jueves, 30 de abril de 2020

La Industrialización Nuevamente Como Alternativa Para El Desarrollo


David Chamorro para Revista Movimiento


Con la aparición de la pandemia generada por el COVID-19, se han vuelto a producir hechos solo comparables con los ocurridos durante grandes catástrofes mundiales, tales como la primera y la segunda guerra mundial. Estos han sido la dificultad o incluso imposibilidad de acceder a insumos o equipamientos que las naciones necesitan, desencadenando luchas comerciales o económicas, e incluso de secuestro de estos elementos por parte de grandes países. La reglas que aseguraban el libre comercio y su seguridad parecen haber quedado obsoletas y los recursos los obtiene el más fuerte, o aquel que tiene la capacidad de producirlo.
Esto como país nos vuelve a una situación similar a la que enfrentó primero Yrigoyen, creándose en ese entonces YPF, por la dificultad y la poco conveniente dependencia de esta industria estratégica para el desarrollo industrial nacional. Se empezó de a poco con un incipiente proceso de sustitución de importaciones. Durante la segunda guerra mundial y ya con el Gobierno de Perón, el país volvió a enfrentar esta situación, encontrándose sin posibilidades de acceder o de hacerlo con dificultad a los productos que la sociedad necesitaba y sin una industria nacional capaz de producirlos. Ante esta situación se decidió profundizar el proceso de sustitución de importaciones a partir de la industrialización de Argentina, con la idea del autoabastecimiento. Pero claramente para ello no solo se desarrolló la industria, sino que también y muy fuertemente lo hizo el sector científico tecnológico, que permitía lograr nuestros propios productos, desde los más básicos hasta los más sofisticados, del campo de la medicina, aeroespacial, etcétera, necesarios para la vida civil, pero también para la defensa nacional.
La situación actual nos plantea el interrogante de si, dado el contexto mundial y las capacidades humanas y tecnológicas de Argentina, no es necesario propender al autoabastecimiento, es decir, a la fuerte industrialización de sectores estratégicos y al apoyo al desarrollo científico tecnológico nacional. Parece preocupante depender de que otros países, o incluso de grandes empresas transnacionales, cuyo fin es únicamente económico, nos provean o no de los recursos necesarios para enfrentar esta pandemia, o de aquellos elementos que es incierto cómo se van a comercializar y distribuir entre los países después de esta gran crisis sanitaria y económica que ha afectado al mundo entero.

China y el nuevo momento geopolítico mundial


Gabriel Merino para El País Digital


En febrero de este año, cuando la pandemia se concentraba en la provincia china de Hubei, los analistas y editorialistas de la gran prensa “occidental” de los países que lideran la OTAN hablaban del “Chernóbil chino”. La referencia era al accidente nuclear ocurrido en la URSS en 1986 y la interpretación era que el covid-19 mostraba, al igual que en desaparecida potencia socialista, la crisis del régimen y la posibilidad de su desmoronamiento. En ese contexto, China defensivamente afirmó, a través del vocero de la cancillería, que el virus había sido llevado en octubre de 2019 por fuerzas de Estados Unidos que participaron en los juegos militares en Wuhan. 
Dos meses después, Beijing despliega todas sus capacidades económicas, sanitarias, diplomáticas y cooperativas a nivel mundial, mientras las imágenes de las fosas comunes en Hart Island, New York, contrastan con las imágenes de la construcción de un hospital en diez días en Wuham o la llegada de donaciones chinas y equipos médicos a distintas partes del mundo. Ahora, en lugar de analizar el “Chernóbil chino”, la famosa revista inglesa The Economist se pregunta en su tapa y en referencia a las consecuencias geopolíticas de la pandemia, si “China está ganando”. Además, se llenan los portales de los principales medios de comunicación de occidentales con la teoría de que el virus surgió y se escapó de un laboratorio chino ubicado en Wuhan, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y distintos expertos insisten en que se trata de un coronavirus natural, no artificial. Incluso los liberales y globalistas más críticos de Trump, que hasta hace poco defenestraban sus dichos sobre el “virus chino” ahora hablan en términos muy similares. Por otro lado, en The Washington Post (el periódico del establishment político estadounidense) uno de sus editorialistas destacados, Charles Lane, afirmó que esta crisis “nos ha enseñado los verdaderos costos de hacer negocios con China”. Allí, en un encendido artículo, advierte sobre las inversiones chinas en el mundo y descubre el problema de la dependencia financiera y económica al observar las relaciones de China con África y Asia. A todo ello se agregan las variadas propuestas aparecidas en el Occidente geopolítico para que China pague los costos de la crisis. Algunos en Estados Unidos hasta calculan monetariamente los costos y proponen sumas que paradójicamente coinciden bastante con la deuda de Estados Unidos en manos de Beijing, su mayor acreedor.
Esta guerra informativa y lucha por el “relato” de la crisis hace a la disputa por la legitimidad, componente fundamental de las luchas hegemónicas. Y se agudiza en el momento en que China parece tener controlada la situación de la pandemia (desde el 15 de abril no reporta muertos por covid-19) y emerge como el principal actor de la cooperación mundial, profundizando su política de “poder blando”. Además, aporta dinero extra a la OMS y apuesta al fortalecimiento de las instituciones multilaterales creadas en plena hegemonía estadounidense, las cuales el gobierno “americanista” y anti-globalista de Trump se empeña por desarmar. Todo un símbolo de la crisis.

CRISIS Y TENDENCIAS
En este momento la pandemia golpea con particular fuerza a Europa occidental y, sobre todo, a Estados Unidos, en dónde la cantidad de muertos ya multiplica por trece a los de China (que tiene una población casi cinco veces mayor). Además, se prevén fuertes caídas en sus economías, sólo comparables con las de la crisis de 1929 o las de la Segunda Guerra Mundial. El JP Morgan estimó que la economía de Estados Unidos puede llegar a caer hasta el 40% en el segundo trimestre y la desocupación alcanzar un 20%, y según el Instituto Internacional de Finanzas la caída anual será de 3,8% del PBI. Para la Eurozona la caída estimada es de 5,7% para 2020, en una economía que todavía no recuperó su tamaño en dólares previo a la crisis de 2008-2010 y en donde la pandemia ha expuesto las debilidades de su proyecto continental, con inevitables consecuencias geopolíticas. En contraste, China crecería el 2,1%, menos que el 6% proyectado inicialmente, pero manteniéndose en positivo, luego de que su producción industrial cayera el 13% entre enero y febrero.   
En este sentido, si en 1929 la crisis tuvo como epicentro Estados Unidos, pero el golpe más fuerte se produjo en Europa y destruyó algunos de los pilares fundamentales de la hegemonía británica, ahora la pandemia tuvo como epicentro Wuham pero los principales impactos negativos se están viendo en Occidente y en particular en Estados Unidos, acelerando la tendencia de su declive relativo.
La pandemia del coronavirus COVID-19 cataliza y acelera un conjunto de tendencias que se venían desarrollando como parte de la crisis del orden mundial y de la transición histórico-espacial que vivimos. Algunas de esas tendencias son la emergencia de Asia Pacífico y de China en particular, y el declive relativo del Occidente geopolítico, el Norte Global y la gran potencia del siglo XX, Estados Unidos. Asistimos a la configuración de un mundo multipolar y al mismo tiempo con rasgos bipolares, junto a crecientes contradicciones entre el Norte Global y el Sur Global. Ello genera grandes desafíos para los países semiperiféricos –países de ingresos medios que combinan procesos y características de periferia y de centro, como Argentina y Brasil—, tensionados entre la “involución” periférica o la constitución de alianzas para transformar el orden mundial y democratizar tanto el poder como la riqueza. Otra tendencia es la crisis estructural de capitalismo global y de su forma neoliberal, iniciada en 2008 y que está articulada con las pujas geopolíticas y con los grandes cambios en los paradigmas tecnológicos y en las formas de organizar la producción económica y la reproducción social.
No es casual que esta crisis se compare con el estallido de 1929 y sus consecuencias posteriores, que coincide con el período de entreguerras, la crisis de la hegemonía británica, la gran lucha interimperialista y el ascenso de Estados Unidos. Hoy las miradas se dirigen a China y la crisis desatada por la pandemia del covid-19 nos hace pensar que estamos ante un nuevo momento en la geografía del poder mundial.
NÚMEROS Y ESCALAS
Analizar a China significa adentrarse en una nueva escala que, como todo gran fenómeno cuantitativo, encierra profundas transformaciones cualitativas. La pandemia puso de manifiesto, con total claridad, esta cuestión. Emerge un nuevo umbral de poder, que se manifiesta en múltiples dimensiones, empezando por el ámbito de la salud: el 90 por ciento de los antibióticos se hacen en China, que además provee el 80 por ciento de materias primas para todos los medicamentos del mundo. Por otro lado, desde el 1 de marzo al 5 de abril, China exportó 3.860 millones de barbijos, 37,5 millones de trajes de protección, 16.000 respiradores y 2,84 millones de kits de detección de la Covid-19 (La Vanguardia, 5/4/2020). Además, tuvo la capacidad de quintuplicar su producción de barbijos en menos de tres meses y produce más de 110 millones diarios.
Estos números se corresponden con otros que ponen en evidencia la magnitud de lo emergente, así como su extrema velocidad. Veamos algunos datos: 
Mientras hace veinte años las redes financieras anglosajonas y sus grandes bancos dominaban a nivel global, ahora los cuatro primeros bancos más importantes del mundo según activos son chinos. Además, entre las primeras diez compañías más grandes del mundo por ingresos tres son chinas y posee 119 de las 500 principales a nivel mundial (cuando en 2007 tenía sólo 25), llegando a 129 si se suman las de Taiwán, mientras Estados Unidos tiene 121, según el índice Fortune Global 500. Por otro lado, China ya no lidera sólo las manufacturas de baja y media complejidad. Sus productos industriales de alta tecnología pasaron de constituir el 7% del valor mundial en 2003 a un 27% en 2014. La otra cara de la moneda es que los salarios se triplicaron en los últimos diez años.
En el delta del río perla se está conformando una megalópolis de 70 millones de personas, que posee un PBI de 1,5 billones de dólares y se desarrolla como centro de alta tecnología mundial, en donde se destacan las ciudades de Guangzhou, Shenzhen (base de Huawei, Tencent y ZTE), ZhuHai, Macao, Hong Kong y Dongguan (donde se producen el 20% de los teléfonos “inteligentes” del mundo).  Allí se construyó el puente marítimo más largo del mundo que une a Hong Kong, Zhuhai y Macao. Estas son algunas de las razones por las que en China se consumió en tres años (2011-13) la misma cantidad de cemento que Estados Unidos en un siglo. Por otro parte, por esa región pasan los componentes del 90% de los productos tecnológicos del mundo. 
Este año China superó por primera vez a Estados Unidos en solicitudes de patentes, encabeza algunas tecnologías de vanguardia para la llamada cuarta revolución industrial –inteligencia artificial, internet de las cosas, 5G—, lidera la transición energética junto a otros países de Asia Pacífico, su masa de datos (Big Data) supera en varias  y planea achicar su retraso tecnológico relativo en otras ramas como la robótica, los semiconductores y la industria aeroespacial a través del Plan Made in China 2025, que en los hechos rompe el monopolio tecnológico del Norte Global. Esta es una de las razones principales de por qué el Estados Unidos de Trump lanzó la guerra comercial contra China –pero también contra sus aliados y “vasallos” tradicionales, a los que les demanda sostener la primacía estadounidense, produciendo enormes tensiones.
En resumen, estos datos nos muestran que China deviene de la fábrica del mundo hacia la conformación del mayor centro económico productivo-tecnológico del mundo, avanzando en todos los niveles de complejidad a una escala que plantea un nuevo umbral. La crisis desatada por la pandemia acelera este proceso. Ahora también compite por primera vez al máximo nivel junto a otros centros tecnológicos mundiales en el desarrollo de medicamentos y de la vacuna para el covid-19.
Como potencia emergente que ha logrado la supremacía productiva se vuelve más librecambista a la vez que la potencia declinante, o por lo menos sus fracciones más retrasadas y los grupos de poder asociados, exacerban el proteccionismo. Además de lo mencionado en el plano productivo-tecnológico, Beijing ya disputa los monopolios comerciales mundiales y disminuye su debilidad en plano financiero. En este último punto, se destaca un dato central a partir de la pandemia, que se agrega al lanzamiento en 2018 de la una plaza de comercialización de petróleo en yuanes: China se está convirtiendo en una plaza de reserva de valor en plena crisis.
Como se analizó en un artículo anterior (“Coronavirus: golpe económico y pujas geopolíticas”), por un lado, la crisis acelerada por el coronavirus implica una gran destrucción de valor y, por otro lado, desde el punto de vista de la producción, lo que se va a acelerar es todo el proceso ligado a la llamada cuarta revolución industrial: la “economía digital”, el trabajo desde casa, la inteligencia artificial, la enseñanza virtual, etc. Se trata de dos caras de un mismo proceso de destrucción creativa, que conlleva todo un proceso de reingeniería social del que hoy vivimos adelantos bajo estado de emergencia y cuyo desarrollo es algo incierto todavía. Por otro lado, sus dinámicas superiores se observan en Asia Pacífico, en diferentes dimensiones y bajo relaciones de producción híbridas y nuevas formas de organización. En el caso de China significa la combinación de relaciones capitalistas típicas que explican un 30% del empleo y un 70% bajo otras relaciones de propiedad y de producción, entre las que se destacan las empresas de pueblos y aldeas de propiedad colectiva y las grandes empresas estratégicas estatales que conquistaron el mercado mundial y darán un enorme salto pos-pandemia.
EL ASCENSO DE ASIA PACÍFICO Y EL NUEVO MOMENTO GEOPOLÍTICO MUNDIAL
Actualmente estamos en el proceso inverso del que sucedió a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, en donde el imperialismo capitalista occidental encabezado por el Reino Unido logró subordinar y hacer declinar las economías más importantes del mundo, China y la India, convirtiéndolas en periferia. Ello lo logró fundamentalmente por su poderío militar asociado con la revolución industrial. El proceso que inició se conoce como la “Gran Divergencia”, que grafica la enorme brecha de desarrollo entre ambas partes del mundo: el centro imperial occidental y sus periferias y colonias que pasaron a incluir al “reino medio”.
Luego del vertiginoso ascenso de Japón y de los tigres asiáticos, re-emerge China, el centro histórico de Asia Pacífico, que hasta principios del siglo XIX explicaba la mitad de la economía mundial. Si bien la re-emergencia de China tiene una larga historia que se inicia con la revolución de 1949, en el siglo XXI podemos marcar cuatro momentos claves, que marcan cambios fundamentales en el mapa del poder mundial y cuyo último momento es la actual pandemia.
En 2001 identificamos un primer momento clave. Después de recuperar Hong Kong en 1997 y Macao en 1999, últimos grandes vestigios coloniales territoriales de occidente, en dicho año se consolida finalmente la Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS) una especie de OTAN defensiva en Eurasia, en alianza con Rusia y los países de Asia Central, cuyas bases se habían fundado en 1997. Además, en aquel año ingresa a la Organización Mundial del Comercio y, por otro lado, marca todo un hecho de reafirmación soberana al derribar un avión espía norteamericano en su territorio. Por su parte, el gobierno de George W. Bush pone fin al encuadramiento geopolítico de “asociación estratégica en el siglo XXI” y pasa al de “competencia estratégica”. A su vez, la administración estadounidense comienza a ver muy negativamente la incipiente pero creciente influencia económica de China en América Latina.
El segundo momento se produce a partir de la crisis financiera global de 2008, con epicentro en Estados Unidos. Beijing produjo a partir de allí un gran giro apuntando sus enormes recursos excedentes al mercado interno. Para ello disminuyó en más de una 60% el financiamiento a Estados Unidos a partir de la compra de bonos del tesoro. Además, expandió la inversión en ciencia y tecnología, y avanzó en la adquisición de activos estratégicos y expansión global de sus empresas, convirtiéndose en un jugador principal en la inversión extranjera directa, especialmente en América Latina, África y Asia. Hacia el 2009 se produjo el lanzamiento del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), articulando en un bloque a las potencias industriales de la semi-periferia en la búsqueda de reconfigurar el Orden Mundial. 
El tercer momento se produce en 2013 cuando Beijing lanza la revolucionaria iniciativa de la “Nueva Ruta de la Seda” (como se conoce popularmente el proyecto) frente a las estrategias de contención impulsadas por Washington y sus aliados. Junto a esta iniciativa impulsa una nueva arquitectura financiera de escala mundial, como el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura y el Banco de los BRICS, que ensombrecen al FMI y el Banco Mundial. A su vez, se profundizan las alianzas con Rusia en todos los planos para consolidar de una estructura de poder en el continente Euroasiático que eclipsa la superioridad del “Imperio de Mar”.  Estos movimientos exacerban las reacciones de Estados Unidos y el Occidente geopolítico y alimentan la guerra mundial híbrida y fragmentada que transitamos desde 2014.
Con la crisis que transitamos se inicia un nuevo momento. Mientras el polo de poder que hasta la pandemia era el dominante (aunque ya no hegemónico) muestra más signos de declive relativo, China se ha convertido definitivamente en un actor global y parece estar dispuesta a asumir ese papel.   
Como epílogo, podemos narrar un hecho que grafica este nuevo momento en relación con la región. En 2017 fue aprobado un acuerdo para que la empresa estadounidense Boeing, una de las principales contratistas del Pentágono, comprase a la aeronáutica y “joya” de la ingeniería brasilera, EMBRAER. El acuerdo fue posible bajo el gobierno de Michel Temer, que desde su asunción avanzó hacia un programa de ajuste neoliberal y de alineamiento a Estados Unidos. Jair Bolsonaro ratificó el avance de Boeing y la progresiva subsunción al Pentágono, al tiempo que acompañaba la retórica contra China de su admirado Donald Trump y profundizaba la subordinación geopolítica.
Hace pocos días se conoció que la compra de Boeing se cayó, en medio de la crisis de la empresa acelerada por la pandemia y ante el desastre de sus nuevos aviones 737-MAX8. Lo que resulta tremendamente llamativo en este escenario, es que muchos actores de poder en Brasilia, incluso los que impulsaron el giro estratégico de abandono del BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y el alejamiento de Beijing, ahora proponen como futuro para EMBRAER asociarse con China y aprovechar su enorme mercado en ascenso. Mientras, el vicepresidente y general retirado Hamilton Mourão, afirmó el pasado lunes que Brasil y China tienen un matrimonio inevitable, dejando a Bolsonaro y su “occidentalismo” cada vez más desdibujado.

martes, 28 de abril de 2020

Dos ópticas y dos modelos para la salida de la crisis


Eduardo J. Vior

27 de abril de 2020


Kristalina Georgiewa está regando dinero por todo el mundo: 442 millones de dólares para Senegal, 174 para Albania, 121 para Kirguistán, mil millones para Ghana, etc., etc. La Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) aprueba cada día un nuevo crédito de emergencia y todavía tiene por delante una larga lista de solicitudes. Más de 90 países emergentes han pedido ayuda al FMI y muchos más temen ir a la quiebra. Sin embargo, son sólo gotas sobre piedras calientes, si se dimensionan los daños que la crisis económica está provocando en los países emergentes y más pobres y los que se pueden producir, según cómo se recupere la economía mundial.
Los precios de las materias primas se han derrumbado. Al mismo tiempo, como en los países europeos y Estados Unidos sigue aumentando el desempleo, disminuyen las remesas de los emigrados. Los ingresos por el turismo también han desaparecido. Desde el inicio de la actual crisis mundial la fuga de capitales desde los países en vías de desarrollo hacia los centrales ha sido mayor y más rápida que en toda la crisis de 2007/09. Sólo durante marzo salieron 100 mil millones de dólares hacia los países del Norte y en abril probablemente las cifras sean similares.
Después de 2009 muchos países del Sur atrajeron las ingentes emisiones de dinero de la Reserva Federal y del Banco de Inglaterra, porque ofrecían tasas de interés incomparablemente superiores a las de los centros de origen. El boom del “carry trade” enriqueció a algunos pocos multimillonarios en los países emergentes y llenó las arcas de los fondos de inversión, generando una montaña de deudas imposibles de pagar. Según el FMI, entre 2010 y 2020 las obligaciones externas de los países en vías de desarrollo se duplicaron.
Ahora que el carrusel gira en dirección contraria, se devalúan las monedas, sobre todo en potencias medianas como Indonesia, Sudáfrica o México, con lo que el servicio de las deudas se hace doblemente pesado y, consecuentemente, se encarecen las tasas que pagan.
La jefa del FMI y el presidente del Banco Mundial, David Malpass, han tenido un primer éxito: en su primera reunión virtual de primavera (boreal), hace dos semanas, los países del G20 acordaron otorgar a los 77 países más pobres una moratoria de sus deudas soberanas por un año. Se trata de 14 mil millones de dólares que descontaron de sus carteras. Comparados con los dos billones de dólares del programa norteamericano de asistencia a la economía interna o los 500 mil millones del programa alemán no es mucho dinero, pero ayuda.
Según un informe del Instituto Internacional de Finanzas (IFI, por su nombre en inglés), con sede en Basilea (Suiza) y sostenido por los principales bancos del mundo, los efectos de la crisis actual son muy superiores a los de 2008. Se calcula que China acabará el año con un crecimiento del 2,1%, mientras que EE.UU. se contraerá el 3,8%, Japón el 4,2% y la Eurozona el 5,7%. Exceptuando a China, se calcula que el conjunto de los países emergentes reducirá su PBN en 2,6%. Entre ellos, los de desarrollo medio de Europa y América Latina sufrirán las peores pérdidas, respectivamente el 4,7% y el 5%.
Según estas predicciones, excluyendo a China, todos los países en vías de desarrollo experimentarán un fuerte retroceso. Se prevé que India se achicará en un 0,3%, mientras que México –que sufre, además, los efectos de la contracción norteamericana- se retraerá un 5,8%. Se espera que la economía turca retroceda un 2,7%, mientras que la rusa llegará al 5,1%. Ambas economías están también especialmente afectadas por la caída de sus exportaciones a la Eurozona. Ante el congelamiento de la explotación de oro y platino, en tanto, Sudáfrica caerá un 4,7%.
El colapso de la economía mundial produjo una reversión de los flujos de capital. No es de esperar que en la segunda mitad del año las transferencias recuperen el nivel de 2019. Se calcula que Asia Suroriental va a volver a recibir inversiones, mientras que América Latina y los llamados “mercados fronterizos” (aquellos países que ofrecen altos retornos, pero grandes riesgos) van a tener que esperar hasta 2021. Para muchos emergentes, la ausencia de inversiones especulativas implica que no van a poder cubrir sus déficits de balanza de pagos y que van a tener que defaultear y aplicar medidas de ajuste con las esperables consecuencias sociales. Como al mismo tiempo se han hundido los precios de las commodities que esos países exportan, hasta supermillonarios como Arabia Saudita van a tener balances de pagos deficitarios.
En China la situación sólo se distiende lentamente. Aparentemente, casi no se producen nuevos contagios. Con la reapertura de la economía están mejorando también los datos principales. Desde su histórico hundimiento a 35,7 en febrero pasado, el índice de producción fabril saltó en marzo a 52,0 puntos y con ellos superó por poco el umbral de crecimiento de los 50 puntos. El índice para el sector de servicios pasó de 29,6 puntos en febrero a 52,3 en marzo. Sin embargo, la economía china está lejos de haberse recuperado del retroceso del primer trimestre del año. En una comparación anual el PBI ha perdido el 6,8% de su valor y es el primer trimestre negativo desde 1976. En comparación con la salida de la crisis de 2007/09, la recuperación de la economía china será sensiblemente más lenta.
Aunque se espera que el relanzamiento de la demanda interna pronto dé impulso a la economía de la superpotencia asiática, la falta de compradores allende las fronteras le va a poner un severo freno. Si bien China está incrementando su salida de la crisis mediante mejoras en la producción y la logística, ya las dificultades para viajar en tiempos de pandemia limitan su capacidad para recuperar viejos mercados y adquirir nuevos.
A modo de compensación, el gobierno chino está poniendo en práctica una intensa “diplomacia sanitaria”, asistiendo a otros países con insumos médicos e ingentes créditos, para que superen rápidamente la pandemia y pongan en funcionamiento sus economías. No lo hace por misericordia, sino por un interés bien entendido: China sabe que su economía no puede recuperarse, mientras el mundo no salga del pozo. Son dos perspectivas diametralmente opuestas: en tanto Estados Unidos y las principales potencias occidentales chupan de los países emergentes todos los capitales especulativos que en los últimos años han hecho allí ingentes ganancias y exigen el cobro de las deudas que el Sur ha contraído con ellos, la República Popular insiste en el “codesarrollo”, la idea de que el desarrollo es un negocio compartido, que solamente funciona si ambas partes ganan a la vez. Son dos modelos con perspectivas discordantes que, necesariamente, van a tener resultados disímiles.

domingo, 26 de abril de 2020

Reedición del libro “Política sanitaria argentina de Ramón Carrillo


El Instituto de Salud Colectiva de la UNLa editó la obra del primer Ministro de Salud de la Nación, el Dr. Ramón Carrillo


Esta nueva edición de “Política sanitaria argentina” reúne en un solo libro los dos tomos de discursos oficiales, conferencias y artículos publicados originalmente en 1949, los que han sido enriquecidos, en esta edición, con una selección de fotografías de la época que hemos recuperado del acervo del Archivo General de la Nación.
Se trata de un texto de gran valor histórico, que revela uno de los momentos fundacionales de la política sanitaria argentina. Como menciona Carrillo, “nuestra sanidad era una cosa pasiva. Esperaba que las enfermedades se produjeran, que las epidemias aparecieran determinando alguna catástrofe, para que recién el pequeño y modesto organismo nacional fuera a salvar los escombros con escasos recursos y pobrísima inspiración. Han pasado solamente dos años y ya contamos con una organización que no está esperando que aparezcan las enfermedades ni los enfermos, sino que actúa activa y orgánicamente en todo el país [...] resolviendo los problemas en cualquier lugar de nuestro territorio”.
“¿Qué es política?”, se pregunta Carrillo. “Según la definición clásica, es el arte o la ciencia de gobernar. Dicho arte o ciencia, para que exista como tal, requiere previamente una organización de ideas y de principios que pueden constituir o no un sistema, pero que tienen un fin práctico inmediato: el manejo racional de la cosa pública [...] Entendida así la política, existe pues —podemos asegurarlo— una política argentina en materia de sanidad”.

Este nuevo esfuerzo editorial de la Universidad Nacional de Lanús se enmarca en sus principios fundacionales: excelencia académica con compromiso social.

Descargá el LIBRO ACÁ


sábado, 25 de abril de 2020

Ángeles y reptiles


Alexander DUGUIN, abril de 2020

Extraido de GEOPOLITICA.RU


Sobre el mundo después de la pandemia

EL REY DE LA LLUVIA
Los orígenes del poder político están enraizados en la compleja relación del hombre con la muerte.
Su imagen más clara se encuentra en el análisis de las sociedades arcaicas, muchas de las cuales tenían una institución especial: el rey de la lluvia. J. Fraser en la "Rama Dorada" hizo una revisión a gran escala de mitos, símbolos, ritos y creencias relevantes Este tema fue desarrollado de forma interesante por Rene Girard en su libro El chivo expiatorio. El significado de la figura del rey de la lluvia (que también es un prototipo del chivo expiatorio) es el siguiente. La sociedad solo puede existir bajo las condiciones de una garantía ontológica de que todo siempre será exactamente como es ahora. Esta premisa es necesaria para mantener cualquier orden social.
El eterno retorno determina el equilibrio de la vida y la muerte, el nacimiento de nuevas criaturas y la muerte de las viejas, el ciclo de las estaciones, las plantas, el ganado y los antepasados. El círculo de la existencia debe cerrarse y, por lo tanto, la sociedad arcaica busca minimizar la estratificación social. La sociedad no debe conocer ninguna brecha, es decir, algo irreversible. Todo debe ser compensado por su opuesto, incluido en la estructura general.
Pero... llega un momento en que la sociedad, en su total calma ontológica, tiene que enfrentar una catástrofe. Este es el momento en que se rompe el nivel, que, estrictamente hablando, debe excluirse. La sociedad se basa en el hecho de que esto es imposible, porque de lo contrario toda la evidencia de un orden eterno e inmutable colapsaría.
Sin embargo, tal "imposibilidad" ocurre de vez en cuando: se produce una catástrofe en forma del exterminio a manos de un enemigo despiadado, de la sequía, la peste, la pérdida de las cosechas, un huracán o la muerte del ganado.
A veces lo que sucede no puede suceder (al menos no debería). Aquí es donde entra en juego el rey de la lluvia.
El rey de la lluvia es elegido entre los miembros de la tribu como una garantía notoria de que lo imposible sucederá. Es por eso que se hacen excepciones para el rey de la lluvia en la vida ordinaria: no debe trabajar, las mejores mujeres de la tribu se le dan como esposas y concubinas, todos lo alimentan y lo complacen. Sobre su figura, se crean la justicia, la igualdad, la solidaridad y todo el orden continuo de la vida de la tribu. El rey de la lluvia es una excepción, y es en esta excepcionalidad donde se encuentran su misión y su función.
Dura todo el tiempo, mientras todo sigue como siempre. No se requiere nada del rey de la lluvia, no participa mucho en la vida de la comunidad, solo ocasionalmente aparece en ciertas ceremonias. No tiene poder, pero se le entregan los honores rituales. Y así continúa hasta el momento en que comienza lo imposible, lo impredecible, cuando ocurre un desastre. Aquí es donde sus manos lo alcanzan. Él, superfluo e innecesario en el curso normal de la vida, aparece cuando algo sale mal. Su tiempo se acerca.
Cuando comienza una sequía, una pestilencia o una invasión de hordas de extranjeros, el rey de la lluvia se viste con la ropa sagrada portadora de honores, se alimenta por última vez, se despide de sus esposas y se sacrifica públicamente: lo apuñalan, ahogan, estrangulan, queman, cuelgan o arrojan de un acantilado. Entonces, el exceso está balanceado por el exceso, a algo imprevisto obtiene se le da rienda suelta de forma especial y es preparada para él. Esta es la esencia del chivo expiatorio, llevar sobre sí los pecados y enviarlo a la muerte. En cierto sentido, el demonio cristiano tiene el mismo papel, y su conexión iconográfica con la cabra no es accidental.
El rey de la lluvia es completamente innecesario, es redundante en una situación normal, pero indispensable en caso de desastre. El significado de su existencia es su deber de ser sacrificado.
Para esto, él es engordado y no muerto, cuidado y apreciado. Para hacer esto, le muestran honores para matarlo en un momento crítico. Es la anormalidad de su existencia habitual lo que justifica la oportunidad de sacrificarlo. Exteriormente, puede parecer una "élite", una "casta superior", una "cumbre de la sociedad", pero en realidad no es más que un animal sacrificado y engorroso, creado para ser el alimento de las poderosas e impredecibles fuerzas desatadas en una emergencia.

SE NECESITAN ÉLITES PARA SER DESTRUIDAS.
En la figura del rey de la lluvia, tenemos una fórmula para crear la estratificación estatal y social para la élite y las masas. A las clases altas - guerreros, aristócratas - las masas trabajadoras que viven en el presente les rinden tributo y honores eternos, pero solo para sacrificarlos en el momento de la catástrofe (a menudo la invasión de enemigos). Los guerreros aristocráticos son un sacrificio colectivo en nombre de los agricultores pacíficos. Pasan su tiempo en fiestas y diversión para ser asesinados en el altar de la guerra.
Y el primero de ellos es el rey, el jefe de la élite política, el rey de la lluvia que conocemos.
Cuando las cosas se ponen realmente mal, las brujas incendian la ciudad y los hechiceros envían una plaga pestilente, una multitud enojada y hambrienta se precipita a las cámaras reales y exige que el rey de la lluvia cargue con la culpa. Todo lo que se requiere es romperlo en pedazos, y la pandemia se calmará, los incendios se apagarán, la lluvia descenderá al suelo. Las masas toleran a la élite y le permiten llevar un estilo de vida parasitario solo para matarlos en algún momento.
La élite en la sociedad significa un descanso y simboliza la muerte. En períodos ordinarios, es para la sociedad una carga irritante y la encarnación de parásitos excesivos. Pero cuando ocurre un desastre, la élite es devorada por las glotonas fauces de las masas.

DEMOCRACIA Y TIRANÍA
La élite moderna no es la excepción. La estabilidad de los significados sociales, desde las épocas arcaicas hasta los tiempos modernos, es asombrosa. Es difícil sobreestimarla. Por supuesto, la élite moderna, especialmente la democrática, busca demostrar su necesidad y beneficio, pero esto es secundario. Las masas lo soportan precisamente como un ejército de parásitos y pervertidos, como una anomalía y un mal social, que, sin embargo, es el seguro ontológico de la sociedad en caso de emergencia. Cuando todas las medidas habituales no funcionan y las personas se enfrentan a algún desafío peligroso (virus, úlcera, terremoto), la élite hace frente a esta desgracia y, obviamente, está relacionada con los estados de la emergencia, sea patológica, excesiva o se convierten en un chivo expiatorio.
En cierto sentido, en las democracias parlamentarias, las elecciones y los partidos funcionan así. Los ganadores son aquellos en los que todo sale como de costumbre, pero si algo sale mal, los votantes eligen a otros. Difícilmente depende de una evaluación racional en el equilibrio de sus palabras, hechos y consecuencias. Demasiados factores influyen en la sociedad, y cada ciclo electoral resume en sí solo los roles fundamentales y, en primer lugar, quién debería ser el chivo expiatorio. La traducción del ritual del rey de la lluvia al formato de democracia parlamentaria es conveniente porque el castigo es simbólico y se expresa en la excomunión de la parte perdedora (más precisamente, la parte que tuvo mala suerte) del poder. En el caso de la tiranía o los regímenes totalitarios, la situación es más grave: el tirano es responsable de todo, y si ocurre una sequía o una epidemia durante su reinado, ya no tiene a nadie a quien culpar y no debe esperar ninguna piedad.
Es por eso que los griegos decían que un tirano anciano era una de las maravillas del mundo: rara vez algún tirano logró vivir hasta una edad respetable, la mayoría de las veces fueron asesinados antes. Después de todo, el tirano es el rey de la lluvia: todo está permitido para él, pero solo hasta que comience la peste...

CAPITALISMO Y CORONAVIRUS
Después de esta introducción bastante larga, pasamos a la situación con la pandemia del coronavirus. Después de la caída de la URSS, el mundo entró en una era de unipolaridad y globalización. Esto significa que, en lugar de dos sistemas políticos, económicos e ideológicos, solo queda uno, y la élite mundial en cualquier país es algo aproximadamente idéntico. El capitalismo es el único modelo económico, la democracia es reconocida como la única forma legítima y legal de organización política, y la ideología de los derechos humanos, basada en la identificación de una persona con un individuo, es la base del derecho internacional. Por lo tanto, toda la élite gobernante de los países de Occidente y Oriente es esencialmente la misma: toda fricción entre los países se basa en la competencia, que constituye la ley del orden mundial burgués.
Cada país quiere obtener los máximos beneficios, pero ninguno cuestiona la legitimidad del sistema mundial.
En el mundo bipolar había dos élites mundiales, la socialista y la capitalista, con dos actitudes diferentes y a veces diametralmente opuestas. Por lo tanto, cuando el campo soviético y la URSS colapsaron, los antiguos países soviéticos adoptaron el modelo del Occidente capitalista. A partir de este momento, comienza la cuenta regresiva de la élite capitalista mundial unificada, que gobierna en todas partes, desde Estados los Unidos y Europa hasta Rusia y China. En cierto sentido, el mundo global realmente tuvo lugar.
A los ojos de las masas, la situación que se había desarrollado desde finales del siglo XX seguía siendo legítima y aceptable de algún modo. No porque el capitalismo liberal global fuera el mejor régimen posible, sino porque las masas se adaptaron a él y aseguraron su existencia, eliminando la muerte, el desastre y las circunstancias extraordinarias. La élite liberal mundial mantuvo tal nivel de calma con la mitología del progreso tecnológico, el crecimiento económico, el éxito de la medicina y las perspectivas de una futura inmortalidad física que, sobre esta base, las masas aceptaron sufrir a estos parásitos capitalistas, que tradicional y constantemente les daba derecho a ganar peso.
Pero entonces llegó el momento del coronavirus. Y esto significa que el rey de la lluvia debe desempeñar el papel por el cual se encontraba en la cima de la sociedad. Lo imposible sucedió, comenzó una epidemia, los mercados y los intercambios colapsaron, una sociedad abierta se evaporó de la noche a la mañana, dando paso a la cuarentena total y al aislamiento disciplinario. Para las masas, nada importa excepto la continuidad de la existencia monótona garantizada. Las masas no deben enfrentarse con la muerte, con un abismo a sus pies, con los elementos de la catástrofe, del acantilado. Para esto, por esto existen las élites para proteger a las masas. Se necesitan élites para que el desastre no ocurra, para que todo salga según lo planeado, como ayer, como siempre. Para que finalmente no pase nada, que todo pase sin incidentes... Especialmente si son extraordinarios.

LA PANDEMIA DE LOS CALLEJONES SIN SALIDA
Una pandemia ha comenzado En la primera etapa, las masas ni siquiera le prestaron atención, creyendo que esto era asunto de las élites y que esto estaba en algún lugar lejos de los chinos. Lo que los chinos pensaban era desconocido, pero en su mayoría confiaban en que ninguna epidemia podría y no debería ocurrir. Sin embargo, cuando el coronavirus llegó a los países occidentales, la situación se volvió radical.
Lo que sucedió no debía suceder. Esto es lo más importante. La narrativa de las élites globales, defensoras del crecimiento universal, el progreso social o, en casos extremos, la que denuncian las maquinaciones de los "enemigos de una sociedad abierta", no hablaron en absoluto de un complot con esta pandemia total, frente a la cual resultaron completamente impotentes e indefensas.
Las élites mundiales están en un punto muerto: es necesario cerrar completamente las sociedades, pero en este caso no se sabe dónde detenerse y cómo, en condiciones de supervivencia de este virus excepcional, dividir a la población en "sana" y "enferma" con la segregación necesaria y con la aplicación de un verdadero apartheid. En relación con otros países o incluso otras regiones vecinas, la cuarentena asumió un cierre feroz. En una palabra, un mundo global único y una sociedad abierta desaparecieron en poco tiempo. Pero no hay garantía de que las medidas disciplinarias más duras en el espíritu de "Vigilar y castigar" de Michel Foucault den el resultado deseado.
Una alternativa sería dejarlo pasar y mantener la apertura y la permeabilidad de todas las fronteras. Pero en este caso, el coronavirus se propagará rápidamente a toda la población y una parte importante de la humanidad morirá. Es obvio que esto afectará, y ya ha afectado, a las élites mismas.
Y la escalada del totalitarismo con sus giros imprevistos y la garantía del genocidio continuo, como si nada de esto hubiera sucedido, la globalización liberal categóricamente no se podido adaptar al laicado global, es decir, a las masas. Las masas toleran a las élites solo para que nunca ocurra lo que está sucediendo hoy.
Nos acercamos al momento del rey de la lluvia. Ahora es el momento de llevar a la élite gobernante, el cuerpo cubierto por el capitalismo mundial, al altar del sacrificio.
Y no importa a qué Estado pertenezca esta élite.

LA ÉLITE COMO CHIVO EXPIATORIO
Al convertirse en una élite mundial, ya no pueden cambiar su fachada, para reorganizarse en algún esquema o ideología alternativa. Ellas no tienen más ideologías. Por supuesto, pueden intentar nuevamente recurrir al socialismo o el nacionalismo e intentar nuevamente atravesar el ciclo de las ideologías políticas modernas, pero es poco probable que esto inspire confianza entre las masas. El colapso de la élite capitalista liberal es el colapso de la élite mundial como tal, de todos los grupos gobernantes que estaban en la cima de la sociedad en la época de la unipolaridad. Ellas se convirtieron en los reyes de la lluvia precisamente en esta situación, y ahora es el momento de desempeñar el papel de chivos expiatorios.
La epidemia de coronavirus no puede sino terminar con el exterminio completo de las élites globales. Y no importa lo que elijan: un extremo retorno a sociedades cerradas o una globalización continua a toda costa, hasta los llamados para un gobierno mundial. En ambos casos, su lugar está dentro del hombre de mimbre (The Wicker Man), que se reproduce en la ironía posmoderna año tras año del festival del Burning Man (hombre en llamas) en los Estados Unidos. La élite vive, disfruta, parasita y se descompone solo hasta que las masas se enfrentan a la muerte, a la catástrofe, al momento de la ruptura. El significado de la élite es evitar este choque. Pero si comienza una sequía, la élite se usa para su propósito previsto: la cuelgan, la ahogan, la desmiembran, la tiran por un acantilado y la conducen al desierto.
Y esta vez, la élite no tiene la oportunidad de entregar, es decir, de jurar lealtad a alguna otra ideología, atribuyendo toda la culpa a una forma anterior, como lo hicieron muchos con los nazis después del final de la Segunda Guerra Mundial o los comunistas y miembros del Komsomol en Rusia en la década de 1990. El globalismo liberal ha absorbido a todas las élites del mundo, y no queda nada externo. Esto significa que las élites globales de todos los países están condenados a la matanza. Su momento ha llegado. Esto es la peste.

¿DESPUÉS DEL DILUVIO?
Aquí llegamos al tema más importante: ¿qué pasará después de la inundación? Para las élites de hoy, la ley "después de nosotros habrá una inundación" estaba claramente vigente, y llegó esta inundación. Las élites pueden ser exterminadas, pero las masas, incluso reducidas sustancialmente, sobrevivirán. Siempre están ahí, como siempre es una sociedad, una tribu, un pueblo, una comunidad. ¿Y dónde está esta sociedad mundial, de una forma u otra sobreviviendo a la catástrofe, para buscar nuevos reyes de la lluvia?
En mi opinión, las ideologías inmanentes -materialistas, racionalistas, "humanistas" que se han desarrollado en los Nuevos Tiempos han agotado completamente su potencial.
Desmintieron los viejos mitos y los reemplazaron por nuevos, "científicos", pero caerán junto con el globalismo liberal y el sistema capitalista mundial. En contraste con el final de la URSS, en la humanidad generalmente no habrá ningún modelo sociopolítico para este momento que pueda pasar la prueba de una pandemia. Junto con la unipolaridad y la globalización, que han reunido todo el potencial de la humanidad inmanente, las ideologías de lo moderno y lo posmoderno desaparecerán. El coronavirus finalmente los devorará.
Y las masas necesitarán un nuevo mito, nuevos reyes de la lluvia, nuevas élites. Después de todo, el momento de la necesidad de sacrificar una superestructura parasitaria puede volver, en cualquier momento. Y el repertorio de mitos políticos de los Nuevos Tiempos se ha agotado.

LO INHUMANO
Aquí llegamos a una conclusión extremadamente importante: el mundo post-global requerirá una figura de naturaleza inhumana para reemplazar a la élite: el rey de la lluvia. Este fue exactamente el caso en las sociedades arcaicas, pero el escepticismo de la modernidad ha hechizado este mecanismo sagrado sutil, dándole la apariencia de racionalidad. Lo postmoderno, a su vez, reconoció bajo esta racionalidad el mismo viejo mito (ver R. Girard), y el coronavirus derribó a la élite planetaria y su ideología con la cruda realidad de la catástrofe. Si después de la caída de la URSS, las élites post-soviéticas tenían un modelo a seguir en el ejemplo de las élites capitalistas, entonces el colapso de las élites globales abrirá un vacío colosal, que solo puede llenarse con una nueva sacralidad: post-materialista, post-racional, posthumana.
Aquí están las opciones. La forma en que los viejos ortodoxos interpretan la pandemia, por ejemplo, los monjes de Athos, nos da una pista. Para ellos, se trata del comienzo de los eventos narrados en el Apocalipsis, y la fuente de la pandemia es el derramamiento literalmente entendido de la Ira de la Copa del Señor. Entonces, en el horizonte de la humanidad, se encuentra la figura de un ángel celestial: el castigo y la prueba devuelven al camino de Dios. La escatología islámica, y especialmente los chiítas, interpretan la situación de manera similar. Todo lo que sucede es una señal del acercamiento a la aparición del Mahdi y a su batalla final con el Dajjal, el Mentiroso (el Anticristo). El Dajjal a los ojos de los musulmanes es la élite globalista. Los viejos ortodoxos tienen un pensamiento bastante similar, para quienes el gobierno mundial y la globalización (en particular, la virtualización, la digitalización, etc.) también están asociados de manera inequívoca con el Anticristo.
En cualquier caso, la política mundial va más allá de lo humano y deja entrar figuras de otras dimensiones. Entonces, "después del diluvio", bien podemos considerar en el futuro los contornos de la ideología política sobrehumana. Y esto justificará los nuevos estados, figuras y enseñanzas de las élites apocalípticas mundiales. En tal situación, las catástrofes, las pestes, las epidemias y los "milagros negros" tendrán sentido y explicación, y esto es lo que necesitan las masas (y no solo las masas, sino también los pueblos). Además, la vida ganará una meta: para restablecer el orden, es necesario derrotar al Anticristo, al Dajjal, sacrificarlo, caer al abismo ... Aquí están, los contornos de la ideología política del futuro cercano – del futuro del post-coronavirus -.
Por supuesto, uno puede abordar el problema de las nuevas élites apocalípticas por otro lado. El hipermaterialismo de los realistas especulativos prepara el escenario para el advenimiento del Objeto Radical. En este sentido, la destrucción de la humanidad y la vida en la tierra, como en la futurología de Nick Land y otros aceleradores, puede convertirse en el programa político del posthumanismo. Además, en su óptica, el coronavirus en sí mismo, como una especie de hiperobjeto, puede recibir el estatuto de ser una regla.
Desde el punto de vista de los partidarios de la ontología orientada a los objetos, los objetos pueden tomar el lugar de la élite política del futuro a medida que la humanidad se degenera o se vuelve loca, lo que puede suceder durante una epidemia.
El proyecto de la inteligencia artificial, las versiones del apocalipsis zombie o las historias sobre la invasión de extraterrestres también pertenecen a la misma perspectiva posthumana.
En este caso, tanto las tramas religiosas como las de fantasía tienen una estructura formalmente similar: más allá del horizonte de una pandemia, la élite política estará indisolublemente unida a un elemento extrahumano, donde sea que se encuentre, en el campo de la angelología, la demonología, la escatología o la futurología tecnocrática. La legitimación inmanente de las élites políticas después del fin del capitalismo globalista liberal se ha agotado. Después del diluvio trataremos con una nueva (o antigua) sacralidad.
OLVIDANDO EL FUTURO
¿Quién está listo para el futuro hoy? Nadie en absoluto. Las élites mantendrán el capitalismo liberal y los axiomas de la globalización hasta el final, hasta que sean destruidas por las masas, que se ven obligadas a enfrentar la muerte, la catástrofe, algo que no deberían enfrentarse bajo ninguna circunstancia. Pase lo que pase, las élites existentes dirán: estas son dificultades temporales, todo saldrá bien y volverá a la normalidad. Con este eco repetitivo, morirán. Después de todo, las elites liberales globales no surgieron desde cero: estos son los herederos de los Nuevos Tiempos, y no piensan en ningún otro paradigma de cosmovisión para sí mismos.
Y en el marco de este paradigma de la catástrofe actual, simplemente no podría suceder. En cierto sentido, estas élites liberales se convirtieron gradualmente en personas comunes, imperceptiblemente fusionadas con las masas, que solo diferían de ellas en la acumulación de riqueza material excesiva. Estas élites han perdido contacto con la muerte y serán destruidas.
Pero las masas no están listas para el futuro. No pueden estar preparados para ello, porque viven en un retorno real y continuo de lo mismo. El coronavirus es un desastre que rompe el ciclo de la vida cotidiana. Esto es terrible para las masas, pero solo pueden echarle la culpa a las élites, que tendrán que seguir el camino del rey de la lluvia.
Las masas en sí mismas no son capaces de llegar a nada y estarán desconcertadas a su alrededor en medio de las colinas de carne en descomposición del coronavirus ...
En este punto, habrá representantes de la contra-élite, hoy dispersos en los alrededores de la periferia. Alguien saldrá de los ambientes religiosos, alguien de los realistas especulativos o de los adoradores directos de los demonios. Este será el momento de un nuevo auge de la filosofía tradicionalista, listo para el final de Kali-Yuga, y los partidarios del Sujeto Radical. Pero, por otro lado, de las ruinas del capitalismo global aparecerán lagartos completos, que hoy se esconden bajo los disfraces de los Rothschild y los Soros, pero ya en su aspecto real, posthumano.
¿Increíble? Sí, absolutamente increíble. ¡No puede ser! Y podemos estar de acuerdo en esto. No puede y nunca lo será. Después de todo, nunca ha habido y nunca habrá... ¿Verdad?

Notas del traductor Juan Gabriel Caro Rivera: La palabra rusa ящеры significa reptil, pero también es usada designar a la especie de los manis, que vulgarmente son conocidos como pangolines. Dugin usa aquí este nombre para referirse tanto a los lagartos como a los pangolines (el convid fue identificado primeramente en esta especie de animales) para hacer un juego de palabras que no es traducible al español y que el texto aclarará más adelante.

viernes, 24 de abril de 2020

5 hechos para dejar el pánico y abandonar la cuarentena total


Scott W. Atlas

Ex jefe de neurorradiología en el Centro Médico de la Universidad de Stanford.

23 abril de 2020

Los datos objetivos indican por qué debe abandonarse el aislamiento total.
 La tragedia del COVID-19 parece estar entrando en la fase de contención. Decenas de miles de estadounidenses han muerto, y ahora están necesitando políticos responsables que tengan el coraje de ignorar el pánico y confiar en los hechos. Los líderes deben examinar los datos acumulados (en lugar de seguir enfatizando proyecciones hipotéticas) para ver qué ha sucedido realmente; combinar esa evidencia empírica con principios fundamentales de biología establecidos por décadas; y luego concienzudamente restaurar el país para que funcione.

Quienes piden continuar con el aislamiento casi total ignoran cinco hechos clave.

HECHO 1: LA GRAN MAYORÍA DE LAS PERSONAS NO TIENEN NINGÚN RIESGO SIGNIFICATIVO DE MORIR POR COVID-19.
El reciente estudio de anticuerpos de la Universidad de Stanford ahora estima que la tasa de mortalidad de un infectado está probablemente en el 0,1% y 0,2%, un riesgo mucho más bajo que las estimaciones anteriores de la Organización Mundial de la Salud que fueron de 20 a 30 veces más altas y que motivaron las políticas de aislamiento.
En la ciudad de Nueva York, epicentro de la pandemia con más de un tercio de todas las muertes en los EE.UU., la tasa de letalidad de las personas de 18 a 45 años es de 0,01%, u 11 por 100.000 habitantes. Por otro lado, las personas de 75 años o más tienen una tasa de mortalidad 80 veces mayor. Para las personas menores de 18 años, la tasa de mortalidad es 0 (cero) por cada 100.000.
De todos los casos fatales en el estado de Nueva York, dos tercios correspondieron a pacientes mayores de 70 años; más del 95 por ciento tenía más de 50 años de edad; y alrededor del 90 por ciento de todos los casos fatales tenían una enfermedad subyacente. De 6.570 muertes confirmadas por COVID-19 completamente investigadas por afecciones subyacentes hasta la fecha, 6.520, o el 99,2%, tenían una enfermedad preexistente. Es decir que si usted no tiene una afección crónica subyacente, sus posibilidades de morir son pequeñas, independientemente de la edad. Y los adultos jóvenes y los niños con salud normal casi no tienen riesgo de enfermedad grave por COVID-19.
 HECHO 2: PROTEGER A LAS PERSONAS MAYORES EN RIESGO ELIMINA LA SATURACIÓN SANITARIA.
Podemos aprender sobre la utilización del hospital a partir de los datos de la ciudad de Nueva York, el semillero de COVID-19 con más de 34,600 hospitalizaciones hasta la fecha. Para los menores de 18 años, la hospitalización por el virus es de 0,01% por 100,000 personas; Para los de 18 a 44 años, la hospitalización es de 0.1% por ciento por 100,000. Incluso para las personas de 65 a 74 años, solo el 1,7% fueron hospitalizados. De 4.103 pacientes confirmados con COVID-19 con síntomas lo suficientemente graves como para buscar atención médica, el Dr. Horwitz del Centro Médico de la Universidad de Nueva York concluyó que “la edad es, con mucho, el factor de riesgo más fuerte para la hospitalización”.
Incluso los primeros informes de la OMS señalaron que el 80% de todos los casos fueron leves, y estudios más recientes muestran una tasa de infección mucho más generalizada y una tasa más baja cuadros graves. La mitad de todas las personas que dan positivo en el test no tienen ningún síntoma. La gran mayoría de las personas más jóvenes y sanas no necesitan atención médica significativa si contraen esta infección.

HECHO 3: LAS POLÍTICAS DE AISLAMIENTO TOTAL PREVIENEN LA INMUNIDAD VITAL DE LA POBLACIÓN, PROLONGANDO EL PROBLEMA.
Sabemos por décadas de ciencia médica que la infección en sí misma permite a las personas generar una respuesta inmune (anticuerpos) para que la infección esté controlada en toda la población por la “inmunidad de rebaño“. De hecho, ese es el objetivo principal de la inmunización generalizada en otras enfermedades virales: ayudar con la inmunidad de la población. En este virus, sabemos que la atención médica ni siquiera es necesaria para la gran mayoría de las personas infectadas. Es tan leve que la mitad de las personas infectadas son asintomáticas, como se muestra en los primeros datos del barco Diamond Princess, y luego en Islandia e Italia. Este hecho se ha interpretado falsamente como un motivo para recomendar el aislamiento masivo.
De hecho, las personas infectadas sin enfermedad grave son el vehículo disponible de inmediato para establecer una inmunidad generalizada. Al transmitir el virus a otras personas del grupo de bajo riesgo que luego generan anticuerpos, bloquean la red de vías hacia las personas más vulnerables, terminando con la amenaza.
Ampliar el aislamiento de toda la población evitaría directamente que se desarrolle esa inmunidad generalizada.

HECHO 4: LA GENTE ESTÁ MURIENDO PORQUE, DEBIDO A PROYECCIONES HIPOTÉTICAS, NO ESTÁ RECIBIENDO OTRO TIPO DE ATENCIÓN MÉDICA.
Hoy en día se está dejando de atender a millones de estadounidenses, y las personas mueren por acomodar los hospitales para a los pacientes “potenciales” de COVID-19 y por temor a propagar la enfermedad. La mayoría de los estados y muchos hospitales interrumpieron abruptamente los procedimientos y las cirugías “no esenciales”. Eso evitó el diagnóstico de enfermedades potencialmente mortales, como la detección del cáncer, las biopsias de tumores ahora no descubiertos y aneurismas cerebrales potencialmente mortales.
También se omitieron los tratamientos, incluida la atención de emergencia, para las enfermedades más graves. Los pacientes con cáncer diferían la quimioterapia. Se omitió aproximadamente el 80% de los casos de cirugía cerebral. Los pacientes con accidente cerebrovascular agudo y ataque cardíaco perdieron sus únicas oportunidades de tratamiento, algunos murieron y muchos ahora enfrentan una discapacidad permanente.
 HECHO 5: TENEMOS UNA POBLACIÓN EN RIESGO CLARAMENTE DEFINIDA QUE PUEDE SER PROTEGIDA CON MEDIDAS ESPECÍFICAS.
La evidencia abrumadora en todo el mundo muestra consistentemente que un grupo claramente definido, las personas mayores y otras personas con afecciones subyacentes, tiene más probabilidades de enfrentar un cuadro grave que requiera hospitalización, o incluso de morir por COVID-19. Sabiendo eso, es una meta alcanzable de sentido común dirigir la política de aislamiento a ese grupo, incluyendo el monitoreo estricto de aquellos que interactúan con ellos. Los residentes de hogares de ancianos, el mayor riesgo, deberían ser los más directos para protegerse sistemáticamente de las personas infectadas, dado que ya viven en lugares confinados con entrada altamente restringida.
La política apropiada, basada en la biología fundamental y la evidencia ya disponible, es instituir una estrategia más focalizada: proteger estrictamente a los vulnerables conocidos, aislar a los más enfermos y abrir la mayoría de los lugares de trabajo y pequeñas empresas con algunas precauciones prudentes para grupos grandes. Esto permitiría que la socialización esencial genere inmunidad entre aquellos con un riesgo mínimo de consecuencias graves, al tiempo que salva vidas, previene el hacinamiento de los hospitales y limita los enormes daños agravados por el continuo aislamiento total. Dejemos de ignorar la evidencia empírica mientras, en cambio, duplicamos los modelos hipotéticos. Los hechos importan.

Artículo escrito por Scott W. Atlas, publicado originalmente en inglés, en The Hill: disponible en este link. EL autor es miembro principal de la Institución Hoover de la Universidad de Stanford y ex jefe de neurorradiología en el Centro Médico de la Universidad de Stanford.



martes, 21 de abril de 2020

Educación a distancia no es educación, es privilegio.


Por Dino Cajal, abril 2020


Y el futuro llegó, o al menos lo estamos oyendo golpear la puerta. Drástico y violento se impuso con sincronizada sintonía en todo el mundo a base de miedo y represión, este futuro incierto pero real, se nos presenta a través de un confinamiento global, atomización de las personas, deshumanización, y una sobredosis de tecnología. Los albores de una sociedad orwelliana donde todo se ve, se oye, son las garantías de una constante vigilancia de un Gran Hermano que a través de un panóptico disgregado, esparcido como semillas que se tiran con movimientos parejos y uniformes sobre toda la superficie terrestre, se encarga de vigilar y castigar con particular estilo post moderno.
Cuando todo parece cambiar, cuando lo actual parece arcaico, el aislamiento social, preventivo y obligatorio, deja al descubierto las miserias de un tiempo que corrió hacia ninguna parte, en estos últimos 30 años, al ritmo de las “nuevas tecnologías”.
Si hay algo que queda muy en claro es que la idea de Educación a distancia representa el más grande oxímoron de los tiempos modernos, estos dos conceptos han demostrado ser antagónicos, porque la educación en ningún plano puede funcionar a la distancia; porque educar es proximidad.
En otro aspecto, la educación a distancia profundizó las desigualdades, conocidas por todos, dejando a la luz las falencias económicas, sociales y culturales de cada una de las familias de los estudiantes a la hora de ingresar a un aula virtual, la falta de conectividad, los escasos o nulos recursos económicos y en algunos casos la carencia de medios, arrojó como primer gran resultado la conformación de dos grandes grupos, los conectados y los no conectados; una segregación que se oculta en la hipocresía invisible de una plataforma que utiliza como filtro a la verdad las pantallas de las computadoras, y con una sutil violencia la máxima más importante de la educación, la inclusión como garantía y derecho de todos, se transformó en un privilegio para los que entran al classroom, o aquellos que tienen abonos con las compañías de telefonía móvil.
Es en este contexto, no alcanza el “plan b”, no alcanza el grupo de wasap para quienes que no accedieron al aula virtual, no alcanza el cuadernillo de tareas que se retira junto con el bolsón de alimentos. Ser parte del “plan b” es la peor de las discriminaciones sufridas por nuestros pibes, porque al formar parte del grupo de aquellos que no pudieron acceder, no se está recibiendo una segunda posibilidad, sino un rótulo.
En la Argentina donde la mitad de nuestros jóvenes en edad escolar son pobres, la educación virtual es todo, menos virtual, porque entre las paredes del hogar, entre los platos a medio llenar que esperan un guiso aguado, no hay lugar para la recarga de datos, simplemente porque es prioritario comer.
Existen otros aspectos por los cuales la educación a distancia es inadecuada para garantizar el derecho a la educación, aun para suplantarla en casos excepcionales como el de una pandemia.
Me pregunto por el rol docente, inmerso en una profunda depresión al reconocer en su propio trabajo el elemento indigno alojado en un método que muy por el contrario de garantizar un derecho excluye, segrega y rotula. Si el paradigma de la educación inclusiva, esa educación a la que Paulo Freire llamó Pedagogía para la liberación, critica a la educación bancarizada, diciendo que “en vez de comunicarse, el educador hace comunicados que el educando memoriza y repite.
Educadores y educandos se archivan en la medida en que no existe creatividad alguna, ni transformación, ni saber”; la educación a distancia es aún más perversa porque el proceso de enseñar y aprender está sustentado en un modelo de enseñanza por Home Banking.

DE CARA AL MAÑANA
Dos aspectos quedan muy en claro frente a este embate de la tecnología que intenta llevarse puestos a un modelo de vida, con sus errores, muchos, y sus aciertos, muchos también.
El primero que la tecnología ha demostrado ser un elemento complementario, necesario, si no lo niego, pero necesario en su rol complementario. Porque esa escuela del S XIX que parece negarse a todo tipo de actualización y que atravesó sin verse alterada todo el S XX, ha demostrado ser, con todas sus falencias y sus limitaciones, insustituible, porque si bien la tecnología puede brindar absolutamente todo lo inalcanzable, no puede sustituir las miradas, los afectos, el bullicio, los enojos y las profundas alegrías. Mientras que ese aula en donde el tiempo parece detenerse, es mucho más abarcativa, y profundamente igualitaria. Por supuesto que continuo con las críticas al aula arcaica, pero debo admitir que después de la experiencia virtual he aprendido a valorarla mucho más, porque lo complementario de la tecnología no es garantía para que se dé el proceso de enseñanza y aprendizaje, pero si lo es lo analógico, a través de en una tiza y un pizarrón.
El segundo aspecto es que la profesión docente se ha revalorizado al transitar este proceso de sustitución, una profesión que en estos últimos años se ha visto desvalorizada y en algunos aspectos padeció una aparente ruptura con la proximidad de la comunidad. Dependerá de nosotros como docentes y a la educación en su total dimensión, validar este cambio de paradigma que se va a dar una vez que se termine el aislamiento social, mantener los reclamos por la excelencia en calidad de la educación pública, el salario docente digno, el cumplimiento de los derechos de cada uno de nuestros pibes, vivienda, alimentación y por supuesto educación y por sobre todo exigir la democratización de la Ciencia, que debe estar al servicio del pueblo.
Luego de haber puesto en órbita dos satélites, Arsat-1 y Arsat-2, con la finalidad de optimizar la comunicación digital, internet y telefonía celular entre otras cosas; diseñados, financiados, desarrollados, ensamblados por técnicos y científicos del país, posicionando a la República Argentina en el concierto de las ocho naciones del mundo que desarrollan y producen sus propios satélites, es inadmisible que los sectores más vulnerables queden al margen de estos logros y no se vean beneficiados, el desarrollo de la ciencia debe estar al servicio del pueblo para garantizar derechos y educar en soberanía.

lunes, 20 de abril de 2020

PENSAMIENTOS DURANTE LA PLAGA: ECONOMÍA NACIONAL CERRADA Y SUS PRIORIDADES


Alexander Dugin

08.04.2020

Hola, estás viendo el nuevo programa "Pensamientos durante la plaga". Hoy quería hablar sobre los cambios que ya comenzaron desde las primeras etapas de la propagación de la pandemia del coronavirus, sobre lo que está sucediendo con la economía global. De hecho, los procesos que ya están teniendo lugar, no solo las tendencias que se han esbozado para el futuro cercano y medio, son muy fundamentales en comparación con la época anterior, en la que también hubo crisis: las crisis de las puntocom, las crisis inmobiliarias y la caída del mercado inmobiliario en los EE. UU. en 2008, que tuvo un gran efecto en la economía global: todo esto, en comparación con lo que está sucediendo hoy, son solo juegos de niños, porque hoy todo el modelo del mundo económico está colapsando. Y, por supuesto, es muy difícil sintonizar la conciencia a todo esto, adaptarse a esta ola cambiante. Todos piensan cuándo comenzarán a corregirse los mercados, cuándo comenzará el precio del petróleo a alcanzar niveles aceptables para todos y cuándo se recuperará la economía mundial. Ya está claro que los países solo están cerrando, y el movimiento está disminuyendo de forma fundamental, sin embargo existe la esperanza, y se murmura: "Bueno, en algún momento esto deberá terminar y gradualmente, aunque con grandes pérdidas, la economía mundial volverá aproximadamente al status quo desde donde colapsó".
Esto es más que dudoso, y para entender en qué tipo de mundo ya estamos, propongo hacer el siguiente experimento: imaginemos un estado de emergencia, en el que las economías de todos los países del mundo están hoy: Rusia, China, Europa, Estados Unidos, los países de los BRICS, los países del Tercer Mundo, toda la economía. Imaginemos que estarán en este modo indefinidamente. Bueno, para el experimento, digamos que siempre estarán en él. Ahora imaginemos que diríamos: "No, no, no, no, nunca, de ninguna manera, no, esto es absurdo, deja de decirlo, cállate de inmediato, cambia el programa, queremos escuchar cualquier cosa, pero necesitamos ver la luz al final del túnel, y por la luz al final del túnel, todos entienden una cosa: un retorno al estado anterior a la crisis. Que este retorno sea largo, pero volveremos a ese estado anterior a la crisis al menos como un sueño”. Propongo (nadie, por supuesto, sabe cómo se desarrollará todo), pero propongo hacer el siguiente experimento mental. No creamos en esta luz al final del túnel, y acostumbrémonos a mirar estas cosas que nos rodean sin esta llamada "luz", de modo que ya volveremos a un cierto ángulo en el laberinto de la situación económica, y no habrá luz ni al principio ni al final.
¿Qué encontramos? Hoy tenemos economías cerradas, que son algunas islas, una vez conectadas en un solo archipiélago con puentes, pasajes, túneles, pero hoy estos puentes están destruidos, y estamos lidiando con un archipiélago, es decir, simplemente cada economía de cada país es una especie de fenómeno independiente y autosuficiente. Aquí con esto nuestro pensamiento ya no puede hacer frente a nada. Incluso, por ejemplo, los iraníes que maldicen tanto a Occidente y para quienes Occidente es el "Gran Shaitán", y Estados Unidos debe colapsar, y este es el reino del Dajjal, y de todos modos cuando la situación con las fronteras cerradas llegó a Irán, y los iraníes mismos cerraron sus fronteras, y Occidente también cerró las fronteras, y Estados Unidos cerró las fronteras, de repente los iraníes dicen: estos que eran orgullosos, independientes, que creen religiosamente que Occidente es el gran Satanás, de repente oraron, diciendo: "Quiten las sanciones de nosotros". Al mismo tiempo, Rusia también se comporta del mismo modo diciendo que las sanciones también son inútiles durante el coronavirus. ¡Son muy parecidos!
Ninguna de las epidemias en la historia tuvo ningún efecto en mitigar la conducción de las hostilidades, ya sea en el siglo XX, cuando la gripe española ataco enfurecida durante la Primera Guerra Mundial, ni tampoco las epidemias durante la Guerra de los Treinta Años, o durante las Guerras Medievales. Y las epidemias fueron solo una especie de circunstancias acompañantes de las hostilidades. Como lo muestra la historia, nadie "sede" nada de su sistema político durante una epidemia, y cada uno continúa buscando realizar sus propios objetivos ya sea de una sociedad abierta o cerrada. Ahora vivimos en una sociedad cerrada, hemos entrado en este régimen, y mi propuesta es considerar esto no como un estado temporal, sino como un nuevo estado del mundo. De nuevo, este es un experimento mental. Entonces, en este caso, si reconocemos esto, si estamos de acuerdo con esto, aunque sea una hipótesis, enfatizo lo de hipótesis mental, entonces lo primero que debe hacerse es: "Renunciar a la esperanza de que todos entren aquí". Renunciar a la esperanza de que van a levantar las sanciones, renunciar a la esperanza de que va a continuar la Ruta de la Seda china, a la continuación de la globalización china, de la globalización estadounidense, de la globalización europea. Renunciar a la esperanza de la OMC, renunciar a la esperanza de levantar o imponer nuevas sanciones, renunciar a la esperanza de una economía mundial internacional global. A lo que Wallerstein llamó el "sistema-mundo". Aquí está el “sistema-mundo", el "sistema mundial" ya no existe. Renunciemos a la esperanza de que siga y tratemos de ver cómo actuarán los países desde un punto de vista económico en estas condiciones. Si te deshaces de esta esperanza del todo, como cuando las personas entran al infierno, por supuesto que ellas no quieren, dicen que llegaron allí por casualidad, pero en algún momento aparece una figura que dice: "No, cuando lees la frase aquí: Renuncie a toda esperanza aquellos que entran aquí (como estaba escrito sobre el infierno de Dante), esto era lo que significaba en verdad”. Es decir: acéptalo, no vas a salir de aquí. Y si aceptamos esto, lo primero que olvidaremos y lo que rechazaremos es pedir misericordia, esperar que todo regrese a como era antes, acumular recursos por una cantidad limitada en estas circunstancias de fuerza mayor, para volver nuevamente a la situación anterior, donde la habíamos dejado todo. Es decir, no tengas esperanzas.
Si abandonamos la esperanza y creemos que el modelo económico que se ha formado ahora durará indefinidamente (bueno, condicionalmente para siempre en términos de ciclos humanos, no en términos de la historia real), bueno, es decir siempre. Así como existió para siempre la Unión Soviética, como siempre ha existido el liberalismo, como siempre ha existido la Modernidad, es decir, el “siempre” es muy relativo en la historia humana. Entonces, imagina que esta situación siempre será. Entonces, nos encontramos en una situación de estados comerciales cerrados, es decir, no se trata de Popper, ni la "sociedad abierta", ni la globalización, ni el liberalismo en las relaciones internacionales, ni Adam Smith, sino el estado comercial cerrado de Fichte. Ahora vivimos en un estado comercial cerrado. ¿Cuáles son las prioridades de un estado comercial cerrado? En primer lugar, la provisión de autarquía de comestibles. Este es lo primero. ¿Por qué? Porque si las personas en un estado comercial cerrado no obtienen suficiente comida, simplemente se levantarán en una revuelta, comenzarán los disturbios y se quitarán de encima el poder que está sobre ellos, eso es todo. Si este poder no les proporciona un salario digno, con la ayuda del cual podrán llegar a fin de mes. Pero este costo de vida implica una cosa muy importante: todos los productos deben ser producidos (es decir, los productos necesarios para este costo de vida) deben ser producidos en el territorio de este Estado. Esto se aplica a Rusia, esto se aplica a los Estados Unidos, esto se aplica a cualquier país, grande o pequeño
Y esto significa que el sector agrícola primario, abandonado en la era de la globalización, deberá ser la prioridad estratégica del Estado. En un estado comercial cerrado, la agricultura debe desarrollarse exactamente en la medida en que sea necesario para garantizar la satisfacción de las necesidades primarias de alimentos de la población y no depender de suministros externos. Algo directamente opuesto a la globalización, donde se trataba de reducir costos y optimizar el modelo económico y, en consecuencia, era necesario producir alimentos no donde se encontraba un Estado en particular, sino donde eran más baratos, porque siempre se podían entregar. Esta cadena de suministro global abierta se ha derrumbado y, en consecuencia, los productos deben ser nacionales. La sustitución de importaciones en el sector alimentario debería ser absoluta. Puedes comprar y consumir solo lo tuyo, lo que nosotros mismos cultivamos, consumimos lo nuestro. Al mismo tiempo, el Estado en condiciones cerradas no puede proporcionar a este sector el desarrollo que desea. Porque si el sector agrícola se mantiene completamente como rehén de los precios del mercado, es precisamente sobre la base de este enfoque maximizar las ganancias y la aparición de especuladores que, nuevamente, un enfoque puramente de mercado conducirá a una posible escasez de alimentos y, en consecuencia, a disturbios y levantamientos. En consecuencia, debería haber en primer lugar (esto es lo más importante, la condición sine qua non de un estado comercial cerrado es el establecimiento de control sobre la agricultura y, por supuesto, la experiencia muestra que debe haber cierta libertad en la producción, las granjas colectivas forzadas y planificadas por completo en esta área no dan resultados positivos, pero lo contrario no es cierto: la entrega de esta esfera exclusivamente a las fuerzas del mercado también puede tener consecuencias negativas.
En consecuencia, el Estado debería maximizar la libertad de la agricultura, pero al mismo tiempo evitar la aparición de especuladores en esta área, lo que crearía precios injustificadamente altos para los productos agrícolas. Esta es la primera tarea de cualquier estado comercial cerrado. E inmediatamente surge al momento, inmediatamente surge un momento: lo primero es que absolutamente no se necesita contactos con países extranjeros, la amistad o la hostilidad con nadie más depende de nosotros y hacer esto es necesario, el primer y más importante punto. Por supuesto, si somos amigos económicamente de otros países, podemos comprar o vender, también podemos distribuir productos extranjeros con nosotros, pero en la medida en que no dependamos de ellos. El que hoy es un amigo, mañana es un adversario, respectivamente, no podemos depender del suministro de ningún producto de abarrotes. Esto es sine qua non. El siguiente aspecto es una cuestión de la industria. Si hablamos de la necesidad de garantizar la plena independencia alimentaria, la autarquía en el sector primario, lo mismo debe hacerse en la industria. Y aquí nuevamente nos enfrentamos de la misma manera que con la agricultura, con esas tendencias que en la era de la globalización condujeron a la deslocalización de la industria. Esto fue cierto no solo para Rusia, que perdió el 90 por ciento de su potencial industrial en los años 90 y 2000, quizás el 99 por ciento, sino que también se aplica a Europa y los Estados Unidos, que trasladaron su producción a Asia, el Lejano Oriente, porque era más eficiente, más barata, y así, en condiciones de cierre forzado, perdieron su industria principalmente, porque esta industria ya no existe. Por cierto, Trump llegó al poder precisamente bajo el lema de que restaurará esta situación, y su oposición a la globalización incluso se basó teóricamente en eso.
Es decir, la deslocalización conduce a la desindustrialización de los Estados, es rentable desde el punto de vista actual, está justificada por la lógica de una sociedad abierta global, pero es completamente incomparable, incompatible con la vida de un estado comercial cerrado. El segundo punto es el desarrollo de la industria nacional. Hablamos de esto en su tiempo, pero como todo podía comprarse así, Rusia, una vez incorporada a la economía global, lo hizo de forma torpe y mal hecha en los años 90, y de un modo un poco más racional bajo el gobierno de Putin. Pero, de hecho, la tarea principal era integrarse en este proceso y aprovechar al máximo las condiciones que creó la globalización. Una política completamente diferente, fundamentalmente diferente. Y durante todo el discurso de Putin sobre la necesidad de crear la producción nacional, todos los funcionarios asintieron, pero como no había una necesidad urgente, todos simplemente agitaron su mano ante esto, y finalmente, después de escuchar, no hicieron nada. La única área que Putin tenía bajo control total directo era el campo de la defensa, había algunos procesos en curso, pero nuevamente no sabemos cuáles son, porque está claro que no hay industria en Rusia, no existe. Fue destruida en los años 90, vendida y restaurado prácticamente en nada. Pero dado que creemos en nuestro presidente que tenemos mejores armas, significa que allí, en el sector de la defensa, algunos procesos industriales fueron independientes. Naturalmente, en esta área no se puede hablarse de ninguna sociedad abierta. Pero creemos en ello, esta es nuestra actitud patriótica casi religiosa. No sabemos cómo es realmente, pero el hecho de que no tengamos industria y la necesitemos es el segundo imperativo de la epidemia actual. Y el tercero: tal vez les gustaría comenzar con este:  una política soberana financiera independiente, porque en la era moderna y posmoderna, especialmente en el sistema global actual, en general, todo está conectado con instituciones financieras y mecanismos financieros, como la agricultura y la industria. Lo consideramos como cosas opcionales, porque el propietario del dinero, respectivamente, puede permitirse comprar bienes industriales y agrícolas en cantidades suficientes para satisfacer las necesidades de la población y las necesidades nacionales, pero tan pronto como nos encontramos en un estado comercial cerrado, toda la jerarquía cambia. Lo primero es la seguridad alimentaria y la necesidad de autarquía, lo segundo es la creación de una industria independiente y lo tercero, lo tercero es la creación de un sistema financiero nacional soberano. Aquí prestaríamos atención al gran poeta estadounidense Ezra Pound, que dedicó su magnífica obra "Cantos", el libro de la vida, en gran medida no solo a la descripción de la belleza, sino también a la fealdad de las finanzas, la fealdad de los bancos, la naturaleza satánica del capital como tal.
Y esto es muy importante, porque Pound en sus "Cantos" describe todo el debate entre economistas, entre Silvio Gesel, Keynes, entre los liberales precisamente como un gran campo de lucha de la economía en el campo de la estética, porque desde el punto de vista de Pound, el sistema basado en el préstamo de capital es un cierto elemento satánico que destruye a la persona humana, la belleza humana, la verdad, la bondad, la justicia y al hombre como tal. Es decir, los bancos, los intereses o el préstamo de capital, o las vidas de las personas, dice Ezra Pound, y cuando sufre este problema ético y metafísico de este odio religioso al capitalismo, el préstamo de capital, los bancos y el sistema financiero que destruyen con la usura, que entra en las obras de arte, en la materia, en la vida de las personas, convirtiendo todo en una mercancía, enajenándose unos a otros, a cualquier persona, destruyendo sociedades, destruyendo familias, destruyendo pueblos, subordinándolos al poder oscuro de un principio satánico, demoníaco y alienado, sólo cuando se aplica esto a un escenario positivo, aquí Pound da, curiosamente, excelentes recomendaciones. Primero: el Estado puede emitir tanto dinero como quiera, y no puede ser pobre, el Estado no puede estar en bancarrota, el Estado no puede incumplir.
¿Por qué? Porque si es verdaderamente soberano, y si esta moneda nacional está asociada con la presencia de una cantidad suficiente de productos agrícolas e industriales dentro de sí mismo. Entonces, el tema de las emisiones nacionales no conduce a la inflación o al incumplimiento por parte del Estado simplemente porque esta moneda nacional es soberana, no está vinculada a ninguna otra moneda, no depende de ninguna fluctuación internacional simplemente porque el estado tiene todo lo necesario dentro de sí mismo para el soporte vital de todo tipo de actividad. Y luego, el tema de la moneda nacional es completamente independiente de cualquier caja de conversión, de cualquier factor externo, entonces el estado se vuelve realmente rico, y con la ayuda de la política financiera ayuda a que la economía crezca en la medida en que el Estado lo necesite. Este es el tercer elemento: un sistema financiero soberano independiente. Esta es precisamente la salvación para cualquier estado ubicado en las condiciones del estado comercial cerrado de Fichte. Es obvio para Rusia y para cualquier otro país, ahora estoy hablando en general. Otro elemento importante es el monopolio completo del Estado sobre el comercio exterior. Esta es una especie de antítesis del liberalismo en las relaciones internacionales, y si el Estado es el único que tiene el monopolio del comercio exterior, el Estado se asegura de que la penetración de bienes importados desde el extranjero no debilite la autarquía nacional ni en los alimentos ni en la industria, en los centros industriales, ni en la esfera del sistema financiero, y al mismo tiempo para que la exportación de bienes, servicios, tecnologías y productos del país no fortalezca a los competidores en la esfera internacional. Este es un enfoque antiliberal directo, que, por cierto, es apoyado por muchos economistas contra Adam Smith, esto no es inusual, es simplemente que el comercialismo en las relaciones internacionales, implica un monopolio estatal sobre el comercio exterior.
En el interior, las relaciones de mercado pueden existir en combinación con una determinada gestión, por ejemplo, donde es necesario regular ciertos procesos en interés nacional o, por ejemplo, reducir la posibilidad de ganancias para los especuladores, especialmente en áreas sensibles, pero al mismo tiempo en todo lo relacionado con el comercio exterior es necesario aprobar una política arancelaria, una política de pagos especiales e intereses nacionales. A eso es a lo que estamos llegando. Estos son los principios de un estado comercial cerrado que están comenzando a actuar hoy. Recientemente, Rusia cerró completamente sus fronteras, no fuimos los iniciadores, fuimos uno de los últimos en hacer esto, pero no importa cómo nos encontramos en esta situación, hoy ya vivimos en un estado comercial cerrado. Y aquí solo surge una pregunta. Por cierto, lo mismo puede decirse de Italia, que, habiéndose encontrado en un estado comercial cerrado y al mismo tiempo completamente dependiente de la Unión Europea, simplemente dejó de pagar en los primeros días, y en realidad compró cuando el intercambio funcionó. Lo mismo puede decirse de Francia, que declaró un estado de emergencia, y de los Estados Unidos, es decir, todos los países de hoy están en un estado comercial cerrado. No, Rusia comenzó a cerrar sus fronteras, fuimos uno de los últimos en cerrar, pero ya estamos allí. Y ahora nos enfrentamos a una opción: aceptar esto como un proyecto a largo plazo y construir un estado comercial cerrado. No será necesariamente una dictadura, pero tampoco será una democracia en absoluto, puede ser con una mayor y menor preservación de las relaciones de mercado en ciertas áreas.
El Estado ciertamente debe fortalecer su posición, pero qué tipo de fortalecimiento de estas posiciones será, en qué medida y en qué forma tendrá lugar cada nación y cada Estado cerrado se determinará a sí mismo, en función de sus propias consideraciones. Aquí no hay dogmas simples, pero esos principios que he esbozado son dogmas en la situación en la que nos encontramos. Y completando esto, puedo decir que lo aceptamos como un proyecto a largo plazo, bueno, entonces adiós a la globalización. Vivimos en un mundo post-global, estamos construyendo una economía post-global, y una entidad completamente diferente - una economía soberana - se convierte en lo principal en este sistema económico global. Este tema principal es el estado comercial cerrado nacional: este es el jugador principal en el ámbito nacional global. Aquí, la soberanía o el realismo adquiere un carácter total completo y absoluto. Y, en consecuencia, algunos creen que esta es una medida temporal y, por así decirlo, la defienden y apuestan por que todo volverá a la era de la globalización. Ahora nuestro gobierno responderá esta pregunta.
Y aquí surge un riesgo: nuestro gobierno se ha acostumbrado, para ser honesto, especialmente a no ser responsable de nada, es decir, no importa cómo resulte todo, trata de decir que es tan bueno y está planeado, fue un plan complicado. De hecho, aquí, deberían detenerse.
Ahora es necesario dar una respuesta, tanto directa como inequívoca: ya sea un estado comercial cerrado, porque es un movimiento a lo largo de un camino, o es una expectativa de un retorno a la restauración de la economía global. Este movimiento es de una manera completamente diferente. Estas dos estrategias son incompatibles, no puede hacer una y la otra al mismo tiempo, no pueden prepararse para una y también para la otra: aquí se hace una elección y, según lo que muestre la historia a continuación, cómo se desarrollará, quedará claro si esta decisión fue correcta o incorrecta. Y para eso, y para otro Estado, el gobierno y el régimen político actual tendrán que pagar. Hará una elección u otra. Este es el riesgo del poder. ¿Por qué las personas soportan el poder y dejan que se burle de ellos por siglos? Solo por una razón: cuando llega un momento tan crítico de elección, la gente puede observar con calma cómo las autoridades resuelven este complejo problema. Y aquí el poder comienza a correr riesgos, porque si toma la decisión equivocada, simplemente caerá, pagará por ello. Y la gente simplemente elegirá un próximo gobierno, otro. Esto es solo el riesgo. Por lo tanto, en consecuencia, desde mi punto de vista, el gobierno debe determinar qué camino tomará al entrar en una situación de pandemia y cómo percibe este cierre, el cierre forzado. ¿Lo percibe como un modelo del futuro orden económico mundial y se prepara para ello durante mucho tiempo y de forma seria, o esperará a qué todo volverá a la normalidad y luego, de acuerdo con el resultado de esta elección, será responsable de esta elección? En consecuencia, la situación es extremadamente grave. Lo que digo, en general, pienso mucho en Rusia, pero es absolutamente aplicable a Italia, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, México, Irán, China, Turquía, etc.
Completamos la era de la existencia perentoria en un mundo global abierto, nos vimos obligados a encontrarnos en un estado comercial cerrado, y propongo considerar seriamente esta perspectiva. Podemos regresar, no excluyo la posibilidad de que podamos volver a la globalización, será, sin embargo, una globalización diferente, no volveremos allí pronto, pero hay muy buenas razones por las que nunca volveremos a esta globalización, y existiremos por mucho tiempo en un estado comercial cerrado. Para prepararnos para este segundo escenario, al que ya estamos condenados, y no sabremos cuánto durará: los próximos meses, tal vez años, tal vez incluso más. Es por eso que propongo hacer este experimento mental y, de hecho, tomar una decisión. Sin esta opción, no podemos seguir adelante. La situación es muy grave, y Rusia tendrá que tomar esta decisión, pero todos los demás países deberán tomar esta decisión. Entonces, o temporalmente damos un paso atrás de la globalización, a donde volveremos después del final del coronavirus, como Bill Gates habla sobre esto, o Gordon Brown, o George Soros habla sobre esto (sobre el gobierno mundial), ahora Soros realmente está en silencio, porque ahora estar a favor del globalismo es casi estar en llamas, es decir, si digo "soy liberal", puedes ingresar a hospital mental por esto, por lo que solo las personas con un búnker o algún tipo de refugio confiable, como Bill Gates o Gordon Brown, pueden serlo. En principio, hoy, por supuesto, todos entienden que solo la cercanía está salvando, pero, no obstante, se escuchan voces incluso desde estas mazmorras, desde los refugios secretos que nos permiten, después de todo, proclamar un gobierno mundial. Pero, por supuesto, hoy nadie está escuchando.
Sin embargo, gradualmente su voz puede sonar cada vez más fuerte. Entonces, algunos hacen un chillido de las mazmorras de que todavía tenemos un gobierno mundial, volvamos al proyecto global, pero los realistas o los profesionales comienzan a cerrar sus fronteras y se están preparando para una existencia compleja, difícil, inesperada y aguda en un estado comercial cerrado. Personalmente, me gusta el proyecto de un estado comercial cerrado, tanto desde un punto de vista filosófico, como desde un punto de vista metafísico y poético, al igual que Ezra Pound, y prefiero esto, pero esta es mi opinión personal. Salgamos de nuestras tristezas y miremos la brutal verdad a los ojos. Esta elección debe hacerse ahora, y todos deben tomar esta decisión. Cada político responsable, cada economista responsable, cada ciudadano responsable en el país que sea. Les deseo lo mejor, pronto volveremos con otro programa de los pensamientos durante la plaga.

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