Foucault sobre el poder en su “Genealogía del Racismo”.
Al finalizar su conferencia expresa que se pueden oponer dos grandes sistemas de análisis del poder. Uno “se articula en torno del poder como derecho originario que se cede y constituye la soberanía, y en torno a un contrato como matriz del poder político” que es el que han tomado como modelo países como el nuestro. Donde el contrato se desprende del resultado electoral y el ganador se compromete a llevar a cabo lo que prometió y por eso se lo vota (este es el contrato roto desde el primer momento por el actual presidente, lo que significó una estafa electoral a la ciudadanía). Pero sigamos al autor en su razonamiento: “El poder así constituido corre el riesgo de hacerse opresión cuando se sobrepasa a sí mismo, es decir, cuando va más allá de los términos del contrato. Poder-contrato, con la opresión como límite o, más bien como la superación del límite”.
Queda a las claras como resultado del análisis expuesto que estamos ante un gobierno elegido de manera democrática, que de manera unilateral ha roto con la sociedad, el contrato por el que fue electo. Por algo en la jura de toma de posesión del mando presidencial, la forma elegida es: 
‘Yo,... juro por Dios Nuestro Señor y estos Santos Evangelios, desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de presidente (o vicepresidente) de la Nación, y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina. Si así no lo hiciere, Dios y la Nación me lo demanden”.
Recordemos además que Mauricio Macri suprimió “patriotismo” y en su lugar nombró “honestidad”
La pregunta que surge espontánea es: ¿Cómo demanda la Nación? Porque resulta evidente que no cumplió con “observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina”.

(*) Escritor Miembro de COMUNA
www.cuestioncultural.blogspot.com.ar

EEUU deja caer su máscara en Venezuela

Extraido de Sputniknews La disposición de Washington de bloquear los pagos en dólares por el petróleo venezolano será un gran golpe p...