domingo, 31 de mayo de 2020

La Política Financiera del Peronismo


Aritz Recalde y Sebastián Tapia, mayo 2020


“¿Qué era el Banco Central? Un organismo al servicio absoluto de los intereses de la banca particular internacional. Manejaba y controlaba los cambios y el crédito bancario, y decidía la política monetaria de la Nación con total indiferencia respecto de la política económica que la Nación debía desarrollar para la promoción de su riqueza. En nombre de teorías extranjeras, desoía los justos reclamos de una mayor industrialización”. Juan D. Perón

En el año 1946 el Presidente Edelmiro J. Farrell modificó el funcionamiento de las instituciones financieras del país. El 25 de marzo nacionalizó el Banco Central con el decreto-ley 8503/46 y el 24 de abril reorganizó el Régimen de Depósitos bancarios con el decreto-ley 11.544/46. Según Antonio Cafiero la iniciativa fue inducida por Juan Perón y supuso la “primera medida del gobierno electo el 24 de febrero”.
Con ambas decisiones se instauró el principio doctrinario del Justicialismo, que establece que la política financiera tiene que vincularse estrechamente con la política económica nacional. Sobre esta base institucional y durante todo el Gobierno de Juan Perón el Estado adquirió la indelegable potestad de orientar y de planificar racionalmente la utilización de los recursos financieros de la colectividad. 

·         El decreto-Ley 8503/46 de Nacionalización del Banco Central
El 24 de marzo de 1946 el entonces Ministro de Hacienda de La Nación, Amaro Avalos, le envió un Informe al Presidente Edelmiro J. Farrell impulsando la creación de un nuevo régimen financiero nacional. Propuso integrar las normativas de “Bancos y del Banco Central”, la de “Coordinación de Bancos Oficiales” y de otras instituciones nacionales como las “Juntas Reguladoras, Elevadoras de Granos y Corporación para la Promoción del Intercambio”. Como complemento, promovió la creación de un instituto especializado de “Créditos, Garantías y Ahorro”.
Atendiendo las recomendaciones de Amaro Avalos, Farrell sancionó el decreto-Ley 8503/46 modificando parcialmente la ley 12.155/35 de creación y de funcionamiento del Banco Central de la República Argentina.

El Banco Central de 1935
El Banco Central fue creado luego de la crisis bursátil y económica de los años treinta. El Ministro Avalos destacó que para garantizar su fundación el Estado “saneó” a los bancos privados, obligando al conjunto de los argentinos a cargar don dicho costo.
Alfredo Gómez Morales compartió el diagnostico de Avalos y puntualizó que la reforma monetaria y bancaria de 1935 incluyó un “salvataje financiero de los pocos privilegiados” que “conducían con hilos invisibles los resortes de la política y del gobierno del país”. En el mismo sentido Antonio Cafiero mencionó que en 1935 salvaron “de la ruina económica a los bancos e instituciones financieras privadas y extranjeras que durante la época precedente a la crisis del año 30 se habían dedicado a toda suerte de préstamos especulativos”.
La ley 12.155/35 estableció que el Banco Central estaba a cargo de un Presidente, de un Vicepresidente y de doce Directores. Estos últimos eran elegidos a razón de uno por el Poder Ejecutivo, uno por el Banco Nación y diez por la Asamblea de Bancos Accionistas siendo seis en representación de entidades bancarias (1 de provincia, 3 nacionales y 2 extranjeros) y cuatro elegidos en acuerdo con el Directorio y las entidades del agro, el comercio, la industria y la ganadería.
Gómez Morales consideró que este sistema mixto lesionaba la soberanía argentina ya que le otorgaba las decisiones a grupos financieros privados y extranjeros “ajenos al gobierno mismo”. Además puntualizó que el funcionamiento del Banco Central se caracterizó por la “falta de unidad entre el organismo monetario de tipo mixto y el poder político que representaba la soberanía del país (…) los intereses particulares de los bancos, especialmente los extranjeros, agravaban más aún la falta de disposiciones expresas y categóricas sobre el manejo del crédito”.
Antonio Cafiero consideró que el Control de Cambios y del crédito efectuados por el Banco Central no acompañaron la incipiente industrialización. El organismo implementó una “rigurosa ortodoxia” que benefició meramente a las actividades agrícolas. Cafiero consideró críticamente el hecho de que el Banco no favoreció el abastecimiento y el equipamiento del país en la antesala a la Segunda Guerra mundial.

La nueva estructura del Banco Central
El Directorio del Banco Central fue nacionalizado y salieron los accionistas de las entidades bancarias privadas. A éstos últimos se les reintegró su capital en bonos del Tesoro y en efectivo cuando así lo dispusieron.
A partir del decreto-Ley 8503/46 el Directorio se integró con un Presidente, un Vicepresidente y trece Directores. Se especificó que todos ellos tenían que ser argentinos nativos. El Presidente y Vicepresidentes debían disponer de experiencia industrial, comercial y bancaria. Formaron parte del Directorio tres representantes de los bancos oficiales (Nación, Hipotecario e Industrial), cinco delegados de las Secretarías de Estado (Hacienda, Agricultura, Obras Públicas, Industria y Comercio y Trabajo y Previsión). Lo integraron cinco “representantes auténticos” de la industria, de la agricultura, la ganadería, el comercio y de las “fuerzas del trabajo”. Los miembros del Estado y de la producción eran designados por el Poder Ejecutivo a propuesta de las Secretarías y de las entidades representativas del sector. En palabras de Gómez Morales a partir de 1946 “se formó un directorio netamente argentino”.
La cláusula 16 del decreto 8503/46 puso bajo la órbita del Banco Central a los Bancos Públicos, a la Caja Nacional de Ahorro Postal y a la Comisión Nacional de Vivienda. Incluyó a los entes reguladores del comercio como el Consejo Agrario, la Comisión de Granos y Elevadores, la Corporación para la Promoción del Intercambio y diversas Comisiones y Juntas (yerba mate, lecheras, industriales, carnes, vinos, algodón, azúcar, etc.-).

Política monetaria  y desarrollo económico y social
Entre los considerandos del Decreto 8503/46 se destacó que “es propósito del Poder Ejecutivo propender a una intensificación racional de la capacidad productora de la Nación en todos los órdenes, que permita expandir la economía mediante el más activo aprovechamiento de los recursos naturales y humanos y asegurar el bienestar general, el desenvolvimiento de las industrias, la especialización y mejoramiento de la producción agrícola ganadera, el acrecentamiento demográfico y toda otra actividad que suponga, en sus resultados, la elevación de la riqueza nacional”. El Decreto puntualizó que la política monetaria “no puede trazarse según normas aisladas y distintas de las que inspiren la política económica del Estado”.
Alfredo Gómez Morales detalló que el Banco Central nacionalizado se puso en línea con el plan de “promoción e independencia económica” trazados por el Poder Ejecutivo, en base a los estudios del Consejo Nacional de Posguerra. La nueva distribución de las divisas facilitó la implementación del programa de fomento industrial y la reposición de bienes de capital. El Banco favoreció la justicia social y la creación de un mercado interno pujante.

Con el decreto-ley 12.596 del 3 de mayo de 1946 el Banco Central concentró el manejo del control de cambios. Antonio Cafiero mencionó que se implementó un sistema de “tipo de cambio múltiple” y dicha política dejó de ser “cuantitativa” y se tornó “cualitativa”. Se atendió el abastecimiento del mercado interno y el fomento de la producción nacional. Con dicha labor el Estado pudo proteger al industrial argentino y se sustituyó el tradicional instrumento de la protección aduanera.
Gómez Morales destalló que dicho ciclo político de crecimiento y de pleno empleo derivó en un principio de inflación “circunstancia inevitable en la realización de una economía expansiva”.

·         El Decreto-ley 11.554/46 de nuevo Régimen bancario privado
“Antes los bancos daban al que pagaba mayor interés (…) Hoy no se presta dinero sólo con criterio comercial sino en atención, además, al interés general”. Alfredo Gómez Morales

En un Informe enviado a Farrell el 15 de abril de 1946, el Ministro Amaro Avalos mencionó que la ley 12.155/35 prohibió que el Banco Central realice las operaciones que creyó “peligrosas” y obligó a las entidades a disponer una cantidad de efectivo mínimo con relación a los depósitos. Avalos destacó que estas y otras medidas no impidieron las crisis frecuentes y el temor y la “desconfianza inmotivada” contra el sistema financiero. Resultado de esos fenómenos se generaron “liquidaciones ruinosas”, perdieron valor los documentos y se produjo la consecuente paralización industrial o el “emisionismo franco, que devalúa todo el dinero en manos del público”. En ese escenario fue frecuente que los ahorristas pierdan sus ingresos y que el Estado salga a subsidiar a los Bancos que se convierten en los únicos ganadores de las crisis.
Avalos destacó que en el sistema de la ley 12.155/35 los depositantes no participaron prácticamente de las ganancias de los bancos y que por eso tampoco deberían  participar de las “pérdidas”. Puntualizó que la mitad de los depósitos bancarios no les otorgaron nunca premios a los ahorristas y que el interés pagado fue siempre sumamente bajo en relación a la ganancia que generaron.
En este marco y con la finalidad de empezar a solucionar los problemas estructurales y las inequidades, el Ministro Avalos mencionó que “El Estado, velando por el bienestar general, debe a mi juicio tomar a su cargo la responsabilidad de todos los fondos que los habitantes del país lleven a los bancos no oficiales (…) Considero preferible que la Nación, por órgano del Banco Central, asuma la responsabilidad total ante los depositantes por los fondos que éstos depositen en los bancos, lo cual equivale a poner a todos en el mismo plano de protección en que hoy se hallan los depositantes de los bancos oficiales”.
Con la reforma introducida por el decreto-ley 11.554/46 el Banco Central tomó la garantía de todos los depósitos, dejando en cada banco particular el trato con los clientes que mantenían sus cuentas y servicios.
Los bancos receptores manejaron, recibieron y pagaron los depósitos a cuenta del Banco Central, quien les otorgó una comisión por el servicio financiero y administrativo que prestaron. En cada caso, el Banco Central analizó los papeles y los negocios de la institución y se definieron los márgenes y los destinos de los préstamos.
La autoridad nacional obtuvo el poder de policía para la “inspección activa y permanente” de los bancos y con esa facultad pudo defender el interés de los depositantes.
Avalos remarcó el hecho de que el Estado adquirió un instrumento fundamental para promover el desarrollo económico del país. El Ministro mencionó que a partir de la reforma el sistema financiero tenía que fortalecer la capacidad productiva de la Argentina. Puntualizó que desde ahora existiría una planificación nacional integral del desarrollo y “atendiendo al destino de los préstamos efectuados por los bancos, podrán establecerse tasas diferentes para su redescuento o caución en el Banco Central, con lo cual el mayor beneficio que los bancos recojan coincidirá con el desarrollo de aquellas operaciones que más convenga incrementar dentro de las orientaciones económicas del referido plan”.
Con la finalidad de garantizar la promoción industrial y productiva, se estipuló que el Banco Central no podía atender las necesidades fiscales y de funcionamiento del Gobierno con los depósitos.

·         Normas reglamentarias
El 21 de mayo de 1946 el entonces Presidente del Banco Central, Miguel Miranda, le presentó al Ministro Avalos un Informe con un conjunto de proyectos reglamentarios de los decretos 8503/46 y del 11.554/46.
Edelmiro Farrell recuperó los planteos de dicho Informe y sancionó una nueva regulación a la que organizó en tres niveles: Banco Central (decreto - ley 14.957); Bancos Particulares (decreto - ley 14.962) y Bancos Públicos (decretos – ley 14.959 Banco Nación, 14.960 Banco Industrial y 14.961 Banco Hipotecario). 
Miranda justificó la reforma financiera en el hecho de que el organismo potenció su condición de ser el gran catalizador del desarrollo. El artículo 3 del decreto-ley 14.957/46 puntualizó que el objeto del Banco era “Promover, orientar y realizar, en la medida de sus facultades legales, la política económica adecuada para mantener un alto grado de actividad que procure el máximo empleo de los recursos humanos y materiales disponibles y la expansión ordenada de la economía, con vistas a que el crecimiento de la riqueza nacional permita elevar el nivel de vida de los habitantes de la Nación”.
Miranda mencionó que “Como resultado de habérsele constituido en depositario de todos los fondos que la población confía a los bancos, el Banco Central de la República. Argentina tendrá la obligación de proveer los recursos que estos últimos precisen para proseguir la mayor parte de sus operaciones. Ese fin se satisface básicamente por vía del redescuento de sus carteras, que consiste en la entrega de fondos por el Banco Central contra pagarés, letras y otros valores comerciales que constituyen el activo de los bancos”.
Los bancos mantenían “la más plena responsabilidad respecto de sus préstamos, puesto que ellos son quienes estudian y deciden cada operación propia”.

·         La reforma financiera del año 1949
En 1949 el país debió enfrentar la inconvertibilidad de la libra británica, la decisión del Plan Marshall de no adquirir nuestra producción y la caída del precio de los bienes de exportación argentinos.
En 1949 se crearon los Ministerios de Finanzas y de Economía y se reorganizó el Consejo Económico[1] al que se le dio la función de coordinación de la política de desarrollo. Gómez Morales mencionó que el Banco Central fue reformado con la ley 13.571/49 y desde entonces quedó con la “función específica de ejecutar la política monetaria y bancaria que traza el Ministerio de Finanzas de la Nación”.
Gómez Morales mencionó que la reforma de 1946 mantuvo varios aspectos de la Carta Orgánica de 1935. Entre otros temas, “se respetó la relación mínima del 25% entre las reservas y la circulación monetarista”. El Gobierno modificó dicho régimen de garantía de los depósitos con la ley 13.571/49. Para justificar la medida Gómez Morales explicó que la “cantidad de circulante debe basarse en las necesidades de la producción y de la distribución del proceso económico”
Se redujeron los créditos para producciones superfluas. Gómez Morales mencionó que la decisión no supuso prohibir la producción de otros bienes, sino que en este caso el fabricante debería hacerlo con su propio capital. 

·         Un balance de la reforma financiera del Peronismo
Antonio Cafiero puntualizó que la reforma financiera del Justicialismo:
1- Fortaleció la soberanía económica nacional y las decisiones pasaron del sector bancario especulador extranjero al Estado, que es el promotor de los intereses de la colectividad;
2- Le dio al Banco Central la función de promover el desarrollo integral de la nación. El organismo conformó un Directorio con miembros de las carteras estatales y con referentes de la producción y del trabajo y eso favoreció la diagramación de políticas productivas. Se implementaron potentes líneas de crédito industrial y se abandonó la tradicional ortodoxia monetarista.
3- Auspició una política activa de control de cambios protegiendo el consumo del mercado interno y al empresario argentino.
4- Ordenó y potenció la Banca pública. El Banco Industrial financió la industria y la minería; el Banco Nación la actividad agraria, el comercio y las acciones de colonización y de impulso a la inmigración; el Banco Hipotecario se dedicó a sufragar viviendas; y la Caja Nacional de Ahorro Postal se abocó al fomento del pequeño ahorro y otorgó prestamos de consumo.
5- Permitió una utilización nacionalista de las reservas y se destinaron, centralmente, a importar bienes de capital, a rescatar la deuda externa y a nacionalizar los servicios públicos


Bibliografía citada
Alfredo Gómez Morales, Política Económica Peronista, Escuela Superior Peronista, Buenos Aires, 1951.
Antonio Cafiero, De la Economía social Justicialista al régimen Liberal Capitalista, EUDEBA, 1974.
Memoria del departamento de hacienda correspondiente a los Años 1946 y 1949, Buenos Aires, 1947.
Plan de Gobierno 1947 – 1951, Presidencia de La Nación, Buenos Aires, 1946.



[1] El Consejo Económico se integró con los Ministros de Economía (plan general), Finanzas (divisas), Industria y  Comercio (abastecimiento) y de Hacienda (recursos).

sábado, 30 de mayo de 2020

CHINA EN EL ESPACIO Y EN EL TIEMPO


Miguel Iradier

22.05.2020


Desde Occidente, tendemos a juzgar a la China actual más por su presencia económica y el impacto de su desarrollo material en el resto del mundo que por las necesidades internas en el desarrollo de su historia; dando así una prioridad abrumadora a la óptica geopolítica sobre la cultural, que debería tener al menos una importancia comparable.
De hecho, es fácil ver que el impacto global de China va a depender en gran medida de cómo acierte a encajar todo este periodo y el futuro previsible dentro de un marco histórico para el que desearía el menor número de cambios. Para la cultura china el sentido de la continuidad a gran escala es fundamental, y a largo plazo siempre hará cuanto pueda por asimilar y hacer indetectable el origen de las influencias extranjeras. Ya lo ha conseguido en buena medida con el marxismo y el capitalismo, que pierden tanto de su significado original en la traducción que ya no se sabe si denominar al sistema chino "socialismo de mercado" o "capitalismo de estado".
El impulso de la modernidad se sigue sintiendo como anómalo para gran parte de la población mundial, que sólo la padece como proceso de colonización cultural y pérdida de sus formas propias. Pero si en la mayor parte de los países esta aculturación es un proceso pasivo y reactivo asociado fundamentalmente a la sociedad de consumo, en China se presentó en primer lugar como una destrucción activa en el fenómeno sin precedentes de la Revolución Cultural, y sólo después adoptó las ubicuas formas del consumo. Esta profunda herida autoinflingida reclamará todavía durante mucho tiempo algún tipo de reparación, e incluso podría provocar excesos por compensación.
Quienes dicen que China quiere dominar el mundo mienten como bellacos y lo saben perfectamente. La aspiración al dominio global y sin fronteras es cosa propia de la economía-mundo del modelo liberal, que tuvo su epicentro en Londres en el siglo diecinueve y en Nueva York en el siglo veinte. Por el contrario, China ha sido por más de dos mil años un imperio-mundo, es decir, un sistema que se atiene a unos límites naturales, como por ejemplo los que tuvo el antiguo imperio romano.
A lo que puede aspirar China en todo caso es a volver a ser el centro de gravedad de todo el sudeste asiático con la huella de la cultura confuciana, como lo ha sido durante tantos siglos; pero esto es algo casi inevitable puesto que tiene cerca del 80 por ciento de su población y además es el origen de esa cultura. Sólo la sobreproyección estadounidense en la región, puramente coyuntural, y nuestro hábito moderno de pensar en términos nacionales, impide percibir lo que a escala histórica ha sido la norma.
Para China, como imperio-mundo, la condición ideal ha sido y será siempre la autosuficiencia. Otra cosa muy diferente es que en una situación tremendamente empobrecida no haya tenido otra forma rápida de recuperarse que a través de la exportación y un modelo mercantilista. Ese modelo, todavía presente, le obliga a asegurarse proveedores de materias primas así como mercados para sus recurrentes problemas de sobreproducción. La Iniciativa de la Franja y la Ruta responde igualmente a esas necesidades, así como a un giro progresivo en las asociaciones comerciales.
Dicho de otro modo, no se trata de expansionismo sino de asegurar la viabilidad del modelo en el futuro; el reflejo que lo mueve no es la conquista sino la conservación. Históricamente, incluso cuando más se ha extendido hacia el Asia Central, ha sido sobre todo para mejor garantizar su defensa. En cualquier caso, el Estado del Centro ha estado más definido por su continuidad cultural que por la oscilación de sus fronteras.
En el sistema chino el Partido Comunista permite la explotación de los trabajadores en nombre del desarrollo a la vez que juega su papel de última instancia capaz de reparar o mitigar las injusticias.  Este es el "camino medio" por el que se ha optado, que los críticos más radicales de la izquierda no pueden dejar de ver como un arreglo hipócrita. Un arreglo con una lógica vertical, y una estricta separación entre gobernantes y gobernados.
Sin duda, si algo sería de desear en la China actual, no es una mayor apertura a los flujos de capital extranjeros, como querría la plutocracia internacional, sino más socialismo y más participación popular —incluso aunque sólo fuera para mantener el equilibrio; pero a pesar de todo, el sistema mixto chino, en comparación con la furia privatizadora neoliberal que impera en la mayor parte del mundo, parece todo un modelo de cordura.
Sabemos que el capitalismo sin freno ni contrapesos sólo puede llevarnos a la catástrofe; como el gobierno chino es un ejemplo casi único de cómo ejercer estos contrapesos, su influencia tendría que verse en todas partes como básicamente benéfica —si no fuera por la malevolencia de la propaganda del único imperio que lo quiere todo y no tolera que se le escape ni un pedacito de tarta.
Piénsese que en otras épocas pasadas la economía china podía suponer un 30, un 40 por ciento o incluso más de la riqueza mundial, y los europeos ni siquiera sabían que existía ese Imperio.  Un 30 o 40, o incluso 50 por ciento de la riqueza mundial que, además, se basaba en su propio talento y trabajo y no en el saqueo de países ajenos [1]. Ahora, es aproximadamente de una sexta parte o un 16 por ciento del producto global, y se nos dice que quieren comerse el mundo. ¿A qué viene tanta histeria?
Es cierto que el modelo chino ni es exportable, ni se ha pretendido exportar jamás. Pero en Europa teníamos economías mixtas prósperas, en países como en Francia, hasta hace sólo unas pocas décadas; lo que es del todo irrazonable es el extremo hasta el que hemos llegado. El problema no es que el modelo chino no sea exportable ni quiera serlo, el problema es que en el resto de países ya ni siquiera se puede plantear que el estado ponga coto a los intereses de las corporaciones.
China intenta mantener siempre el equilibrio y la reciprocidad, tanto en sus relaciones exteriores como en sus asuntos internos; no es nada difícil de entender, después de todo, aunque en la práctica se convierta en un difícil arte de los compromisos. Con todo no se trata sólo de diplomacia, sino de un componente ético que en esta tradición política se le supone a la clase gobernante. La imagen política que hoy ofrecen los Estados Unidos, por el contrario, es la del desequilibrio, el abuso, el chantaje y la desconsideración más extremas.
Sería verdaderamente increíble si China llegara alguna vez a ser la primera potencia de un mundo que ni siquiera entiende y en el que bastante ha tenido con adaptarse. Es hasta impensable, para el que conozca mínimamente cómo funciona el sistema financiero mundial, y los otros sistemas de dominio paralelos. China no está a punto de devorar el mundo, es ella la que está cercada y hostigada por doquier. Tendría la más decidida simpatía de todos nosotros si no fuera por el nefasto y tóxico influjo de los medios de propaganda neocoloniales que dan el tono en casi todo el mundo.
Decir que los chinos, el otro por antonomasia, son una amenaza para el bienestar de los occidentales, es la forma perfecta de desviar la atención de los que realmente nos sojuzgan y expolian. Estos otros son mucho más otros todavía, tanto que ni siquiera tienen cara, o al menos nunca se las ve en la pantalla. Parece mentira que la gente pueda llegar a morder este anzuelo, pero lo hace, por que lo importante de la propaganda no es su verosimilitud, sino su insistencia y su ubicuidad. Así que podemos estar seguros de que la cosa no sólo va a continuar, sino que aumentará el volumen de los megáfonos.
LA TENTACIÓN CIBERNÉTICA
En realidad China tiene que lidiar más con un tiempo y ritmo que se le imponen, que con los delicados lineamientos geopolíticos. El tiempo del que hablamos es el de la propia modernidad, ahora revestido con los atributos del tsunami tecnológico y digital; un tiempo acelerado perpetuamente y cada vez más ajeno a la naturaleza, un tiempo regido por la lógica neoliberal de disolverlo absolutamente todo salvo la concentración del poder a través del capital.
Y aquí, de nuevo, nos engañamos con respecto a China. Puesto que ya lidera frentes estratégicos como la 5G, se ve a esta nación como particularmente dotada para estar en la punta de lanza del avance tecnológico; pero aunque estos despliegues no dejen de ser una exhibición de músculo y parezcan asumir la iniciativa, en el fondo son una reacción, o si se quiere, una sobrerreacción. China no controla la lógica de este gran proceso, sino que intenta lo mejor que puede no ser un juguete suyo. Trata de dominar sus formas, pero no controla su dinámica, su impulso ni su contenido. Es aquí donde se encuentran los mayores peligros.
Se dice que las tres grandes fuentes de inspiración de la cultura china han sido el confucianismo, el taoísmo y el budismo. A estas hay que sumar, sobre todo en lo tocante a las formas del gobierno, la mal llamada "escuela legalista" desarrollada desde Han Fei, o incluso mucho antes, si se quiere, por sabios como Guan Zhong. A esta escuela sería mejor denominarla "realismo tecnocrático", u objetivismo de los estándares de gobierno. Sin duda la tendencia tecnocrática es muy fuerte en la China actual, y su tradición de objetivismo en los estándares se ve como una suerte de aproximación al desafío que supone la tecnología.
Para la clase dirigente china es muy fuerte la tentación tecnocrática de crear un sistema cerrado de realimentación cibernética en tiempo real que procure controlarlo todo. Si Chile ya estaba a punto de aplicar su famoso proyecto Cybersyn en los años setenta cuando mataron a Allende, imagínese uno lo que pueden llegar a conseguir los gobernantes de esta gran nación con la tecnología actual y la que ya está en ciernes [2].
Un sistema así puede parecer idóneo para mantener las jerarquías a la vez que se controlan los flujos monetarios o se negocia permanentemente la descentralización y la participación popular. La tentación es aún mayor si se tiene en cuenta que China no está sola en el mundo, sino que es continuamente hostigada por unos Estados Unidos que procuran desestabilizar el país por todos los medios a su alcance —y la cibernética no es sino la teoría del control y la estabilidad. Cibernética y gobierno son la misma palabra, el kybernetes es el timonel.
El destino de China se está definiendo tanto o más por este tipo de procesos temporales que por el juego de inclusiones y exclusiones de la geopolítica. Pero no sólo el de China, pues no debemos olvidar que las mismas técnicas son ya aplicadas en el resto del mundo por los grandes gigantes digitales de cuyo nombre no quiero acordarme —gigantes que por lo demás también "colaboran" estrechamente con los gobiernos occidentales, aunque en una relación de fuerzas totalmente diferente.
El símbolo de la cibernética sería la serpiente que se muerde la cola. Los gobernantes del gran dragón asiático parecen estar aún más compelidos a apropiarse de estos mecanismos de realimentación debido a que para ellos equivaldría a inmunizarse contra los desestabilizadores peligros de una tecnología ya de por sí tan difícil de controlar —igual que la plutocracia occidental procura utilizarla para aislarse de las masas y controlarlas.
Pero el dataísmo es sólo una religión sustitutiva que no puede ocultar sus abismales carencias. En China, como en cualquier otra parte. Lo más extremo de todo es que la mentalidad china ni siquiera puede ver la ciencia y la tecnología occidentales como algo suyo propio, sino que sigue siendo un cuerpo extraño, incluso con todos estos titánicos desarrollos. De aquí puede surgir lo peor y lo mejor; lo peor es que se limiten a reproducir las formas, lo mejor, que lleguen al fondo de la cuestión.
A los chinos le fascinan los cangrejos, con los que comparten el mismo reflejo atávico por defenderse y agarrar. El otro símbolo que mejor los define es la balanza, con su búsqueda del equilibrio. El primero es el símbolo del pueblo, el segundo, el de la clase dirigente. Casualmente coinciden con las casas del zodíaco de Cáncer y Libra, los dos signos cardinales que marcan el comienzo del verano y el otoño, y, en el calendario chino, el centro de ambas estaciones.
Esos serían los puntos nodales del espíritu chino dentro de la rueda del año, el primer símbolo de la totalidad para todos nosotros. Curiosamente, los signos homólogos del calendario chino son la oveja y el perro, que no definen tan agudamente esta constelación. Siempre hay algo de ti mismo que sólo pueden ver bien los otros; no sé si nos preguntamos qué es lo que de nosotros mejor comprenden los chinos.
Capitalismo y marxismo son la tesis y la antítesis en la bomba de tiempo que es la modernidad. Cada uno de ellos oscila entre la disolución y la concentración del capital, y una correlativa depauperación y aglutinamiento de la opinión pública: vienen a encarnar la "doble contradicción" de la que ya hablaba Mao, la cruz del timón en una dialéctica que no se basa en la superación idealista hegeliana ni en la idea de la historia como proceso irreversible.
El capitalismo y el marxismo tienen cada uno su propia astucia de la razón, y la idea china de equilibrio en el gobierno, la suya; pero no hace falta decir que la expectativa de aglutinamiento de la opinión pública por el marxismo falló estrepitosamente, en parte porque el capitalismo ha conseguido crear todo tipo de cuñas, y en parte porque el propio marxismo no tiene ningún derecho divino a reclamar la exclusividad ni de la oposición ni de la resistencia a la corriente dominante.
El problema es que el sistema operativo que lo lleva todo sigue siendo el liberal, y la crítica marxista o cualquier otra son externas tanto a su diseño y funcionamiento como a su uso. El sistema operativo es la tecnociencia moderna en su conjunto. Sin un cambio en el sistema operativo, el capitalismo liberal juega siempre con las cartas marcadas y tiene todas las de ganar.
Por supuesto, es totalmente falso decir que los chinos carecen de iniciativa —no hay más que ver que no pueden estarse quietos. Por el contrario, han demostrado de sobra una fe inconmovible en la acción continua y perseverante. Otras cosa, bien diferente, es que conozcan las múltiples ventajas de no manifestarla; o que su sistema político no aliente precisamente la expresión de los puntos de vista personales. O que tengan sobre sus hombros una modernización a la que no tienen por dónde coger.
Por esa misma fe inconmovible en la mejora y rectificación continuas, hoy la gran tentación de la clase dirigente es el Sistema Cibernético Autónomo, un monstruo autorreferencial que tanto se parece a ese otro gran animal que es la sociedad. Pero sería un gran error contentarse con eso, y, además, todo lo que tiende a cerrarse a la perfección sobre sí mismo invita a la precipitación del desastre, porque pierde el contacto con lo más básico de la realidad.
Eso es lo que ahora más necesita China para intentar abordar el magno problema de una nueva síntesis cultural a la altura de la agresión de la modernidad: un contacto con esa realidad básica que no esté mediado por el oportunismo político o las coordenadas socioeconómicas. Hace más de mil quinientos años algo parecido lo desencadenó la penetración el budismo, que ha sido hasta ahora casi la única "invasión benéfica" que ha padecido china, aun sin ignorar las múltiples intrigas y reacciones adversas que provocaron en las tradiciones ya asentadas.
Una invasión mucho más modesta y reciente, aunque no despreciable, fue la del piano europeo en la sensibilidad extremo oriental, que es como si las nubes le hubieran abierto un claro a la Luna. Al menos demuestra que también lo occidental puede sintonizar con las fibras más profundas de esta cultura, siempre que exista la zona de contacto y la imprescindible afinidad.
Si el instinto reflejo de los chinos es agarrar como los cangrejos y no soltar la presa, también han demostrado que saben devolver con creces aquello que se les da de buena de fe y sin motivos ulteriores. Se dice que el chino es el menos idealista de los pueblos, y en cierto sentido bien que puede ser cierto, pero las historias de compromiso y sacrificio heroico de incontables monjes, campesinos y rebeldes de todo tipo dicen otra cosa, y su conmovedor ejemplo aún no se ha borrado. Y los chinos, a diferencia de los japoneses, saben apreciar la mezcla de lo cómico, lo trágico y lo sublime de un personaje como el Quijote.
Sólo cuando damos sacamos lo más profundo de nosotros mismos. No deja de ser detestable que las relaciones entre China y Occidente estén dominadas por los intereses más inmediatos y mezquinos, y que no haya una voluntad por llegar a zonas más profundas de nuestro interés común. Incluso la mayor parte de las "relaciones e intercambios culturales" no es apenas más que diplomacia y negocios. Es otra de las muchas cosas contra las que nos debemos rebelar.
El gran problema actual para la cultura china no es la asimilación de la tecnología, sino del núcleo duro histórico de la ciencia moderna y cómo este se extiende y se difunde hasta llegar a las partes más blandas o adaptables, que justamente son las relativas a la categoría de la información. Y su inserción, precisamente, dentro de parámetros afines a los de su espíritu objetivista, las ideas más básicas del taoísmo, el eje interno del confucianismo y la identidad en el budismo Chan de lo inmanente y lo trascendental.
El sueño tecnocrático-cibernético equivale a tener circulando al genio de la lámpara en un vaso cuidadosamente diseñado para que a la vez trabaje para uno y no se escape. Claro que de tanto atormentarlo, lo más probable es que al final consiga liberarse. La moraleja es que al final uno sólo puede contar con su propio espíritu y no con espíritus encadenados, y esto se aplica por igual a Occidente.
El eje interno y culminación del confucianismo es la doctrina del Medio Invariable o Zhongyong, que además es el punto natural de conexión con el taoísmo y la doctrina trascendental budista. El significado de este Medio Invariable se ha perdido casi por completo, y líderes políticos como Mao Zedong revelan por sus comentarios que no tenían ni idea de a qué puede referirse este concepto, puesto que no tiene nada que ver con el "eclecticismo". Esto no debe sorprendernos, si ya Confucio había dicho que hacía mucho que era raro seguirlo entre los hombres. Tendría que ser evidente que la doctrina del Medio no es la degradación última del confucianismo, sino su aspecto más elevado.
En un libro reciente he intentado rastrear algunas conexiones absolutamente básicas de este núcleo duro de la ciencia europea, el cálculo y la mecánica clásica, con la doctrina del Medio Invariable, lo reversible e irreversible en el taoísmo, el plano trascendental del conocimiento o la problemática de los estándares y la teoría de la medida. Claro que la relación es tan obvia que   me pareció innecesaria hacerla más explícita. Ciertamente no lo he hecho pensando sólo en la cultura china, sino sobre todo por una problemática común aún por resolver y sobre la que la ciencia moderna ha preferido pasar página [3].
Creo que estos asuntos fundamentales, tan ocultados, son mucho más interesantes que los abracadabras de la ciencia contemporánea y además tienen mucho más potencial —para el que sepa aprovecharlo, evidentemente.
El contacto de la tradición china con la ciencia moderna parecía una tarea imposible, si se tiene en cuenta, no sólo la dificultad del científico chino por interiorizar su espíritu, sino la destitución ocurrida con la tradición propia. Sin embargo creo que aquí hemos empezado a conectar ambas esferas de una forma verdaderamente natural. Lo único que puedo decir es que me parece que este camino debería seguirse, y que vale tanto para el Este como para el Oeste.
En un artículo próximo expondremos la estrategia del dedo meñique, o cómo desviar el tsunami tecnológico con el mínimo esfuerzo.

Notas
[1] Los Estados Unidos de América también llegaron a tener el 50 por ciento de la riqueza mundial en 1945; pero, aunque entonces la mayor parte de esa riqueza era producción interna, ese país llevaba a sus espaldas medio siglo de aventura neocolonial en Latinoamérica, el Pacífico, Filipinas o la propia China. Además, en 1945 la mayor parte de la riqueza en todo el mundo había sido destruida en una guerra en la que Estados Unidos había intervenido a conciencia para consolidar su hegemonía antes que para "defender la libertad".
[2] "El proyecto Synco o proyecto Cybersyn fue el intento chileno de planificación económica controlada en tiempo real, desarrollado en los años del gobierno de Salvador Allende, entre 1971 y 1973. En esencia, se trataba de una red de máquinas de teletipo que comunicaba a las fábricas con un único centro de cómputo en Santiago, donde se controlaba a las máquinas empleando los principios de la cibernética. El principal arquitecto del sistema fue el científico británico Stafford Beer". https://es.wikipedia.org/wiki/Cybersyn


EL INSTITUTO ANTONIO CAFIERO HONRA LA MEMORIA DE RAMÓN CARRILLO



Este nuevo aniversario del surgimiento de nuestra Nación, a doscientos diez años del primer pronunciamiento popular contra el colonialismo español, nos encuentra en una crisis sanitaria
mundial de magnitud insospechada por gran parte de la humanidad. Los líderes políticos de todas las naciones han tenido que hacer un curso acelerado de epidemiología y salud pública, pero no todos aprobaron el examen. En nuestro país, a partir del liderazgo presidencial y un acuerdo político inédito, con el invalorable asesoramiento científico, se tomaron oportunas decisiones políticas y sanitarias frente a la pandemia, lo que hace crecer la esperanza de una evolución menos trágica que en otros países.
Como una paradójica ironía, un inesperado ataque a la figura del Dr. Ramón Carrillo cuando el mundo está reconociendo el valor irremplazable de las estrategias de salud pública en el cuidado
de la vida humana, hizo resurgir y reivindicar al hombre que más hizo por la salud y la vida de los argentinos de su tiempo, y por lo tanto también de nosotros, sus hijos y nietos. Eminente médico neurólogo y neurocirujano, profesor universitario a los 36 años y formador de brillantes discípulos, un día decidió cambiar la cátedra y el bisturí por la acción política y se convirtió en el Primer Ministro de Salud Pública de la Argentina, acompañando al Presidente Juan Domingo Perón en sus dos períodos de gobierno. También se sitúa en su pensamiento político basado en la doctrina de la “comunidad organizada”, ya que afirmaba que una sociedad solidaria debiera construirse como una auténtica democracia popular, “que no es fascista, ni comunista ni capitalista, sino simplemente republicana, democrática y humana … fundada en el fecundo equilibrio de los distintos grupos sociales de la nación”. Después de una obra gigantesca cuyos resultados aún perduran, la infamia política de algunos de sus colegas, lo obligan a renunciar porque les cuestionaba la obsecuencia que estaba perjudicando la revolución justicialista.
Mucho se ha hablado en estos días sobre la gran obra de Carrillo como gobernante, que el propio Perón dice en 1956 que “sería largo historiar la acción proficua y decidida de este primer Ministerio de Salud Pública”, destacando luego que las camas hospitalarias pasaron de 66.300 en 1946 a 114.000 en 1951, en base a la construcción de 21 grandes Hospitales en 11 provincias, en conjunto con la Fundación Eva Perón. Crea además 60 institutos especializados, 50 centros materno infantiles, 16 escuelas técnicas, 23 laboratorios y centros de diagnóstico, 9 hogares-escuela, y numerosos centros de salud en todas las provincias. Los Hospitales realizados por él hace más de 70 años, como los de Lanús, Avellaneda y Ezeiza, siguen constituyendo los pilares de una asistencia sanitaria que hoy resulta más necesaria que nunca en el conurbano bonaerense. Pero el mismo Carrillo cuenta que en una de sus recorridas por los Hospitales recién construídos, el Presidente Perón le dijo: “Los hospitales vacíos me hacen pensar en el día del triunfo de la Medicina, cuando ya no haya enfermos que internar”. Algo parecido dijo el Presidente Fernández al recorrer los centros preparados para el COVID-19, que ojalá nunca se tengan que ocupar.
Pero siempre ha resultado difícil valorar los éxitos de la prevención, o sea las enfermedades o las muertes que se evitan por una eficaz acción sanitaria. Hasta las vacunas suelen ser cuestionadas, cuando sabemos que han erradicados epidemias que fueron mortales en otros
tiempos. Precisamente los mayores logros de la política sanitaria de Carrillo fueron en el campo de la prevención, con masivas campañas de dimensión nacional, como la lucha contra las enfermedades endémicas, en particular el paludismo que diezmaba la población del nordeste
argentino. Bajo la dirección de Carlos Alberto Alvarado y Jorge Argentino Coll, constituye una epopeya sanitaria con repercusión internacional, basada en una estrategia similar a la guerra con brigadas de desinfección trabajando casa por casa, que terminaron derrotando a la enfermedad.
Campañas similares se realizaron contra los brotes de fiebre amarilla en la frontera con Bolivia, las enfermedades venéreas, la viruela, el alastrim, la rabia y la tuberculosis, cuya mortalidad descendió de 130 a 36 por cien mil entre 1946 y 1952. La mortalidad infantil descendió de 90 a 56 por mil en el mismo período, no solo por la acción sanitaria directa, a través de la creación de miles de centros de protección materno-infantil, sino también – como lo destacaba el mismo – “porque no puede haber política sanitaria sin una política social”, que se estaba desarrollando al mismo tiempo y había elevado los índices de nutrición, higiene, bienestar y condiciones de vida, en un país que en 1946 tenía un tercio de su población subalimentada.
La doctrina sanitaria de Carrillo divide la acción en salud pública en tres grandes áreas: la medicina asistencial, pasiva, que tiende a resolver la enfermedad a nivel individual, la medicina
sanitaria, defensiva, que actúa frente a los factores directos de la enfermedad, a nivel individual o poblacional, y la medicina social, activa frente a los factores generales que determinan la salud individual y colectiva, actualmente conocida como la estrategia de promoción de la salud. En tal sentido, como dice en su libro Arnaldo Medina, “Ramón Carrillo fue un adelantado a su época, creando el concepto de medicina social mucho antes de que surgiera la estrategia de Atención Primaria de la Salud (APS) en Alma-Ata. Pero la medicina social de Carrillo define claramente la necesidad de la acción intersectorial, lo que la OMS llama hoy “salud en todas las políticas”, y que Carrillo sintetizó en su famosa frase: “La mejor política de salud es un buen salario”.
Seguramente cuando se conozca finalmente en esta pandemia la distribución de la mortalidad por clase social en todos los países, mostrará lo que Carrillo decía en todos sus discursos, que son los factores sociales y económicos los que determinan la salud de las personas, ya que no hay hospitales ni respiradores que alcancen, cuando la desigualdad en las condiciones de vida y el acceso a los sistemas de salud definen quién se enferma y quién se muere. Por eso cobra hoy más sentido su conocida sentencia: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”.
Antonio Cafiero compartió el gabinete del Presidente Perón con Ramón Carrillo, a quién admiraba y en su gobierno de la Provincia de Buenos Aires se implementaron políticas de salud
inspiradas en la doctrina sanitaria de Carrillo, como el impulso a la promoción y protección de la
salud, la descentralización, la planificación y la participación social. Su primer Ministro, Floreal Ferrara, implementó con el programa ATAMDOS (Atención Ambulatoria y Domiciliaria de la Salud), un innovador modelo de salud familiar y comunitaria para el primer nivel de atención inspirado en los centros de salud de Carrillo. Floreal Ferrara dijo que Carrillo “luchó sin descanso para colaborar en la entronización de la justicia social y salud para todos, sin excepciones”. Su segundo Ministro, Ginés González García, impulsó programas de salud comunitaria como “Salud con el Pueblo”, “Pro Salud”, o de control del cólera durante la epidemia de 1991. Las políticas de participación social a través de los Consejos de Administración Hospitalaria, los Consejos Municipales de Salud y el Pacto Social de la Salud fueron la concreción, treinta años después, de las propuestas del acuerdo social y político que Carrillo presentó en su famosa alocución frente al gabinete nacional, que culminó con su renuncia y posterior exilio. Ginés González García, ahora Ministro de Salud de la Nación, acaba de afirmar que “su obra magnífica sigue en pie y es motivo de orgullo para el pueblo argentino”
El Instituto Antonio Cafiero quiere sumarse en el Día de la Patria a este homenaje y desagravio a quién convirtió el derecho a la salud en una política de Estado, así como lo hizo Arturo Sampay con el constitucionalismo social. Las infundadas acusaciones contra el Dr. Ramón Carrillo, ampliamente desmentidas por el historiador Raanan Rein y otros representantes de la comunidad israelí, lograron el efecto opuesto de reivindicar su figura, además de mostrar la gravísima actitud fascista de quienes pretendieron juzgarlo por sus supuestas ideas, lo que causó tantos muertos a lo largo de toda la historia argentina. En cambio, su fabulosa obra nos recuerda las palabras de Jesús de Nazareth: “No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos… Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7.18-20). Carrillo fue un hombre tan bueno como un buen árbol, porque sus frutos seguirán salvando vidas a través de su legado de la doctrina fundacional del sanitarismo argentino.

En el Día de la Patria, lunes 25 de mayo de 2020.-

LA DIMENSIÓN SIMBÓLICA DE LA GEOPOLÍTICA: EL SUR ES NUESTRO NORTE


Carlos Chino Fernández


Extraído de GEOPOLÍTICA

Si bien la Argentina, es definida esencialmente como un país terrestre, algunos acontecimientos sucedidos en los últimos tiempos y aplicando una mirada integral hacia nuestro espacio vital, cobra sentido, la importancia estratégica del Mar, de la plataforma continental, y toda su impronta que tiene en la relación con las Islas Malvinas, Islas del Atlántico Sur,  y su Proyección hacia el canal de Beagle y la Antártida.
Existe un desconocimiento de nuestro país (terrestre y marítimo), que juega en contra a la hora de encarar un proyecto autónomo como Nación. Y esto es así, en la medida en que la geopolítica no solo se nutre de la incorporación de nuevos espacios-elementos; a saber (tierra, agua, aire, espacio extra-terrestre, ciberespacio), sino de la producción simbólica y subjetiva que acompaña toda maniobra de expansión o proyección geopolítica.
La conquista de cualquier territorio, por más amplio y extenso que fuera, no es completa sino es acompañado, tarde o temprano, por la aceptación y asimilación de la población que lo habita. La conciencia territorial y marítima -o la falta de ella-, en la población es una de las razones por las cuales a nivel estatal, en gran parte de nuestra historia, padecemos un gran déficit en el desarrollo de un pensamiento estratégico propio.

UN HECHO COTIDIANO A DESTACAR
Durante muchos años en el inicio del ciclo lectivo preguntamos a los alumnos de la Materia “Análisis de mundo contemporáneo”, en un Instituto de Formación Docente Superior y Público en la Provincia de Bs As: Con el mapa a la vista, ¿Cuál es la provincia Argentina de mayor superficie?
Y la respuesta siempre fue la misma: Buenos Aires o a lo sumo Santa Cruz. En realidad, esto es causado un poco por los mapas no siempre actualizados, y otro poco por el desconocimiento general. Vamos a las magnitudes: Buenos Aires, tiene una extensión de 307 571 Km2, Mientras que la Provincia de Tierra de Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, lo es en 1 002 445 Km2. Algo parecido sucede si le preguntamos al ciudadano común. En todo lo relativo a nuestra extensión del territorio marítimo, obtendríamos respuestas similares.
Esta falta de conocimiento de nuestra población sobre nuestro propio territorio, conspira decididamente ante la posibilidad de salir del encierro geopolítico en que nos encontramos.

Veamos algunos acontecimientos recientes para encuadrar lo que estamos sosteniendo
El 21 de Abril de 2009, la Argentina presentó ante la ONU, la propuesta del límite exterior de la Plataforma Continental [1].
En Agosto de 2012, durante el 30º encuentro de las sesiones de la Comisión de las ONU que entiende sobre esta cuestión, se formó la sub-Comisión para la República Argentina, para fijar el límite exterior de la plataforma continental.
Hasta Agosto de 2015, dura el análisis de lo presentado por Argentina, y en marzo de 2016, la Comisión adoptó por consenso las recomendaciones sobre la plataforma realizadas por la Argentina [2]. Nuestra Plataforma hasta el momento tenía de la línea de base a las 200 millas marinas, unos 4 799 000 Km 2, a los que se le suma unos 1 782 000 Km2. El trabajo, da una mayor certeza de nuestros derechos de soberanía, que son, sobre los recursos naturales del lecho y del subsuelo.
Casi las dos terceras partes de la Argentina, está constituida por espacios marinos. Sobre un total de 6 700 000 Km2, el litoral Atlántico cuenta con 4 700 000 Km2 de costa. A través del Mar exportamos más del 80% de la producción. También en el Mar, contamos con grandes riquezas (cetáceos, crustáceos, peces, minerales, hidrocarburos); recursos estratégicos para generar energía, alimentos y biodiversidad.
En concreto, la Argentina ejerce soberanía real sobre un 41% del territorio que le corresponde constitucionalmente. Un 23% del mismo, está usurpado por el Reino Unido y el resto está bajo disposición del Tratado Antártico.
En cuanto a la jurisdicción marítima, la situación es peor, ya que solo en un 22%, ejercemos plena soberanía. En tanto la usurpación británica se concentra en un 35%, siendo la posición de pretensión antártica en un 41% [3].
Lo anterior no solo sirve para mensurar físicamente el territorio usurpado, sino para comprender al mismo tiempo la magnitud de nuestra falta de conciencia territorial. Estas notas, justamente nos debe servir para sintetizar y fundamentar el alcance y la trascendencia de nuestra principal proposición. Cual es, la esencialidad de la vinculación de la dimensión geográfica y la dimensión simbólica para alcanzar el pleno ejercicio de nuestra soberanía.
Esta medición, responde a una serie de problemas que se encuentran relacionados. A saber, disminución de la captura-toneladas anuales de la pesca marina; destrucción de la marina mercante; saqueos de los recursos pesqueros por los buques foráneos; desarme de las FFAA; pérdida de la capacidad de control y vigilancia del espacio vital; etc.
Es importante superar nuestro abordaje parcelado de la cuestiones de política exterior y encarar decididamente un abordaje integral. Las grandes mutaciones históricas, suelen ir acompañadas, en verdad, de una mutación de la imagen del espacio (C Schmitt 1888-1985). Para este autor, lo central en el siglo XVI y XVII, no fue la extensión del horizonte geográfico, sino el cambio en la conciencia colectiva “el agrandamiento del cosmos en sí y la idea de un infinito espacio vacío”. Es decir la imagen social del espacio es lo que finalmente se impone como lo esencial. [4] Nos agrega, que en el crepúsculo del siglo XV, la lucha por los nuevos espacios se vincula por el control del Mar.
Existen según su concepción, dos tipos de estrategias u órdenes espaciales: La tierra firme, que consiste en la división de territorios estatales, y el Mar, cuya conquista definió la hegemonía de Inglaterra en aquel entonces y fue el hecho fundamental sobre el que se desarrolló el derecho internacional europeo en los últimos siglos.
Cada cambio histórico supone un nuevo orden espacial. Así sucedió, con la conquista del aire, el espacio extraterrestre, y ahora el ciberespacio. No es posible hoy día comprender desde la geopolítica, el poder y la dominación sin conocer los alcances de la Inteligencia Artificial, la Robotización, la Big Data y la digitalización en el entramado ciberespacial [5]. Estamos ante una nueva etapa en la historia, lo que se expresa es una nueva configuración del espacio total
Volviendo a nuestro país, si bien somos Tierra firme, la extensión de nuestro territorio marítimo, su ampliación a partir de las últimas recomendaciones y resoluciones de las ONU, nos hace pensar y proponer al mismo tiempo la necesidad de revisar nuestras estrategias geopolíticas pensando en la era pos-pandemia.
La idea del modelo geopolítico orientado a la conquista de los mares, típicos del Atlantismo, nada tiene que ver con la idea geopolítica de pensarnos como país marítimo. En nuestro caso, por la falta de soberanía plena, la idea y la intención de recuperar el control total de nuestro Mar, no tiene la finalidad de ir por la conquista de nuevos horizontes, sino más bien de recuperar lo nuestro, lo que nos corresponde como territorio nacional. Es en primera instancia, de carácter defensivo.
La geopolítica del Mar, como estrategia de poder, de conquista sigue existiendo, solo que ha cambiado las formas, las herramientas, los instrumentos. La flota naval, los cañonazos y las bombas, en algunos casos fueron cambiados por las empresas transnacionales de comercio, transporte y comunicaciones, cuyo resultado final es el mismo: Bloqueo, control y vigilancia desde el mar, hacia la tierra.
Tenemos como ejemplo lo que nos sucede en nuestra cuenca del Plata, de gran importancia, ya que vincula la salida al Mar central, los ríos interiores de nuestro país y del continente suramericano, y la vinculación con el Atlántico Sur y su proyección a la Antártida.

EN FIN, QUE HA SUCEDIDO AYER NOMÁS
Por una resolución del gobierno nacional de Julio de 2018, la Argentina cede a favor del puerto de Montevideo, para que éste sea la entrada excluyente al Río de La Plata. La llave logística será operada por algunos Monopolios de Transporte. Resolución que corona, la iniciada en 2016, cuando se anula la disposición 1108/13, que aseguraba la soberanía portuaria argentina, y la necesidad de sostener el cabotaje nacional y regional para la flota mercante de bandera[6]
Esto disminuye nuestra capacidad de control estatal de las actividades productivas y de la logística del que forma parte el Río Paraná, además de la distribución de la renta agraria de la cuenca. Es una manera de abandonar nuestras aspiraciones de consolidarnos como país marítimo, ya que las vías navegables y los puertos son el sustento estratégico de nuestra pretensión de proyección marítima hacia nuestro Atlántico Sur.
“La amenaza de la soberanía Argentina en este espacio marítimo, sumado al reclamo diplomático de Malvinas, llama a integrar en una misma visión geoestratégica los sistemas del Río de La Plata y Paraná (por el que se traslada el 50% de la proteína vegetal que se consume en el mundo), el control del transporte marítimo y la explotación pesquera y de hidrocarburos del Atlántico Sur”[7]
Como parte del Comercio Exterior, el recurso estratégico a proteger equivale a un 30% del costo logístico del flete. Renta, que perdemos, gracias a los acuerdos en el gobierno anterior, entre el FMI y un lobby de compañías vinculadas al sector Cerealero, y al Transporte Marítimo.
Esto nos habla de la importancia de recuperar la soberanía sobre la renta de la logística de la exportación en la cuenca del Plata, ya que este sistema integrado fluvial, marítimo, vincula el territorio de producción de proteínas nacional, de riquezas minerales e hidrocarburífera del Continente, y se vincula además con el Atlántico Sur, por la pesca, hidrocarburos, etc. Integra nuestro territorio nacional y regional, y nuestra soberanía terrestre y marítima
Si tomamos ahora los Acuerdos de Madrid (14/15 de Febrero de 1990), más el Tratado de Promoción y Protección de Inversiones, del 11 de diciembre/90 firmado en Londres, “entendimientos” entre Estados que expresan la entrega de parte de nuestro patrimonio nacional, establecido por Ley Nacional 24 184
Esta situación responde a las condiciones de la derrota de la batalla de MALVINAS. “Estos tratados terminaron con la Argentina soberana, industrial tecnológica, científica y dueña de sus Recursos Naturales y servicios públicos, y la devolvieron a sus orígenes de proveedor de granos, transgénica, semilla-dependiente y química fumigada. Argentina del monocultivo y sus recursos naturales privatizados”[8]
Esos Tratados, se completaron con la sanción de la ley 23 968 (10/9/91), de los espacios marítimos y la ley 24 543 (13/9/95), que pone en igualdad de condiciones a la Argentina y al Reino Unido-como país ribereño de Malvinas-, para la explotación pesquera en el Mar Argentino. Situación que en el 2016, los ex cancilleres Malcorra y Faurie, ratifican el Tratado de Madrid que posibilita seguir entregando nuestros recursos, a través del pacto Foradoni-Duncan [9].
Por último vamos a mencionar al Brexit, (La separación de Gran Bretaña de la Unión Europea). Esta situación, abre un nuevo capítulo en la relación entre la Argentina y el Reino Unido, relativiza los alcances de los acuerdos de Madrid y el Tratado de Lisboa. Tratado este último, que en reemplazo de la fallida Constitución Europea, pone bajo jurisdicción inglesa los territorios de ultramar, entre los que se encuentran Las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur de soberanía nacional.
En resumen, nuestro país a pesar que tradicionalmente es considerado un país identificado bajo el tipo de estrategia de existencia geopolítica compatible con la TIERRA, tiene en realidad en el Mar, en la recuperación de la soberanía plena de su propio Mar, la clave de su salida de la encerrona en que estamos desde hace décadas. Somos un país que necesita mirar hacia el Sur, que es el verdadero norte, y el centro de los conflictos que se avizoran en un futuro muy cercano.

[1] Nota: Presentado ante la Comisión Nacional del límite Exterior de la Plataforma Continental (CLPC), el órgano creado por la CONVEMAR (Convención de las Naciones Unidas sobre derechos del Mar)
[2] https://cmiam.cancilleria.gob.ar/es/content/plataforma-mar%C3%ADtima
[3] https://www.facebook.com/soberania.argentina/posts/3074878289208972/
[4] Nota: Ver el trabajo de Pablo Beytía: La lucha contemporánea en la obra de Carl Schmitt. Dto. De Filosofía, Universidad de Chile. 56.08 pdf. Trabajo realizado sobre la base de Tierra y Mar(1942), y Nomos de la Tierra (1952), del autor de referencia
[5] https://dossiergeopolitico.com/2020/05/27/soberania-digital-y-big-data-desafios-estrategicos/
[6] NODAL Portal, por Horacio Tettamanti, “Cuenca del Plata: Llave geopolítica, talón de Aquiles en la Defensa”, 3 de Agosto de 2018
[7] Tettamanti, ART, citado
[8] Dr. César Augusto Lerena, Malvinas: Tratado de Madrid. El Versalles Argentino, Internet, 2 de Abril de 2019
[9] Lerena Augusto César, art citado, 2019

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